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Paz y Ciencia

jueves, 20 de febrero de 2020

Señales de la Ansiedad



Ansiedad. ¿Aliada o enemiga?

La ansiedad per se no es negativa. De hecho, puede ser una buena aliada para lograr  cosas en la vida, grandes y pequeñas. Como llegar puntual a una cita, aprobar esa asignatura que se te atraviesa, sacarse una carrera universitaria o ganar el torneo de Wimbledon. La ansiedad también está vinculada a la atención: nos pone en alerta, nos hace pensar más deprisa, ser más ágiles y relacionar conceptos.

"Todos los expertos señalan que un grado mínimo o moderado de ansiedad es necesario para la supervivencia, para afrontar de forma adecuada determinados retos y tareas que se nos aparecen", asegura la pedagoga Eva Bach. "La ansiedad puede esconder una gran amiga o una gran enemiga; lo que hay que saber es gestionarla, regularla. Eso es algo fundamental que los padres deben tener en cuenta", añade la psicóloga Mireia Trias. La ansiedad nos previene tanto de peligros físicos como de psicológicos, nos ayuda a ver nuestros límites: "Gracias a ella nos ponemos el casco cuando vamos en moto, pero también, por miedo a hacer el ridículo, por ejemplo, nos lo pensamos dos veces antes de hablar o nos preparamos muy bien la charla", resume el doctor Francisco Xavier Méndez Carrillo, experto en psicología infantil.

Aún hay más. La ansiedad también es clave para activar los lazos sociales. En su libro, Apuntes para una psicopatología basada en la relación (Ed. Herder), el psiquiatra Jorge L. Tizón explica que esta emoción es fundamental para activar la empatía. La ansiedad, escribe: "Promueve o estimula conductas de apego, solidaridad y defensa mutua para supervivencia del individuo y de la especie". Las emociones, como la compasión y la ansiedad, que se despiertan al oír el llanto por hambre o en busca de consuelo de un niño, por ejemplo, nos empujan a ayudarlo: "Ponen en marcha nuestro sistema emocional de cuidados y el de la indagación".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
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miércoles, 19 de febrero de 2020

Cuando la Ansiedad es un Lujo




"Yo creo que la gente que tiene ansiedad de verdad son los de Siria. Comen con bombas. ¡Juegan y les caen bombas!"

La doctora estadounidense Suniya S. Luthar es catedrática de psicología y profesora emérita en el Teachers College de la Universidad de Columbia. Entre sus intereses académicos está el estudio de la resiliencia -la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas-. Hace unos años, Luthar decidió analizar sus niveles en diferentes ámbitos sociales, incluidos los adolescentes en familias de clases altas y medias, un grupo poco estudiado. Descubrió que los jóvenes de clases más privilegiadas, forman parte del grupo de los más emocionalmente angustiados del país.

Existe un cierto mito de que la gente más pobre no sufre ansiedad porque está preocupada por temas más básicos. Sin embargo, la precariedad aumenta la posibilidad de sufrirla. Como señalaba el doctor Figueroa: "En un entorno de pobreza todo se vive con mayor estrés". Una afirmación que ratifica la OMS: en el citado informe sobre trastornos mentales en la juventud europea señala que los jóvenes con menos ventajas -como minorías e inmigrantes- están "particularmente afectados". Lo que ocurre a menudo, es que muchos de estos jóvenes que viven en la precariedad no tienen ni el tiempo ni los recursos para manifestar -y mucho menos para tratar- su ansiedad.

La precariedad produce ansiedad. La diferencia sería que, para muchas personas, expresarlass es un lujo que, sencillamente, no pueden permitirse. Leticia Escario, ante la pregunta de por qué parece que las clases bajas no tienen tanta ansiedad, explica: "Lo que ocurre es que hoy hay una tendencia a que cualquier cosa que se sale de lo normal automáticamente se convierte en patológica. Y en las clases pudientes hay más tendencia, sin querer, a patologizar cosas".


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Cisnes Ansiosos





Los cisnes ansiosos"son adolescentes con una apariencia muy serena, muy preparada, muy pulida. Se expresan muy bien, tienen muy buen aspecto: es decir, causan una primera impresión muy buena. En Instagram son como cisnes; parecen fabulosos. Pero en su interior son como niños pequeños. Niños que dependen de sus padres para que se lo organicen todo y que están acechados por la ansiedad. Como psicoterapeuta, puedo decirte que están absolutamente paralizados por ella. Muchos de sus amigos sufren ansiedad, tienen ataques de pánico. Creo que se ha normalizado una manera de vivir muy anormal. No creo que sean felices".

Así describe la psicóloga Stella O´Malley a algunos de sus pacientes adolescentes. Su descripción de cómo eran los jóvenes fruto de la hiperpaternidad, adolescentes de clases medias y altas que parecían tenerlo todo pero que sufrían la plaga de la ansiedad,

Las causas son muy similares, aunque cambiemos de territorio: preocupación por los estudios y el futuro, agobio por la familia, por las expectativas puestas en ellos y por la presión de los padres. Ansiedad por la relación con los amigos, por las redes sociales y la situación económica familiar. En un caso, ansiedad y depresión debido a un abuso sexual cuando la joven era niña.

Cómo la gestionan

Los modos de lidiar con la ansiedad de estos jóvenes también son muy similares.
Escuchar música es una estrategia habitual que casi todos utilizan, como lo es salir a pasear, correr y llorar. El desahogo, el contacto con otras personas, es importante para algunos."Lo que necesito es estar con personas de mi entorno porque, si no, me da taquicardia, empiezo a sudar", comenta K. De todos modos, estos jóvenes no están acostumbrados a hablar de sus emociones ni les han enseñado a identificarlas. La educación emocional, que empieza a reivindicarse como asignatura escolar y que conocían los niños de Primaria, no les ha llegado. En general, afirman que no saben "nada" de ella. A. comenta que hay una aplicación móvil donde puedes contar qué te pasa y te identifica lo que sientes.

No hablan de beber alcohol como recurso contra la ansiedad, pero, de los dieciséis del muestreo, cinco de ellos toman o han tomado pastillas para tranquilizarse. "Las tomo desde el año pasado, me ayudan mucho, aunque lo que más me ayuda es hablar con mi tutor", dice H. Cuando se comentan estrategias psicológicas para enfrentarse a ella, como técnicas cognitivo-conductuales (por ejemplo, exposición), no parecen muy convencidos. "Depende de la fuente de ansiedad", matiza uno. "¿No te coge más ansiedad?", pregunta otra.

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martes, 18 de febrero de 2020

Adolescentes y Ansiedad




EVA MILLET


Si la infancia está siendo cada vez más visitada por una ansiedad precoz y virulenta, la adolescencia no tiene nada que envidiarle. En parte porque, como señala Francisco Mora Teruel, la adolescencia es la etapa en la que, biológicamente, se experimenta más ansiedad. "La propia definición de lo que entendemos por adolescencia es que el adolescente es una persona que está frustrada y ansiosa", afirma el profesor, que califica este periodo como "una época delicada". Cualquiera que haya vivido una adolescencia estándar sabrá exactamente de lo que está hablando.

