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domingo, 5 de junio de 2022

EL ARTE DE AMAR

 


El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.

Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.

“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.

Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.

Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?

domingo, 20 de junio de 2021

Erick Fromm: Desnudo

 

“El amor a la vida”.

Erich Fromm, autor de El amor a la vida. Fuente de la imagen
Erich Fromm nació en 1900 en Francfort del Meno, Alemania, en el seno de una familia judía ortodoxa que había dado varios rabinos. Es lógico, pues, que pronto se interesara por las narraciones del Viejo Testamento, cuyas enseñanzas acabaría comentando en algunos de sus libros. Cuando aún era un adolescente, protestó vivamente contra la Primera Guerra Mundial. A esta juvenil implicación política le seguiría un suceso que cambió su percepción de la vida: el suicidio de una amiga de la familia, una artista joven y hermosa, que decidió acompañar a su padre al más allá cuando el buen hombre falleció. Este suicidio, en principio incomprensible, marcó quizá el inicio de su interés por el psicoanálisis, que le depararía una fructífera carrera: al cabo de los años se convirtió en uno de sus máximos exponentes.
 
Fromm estudió psicología, filosofía y sociología en la ciudad alemana de Heidelberg, y completó su formación académica en universidades de Múnich y Fráncfort.

Empezó a practicar el psicoanálisis en 1930. Cuatro años después, en pleno auge del nazismo (con el que estaba en completo desacuerdo), se exilió a Estados Unidos, donde impartiría clases en diversas universidades. Es autor de casi una treintena de libros, en los que vertió sus conocimientos e ideas sobre temas recurrentes: el psicoanálisis, la religión, la libertad… Escribió también sobre hombres que trastocaron –para bien o para mal– el devenir de la humanidad: Marx, Freud, Hitler…

Autor del celebérrimo Miedo a la libertad, publicado por primera vez en 1941, Fromm tenía casi ochenta años cuando dio a conocer una serie de textos radiales, recopilados en El amor a la vida, que he leído en una antigua edición de Altaya (1997), con traducción de Eduardo Prieto. Algunos de estos textos fueron grabados (como explica el prologuista y editor Hans Jürgen Schultz) en la casa de Fromm, en Locarnos, y otros en el estudio radiofónico, en Zurich. Fromm recupera en esta obra su idioma materno con la intención de divulgar su pensamiento en Alemania, donde él era casi desconocido, al contrario de lo que ocurría en muchos países. Sin ir más lejos Estados Unidos, donde sus libros, pese a su condición de ensayos sobre psicoanálisis, fueron auténticos best–sellers durante décadas.
 
Pese a que el formato de El amor a la vida pueda ser ligeramente diferente al que estaban habituados sus muchos lectores (no eran estudios para ser leídos sino para ser escuchados), encontramos en ellos al mismo Fromm de siempre: con su estilo sencillo y seductor, nada ampuloso, sereno, donde reflexiona, como siempre –él mismo se encarga de recordarlo–, sobre temas vivenciales, nunca sobre meras abstracciones. En El amor a la vida, el pensador alemán diserta sobre la abundancia en las sociedades modernas, la estructura patriarcal y matriarcal, las religiones, el racismo, el sectarismo político, el canibalismo, la angustia, los sueños, Freud, Marx y Hitler (una vez más), y repasa sus autores y libros preferidos…
 
El amor a la vida podría ser una buena síntesis del pensamiento de este sabio alemán que cautivó a millones de lectores en una época en la que el psicoanálisis levantaba pasiones y también, cómo no, críticas furibundas.
Pero sería un error pensar en Erich Fromm como en un simple psicoanalista y escritor de best-sellers. Desde luego, es mucho más: psicólogo, filósofo, sociólogo, estudioso de las religiones. Podríamos decir de él, sin miedo a equivocarnos, que todo lo humano le interesaba. Su deseo de ayudar a los hombres a encontrar la armonía interior desde el autoconocimiento nos permite definirlo en una sola palabra: humanista.
 
Erich Fromm murió en Suiza en 1980, cuando estaba a punto de cumplir ochenta años. Intelectual incansable, siguió trabajando hasta el último de sus días.

 

 Título: El amor a la vida. Conferencias radiofónicas compiladas por Hans Jürgen Schultz
Autor: Erich Fromm

Género: Ensayo (psicoanálisis)

Primera edición: 1983, Estate of Erich Fromm and Hans Jürgen Schultz, con el título Über die Liebe Zum Leben

Edición comentada: El miedo a la vida (Altaya, 1997), con traducción de Eduardo Prieto.

 

LISTADO DE GRANDES LIBROS

NarrativaBreve.com (la mejor literatura en castellano)

“La verdad es que la idea es espectacular, quién no sueña con eso? El problema es que yo no lo podría hacer, a mi me criaron para tener”


lunes, 26 de abril de 2021

Erich Fromm

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. Zaragoza -Gran Vía- Y Online rcordobasanz@gmail.com                                Página Web: Contacta IG: @psicoletrazaragoza

Últimamente hemos hablado, y seguimos hablando, de cambio, de la necesidad de cambio en España, en Europa, en las sociedades del presente. Cambio es una palabra que ha entrado en las vidas de muchos de nosotros con su carga de renovación, de esperanza, pero que también ha producido en otros una cierta sensación de desasosiego. Andaba yo reflexionando sobre todo esto, a raíz de noticias y acontecimientos recientes, cuando, del modo más natural, como ese amigo al que hace tiempo que no vemos y, que de repente, vuelve a pasar delante de nuestra puerta cuando más lo necesitamos, apareció Erich Fromm y el recuerdo de su reveladora lectura, la lectura de libros tan esenciales como El arte de amarEl miedo a la libertad y ¿Tener o ser?, obra esta última a la que he regresado con avidez, deseando recuperar, argumentos y conceptos que me ayudaran a entender un poco mejor lo que estamos viviendo.

Filósofo, psicoanalista, psicólogo social, Erich Fromm (Hesse, Alemania 1900-Suiza, 1980) ha vuelto a ser, con su claridad expositiva, con su capacidad para analizar en profundidad y para destapar las máscaras de las conductas humanas, las trampas de la colectividad, una gran compañía para mí en estas últimas semanas, del mismo modo que lo fue en otras etapas de mi vida. Como me gusta hacer habitualmente cuando regreso a un territorio conocido de la literatura, del pensamiento, busqué en las librerías un nuevo título para ampliar los márgenes de esa región revisitada, y me alegró comprobar que su legado sigue vivo, actualizado.

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No sin dificultad, entre dos o tres opciones, me decanté por una recopilación de artículos, de ensayos cortos, con un sugestivo título, Sobre la desobediencia, porque, tras repasar el sumario, percibí que allí estaban muchos de los temas, de las preocupaciones, que llenaron el trayecto de este hombre inquieto, explorador de verdades. No me equivoqué. El pensador pacifista, que con tanto ímpetu se opuso en su momento a la Guerra de Vietnam y defendió el desarme, está en las páginas de esta entrega, del mismo modo que el humanista convencido que nos hace darnos cuenta de lo alejados que estamos de la esencia, del sentido de lo que debería ser prioritario en la vida, en el llamado Primer Mundo, en esta Europa cada vez más atada a la trampa de los préstamos y los intereses, cada vez más entregada a los beneficios por encima de la solidaridad con los pueblos (pensemos en la situación de Grecia, de los países del sur de Europa).

¿Estamos despertando? ¿Hasta qué punto la crisis económica, con todas sus consecuencias, y como efecto imprevisto por quienes nos gobiernan, está haciendo que nos demos cuenta de que es posible una existencia más sobria, basada en un consumismo menos voraz, más equilibrado y abierto a la colaboración? Uno de los pilares básicos del pensamiento de Erich Fromm está en la diferenciación entre el ser y el estar. A partir de ahí puede interpretarse casi todo. Entre una sociedad interesada principalmente en las personas y otra interesada en las cosas no puede haber más que un gran abismo. “La orientación del tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida (…) El hombre moderno no puede comprender el espíritu de una sociedad que no esté centrada en la propiedad y en la codicia”, trazaba Fromm su diagnóstico a finales de la década de los 70, lejos de saber, o tal vez temiendo, que en el siglo XXI, ese siglo que las generaciones del pasado atisbaban pleno de los logros del progreso, todos esos males habían de extremarse.

martes, 16 de marzo de 2021

Amor: Vidas Desperdiciadas

 


Zygmunt Bauman, por Gusi Bejar

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. [Online Y Offline] Zaragoza Teléfono: (+34) 653 379 269  rcordobasanz@gmail.com Página Web: Zaragoza Psicólogo


¿Liquidez o liquidación del amor? ¿Hemos acabado con el amor a base de conferirle flexibilidad, falta de consistencia y duración a nuestros vínculos afectivos? En esta nueva entrega de sus atinadas observaciones sobre los cambios de actitud y mentalidad que comporta la sociedad globalizada, Bauman escoge como protagonista principal a las relaciones humanas, profundizando en las paradojas del eros contemporáneo, siempre avaro de seguridad en el trato con los demás, derrochador en la búsqueda de oportunidades más atractivas y, al mismo tiempo, temeroso de establecer lazos fuertes.

Es la angustia ambivalente del querer “vivir juntos y separados” lo que constituye para el prestigioso sociólogo polaco uno de los elementos más destacados de la condición humana actual, que aquí examina con lujo de detalles, del sexo sin compromiso a las parejas semiadosadas.

