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Paz y Ciencia

miércoles, 28 de marzo de 2018

Qué es un trauma




Choque o impresión emocional muy intensos causados por algún hecho o acontecimiento negativo que produce en el subconsciente de una persona una huella duradera que no puede o tarda en superar.

RAE: Del gr. τραῦμα traûma 'herida'.
1. m. Choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente.
2. m. Emoción o impresión negativafuerte y duradera.

El ser humano tiene una asombrosa capacidad de adaptación y supervivencia. Pero, a diferencia de otras especies animales, nuestro afrontamiento de lo que nos sucede tiene mucho que ver con las relaciones. Sobre todo en el largo periodo que va desde nuestra concepción hasta la vida adulta, los humanos somos dependientes de nuestros cuidadores. Nos desarrollamos en el vientre de nuestra madre, y establecemos vínculos para protegernos de nuestro entorno y poder seguir desarrollándonos física y emocionalmente. 

Evolutivamente esto nos ha permitido alcanzar como especie unos niveles de funcionamiento muy elevados. Pero nuestra mayor vulnerabilidad es que somos altamente dependientes de las personas que nos cuidan mientras crecemos. Aún de adultos, los seres humanos nos movemos siempre en el ámbito de las relaciones. Por ello nada puede traumatizarnos más que otro ser humano.

Los traumas de tipo interpersonal producen trastornos más profundos en la identidad y las creencias del individuo. Estos traumas interpersonales graves, y en especial los que suceden en las primeras etapas de desarrollo, o los que se generan dentro de las relaciones de intimidad, dan cuadros clínicos que han sido englobados en el concepto de trauma complejo.



Rodrigo Córdoba Sanz. Página Web Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta.
Zaragoza (Zona Centro).
Teléfono: 653 379 269


sábado, 24 de marzo de 2018

Trauma. Apego. Disociación


TRAUMA. APEGO. DISOCIACIÓN




Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias. Victor Frankl

Las reacciones que tenemos, a veces difíciles de explicar incluso para nosotros mismos, se generan a partir de aprendizajes acumulados de los que no somos apenas conscientes.

La desconexión emocional o la dificultad para regular nuestras emociones, la presencia de lagunas de memoria, creencias negativas muy profundas sobre nosotros mismos, los demás o el mundo, cambios marcados de personalidad, tener en la cabeza pensamientos o voces que no parecen nuestros, la necesidad extrema de control o perfección, y muchas otras situaciones, pueden derivarse de experiencias adversas o traumáticas, que configuran nuestro funcionamiento psicológico.


Estas experiencias van desde el maltrato en edades muy sensibles, el abuso o la negligencia emocional, hasta situaciones cotidianas que se generan en las relaciones con las figuras más significativas de nuestra vida. 
Cuando esto ocurre, la relación con nosotros mismos se distorsiona nuestra mente, se fragmenta y nuestra capacidad para disfrutar plenamente de la vida se ve alterada.


El trauma complejo y la disociación crónica, son variables que afectan a muchas patologías psico(pato)lógicas, tienen que ver con un apego que no resultó ser protector. 
En muchas ocasiones puede generar trastorno límite de personalidad.


Rodrigo Córdoba Sanz.
Teléfono: 653 379 269
Zaragoza (Zona Centro)

jueves, 22 de marzo de 2018

Erich Fromm La unión interdisciplinar



ERICH FROMM

Como resultado de la creciente cultura tecnocrática de la psicología contemporánea, cada vez se hace más difícil conservar un espacio para la reflexión crítica y la singularidad de la relación terapéutica. Son diversos y poderosos los factores -desde las presiones de las compañías aseguradoras, la poca inversión en centros de salud mental y su masificación. Así como el difícil acceso a despachos privados por pensionistas (y otros)-.

Los escritos de Erich Fromm nos recuerdan que la práctica de la psicoterapia y el psicoanálisis siempre tiene lugar en contextos culturales y sociopolíticos, y que estos contextos inevitablemente determinan los objetivos y la manera en que se emprende el psicoanálisis.

Como señala Erich Fromm en Ética y Psicoanálisis, "la psicología no puede divorciarse de la filosofía y de la ética, como tampoco de la sociología y la economía".

Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.
Zaragoza (Zona Centro).
Teléfono: 653 379 269



miércoles, 21 de marzo de 2018

Laura Gutman Los seres humanos nacemos buenos




Los seres humanos nacemos buenos

Si los seres humanos nacemos buenos, es decir con la capacidad para hacer el bien, solo necesitamos centrarnos en esa cuestión. Hemos venido a esta Tierra a hacer el bien al prójimo. No hay ningún otro propósito.

Para hacer el bien, necesitamos empezar por una acción muy sencilla: pensar con benevolencia hacia alguien concreto: nuestra pareja, nuestro hijo, nuestro amigo, nuestro vecino, nuestro alumno, nuestro enemigo, nuestra suegra. Pensar positivamente en el otro y sobre todo desearle permanentemente algo bueno.
El pensamiento es una energía muy poderosa, por lo tanto es indispensable que nuestra inteligencia tenga la firme intención de hacer el bien ya que esas sentencias se van a convertir en realidad, indefectiblemente.

