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Paz y Ciencia

lunes, 16 de enero de 2017

Mirando jugar al niño



El psicoanálisis, demasiado absorto por el contenido del juego, se olvidó de mirar al niño que juega. De esa manera abordó el juego en sus aspectos periféricos: como expresión de los fantasmas o como vía de descarga de las tensiones pulsionales. No obstante, para el niño el niño el juego es menos un medio que un fin. Es una de esas actividades humanas inherentes al hecho de vivir. En ese estadío, vivir y jugar son una misma cosa. Evidentemente, se puede centrar la atención sobre la relación entre el juego y los fantasmas, pero lo que se obtiene no es otra cosa que el juego en vías de degradación.
"Cuando el niño juega, el elemento masturbatorio está totalmente ausente: en otras palabras, si cuando un niño está jugando, la excitación física resultante de la implicación pulsional se vuelve manifiesta, entonces el juego cesa, al menos se deteriora". Winnicott
Desde luego que jugar es excitante, lo sabemos bien, pero la excitación que proviene del juego obedece más a la precariedad del espacio en que se desarrolla, que a las pulsiones que moviliza: entre la subjetividad que confina a la "alucinación" (y que sitúa el juego en cierta proximidad con la locura) y la realidad objetiva, "compartida".