Pero Bauman hace algo más que limitarse a constatar esta situación o a divagar acerca de las peculiaridades del amor y la sexualidad en nuestros días, por más que su libro tenga un confesado carácter fragmentario. Sus consideraciones sobre esta nueva fragilidad de los vínculos amorosos pretenden ser, ante todo, una llamada de atención acerca del preocupante desmoronamiento de la solidaridad en una sociedad cada vez más individualizada, donde el amor al prójimo se ve sustituido por el miedo al extraño.
Con el análisis de dichas paradojas del amor en tiempos de fuerte disolución de los vínculos sociales, Bauman vuelve así a ejemplificar diversos pormenores de su conocido diagnóstico sobre la ambigöedad inherente a esta etapa de la modernidad que él suele calificar como “líquida”. La novedad de su libro, publicado originalmente en inglés en 2003, lo es, por tanto, más por extensión del campo de aplicación de sus tesis que por intensión, puesto que Bauman ya había definido suficientemente esta especificidad de nuestro tiempo en obras anteriores como Modernidad líquida (2000). Allí, en efecto, se había referido ya al contraste entre la primera modernidad o modernidad en su fase “sólida” -donde la labor ilustrada de desintegración de las autoridades y lealtades tradicionales se efectuó básicamente a fin de dejar sitio a principios más sólidos y duraderos- y la nueva fase desplegada a lo largo del siglo XX, donde la emancipación de la economía de sus antiguas ataduras propició la extensión de una racionalidad instrumental, guiada por el puro cálculo de beneficios, a todos los ámbitos de la vida. Amparada en una presunta defensa de la libertad individual, la creciente desregulación o “flexibilización” de mercados y puestos de trabajo ha venido desposeyendo desde entonces a los antiguos Estados-nación de su capacidad para intervenir frente a los poderes económicos globales, al tiempo que la quiebra del viejo núcleo de creencias compartidas por la totalidad social ha ido forzando a los individuos a buscar soluciones privadas a los problemas públicos, generando ese nuevo territorio de lo que Bauman llama “políticas de la vida”, donde florecen alianzas tenues e intercambios fugaces.

Disueltos los nexos entre elecciones personales y acciones colectivas, el espacio de la modernidad se fluidifica y vuelve inestable. La liquidez de la modernidad es resultado, así pues, de su privatización y es por este motivo por lo que Bauman analiza la especial fragilidad que revisten hoy día los vínculos humanos como un caso destacado de la lógica del consumo que rige esta sociedad.

Ello, unido a la ya mencionada fragmentariedad del discurso, puede desorientar un tanto al lector no familiarizado con la obra de Bauman, quien en el primer capítulo inscribe sus reflexiones en una larga y venerable tradición, que, de Platón a Freud, ha indagado en la naturaleza última del amor. Muchas de las apreciaciones de ese primer capítulo parecen oponer a las “relaciones de bolsillo” de nuestro tiempo (relaciones que uno se guarda sin cultivarlas a diario, sólo para sacarlas cuando hace falta), con inequívoco tono de reproche, un modelo de amor “eterno” algo trasnochado. Conviene no olvidar, sin embargo, que el objetivo final de Bauman es dilucidar cómo la urgencia consumista, al permear todas las esferas de nuestra existencia, distorsiona igualmente el terreno de los afectos, forzándonos a pensar las relaciones en términos de costes y beneficios. Quiere inspirar una ética responsable y solidaria, sin que el suyo sea el discurso de un moralista escandalizado por la promiscuidad actual. Precisamente el hecho de haber intentado afinar la esquemática distinción entre modernidad y postmodernidad nos advierte de que Bauman es consciente de que la crisis y fluidificación de las relaciones afectivas es un fenómeno experimentado desde la primera modernidad.

Tal fue ya, por remontarnos a un ejemplo destacado, el tema de la gran novela de Goethe, Las afinidades electivas, que exploró cómo la extraña química del deseo impulsaba a algunas parejas a disolver sus otrora firmes lazos amorosos y a entablar nuevas relaciones. El trágico desenlace de los personajes arrebatados por la pasión era una advertencia del gran poeta del clasicismo alemán para que el individuo se contuviera en los límites de una personalidad armoniosa, con una identidad centrada en sus compromisos sociales y profesionales, tal como luego teorizara Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Hoy, en cambio, la ética del trabajo y la fidelidad a la profesión han sido reemplazadas por una estética del consumo y su diversidad de ofertas (comerciales, laborales, sentimentales).

Esto es verdaderamente lo que preocupa a Bauman: lo que se esconde tras tanta fluidez e inconstancia. No el que nuestros deseos fluctúen o el que vivamos varias historias de amor, sino más bien el que todas esas vidas e historias posean el carácter de simulacros, de “vidas desperdiciadas” también, al fin y al cabo como las de otros parias de la modernidad, porque en ningún caso estamos dispuestos a asumir un compromiso duradero. Aquí radica el punto doliente de los amores líquidos del presente, en el hecho de que el arte de romper las relaciones y salir ileso de ellas supere ampliamente al arte de componer las relaciones, según se aprecia en las páginas de tantas revistas del corazón o en las recetas de tantos gabinetes de autoayuda, que nos adiestran sobre el nuevo espíritu de los vínculos afectivos. Simplemente se trata de aprender a preservarnos, como consumidores de otros que no quieren gastarse a sí mismos. El auge de esos consultorios para la vida feliz -tema sobre el que también acaba de publicar un libro excelente Francisco Vázquez García (Tras la autoestima. Variaciones sobre el yo expresivo en la modernidad tardía), la fascinación por los contactos a distancia que permiten las nuevas tecnologías o la obsesión por la fama inmediata de los más celebrados concursos televisivos (que destilan un único mensaje: competir e imponerse al resto es la clave del éxito) son algunos ejemplos destacados de esta nueva sensibilidad. Mediante ellos, Bauman explica la importancia decisiva que hoy adopta el tema de las “relaciones”, así como la extrema ambivalencia y ansiedad con que nos enfrentamos a ellas.

Con su habitual talento, buena pluma y agudeza crítica, Bauman ha escrito un nuevo capítulo de esa historia oculta de nuestra modernidad tardía, que Erich Fromm describió en términos de “miedo a la libertad”. Deudor del análisis de la sociedad disciplinaria de los frankfurtianos y Foucault, ha acertado a desenmascarar la rigidez que sigue latiendo en esta sociedad aparentemente tan flexible y le ha puesto nuevo, rotundo título: miedo al amor.

Vidas desperdiciadas
El análisis de los miedos e incertidumbres que atenazan al hombre contemporáneo emprendido en Amor líquido tiene su continuación en la temática de Vidas desperdiciadas, obra recientemente traducida también al castellano. Para Bauman, la paradoja suprema de la cultura de los residuos en que vivimos se resume en la circunstancia de que esos productos de consumo que desechamos a diario simbolizan asimismo nuestra propia obsolescencia y desechabilidad. La angustia de sentirnos superfluos, inútiles y rechazados debería incitarnos a una búsqueda más humilde y solidaria del abrazo humano, sugiere este profesor emérito de las Universidades de Leeds y Varsovia. Sin embargo, el homo oeconomicus y consumens de nuestro tiempo, que todo lo valora en términos de rendimiento y beneficio, ha distorsionado por completo ese precepto fundante de toda civilización que exige amar al prójimo. Temeroso él mismo de ser consumido y luego arrojado a la basura, se parapeta tras los muros de la privacidad y procura que nada, ni siquiera el amor, le altere y le haga sentir extraño, entablando con los demás una versión más de ese juego de la convivencia humana que a diario nos enseñan los diferentes programas estrellas de la tele-realidad, donde la supervivencia es la meta y ganar dicho juego pasa por saberse servirse de los otros para explotarlos en beneficio propio, evitando el destino final de los desechados.


sábado, 30 de enero de 2021

La manifestación de la belleza en lo "psi"

 


Rodrigo Córdoba. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. N°Col.: A-1324 rcordobasanz@gmail.com Tfno.: 653 379 269 Página Web: www.rcordobasanz.es


Frases y fragmentos de Erich Fromm

«Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.»

«El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo.»

“El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.”

«La esperanza es paradójica. Tener esperanza significa estar listo en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida.»

«Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente.»

«La religión sirve sencillamente para que las masas se resignen mas sencillamente a las muchas frustraciones que presenta la realidad.»

«La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad.»

«El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cariño y cuidado por sí mismo, que no es sino la expresión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide obtener. Parece preocuparse demasiado por sí mismo, pero, en realidad, sólo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Freud sostiene que el egoísta es narcisista, como si negara su amor a los demás y lo dirigiera hacia sí. Es verdad que las personas egoístas son incapaces de amar a los demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismas.»

«Mi propia persona debe ser un objeto de mi amor al igual que lo es otra persona. La afirmación de la vida, felicidad, crecimiento y libertad propios, está arraigada en la propia capacidad de amar, esto es, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. Si un individuo es capaz de amar productivamente, también se ama a sí mismo; si sólo ama a los demás, no puede amar en absoluto.»

El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.”
«La actitud inherente al consumismo es devorar todo el mundo. El consumidor es eterno niño de pecho que llora reclamando su biberón. Esto es obvio en los fenómenos patológicos, como el alcoholismo y la adicción a las drogas.»
“El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como trabajo en equipo y como un refugio de la soledad, constituyen las dos formas normales de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinada.”

Ética y Psicoanálisis

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta N° Col.: A-1324 Gran Vía 32, 3°I Página Web: www.rcordobasanz.es.            rcordobasanz@gmail.com


Prólogo.

El libro analiza el problema de la ética, de las normas y  valores conducentes a que el hombre sea la realización de sus potencialidades, o sea, de sí mismo.

 Los juicios de valor, direccional nuestra acciones a un punto donde descansa nuestra felicidad y salud mental.

 El fracaso del racionalismo del siglo XVIII y XIX llega a nosotros, no por la creencia en la razón, sino por la estrechez de los conceptos. La psicología no puede divorciarse de la filosofía, como tampoco, de la economía ni sociología.