Si hemos perdido la brújula al observarnos y constatar que no surgen de nuestro interior pensamientos bondadosos hacia los demás, es urgente que nos relacionemos con niños pequeños. Si tenemos hijos pequeños, estamos en el corazón de una oportunidad excepcional. Los niños pequeños sólo piensan con benevolencia, no se les ocurre otra cosa, ya que viven en un eterno ahora. Los niños respiran sumergidos en su propia felicidad, siempre y cuando obtengan la satisfacción de sus necesidades básicas.

Insisto, los niños nacemos todos buenos. Para poder desplegar esa bondad, solo precisamos ser suficientemente amparados -de modo tal de no tener que desviar nuestra energía para cuidarnos ya que los adultos nos protegen- y consagrarnos al juego. Sabemos que los niños –hasta los siete años de edad- tenemos la capacidad de estar en contacto permanente con los universos sutiles. Nos relacionamos espontáneamente con los dioses, con los ángeles, con los amigos imaginarios, con otras dimensiones y con otros tiempos. Permanecemos en contacto con nuestra propia sabiduría humana, ya que aún no hemos sido arrastrados por fuera de nuestro propio paraíso.

¿Por qué hemos olvidado esos talentos? Por varias razones. En primer lugar, porque al no haber sido sentidos, complacidos y percibidos por nuestra madre –que a su vez atravesó una infancia espantosa cargada de abandonos y violencia- tuvimos que desviar nuestra inteligencia para ponerla al servicio de la auto protección. Si pasamos nuestra primera infancia intentando sobrevivir, nos veremos obligados a reducir nuestra disponibilidad para entretenernos despreocupadamente, suprimiendo el contacto con otras dimensiones.

Laura Gutman

Ser madre no es lo mismo que ser padre Ibone Olza







Ser madre no es lo mismo que ser padre: la biología es políticamente incorrecta


Por Ibone Olza
La biología de la maternidad lleva camino de ser lo más políticamente incorrecto en estos tiempos. Decir, reconocer, que las mujeres gestamos, parimos, amamantamos, y que los bebés quieren estar con sus madres y en sus brazos significa exponerse a ser tachada de rancia o retrógrada o a recibir otros insultos y descalificaciones varias.
Por eso a veces, como feminista apasionada de la neurobiología, me siento como el niño del cuento que señala que el emperador va desnudo. Es obvio que no es lo mismo ser madre que ser padre, es obvio que nuestra realidad biológica es profundamente diferente, pero ya casi nadie se atreve a decirlo. Queda mal. Y sin embargo hay que decirlo, y hay que empezar a reconocer las necesidades de los bebés, esos grandes olvidados. Y no, para un recién nacido  o para un bebé de cinco meses no es lo mismo su madre que su padre. Les necesitará a ambos toda su vida, pero de formas y maneras muy diferentes, a distintos ritmos. Pero esto se quiere negar, ocultar, silenciar. Decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es como digo lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a base de separar a los bebés de sus madres. Y sin embargo es asi, los seres humanos, al principio de la vida necesitamos a la madre mucho más que al padre. Luego las cosas cambian: el rol paterno también tiene una neurobiología propia, y probablemente los padres sean necesarios e importantes para salir al mundo, tal vez sean imprescindibles, para explorar, para aprender, para que los pequeños empiecen a despegarse de la madre cuando empiezan a caminar y a hablar y salen ávidos de curiosidad al mundo cercano.
Por todo ello me declaro en contra de la propuesta de la PPiiNA, plataforma que aboga por unos permisos de maternidad y paternidad igualitarios, intransferibles y obligatorios. Les agradezco la intención: comparto profundamente su anhelo de una sociedad donde las mujeres no  nos veamos discriminadas en el mercado laboral por la posibilidad de ser madres, menos aun por serlo. Pero no creo que su propuesta sea la manera de lograrlo. Más bien creo que , como dice Patricia Merino en este texto La maternidad como cuidado, "al patriarcado no se le podía haber ocurrido un modo mejor y más simple de abundar en la devaluación de la maternidad frente a la paternidad."
Desde la PPiiNA tachan de desequilibrio el que el permiso de maternidad actualmente dure 16 semanas y el de paternidad. Pero no, no es un desiquilibrio, es una diferencia.  Las madres gestamos, parimos y podemos amamantar, los hombres no.  Nuestro se transforma con cada embarazo y asi sigue durante meses o años. Los bebés necesitan contacto, cuerpo a cuerpo con la madre, mucha teta. A ser posible seis meses de lactancia exclusiva, y algunos años más combinada con otros alimentos. Las madres necesitamos, soñamos con, una sociedad que nos reconozca, que honre nuestra impagable función social. Es urgente. El principio materno universal es el de evitar el sufrimiento, no sólo el de nuestras criaturas, el de todos y todas.
Los hombres que desean compartir cuidados de sus hijos ya lo están haciendo, de mil maneras, conozco muchos de ellos. Además obtienen un máximo reconocimiento social por ello, se les alaba y califica de padrazos. Con la propuesta de la PPiiNA, de llevarse a cabo, surgirían además toda una serie de problemas añadidos. Si la madre no está con el padre, especialmente. Como ya está pasando con el delirante asunto (y dañino) de las custodias compartidas impuestas, ¡hay hombres que reclaman la custodia compartida desde el nacimiento! Pobres bebés.
Yo creo que si hablaramos de propuestas lo prioritario debería ser  alargar la baja maternal a seis meses, mínimo. Asi al menos podríamos mantener la lactancia exclusiva el tiempo que recomienda la OMS, UNICEF y la Asociación Española de Pediatría. Y reconocer, apoyar, flexibilizar de mil maneras para poder ir a trabajar con nuestros bebés si queremos, cuando queramos.  Ser creativos con las propuestas y soluciones. En cuanto a permiso parental, podría ser igualitario, tal vez, pero salvo las dos primeras semanas tras el nacimiento, el resto creo que tendría que ser a partir de los seis primeros meses, antes de los seis años. Que se lo pudieran coger cada vez que el bebé o niño pequeño lo necesita, cuando está malo, cuando empieza la escuela, cuando llega su hermano-a, etc...Es decir, en función de las necesidades y pasados los seis primeros meses, no antes. Sobre todo, creo que el permiso y la retribución tendrían que ser para quien cuida al bebé, incluso si es la abuela o la tía.
Seguro que me lloverán las críticas, pero, lo seguiré afirmando: ser madre y padre no es lo mismo, y todos los bebés quieren estar con sus madres o muy cerca de ellas.

