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Paz y Ciencia

domingo, 18 de noviembre de 2018

Depresión y Melancolía



La mirada médico-psicológica de los dos últimos siglos ha desustanciado la melancolía. Resulta chocante que durante más de dos mil años la depresión fuera únicamente uno de los signos de la melancolía y, por parte de birlibirloque, en poco más de una centuria, la depresión absorbiera la melancolía y la devaluara hasta hacer de ella una forma clínica un tanto excepcional y ambigua. En el mejor de los casos, de resultas de ese prodigio metonímico, la melancolía es hoy día un tipo básico de la enfermedad depresiva; en el peor, suscrito por la mayoría, la melancolía se reconvirtió en un mero subtipo clínico de la depresión unipolar. Esta marginación no es casual sino premeditada. Muestra la potencia del discurso cientificista, capaz de quitarse de encima un referente occidental bimilenario. Y pone de relieve también tres aspectos cruciales en el estudio médico-psicológico del pathos: primero, el oscurecimiento de la vertiente subjetiva en favor de la enfermedad; segundo, la ruptura de la psicopatología psiquiátrica con la tradición cultural y la historia; tercero, el ascenso del determinismo de la materia.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Zona Centro.
Página Web: www.rcordobasanz.es

sábado, 17 de noviembre de 2018

Sobre el saber

La locura es una práctica de saber. Esta idea choca con el sentir popular, que considera a los enfermos como seres irracionales a los que les están negadas las virtudes del intelecto. La opinión común, en cambio, sí que admite la locura de algunos por exceso de razón, por pasarse de rosca cuando la inteligencia les desborda. Chesterton afirmó en Ortodoxia que los poetas, a diferencia de los matemáticos, no se vuelven locos con la misma facilidad. La imaginación no enloquece, pero la razón tiende a hacerlo. Enloquecemos por exceso de pensamiento antes que por carencia, al revés de lo que les sucede a los dementes. Pues el demente que ha perdido la memoria y los recursos cognoscitivos no es un loco. Un loco, a juicio del mismo Chesterton, ha perdido todo menos la razón. Así lo sostiene también Schreber en el capítulo quinto de su obra, cuando reconoce que su obligación principal es, por supuesto, pensar. Pensar sin interrupción ni descanso. Pensar como modo de postular un ánimo más tranquilo y mejores materiales para su identidad.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Teléfono Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza (Zona Centro).

viernes, 16 de noviembre de 2018

Las tres características del síntoma



Un síntoma reviste tres características:
- La manera de expresar mi sufrimiento.
- La teoría sobre la causa de mi sufrimiento.
- El analista forma parte de mi síntoma.

1. La primera es la manera en la cual el paciente dice su sufrimiento, los detalles inesperados de su relato y, en particular, sus palabras improvisadas.

2. La segunda característica del síntoma es la teoría formulada por el analizante para comprender su malestar, ya que no hay sufrimiento en análisis sin que uno se pregunte por qué sufre. Así como Freud subrayaba la presencia en los niños de una teoría sexual infantil, nosotros comprobamos que también el paciente construye su teoría totalmente personal, su teoría de bolsillo para explicar su sufrimiento. El síntoma es un acontecimiento doloroso que está siempre acompañado de la interpretación que hace el paciente de las causas de su malestar. Ahora bien, esto es fundamental. A tal punto es fundamental que si en un análisis, durante las entrevistas preliminares, por ejemplo, el sujeto no está intrigado por sus propios cuestionamientos, si no tiene idea acerca del motivo de su sufrimiento, entonces será el psicoanalista el que deberá favorecer el surgimiento de una "teoría" conduciendo al paciente a interrogarse sobre sí mismo. Pero a medida que en el análisis el paciente va interpretando y diciéndose el porqué de su sufrimiento, se instala un fenómeno esencial: el analista pasa a ser, progresiva e insensiblemente, el destinatario del síntoma. Cuanto más explico la causa de mi sufrimiento, más se vuelve quien me escucha el Otro de mi síntoma. Con esto tienen la tercera característica del síntoma: el síntoma apela a la presencia del psicoanalista y la incluye, esto es, el psicoanalista forma parte de mi síntoma.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Psicología Zaragoza José María Lacarra 27, 2C. (Antigua General Sueiro).
Teléfono: 653 379 269
Web: www.rcordobasanz.es


sábado, 10 de noviembre de 2018

Foucault, salud mental y poder

La denuncia de Foucault sobre el sometimiento que puede llevar a cabo cualquier medida terapéutica, incluso la más liberadora, ha despertado virulentas críticas contra sus ideas apelando a la posible imprecisión histórica de sus datos. Pero sus planteamientos siguen teniendo sentido si juzgamos por la capacidad singular que poseen para seguir escociendo a sus adversarios. La sospecha que propone irrita al psiquiatra porque, al fin y al cabo, no hay ningún tratamiento psíquico, ni uno solo, que no obligue a interrogarnos acerca del poder que ejercemos sobre nuestros pacientes. Durante la psicoterapia, en la transferencia, en el diagnóstico, en el consejo prestado o en los fármacos prescritos, los factores de mando, influencia, dependencia o poderío presentan sus credenciales de forma continuada, y no pocas veces se traducen en una manipulación desproporcionada.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza (Zona Centro).