 EL objeto analítico del libro es demostrar que las fuerzas de los impulsos hacia la felicidad y la salud mental forman parte natural del equipo del hombre

  • El problema.

Un espíritu de orgullo recorrió la cultura occidental por una gran cantidad de años. Orgullo que le proporcionaba su fe en la razón. Con ella él logró dominar la naturaleza; y, en virtud de esto también ha identificado un mundo material.

 Pero estos avances no produjeron los efectos esperados. Más bien, el hombre moderno se siente inquieto y perplejo.

 Aunque su poder sobre la materia aumenta, se ve embargado de un sentimiento de impotencia en su vida individual y en la sociedad. Esta crisis ocasiona una retirada de la esperanza en la razón, bajo cuyos auspicios se inauguró el período de la ilustración.

 La palabra “realismo” ha ingresado en el vocabulario del hombre moderno, a la sobre la autonomía humana, otra arista d esta crisis moderna, ha creado un estado de confusión moral.

 Pero la razón en materia de ética sigue siendo algo posible y lógico. La razón humana sólo puede elaborar normas éticas válidas. Esto es la herencia que nos ha dejado la ética humanista.

 El psicoanálisis, en su intento de convertirse en una ciencia incurrió en el error de divorciar a la psicología de los problemas de la filosofía y la ética.

 Por eso es necesario el Psicoanálisis para conocer la naturaleza del hombre. Como también a través del conocimiento del hombre poder edificar una ética válida: la ética humanista. Esta no conducirá al relativismo ético.

 La personalidad integrada y madura constituye la base de la virtud, u la fuente de todo vicio es la indiferencia con uno mismo, una automutilación. El amor por uno mismo, la afirmación de uno mismo son los verdaderos valores supremos de la ética humanista.

2 La Ética humanista: la ciencia aplicada al arte de vivir.

  • Ética humanista vs. Ética autoritaria.

Antes de ingresar de lleno a la diferencia entre Ética autoritaria y Ética humanista es necesario aclarar el concepto de autoridad.

 Dos tipos de autoridad define From. Una racional y otra irracional. La primera tiene su fuente en la competencia; no necesita intimidar a las personas en las cuales ejerce la autoridad porque se basa en fundamentos racionales y no requiere terrores irracionales. Requiere también constantes escrutinios y críticas por parte de los individuos sujetos. Esta autoridad siempre es concebida de una manera temporal y se basa en la equidad de las partes (autoridad y sujeto), que sólo difieren en el grado de saber.

 En contrapartida la autoridad irracional ejerce siempre el poder sobre la gente. El poder en una parte y el terror en la otra, son los cimientos sobre los cuales se erige la autoridad irracional. La crítica es algo prohibido, el pecado capital.

 La autoridad irracional se basa por consiguiente en la desigualdad.

 La Ética autoritaria es la Ética de la autoridad irracional. Entonces, en la Ética autoritaria una autoridad es la que establece lo que es bueno; prescribiéndo normas y leyes que regulan la conducta. Lo contrario es lo que sucede con la Ética humanista que el hombre es quien se da las reglas que el mismo obedece.

 La Ética autoritaria niega la capacidad del hombre de entender lo que es bueno y malo. Hay que entender también que es “lo bueno y lo malo” para los intereses de la autoridad.

 El aspecto formal y material de la ética autoritaria son inseparables. Como ya se ha dicho la obediencia es la gran virtud y la desobediencia el pecado capital.

 La Ética humanista puede distinguirse por un criterio formal y otro material, formalmente se basa en el principio de que sólo el hombre por sí mismo puede determinar lo que es virtud y pecado. Materialmente se basa en el principió de que es “bueno” aquello que es bueno para el hombre y que es “malo” su contrario.

  La Ética humanista es “antropocéntrica”, en el sentido de que el hombre crea sus juicios de valor en la peculiaridad de su existencia, y sólo poseen significado en relación con ella. “El hombre es la medida de todas las cosas”.

  • Ética subjetivista vs. Ética objetivista

 Erich From trata de establecer los principios de una ética humanista objetivista.

 El Hedonismo ético, el cual se deriva de una posición de la ética humanista que sostiene que los juicios de valor son preferencias arbitrarias y carecen de validez objetiva, es la primera conseción hecha al principio de la objetividad: al sostener que el placer es bueno parar el hombre provee un principio de acuerdo con el cual se valoran los deseo; solamente aquellos cuya realización causa placer son valiosos. Sin embargo, el placer no puede ser criterio de valor por la simple causa de que existe gente que goza con la sumisión y no con la libertad.

 Pero este hedonismo Ético tiene la virtud de hacer de la propia experiencia del hombre el único criterio de valor para definir lo bueno de lo malo. Escapando así de los postulados trascendentalitas. El hedonismo ético, sin embargo, adolece de un error: el no poder establecer las bases para juicios Éticos válidos. Cosa que es posible según la versión de nuestro autor. Antes que nada es menester aclarar que “objetivamente válido” no es idéntico a “absoluto”. Esta concepción es una vetusta herencia del pensamiento teológico. El concepto de absoluto no tiene ninguna cabida en la Ética porque esta es un arte; y, “en todas las artes, un sistema de normas objetivamente válidas constituye la teoría de la práctica (ciencia aplicada). Basado en la ciencia teórica, las normas no son arbitrarias, no seguirlas consigue un resultado pobre.

 La complejidad del arte de vivir se deriva de que el hombre es al mismo tiempo artista y objeto del arte.

 A su vez la Ética Humanista, para la cual lo bueno es sinónimo de bueno para el hombre y lo malo es lo malo para el hombre, es la ciencia aplicada “del arte de vivir” basado en la “ciencia teórica del hombre”. Toda ciencia aplicada se basa en el axioma de que el fin de la actividad es deseable. Además, la Ética se distingue de las demás artes porque  su fin es siempre deseable: el impulso de vivir es inherente a cualquier organismo, el hombre no puede evitar vivir.

 El primer deber de un organismo es estar vivo. “estar vivo”, a su vez, es un concepto dinámico, no estático. La existencia y el despliegue de las potencias específicas del organismo son la misma cosa. El fin de la vida del hombre es el desarrollo sus potencialidades de acuerdo con las leyes de la naturaleza. El hombre, sin embargo, no existe en general. Únicamente puede afirmar sus potencias humanas realizando su individualidad.

 Entonces:

  • Lo bueno es, en la Ética humanista, la afirmación de la vida, el despliegue de los poderes del hombre.
  • La virtud es la responsabilidad hacia la propia existencia.
  • Lo malo constituye la mutilación de las fuerzas del hombre
  • El vicio es la irresponsabilidad hacia con uno mismo.

Crítica a la sociedad moderna. En nuestra era se ha perdido el concepto de la vida como un arte. El hombre moderno cree que debe aprender leer y escribir, pero que lo mismo no sucede con el vivir; cree que es algo tan sencillo que no es necesario aprenderlo, a pesar del énfasis que nuestra sociedad ha puesto en la felicidad, la individualidad y el propio interés, no ha enseñado al hombre a sentir que es su felicidad la meta de la vida sino el cumplimiento del deber de trabara o éxito.

  • La ciencia y el hombre

El concepto de una ciencia del hombre descansa sobre la premisa de que su objeto, el hombre, existe y que igualmente existe una naturaleza humana característica de la especie humana.

 El concepto de maleabilidad infinita, como también el de fija e inmutable, conducen a conclusiones que son insactifactorias al considerar la naturaleza humana.

 El hombre puede adaptarse a casi cualquier tipo de cultura, pero si esta es contradictoria con su naturaleza el hombre desarrollará perturbaciones mentales y emocionales, las cuales le obligarán, eventualmente, a modificar tales condiciones, puesto que no puede modificar su naturaleza.

 El hombre no es una hoja en blanco, está cargado de energía y estructurado en formas específicas que al adoptarlas reaccionan en formas específicas y susceptibles de ser previstas frente a condiciones extremas.

 La evolución humana tiene su raíz en la adaptabilidad del hombre y en ciertas cualidades indestructibles de su naturaleza que le impulsan a no cesar jamás en la búsqueda de condiciones más ajustadas a sus necesidades intrínsecas. El sujeto de la ciencia del hombre es la naturaleza humana. Esta puede ser observada en manifestación específica, en situaciones también específicas. Es una construcción teórica que puede inferirse de un estudio empírico de la conducta del hombre.

  • La tradición de le Ética humanista.

En la tradición de la Ética humanista prevalece la opinión de que el conocimiento del hombre es la base para poder establecer normas y valores. Las opiniones sobre la Ética son a la vez tratados de psicología.

  • La Ética y el psicoanálisis.

El desarrollo de una Ética humanista objetivista como ciencia aplicada depende del desarrollo de la psicología como ciencia teórica. Todas las psicologías, hasta el siglo XIX tendió a permanecer abstracta y no establecer un método parar verificar sus teorías por medio de una investigación empírica. La investigación empírica fue el concepto clave para la psicología de Dewey.

 Es necesario aplicar los hallazgos del psicoanálisis al desarrollo de la teoría Ética.

 El psicoanálisis ha hecho grandes contribuciones al estudio de la naturaleza humano.

 Es el primer sistema psicológico moderno cuyo objeto no lo constituyen aspectos aislados del hombre, sino su personalidad total. En la búsqueda de las respuestas al carácter neurótico, Freud estableció nuevos fundamentos para una ciencia del  Carácter. La caracterología psicoanalítica, es indispensable en el desarrollo de una teoría Ética, pues una virtud aislada de la estructura del carácter puede resultar carente de valor. El tema principal de la Ética es el carácter, y solamente, en conexión con la estructura del carácter como unidad integral pueden establecer juicios de valor acerca de rasgos o acciones aisladas. El carácter virtuoso o vicioso, mas que la virtud o  los vicios aislados son el verdadero objeto de la investigación ética.

