Tal vez el narcisismo esconda un gran complejo de inferioridad. Sin embargo, soportar a personas narcisistas no solo puede ser agotador, también se corre el riesgo de ser explotado por estas personas.
La actitud narcisista a veces se convierte en una auténtica pesadilla para quienes la sufren de manera directa. Es muy complicado lidiar con esa paradoja que está implícita en este tipo de personas. Ellos inflan su ego hasta un grado superlativo. Al mismo tiempo son frágiles y vulnerables como un niño. Bajo esa aparente supra valoración solo se esconden inseguridades y sentimientos de inferioridad.
Quien sostiene una actitud narcisista es extremadamente dependiente de la opinión de los otros. Solo se siente bien si recibe manifestaciones de admiración y aprobación. Pero en cuanto aparece alguna crítica, inmediatamente se derrumban. Sus reacciones van desde tener una explosión de ira y ser agresivo con los demás, hasta sufrir una implosión de esa ira y tornarse taciturnos y radicalmente silenciosos.
La víspera de Nochebuena de 1888, Vicent Van Gogh se cortó una oreja tras una fuerte discusión con su admirado Paul Gauguin, un suceso que marcó profundamente al artista holandés cuya condición psicológica empeoró en el año y medio que le restaba antes de acabar con su vida de un disparo. Lo que podría haberse quedado en una anécdota truculenta se ha convertido en un símbolo del lado más oscuro del pintor, que poseía un talento tan desbordante como lo era su fragilidad mental,
Su enfermedad todavía continúa planteando preguntas y ha generado muchas especulaciones", apuntó a Efe la comisaria de la exposición, Nienke Bakker, quien recalcó que las obras del pintor "no deben ser vistas como el resultado de su enfermedad, porque pintó a pesar de ella". Van Gogh sufría ataques que le afectaban varios días y se llegaban a prolongar durante semanas, durante los que se encontraba en un estado delirante y completamente confundido, sin saber lo que estaba haciendo y sin poder trabajar, explica Bakker. En uno de estos intensos momentos de manía, Van Gogh se cortó la oreja izquierda, pero no solo el lóbulo como se ha sostenido durante más de un siglo, sino prácticamente todo el apéndice, que entregó a una sirvienta y no a una prostituta.
Así lo atestigua un dibujo realizado por Felix Rey, el doctor que atendió al holandés tras el incidente, en una carta que ha sido recientemente descubierta por la investigadora Bernadette Murphy y que se expone en la muestra. Rey fue retratado por Van Gogh en uno de los lienzos que realizó tras regresar del hospital, cuando también dejó constancia de su mutilación en dos autorretratos con la cabeza vendada en los que el artista trataba poco a poco de "reconstruir los pedazos de su vida", según Bakker. "Después de su regreso a casa desde el hospital le interesaba hacer hincapié en su propio entorno y en la identidad, como si buscara tierra firme y tratara de encontrarse a sí mismo de nuevo", explicó.
La exposición incluye diversas piezas artísticas, documentos y objetos que permiten profundizar en los últimos 18 meses de vida del artista, un recorrido que contradice la idea de que las creaciones de Van Gogh eran producto de su locura. "Uno de los mayores malentendidos sobre Van Gogh es que el arte era producto de su enfermedad o de su locura. Esto no era así", recalcó la comisaria. "Campo de trigo con cuervos" y "Jardín del asilo" son dos de esas obras que "revelan su lucha contra la enfermedad y que su trabajo se había convertido en su único salvavidas", según Bakker, y que pueden visitarse en la exposición, abierta hasta el 25 de septiembre.
Van Gogh recibió diferentes diagnósticos a lo largo de su vida, según cambiaban los avances médicos, como epilepsia, esquizofrenia, neurosífilis, psicopatía y trastorno bipolar, entre otros. Sin embargo, "nunca se ha llegado a una conclusión general y precisa" sobre el mal que le aquejaba, según la especialista, quien detalló que el museo pretende hoy "averiguar si es posible llegar a un acuerdo y presentar un diagnóstico general que pueda abarcar las diferentes teorías" y esclarecer el enigma de su enfermedad.
