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Paz y Ciencia

miércoles, 17 de enero de 2018

Uso del Trastorno Límite de la Personalidad




A lo largo de los años se han ido proponiendo otras formas para representar el trastorno límite, ahora en el DSM-V como trastorno fronterizo.
El término "límite" solía darse a aquellas personas en las cuales no se sabía bien donde transitaban, esto es, si en el polo de la neurosis o de la psicosis. Esta denominación ha suscitado numerosos debates sobre qué es el trastorno límite y cómo se puede entender y diagnosticar. El tratamiento se ha ido perfilando recientemente.
Se acuñaron distintos términos como personalidad cicloide, personalidad ambivalente de la personalidad, trastorno impulsivo de la personalidad, trastorno lábil de la personalidad, etc.
Otro problema es que el trastorno límite se puede confundir con otras patologías como el trastorno ciclotímico del trastorno del estado del ánimo. Esto sugiere a muchos clínicos el incluirlo en la entidad de los trastornos del estado del ánimo.
No obstante el término "límite" se ha mantenido, aunque se ha reforzado la noción de una entidad nosológica específica, que describe un nivel avanzado de disfunción, sin tener en presente que hay niveles de gravedad leves, moderados y graves; esto depende del apoyo social, la psicobiografía y el grado de conexión con la realidad así como los episodios de pensamiento "dicotómico".
No debería ser utilizado como cajón de sastre para los casos de indecisión clínica o diagnóstica; más bien debería considerarse como un patrón de comportamiento y funcionamiento alterado de de forma estable y duradera, ubicad o en algún punto donde reside la inestabilidad junto a la búsqueda incesante de aceptación y aprobación, configurándose, de este modo, un único trastorno "límite estructuralmente defectuoso" (Millon y Davis, 1998).

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza centro.
Teléfono: 653 379 269
www.rcordobasanz.es

martes, 16 de enero de 2018

Características del Trastorno Límite (Fronterizo)



Tras Kraepelin, Schneider, Kretschmer y Reich fue Adolf Stern (1938) quien designó "el grupo límite de las neurosis". Desde entonces se han ido realizando diversas conceptualizaciones del término, que podríamos resumir básicamente en seis.

- La primera está basada en los trabajos de Otto Kernberg, empleando el término límite para describir la mayoría de las formas serias de carácter patológico.
- La segunda surgió en los sesenta y setenta, centrada en las experiencias psicóticas transitorias  de estos pacientes. Desde entonces se pensaba que era un derivado de las esquizofrenias.
- La tercera agrupó muchas de las investigaciones empíricas de los ochenta, enfatizó la disforia crónica y la labilidad afectiva de los trastornos límite, lo que llevó a pensar que era un trastorno afectivo. Akiskal y Zanarini.
- La cuarta definición se refleja en la obra de Gunderson (1984), en donde el término límite describe una forma específica de trastorno de personalidad que puede ser distinguida de un número sustancial de otros trastornos del Eje II (Trastornos de Personalidad). De este modo se distingue de los síndromes esquizofrénicos y los estados neuróticos, proponiéndose, así, las características distintivas: automultilación, comportamientos parasuicidas, preocupación excesiva por el abandono y la soledad, actitud muy exigente, etc, pensamiento cuasi psicótico, regresiones terapéuticas y dificultades en la contratransferencia.
- Las definiciones quinta y sexta sobre la patología límite han surgido durante los años noventa. Zanarini (1993) piensa que es más correcto concebir el trastorno dentro de los trastornos impulsivos (consumo de sustancias psicoactivas o trastornos de alimentación, por ej.). De esta forma el trastorno límite no sería una forma atenuada o atípica de uno de los trastornos del impulso, sino que se trataría de una forma específica de trastorno de personalidad pero que aparece junto a los trastornos de control de los impulsos.
En la misma línea, Herman y van der Kolk (1987) sugieren que se trata de una variación crónica del trastorno postraumático, relacionado con problemas disociativos, incluyendo el trastorno disociativo de la personalidad.
Ahora bien, a pesar de las infinitas caracterizaciones , la validez del "trastorno límite de la personalidad" se encuentra hoy en día generalmente aceptada, mientras que otros aspectos, como etiología y tratamiento, están aún en proceso de investigación y experimentación; en esta última faceta existen tres pilares: Otto Kernberg, Marsha Linehan y Gunderson.