 La solución del pensamiento Ético se caracteriza por el hecho de que los juicios de valor concernientes a la conducta humana se hicieran en referencia a las motivaciones subyacentes al acto, antes que al acto en sí.

  • La naturaleza humana y el carácter

I- La situación humana

La personalidad individual se determina por las peculiaridades de la existencia humana comunes a todos los hombres. De aquí que el análisis de la situación humana debe preceder al de la personalidad.

  • La debilidad biológica del hombre

Hay un elemento que diferencia al hombre del animal: la ausencia relativa de una regulación instintiva en el proceso de adaptación al mundo exterior.

 El animal vive armónicamente, debe adaptarse  o morirá. En cambió el hombre surge dotado de nuevas cualidades que lo diferencian del animal. 1- la advertencia de sí mismo como una entidad separada. 2 su capacidad para recordar el pasado. 3 vislumbrar el futuro. 4 y denotar objetos y acciones por medio de símbolos.  Y acciones por medio de símbolos. 5, su razón parar concebir y comprender al mundo y 6 su imaginación a través de la cual llega más allá del alcance de sus sentidos. El hombre es el más desamparado de todos los animales pero esta constituye la base de su fuerza, la causa primera del desarrollo de sus cualidades específicamente humanas (conciencia de sí mismo, razón e imaginación)

  • Dicotomías existenciales e históricas en el hombre.

Como bien lo indica el título, el hombre es partícipe de dos dicotomías.

 La primera son esas de las cuales el nunca está libre, de la de su existencia: no puede liberarse de su muerte, aunque quisiera, no puede liberarse de su cuerpo mientras viva y su cuerpo lo hace querer estar vivo.

 La razón, bendición y maldición del hombre, lo obliga a luchar sempiternamente en la tarea de resolver una dicotomía insoluble. El hombre es el único animal para quien su propia existencia constituye un problema que debe resolver y del cual no puede evadirse.

 Esta “emergencia de la razón” ha creado una dicotomía en el hombre, la cual lo obliga a buscar soluciones. El dinamismo de su historia es intrínseco a la existencia de la razón. Por lo tanto, no existe ningún “impulso en el progreso” innato en el hombre; es la contradicción inherente a su existencia la que hace seguir adelante. La más fundamental dicotomía existencial es la de la vida y la muerte.

 Diferente es el caso de las dicotomías históricas; las cuales no constituyen una parte necesaria de la existencia humana, sino que son producto del hombre y susceptibles de ser resueltas, ya se al tiempo que ocurren o bien en un periodo de la historia humana. La distinción entre ambas es importante porque su confusión tiene implicaciones de trascendencia. Aquellos que han estado interesados en perpetuar las contradicciones históricas han sostenido que se trata de dicotomías existenciales y, por consiguientes inalterables. Armonizar y negar las contradicciones es la función de las racionalizaciones en la vida individual y de las ideologías (racionalizaciones socialmente modeladas) en la vida social.

 El hombre puede reaccionar a las contradicciones históricas anulándolas por medio de su acción, pero no puede anular las dicotomías existenciales. Aunque si puede reaccionar de diferentes maneras. Pero existe sólo una posibilidad para que el hombre salga airoso de esta situación: El hombre debe aceptar la responsabilidad para consigo mismo y también el hecho de que solamente usando sus propios poderes puede dar significado a la vida. Si se enfrenta con la verdad, sin pánico, reconocerá que no existe otro significado de la vida excepto el que el hombre de a su vida, por el desplegamiento de sus fuerzas, viviendo productivamente. Solamente reconociendo la situación humana, será capaz de tener éxito en su tarea: ser él mismo y parar sí mismo y alcanzar la felicidad por medio de la realización plena de aquellas facultades que son peculiarmente suyas, la razón, el amor y el trabajo productivo.

 El análisis, volviendo a la premisa del libro, de la situación humana debe proceder al de la personalidad. La psicología debe basarse en un concepto antropológico filosófico de la existencia humana.

2-La personalidad

 Entiendo por personalidad la totalidad de las cualidades psíquicas heredadas y adquiridas que son características de un individuo y que hacen al individuo único. Las diferencias entre las cualidades heredadas y las adquiridas es sinónima a la distinción entre temperamento y carácter.

  • El temperamento

Hipócrates estableció una distinción entre cuatro temperamentos: colérico, sanguíneo melancólico, flemático.

 El sanguíneo y colérico se caracterizan por una excitabilidad fácil y una rápida alternancia de intereses, siendo los intereses débiles en el primero e intensos en el segundo.

 El temperamento flemático y melancólico, en contraste, se caracterizan por una persistente pero lenta excitabilidad del interés. Siendo débil en el flemático e intenso en el melancólico. Los cuatro temperamentos fueron simbolizados por los cuatro elementos.

  • Colérico: fuego, caliente y seco, rápido y fuerte
  • Sanguíneo: aire, caliente y húmedo, rápido y débil
  • Flemático: agua, frío y húmedo, lento y débil.
  • Melancólico: tierra, frio y seco, lento y fuerte.

El temperamento se refiere al modo de reacción y es algo constitucional e inmodificable; el carácter se forma por las experiencias de la persona y, en especial, por las de su infancia. Es modificable hasta cierto punto por el conocimiento de uno mismo y por las nuevas experiencias. Con el propósito de analizar la teoría de la Ética debemos retomar el concepto del carácter, que es tanto, el objeto de juicio ético como el objeto de desarrollo Ético del hombre.

  • El carácter

  • El concepto dinámico de carácter

Freíd no solamente desarrollo la primera sino también la más consistente y penetrante teoría del carácter como un sistema de impulsos subyacentes en la conducta, pero no idéntico a ella. Si investigamos las motivaciones particularmente la motivación inconciente de determinadas conductas, encontraremos que el rasgo de la conducta encierra numerosos y completamente diferentes rasgos del carácter. La conducta puede ser superficialmente la misma, a pesar de estar motivada de maneras distinta. Freíd reconoció la cualidad dinámica de los rasgos de carácter y sostuvo que la estructura del carácter de una persona representa una forma particular en la cual la energía está encauzada en el proceso de vivir.

 Freíd trata de explicar la naturaleza dinámica de los rasgos del carácter combinando su caracterología con su teoría de la libido. Pero el progreso de la teoría psicoanalítica, como también el de las ciencias sociales y naturales condujo a un nuevo concepto que no se basa en la idea de un individuo primariamente aislado, sino en relación del hombre con sus semejantes, con la naturaleza y consigo mismo.

 La principal diferencia entre la teoría de Freud y la de Fromn es que esta última no considera como base fundamental del carácter de varios tipos de organización de la libido, sino a los modos específicos de relación de la persona con el mundo exterior. En el proceso de la vida el hombre se relaciona con el mundo:

  • Adquiriendo y asimilando objetos.
  • Relacionándose con otras personas (y consigo mismo)

El primer proceso recibirá el nombre de asimilación, el segundo proceso de socialización. Ambas formas son abiertas, no instintivamente determinadas como en el caso de los animales.

 El hombre se relaciona de varias maneras: amando, odiando, compitiendo, cooperando, pero debe estar relacionado de alguna manera y la forma particular en que lo hace es expresión de su carácter. Esta orientación por las cuales el individuo se relaciona con el mundo constituye la médula de su carácter, puede definirse al carácter como la forma (relativamente permanente) en la que la energía humana es canalizada en los procesos de asimilación y socialización. Esta canalización de energía psíquica tiene funciones biológicas muy importantes.

 El carácter tiene, además, una función selectiva con respecto a las ideas y a los valores de las personas. Puesto que  a la mayoría de las gentes les parece que sus ideas son independientes de sus emociones y deseos y que son el resultado de deducciones lógicas. Se equivocan, porque cuando, en realidad, estas ideas y estos juicios aparecen son el resultado de su carácter, tanto como lo son sus acciones.

 El carácter es también la base para la adaptación a la sociedad. El carácter del niño es modelado por el carácter de sus padres, en respuesta al cual se desarrolla. Los padres y sus métodos de disciplina son determinados a su vez, por la estructura social de su cultura. La familia término medio es la “agencia psíquica” de la sociedad.

 Debemos distinguir del carácter social, el carácter individual, en el cual, una persona se diferencia de otra en la misma cultura. Estas diferencias son en parte debidas a la diferencia del ambiente, como también, a las diferentes constituciones del individuo. Genéticamente la formación del carácter individual se determina por el impacto de las experiencias vitales sobre el temperamento y la constitución física.

Ahora se hará una diferencia entre las orientaciones (A) productivas y (B) improductivas. Debe tomarse en cuenta que estos conceptos son “tipos ideales”

  • Tipos de carácter: la orientación improductivas:

a- la orientación receptiva

La persona siente que “la fuente de todo bien” se halla en el exterior y cree que la única manera de lograr lo que desea es recibiéndolo de esa fuente externa. Son individuos excesivamente sensibles a todo desaire o rechazamiento. Si están dotados de inteligencia son los mejores en prestar atención y seguir consejos, puesto que su orientación consiste en recibir, y no en producir ideas; si se ven abandonados a sí mismos, se sienten paralizados. Muestran una clase particular de lealtad, en cuya base se encuentre un sentimiento de gratitud por la mano que los alimenta. Les resulta difícil decir no y se ven fácilmente entre lealtades y promesas conflictivas. La parálisis de sus facultades críticas resultantes aumenta constantemente su dependencia de otros. Tales personas tienden a compensar su ansiedad y depresión comiendo y bebiendo. En general, son optimistas y cordiales; tienen cierta confianza en la vida y sus bondades pero se tornan ansiosos y atolondrados cuando ven amenazado su “fuente de abastecimiento”

b- La orientación explotadora

Tal como la receptiva, tiene como premisa básica que la fuente de todo bien se encuentra en el exterior, la diferencia está en que el tipo explotador no espera recibir objetos de los demás en calidad de dádivas, sino que prefiere quitárselos por medio de violencia o astucia.