Ni la última pintura que realizó el artista holandés, "Raíces de árboles", ni ninguno de los lienzos que realizó durante los últimos y convulsos meses de su vida en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole o en Auvers anticipaban el trágico desenlace del artista, apuntó Bakker. En una carta escrita meses antes de su fallecimiento, Vicent explicaba a su hermano y protector, Theo, que "sabía que uno podía romperse los brazos o las piernas y, después, mejorar, pero no sabía que uno podría romperse el cerebro y, después, mejorar también". Pero una nueva crisis hizo pronto que Van Gogh perdiera la esperanza de sanar.
La muestra se cierra con el revolver oxidado con el que supuestamente el artista se quitó la vida en 1890, apenas dos meses después de salir del sanatorio, que fue encontrado setenta años después por un agricultor en los alrededores de Auvers. Sus últimas palabras, en una carta inacabada para Theo marcada por salpicaduras de sangre, es su último testimonio: "He arriesgado mi vida por mi propio trabajo y mi razón se ha medio hundido en ello".
El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.
Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, el patrón del grupo, estoy salvado: salvado de mi temible experiencia de la soledad.
La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos- y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-.
“Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo, quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo”.
Todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.
El hombre se convierte en “ocho horas de trabajo” […] Tiene muy poca iniciativa, sus tareas están prescritas por la organización del trabajo […] Aún los sentimientos están prescritos.
Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?
Charles Baudelaire fue el poeta precursor de simbolistas, parnasianos, modernistas, de la vanguardia latinoamericana y de todo poeta maldito. Su influencia traspasó el mundo de la poesía y cambió la mirada estética general.
Su libro Las flores del mal (1857) es considerado uno de los más revolucionarios y provocadores del siglo XIX. Es un libro que proclama una belleza diferente, a veces perturbadora. Canta a lo efímero, lo que se descompone, a lo urbano y sus habitantes anónimos, a la moral ambigua que se pregunta por el remordimiento y a todo lo marginado y lo tabú (el vino, las prostitutas, los mendigos, el amor lésbico, el sexo).
. El gato
La imagen del gato atraviesa el poemario de Las flores del mal. Esta imagen crea una asociación insólita que pide que miremos el oficio poético de una manera diferente. El gato implica lo voluntarioso, lo caprichoso, lo que no se controla, pero también la gracia y la sensualidad.
A través de él, Baudelaire nos habla de una visión del arte asociada a la magia y lo divino, que nos recuerda el gato como dios egipcio, y, como tal, remite a la perfección, la armonía y la proporción. También habla de la necesidad de la poesía como un bálsamo para la vida del poeta.
Conferencia anunciada bajo el título La formación del yo según Lacan (El estadio del espejo) y leída en la sede de la Escuela de Psicoanálisis de Ibiza el 22 de Octubre de 1992 a las 20:30. Publicada en 7 Conferencias del ciclo Psicoanálisis a la vista, Escuela de Psicoanálisis de Ibiza, Eivissa, Junio de 1993.
Introducción
El objetivo de esta conferencia es presentar a Jacques Lacan y su obra. Lacan fue un psicoanalista francés que revolucionó el mundo del psicoanálisis proponiendo formulaciones nuevas y maneras distintas de enfocar problemas antiguos. Puede decirse que nadie ha tenido, después de Freud, tanta influencia sobre la teoría analítica: hoy día poco se publica en psicoanálisis que no la recoja, reconociéndolo o no. Vamos a intentar aquí un esbozo de aproximación a su producción presentando su estadio del espejo, no sin antes dar un repaso breve a su vida y a su obra.
1. Lacan
Jacques Marie Emile Lacan nace en París el 13 de Abril de 1901,[1], en una familia católica. Educado por los jesuitas, estudia medicina, especializándose en psiquiatría. En 1932 defiende su tesis, De la psicosis paranoide en su relación con la personalidad,[2] que marca su entrada en el campo analítico. Asociado a la Sociedad Psicoanalítica de París, la única en ese momento existente en Francia, interviene activamente en su funcionamiento desde su fundación. En 1951 empieza un seminario sobre el caso Dora que se dicta en su casa y al cual asisten unos veinticinco analistas en formación.