Desde el punto de vista neurológico, la adolescencia es una etapa complicada porque el adolescente, explica Mora Teruel: "Aún no tiene maduras sináptica y conectivamente las cortezas orbitofrontales mediales, que son las que nos conectan con lo que es la ética, la inhibición y el control maduro". Es por ello que la adolescencia se convierte en la edad de las heroicidades, de la impulsividad enorme hacia la consecución de lo que significa lo placentero o recompensante, en la edad en que se crea un mundo de desadaptación al mundo que te rodea: "Por eso ere rebelde, porque quieres cambiar tu entorno de acuerdo con tus parámetros". Mora Teruel nos recuerda que en gran parte de la historia han sido los adolescentes: "Los que han roto en batallas todo lo que ha sido nuestra cultura. Precisamente por esa inestabilidad del cerebro, por ese ser una persona siempre en riesgo y desafío".

Y no debemos olvidar la aparición de una contundente transformación física, propulsada por una irrupción de hormonas, encabezadas por las sexuales, que, sin contemplaciones, desatan intensos cambios corporales. Como escribe el psiquiatra Luis Feduchi: "De las etapas de desarrollo vital del individuo quizá sea la adolescencia la que en un periodo de tiempo más breve y recortado presente unos cambios anatómicos y fisiológicos tan acusados". Para este experto en adolescencia: "Sería absurdo pensar que esta situación vital no tiene repercusiones psicológicas y sociológicas", tanto en la persona donde se inicia como en el ambiente donde se produce.

Además, y esto es muy importante dado el periodo que transitamos, en la adolescencia irrumpe con fuerza el entorno social, un factor que incide en la construcción de una mayor o menor ansiedad. El psiquiatra Diego Figueroa citaba: "Cuando sales fuera de la familia y te pones a prueba con el resto de tus iguales en un mundo que es supercompetitivo dentro de una sociedad cada vez más narcisista". Una sociedad en la que la OMS cifra entre el diez y el veinte por ciento del porcentaje de los niños y adolescentes que experimentan problemas mentales. Entre estos, los trastornos de ansiedad son los más habituales y la adolescencia es una clave para el desarrollo de los mismos. La fobia social es el trastorno más habitual en este periodo.

Como sucede en los adultos, estadísticamente, las mujeres adolescentes sufren más de ansiedad que los hombres. Diferentes estudios señalan que ellas tienen el doble de posibilidades de sufrir un trastorno de este tipo. Pero, en parte, se debe a que las mujeres saben leer mejor sus emociones, reconocen mejor su desazón y tristeza y no tienen esa presión de "los chicos no lloran". Están más acostumbradas a hablar y a pedir ayuda. Son más abiertas a asumir una terapia y a confiar en el médico o el psicólogo.

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lunes, 17 de febrero de 2020

La paradoja de la Ansiedad en niños/niñas




Los padres sobreprotectores, según Eva Millet: "hiperpadres" no soportan, literalmente, ni un grado moderado de ansiedad en sus niños. Y, aunque se ejercita con la mejor de las intenciones, de la hiperpaternidad pueden derivar muchos de los casos que profesionales como Agnès Brossa ve en sus consultas: chicos y chicas llenos de ansiedad. "Estoy convencida de que esta hiperpaternidad sobre la que has escrito nos lleva hacia aquí -asegura esta psicóloga-. Pero es que en la sociedad actual, del "niño feliz", no se permite que los niños sufran ni un poquito. Ni terapéuticamente ni para irlos preparando para una vida en la que habrá cosas que no serán tan buenas".

Como tantos maestros, educadores y terapeutas saben, Brossa hace referencia a niños y niñas "de las generaciones de finales del siglo XX y pricipios del siglo XXI, previas a la crisis". Criaturas, recalca: "A las que nunca nunca les ha faltado nada". Chicos y chicas que no han pasado por ningún tipo de estresores en su vida. Y, en consecuencia, no están preparados para superarlos.

"Estoy hablando de niños y niñas de clase medias y altas, hijos del bienestar, que han tenido ocho pares de zapatos en el armario, han viajado, que, si quieren ir al cine... Niños y niñas que no se han estado, absolutamente, de nada", describe. Y que, si además han tenido una capacidad intelectual buena y han acabado el Bachillerato y han entrado en la universidad, siguen transitando por la vida sin estrés alguno: "Hasta que de repente preguntan: "Y ahora ¿qué he de hacer?". Y les dicen: "Pues a buscarse la vida". Y la respuesta es "¡¿Cómo?! ¡Si no lo he hecho nunca! ¿Qué quiere decir que me espabile ahora?".

Desde niños, estos chicos han hecho todo lo que les han dicho sus padres -las extraescolares, las clases de refuerzo...- Han normalizado el no tener tiempo ni para jugar y el que sus progenitores se encargaran absolutamente de todo lo que concernía a sus existencias. Y ahora entran en la edad adulta -en un entorno laboral cada vez más hostil y exigente- y se les pide que "triunfen", que respondan, ¡ya! Que empiecen a producir y sean esos adultos perfectos para los que se los ha preparado desde el nacimiento.

La doctora estadounidense Madeline Levine comenta, la perfección no existe: "Y te puedo decir que, después de la genética, el segundo gran predictor de la depresión es el perfeccionismo".
"En América, desde hace más de una década, los niveles de ansiedad, de depresión y suicidio de los jóvenes han aumentado. Así que, al final, lo que tenemos que concluir es que no les estamos haciendo ningún favor a nuestros hijos al criarlos así".

Por otro lado, con la rapidez con la que está cambiando el mundo, no sabemos a ciencia cierta si lo que nuestros hijos realmente van a necesitar es un título en Harvard. Lo que sí sabemos es que han de ser resilientes -tener la capacidad de recuperarse ante la adversidad- y superar y soportar las frustraciones que, inevitablemente, la vida les traerá. "Por ello, cada vez que haces más de lo necesario por tus hijos, estás disminuyendo su capacidad de ser resiliente", concluye Levine, que se despide con esta reflexión: "Sé lo difícil que es para una madre o un padre sentarse y observar cómo su hijo se cae y se equivoca. Pero muchas veces, cuando algunos padres me dicen: "Es que no puedo soportar ver a mis hijos infelices", lo que yo les respondo es: "Pues, si no puedes, estás en el trabajo equivocado".

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domingo, 16 de febrero de 2020

Padres ansiosos, hijos ansiosos



Niños con agendas de ministro por el horario lectivo abusivo, extraescolares, clases de refuerzo; el producto de lo que Eva Millet denomina "Hiperpaternidad". Las agendas frenéticas, sin embargo, no son su única característica. La hiperpaternidad tiene otros ingredientes. Como la precocidad y la sobreprotección de los padres, mezclada con la presión para que el hijo triunfe y... ¡la ansiedad! Que es debidamente transmitida a la prole.

En un mundo cada vez más polarizado, la crianza también se está colocando en dos extremos, ambos generadores de ansiedad. Por un lado, encontramos a más niños y adolescentes desamparados, olvidados por sus familias y con una protección social más precaria. Por otro, a niños y adolescentes cada vez más supervisados, sobreprotegidos y consentidos. En las sociedades más ricas del siglo XXI hay niños que no les importan a casi nadie y otros con unos progenitores dispuestos a allanarles el camino en la vida cueste lo que cueste.

En paralelo a una desigualdad social cada vez más pronunciada, la hiperpaternidad avanza a pasos de gigante, dominada por el miedo y las ansiedades que los padres respecto a su prole. Los padres actuales tienen pavor a que los hijos se equivoquen, y a que se frustren (el "que no se traumatice" es un mantra de los progenitores de este siglo). Sin olvidar el miedo a no hacerlo bien como padres, a no llegar a las expectativas impuestas por no sé muy bien qué panel de expertos.