 En el terreno del amor y del afecto tienden a robar y arrebatar. Esta misma actitud se manifiesta en relación con el pensamiento y los propósitos intelectuales, siendo el plagio el método más común. Su lema es “los frutos robados son mejores”. Su actitud está coloreada por una mezcla de hostilidad y cálculo. En vez de confianza y optimismo encontramos en ellos la suspicacia y el cinismo, la envidia y los celos. Suelen sobreestimar lo que otros poseen y subestiman lo propio

c- La orientación acumulativa

La orientación acumulativa hace que la persona tenga poca fe en cualquier cosa nueva que pueda obtener del mundo exterior; su seguridad se basa en la acumulación y en el ahorro, en tanto que cualquier gasto se interpreta como una amenaza. Muestran una singular clase de lealtad hacia las gentes y también hacia los recuerdos. Su sentimentalismo les hace sentir que todo pasado fue mejor. Pueden saberlo todo, pero son estériles e incapaces de pensar productivamente. Otro elemento característico de esta actitud es el ser pedantemente ordenado. Él es metódico con sus cosas, sus pensamientos y sus sentimientos, pero su método es rígido y estéril. Además, las cosas no deben ser colocadas en su lugar sino también a su debido tiempo; la puntualidad observa es característica del tipo acumulativo y representa otra forma de dominar al mundo exterior. Un constante “No” es la defensa casi automática contra la intromisión. Sus valores más altos son el orden y la seguridad. El individuo del tipo acumulativo tiende a ser suspicaz y a poseer un singular sentido de justicia, el cual podría ser expresado por “lo mió es mió y lo tuyo es tuyo”

d- La orientación mercantil.

La orientación mercantil se desarrollo como una orientación propia de la era moderna. Al analizarla debe considerarse la función económica del mercado como la base y la condición principal para su desarrollo en el hombre mismo. El mercado moderno no representa ya un lugar de reunión, sino un mecanismo caracterizado por la demanda abstracta e impersonal.

 El concepto mercantil del valor, el énfasis puesto en el valor de cambio más bien que en el valor de utilidad, ha conducido a un concepto similar de valor con respecto a las y en particular al valor de uno mismo. Llamo orientación mercantil a la orientación del carácter que está arraigada en el experimentarse a uno mismo como una mercancía y al propio valor como un valor de cambio.

 En nuestro tiempo la orientación mercantil se ha desarrollado rápido y juntamente con el desarrollo de un nuevo mercado el “mercado de la personalidad”. Todo depende de una aceptación personal por parte de aquellos que necesitan de sus servicios. El éxito es la consecuencia de cómo uno logra venderse en el mercado, la persona no se preocupa tanto por su vida y felicidad como por ser “vendible”. Uno debe estar de moda, y para lograrlo, debe saber que clase de personalidad es la de mayor demanda. Su autoestimación depende, a causa de lo anteriormente enunciado, a las condiciones fuera de su control. El individuo se siente impulsado a luchar inflexiblemente por el éxito; cualquier estancamiento es una grave amenaza a la estimación propia.

 En la orientación mercantil el hombre experimenta sus propias capacidades como mercancías enajenadas de él; no se siente identificado con ellas, sólo le interesa para hacer uso para conseguir el éxito. Debe buscar su convicción de identidad no en relación a sí mismo, sino en la opinión que otros tengan acerca de él.

 La diferencia de los individuos sólo es cuantitativa: tener éxito en mayor o menor medida, la diferencia entre los individuos se reduce a un elemento común: su precio en el mercado.

 Es una ilusión esperar que la sociedad del hombre arraigado en la orientación mercantil pueda remediarse con el amor individual. El pensamiento, al igual que el sentimiento es determinado por la orientación mercantil. Estimulado por una eficiente y extensa educación, esto conduce a un alto grado de inteligencia, pero no de razón. Además, el saber mismo se transforma en mercancía.

 La orientación mercantil no desarrolla algo que está potencialmente en la persona; su naturaleza misma es que no se desarrolla ninguna clase de relación específica y permanente, sino que la variabilidad misma de actitudes es la única cualidad permanente de tal orientación. En esta orientación pueden desarrollarse las cualidades que se venden mejor. Su premisa es la vacuidad, la personalidad mercantil debe estar libre de toda individualidad.

Es necesario sugerir una hipótesis acerca de las condiciones sociales que originan al predominio de cualquiera de estos cuatro tipos improductivos. From deja establecer que la relación entre sociedad e individuo debe entenderse de una manera profunda. La personalidad total del individuo termino medio es modelada por el modo con que se relacionan los individuos entre sí y está determinada por la estructura socioeconómica y política de la sociedad a tal grado que del análisis de un individuo puede deducirse, en principio, la totalidad de la estructura social donde vive

3 -la orientación productiva.

  • características generales.

Desde los tiempos de la literatura clásica hasta el siglo XIX se hicieron grandes  esfuerzos por descubrir la visión de cómo debe ser el hombre bueno y la sociedad buena. El siglo XX se distingue por la ausencia de tales visiones. Se pone mayor énfasis en el análisis crítico del hombre y de la sociedad. La ausencia de visiones que bosquejan al hombre “mejor” y una “mejor” sociedad ha tenido el efecto de paralizar la fe del hombre en sí mismo y en el futuro.

 Al ocuparse From del carácter productivo se aventurará a ir más allá del análisis crítico e investigará la naturaleza del carácter plenamente desarrollado, que es la meta del desarrollo humana humano y simultáneamente el ideal de la ética humanista.

 La “orientación productiva” de la personalidad se refiere a una actitud fundamental, a un modo de relacionarse en todos los campos de la experiencia humana. Productividad es la capacidad del hombre para emplear sus fuerzas y realizar sus potencialidades congénitas. Esto implica que “Él” debe ser libre y no dependiente de alguien. Además esto implica que es guiado por la razón, puesto que únicamente puede hacer uso de sus poderes si sabe lo que son, cómo usarlos y para qué usarlos. Productividad significa que se experimenta a sí mismo como la personificación de sus facultades. Podemos concluir entonces que la productividad es una actitud de la cual es capaz todo ser humano, a menos que esté mental o emocionalmente impedido. El término “productivo” es también susceptible de ser confundido con activo, que si bien actividad en el uso moderno indica frecuentemente lo opuesto a productividad. La persona actúa porque la autoridad lo quiere y hace lo que la autoridad quiere que se haga, es, por consiguiente, incapaz de seguir impulsos espontáneos que emanan de su propio interior (pero el carácter autoritario no sólo tiende a la sumisión, sino que también desea dominar). Semejante a la actividad emanada de la sumisión es la actividad autómata.

 En el concepto de la productividad no nos referimos a la actividad que necesariamente produce resultados prácticos, sino a una actitud, a un modo de reacción y de orientación hacia el mundo y hacia uno mismo en el proceso de vivir. Lo que interesa es el carácter del hombre no su éxito.

 Hablamos de que la productividad es la realización de las potencialidades que son características del hombre; el uso de sus poderes. Pero con esta nos encontramos con un nuevo interrogante: ¿Qué es el poder? (1) poder de capacidad y (2) poder sobre = dominio.

Poder dominio es resultado de la paralización de poder capacidad. Poder-sobre es la perversión del poder-de. La capacidad de hacer uso productivo de sus poderes es la potencia del hombre, la incapacidad es su impotencia. El dominio está ligado a la muerte, la potencia a la vida. El dominio nace de la impotencia y a  su vez la acrecienta, pues si un individuo puede forzar a otro a que le sirva, su propia necesidad de ser productivo se va paralizando gradualmente. Ahora bien, el mundo exterior puede ser experimentado de dos maneras, (1) reproductivamente; donde se percibe la actualidad del mismo, como una película, y (2) generativamente, concibiéndola, vivificándola y  re-creándola; este nuevo material por medio de la actividad espontánea de los propios poderes mentales y emocionales. Dentro de la sociedad moderna, hoy en día, es muy frecuente la atrofia relativa de la capacidad generadora.

 La presencia de ambas capacidades, la reproductiva y la generativa, es una condición previa para la productividad, con dos polos opuestos cuya interacción es la fuente dinámica de la productividad. La productividad no es la suma o combinación de ambas capacidades, sino que es algo nuevo que brota de esta interacción. Hay que tener en claro que el objeto más importante de la productividad es el hombre mismo, y su crecimiento no se da por sí mismo, (como podría ser el crecimiento físico) sino que el dar vida a las potencialidades intelectuales y emocionales del hombre; el dar nacimiento a su Yo, requiere una actividad productiva.

  • El amor y el pensamiento productivo

El hombre comprende al mundo, mental y emocionalmente a través de la razón y del amor. Esta son a su vez expresiones de diferentes poderes, el de la emoción y el del pensamiento también el hombre está caracterizado por ser el único ser que no siendo capaz de soportar la separación del mundo, necesita estar en contacto y además separado. Es la paradoja de la existencia humana la de que el hombre debe buscar simultáneamente la cercanía con los demás y la independencia. La respuesta a esta paradoja y al problema moral del hombre, la productividad. Se puede estar relacionado con el mundo amando y comprendiendo. Pero el concepto de “comprender” que contiene dentro de sí los conceptos de razón y amor deben ser aclarados. El concepto de amor productivo es diferente de aquello que con frecuencia es llamado amor. El “amor productivo” requiere de algunos elementos básicos: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

 Cuidado y responsabilidad denotan que el amor es una actividad y no una pasión que vence a uno o un afecto por el cual uno es afectado. La responsabilidad no es un deber impuesto a uno desde afuera, sino mi respuesta a algo que siento que me concierne, responsabilidad y respuesta tienen la misma raíz, respodere = “responder”; ser razonable significa estar dispuesto a responder.