El 16 de Junio de 1953 un grupo de analistas (entre los que está Lacan) abandonan la Sociedad Psicoanalítica de París para crear la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, debido a divergencias de política interna con el grupo mayoritario de la Sociedad. Ese mismo año Lacan dirige el seminario de estudios freudianos, dedicado en 1953-54 a Los escritos técnicos de Freud,[3] que continuará anualmente durante casi toda su vida. La nueva sociedad se enfrenta a un reconocimiento que no acaba de llegar por parte de la Asociación Psicoanalítica Internacional: la única sociedad reconocida por la Internacional era la Sociedad de París. Alrededor de 1963 la Internacional plantea sus condiciones para la admisión de la nueva sociedad: Lacan debe ser inhabilitado como docente y didacta. Un comité formado por compañeros y analizantes de Lacan vota por escasa mayoría la inhabilitación de Lacan; Lacan, con el que estaban muchos analistas y buena parte de los alumnos de la Sociedad, responde dimitiendo.
Después de unos meses de incertidumbre, Lacan funda en 1964 la Escuela Freudiana de París. Esta vez Lacan, que ya no busca el reconocimiento de la Internacional, es amo de su propia escuela, que movilizó a la intelectualidad francesa desde su fundación hasta su disolución por Lacan a mediados de 1980. Lacan abre su seminario al público, dirige la Escuela que ha creado, interviene en la Universidad creando un departamento de Psicoanálisis, publica, interviene en congresos, etc. En el momento de su disolución, la escuela contaba con más de mil miembros.
Poco antes de morir, Lacan funda sobre los restos de su anterior escuela la Escuela de la Causa Freudiana, que dejará en manos de su yerno y albacea literario, Jacques-Alain Miller. Lacan muere en París el 9 de Septiembre de 1981.
2. Su obra
Describir la obra de Lacan no es fácil. No existe edición alguna de sus obras completas, como es el caso con Freud. Muchos de sus artículos se publicaron en revistas ya desaparecidas, y son, por tanto, casi inencontrables; en cuanto a su seminario, está en proceso de publicación[4] (8 volúmenes en francés de 27, siete de ellos traducidos al español). Lacan publicó en 1966 una selección de sus escritos, que tituló justamente «escritos» (hay traducción española en la editorial Siglo XXI)[5] y contienen lo que se considera fundamental de su obra y es en cualquier caso material imprescindible de referencia para introducirse a su lectura. Densos, difíciles y brillantes (Lacan fue calificado en más de una ocasión de Góngora del Psicoanálisis por el preciosismo de su escritura), plantean los fundamentos de lo que se desarrollará con mucho más detalle en los seminarios.
Hablar del seminario de Jacques Lacan es hablar también del fenómeno cultural que supuso en Francia. Desde el principio, Lacan supo atraer a las mentalidades más brillantes del París de su época: citemos a Claude Levi-Strauss, Jean Hyppolite o Henry Ey como ejemplo. A partir de 1964, año de la fundación de la Escuela Freudiana, son abiertos al público: más de 500 personas, todas con su grabadora para no perder palabra de lo que dice Lacan, llegan a agolparse en salas previstas para no más de 200. Entre sus alumnos se cuenta a Deleuze, Guattari, Foucault, etc.: la mayoría de los intelectuales de su generación pasaron en un momento u otro por el seminario. Lacan lo realizó año tras año desde 1953; durante casi veinte años fue semanal. Seguir su proceso es seguir la evolución del pensamiento de Lacan; saltándonos forzosamente muchas cosas, podemos dividir su enseñanza en tres periodos, aun cuando sean en algo artificiales, pues en muchos casos la elaboración de los temas que les asignamos se solapan en el tiempo.
En el primer periodo, bajo la consigna del retorno a Freud,[6] Lacan reinterpreta los textos freudianos, utilizando referencias tomadas de la filosofía y la lingüística. La tesis de Lacan es que Freud hubiera escrito de un modo completamente distinto si hubiese dispuesto de las herramientas conceptuales de la lingüística, demasiado nueva en tiempos de Freud para que pudiese aprovecharla. Así, resalta que al interpretar los sueños, Freud trabaja con textos (el relato del sueño) compuestos de palabras, y que solo sobre esas palabras realiza las operaciones que conducirán a la interpretación, que a su vez está compuesta por palabras. Lacan encuentra en las operaciones de condensación y desplazamiento de Freud las figuras de la metáfora y la metonimia; y no se trata de simples cambios de nomenclatura o juegos de palabras: aplicando los conceptos que encuentra en Freud y los que él mismo desarrolla, Lacan realiza la crítica de la literatura analítica de su tiempo, para mostrar sus impasses conceptuales y cómo desde su perspectiva muchos de esos impasses son solventables; a la vez, su conceptualización le permite señalar puntos de la teoría freudiana que, siendo esenciales, habían sido olvidados, por difíciles o por incomprendidos.
