PEACE

PEACE
Paz y Ciencia

viernes, 23 de febrero de 2018

¿A los 6 años? Altas Capacidades


Esa teoría que impera en el sistema educativo español, según el cual no se puede hablar de alta capacidad hasta los 6 años es obsoleta. Debería empezar a "diagnosticarse" a los 3 y, por tanto, estimular desde edades tempranas: ¿Por qué? Muy sencillo. La neuroplasticidad de un niño es abrumadora, son verdaderas "esponjas".
Si se encuentra a una buena profesora/tutora o profesor/tutor pueden valorar con paciencia desde el primer año en el colegio ciertas características singulares.
Se dirán algunas, pero no tienen por qué coincidir.
Lo que la opinión pública piensa de alto rendimiento ( muy listo) no coincide con altas capacidades. Así que si la vecina piensa una cosa y vosotras otra fijaros en vuestra intuición.
Por definición, cada niño es singular, cada niño tiene un cerebro distinto y ha sido estimulado de manera diferente.
Los padres suelen ser, no siempre, uno o los dos con altas capacidades... tienden a emparejarse.
Un listado de características me parece ridículo y no lo voy a compartir aunque figuren de manera heterogénea en los distintos libros a propósito de informar y estimular.
Lo más conveniente, si tenéis la sospecha de que vuestro hijo puede estar entre ese grupo de población, o ya os han dicho algo en el colegio es ir a un profesional de psicología clínica especializado. Podéis ahorrarles muchos problemas a las criaturas y a los padres, lo que significa que la atmósfera familiar sería mejor para todos; al entender conductas y actitudes que no ententendíais.

Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
Tfn.: 653 379 269
Zaragoza. Zona Centro.

Bibliografía: "A mí no me parece. Casos prácticos para comprender la alta capacidad".
Eva R. Alegría. José Luis Pérez. Félix Ruiz Mahamud. Ed.: Paraninfo.

miércoles, 21 de febrero de 2018

El Trauma de la Decepción de Amor




El flujo creciente de crisis de vida multiplica la demanda de atención psiquiátrica/psicológica en las Urgencias de grandes hospitales, y el amplio alcance de este fenómeno nos cuestiona sobre el extraño negocio con la muerte. Esto es todavía más inquietante que el suicidio consumado, por contra a la baja a semejanza de los factores convencionales de los cuales se invoca la influencia sobre la "voluntad de morir". La depresión está mejor tratada, y las situaciones de desamparo social o de falta de cuidados que por lo general sostienen la aparición de este final catastrófico de la vida humana son menos desgarradores que antaño. El aburrimiento de vivir y la imagen de la muerte como alivio se difunden especialmente en las zonas urbanas de los países considerados desarrollados, ¿cuestión de estadística o estudios naturalistas?, mientras que las comunidades menos desmembradas por el progreso de nuestra civilización parecen estar protegidas; a menos que no conozcan también la desgracia insidiosa que el hecho de la destrucción, para un progreso material engañoso, de la identidad de un pueblo.
Como conclusión, todo esto alcanza una especie de precariedad moral de nuestras comunidades, sugiriendo que habría que investigar los determinantes profundos de la "epidemia" también del lado de nuestros propios estados de ánimo y de los vínculos relacionando la desgracia humana a las dificultades y a las contradicciones de la vida emocional de nuestros contemporáneos.

Antonio Andreoli. "Psicoterapias Dinámicas en el Trastorno de Personalidad Límite".
 José Guimón / Claudio Maruottolo (coords.)