Y, entre tanta inseguridad, la ansiedad campa a sus anchas. Ansiedad por llegar a todo y por dárselo todo. Para conseguir a esos niños perfectos que parece que el mundo demande. Por llegar a ser los padres perfectos, de revista.

De este modo, los bienintencionados padres ejercen tanto de guardaespaldas (y evitan así entrenar una habilidad básica en la vida: enfrentarse a nuestros miedos) como de solícitos secretarios o asistentes personales. Unos secretarios tan buenos que hasta anticipan los posibles contratiempos de los hijos. Que hasta actúan de mediadores entre los pequeños conflictos con sus amigos. Que hasta les hacen ellos mismos los deberes -¡para que no se equivoquen!-. Que los acompañarán, en el útimo año de la escuela, al examen de la Selectividad, cargados de bolígrafos de repuesto y de bocadillos. Padres y madres que ejercerán una vigilancia constante sobre su prole que produce una lógica ansiedad: la de sentirse permanentemente observado.

Y, de esta forma, cual fieles servidores, los hiperpadres no permiten que sus hijos se enfrenten a sus obstáculos cotidianos y adquieran algo también tan fundamental en la vida como es la capacidad de autonomía.

"Sí, la hiperpaternidad implica mucha sobreprotección y lo que están haciendo los padres sobreprotectores es decirles a sus hijos que hay peligros por todas partes, que, si ellos no están interviniendo o supervisando, los niños están en riesgo. Y eso genera mucha ansiedad", resume Stella O´Malley.

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Circunstancias de la Ansiedad Infantil




FUENTES DE ANSIEDAD INFANTIL


La vida y sus muchas circunstancias pueden ser o no ser un motivo de ansiedad. Ya se ha señalado que la ansiedad es muy personal, singular, no hay dos iguales. Como describe Stefania Andreoli: "La ansiedad nos trae un mensaje dirigido exclusivamente a nosotros".

En consecuencia, los distintos y variados acontecimientos y experiencias de la vida -como el colegio, la familia, la separación de los padres, los amigos, un accidente, las películas... -pueden ser o no ser fuentes de ansiedad infantil. Todo depende de un abanico de factores, tanto de la naturaleza de la persona como de su entorno y circunstancias. Sin embargo, es importante recalcar que los principios generadores de ansiedad del ser humano serían esencialmente dos: "La posibilidad de equivocarse (el error y el fracaso) y la posibilidad de ser abandonado, de perder el amor de los que nos quieren", detalla la psicóloga Mireia Trias Folch.

Pero también ella, como todos los expertos, considera que dentro de las nuevas fuentes de ansiedad en la infancia está el ritmo de vida acelerado que llevan los niños en la actualidad. Una aceleración impuesta por los adultos y que, recalca, está directamente vinculada a ese miedo a equivocarse. "Pocos padres hoy cuestionan un estilo de vida que implica que sus hijos hagan cuatro extraescolares a la semana, por ejemplo. Lo hacen "porque es lo que hay que hacer" y punto. Hay una obsesión con el éxito del hijo que está muy vinculada a este miedo al fracaso que mencionaba. A que el hijo no haga lo que hacen los demás. Que lo rechacen, que no llegue...".

Como corolario, decir lo siguiente; Francisco Pascual Pastor: "Tenemos niños que van al colegio todo el día y, por la tarde, tenemos padres que los han de colocar en actividades extraescolares. Y, si los niños tienen deberes para el día siguiente, acaban agotados por una mala distribución del tiempo: no sólo por el estrés, sino porque les es muy difícil sacar adelante todo lo que quieren hacer ellos y lo que sus padres les dicen que hagan".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Nº Col.: A-1324
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sábado, 15 de febrero de 2020

La Ansiedad también es cosa de Niños



LA ANSIEDAD INFANTIL CADA VEZ ES MÁS PRECOZ E INTENSA

Maribel Martínez, psicóloga barcelonesa explica que esta patología cada vez es más frecuente e intensa: "Sí, no sólo es el aumento de casos: lo que es sorprendente es su intensidad -destaca-. "Hasta el punto de que vemos niños y adolescentes que acaban teniendo crisis de ansiedad, que ya es el máximo nivel que una persona puede tener".

Para Martínez, los términos infancia y ansiedad no deberían ir juntos con la normalidad con la que hoy lo hacen. "De hecho, los niños no deberían tener las ansiedades que están experimentando actualmente. Deberían estar felices, jugando con toda su inocencia y con toda su infancia por delante. ¡Y disfrutar de ello!".

Pero la ansiedad cada vez más temprana es una realidad que avalan cifras que siguen en aumento. En su número del 27 de febrero de 2019, la revista The Economist sostiene en un reportaje que la llamada "Generación Z" -los nacidos a partir de 1997- es nada más y nada menos que: "La más ansiosa y deprimida de la historia". La revista constata, a través de un informe del Pew Research Centre (un think-tank estadounidense) que es el setenta por ciento de los encuestados, de entre trece y diecisiete años, consideraban que la ansiedad y la depresión eran un problema importante entre sus amigos. Esta preocupación por la salud mental, además, afectaba tanto a los encuestados de clases más pobres como a los de clases más ricas.

"Estamos en una sociedad -estoy hablando fundamentalmente de Occidente- muy competitiva", sintetiza Francisco Mora Teruel. ¿Las causas? "Es una vida de un constante go go go! y eso nos pone en ambientes competitivos, donde estamos en una situación de alerta que propicia esta ansiedad".

Dentro de estos, el doctor Mora Teruel destaca los colegios, donde: "Nos hemos vuelto tan exigentes -negativamente y por desconocimiento- que les estamos reclamando a los niños que hagan cosas antes de tiempo". Este experto en neuroeducación pone un ejemplo clarísimo de esta exigencia equivocada: la moda del aprendizaje precoz de la lectura y la escritura. Una verdadera obsesión para muchos padres, pese a que está científicamente demostrado que, cuando el cerebro está maduro para empezar a leer y a escribir, el niño aprende rápidamente. Sin embargo, la corriente de la estimulación precoz -alimentada por una potente industria y la institución educativa de los que sabe mucho Mora Teruel- provoca en los hijos una presión precoz e innecesaria.

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Ansiedad y Herencia


 

En su libro sobre la ansiedad, Daniel y Jason Freeman indican que los trastornos de este tipo son "moderadamente heredables". Es decir: "Existe entre el veinte y el cuarenta por ciento de probabilidades" de que se transmitan de generación en generación. También apuntan que algunos de  los estilos de pensamiento característicos de personas con problemas de ansiedad también son "moderadamente heredables". En definitiva, la ciencia considera que nuestros genes juegan un papel  en determinar nuestros niveles de ansiedad. Sin embargo, todavía desconoce de qué genes en concreto estamos hablando.

Pero, ¿la ansiedad es pura biología? La respuesta es "no". En general, la medicina y la psicología distinguen entre los trastornos de ansiedad genéticos, con base biológica, y los trastornos de ansiedad por un problema adaptativo: porque no nos hemos adaptado bien a estas exigencias del entorno.