 Amar a una persona productivamente implica interesarse en ella y sentirse responsable por su vida; no únicamente por su existencia física, sino por el crecimiento y desarrollo de todos sus poderes humanos. Amar productivamente es incompatible con ser pasivo, con contemplar la vida de la persona amada; implica trabajo y cuidado y la responsabilidad para su desarrollo.

 El cuidado y la responsabilidad son elementos constitutivos del amor, pero sin el respeto por la persona amada y su conocimiento, el amor degenera en dominación y posesión. Respeto no es temor; indica (de acuerdo con la raíz de la palabra repicere = mirar a) la aptitud para ver una persona tal como es, de ser conciente de su individualidad y singularidad. No es posible respetar a una persona sin conocerla; cuidado y responsabilidad sería ciegos si no estuvieran guiadas por el conocimiento de la individualidad de la persona.

 El sujeto, en el pensamiento productivo, no es indiferente a su objeto, sino que este le concierne y le afecta. No se experimenta al objeto como algo muerto y separado de uno mismo y de las vidas de uno; al contrario, el sujeto está intensamente interesado en su objeto y cuanto más intima sea la relación tanto más fecundo es su pensamiento.

 EL pensador en el proceso del pensamiento es motivado por su interés por el objeto; es afectado por él y reacciona frente a el; se interesa y responde. Pero el pensamiento productivo se caracteriza también por la objetividad, por le respeto al sujeto pensant por su objeto, por su facultad de ver el objeto tal como es y no como desea que fuere. Esta polaridad entre objetividad y subjetividad características del pensamiento productivo como lo es de la productividad en general.

 La objetividad no requiere únicamente ver al objeto tal como es, sino también verse a sí mismo como uno es; vale decir, ser conciente de la constelación particular en que uno se encuentra como un observador relacionado con el objeto de la observación. El pensamiento productivo se determina por la naturaleza del objeto, quien se vincula con su objeto en el proceso de pensamiento. Esta doble determinación constituye la objetividad. La objetividad no significa indiferencia y despego; significa respeto; o sea la aptitud para no deformar falsificar las cosas, las personas y a uno mismo. Lo importante no es si existe o no interés, sino que clase de interés existe y cual será su relación con la verdad.

 El entorpecimiento de la actividad productiva da lugar a la inactividad y a la su de la actividad productiva da lugar a la inactividad y a la superactividad. El hambre y la fuerza nunca pueden ser condiciones para la actividad productiva. La libertad, la seguridad económica y una organización de la sociedad en la cual el trabajo puede ser la expresión más significativa de las facultades del hombre, constituyen por contraste, los factores conducentes a la expresión de la tendencia natural del hombre, a hacer uso de sus poderes. El trabajo, el amor y el pensamiento productivo son posibles únicamente si la persona puede estar, cuando es necesario, sosegado y sólo consigo misma. Ser capaz de prestar atención a uno mismo es un requisito previo para tener la capacidad de prestar atención a los demás.

  • La orientaciones en el proceso de socialización

El proceso de vivir implica dos clase de relación con el mundo: 1, el proceso de asimilación y 2, el proceso de socialización. En el proceso de socialización podemos distinguir entre las siguientes clases de relaciones interpersonales: la relación simbiótica, la de distanciamiento destructivo, la de amor.

 En la relación simbiótica la persona se encuentra relacionada con otras, pero pierde, o nunca obtiene su independencia; rehuye a al peligro de la soledad, llegando a ser parte de otra persona o bien absorbiéndola. Las formas que tal clase de dependencia pueden asumir son múltiples: puede ser racionalizado como sacrificio, deber o amor, especialmente cuando las normas culturales legítimas, esta clase de racionalización es aparte. Una segunda clase de relación se la que se caracteriza por el distanciamiento, la retirada y la destrucción.

  El amor es la forma productiva de relación con otros y con uno mismo. Implica responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento, así como también el deseo de que la otra persona crezca y progrese. ES la expresión de la intimidad entre dos seres humanos bajo la condición de la conservación de la integridad de cada uno.

 El siguiente esquema ofrece un cuadro de las orientaciones que han sido objeto de nuestro estudio y de las afinidades entre ellas

I- Orientación improductiva

AsimilaciónSocialización
Receptiva (aceptando)Masoquista (lealtad)Simbiosis
Explotadora (tomando)Sádico (autoridad)
Acumulativa (conservando)Destructiva (aserción)Distanciamiento
Mercantil (cambiando)Indiferente (equidad)

II- Orientación productiva:

AsimilaciónSocialización
TrabajandoAmando razonando

  • Combinaciones de distintas orientaciones.

En realidad, no existe una sola orientación. Siempre se trata de combinaciones, pues un carácter jamás representa exhaustivamente a una de las orientaciones improductivas, o a la orientación productiva.

 El grado respectivo de intensidad de las orientaciones productivas e improductivas en la estructura de carácter de cada persona varía y determina la cualidad de las orientaciones improductivas. Cualquiera de las orientaciones improductivas posee un aspecto positivo y otro negativo de acuerdo con el grado de productividad en la estructura total del carácter. La siguiente lista de los aspectos positivos y negativos de las distintas orientaciones puede servir como una ilustración de este principio.

Orientación receptiva (aceptando)

Aspecto positivoAspecto negativo
Capaz de aceptarPasivo, si iniciativa
ConformeCarente de opinión y de carácter
DevotoSumiso
ModestoSin orgullo
EncantadorParásito
AdaptableCarente de principios
Ajustado socialmenteServil, sin confianza en sí mismo
IdealistaApartado de la realidad
SensitivoCobarde
CortesServil
OptimistaIluso
ConfiadoCrédulo
TiernoSensibilero

Orientación explotadora (tomando)

Aspecto positivoAspecto negativo
ActivoExplotador
Capaz de tomar iniciativaAgresivo
Capaz de reclamarEgocéntrico
AltivoPresuntuoso
ImpulsivoPrecipitado
Confiado en sí mismoArrogante
CautivadorSeductor

Orientación acumulativa (conservando)

Aspecto positivoAspecto negativo
PrácticoCarente de imaginación
EconómicoMezquino
CuidadosoSuspicaz
ReservadoFrío
PacienteLetárgico
CautelosoAngustiado
Constante, tenazObstinado
ImperturbableIndolente
Sereno ante los problemasInerte
OrdenadoPedante
MetódicoObsesionado
FielPoseso

Orientación mercantil (cambiando)

Aspectos positivosAspectos negativos
CalculadorOportunista
Capaz de cambiarInsistente
JuvenilPueril
PrevisorSin futuro o pasado
De criterio amplioCarente de principios y valores
SociableIncapaz de estar solo
ExperimentadorSin meta ni propósito
No dogmáticoRelativista
EficienteSuper-activo
CuriosoCarente de tacto
InteligenteIntelectualoide
AdaptableIndiscriminador
ToleranteIndiferente
ChistosoPueril
GenerosoDisipador

Los aspectos positivos y negativos no constituyen dos clases separadas de síndromes. Cada uno de estos puede ser descrito como un punto en una línea continua que está determinado por el grado en que prevalece la orientación productiva.

 Al considerar las orientaciones, sus combinaciones y los grados de personalidad; reconoceremos que la configuración de estos elementos originan un número infinito de variaciones de la personalidad

Capítulo IV. Los problemas de la Ética humanista.

  • Egoísmo, amor por uno mismo e interés propio.

La cultura moderna está saturada por un tabú contra el egoísmo. Se nos enseña que ser egoísta es pecaminoso y que amar a los demás es virtuoso. El no ser egoísta implica el no hacer lo uno desea. Significa además el someterse a un poder fuera de ti, “el deber”, “no ser egoísta” ha llegado a ser uno de los instrumentos ideológicos más poderosos para suprimir la espontaneidad y el libre desarrollo de la personalidad.

 Al lado de la doctrina que sostiene que el hombre no debe ser egoísta se encuentra la teoría difundida en la sociedad moderna: “ten presente tu propia ventaja, actúa de acuerdo con aquello que sea mejor para ti y al obrar de ese modo estarás obrando también para la mayor ventaja de los demás”

 Un resultado de estas dos ideas contradictorias es la confusión del hombre moderno. Obstaculiza el proceso de integración de personalidad.

 En primer lugar debe recalcarse la falsedad lógica del concepto de que el amor por los demás y el amor propio son recíprocamente excluyentes. Si es una virtud amar a mi prójimo como ser humano, entonces debe ser una virtud amarme a mí, puesto que yo también soy un ser humano. No existe un concepto de hombre en el cual yo mismo no esté incluido. Las actitudes hacia los otros y hacia nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son conjuntivas. EL amar, en principio, es indivisible en lo que se refiere entre “objeto” y el propio ser. El amor genuino no es un “afecto” sino un esfuerzo activo por el desarrollo y felicidad de la persona amada, arraigado en la propia capacidad de amar. La afirmación de la propia vida, felicidad, crecimiento, libertad, etá arraigada en la capacidad de uno para amar, vale decir, en el cuidado, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. ¿Cómo explicarnos el egoísmo que obviamente excluye todo interés genuino por otros? La persona egoísta está únicamente interesada en sí misma, desea tomar todo para ella. El mundo exterior es contemplado únicamente desde el punto de vista de lo que pueda extraer de él, carece de interés por las necesidades de otros y de respeto por la dignidad e integridad. No puede ver más allá de sí misma; juzgar a toda persona y cosa desde el punto de vista de la utilidad para ella; es básicamente incapaz de amar. El egoísmo y el amor por uno mismo, lejos de ser idénticos, son realmente opuestos. La persona egoístas son incapaces de amar a otros, pero tampoco son capaces de amarse a sí misma.