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. 653 379 269



martes, 20 de febrero de 2018

De Aceptación-Amorosa de Ricardo Klein



Como decía en el título, lo que para ti es una introducción, para mí es un final. El libro ya está escrito y, como dice el poeta: estas son las últimas letras que le escribo. Es que recién con el libro acabado, termino de dar-me cuenta de qué se trata el escrito.
Dedico este libro a mis maestros. Palabra difícil, si la hay. Agradezco a Román Mazzilli el fructífero diálogo que me permitió repensar los maestros de mi vida. Previo a éste, Maestro era una palabra enorme, para ser poco usada. Me di cuenta de un sometimiento, una captura que retenía potencia hipotecando saberes y aprendizajes. Maestro es cada uno de aquellos de los cuales he podido aprender. Y tras la conversa, fueron muchísimos los maestros que he tenido, y a los cuales agradezco lo recibido, lo aprehendido. He sido afortunado en aprenderes, y no me había dado cuenta. Un antiguo proverbio zen enuncia que cuando el discípulo está preparado, el maestro aparece. Sólo me queda volver a agradecer. 
Privilegiando entre mis maestros, he dedicado este libro a aquellos de los cuales y con los cuales aprendí primero a balbucear, luego a sentir, más tarde pergeñar, y por último a pensar la “aceptación-amorosa”. Cuando ésta se instaló en mi vida -y la registré primero con otra persona antes que conmigo- hallé que la paz era posible de ser alcanzada, que no había más guerras por pelear, pues el territorio se hallaba conquistado, habitado, vivido.
Al sentir “aceptación-amorosa” por parte de Rosi Zupnik, pude resignificar el haberla sentido de Magda y Samuel, que en las raíces de mi árbol ocupan el lugar de abuelos. En mi historia he tenido unos cuantos terapeutas, que abrevaban en diferentes escuelas y teorías. Probablemente no me hallaba yo en condiciones de sentir. A esta altura de mi labor clínica, me resulta claro que aquello que cura es el vínculo. Agradezco que la vida me haya brindado a Daniel Álvarez Greco como terapeuta para poder sentirme “aceptado-amorosamente”... y luego poder sentirlo conmigo.
Si la “aceptación-amorosa” existe, implica que cada persona pueda manifestarse en toda la plenitud de su existir. Para que esto sea posible, es preciso la presencia cómplice de otro (incluida la propia como la de un otro). Gracias, amigos, por contar con el privilegio de esas existencias compartidas.
Los hijos nos confrontan... con nuestras sombras. Nuestras expectativas, nuestros supuestos saberes, aquellos creídos lugares de afirmación duramente conquistados y que resultan rigideces, defensas e imposibilidades que sólo tienen una sólida argumentación. Agradezco a mi hija, maestra en develar mis sombras, algunas de las cuales pude integrar, y otras muchas que sólo pude aceptar-amorosamente que coexistieran conmigo.
Denominé las secciones utilizando los personajes de las novelas de Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, Veinte años despuésEl vizconde de Bragelonne I y II[1]). Al final del último libro de la saga, Dumas atribuye una característica a cada uno de ellos: el valor para D´Artagnan, la nobleza para Athos, la fuerza en Porthos, y la astucia en Aramis.
Si llamé D´Artagnan a la primera se debe a que fue el último en llegar, como estas palabras fueron las últimas en ser escritas. También, allí como aquí, es su llegada la que da unión a estos mosqueteros. Cada uno de los otros (mosqueteros-textos escritos) tenía ocultas razones de su existencia (en las armas del rey - en diversas publicaciones); D´Artagnan, quintaesencia del mosquetero-autor del libro, no deseaba otra cosa. Y, dado que hace falta valor -en alguien tímido como yo- para presentarse, utilizo para eso a D´Artagnan, que era siempre el primero en avanzar, valiente, aguerrido, aquel que con voz suave gastaba palabras con prodigalidad.
Para poder abordar a Metaclínica y no sólo pasar la vista por ella, es necesaria una nobleza. No me refiero a los títulos ostentados, sino al alma. Recordemos que de alma hablaba Freud, más allá de haberlo traducido (traicionado[2]) como psiqué. Reconocer errores -como hacía Athos- y poder trascenderlos y que hubiera algo que amar comprometidamente -en este caso la clínica- más allá del narcisismo o el deber. De personalidad reservada y refinados modales, la “aceptación-amorosa” y Lo sagrado están en su esfera. Como Athos, lo metaclínico precisa retrabajar sorpresas guardadas del pasado para que dejen de atormentar al clínico mosquetero. Además, Dumas es al único de los cuatro que le da trascendencia como padre.
La Clínica según Porthos, la fuerza, la transformo deleuzianamente en potencia, en la fuerza de trabajo, la acción, la puesta en acto, resaltando además el humor del personaje. Dice Dumas que el Barón Porthos era perfecto para realizar tareas operativas. Viniendo luego de su encuentro con quien lo precede (Athos) gusta de vestir peculiares trajes -que otros no se animan a usar- y se siente muy bien de ser él mismo.