De este primer periodo son algunas de sus formulaciones más conocidas: el inconsciente es el discurso del Otro, o el deseo del hombre es el deseo del Otro, o el inconsciente está estructurado como un lenguaje; aquí empieza también la construcción de una de sus teorías más fecundas, la de lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, cuya elaboración no abandonará en toda su vida. Cuando hablemos más tarde del estadio del espejo tendremos ocasión de encontrarnos con lo Imaginario. Habremos de mencionar también los análisis que realiza Lacan sobre las relaciones entre el amo y el esclavo según Hegel, su aproximación a lo que podría ser la Ética del Psicoanálisis[7] en el seminario que lleva ese nombre, y la teoría del yo escindido cuyo esbozo daremos.
La segunda época de la enseñanza de Lacan podría denominarse el periodo de los matemas. Lacan se cuestiona continuamente: ¿es el Psicoanálisis una ciencia? Para medir la posible respuesta, Lacan se interroga sobre la estructura de las ciencias, y se propone encontrar un medio de explicar el Psicoanálisis que lo haga universalmente transmisible, condición de la ciencia moderna. Para tal fin, Lacan recurre a las Matemáticas, la Lógica y la Topología, buscando en sus aparatos conceptuales elementos que puedan servir para la construcción de fórmulas que definan lo esencial de la teoría analítica. El empeño, obviamente, es arriesgado. Además, es claro que siendo el psicoanálisis una práctica además de una teoría, y siendo esa teoría, porque interpreta, incomprensible en su totalidad sin el ejercicio de su práctica, no puede hacerse un matema de todo el psicoanálisis; tampoco es que Lacan lo pretenda. Sin embargo, su uso de fórmulas y referencias topológicas es extremadamente polémico, pues no es conforme a las reglas de las ciencias de las que las toma prestadas; por otra parte, a Lacan le sirven para decir toda una serie de cosas, nuevas y muy útiles, sobre el psicoanálisis, haciendo avanzar así su teoría. De esta época son los matemas del deseo, la demanda, el fantasma, el Edipo, la sexuación, etc., los cuatro discursos, y algunas fórmulas paradójicas como no hay acto sexual,[8]no hay relación sexual, o La mujer («la» con mayúscula) no existe.[9])
En sus últimos años, Lacan se dedicó a volver sobre su propia teoría, especialmente sobre lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, para, con ayuda de la topología y la teoría de nudos, intentar una metaformalización. Dio mucha importancia al nudo borromeo: se trata de una figura compuesta por tres redondeles entrelazados entre si de tal modo que si uno de ellos se corta, los demás quedan libres, sin estar ninguno enlazado a otro más que por la estructura de la unión de los tres. El estudio del nudo borromeo le permitió intentar situar lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, y, en sucesivas aproximaciones, el objeto a, el síntoma, y otros elementos de la teoría.
Figura 1. El nudo borromeo.
Lacan viene precedido de una reputación de difícil a la que nunca dejó de hacer honor, probablemente para preservar su teoría de una vulgarización similar a la que sufre la obra de Freud. Su lectura, en efecto, no es fácil, pero tampoco lo es la de Freud en absoluto, aunque pueda parecerlo. Lacan consigue así que sea evidente lo que en Freud debe aprenderse, su dificultad, lo cual tampoco está exento de peligros: pues si de la lectura de Freud uno puede «entender» sus análisis de casos suponiendo de relleno a la teoría, en el caso de Lacan la brillantez de sus fórmulas más paradójicas puede llevar a repeticiones de tipo religioso. En cualquier caso la amplitud y riqueza de sus referencias ha seducido a muchos, y es estudiado hoy, aparte de por los psicoanalistas, por filólogos como teórico del lenguaje y práctico del comentario de textos, por sociólogos por su teoría de los cuatro discursos, por el movimiento feminista por sus teorías sobre la diferencia entre los sexos y la mujer, por los filósofos, etc.
3. Introducción a la teoría del sujeto en Lacan
Introduciremos ahora la teoría del yo en Lacan, antes de centrarnos en el estadio del espejo, fijando nuestra atención en una frase que se encuentra al principio del artículo donde lo expone y que puede parecer enigmática, aunque se aclara en desarrollos posteriores. Refiriendose a la experiencia del yo en psicoanálisis, Lacan dice: «Experiencia de la que hay que decir que nos opone a toda filosofía derivada directamente del cogito».[10] Al nombrar el cogito, Lacan se refiere a la conocida frase de Descartes en el Discurso del Método pienso, luego existo, que en Latín es justamente cogito, ergo sum. Tenemos pues
cogito, ergo sum,
que equivale a
pienso, luego existo,
o bien
pienso, luego soy,
o, para señalar los sujetos,
yo pienso, luego yo soy.