Así de bien ambas corrientes el psiquiatra Diego Figueroa en un reportaje del escritor Juan José Millás sobre la ansiedad: "En la psiquiatría, por lo general, se piensa que hay un componente físico o biológico que hace que unas personas sean más propensas a padecer ansiedad que otras", contaba Figueroa. "Lo importante -añadía- sería nuestra vulnerabilidad bioquímica por factores que no se conocen bien y que se estudian por parte de las grandes corporaciones, sobre todo por parte de los laboratorios farmacéuticos, que están muy interesados en medicalizar la ansiedad como se medica cualquier enfermedad de origen orgánico".

La otra corriente, continuaba: "La representan quienes pensamos que la ansiedad y la enfermedad mental en general hay que verlas a la luz de la complejidad. Los que decimos que la vulnerabilidad a la ansiedad está constituida por la suma de factores, por acumulación no lineal".

Entre estos factores que suman, enumeraba el psiquiatra, están el momento político (que nos puede poner a todos muy ansiosos, sin duda), el entorno social y, por supuesto, el factor de la crianza: "Pues en función de cómo te han criado eres más frágil o más resistente a la ansiedad". Y "una buena crianza -aseguraba el doctor Figueroa- puede reducir los factores de la herencia genética".

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La Amígdala: Un arma de doble filo



"El problema es que la amígdala no le importa las veces que te hayas equivocado al evaluar un peligro. No le importa si reaccionas de forma exagerada y la realidad es que el niño está perfectamente seguro", ilustra Stella O'Malley. No, la amígdala trabaja como un "piloto automático" cuya función es preguntarse, sin descanso, si estamos seguros. Su tarea es mantenernos con vida y, por defecto, reacciona ante lo que percibe como una amenaza. El problema es que no sabe distinguir entre las reales y las falsas. No le importa provocarte constantemente reacciones exageradas ante situaciones de peligro que no lo son. No le importa que uno se ponga ansioso por su culpa y que, en consecuencia: "Te estés convirtiendo en una carga para ti y los que te rodean", observa la psicóloga.

Es nuestro "cerebro pensante" el que tiene que ser capaz de distinguir entre las amenazas falsas y reales. El que tiene que darse cuenta de que esa forma que, de primeras, has confundido con una araña y te ha acelerado el corazón es, en realidad, una madeja de lana negra. O que ese ruido que te llena de inquietud en medio de la noche no es más que un portazo causado por el viento.

Esa regulación de las emociones, ese pensamiento consciente, tiene lugar en los lóbulos frontales, ubicados en el neocórtex de nuestro cerebro; su parte más evolucionada. Son asistidos por el hipocampo, un órgano asociado a la memoria a largo plazo. Y es esa parte racional la que debemos entrenar para dominar a nuestra amígdala desatada, gobernada por el instinto básico de supervivencia. Y para, de este modo, poder controlar nuestros miedos y ansiedades.

"La capacidad de distinguir entre las amenazas falsas y reales es la que nos permitirá tener una existencia ansiosa e infeliz o una existencia tranquila y feliz", resume Stella O´Malley.

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Ansiedad. Definir lo intangible 3



En su célebre libro "Inteligencia Emocional", Daniel Goleman llama a la amígdala "la sede de todas las pasiones" y reconoce el papel del neurocientífico LeDoux en descubrir su rol fundamental en el cerebro emocional. Nacido en 1949, LeDoux empezó a interesarse por "el viscoso y arrugado cerebro" en la carnicería de su padre, en su Luisiana natal. Tras una brillante trayectoria académica, se especializó en el funcionamiento de las emociones, y puso énfasis en el miedo y la ansiedad. Fue él quien, dentro del sistema límbico, identificó la función de la amígdala y la bautizó como "nuestra computadora emocional". Demostró que esta pequeña estructura es la que gobierna nuestras emociones y tiene un papel determinante en nuestras reacciones de huida y anticipación. Y no sólo de los humanos: la amígdala es también la responsable de las reacciones de miedo y ansiedad en todas las especies que la tienen, como otros mamíferos, los pájaros y los reptiles.

Según LeDoux, en la amígdala se almacenan, a modo de hemeroteca, gran cantidad de memorias inconscientes relacionadas con el miedo. Por todo ello, juega un papel fundamental en el procesamiento de nuestras respuestas emocionales, ya seamos niños, jóvenes, adultos o ancianos, y también en nuestra supervivencia. De hecho, cuando una persona percibe una señal de peligro, la amígdala se dispara para que actuemos: es la responsable de iniciar la reacción conocida como "de lucha o huida" (fight-or-flight, en inglés) que ha logrado que, como especie, todavía estemos aquí.

Gobernado por la amígdala, nuestro cerebro emocional tiene la habilidad de estimar una potencial situación de peligro -para nosotros u otras personas cercanas- con sorprendente celeridad. Y también de reaccionar con una rapidez inusitada. La amígdala actúa antes de pensar: toma las decisiones antes de que lo haga el neocórtex, que es nuestro "cerebro pensante".

"Cuando se dispara, la razón y la lógica desaparecen", escribe la psicóloga Stella O´Malley en su libro Fragile. "La amígdala tiene como prioridad esa emergencia que ha detectado y anula las partes más racionales del cerebro". Por eso hay mucha gente que se siente como "secuestrada por la amígdala", porque actúa sin pensar, instintivamente. A veces, con sobradas razones. Otras, no tanto.

Porque, en ocasiones, la amígdala nos es muy útil, sí. Gracias a ella huimos de los citados depredadores en el Paleolítico o, como padres, tenemos unos reflejos de superhéroes al impedir, por ejemplo, que un niño cruce la calle sin mirar o caiga a la piscina. Sin embargo, este órgano también tiene su lado oscuro: a menudo, nos pone en alerta de forma innecesaria, lo que nos provoca ansiedad.

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Ansiedad. Definir lo Intangible 2




El psicólogo Francisco Javier Espada Largo, observa "que a lo largo de la historia el término ansiedad ha estado envuelto por una gran ambigüedad". Esta ambigüedad ha estado motivada "no sólo por las diferentes aproximaciones al fenómeno de las distintas corrientes teóricas", sino también por los distintos términos que se han utilizado para referirnos a ella. Y es que tanto desde el punto de vista etiológico (la ciencia que estudia el origen de las enfermedades) como desde el punto de vista etimológico (el que explica la procedencia de las palabras), la ansiedad se describe con varios vocablos. Miedo, angustia, temor, tensión, desazón o estrés son palabras que en ocasiones se utilizan como sinónimos y que pueden crear confusión.

Enrique Rojas ya señala que en gran parte de la literatura médica, angustia y ansiedad son sinónimos y que, de hecho, en algunos idiomas, como en el alemán, sólo existe un vocablo que agrupa indistintamente a las dos. No es así en francés (angoisse y anxiété) ni en inglés (anguish y anxiety), tampoco en italiano (angoscia y ansia), catalán (angoixa y ansietat) o español (angustia y ansiedad). De todos modos, el propio Rojas destaca que, en psiquiatría, ambos términos a menudo se utilizan de forma indistinta.

Con respecto a la distinción entre miedo y ansiedad, los límites son más claros. Francisco Mora Teruel nos explca: "El miedo, frente a la ansiedad, tiene una mayor especificidad en cuanto a que implica que se reacciona frente a algo concreto, frente a una amenaza a corto o largo plazo de la que conoce el origen". En la ansiedad, en cambio, esto no sucede: "Es más sutil. Es algo que te hace estar en una situación de expectativa, pero que no te permite la relajación. Ese es el estado ansioso".