Las letras que danzan mitos reclaman en Aramis la astucia de ser mirados de modo diferente, de hallarles otro sentido, de cambiar la perspectiva. Delicado y elegante, se halla lleno de contradicciones, que son las que le insuflan su ser temerario, a la vez que intrigante. La astucia de Aramis es la que sobrevive -según Dumas- a los cuatro, y allí donde el valor, la nobleza o la fuerza perecen, es posible que la astucia sea la más clínica de todos ellos; probablemente porque las primeras tres se miran en su imagen para sostenerse y avanzar; la astucia -en tanto tal- mira al otro, y luego decide su quehacer.
Tomar como metáfora los mosqueteros, esos de la famosa frase “Todos para uno y uno para todos”, da una visión del libro en su conjunto, ya que si bien cada capítulo fue escrito por separado, es el encuentro de y con cada uno de ellos que potencia una modalidad de pensamiento y desarrollo que hace a mi trabajo clínico. Como la novela, que transcurre en treinta años -algo menos que la edad de mi devenir clínico- estos escritos representan fácticamente los desarrollos de mis ideas de la última década; a su vez, ésta revierte re-significando e incluyendo también las dos primeras.
Por último, la Bibliografía, a la cual denominé Alejandría -donde se hallaba la famosa biblioteca- y que remite al lugar en el cual desde la antigüedad constituía un reservorio del conocimiento. Pues más allá del uso de los libros citados, cada autor piensa y dialoga con aquellos libros y autores con los que va enhebrando ideas y complicidades. Es desde esta Alejandría que pude desarrollar lo escrito aquí. Cierto también que algunos otros -usados para pensar sin ser citados- también forman parte de ella. Podría haberla llamado Dumas -acorde a las otras  denominaciones-, pero ocurre que éste también es un habitante de mi Alejandría.
El comienzo de este libro -como me pasó paradójicamente con mi segundo libro[3]- aconteció por precipitación[4]. Esto ocurre cuando hay una cantidad de sustancia acumulándose en un medio que la satura, siendo aquello que la excede lo que se precipita al fondo. Paradójicamente, ese fondo caído -devenido en figura- reorganizó mi escritura. Antes, al igual que ahora, eso fue y esto es, la base de lo escrito después. En ambos me di cuenta en ese momento que cada uno de esos artículos condensaba un pensamiento que venía gestándose en aquello que ya venía produciendo, precipitando mi conciencia de que esos diversos afluentes aparentemente independientes entre sí, convergían en un río común cuyo cauce cobijaba mis ideas, pensamientos, producciones.
En este caso, “28 indicios sobre la aceptación-amorosa”[5] fueron las letras de mi darme cuenta editorial. Ese escrito -que bucea lo clínico entre fábulas clínicas (concepto que aquí enuncio y te invito a leer)- es un capítulo bisagra; si bien refiere y remite a la clínica, incursiona en aquello que llamaré posicionamiento clínico, y que es anterior al acto clínico en sí. Recordemos que el acto clínico proviene, etimológicamente, de in-clinarse sobre el lecho del enfermo. Anterior, decía, en el sentido de preexistir a lo fáctico de cada encuentro clínico, siendo singular del terapeuta. A la vez, es siempre posterior a recibirse y haber empezado a trabajar, pues implica un trabajo de construcción de dicho posicionamiento, que conlleva el dejar los lugares teóricos de adscripción -enunciadores de mandatos- para que éstos devengan en interlocutores para poder construir -con ellos y a partir de ellos- un posicionamiento clínico al cual denomino “metaclínica”. En los inicios del trabajo clínico, lo metaclínico queda capturado por el discurso-mandato teórico, que responde desde la formulación de los maestros y teorías, supliendo la carencia de experiencia.
La primera sección de este libro -Athos- remite a dar cuenta de aspectos metaclínicos. Su primer capítulo -escrito en conjunto con Carolina Guzmán, a la cual como siempre agradezco la posibilidad de creación conjunta y compartida- teoriza el concepto mismo de metaclínica: construir un lugar de replanteo del posicionamiento del terapeuta frente a su quehacer, tanto en relación a la teoría como a la puesta en escena en lo concreto de su clínica, sosteniendo la tensión subjetiva que allí se produzca. Un parafraseo metaclínico enunciaría que allí donde el Otro (el maestro, la teoría) era, el terapeuta debe advenir. De allí se desprende la importancia de la construcción en el devenir clínico de cada psicoterapeuta, a la vez que el cómo lo piensa. La misma es la resultante del encuentro-desencuentro entre el marco teórico del terapeuta, su tarea clínica concreta y su subjetividad -aquello que le acontece- en relación a ambas. Esto es un aperitivo; para el plato principal, te remito a su lectura. Dicho en forma sencilla, que cada terapeuta tenga claros sus puntos de partida, sus posiciones metaclínicas sin borrarse o quedar encerrado en las distintas teorías que podrían capturarlo si lo metaclínico no opera en él. O, peor aún, si opera en su desconocimiento de ésta.
Los tres siguientes capítulos toman temas diferentes: la integración, lo sagrado, la “aceptación-amorosa”. Los sitúo en la sección Metaclínica, pues no son meras conceptualizaciones teóricas, sino posicionamientos respecto a cómo comprender dichos conceptos.