martes, 20 de marzo de 2018

El último aliento de Anna Freud




ANNA FREUD 

En los confines últimos de la vida de Anna, después de que durante más de cuarenta años la imagen de su padre desaparecido hubiese sido para ella como una sombra protectora, y el propulsor interiorizado, el inspirador, el animador y el objetivo ideal de su afirmación existencial, en este tramo último y final de su vida, en el aledaño último de su muerte, su principal biógrafa Elisabeth Young-Bruehl pone con estas palabras el proceso descriptivo de la historia de Anna:



"Tan grande fue el sufrimiento de sus últimos días que ni siquiera sus fantasías le sirvieron de ayuda. Durante su larga internación en el hospital, a menudo Manna (su enfermera) la sacó a pasear en un sillón de ruedas hasta un pequeño lago donde podían arrojarles migas de pan a los patos y ver a los niños que jugaban con sus barquitos. Esas excursiones tan alegres le hacían recordar cuando ella salía con su niñera Josephine por Bergasse, pasaba por Ringstrasse y llegaba al parque de los niños donde estaba el lago lleno de peces de colores. Cuando estaban organizando uno de esos paseos para el día siguiente, y pese a lo mucho que le costaba hablar, Anna le pidió a Manna Friedmann que al regresar al hospital parara en Maresfield Gardens 20 (allí es donde se instaló su padre a su salida de Viena, y donde él murió un año más tarde, el 23 de septiembre de 1939, y allí, donde ahora está instalado el Museo de Freud, impresionante por su sencillez y por la fuerza evocadora e irradiadora que desprende, es donde Anna le sobrevivió hasta la madrugada del 9 de octubre de 1982. Allí Manna encontró en el armario de Anna, el viejo abrigo del profesor que sistemáticamente había sido limpiado y acondicionado año tras año desde finales de la guerra".

"Después, prosiguieron rumbo al parque. Anna, que ya se había encogido y tenía apenas el tamaño de una colegiala, iba envuelta en el grueso gabán de su padre".


miércoles, 14 de marzo de 2018

Modelos Categoriales o Dimensionales para los Trastornos de Personalidad




TRASTORNOS DE PERSONALIDAD: MODELOS CATEGORIALES O DIMENSIONALES


Los modelos categoriales consideran distintos grupos de signos y síntomas para identificar un trastorno de personalidad, requiriendo la presencia de algunos de estos grupos para diagnosticarlos. Las clasificaciones internacionales DSM y CIE son ejemplos de estas aproximaciones categoriales, fieles seguidores de la tradición médica, y que, en este tipo de alteraciones, inauguró Kurt Schneider. El considerarlas como categorías implica que una simple decisión diagnóstica colocará a los pacientes dentro o fuera del ámbito de trastorno que corresponda. Esto tiene la ventaja de que facilita la tarea de adjudicar a los sujetos a una categoría diagnóstica u otra, pero cae en el error de perder su índole idiográfica, alejándose de la consideración de ser humano como ser individual, dictando normas generales de pertenencia a un grupo u otro.

Los modelos dimensionales sitúan al sujeto en un continuo que permite definir la presencia de un trastorno en función de la intensidad, frecuencia o duración de determinados rasgos. Estos modelos se basan en la idea de que la estructura de la personalidad es común a todas las personas y lo que varía es la combinación de rasgos. Estos modelos se basan en la idea de que la estructura de la personalidad es común a todas las personas y lo que varía es la combinación de rasgos, asumiendo que hay una relación continua entre rasgos de personalidad y trastornos, de tal forma que los rasgos de personalidad y trastornos, de tal forma que los trastornos sólo representan los extremos de un continuo. Para estos modelos, los rasgos de personalidad son la unidad conceptual del análisis, definiéndose como modelos de conducta, emoción y cognición que son consistentes en distintas situaciones, estables en el tiempo y que pueden ser identificados en la infancia. Los trastornos de personalidad se definen como configuraciones multidimensionales extremas, variantes "maladaptativas" de rasgos de personalidad normal con una distribución continua. El diagnóstico se realizaría en función de determinados puntos de corte dentro de dimensiones principales, o bien por rangos de segundo orden que determinen un nivel clínicamente significativo de estrés o disfunción. 

Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza (Zona Centro). Psicólogo y Psicoterapeuta

lunes, 12 de marzo de 2018

El Secreto de la Flor de Oro



<concepción mediante el vivir.
A esta última realmente sólo se le conoce todavía palidamente como un sentimiento desnudo, casi fantasmal, del modo de expresión religiosa, a consecuencia de lo cual se coloca se coloca también entre comillas, con el placer, el "saber" oriental y se lo exila al oscuro campo de creencias y supersticiones. Con eso, empero, queda totalmente mal entendida la "objetividad" oriental>>
Carl Gustav Jung


Qué es la desincronía emocional




"Estos niños son casi viejos prematuros". "A mi no me parece". Sobre las altas capacidades

¿Qué es la desincronía emocional?

Desajuste entre la edad cronológica del niño, y su edad emocional. No es tanto un desajuste del niño consigo mismo, sino con su entorno. Un niño de seis años que razona como uno de  nueve, no estará preparado emocionalmente para vivir en un mundo de nueve, porque tiene seis, y sus emociones son las propias de esa edad, con lo que carecerá del bagaje experiencial necesario para comprender y manejar sus estados emocionales. Pero si todos los niños de seis pensarán como niños de nueve, sí lo estaría.
Esta desincronía es especialmente llamativa en edades tempranas, donde las partes del cerebro que controlan los impulsos, o la atención, no se han desarrollado aún plenamente.
La desincronía emocional se manifiesta en conductas como la impulsividad, la falta de atención, hábitos nerviosos, o falta de planificación. Conductas que afectan mucho a los niños, tanto en su vida social, como en el colegio y la familia.
Su enorme racionalidad esconde, en ocasiones, una inmadurez emocional, que les puede conducir a padecer trastornos de ansiedad, miedo, y en algunos casos extremos, depresiones.
¡Ojo! No entendamos el término inmadurez emocional como sinónimo de falta de madurez. Estos niños son todo lo contrario, son casi viejos prematuros. De hecho, la frase que suele decirse es: "es muy maduro para su edad", y sí, son muy maduros para su edad, pero como decíamos antes, el mundo emocional de estos niños es enorme, y casi omnipresente. Lo que deberíamos entender, es que esa inmadurez, obedece a una falta de crecimiento acompasado de sus emociones con su racionalidad.
Esas olas de hiperemotividad son muy difíciles de controlar cuando hay un intelecto de once años, que experimenta vivencias de esa edad, pero cuya edad cronológica, por tanto, sus emociones, son de seis. Si tu hijo de tres años comienza a plantearse el sentido de la vida y la muerte, la falta de registros emocionales para gestionar esas grandes preguntas le sumirá en una enorme angustia ante la falta de respuestas con sentido.
Imagina que tu hijo de diez años  fuera lo suficientemente alto como para conducir, y lo suficientemente hábil, no le dejarías hacerlo, por mucho que te lo pidiera. ¿Por qué? Porque tienes claro que es algo que no puede hacer hasta que sea adulto. ¿Pero qué ocurre cuando lo que te pide no es tan obvio?
Tenemos muchos casos de progenitores que han sacado a sus hijos de natación, porque no querían ir y, "tenía razón"; que no los lleve al parque, "porque el niño prefiere jugar en casa"; que les dejan ver cosas poco aptas para su edad en televisión, "porque el niño no tiene miedo"; que permiten que el niño se encierre en sí mismo, "porque él es así".
El hecho de que sean niños muy racionales, capaces de daros una buena explicación para casi todo, no significa que haya que hacerles caso. No podéis perder nunca la perspectiva, aunque parezcan pequeños adolescentes de cuatro años, ¡son niños!, no son adultos en miniatura, no saben lo que les conviene, aunque crean saberlo. No podéis maravillaros con el raciocinio de vuestros hijos y permitirles que tomen las riendas de su educación, los padres sois vosotros, no podéis bajo ningún concepto, soltar el timón y dejar que ellos decidan. Tienen que vivir experiencias de niños, pasar por una vida de niño normal, porque eso será porque eso será lo que les prepare para la vida. Todas las experiencias de la vida, la escuela, el patio del colegio, los castigos, la frustración, el dolor... tienen un sentido: enseñarnos a gestionar las emociones, y si no se vivencian, difícilmente se conocerán, controlarán y dominarán.
Por otro lado, si como padres pasasteis por algo parecido, no os asustéis, vuestras experiencias no tienen por qué repetirse en vuestros hijos.

Una emoción, se aprende a controlar vivenciándola.