Enrique Rojas también las distingue: "Podríamos decir, simplificando en exceso los conceptos, queel miedo es un temor con objeto, mientras que la ansiedad es un temor impreciso, carente de objeto exterior", escribe el psiquiatra.

Para la psicóloga Agnès Brossa, "ansiedad" sería el término que engloba otros conceptos relacionados con esta, como el miedo, la angustia y el estrés. De hecho, señala: "Dentro del DSM, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, se les llama trastornos de ansiedad".

Incluso para aquellos que la han sufrido con frecuencia -y virulencia-, la ansiedad es algo difícil de describir. "Yo entiendo emociones como la tristeza, el dolor y la rabia, y las sé explicar y metabolizar, más o menos. Pero con la ansiedad me siento inerme, me siento sin recursos" -me asegura la periodista y escritora Sabina Pons- "Es como no hallar la paz, es como tener una marejada dentro de tu cuerpo. La sangre, en vez de circular, va como oleadas. No hay sosiego. Yo la veo incompatible con la felicidad".

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viernes, 14 de febrero de 2020

Ansiedad. Definir lo intangible




"La ansiedad es una vivencia de temor ante algo difuso, vago, inconcreto, indefinido, que, a diferencia del miedo no tiene una referencia explícita". Enrique Rojas

"La ansiedad ese ese miedo subterráneo, no definido, que nos hace estar inconscientemente expectantes ante cosas que van a suceder y que refieren a la inseguridad que sientes en los ambientes en que te mueves".
Francisco Mora Teruel.

Jorge L. Tizón, describe la ansiedad "como esa especie de intranquilidad, zozobra, sensación de temor o aprensión difusa que va ligada a una serie definida de cambios corporales.

Es decir, la ansiedad sería el mecanismo que traemos con nosotros y que se desencadena ante cualquier tipo de emoción, incluso con la alegría. "Se considera que el aumento excesivo de la ansiedad es lo que produce los trastornos mentales. Cuando tenemos una una emoción fuerte, sea la que sea, - miedo, asco, irá, pero también amor o placer-, nos ponemos ansiosos", resumía Tizón.

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jueves, 13 de febrero de 2020

La importancia del entorno




Hay errores que no se deben cometer, así como líneas maestras de conducta que es necesario conocer si se quiere ayudar a un deprimido a salir de su estado. No se puede hacer un inventario de consejos, pero sí analizar lo fundamental de la conducta más adecuada y sobre todo la importancia del entorno del deprimido.

Entre las trampas que hay que evitar, la más grave es infravalorar la depresión y, sobre todo, ignorar su principal peligro: el suicidio.

Ciertas actitudes son peligrosas, ya que pueden cronificar los trastornos. Una actitud maternal y una protección excesiva del deprimido no lo alivian, pues el hecho de asumir sus funciones en su lugar, de desembarazarlo de toda responsabilidad y de situarlo en un contexto de pasividad son medidas que, tomadas aisladamente, aumentan su impresión de incapacidad y de infravaloración, y no disminuyen la pérdida de tono vital de la que se queja.

La compasión y la reafirmación sistemáticas son igualmente ineficaces ante un deprimido ansioso, a menudo ávido de numerosos y especializados chequeos de su salud que, para su decepción, la mayoría del tiempo serían normales.

La reacción inversa, que consiste en ignorar la depresión o no darle importancia achacándola al cansancio o a un simple desaliento transitorio que se puede superar si se quiere, es asimismo inútil, pues la falta de arrojo es la consecuencia y no la causa de la depresión. Acusar al deprimido de pereza no hace más que acrecentar su culpabilidad y reforzar su depresión.

En todos los casos, las reacciones inadecuadas aumentan la impresión de no ser comprendido y la inquietud del enfermo.

Una depresión, cuando es extremadamente penosa de soportar para el interesado, también lo es para los que lo rodean. Estos últimos se encuentran a menudo impotentes, pues el deprimido se repliega sobre sí mismo y es difícil comunicarse con él.

Apoyar al deprimido es indispensable, pero sostener también a los que le rodean resulta esencial, pues éstos deben adoptar una actitud benévola y tolerante para reanudar el diálogo. En efecto, el deprimido se infravalora y está convencido de su incapacidad, así como de su culpabilidad. Debe recuperar la confianza en sí mismo y verse en su justo valor.

Nunca serán demasiadas las veces que se señale el carácter nefasto de lugares comunes como con todo lo que te da la vida, no tienes derecho a deprimirte o no te falta nada para ser feliz.


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Sanitario Nº Col.: A-1324
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martes, 11 de febrero de 2020

Las enfermedades psíquicas y la Depresión




Las enfermedades psíquicas

La depresión puede ser consecuencia de un trastorno psíquico.

- La esquizofrenia, es una enfermedad mental que afecta al 1% de la población y se inicia en el adolescente o en el adulto joven. Su mecanismo es desconocido y conlleva, por una parte, una ruptura, una escisión de la actividad mental. Existe pérdida de la cohesión del pensamiento (las ideas se encadenan mal y su conjunto es hermético para la comprensión), un desapego afectivo y, por otra parte, un delirio.

El déficit intelectual es progresivo, sin regreso al estado anterior. El paciente se desalienta ante la dificultad para ordenar sus ideas, el vacío interior y la impotencia para luchar contra estas modificaciones, lo que origina una depresión.

La depresión del enfermo esquizofrénica se denomina depresión atípica.
El tratamiento con neurolépticos, recomendado en las esquizofrenias, es también responsable de los trastornos del estado de ánimo y se estima que, al menos, un 10% de las personas con esquizofrenia tratados pasarán por una depresión.

- Las neurosis (de angustia, histéricas, obsesivas o fóbicas) pueden estar teñidas por una evolución depresiva. Las neurosis son trastornos psicológicos que tienen su origen en la infancia y en la evolución afectiva del individuo. Estos trastornos son responsables de síntomas en las que el sujeto es consciente y se queja, pues se siente mal en su existencia y pide ayuda para vencerlos. Se distinguen cuatro tipos:

- la neurosis de angustia, descrita por Freud como excitabilidad general, estado ansioso, acceso de angustia aguda...
- la neurosis histérica se caracteriza por una tendencia a expresar las emociones con teatralidad e hiperexpresividad, una gran variabilidad de los síntomas en función del contexto, una dependencia afectiva excesiva, manifestaciones físicas (ceguera, parálisis...) llamados trastornos de conversión, y que no corresponden a una lesión orgánica.
- la neurosis obsesiva se caracteriza por ideas obsesivas que irrumpen en la mente del sujeto, así como compulsiones, acciones que el individuo se siente impelido a realizar para que disminuya su ansiedad, pero cuyo carácter absurdo reconoce.
- la neurosis fóbica se caracteriza por un miedo-pánico a ciertas situaciones (ascensor, grandes superficies, embotellamientos, reunión pública, metro...) o ciertos objetos (cubos de basura, fobia a los microbios y las enfermedades) o animales (perros) que conllevan una modificación de los comportamientos para evitar enfrentarse a estas situaciones estresantes.

- El alcoholismo, a veces posterior a la depresión, puede ser también la causa, ya sea por efecto directo del alcohol sobre el humor, ya sea por reacción ante la degradación física, social, profesional y familiar. El alcoholismo femenino parece más asociado a la depresión que el alcoholismo masculino.
La depresión puede presentarse durante la intoxicación alcohólica, durante el síndrome de abstinencia (y desaparece después de algunas semanas).