La diferencia entre integrar -como modalidad de procesar y como tarea a realizar en la clínica- e incluir -mero acto por el cual se le da entrada a alguien o algo- si bien refiere en lo escrito a la integración escolar, es posible de ser comprendido como punto de partida de todo trabajo clínico. Integrar como un procesando que traspasa el mero reconocimiento de la polaridad -primer movimiento necesario a la vez que insuficiente- que transita la oposición para lograr trascenderla a fin de lograr una integración. Como expresan las últimas palabras de mi libro anteriormente citado (en este caso, la contratapa), la Gestalt es una terapia de integración. Por ello, es fundamental tener en claro de qué estamos hablando al utilizar este concepto.
Lo sagrado es en general tomado como un registro de lo transpersonal en psicología, o bien como concepto religioso, o como algo trascendental, y muy desligado de lo cotidiano. El concepto de sagrado queda disociado, y por lo tanto incomprendido, ligado a la trascendencia en lo eterno, en el más allá, en el reino de los cielos. Situarlo ligado a lo cotidiano posibilita pensar la trascendencia en la tierra, en los vínculos, en la clínica, sin necesidad de apelar a disociación alguna. Lo ubico en lo metaclínico pues, si lo sagrado es algo propiamente humano y cotidiano, el acto clínico en sí y el ámbito clínico, son espacios sagrados. Tal es así, que Bateson[6] llamaba sagrado a esa “dimensión integradora de la experiencia”. Tan sagrados como la vida cotidiana misma.
Por último, el concepto de “aceptación-amorosa” viene siendo una fértil conceptualización en la cual -por fuera de todo debeísmo- considero que la vida puede resultar más plena y feliz. Más que el conceptualizarlo capturándolo en una definición formal, iré describiendo y caracterizando su sentido, su utilización, su función, a la vez que el cómo aplicarlo a lo clínico y diferenciarlo de su contrario, la negación morosa.
La segunda sección -Porthos- habla de Clínica, nos sitúa en diversos aspectos de la tarea clínica desde una perspectiva gestáltica. Un concepto central de esta sección es el procesando, denominación que prefiero no cosificar como ocurriría si utilizara el sustantivo proceso.
Para dar cuenta de diversas características y modalidades de intervención he tomado en el primer capítulo, como situación clínica, el trabajo fonoaudiológico realizado en la película “El discurso del rey”. Siguiendo los avatares de dicho procesando y ligándolo a la Gestalt para dar cuenta teórica del mismo, aún a sabiendas que el trabajador de la película desconocía la teoría gestáltica, que además en la época en que ésta transcurre no tenía aún existencia como tal.
En “De la vivencia exportada a una clínica de exportación” doy cuenta de un punto central del procesando, consistente en que lo vivenciado, comprendido, experimentado, sentido, vivido en el ámbito clínico tiene como fundamento su exportación a la vida del paciente. De ninguna utilidad le resultaría a éste lo transcurrido en el consultorio si no lo pudiese llevar para dar plenitud a su vida. El sentido de la clínica es que el paciente sea más sano; freudianamente, que pueda utilizar[7] su capacidad de amar y trabajar; gestálticamente, que pueda integrar aspectos alienados, pudiendo fluir en la vida autopoiéticamente, entrando en contacto para satisfacer sus necesidades creativamente y luego retirarse; psicodramáticamente, que tenga “capacidad de responder a un estímulo nuevo de forma adecuada, espontánea y creativa; así como la capacidad de responder a un estímulo viejo de una nueva manera, también adecuada a la situación, en nuevos interjuegos de roles, en el vínculo con uno mismo y con los otros[8]”; pichonianamente, lograr una adaptación activa a la realidad. En cada una de las formulaciones teóricas el sentido último de lo clínico se halla en la vida misma, y en el cómo ésta es vivida. En resumen, el sentido del procesando.
“Crónicas de un trabajo artesanal” narra el viaje en co-terapia realizado -y luego escrito conjuntamente- con Mónica Dziubek con una pareja, y la elaboración de un duelo para el cual el lenguaje carece de nomenclatura. Si la muerte de un padre deja un estado de orfandad, el fallecimiento de la pareja es llamado viudez, la muerte de un hijo nos deja sin palabras para denominar el estado en que la persona queda. Tomando el desarrollo del procesando terapéutico de una pareja -a la cual agradecemos profundamente el permiso dado para publicar el caso clínico, más allá de las modificaciones en él realizadas- vamos desplegando tanto las intervenciones como la lógica y la teoría desde la cual  éstas eran pensadas, describiendo el procesando terapéutico desde el primer contacto hasta el cierre, la despedida y la retirada. Agradecemos también el permiso dado por el Departamento de Pareja y Familia de la AGBA para su publicación en este libro, ya que en ese contexto aconteció el trabajo presentado.