Bibliografía:
- "A mí no me parece. Casos prácticos para comprender la Alta Capacidad".  Eva R. Alegría; José Luis Pérez; Félix Ruiz Mahamud.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo.
Zaragoza.
Número de Colegiado: A-1324
C/ Lacarra de Miguel (Antes General Sueiro) 27. 2C.
Zona Centro

lunes, 5 de marzo de 2018

Diario íntimo de Carl Gustav Jung El Libro Rojo



“Si hablo de acuerdo al espíritu de mi tiempo, debo decir: nada ni nadie puede puede justificar lo que voy a proclamar. Esta justificación la considero superflua, y además no tengo elección, debo hacerlo. He aprendido que paralelamente al espíritu del tiempo actual, hay además otra clase de espíritu actuando, a saber: aquel que controla las profundidades de todo lo que coexiste.
El espíritu de mi tiempo desearía oír hablar de uso y valor. Yo también pensaba de esta forma, y mi lado humano todavía lo hace. Pero ese otro espíritu me fuerza, a pesar de todo, a hablar, más allá de la justificación, de la utilidad y del significado. Henchido de orgullo humano y cegado por el presuntuoso espíritu de estos tiempos, intenté mantener ese otro espíritu lejos de mí. Pero no tuve en cuenta que ese hálito que gobierna lo más profundo de la existencia desde tiempo inmemorial y para toda la posteridad, posee un poder muy superior a ese espíritu que cambia con las generaciones.
Esa fuerza espiritual ha sometido el orgullo y arrogancia de mi capacidad de discernimiento. Se llevó mi fe en la ciencia, me despojó de la satisfacción que me proporcionaba la comprensión y ordenamiento de las cosas, y dejó morir en mí la devoción por los ideales de nuestro siglo. Me empujó hacia las cosas más simples y elementales.
Así mismo se apoderó de mi entendimiento y todos mis conocimientos y los puso al servicio de los inexplicable y lo paradójico. Alejó mi voz y mi escritura de todo aquello que no estuviera a su servicio, es decir de esa amalgama de sentido y sin-sentido de que se compone el supremo significado.
El supremo significado no es sólo un significado ni tampoco un absurdo, es una imagen llena de fuerza: magnificencia y fuerza unidas.
El supremo significado es el principio y el fin. Es el puente a través del cual llegar a la realización.
Los demás Dioses murieron a causa de su temporalidad, pero el supremo significado nunca muere, tan pronto es algo lleno de sentido como se convierte en algo absurdo, y de entre el fuego y la sangre originados en esa colisión vuelve a ascender de nuevo.
La Divinidad tiene una sombra. El supremo significado es real y también esta ensombrecido. Pues ¿como podría existir y ser corporeo sin tener una sombra?
La sombra es el sin-sentido. Carece de fuerza y no posee existencia por sí misma. Pero el sinsentido es el hermano eterno e inseparable del supremo significado.
Al igual que las plantas, los hombres crecen, algunos en la luz otros en las sombras. Hay muchos que necesitan las sombras y no la luz.
La imagen de Dios arroja una sombra que es tan grande como él mismo.
El supremo espíritu es grande y pequeño; vasto como el cosmos y tan minúsculo como las células de un cuerpo vivo.
El espíritu de mi tiempo que anidaba en mí deseaba conocer la grandeza y extensión del supremo conocimiento, pero no su pequeñez. Lo más profundo del ser, no obstante, venció esta arrogancia y tuve que aceptar lo insignificante para salvar lo inmortal en mí. Eso me consumió interiormente ya que era despreciable y antiheroico. Era incluso ridículo y repulsivo. Pero algo me atenazaba desde esas profundidades del ser, obligándome a beber la más amarga de las pócimas.
El espíritu de mi tiempo me tentó con la idea de que todo esto pertenece a las sombras de la Divinidad. Lo cual hubiera constituido una peligrosa decepción ya que la sombra es un sin-sentido. Pero lo pequeño, limitado y banal no es un sin-sentido sino una de las dos esencias del Altísimo.
Me resistía a aceptar que lo cotidiano pertenece a la imagen de la Divinidad. Intenté huir de este pensamiento y me refugié tras las más remotas y frías estrellas.
Pero ese espíritu de lo profundo se apropió de mí y vertió la amarga bebida entre mis labios.
El espíritu de este tiempo me susurraba: “Este supremo significado, esta imagen de Dios, esta mezcla de indiferencia y exaltación eres tú y solo tú. Pero lo más profundo del ser me decía: “Eres la imagen de un mundo eterno, todos los misterios del devenir -el nacimiento y la muerte- viven en tí. Si no los poseyeras, como podrías conocer todo esto?
Para sostener mi debilidad humana, el espíritu de lo profundo me infundió estas palabras. Y aún así eran superfluas, ya que no hablo libremente, pero debo hacerlo. Hablo porque el espíritu me roba la alegria de vivir si no lo hago. Soy como el siervo que porta algo en sus manos pero desconoce qué es. Sus manos arderían si no lo depositara donde su señor le ordenó que lo hiciera

Pero el espíritu de mi tiempo avanzó y dejó caer enfrente de mí enormes volúmenes que contenían todo mi conocimiento. Sus páginas estaban hechas de mineral, y un estilete de acero había grabado palabras inexorables in ellos, y señalando esas palabras inexorables me habló y dijo: “Toda esta palabrería, todo esto es una locura”
Es cierto, es cierto, todo lo que digo está compuesto de grandilocuencia e intoxicación, es la fealdad de la locura.
Pero el espíritu de lo profundo ascendió y me dijo: “Si, lo que hablas lo es. La grandilocuencia lo es, la intoxicación lo es, lo indigno, lo contaminado, la más insignificante dolencia lo es. Corre por las calles, vive en las casas, y domina la vida de toda la humanidad. Incluso las eternas estrellas son lugares comunes. Es la gran señora de Dios y también parte de su esencia. Uno se ríe de eso, y esa risa, también lo es. Acaso crees, hombre de este tiempo, que la risa es inferior a la adoración? Cuál es tu medida, falso tasador? La suma de la vida es la que decide sobre la risa y la adoración, no tu juicio”


EXTRACTO

domingo, 4 de marzo de 2018

Disociación Destruyendo a la persona y su entorno




DISOCIACIÓN Y RAÍZ DEL DOLOR
DE AFLUENTES

¿Qué es la disociación?