Rodrigo Córdoba Sanz. 
Experto en Trastorno Límite de la Personalidad. Trastorno Fronterizo o de Inestabilidad Emocional.
Zaragoza Centro. Teléfono: 653 379 269 
www.rcordobasanz.es

lunes, 15 de enero de 2018

Clasificación Psiquiátrica




La mayoría de los acertijos psiquiátricos se basan en un problema no expresado que consiste en encajar un acto, un concepto o una persona en alguna categoría.
Los problemas que se esconden detrás de los conflictos básicos del género humano, conflictos ideológicos y religiosos, son de la misma clase: ¿EL negro es una cosa? ¿Jesús es un hombre o un Dios?
Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras que se expresan de un modo que les haga parecer diagnósticos médicos y se aplican a personas cuyo comportamiento molesta u ofende a otras personas. A los que sufren y se quejan de su propio comportamiento se les suele clasificar como "neuróticos"; aquellos cuyo comportamiento hace sufrir a los demás y que provocan quejas se les acostumbra a llamar psicóticos.
La nosología psiquiátrica (la clasificación de las enfermedades mentales), es el lenguaje del aborrecimiento.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza Centro. Lacarra de Miguel 27, 2C.
Teléfono: 653 379 269
Página Web: www.rcordobasanz.es

jueves, 11 de enero de 2018

Artículo básico sobre el Trastorno Borderline


El trastorno borderline de personalidad

Escrito por: DR. SERGIO OLIVEROS CALVO
Publicado:  | Actualizado: 10/01/2018
Editado por: TOP DOCTORS®
Inestabilidad emocional, impulsividad y dificultades en la relación interpersonal son algunas de las características del trastorno borderline de personalidad, algo que debería ser considerado como una enfermedad psiquiátrica más que un simple trastorno de personalidad por todos los motivos que veremos a continuación.
El trastorno borderline va asociado a una fuerte dependencia, dificultad para relacionarse e impulsos incontrolables
El trastorno límite (borderline) de personalidad es un conjunto de anomalías en el plano de las emociones, el afecto, las motivaciones y la relación social de un sujeto que le generan él o a las personas que le rodean una malestar significativo y persistente. Tales anomalías consisten primariamente en este trastorno en una marcada inestabilidad emocional eimpulsividad. Se trata de un trastorno que afecta al 1,8% de población general, y su distribución es de 3 mujeres por cada hombre, acentuándose excesivamente en familias desestructuradas.
Genera una elevadísima tasa de complicaciones tóxicas, alimentarias, legales, médicas, familiares o laborales, además de un elevadísimo consumo de recursos sanitarios (hospitalizaciones, ingresos, urgencias por tentativas de suicidio, etc.). No se trata a juicio de muchos especialistas de un mero trastorno de personalidad, sino de una enfermedad psiquiátrica en toda regla que debería ser incluida dentro del eje I de las clasificaciones internacionales mentales.

Síntomas del trastorno borderline
El paciente borderline presenta de forma característica una marcada inestabilidad afectiva debida a intensas reacciones emocionales frente al rechazo, la crítica, o cualquier aspecto que puedan percibir como una herida en su amor propio. Sin embargo, este sentimiento suele durar unas horas tan solo. Son comunes los episodios de ira y la dificultad para controlar sus impulsos, por lo que son recuentes las amenazas de suicidio y la automutilación, con cortes superficiales en la piel especialmente.
El sentimiento crónico de vacío o el de inutilidad desde edades tan tempranas como la adolescencia es otro de los síntomas de aquellos que padecen el trastorno límite de personalidad. Los varones son más proclives a presentar consumo de drogas concomitante y las mujeres, en cambio, trastornos de alimentación concurrentes. Es el trastorno de personalidad con mayor comorbilidad (presencia simultánea de otras enfermedades).