La Gestalt postula -como es el caso del que recién hablábamos- que todo aquello que no logra ser cerrado como procesando, retiene energía, impidiendo disponer de ella para vivir plenamente.
Pese a eso, hay poco teorizado sobre el cerrar en sí mismo. Siempre fue una problemática de mi interés clínico diferenciar el corte -que impide concluir un procesando- del cierre y el trabajo que éste conlleva. Además, incluir y discriminar en el concluir, el cerrar, el despedirse y el retirarse; que si bien son partes de éste, difieren entre sí, pudiendo cada uno de ellos tener sintomáticas resoluciones.
Por último, y sabiendo lo resistido que puede ser en algunos ámbitos del medio psi el hablar de prevención -y quizá justamente por eso- considero que va siendo momento de comprender el sentido de aquello que es pre-venir; aquello que hace sentido en Fiorini[9] -que siguiendo a Freud- considera la anticipación como una de las funciones yoicas básicas. Éste se halla absolutamente alejado de la futurología, y trabaja no sobre lo que puede pasar sino sobre las condiciones concretas que se registran en el campo fáctico presente, no en el futuro. Si esta comprensión -y sus consecuencias- es posible, podremos pensar clínicamente en términos preventivos, con menores costos vitales para cada uno de nuestros pacientes.
La tercera sección -Aramis- despliega Letras que danzan mitos; anida en los mitos, las fábulas, los saberes populares, la literatura y el cine. Inspiradas en todo ese saber, las letras se desparraman, se mueven, alteran el saber del sentido común -sea éste aquel que está socialmente dado por bueno, correcto o adecuado, sea aquel que las teorías validan con sentidos compartidos. ... ¿Y si no fuera así...?
“De cómo el padre (de la horda) se comió al grupo de hermanos” realiza una relectura del texto freudiano de Tótem y tabú, mostrando otro origen posible de la cultura -ya no sostenido en el asesinato del padre sino en el pacto de los hermanos- y da cuenta de los orígenes de cómo y por qué este devenir ha sido alterado. También enuncia algunas consecuencias de dicha sustitución en nuestra cotidianeidad y en el pensamiento teórico psi.
“La ignorancia de la zorra o aquello que las zorras reniegan de aprender” aborda -desde una revisita a la fábula de La Fontaine, que me trae recuerdos de mi infancia- la problemática de la aceptación de la frustración y diversos caminos posibles para evitarla, así como sus consecuencias.
“La revolución del ojo por ojo, o por una reivindicación de la retaliación” vuelve sobre el texto bíblico para dar cuenta de cómo el saber popular alteró un aporte jurídico fundamental en la historia humana, equiparando la Ley del Talión con la vendetta mafiosa. Confusión que impide comprender el aporte jurídico, y en especial psicológico, de haber puesto un coto, un límite, a la respuesta posible de ser dada por la persona dañada.
Por último, “De padres e hijos, o ¿qué es ser un buen padre?” transita por diferentes mitos y producciones literarias para tentar responder esa pregunta. Parte de este texto fue leído como mi despedida a mi padre en su entierro. Valgan estas palabras para comentar que la pregunta acerca de qué es un buen padre valdría entrecruzarla con el concepto winnicottiano de “madre suficientemente buena” -que es lo mejor que a un humano podría el destino depararle-. Y hoy, a casi cinco años de la muerte de mi padre, no tengo dudas en responder que he tenido la fortuna de tener un buen padre, uno suficientemente bueno.
Espero que este libro que aquí suelto para que haga su recorrido, y como toda creación humana me hace padre de una criatura nuevamente, considere que he sido suficientemente bueno con él.
Considerarás tú, lector, al leerlo, qué te aporta, qué te produce, cómo te toca, qué despierta en ti, y qué cosas que este libro no dice puedes pensar por tu cuenta al leerlo. Te deseo disfrutes su lectura, como yo lo he hecho con su escritura.
Ricardo Klein
A manera de posdata:
Agradezco a Topía editorial el publicar mi libro, y también a Enrique Carpintero y Alejandro Vainer por las conversaciones clarificadoras que hemos tenido respecto al escribir y la clínica.
Quiero comentar una en especial, con Alejandro, en la cual me preguntaba si yo era psicoanalista -lo era cuando nos conocimos (y a mi manera, no he dejado de serlo), gestáltico, o... Recordando un cuento -en el cual el personaje decía ser francés en Alemania, alemán en Francia, y judío en el resto del mundo-, le respondí que era judío. Judío remite aquí no a algo religioso, ni de pueblo, ni siquiera de tradición, sino a un devenir minoritario deleuziano.  Al evitar las capturas identitarias, la clausura del pensamiento y de la libertad clínica en aras de un cobijo que las pertenencias brindan.
Si respondiera que soy gestáltico -y lo siento así-, mi modo de entender la Gestalt como un permanente trabajo de integración me lleva a pensar que sigue habitando en mí un psicoanalista, un bioenegetista, junto a un psicodramatista, un psicólogo social, un gestáltico y.... Esto implica que el libro que leerás se halla escrito por todos ellos/nosotros, donde más que firmar como autor debiera hacerlo como compilador.