Disociación es una palabra que se utiliza para describir la desconexión entre cosas generalmente asociadas entre sí. Las experiencias disociativas no se integran en el sentido del yo, dando por resultado discontinuidades en el conocimiento consciente. En la disociación se da una falta de conexión en los pensamientos, memoria y sentido de identidad de una persona. Por ejemplo, alguien puede pensar en un acontecimiento que le trastornaba enormemente y aún así no experimentar ninguna emoción en absoluto. Es lo que se llama embotamiento emocional, uno de los aspectos principales del trastorno de estrés postraumático. La disociación es un proceso psicológico que se encuentra comúnmente en personas que buscan un tratamiento por problemas psicológicos (Maldonado et al., 2002).

La disociación cae dentro de una línea continua de severidad. Por ejemplo, una disociación leve sería quedarse absorto leyendo un libro y no darse cuenta de lo que sucede alrededor, o cuando estás conduciendo por una carretera familiar y te das cuenta de que no recuerdas los últimos kilómetros porque tu mente estaba "en otra parte" mientras tu cuerpo se encargaba de conducir. Estos síntomas no se consideran patológicos y caen dentro de la normalidad. Reciben el nombre de abstracción hipnótica. Una forma más severa y crónica de disociación puede verse en el trastorno de identidad disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple, y otros trastornos disociativos que iremos viendo a lo largo de estas páginas.

La disociación puede afectar a la subjetividad de una persona en forma de pensamientos, sentimientos y acciones que parecen no provenir de ninguna parte, o se ve a sí misma llevando a cabo una acción como si estuviera controlada por una fuerza externa. (Dell, 2001). Por lo general, una persona se siente "controlada" por una emoción que no parece tener en ese momento. Por ejemplo, puede sentir repentinamente una tristeza insoportable, sin una razón evidente, y después esa emoción desaparece de la misma manera que llegó. O bien, una persona puede encontrarse a sí misma haciendo algo que no haría normalmente pero incapaz de detenerse, como si alguien le estuviera obligando a hacerlo. Esto se describe a veces como la experiencia de ser un "pasajero" en su propio cuerpo, más que el conductor.

Hay cinco maneras principales mediante las cuales la disociación de procesos psicológicos cambia la manera en que una persona experimenta la vida: despersonalización, desrealización, amnesia, confusión de la identidad, y alteración de la identidad. Se sospecha de la existencia de un trastorno disociativo cuando se da cualquiera de las cinco características.
Despersonalización
Despersonalización es la sensación de estar separado, o fuera del propio cuerpo. Sin embargo, algunas personas hablan de una profunda alienación de sus cuerpos, la sensación de que no se reconocen en el espejo, no reconocen su cara, o simplemente, no se sienten "conectados" con sus cuerpos de maneras que son difíciles de expresar con palabras (Frey, 2001; Guralnik, Schmeidler, Y Simeon, 2000; Maldonado et al., 2002).
Desrealización
Es la sensación de que el mundo no es real. Algunas personas explican que el mundo parece falso, brumoso, lejano, o como si lo vieran a través de un velo. Otras dicen ver el mundo como si estuvieran fuera, o como si vieran una película (Steinberg, 1995).
Amnesia disociativa
La amnesia se refiere a la incapacidad para recordar información personal importante que es tan extensa que no es debida al olvido ordinario. La mayoría de las amnesias típicas de los trastornos disociativos no suelen ser del tipo de la fuga disociativa, donde las personas recorren largas distancias y de repente se dan cuenta de que no saben dónde están ni cómo llegaron allí. Por el contrario, la mayoría de las amnesias consisten a menudo en el olvido de un acontecimiento importante, por ejemplo, una boda, o una reunión social, o un periodo de tiempo, que puede abarcar minutos o años. Más típicamente, se producen micro-amnesias, en las que no se recuerda una discusión, o el contenido de una conversación se olvida de un momento a otro. Algunas personas afirman que este  tipo de experiencias las dejan a menudo luchando por recordar de qué estuvieron hablando. Mientras tanto, esta persona intenta no dejar que su interlocutor se dé cuenta de que no tiene ni idea de lo que se ha estado diciendo.