Tratamiento del trastorno límite
La psicoterapia cognitivo conductual, la programación neurolingüística y la psicoterapia dinámica han mostrado eficacia en su tratamiento. De forma añadida los inhibidores de la recaptación de serotonina a dosis medias y altas, timoanaléticos como topiramato, gabapentina, pregabalina y oxcarbazepina y neurolépticos atípicos como quetiepina, olanzapina, paliperidona y risperidona, han demostrado eficacia en el control de muchos de los síntomas a corto plazo, facilitando el desarrollo de las psicoterapias.

Apuntes históricos sobre el TLP. Trastorno fronterizo de la Personalidad o Borderline




Remontándonos a tiempos de Homero, Hipócrates y Areteo, aparecen descritos cuadros donde aparecían ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos "hechizos" eran oscilantes y que las personas estaban sujetas a ellos. Pero fue Bonet, en 1684 quien unió la impulsividad y los estados de ánimo inestables en un término que denominó "folie maniaco-melancolique". Posteriormente, y ya en el siglo XIX, Baillager y Falret observaron a un grupo de pacientes que mostraban un curso depresivo, interrumpido intermitentemente por períodos de irritabilidad, cólera, euforia y normalidad, que bien podría asemejarse al trastorno límite o fronterizo de la personalidad, también llamado borderline o "inestabilidad emocional -CIE-!0). Pero quizá sea Kraepelin quien se acercó más a los síntomas que hoy en día conocemos como TLP, a saber:

"Los pacientes manifiestan desde la juventud fluctuaciones extraordinarias en su estado de equilibrio emocional, afectándoles excesivamente todas las experiencias, con frecuencia de un modo poco agradable...
...y en ocasiones más triviales, manifiestan explosiones de ira.

El estado de ánimo está sujeto a cambios frecuentes... son períodos que se intercalan, en los que el paciente puede sentirse irritable y malhumorado, quizá triste, ansioso; llora sin causa, expresa ideación suicida, quejas hipocondríacas, no se levanta de la cama...

Es difícil que mantengan sus esfuerzos de un modo constante. A consecuencia de su irritabilidad y sus estados de ánimo variables, su vida se ve sujeta a los incidentes más variopintos que les llevan a huidas inesperadas, viajes o encerrarse en sí mismos"

Trastorno Límite de la Personalidad. Fronterizo. Borderline



"Fuego y hielo". Así caracterizan algunos autores al estilo límite de personalidad. Los sujetos con este patrón de comportamiento viven todas las situaciones con la mayor intensidad. Tan pronto están en el cielo como pueden estar minutos después en el infierno. Tan pronto están adorando a su pareja como al minuto estar odiando. La intensidad e inestabilidad de las emociones de las mismas describen a grandes rasgos al estilo límite. Sus reacciones explosivas no tienen mucho que ver con los estímulos ambientales, sin embargo de ser así todavía son más intensos; pueden tener explosiones difíciles de controlar. Luego, al recordar la situación, se sienten mal y se arrepienten. Pero ese descontrol de las emociones y el arrepentimiento posterior volverá a pasar una y otra vez. Además el estilo límite necesita de las emociones para sentirse vivo. Necesita sentirse querido, necesita sentir la vida, sentir el sol cuando están en un estado emocional positivo y sentir la luna cuando están tristes. Suelen ser desinhibidos, animosos, alegres, al menos cuando están en un estado emocional positivo. Suelen demostrar lo que sienten y parece que frecuentemente exigen que los demás se comporten de la misma manera