lunes, 19 de febrero de 2018

El sentido del yo



El sentido del yo

A lo largo de nuestro desarrollo, aprendemos gradualmente a conectar nuestras vivencias de vida a lo largo del tiempo y de las diversas vivencias que tenemos con nuestro sentido del yo. Así pues, podemos tener una percepción suficientemente clara de quiénes somos y somos capaces de situar estas experiencias en "la historia de nuestra vida"; nuestra autobiografía. Cada uno de nosotros posee un sentido del yo que constituye una parte de nuestra personalidad, que debe ser coherente a lo largo de nuestro desarrollo y a través de circunstancias diferentes: 
"Yo soy yo, soy yo mismo como niño, como adolescente, como adulto, como padre, como trabajador. Yo soy, yo mismo en circunstancias buenas difíciles o abrumadoras. Todas estas circunstancias y experiencias me pertenecen. Mis pensamientos, conducta, emociones, sensaciones y recuerdos -con independencia de que sean o no agradables o desagradables-, todos ellos me pertenecen".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicoterapia Dinámica. Psicólogo Zaragoza. Zona Centro
653 379 269
www.rcordobasanz.es

Entender la Disociación




La disociación que se originó en traumas del pasado es lo que vamos a exponer aquí.
Disociación es una palabras que se utiliza para muchos síntomas diferentes y, a veces; se entiende de forma diferente por diversos profesionales.