Confusión de la identidad y alteración de la identidad

La confusión de la identidad es un sensación de confusión respecto a quién es uno mismo. Por ejemplo, cuando una persona siente excitación y una emoción positiva mientras está realizando una actividad (por ejemplo,  conducción temeraria, uso de drogas) que por lo general le resulta desagradable. La alteración de la identidad es la sensación de ser marcadamente diferente de otra parte de su ser. Así, una persona puede cambiar a una personalidad diferente, sentirse confusa, y preguntar a su terapeuta, "¿Quién eres tú, y qué hago yo aquí?" Además de estos cambios observables, la persona puede experimentar distorsiones del tiempo, lugar, y situación. Por ejemplo, en el curso de un descubrimiento inicial de la experiencia de la alteración de la identidad, una persona puede creer incorrectamente que es cinco años mayor, que está en la casa de su niñez y no en el despacho de su terapeuta, o temer que una persona fallecida a la que teme aparezca de un momento a otro (Fine, 1999; Maldonado et al., 2002; Spiegel Y Cardena, 1991; Steinberg, 1995).

Más a menudo, pueden observarse formas más sutiles de alteración de la identidad cuando una persona utiliza diferentes tonos de voz, forma de hablar, o expresiones faciales. Éstos cambios pueden estar asociados a un cambio en la forma de ver el mundo del paciente. Por ejemplo, durante una discusión sobre el miedo, un cliente puede sentirse inicialmente joven, vulnerable, y asustado, seguido por un cambio repentino a un estado de hostilidad y crueldad. La persona puede expresar confusión sobre sus emociones y percepciones, o puede tener dificultades para recordar qué acaba de decir, incluso aunque no diga ser una persona diferente o tener otro nombre. 

El paciente puede ser capaz de confirmar la experiencia de una alteración de la identidad, pero a menudo la parte de sí mismo que se presenta a terapia no es consciente de la existencia de estados disociados. Si se sospecha de una alteración de la identidad, puede confirmarse al observar amnesia para el propio comportamiento, cambios de humor, cambios en los patrones de discurso, lenguaje corporal, conducta y relación con el terapeuta.

¿Cuál es la causa de la disociación y de los trastornos disociativos?


La investigación tiende a indicar que la disociación procede de una combinación de factores ambientales y biológicos. La probabilidad de que una tendencia a disociar sea heredada se considera que es de cero (Simeon et al., 2001). Por lo general, el abuso repetido físico y/o  sexual en la infancia y otras formas de trauma se asocian al desarrollo de los trastornos disociativos (Putnam, 1985). En el contexto de un trauma crónico y severo en la niñez, la disociación puede ser considerada adaptativa porque reduce el intenso dolor emocional creado por el trauma. Sin embargo, si la disociación continúa utilizándose en la edad adulta, cuando el peligro original ya no existe, puede ser disfuncional. El adulto que disocia puede desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe un peligro real. Esto deja a la persona fuera de contacto en muchas situaciones de la vida diaria, e incapaz protegerse en momentos de peligro real.

La disociación puede también ocurrir cuando ha habido negligencia severa o abuso emocional, incluso cuando no ha habido abuso físico o sexual ostensible (Anderson y Alexander, 1996; Del oeste, Adán, Spreng, Y Rose, 2001). Los niños pueden también disociar en las familias en las que los padres son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismos, o utilizan un estilo de comunicación altamente contradictorio (Blizard, 2001; Liotti, 1992, 1999a, b).

El desarrollo de desórdenes disociativos en la edad adulta parece estar relacionado con la intensidad de la disociación durante el acontecimiento traumático real; la disociación severa durante la experiencia traumática aumenta la probabilidad de la generalización de tales mecanismos tras el acontecimiento. 

El trauma repetido en la niñez aumenta perceptiblemente la probabilidad de desarrollar trastornos disociativos en la edad adulta. (International Society for the Study of Dissociation, 2002; Kisiel & Lyons, 2001; Martinez-Taboas & Guillermo, 2000; Nash, Hulsey, Sexton, Harralson & Lambert, 1993; Siegel, 2003; Simeon et al., 2001; Simeon, Guralnik, & Schmeidler, 2001; Spiegel & Cardena, 1991). 
Problemas para manejar las emociones

Uno de los problemas principales para la persona con un trastorno disociativo es la alteración de la regulación de las emociones; es decir, la dificultad para tolerar y manejar experiencias emocionales intensas. Este problema procede en parte de haber tenido pocas  oportunidades de aprender a calmarse a sí mismos o modular sus emociones, debido al hecho de criarse en una familia abusiva o negligente, donde los padres no enseñaron estas habilidades. Los problemas en el manejo de las emociones se componen de la intrusión repentina de recuerdos traumáticos y de las emociones abrumadoras que los acompañan (Metcalfe y Jacobs, 1996; Rauch, van der Kolk, Fisler, Alpert, Orr et al., 1996).

La incapacidad para manejar emociones intensas puede desencadenar un cambio en el estado del yo, desde un estado de ánimo a otro. La despersonalización, la desrealización, la amnesia y la confusión de la identidad pueden considerarse esfuerzos de autorregulación cuando la regulación de las emociones falla. La despersonalización (o verse a sí mismo como si estuviera fuera de su propio cuerpo), por ejemplo, es un modo de no estar presente mientras se está siendo sometido a un acto de abuso o crueldad insoportable. Como última alternativa de una mente abrumada para escapar del miedo cuando no hay escapatoria, una persona puede, inconscientemente, adaptarse creyendo que es alguien diferente. Así, la experiencia traumática que la persona no se ve capaz de afrontar ni de admitir, queda en un compartimento aislado de su mente, desconectado del resto, y desarrollándose de un modo independiente con cada repetición del trauma hasta dar lugar a una personalidad diferente. No es raro que una de las personalidades sea agresiva y sienta ira y desprecio hacia la personalidad víctima, a quien considera débil, cobarde y merecedora del castigo. Esta personalidad airada ha observado a la víctima desde fuera sin sentir nada hacia ella. Por eso, uno de los pasos principales para la integración de esta personalidad pasaría por lograr que sienta compasión por la víctima y empatía hacia ella. La aproximación terapéutica requiere ayudar a construir la confianza en la capacidad de una persona para tolerar sus emociones, aprender, y crecer como persona.

