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Paz y Ciencia

miércoles, 4 de enero de 2017

La Humildad del Terapeuta




El yo nace para defendernos de los demás. La defensa del yo es la defensa contra la frustración, contra la invasión, contra la explotación. El yo está bien, pero su mayor problema es que nos cierra el paso hacia la percepción inequívoca de que el Ser es anterior e independiente de cualquier opción, de que existo porque sí, sin mérito, sin justificación, sin tarea.
El segundo gran problema del yo es que condiciona la labor terapéutica  y limita la relación auténtica entre dos personas, que consiste en aceptarse mutuamente sin sesgo alguno. Estos sesgos son las experiencias del pasado y, sobre todo, la manera en que la personalidad se ha estructurado para sobrevivirlas.
Más allá de atenuar los síntomas, mejorar la calidad de vida, movilizar la creatividad y todo lo que se quiera, digo yo que la terapia es un entrenamiento en la formación de una relación auténtica. En realidad, no se trata de crear nada, sino de liberar el ser auténtico de su encierro yoico. El escultor quita el mármol que le sobra a la escultura. Es una buena metáfora para la terapia.
Lo bonito es que no sólo al paciente le sobra mármol, sino también al terapeuta. La terapia funciona en doble sentido. Un terapeuta que ha hecho su propia transformación lo tiene fácil con pacientes de su eneatipo, y de paso puede retocar algún aspecto personal. Pero con otras personas la situación es algo diferente. Si el mundo de alguien nos parece absurdo y loco, es porque no tenemos claro el mapa de ese mundo. Puede que lo hayamos leído pero no hemos estado ahí de verdad. Recomiendo decidir que todo lo que hace esa persona es perfectamente razonable y que su mundo es como tiene que ser, siendo él como es. Empatía es vivir en el mundo del otro y, algunos pacientes, y algunos pacientes nos llevan a mundos desconocidos y a veces terribles. Hay que tener cuidado con la empatía, la cualidad esencial, porque puede, a veces, ser peligrosa o engañosa. Es engañosa cuando sólo quiero entender al otro para intentar cambiarlo y hacerlo como yo. Es peligrosa cuando olvido quién soy y peligrosa cuando lo entiendo tan bien que olvido cuál es mi papel.
Claudio Naranjo amplía el concepto de transferencia a "vivir el presente desde el sesgo que le da a nuestras percepciones y conductas nuestro propio carácter, que ya en sí es una impronta del pasado". La contratransferencia es una respuesta inconsciente a la neurosis del paciente y nos vale de instrumento diagnóstico.
No hay mejor manera de curarse que hacer terapia, en las dos sillas. En una relación auténtica no hay ni transferencia ni contratransferencia, sino la vivencia compartida del momento presente.
Para el terapeuta es más cómodo trabajar con personas de su eneatipo, pero puede ser más autentificador para el terapeuta trabajar con pacientes que le incomodan, porque son estos los que tienen la visión del mundo que a él le falta.
Dr. Luis de Rivera
Catedrático de Psiquiatría
Universidad Autónoma de Madrid
Recomiendo:
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Eneagrama de Carmen Durán
Las cursivas y organización del texto han sido mías. Me parece un acto de humildad el transgredir las viejas normas de transferencia-contratransferencia del setting psicoanalítico de laboratorio y reflexionar sobre los límites del terapeuta en su relación de ayuda.
Este texto es el prólogo al libro de Claudio Naranjo: "Eneatipos y Transferencia". Muy recomendable para conocer al otro y para conocerse, también en relación al otro.
Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta
Zaragoza Lacarra de Miguel 27, 2C
653 379 269