Empezaré con la integración, que es aquello por lo cual lucha como parte principal de su curación.
LA INTEGRACIÓN: Para entender la disociación es útil entender un poco su opuesto: la integración.
En el contexto de los trastornos disociativos, la integración puede entenderse como la organización de todos los diferentes aspectos de nuestra personalidad (incluido nuestro sentido del yo) en un todo unificado que funciona de un modo cohesionado.

Cada uno de nosotros nace con una tendencia natural a integrar nuestras experiencias en una historia completa y coherente y en un sentido estable de quienes somos. Nuestra capacidad de integración nos ayuda a distinguir el pasado del presente y a mantenernos en el presente, incluso cuando estamos recordando nuestro pasado o contemplando nuestro futuro. También nos ayuda a desarrollar nuestro sentido del yo. Cuanto más seguro y protegido es nuestro entorno emocional y físico cuando crecemos, más capaces somos de desarrollar y potenciar este potencial de integración.

Cada uno de nosotros desarrolla formas típicas y duraderas de pensar, sentir, actuar y percibir, que es lo que se llama en su conjunto: Personalidad. Por supuesto, la personalidad no es "algo" que puede verse, o que viva o respire; es más bien una especie de abreviatura que describe nuestras respuestas características singulares como complejos sistemas vivos. Normalmente, las personas funcionan de una forma coordinada para poder efectuar transiciones suaves entre sus patrones de respuesta, con el fin de ajustarse y adaptarse a diferentes situaciones, lo mismo que podemos hacer con el cambio de marchas del automóvil. Se puede ir de casa al trabajo y tranquilamente cambiar los pensamientos y sentimientos y la toma de decisiones, e igualmente cambiar de acción y, sin embargo vivirnos como una misma persona. en este sentido, nuestra personalidad es estable y predecible. No obstante, para ser más eficaces en nuestra vida, siempre estamos sutilmente cambiando, ajustando y reorganizando nuestra personalidad a medida que aprendemos y tenemos más experiencias. En este sentido, nuestra personalidad es flexible.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. Zona Centro. 653 379 269
www.rcordobasanz.es

Bibliografía: obras de Onno van der Hart sobre la Disociación y el Trauma.



sábado, 17 de febrero de 2018

Estar en Babia




Puede que a veces en que te sientas en Babia, confuso o atontado. Tal vez pierda una fuerte conexión con el presente, incluso sin darte cuenta de ello, para percatarse después de que no estabas muy presente. Quizá se haya sumergido en imágenes, sentimientos o pensamientos negativos del pasado, o en inquietantes sobre el futuro, hasta el punto de estar tan preocupado dentro de su propia mente de no ser consciente del presente. Puede que haya ocasiones en que sea consciente de sus acciones y, aunque esté observándose, sienta que no tiene control sobre ellas. ¡Es como si estuviera presente y no presente al mismo tiempo! Además puede ser, con un trastorno disociativo complejo pierden tiempo, es decir, no pueden darse cuenta de lo que ocurrió durante lapsos significativos de tiempo en el presente. Y, algunas personas pueden quedarse en blanco en algunos momentos y no percatarse de nada. Otras personas se retiran en sus fantasías o ensueños cuando la vida les parece demasiado estresante

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza Centro. 653 379 269

viernes, 16 de febrero de 2018

Altas Capacidades. Elevado nivel de autoconocimiento




Los niños con altas capacidades tienen conciencia de sí mismos a edades muy tempranas, lo que les coloca en una posición de soledad respecto a los demás. Si no son comprendidos en la escuela o en casa, baja su nivel de autoestima e intenta ocultar su verdadera capacidad y cambian de personalidad, hecho que provoca la aparición de conflictos internos.

Muestran baja autoestima porque al mismo tiempo se sienten superiores a los demás y éstos no entienden su manera de pensar rápida y precisa; la oscilación entre una posición y la otra les genera malestar.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta .653 379 269
Zaragoza. Zona Centro.