Tipos de trastornos disociativos según el DSM-IV TR


Hay cuatro categorías principales de trastornos disociativos:

Amnesia disociativa, fuga disociativa, trastorno de identidad disociativo, y trastorno de despersonalización.

La amnesia de disociativa (amnesia psicógena) se caracteriza por una incapacidad para recordar información personal importante, generalmente de una naturaleza traumática o estresante, que es demasiado amplia como para ser explicada por el olvido ordinario. Es la más común de todos los trastornos disociativos, y puede verse con frecuencia en las salas de emergencia de los hospitales (Maldonado et el al., 2002; Steinberg et al., 1993). Además, la amnesia disociativa se asocia a menudo a otros trastornos psicológicos (por ejemplo, trastornos de ansiedad, otros trastornos disociativos). Los individuos que sufren de amnesia disociativa son generalmente conscientes de su pérdida de memoria, la cual suele ser reversible debido a que los problemas de memoria se dan en el proceso de recuperación, no en el proceso de codificación. La duración del trastorno varía desde algunos días a varios años.

La fuga disociativa (fuga psicógena) se caracteriza por un viaje repentino e inesperado lejos del hogar o del trabajo, acompañado por una incapacidad para recordar su pasado y confusión sobre la identidad personal o la asunción de una nueva identidad. Estas personas son vistas como normales por los demás. És decir, su psicopatología no es obvia. No suelen ser conscientes de su pérdida de memoria

El trastorno de despersonalización se caracteriza por una sensación persistente o recurrente de estar separado de los propios procesos mentales o del propio cuerpo. Las personas que padecen este trastorno dicen sentirse como si estuvieran mirando sus vidas desde fuera de sus cuerpos, como si vieran una película. 

A menudo informan de problemas de concentración, memoria y percepción (Guralnik et al., 2001). La despersonalización debe ocurrir independientemente del trastorno de identidad disociativo, trastornos por abuso de sustancias y esquizofrenia (Steinberg et al., 1993).

El trastorno de identidad disociativo (conocido anteriormente como trastornos de personalidad múltiple) es la manifestación más severa y más crónica de la disociación, caracterizado por la presencia de dos o más estados de personalidad o identidades diferentes  que, recurrentemente, toman el control del comportamiento del individuo, acompañado por una incapacidad para recordar información personal importante que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario. Ahora se sabe que estos estados disociados no son personalidades totalmente formadas, sino más bien representan un sentido de la identidad fragmentado. La amnesia asociada típicamente a este trastorno es asimétrica, es decir, las diferentes personalidades recuerdan aspectos diferentes de la información autobiográfica. Suele haber una personalidad principal que se identifica con el nombre verdadero del cliente. Por lo general,  la personalidad principal no está enterada de la presencia de las demás. Las diferentes personalidades pueden jugar papeles distintos al hacer frente a áreas problemáticas. Suelen aparecer un promedio de 2 a 4 identidades en el diagnóstico, con un promedio de 13 a 15 personalidades que emergen durante el curso del tratamiento (Coons, Bowman y Milstein, 1988; Maldonado et al., 2002). Los acontecimientos ambientales suelen desencadenar el cambio repentino de una personalidad a otra.

Trastorno disociativo no especificado. Incluye los trastornos disociativos que no satisfacen totalmente los criterios diagnósticos  para ninguno de los trastornos mencionados. En la práctica clínica, éste parece ser el diagnóstico más habitual.
Prevalencia de los trastornos disociativos

Algunos estudios indican que la disociación ocurre en un 2-3 % de la población en general. Otros estudios han estimado un índice de prevalencia del 10% para todos los trastornos disociativos (Loewenstein, 1994). La disociación puede darse en formas agudas o crónicas. Inmediatamente después de un trauma severo, la incidencia de fenómenos disociativos es bastante alta. Aproximadamente el 73 % de las personas expuestas a un incidente traumático experimentarán estados disociativos durante el incidente o durante las horas, días o semanas posteriores. Sin embargo, para la mayoría de las personas estas experiencias desaparecerán por sí mismas en algunas semanas.
  • Amnesia disociativa: no se conoce la prevalencia exacta.
  • Fuga disociativa:0,2 % de la población general. Esta prevalencia se considera más alta durante periodos de estrés extremo.
  • Trastorno de identidad disociativo. Entre el 0,1 y el 1 %. En pacientes psiquiátricos la prevalencia oscila entre el 5 y el 10 %
  • Trastorno de despersonalización. No se conoce la prevalencia exacta pero algunos investigadores lo consideran el tercer trastorno psicológico más frecuente después de la depresión y la ansiedad.

 Autora: Ana Muñoz

Sugerencias; Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza. (Zona Centro)
653 379 269