El estilo límite puede ser la alegría de la casa pero cuando se convierte en un trastorno puede acabar con la paciencia de la familia y pareja. Todo lo dicho arriba se vuelve mucho más extremo. El comportamiento se vuelve verdaderamente problemático tanto para el sujeto como para su entorno, apareciendo posibles comportamientos autolesivos e, incluso en algunos individuos, intentos de suicidio.



lunes, 8 de enero de 2018

Antipsiquiatría



Antipsiquiatría: un enfoque liberador de la salud mental

Este movimiento crítico con la psiquiatría busca la comprensión de la locura desde un punto de vista humano y desmitificador. Y rechaza su sistema de diagnóstico y tratamiento

Jesús García Blanca



antipsiquiatria
Normalidad y locura parecen dos extremos separados. Sin embargo, esta concepción esconde relaciones de poder y ha sido causa de un gran sufrimiento para quienes eran “diferentes”. Es lo que denunció el siglo pasado el movimiento de filósofos y psiquiatras que criticó el trato que se daba a los “locos” y la definición de locura.
El malestar, dijeron, lo causa una sociedad claustrofóbica que busca uniformizar, niega los instintos y provoca graves problemas de adaptación. Su crítica sigue vigente.

Locura y enfermedades mentales: mucho por desmitificar

¿Qué es la locura? ¿Existen realmente las enfermedades mentales? ¿Es necesario encerrar a ciertos enfermos para protegerlos de sí mismos o para proteger a otros? ¿O es posible encarar de otro modo el sufrimiento humano?
¿Quién y cómo decide estas cosas y con qué criterios? ¿Quién está más capacitado para conocer las raíces de ese sufrimiento: los supuestos especialistas en psicología o psiquiatría o las personas que sufren? Las respuestas a estas preguntas cambiaron nuestra visión de la enfermedad mental y de nuestra sociedad.
Durante los años cincuenta del siglo pasado se produjeron dos acontecimientos que modificaron la práctica y los conceptos de la psiquiatría hasta nuestros días: se desarrollaron los primeros antipsicóticos, que permitieron tratar a los esquizofrénicos sin que estuviesen recluidos, y surgieron una serie de psiquiatras que iniciaron un cuestionamiento radical de la psiquiatría y la psicología, incluyendo los propios tratamientos farmacológicos. A este grupo de críticos se les agrupó posteriormente bajo la denominación “antipsiquiatría”.

¿Qué es la Antipsiquiatría?

En el siglo XIX había comenzado el encierro sistemático de los locos, junto con indigentes, vagos, maleantes, vagabundos, mendigos y otros colectivos incontrolados. Las condiciones del encierro pueden resumirse –propuso el filósofo Michel Foucault– con una palabra: miedo.
Los “pacientes” estaban sometidos a una disciplina en la que cualquier derecho humano parecía totalmente ausente: camisas de fuerza, duchas frías, aislamiento, inmovilizaciones prolongadas y, por supuesto, humillación y pánico.
En el siglo pasado, cuando la psiquiatría evolucionó para reivindicar su carácter científico, a la altura de la medicina, los locos pasaron a denominarse “enfermos mentales”, pero las prácticas de confinamiento y tratamiento no dejaron de ser violentas y represivas.

Cambiando de paradigma

La antipsiquiatría vino a plantear una lucha frontal contra estas prácticas, pero también a redefinir los principales presupuestos teóricos de la psiquiatría y sus pretensiones de convertirse en ciencia.
Una crítica que los autores del movimiento hicieron desde diferentes ángulos: algunos consideraban que la psiquiatría es uniformizadora y cómplice del poder, otros lucharon contra la reclusión de los esquizofrénicos, otros criticaron las relaciones de poder terapeuta-paciente, otros analizaron la estigmatización producida por diagnósticos que muchas veces solo escondían descontento y rebeldía...
Pero todos compartían en alguna medida la lucha por el cambio social, en sintonía con un momento de rebeldía: mayo del 68, movimiento de liberación gay, contracultura, oposición a la guerra de Vietnam, explosión de la cultura rock, crítica intelectual y activista del capitalismo...
Las discusiones teóricas se convirtieron en una lucha política. En apenas dos décadas, el movimiento consiguió producir un importante cuerpo teórico y experiencias sorprendentes. En los años sesenta aparecieron cuatro obras clave:
  • Internados: ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales, del sociólogo Erving Goffman.
  • El libro fundacional de la antipsiquiatría, El mito de la enfermedad mental, del psiquiatra Thomas Szasz, en el que plantea que los psiquiatras no se enfrentan a patologías, sino a dilemas éticos, sociales y personales.
  • El yo dividido, de Ronald Laing, sobre los orígenes sociofamiliares de la esquizofrenia.
  • El libro que dio nombre al movimiento: Psiquiatría y antipsiquiatría, de David Cooper.