 Ahora podemos considerar el concepto de interés propio. Existen dos enfoques fundamentalmente diferentes. Uno se el punto de vista objetivista, el cual considera el “interés” no en razón de un sentimiento subjetivo, sino más bien de lo que es objetivamente la naturaleza del hombre. Él tiene solamente un interés verdadero y este consiste en el pleno desarrollo de sus potencialidades humanas. En los últimos siglos este concepto de interés propio ha ido estrechándose hasta significar su opuesto. Ha llegado a ser idéntico al egoísmo, al interés por bienes materiales, al poder y al éxito. Este menoscaba fue posible por el cambio del concepto objetivista de interés propio por el concepto erróneo subjetivista.

  • La conciencia, el llamado del hombre a sí mismo

En sus diversas manifestaciones la conciencia es desconcertante. From se propone analizar la conciencia “autoritaria” de los humanos. Diferenciación que se ajusta a la diferencia entre la Ética autoritaria y la humanista.

  • La conciencia autoritaria.

La conciencia autoritaria es la voz de una autoridad externa interiorizada. Si bien la conciencia autoritaria es  diferente del temor al castigo y la esperanza de recompensa, ya que la relación con la autoridad ha sido interiorizada, no es muy diferente de otros aspectos esenciales.

 Las prescripciones de la conciencia autoritaria no se determinan por un juicio propio de valor, sino exclusivamente pro el hecho de que sus mandatos y prohibiciones son establecidos por las autoridades. Normalmente la persona cuya conciencia es autoritaria está sujeta a las autoridades externas y al eco interiorizado de ellas. La conciencia influye simultáneamente  en la imagen de las autoridades externas, pues tal conciencia tiene siempre la necesidad de admirar a algún hombre, de tener algún ideal. Esta acción recíproca entre interiorización y proyección con mucha frecuencia da por resultado una convicción inconmovible del carácter ideal de la autoridad. Su fuerza radica en las emociones de temor y de admiración que produce.

 Analicemos la estructura del carácter de una persona autoritaria. Esta ha encontrado seguridad externa al formar parte, simbióticamente de una autoridad concebida como más grande y más poderos que ella misma, teme al abandono, al desamparo antes que al castigo. La ofensa primordial es la rebelión. La desobediencia es el pecado capital, la obediencia, la virtud cardinal. El individuo, en consecuencia, nunca tiene derecho a indagar o criticar. El deber de reconocer la superioridad de la autoridad engendra diversas prohibiciones. La más importante es la de sentirse como la autoridad. La desigualdad. La desigualdad fundamental entre ella y el hombre es el dogma básico de la conciencia autoritaria. Quienes están sujetos a ella son medios son medios para su fin; ella tiene el poder de la voluntad y de la creación.

 El hombre reprime sus propios poderos al experimentar sentimientos de culpa, arraigados en la convicción autoritaria de que el ejercicio de la propia voluntad y poder creador constituye una rebelión contra las prerrogativas de la autoridad. Este sentimiento de culpabilidad, a su vez, debilita al hombre, reduce su poder y acrecienta su sumisión. La interiorización de la autoridad implica dos aspectos. Primero, donde el hombre se somete a la autoridad; segundo, donde asume el papel de autoridad. El hombre, se convierte así no sólo en esclavo obediente, sino en el riguroso capataz que se trata a sí mismo como esclavo. Algunos aspectos de la conciencia autoritaria pueden ser observados en las relaciones de padres e hijos.

  • La conciencia humanista

La conciencia humanista no es la voz interiorizada de una autoridad que estamos temerosos al contraria y ansiosos por contemplar; es nuestra propia voz, presente en todo ser humano e independiente de recompensas y sanciones externas. La conciencia humanista es la reacción de nuestra personalidad total a su funcionamiento correcto. Juzga nuestro funcionamiento correcto, juzga nuestro funcionamiento como seres humanos, es conocimiento de uno mismo, conocimiento de nuestros éxitos y fracasos en el arte de vivir. Pero es algo más que simple conocimiento. Tiene una cualidad afectiva pro cuanto es la reacción de nuestra personalidad total y no únicamente la reacción de nuestra mente. La conciencia es la reacción de nosotros ante nosotros. Es la voz de nuestro yo que nos vuelve a reconciliar con nosotros mismos, para vivir productivamente, y lleguemos así a ser lo que somos potencialmente. Ella ese la voz de nuestro amoroso cuidad de nosotros mismos. El objetivo de la conciencia humanista es la productividad, y por consiguiente, la felicidad; puesto que la felicidad es el concomitante necesario del vivir productivos.

 Aprender a comprender los mensajes de la conciencia es sumamente difícil. Primero, porque debemos ser capaces de escucharnos nosotros mismo. Pero escucharse a uno mismo es difícil para el hombre moderno porque este arte requiere de otro (la segunda) facultad: la de estar sólo con uno mismo.

 En nuestro estudio he analizado la conciencia autoritaria y la humanista con el fin de señalar sus cualidades características. En realidad, no están separados, ni son simultáneamente excluyentes. Todos los individuos poseen ambas conciencias. La cuestión es saber distinguir entre su fuerza respectiva y su interrelación.

 La diferencia entre conciencia humanista y la autoritaria no radica en que esta última está moldeada por la tradición cultural, mientras que la primera se desarrolla independientemente. Por el contrario es similar en este respecto a nuestras capacidades para hablar y pensar, las cuales, no obstante de ser potencialidades humanas intrínsecas, se desarrollan solamente en una contextura social y cultural.

  • El placer y la felicidad.

  • El placer como criterio de valor

 La Ética autoritaria tiene la ventaja de la simplicidad; sus criterios de lo bueno y de lo malo son los dictados de la autoridad y la virtud del hombre es acatarlos.

 La Ética humanista tiene que luchar contra la dificultad de que al hacer del hombre único juez de los valores, parecería que el placer o el dolor se convierten en árbitros finales de lo bueno y de lo malo ¿cómo puede guiarse nuestra vida por un motivo por igual? From, haciendo un recuento de los conceptos de Platón, Aristóteles, Spinoza y Spenscer llega a la conclusión de que tienen ellos tres puntos en común, los cuales aprueba:

  • Que la experiencia subjetiva del placer en sí misma no es un criterio suficiente de valor
  • Que la felicidad va unidad a la virtud
  • Que puede hallarse un criterio objetivo para la valoración del placer

Las precedentes teorías del placer y su papel en la ética adolecieron del defecto de no haber sido construidas con datos suficientes afinados, basados en técnicas precisas de estudio y de observación. El psicoanálisis con su estudio minucioso de loas motivaciones inconscientes y de los dinamismos del carácter proporcionó las bases para tales técnicas de estudio; que nos ha permitido avanzar en la compresión del análisis del placer. El psicoanálisis confirma la hipótesis de los opositores de la Ética hedonista, de que la experiencia subjetiva es en sí misma engañosa y no constituye un criterio válido de valor. Dentro de las problemáticas que abarca se encuentra la de la felicidad.

 Tanto la felicidad como la infelicidad son algo más que un estado de la mentalidad. Son realmente expresiones del estado del organismo entero de la personalidad total. La felicidad va unida a un aumento de la vitalidad a la intensidad del sentimiento y del pensamiento y a la productividad; la infelicidad va unida a la disminución de estas capacidades y funciones. El funcionamiento de nuestras capacidades mentales y emocionales está influenciado por nuestra felicidad o infelicidad. La infelicidad debilita y hasta paraliza todas nuestras funciones psíquicas. Al placer o a la felicidad que existen solamente en la mente de una persona, y que, por lo tanto, es conciente, no constituyen una condición de su personalidad. Deben denominarse pseudo-placer o pseudo-felicidad. Estos dos constituyen sentimientos simulados, son más bien pensamientos de sensaciones que experiencias emocionales genuinas.

B tipos de placer

El análisis de la diferencia cualitativa entre las distintas clase de placer es  como ya fue señalado, la clave del problema de la relación entre el placer y los valores éticos.

Un tipo de placer es el alivio de una tensión penosa  la necesidad fisiológica si está en tensión y es liberada se experimenta satisfacción: satis-facere (hacer suficiente).

Un tipo de placer también causado por el alivio de tensión, pero de frente calidad, radica en la tensión psíquica. Una persona puede sentir que un deseo emana de las exigencias de su organismo cuando en realidad está determinado por necesidades psíquicas irracionales. Aunque el placer derivado de la satisfacción de necesidades fisiológicas genuinas  y de necesidades psíquicas irracionales consiste en el alivio de la tensión, la calidad del placer difiera considerablemente. Los deseos condicionados fisiológicamente, como el hambre, la sed, y otros más, son satisfechos con el alivio de la tensión fisiológicamente condicionada y reaparecen únicamente si la ncesidad fisiológica vuelve a surgir; son, por consiguiente de naturaleza rítmica. Los deseos irracionales, en contraste, son irracionales. El deseo de la persona envidiosa, posesiva o sádica no desaparece con su satisfacción, excepto (tal vez) momentáneamente. En la naturaleza misma de esos deseos irracionales reside el que no puedan ser “satisfechos”. Nacen de la insatisfacción de uno mismo.