- La toxicomanía está asociada frecuentemente a la depresión. La ingesta regular de psicofármacos y de anfetaminas, así como la privación de drogas, en particular los opiáceos produce problemas emocionales y conductuales, así como marginación social.

- Los trastornos de personalidad están a veces asociados a los trastornos afectivos. En ciertos casos, la impulsividad de estos individuos, así como el mal control de su violencia, conducen a impulsos heteroagresivos, con violencia a terceros o autoagresividad (automutilación o suicidio).

- La demencia es un deterioro global, progresivo e irreversible de las funciones cognitivas superiores. Se traduce en trastornos de la memoria, del juicio y del razonamiento, dificultades para adquirir nuevos conocimientos, para calcular, y alteraciones de la personalidad que entorpecen la vida diaria.

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lunes, 10 de febrero de 2020

Depresiones endógenas




Las depresiones "endógenas" serían tres: el trastorno bipolar, la melancolía de involución y las depresiones estacionales.

- El trastorno bipolar requiere un artículo sólo para su explicación; se trata de oscilaciones del estado de ánimo, donde puede haber presencia de síntomas psicóticos. Cada vez se registran más subtipos.

- La melancolía de involución, representada por recaídas únicamente depresivas, periódicas, que aparecen después de los cincuenta años.

- Las depresiones estacionales: constituidas por recaídas depresivas en relación con ciertos períodos del año. Estas recaídas depresivas, que conllevan una fatiga y una tristeza importantes, se caracterizan por una tendencia a dormir mucho, así como por una necesidad imperiosa de comer (sobre todo dulces) y un aumento de peso. Las recaídas se producen sobre todo en otoño y son seguidas de períodos en que el individuo se siente normal. Cuando toma el sol en pleno invierno, el paciente depresivo nota una mejoría. Estas depresiones están relacionadas con las modificaciones de la cantidad de sol que se toma y estos pacientes se deprimen cada vez más a medida que varía la duración de la iluminación (se conoce ya la interferencia entre la iluminación y ciertos comportamientos, como la hibernación o la puesta de los huevos en los animales). Considerando, pues, que la luz actúa en los ritmos biológicos internos, se trata a estos pacientes por fototerapia, que consiste en exponerlos a una luz fuerte (2.500 lux) producida por lámparas halógenas durante varias horas por la mañana y por la noche (antes del amanecer y después de que anochezca) durante una o dos semanas. Esta exposición a la luz artificial tiene la finalidad de sincronizar nuevamente los ritmos internos biológicos del deprimido.


Rodrigo Córdoba Sanz. Nº Col.: A-1324. Zaragoza
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domingo, 9 de febrero de 2020

La teoría Psicoanalítica en la Depresión




Las teorías psicoanalíticas consideran que la depresión está en relación con una experiencia de pérdida. Esta última puede referirse a un ser o a una situación (interiorizada). Los sentimientos que el deprimido experimenta son comparables a los que se sienten tras la pérdida de un ser querido. 

Estas teorías establecen un paralelismo entre el hecho de sentir una pena que atormenta a deprimido, pero que no consigue metabolizar, y el hecho de vivir un dolor que se disuelve progresivamente, como puede verse después del fallecimiento de un ser querido.

Para Freud, la emoción de la pérdida del objeto podría provocar el trastorno, pues, en el fallecimiento, el individuo admite la pérdida que ha sufrido, mientras que en la depresión el motivo de la pérdida es difícil de determinar y no se realiza esfuerzo alguno por superarlo como después de un fallecimiento.

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sábado, 8 de febrero de 2020

La Ansiedad en la Depresión




La ansiedad quedó definida por Pierre Janet como un miedo sin objeto, es el temor a un peligro y se traduce en un malestar físico y psíquico que puede llegar hasta el pánico; el sujeto deprimido puede presentar signos de angustia variables en función de la intensidad de la ansiedad. Ésta, igual que la fatiga, es un motivo frecuente de consulta de los deprimidos a sus médicos de atención primaria.

La depresión no está por fuerza relacionada con la ansiedad y existen depresiones auténticas sin componente ansiosa. La distinción entre la depresión y la ansiedad es un problema práctico cotidiano, pues el límite entre una depresión con componente ansioso importante y un trastorno ansioso con tendencia depresiva no resulta evidente. Además, numerosos estados ansiosos crónicos evolucionan hacia una depresión franca, pues el estado de alerta permanente engendrado por la ansiedad agota el sistema defensivo de estos individuos, que se desmoronan. Se sabe que en la ansiedad se considera que la desgracia es esperada, mientras que en la depresión ya ha llegado.

La angustia, que abarca las manifestaciones físicas relacionadas con la ansiedad, procede etimológicamente de la misma palabra latina, angustia, que significa estrechez, estado de malestar. Los accesos ansiosos se reconocen por las manifestaciones siguientes: el sujeto se queja de palpitaciones, de respiración dificultosa con opresión torácica e impresión de falta de aire, incluso de ahogo. Traga con dificultad, con una sensación de nudo en la garganta y una opresión a la altura del estómago. Está pálido, suda y presenta accesos de calor o escalofríos. Sus manos están húmedas y frías. El paciente presenta además una frecuente necesidad de orinar.

Esta tensión interior provoca comportamientos diversos que van de la postración a la agitación desordenada con deambulación incesante y raudales de palabras, pasando por una inquietud desmesurada por estresantes. Las personas con ansiedad se hallan en una espera perenne de la catástrofe sin razones reales. Exageran las consecuencias de todos los detalles cotidianos. Lo imprevisto toma proporciones desmesuradas, cuyas consecuencias evalúan con evidente pesimismo. Presentan una reactividad importante respecto de su entorno, del que, por otra parte, son muy dependientes, pues necesitan reafirmarse y soportan muy mal las separaciones. El ansioso es muy difícil de tolerar por su entorno, pues se pierde en aprensiones estériles con el mínimo pretexto, así como en una actividad inútil que puede estar cerca del pánico.

En el caso de las personas mayores, la depresión se acompaña a menudo de una nota ansiosa importante con agitación, preocupación corporal y obsesiones. Sus ideas fijas se centran principalmente en sus problemas de salud, que son un caudal inagotable, y sus cavilaciones, cuando no existe una enfermedad realmente preocupante, en la posibilidad de verse afectados por semejante enfermedad realmente preocupante, en la posibilidad de verse afectados por semejante enfermedad o en exagerar pequeños trastornos anodinos que toman proporciones fuera de lo normal. Aquí, también, la situación es muy molesta para el entorno, que sufre sus reiteradas quejas, sin que las actitudes de comprensión, de compasión o de seguridad produzcan efecto benéfico alguno.


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¿Por qué se está deprimido?




El fenómeno sólo existe si tiene una causa. Aristóteles.


La depresión es la resultante de varios factores cuya parte respectiva es difícil establecer en el desencadenamiento de los trastornos. El análisis de la situación permite hacer el inventario de las condiciones que han precedido a la aparición de aquéllos, pero la responsabilidad de estas condiciones no se puede comprobar con evidencia. Los roles del entorno, como favor favorecedor o desencadenante, y los roles del terreno genético son delicados de compartir.

Ciertos acontecimientos de la infancia predisponen a la depresión en la edad adulta y son factores que favorecen la depresión. Algunos acontecimientos de la vida adulta precipitan la aparición de una depresión. Hay que ser muy modesto, pues las causas de las depresiones todavía son muy mal conocidas.