Los beneficios de suprimir los psicofármacos

A la vez se llevaron a cabo experiencias revolucionarias. Todas tenían en común una casi total libertad a los pacientes, que se relacionaban de igual a igual con los terapeutas. Se suprimieron las prácticas violentas y se redujeron drásticamente los tratamientos farmacológicos.
En pocos años, comenzaron los éxitos parciales, pero todas estas experiencias fracasaron por la oposición de las autoridades académicas y sanitarias. En el caso de Cooper se llegó incluso a cambiar el nombre del pabellón por 20B para borrar todo rastro de la experiencia.

Terapias al servicio de las personas

Deberíamos evitar:
  • Psicoterapias directivas basadas en teorías reduccionistas y mecanicistas, al servicio del poder, que buscan la reinserción en la sociedad, la normalidad, la adaptación a los problemas.
  • El diagnóstico-etiqueta basado en el Manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, en el que unos especialistas –que tienen relaciones laborales o económicas con los laboratorios en muchos casos– establecen criterios despersonalizados y frecuentemente sin base patológica objetiva.
  • Las relaciones de dependencia y autoridad, a veces oculta bajo una capa de paternalismo, entre el terapeuta y el paciente.
  • Los tratamientos con psicofármacos, basados en la idea de que los trastornos se deben a desequilibrios bioquímicos. Crean dependencia, tienen efectos indeseados, a veces graves, y no solucionan los problemas, sino que se limitan a paliar o tapar los síntomas.
En cambio, conviene buscar otro tipo de terapias...
  • Psicoterapias liberalizadoras, basadas en teorías holísticas que consideran que los trastornos tienen orígenes complejos y que buscan potenciar el crecimiento interior al servicio de la persona y de un cambio en la sociedad. Para estas terapias, el ser humano posee una naturaleza social y es responsable de la construcción de la sociedad en la que vive. Desde ese ángulo, lo normal no tiene por qué ser saludable, a menudo es lo contrario.
  • Diagnósticos holísticos, personalizados, que no estigmaticen o clasifiquen y sirvan como herramientas para un trabajo integral.
  • Relaciones de complicidad y empatía psicoterapeuta-paciente en las que se establezca un pacto de igualdad y de respeto a la autonomía del paciente.
  • Técnicas no directivas que minimicen o supriman totalmente los psicofármacos y basen su acción en el trabajo psicocorporal, emocional y social.