Propongo denominar al placer que se deriva del cumplimiento de deseos irracionales “placer irracional”, en contraste con “satisfacción” que es el cumplimiento de los deseos fisiológicos normales. Quedan por considerar otros dos tipos de placer menos complejos. Uno es el placer que acompaña la ejecución de cualquier clase de acto que el individuo se ha propuesto realizar. Propongo denominar esta clase de place “gratificante”. Lograra algo que uno se había propuesto realizar es gratificante aunque la actividad no sea necesariamente productiva.

El otro tipo de placer, sin analizar aún, no se basa en el esfuerzo sino en su opuesto, en el descanso. En este tipo de gratificación que acompaña a las actividades que no requieren ningún esfuerzo, pero que son placenteras. Nuestra opinión sobre la relevancia ética del placer. La satisfacción siendo el alivio de una tensión fisiológicamente condicionada, no es ni buena ni mala, desde le punto de vista de la valoración ética es neutras, como lo son la gratificación y el placer. El placer irracional y la felicidad (goce) son experiencias de significado ético. El placer irracional es señal de avidez, indica el fracaso en la resolución del problema de la existencia humana. La felicidad es el mayor triunfo del hombre; es la respuesta de su personalidad total a una orientación productiva hacia uno mismo y hacia el mundo exterior.

La ética humanista bien puede postular a la felicidad y al goce como sus virtudes supremas, pero hacerla no demanda del hombre la tarea más fácil, sino la más difícil, el pleno desarrollo de su productividad.

  • El problema de los medios y de los fines.

Dos problemas

1-EL fin conscientemente percibido puede ser algo diferente del fin que se percibe inconscientemente. Una persona puede pensar que su fin (o su motivo) es el goce de la vida o el cumplimiento del deber para con su familia, mientras que su  fin real –aunque inconsciente es el poder que obtiene a través del dinero o el placer que deriva de acumularlo

2- El segundo problema (y más importante) proviene de la presunción de que el placer conectado con los medios deriva necesariamente del placer vinculado con el fin los medios han llegado a ser independientes del fin, han usurpado su finción y el fin alejado existe solamente en la imaginación.

El énfasis exagerado puesto en los fines conduce de varias formas a una distorsión del equilibrio armónico entre medios y fines. Una forma de esto es aquella por la cual se destacan los fines sin considerar suficientemente el papel de los medios. El resultado de esta distorsión es que los fines se tornan abstractos, irreales y por último se convierten en el lema mecánico de “los fines justifican los medios” Los defensores de este principio no se dan cuenta que el empleo de medios destructivos tienen sus propia consecuencia que en realidad transformase el fin aunque se le conserve ideológicamente.

Toda sociedad tiende a formara la estructuras del carácter de sus miembros de modo que les haga desear hacer lo que deben hacer a fin de cumplir su función social. Solamente analizando la naturaleza del hombre y descubriendo la verdadera contradicción entre sus intereses reales y aquellos que le son impuestos por una sociedad dada puede arribarse a la normas objetivamente válidas.

  • La fe como un rasgo del carácter

Debemos considera la fe como una actitud básica de la persona, un rasgo del carácter que matiza todas las experiencias del individuo, que capacita al hombre para enfrentarse con la realidad sin ilusiones y no obstante, para vivir con fe.

Para comprender este problema será conveniente considerarlo primeramente en relación con el problema de la duda. La duda se concibe comúnmente como la duda o la perplejidad en relación con tal o cual presunción o idea, o persona , pero también puede definirla como una actitud. Al fin de comprender el fenómeno de la duda, debe establecer la diferencia entre la duda racional y la duda irracional.

La duda irracional no es la reacción intelectual frente a una presunción inapropiada o sencillamente equivocada, sino más bien la duda que caracteriza emocional e intelectualmente la vida de una persona. Para tal persona no existe, en cualquier esfera de la vida, experiencia alguna que tenga la cualidad de certeza; todo es dudoso, nada es cierto. La duda irracional es torturante y agotadora sean nimias o importantes.

La duda racional pone en tela de juicio presunciones  cuya validez depende de la creencia de alguna autoridad  y no en la propia experiencia.

Con respecto a la fe estableceré la misma distinción que hice con referencia a la duda, diferenciaremos la fe racional y la irracional. Entiendo por fe irracional la creencia en una persona, idea o símbolo que no es el resultado de la propia experiencia, sino que se basa en la sumisión del individuo a una autoridad irracional. Una persona que se desprende de su independencia interior y se somete a una autoridad, tiende a substituir su propia experiencia por la de la autoridad. El fenómeno contemporáneo más notable de la fe irracional es la fe en los conductores dictatoriales.

La fe irracional es una convicción fanática de algo o por alguien que tiene su origen en la sumisión de una autoridad irracional, personal o impersonal. La fe racional; en contraste, es una firme convicción basada en una actividad productiva intelectual y emocional. Mientras la fe irracional es la aceptación de algo en calidad de verdadero, solamente porque una autoridad o mayoría así lo afirman, la fe racional radica en una convicción independiente basada en la observación y en el propio pensar productivo.

En las relaciones humanas es la fe una cualidad indispensable, cualquiera amor o amistad de cierta importancia. “tener fe” en otras persona significa tener la certidumbre de la rectitud y constancia de sus actitudes fundamentales, el núcleo de su personalidad. Con eso no quera dar a entender que una persona no pueda cambiar de opinión, pero sí que sus motivaciones básicas son siempre las mismas.

No existe una fe racional en el poder. Existe sumisión al mismo o, por parte de aquellos que lo poseen, el deseo de retenerlo. Mientras el poder parecer ser lo más real de  de todas las cosas la historia del hombre ha demostrado que es la más inestable de todas las adquisiciones humanas.

El hombre no puede vivir sin fe. El problema  decisivo para nuestra propia generación y la venidera consiste en si esta fe será una fe irracional en líderes, en máquinas y en el éxito o la fe racional en el hombre, basada en la experiencia de nuestra propia actividad productiva..

5-Los poderes morales del hombre

a-EL hombre ¿es bueno o es malo?

En la actualidad creemos (conscientemente) en el poder y la dignidad del hombre. Pero inconscientemente creemos en su impotencia y maldad.

Las dos ideas opuestas han sido expresadas en términos de teoría psicológica en las obras de Freud. Él pensó que el hombre es un campo de batalla en el que se enfrentan dos fuerzas poderosas: el impulso de vivir y el impuso de morir. Esta concepción dualista constituye el punto de partida a nuestro problema ética y psicológico. El impulso destructivo reconoce dos clase de odios: (1) El odio reactivo es la reacción de una persona frente a una amenaza a la libertad (su premisa es el respeto por la vida)(2) el odio condicionado por el carácter es una disposición constante para odiar. El odio irracional está arraigado en el carácter de la persona siendo secundario su objeto.

Ahora bien, parecería que el impuso destructor se desarrolla de manera proporcional al grado en que se encuentras bloqueado el desarrollo de las capacidades de la persona. De ser obstaculizados la tendencia de la vida por ser vivida. Entonces la energía así bloquead se ve sometida a un proceso de modificación y se transforma en energía destructora para la vida. El impuso destructor es el resultado de la vida no vivida.

Por lo tanto el hombre no es necesariamente malo, sino que llega a ser malo únicamente en caso de faltar las condiciones apropiadas para su crecimiento y desarrollo. La maldad no tiene por sí misma existencia independiente, es la ausencia de lo bueno, el resultado del fracaso en la realización de la vida.

Otra cosa que From intentó demostrar fue que el hombre posee dentro de sí la tendencia a desarrollarse, crecer y ser productivo. No necesita de esta manera incentivos (recompensas y castigos).

De la misma naturaleza del hombre se desprende el principio de que el poder para actuar crearía necesidades para usar este poder y que el no usarlo origina trastornos e infelicidad. Toda neurosis es o el resultado de un conflicto entre los poderse congénitos del hombre y aquellas fuerzas que bloquean su desarrollo.

                                           B- Represión Vs productividad.

Del punto de vista de la ética humanista se desprende que la alternativa ética no fluctúa entre supresión de lo malvado o su aceptación condescendiente. Ambas -la represión y la condescendencia- constituyen únicamente los aspectos de bondad y la verdadera alternativa ética oscila entre represión y condescendencia, por un lado y productividad, por el otro.

El fin de la ética humanista no es la represión de la maldad del hombre (lo cual es favorecida por el efecto inhibidor del espíritu autoritario) sino el uso productivo de las potencialidades primarias congénitas del hombre.

                               C- El carácter y el juicio moral.

La voluntad no es un poder abstracto que el hombre posee independientemente de su carácter. Por el contrario, la voluntad no es más que la expresión de su carácter. LA persona que confío en su razón y que es capaz de amar a otros y a sí mismo tiene la voluntad para obrar virtuosamente. EL hombre está sujeto como todas las demás criaturas, a fuerzas que lo determinan. Pero es el único que puede tomar parte activa de su propio destino del luchar por la virtud. Pero, mientras de razón y de conciencia estás están ligados a nuestro carácter.

Esto nos lleva a considerar la capacidad de juzgar . El juicio humanista posee los mismo caracteres lógicas del juicio racional. Pero no asume un papel divino, de juez con valores que lo trascienden.

6- Ética absoluta Vs Ética relativa. Ética universal Vs Ética socialmente inmanente

Ética universal: Normas de conducta cuyo fin es el crecimiento  y desarrollo del hombre.

Ética socialmente inmanente: conjunto de normas de cualquier cultura que contiene prohibiciones y mandatos que son solamente necesarios para le funcionamiento y la supervivencia de esa sociedad particular.

La contradicción entre la Ética socialmente inmanente y la Ética universal se reducirá y tenderá a desaparecer en el mismo grado en que la sociedad llegue a ser verdaderamente humana, vale decir, se preocupe por el pleno desarrollo de todos sus miembros.