Los individuos o su entorno encuentran a veces explicaciones a su estado, pues soportan con dificultad el principio de ser víctimas de una depresión sin razón aparente. No obstante, la noción de depresión endógena, que procede del griego endo, que significa del interior, y gene, que significa lo que nace, implica que la enfermedad depresiva puede desarrollarse sin determinante exterior, y que su aparición está vinculada a factores constitucionales de origen interno, que serían quizá hereditarios (teoría biológica). Las depresiones exógenas (del griego exo, que significa del exterior) se deben a factores exteriores (estrés, enfermedad física, por ejemplo) pueden precipitar la aparición de una depresión en un terreno ya abonado. Es pues, la suma de diferentes causas lo que conduce a las manifestaciones depresivas.

Se han alegado a veces pretextos retrospectivos durante una depresión, pero más que el acontecimiento al que se culpa (ruptura sentimental, decepción profesional, conflicto familiar, etc.). es la forma en que es vivido y en la que afecta al individuo lo que puede conllevar una reacción depresiva. Es importante tener en cuenta el contexto de aparición de un acontecimiento, pues las defensas del organismo pueden en ciertos momentos de nuestra existencia haberse deteriorado a causa de una enfermedad física, una falta de actividad, una sensación de inseguridad, por ejemplo, lo que reduce la capacidad de enfrentarse al problema. En efecto, situaciones difíciles de asumir (fallecimiento, separación, fracaso, paro, vejez) no implican una reacción depresiva para todos los individuos, son mejor o peor toleradas en diferentes momentos de su vida.

La depresión es, pues, el resultado de diversas causas, entre las que se puede citar el aspecto biológico, los traumas exteriores y la vulnerabilidad del momento.

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viernes, 7 de febrero de 2020

Identificar una Depresión




Cada uno de nosotros corre el riesgo de enfrentarse a un deprimido o llegar a serlo, por ello es importante poder reconocer los signos pródromos de la depresión.

Pero cuidado, la depresión no se debe confundir con una simple tristeza, porque aunque esta última inherente a la depresión, se añaden otros elementos, como una disminución global de la velocidad en las actividades, una incapacidad para sentir placer o disgusto y una impresión de futuro sin salida que va más allá de una tendencia pesimista o de una visión austera del porvenir.

La depresión tampoco debe asimilarse a la pena, y los individuos afectados sucesivamente por un disgusto y una depresión pueden establecer las diferencias entre los sentimientos que suscita un fallecimiento, por ejemplo, y los que se experimentan cuando el humor es depresivo.

Tampoco hay que confundir a los deprimidos con esos individuos tranquilos y silenciosos, celosos de sus responsabilidades y gustosamente agobiados por los reveses de la vida. Ni con los eternos cansados, cuya fatiga casi constitucional necesita un trabajo duro para un rendimiento correcto (por lo que aumenta el cansancio), tampoco presentan trastornos del humor que desemboquen en una depresión. Los individuos permanentemente ansiosos que se desaniman con facilidad tampoco están deprimidos, pues no han perdido ni iniciativa, ni centros de interés, ni autoestima.

Finalmente, una modificación puntual del comportamiento con desmoralización transitoria reactiva (un bajón) no se debe etiquetar como depresión.

Este diagnóstico es a veces difícil, pero de gran interés para que este penoso estado no se adueñe del enfermo ni de su ambiente. Existen criterios para definir para definir una depresión y un diagnóstico que cada uno puede realizar, para otros y sobre todo para sí mismo, ante la persistencia de los síntomas depresivos, y observando éstos, por lo menos durante dos semanas.

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Epidemiología en la Depresión




La depresión amenaza a una de cada cinco personas y todos estamos expuestos a ella; tanto la madre de familia que no da abasto como la que vive sola después de que sus hijos se hayan emancipado; tanto los ejecutivos sobrecargados de trabajo como los jubilados...

La epidemiología de la depresión estudia la distribución de esta enfermedad entre la población. La epidemiología es en un principio el estudio de las epidemias definidas como la aparición de un gran número de casos de una enfermedad infecciosa transmitible, y luego, por extensión, de toda enfermedad no contagiosa.

La epidemiología investiga las relaciones entre la existencia de una enfermedad y la presencia de ciertos factores que pueden determinar la distribución de dicha enfermedad. Estos factores pueden hacer referencia a las características individuales (raza, sexo, edad, estado civil), al medio socioeconómico y profesional y al modo de vida. Influyen sobre la frecuencia, la distribución, así como la evolución de la patología considerada (en este caso, la depresión).

Factores estudiados:

- Raza: no se encuentran diferencias evidentes.
- Sexo: dos tercios de los deprimidos son mujeres. Influye el hecho de que las mujeres tienen menos reparo de comunicar sus sentimientos, también los negativos.
- Edad: la mayoría de los deprimidos tienen de treinta y cinco a sesenta y cinco años, pero se puede estar deprimido a cualquier edad.
- Medio socioeconómico: la depresión es tan frecuente en las clases modestas como en el resto. Según ciertos estudios, la depresión afecta más a las mujeres jóvenes, de clase social menos favorecida, que no trabajan, que tienen niños pequeños en casa y que viven en la periferia de las grandes ciudades. No hay diferencias entre e hábitat rural y el urbano.
- Estado civil: las mujeres separadas o divorciadas serían las más afectadas por la depresión y los hombres casados los menos. El matrimonio parece ejercer un efecto protector contra la depresión, pero es un factor de riesgo en caso de mal entendimiento conyugal.
- La profesión: no se ha demostrado que las profesiones se relacionen con la depresión; en todo caso, el trabajo a deshora o el trabajo en cadena, por su monotonía, implica una pérdida de la actividad y es frecuente de decepción crónica y de empobrecimiento psíquico.
En contrapartida, la ausencia de profesión parece acentuar la frecuencia de las depresiones, ya que el trabajo permite ampliar la vida social y mejorar la situación financiera.
- La herencia: existe más predisposición entre hijos con padres deprimidos, pero el mecanismo de transmisión no está aclarado. Hay más de dos a cinco veces más deprimidos que en las que no lo hay
- La personalidad: se ha intentado poner de manifiesto la tendencia a deprimirse y un tipo de personalidad. Entre las personalidades analizadas, se pueden citar:

a) la personalidad obsesiva, marcada por la angustia y la duda, la obstinación y la prudencia excesivas, los pensamientos obsesivos, la necesidad de comprobarlo todo y el gusto por el perfeccioinsmo-
b) el tipo cicloide, descrito por Kretschmer, que afecta a individuos tranquilos, concienzudos e inhibidos.
c) el typus melancolicus descrito por Tellenbach, caracterizado por el orden y la meticulosidad, así como un gusto por el trabajo. Estos individuos temen la soledad y no permiten con facilidad que se independicen los miembros de su familia.

En resumen, no existen criterios específicos que permitan describir el perfil del deprimido y, por otra parte, los caracteres llamados fuertes no están menos expuestos que los débiles. No obstante, entre los deprimidos se hallan con frecuencia mujeres de mediana edad que viven solas y presentan antecedentes familiares depresivos.