La falsa panacea química

El movimiento crítico con la psiquiatría, tras sus intensos veinte años de existencia, permitió cambiar alguna cosa, pero no lo esencial: ni la concepción de la enfermedad mental, ni los diagnósticos y tratamientos, ni la comprensión de la locura desde un punto de vista humano y desmitificador.
Los siniestros hospitales psiquiátricos ya no son lo que eran, es cierto,pero persiste la posibilidad de internamiento involuntario, y si se ha reducido es porque los psicofármacos cumplen la función de mantener a los pacientes encerrados en una especie de manicomio ambulante en el que la persona etiquetada como “enfermo mental” lleva a cuestas rejas y camisa de fuerza.
En su reciente libro sobre las enfermedades mentales (Deadly Psychiatry and Organised Denial, “Psiquiatría mortal y negación organizada”), Peter Gotzsche, fundador y director del Nordic Cochrane Center, considera que la psiquiatría ha asentado una serie de errores. Que...:
  • Los diagnósticos son fiables.
  • Si damos una explicación genética o bioquímica a los trastornos evitaremos o lograremos reducir la estigmatización del paciente.
  • Observando las cifras de consumo de fármacos tendremos una idea de la incidencia de personas con trastornos mentales.
  • Los trastornos consisten en desequilibrios químicos que podemos corregir mediante fármacos.
  • Los tratamientos prolongados con psicofármacos evitan que los pacientes recaigan y reducen los suicidios en niños y adolescentes.
  • La depresión, la hiperactividad y la esquizofrenia producen daños cerebrales que pueden evitarse o prevenirse mediante el uso de psicofármacos...

Un caldo de cultivo para la medicalización

La realidad es muy diferente. En estos años la sociedad ha profundizado en su carácter alienante y opresivo: las condiciones laborales han empeorado, la tecnología ha causado una desconexión que casi podemos calificar de aislamiento y pérdida del sentimiento de comunidad, especialmente a la hora de afrontar los problemas, y esto ha llevado al consumo desmedido de servicios terapéuticos y de psicofármacos.
Como decía el dramaturgo inglés Nathaniel Lee al ser recluido en una institución mental en el siglo XVII:
“Me llamaron loco y yo los llamé locos. Y maldita sea, me ganaron por mayoría de votos”.
Parece que los locos son los que se han adaptado a tan inhumanas condiciones de vida, que son los más sensibles, los pocos que permanecen cuerdos afrontando la discriminación de quienes tienen el poder de definir.

Etiquetas diagnósticas que surgen como setas

Otra de las grandes reivindicaciones de la antipsiquiatría, el etiquetado indiscriminado sin base objetiva o científica, ha ido volviéndose más y más absurdo en cada edición del famoso Manual de diagnóstico (DMS, por sus siglas en inglés), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría.
Ya en la tercera edición de 1980 sumó cien nuevas categorías diagnósticas y dejó a un lado la base propuesta por Freud para limitarse a elaborar listas de síntomas y umbrales numéricos a la hora de etiquetar a los pacientes.
Desde entonces, el manual se ha ido imponiendo a gran escala,escondiendo las causas profundas del sufrimiento y aplicando una clasificación simplista y reduccionista que criminaliza conductas o comportamientos que no cuadran con los intereses de los poderes establecidos.
Al mismo tiempo, se ha hecho manifiesta la corrupción de los comités de expertos que elaboran los diversos capítulos del manual, en su mayoría ligados por intereses económicos a la industria farmacéutica. El hecho de basar las medidas terapéuticas prácticamente en los psicofármacos está provocando una auténtica catástrofe de salud.
Medio millón de personas mayores de 65 años mueren cada año en Europa y Estados Unidos a causa de los tratamientos farmacológicos diseñados para la depresión, la ansiedad o la psicosis, afirma Peter Gotzsche en su libro. Son cifras escalofriantes.
Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), considerados los antidepresivos más seguros, y por lo tanto los que más se prescriben, matan a una de cada 28 personas mayores de 65 años que se tratan con ellos cada año, causan graves efectos secundarios sexuales y producen dependencia en la mitad de los tratados.
Además, ansiolíticos y antidepresivos crean dependencia y producen un grave síndrome de abstinencia (comparable o superior al de la heroína), provocan agresividad o violencia, aumentan el riesgo de suicidios (especialmente en jóvenes) y poseen un alto riesgo de provocar malformaciones congénitas en embarazadas.
Cientos de miles de “pacientes” –muchos, víctimas del sobrediagnóstico– sufren efectos secundarios graves o muy graves: obstrucción hepática, anemia, vértigos, visión borrosa, irregularidades menstruales, arritmia cardiaca, parálisis muscular...
Recomendado por el psicólogo Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Zona Centro