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Paz y Ciencia

domingo, 15 de enero de 2017

Sentidos Sincronísticos



Desde la sincronicidad, la vida no es fruto de causas sino de sentidos que se asocian entre sí. Es decir, las relaciones que se establecen entre los sucesos, personas o cosas, no son obra de agentes causales, sino de misteriosas conexiones atemporales, en donde la convergencia de significados es lo que cuenta.
La malla de nuestra historia, el cristal de nuestra vida, y que de ese modo, en el cristal de la vida las palabras esclarecedoras, interpretaciones, revelaciones e insight, asisten a las personas en su labor de adquirir claridad y ver mejor tras esos cristales.
Esos cristales pueden ser una elección del alma para llevarnos a aprender lecciones de vida, nunca se van a disolver, que jamás las personas van desistir de tener cristales, pero que no es lo mismo ver la realidad por medio de un cristal sucio o empañado, que a través de otro límpido y despejado. Cuanto más transparentes sean, más libres de creencias, apegos, modelos e influencias ajenas. Más cerca está la persona de verse y ver el mundo tal cual es.
Jung designa esta naturaleza de significados que coexisten como sincronía.
La sincronía nos empuja a la transformación personal. Es una fuerza de cambio. La causalidad conmociona, la segunda conmueve. Y ya conocemos la repulsa de los seres humanos para abrirse al cambio interior.
A medida que la conciencia se va abriendo y dejando guiar por la sincronicidad, aparece con más fuerza, pero si no es escuchada se aleja de la conciencia, de la existencia.
Llevando este concepto al desarrollo del proceso enfermar-curar, cobra sentido tal afirmación, tan reiterada por Jung, acerca de que la sincronicidad es, por una parte, guía que reorienta a la persona en "la noche oscura del Alma", cuando abandona las seguridades de la conciencia y la razón, y por otra, el timón que la dirige hacia donde le corresponde ir a ella, como la ballena de Jonás.
¿Cómo se logra que la sincronicidad adquiera tal rol? Trabajando en los pequeños detalles la vida cotidiana y dejando que la gracia del alma se derrame sobre la conciencia.