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jueves, 6 de febrero de 2020

La Depresión




La depresión es una enfermedad del humor. La palabra depresión tiene por sí mismo decaimiento e ilustra ese estado de abatimiento moral y físico relacionado con el deterioro del humor. Los trastornos del humor, y entre éstos las depresiones, se han descrito desde la Antigüedad: "Cuando la aflicción o la tristeza persisten mucho tiempo, indican un estado melancólico" (Hipócrates, siglo V a.C.).

La melancolía procede etimológicamente de las palabras griegas melas, que significa negro, y chole, que significa bilis. La presencia de bilis negra, que según los antiguos secretaba el bazo, es responsable de las pasiones tristes. Se puede relacionar con la palabra spleen, utilizada en francés en el sentido de vaguedad de espíritu, y que en inglés designa también al órgano del bazo (sede de la bilis negra). Conforme a la antigua teoría de los humores, la enfermedad es el resultado de un desequilibrio entre la sangre (producida por el corazón), la flema (producida por el cerebro), la bilis (producida por el hígado) y la atrabilis o bilis negra (producida por el bazo).

La medicina no dio a la depresión su sentido actual hasta hace muy poco, confiriéndole el estatus de una enfermedad bien definida y sin asimilarla a la melancolía, que corresponde en lenguaje médico a una depresión grave. Al deprimido se lo reconoce en la actualidad como un enfermo que necesita de cuidados y que, en función de sus quejas ("Estoy cansado", "Ya no me siento como antes", "No sé qué es lo que me ha pasado", "Antes yo estaba como aquél..."), se puede, a tenor del contexto, identificar una depresión y ofrecerle soluciones para que salga de ella.

La depresión es una enfermedad muy frecuente. Afecta a unos cien millones de personas en el mundo. En España incide en un 4% de la población y se estima que el riesgo de tener una depresión a lo largo de la vida es del 10%. Sólo una cuarta parte de los deprimidos está cansado, se abandona y no encuentra ya fuerzas para consultar a nadie por propia iniciativa. Las personas de su entorno o no existen o no le presten atención y no le ayudan en este paso.

El deprimido puede sentirse responsable o culpable de lo que cree ser una falta de voluntad. Así pues, supone que puede salir él solo y no ve el interés de una ayuda médica que intervendría en sus asuntos personales de una manera intrusiva.

El deprimido puede negar sus trastornos, habida cuenta del carácter peyorativo o vergonzante que la opinión pública da a los problemas psíquicos, pese a que, entre éstos, la depresión sea el menos tabú de todos. La mayoría de los deprimidos recibe tratamiento por los médicos de cabecera y no por los psiquiatras. Los deprimidos representan entre el 10% y el 20% de los pacientes de un médico de atención primaria.

La depresión está en la actualidad muy mediatizada, pero no es una enfermedad de los tiempos modernos. Parece estar de moda porque:

- Es una enfermedad que cada vez conocen mejor los pacientes y los médicos, cada vez se identifica más y mejor.
- La prolongación de la esperanza de vida implica un aumento de la población de edad, a menudo enfrentada a problemas sociales, a un aislamiento afectivo así como a enfermedades crónicas que se acompañan de reacciones depresivas en un 20% de los casos aproximadamente.
- La desgana de vivir de las sociedades industrializadas está a veces relacionada con una reacción depresiva. En efecto, la transformación de las estructuras tradicionales y del entorno conlleva una pérdida de la identidad cultural, de la identidad religiosa y de los valores familiares. Crea asimismo situaciones de aislamiento y condiciones de trabajo estandarizados y anónimas.
- Algunos medicamentos nuevos presentan efectos secundarios negativos sobre el humor.
- Desenmascarar la depresión,así como una mayor información, aumenta la demanda de ayuda de los deprimidos.


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miércoles, 5 de febrero de 2020

Comienzo de la entrevista inicial




A lo largo de años de experiencia, hemos observado que la terapia comienza con el primer contacto con el paciente -sea éste telefónico o en la consulta del terapeuta. El terapeuta intenta establecer una relación personal relajada con el paciente, sin por ello perder de vista las evidentes diferencias de rol; el hecho de que el paciente es un individuo con problemas que busca la ayuda de un experto. El establecimiento de la relación, la recogida de la información relevante y la aplicación de técnicas cognitivas específicas pueden quedar determinadas ya desde la entrevista inicial.

Muchos terapeutas encuentran conveniente comenzar la entrevista con una pregunta como,"¿Qué sentimientos le produce acudir a un terapeuta?" o "¿Qué sentimientos ha experimentado ante la idea de venir hoy aquí?". Muchos pacientes responden con expresiones de ansiedad o pesimismo. En estos casos, el terapeuta puede investigar algunos de los pensamientos automáticos que se encuentren detrás de estos sentimientos desagradables mediante preguntas como,"¿Recuerda lo que ha pensado en la sala de espera o en el camino desde su casa hasta aquí?" o "¿Qué esperaba usted que ocurriese al llegar aquí?". Por el mero hecho de compartir sus expectativas con el terapeuta, el paciente puede facilitar el camino hacia una relación de colaboración y ayuda eficaz.

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lunes, 3 de febrero de 2020

Resumen en terapia cognitiva




Hemos observado que hacer síntesis o resúmenes en determinados momentos de la sesión resulta de gran utilidad para el terapeuta. Al mismo tiempo, es conveniente pedirle al paciente que haga un resumen breve sobre lo que cree que el terapeuta intentaba comunicarle. Si se hace sistemáticamente a lo largo de la sesión, este procedimiento sirve para determinar si paciente y terapeuta están en la misma onda y ayuda al paciente a centrarse en problemas concretos.

En la sesión inicial, por ejemplo, el terapeuta puede sintetizar los distintos temas que haya extraído de la descripción de los problemas y síntomas por parte del paciente y preguntar si su resumen es correcto y está completo. En las últimas sesiones, el terapeuta puede repetir expresiones del paciente, por ejemplo, "Así pues, usted dice que..." o "Creo entender que usted dice que...". Si el terapeuta no está seguro del contenido concreto del material verbal, puede peguntar, "¿Estoy en lo cierto al pensar que...?. En cualquier caso, el terapeuta esperará la confirmación, corrección o rechazo del resumen antes de continuar.

Asimismo, se intenta determinar con qué exactitud comprende el paciente las explicaciones o sugerencias del terapeuta. En ciertos momentos de la sesión, el terapeuta puede decir, "Para asegurarnos de que nos entendemos mutuamente, le pediría que me explicase con sus propias palabras lo que yo he dicho". A medida que avanza la terapia, el paciente debe ir asumiendo la responsabilidad de sintetizar el contenido de la discusión, ¡A menudo suele ocurrir que la versión del paciente sobre lo que se ha tratado difiere notablemente de la del terapeuta!

En la práctica real, el terapeuta se vale de los resúmenes al menos tres veces a lo largo de una sesión terapéutica standard: (1) Al preparar la agenda, repasa los puntos principales que el paciente y él acordaron abordar durante la sesión; (2) hacia la mitad de la sesión, recopila el material tratado hasta ese momento; (3) hacia el final de la sesión, presenta un último resumen que incluya los aspectos principales de la sesión -este resumen final puede hacerlo el paciente.

Hemos observado que los pacientes suelen responder favorablemente cuando se les pide feedback y cuando se presentan resúmenes intercalados. Muchos de ellos han subrayado que estos procedimientos les hacían sentirse más cerca del terapeuta. Al analizar algunas entrevistas, hemos hallado evidencia empírica de que estas técnicas facilitan el desarrollo de la empatía.

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