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Paz y Ciencia

miércoles, 11 de enero de 2017

Argumentos de género: mascarada, actuación y cita



Lo que Lacan enfatiza es la división entre el organismo y el sujeto, reconociendo al mismo tiempo la continuidad entre el cuerpo y la psique. La división entre el organismo y el sujeto elimina la necesidad de depender de una determinación biológica del género, la cual supone siempre una masculinidad y una feminidad derivadas del cuerpo real.
Ese supuesto avala la posición de aquellos sujetos que creen que su cuerpo no coincide con la identidad sexuada que han elegido y recurren a la cirugía para cambiar sus cuerpos.
Como se señaló, los sexos no están nítidamente divididos en dos complementos, porque la distinción sexual simbólica tiene en cuenta la falta del Otro, esa que invade los límites del lenguaje y la palabra, lo real interior y exterior a la realidad cotidiana. Ninguna división se repartirá nunca nítidamente entre lo masculino y lo femenino: el deseo de cada sujeto lo hará de diversas formas. La diferencia sexual siempre excede, es más que la diferencia de género.
En psicoanálisis, el Otro es conceptualizado como el sistema simbólico impersonal que implica que el yo individual en su autonomía es una ilusión. El Otro no es aquello que determina la realidad y dictamina nuestras elecciones, sino una estructura que opera sobre la base de una falta constitutiva a través de una promesa que no puede cumplir. Así, el Otro produce una especie de engaño que, si no es reconocido y capitalizado, tiene resultados catastróficos para el yo y para la sociedad. La trampa en la que cae el feminismo es interpretar este engaño como una donación meramente patriarcal, cuando el desafío es entrar y tomar parte en la actuación.
Lacan y el Posfeminismo de Elizabeth Wright
Rodrigo Córdoba Sanz Psicólogo y Psicoterapeuta