viernes, 9 de noviembre de 2018

Los psicóticos tienen derecho a estarlo

Los locos tienen derecho a estarlo. Fernando Colina

Lo tienen bajo una legitimidad que concuerda directamente con la tarea más noble de la psiquiatría, que no es curativa en sentido estricto sino liberal y emancipadora. Emancipadora del hospital, por supuesto, y de cualquier refugio institucional, pero también de los tratamientos, de los diagnósticos y de los apegos pobres o excesivos. La cuestión más relevante y primera que se deriva de este principio liberador, amén del compromiso de cumplirlo, reside en fijar las fronteras de ese fuero. Sobre todo a la hora de conocer el momento en que los ideales se vuelven del revés y nos obligan a tomar las riendas de la decisión, traicionar las propias normas y anular el derecho de los enfermos. El momento decisivo, entonces, será cuando nos veamos comprometidos a suspender, en palabras de Max Weber, la ética de las convicciones a favor de la ética de la responsabilidad.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
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miércoles, 24 de octubre de 2018

Tiene la existencia algún sentido

Es claro que el hombre confiere un sentido a todo cuanto hace y, en general, a su vida. Parece lógico inferir de aquí que su vivir mismo -esto es, el hecho de existir- posea sentido. Ahora bien: esta inferencia es gratuita. Del hecho de que una cosa tenga sentido una vez que existe no se puede deducir en modo alguno que el sentido le venga dado de antemano. Este árbol que aquí está tiene para mí el sentido de darme sombra, incluso puedo haberlo plantado para ello. Mas es notorio que el sentido es dado por mí y que el dar-sombra no era el sentido para el cual el árbol existía. Existía, y con posterioridad se le dio sentido por aquel que podía darlo, a saber, por ese hombre que soy yo. Cualidad del hombre, inherente en su pensar, es dominar todo, poniéndolo a su servicio mediante la adscripción de un sentido para él. De igual modo procede con su existencia propia una vez que es. La mera existencia -el existir- no tiene sentido; el sentido se lo autoconfiere el existente una vez que está ya en la realidad. Admitir, pues, que el mundo en general y en particular el hombre tiene sentido por su mera existencia, obligaría a saltar sobre la realidad de que disponemos y prejuzgar a alguien o algo que, paradójicamente, por fuera de la realidad misma, sin ser de esta única realidad, lo diese. Esta es una inducción absolutamente sin fundamento.
Castilla del Pino. "La Culpa".
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
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martes, 16 de octubre de 2018

Enemigos de la melancolía

La melancolía es la expresión del alma humana en su naturaleza profunda. Gladys Swain

El positivismo no es amigo de la melancolía y menos aún del sujeto melancólico. A medida que el punto de vista cientificista se fue adueñando de la psiquiatría, la melancolía se desvirtuó y su territorio se hizo más angosto.
El rostro del enfermo melancólico descrito a lo largo del XIX y primeras décadas de XX agudizó los rasgos del dolor hasta extremos caricaturescos. "El melancólico es ante todo un enfermo que sufre", escribió René Masselon, culminando esta visión patética del hombre carcomido por el dolor del alma. Con su nuevo semblante, el melancólico se convirtió en un rara avis, una de esas piezas descatalogadas que no se sabe dónde colocar porque estorban en todos los sitios y afean cualquier entorno.
La melancolía está por todas partes. Si uno se interesa por la historia clínica, apenas da dos pasos ya se encuentra con ella; si lo que llama su atención es el arte, la literatura o la poesía, lo difícil será librarse de su presencia; de inclinarse por el estudio de la psicología patológica, enseguida averiguará el lugar central que ocupa en esa materia; de hacerlo por la ética, la moral y la religión, no tardará en acercarse al corazón de la experiencia melancólica. Desde este punto de vista, lo que resulta chocante es la falta de aprecio que le ha mostrado el cientificismo psicológico y psiquiátrico. Y lo que maravilla es la eficacia con que se ha desecho de ella. Pero lo que consterna es el resultado de este paulatino menosprecio, especialmente el que atañe al empobrecimiento de la psicopatología y a la devaluación de la historia como modo de conocimiento del presente y guía para el quehacer clínico.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
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