Lacan señala la diferencia entre el sujeto del enunciado y el de la enunciación: por ejemplo, cuando se dice yo miento no se incurre en ninguna paradoja, pues quien dice yo miento no es el mismo yo que miente (de lo contrario, esta frase, que tiene sentido para cualquiera, sería efectivamente una contradicción: si yo miento al afirmar que yo miento, digo la verdad, lo cual es imposible, pues lo que digo es que miento).
Yo digo: «Yo miento». No hay paradoja ni contradicción.
De un modo similar, en la frase de Descartes yo pienso, luego yo soy nadie garantiza que el yo que piensa sea el mismo que el yo que es. La formulación clásica conecta el yo pienso con el yo soy mediante un luego, que, en este contexto, equivale a una implicación, lo que en lógica formal se escribiría
«yo pienso» → «yo soy»
y se lee «“yo pienso” implica que “yo existo”», o sea yo existo porque pienso. Vemos así que yo soy y yo pienso están conectados por un operador lógico; sin embargo, la demostración cartesiana está basada en no diferenciar entre el yo del soy y el yo del pienso, lo cual le permite y le fuerza a escribir su luego: el luego es pues la indiferenciación de los dos sujetos. Si ésta es cuestionada, cabe preguntarse por una nueva forma lógica que pueda conectar a esas dos frases. Una posibilidad consiste en pensar en una relación de inclusión: así, una manera de interpretar la frase es
yo pienso: «luego yo existo»,
es decir, lo que pienso es la frase «luego yo existo», con lo que «yo existo» es parte de lo que pienso. Otras posibilidades serían la alternativa
yo pienso o yo existo
o la disyunción
yo pienso y yo existo.
El conector lógico que Lacan elige para entender la frase desde la perspectiva de la experiencia psicoanalítica es sin embargo la operación booleana del o exclusivo: el o exclusivo es aquel que aparece en frases del tipo «o una cosa u otra», siendo una cosa y otra mutuamente excluyentes, como en
o vienes o te quedas,
donde es imposible que pueda a la vez venir y quedarme. Transformado así, el cogito es ahora
o yo pienso, o yo existo,
que equivale a
o no pienso, o no existo,
o, para utilizar una formulación de Lacan más elegante:
pienso donde no soy, soy donde no pienso.
Lo que equivale a decir que donde soy el sujeto del inconsciente, ahí no pienso, piensa si acaso el inconsciente, piensa el eso, pero no yo; y donde yo pienso, ahí el lugar de mi ser está vacío, ese yo que piensa está, como veremos, fundamentalmente alienado en el otro lado del espejo: no está, de ese ser no hay nada. Lacan llegará a decir que pienso en el lugar del Otro, que soy pensado. Esto quedará más claro al estudiar en seguida en estadío del espejo. Hemos presentado hasta aquí uno de los conceptos lacanianos fundamentales, el del sujeto dividido, barrado o escindido, que él escribe con una S mayúscula tachada para indicar así su división.
Figura 2. Símbolo lacaniano del sujeto barrado.
4. El estadio del espejo
Lacan basa su teoría del estadio del espejo[11] en la siguiente observación: la cría de hombre, a una edad en que se encuentra por poco tiempo, pero todavía un tiempo, superado en inteligencia instrumental por el chimpancé, reconoce ya sin embargo su imagen en el espejo como tal. La edad en cuestión va desde los seis a los dieciocho meses, y Lacan observa que el reconocimiento va acompañado siempre de una expresión jubilosa en el niño. A los seis meses, el niño puede ser todavía un lactante, y desde luego no coordina su cuerpo lo suficiente como para dominar su postura; sin embargo, si tiene un espejo cerca puede sentir interés como para gatear o arrastrarse hasta encontrar una posición que le permita obtener del espejo lo que Lacan llama una imagen instantánea de si mismo.
Lacan analiza el contraste entre la impotencia motriz y la dependencia de la lactancia, por una parte, y el hecho de que su imagen especular sea asumida jubilosamente, por otra. Analiza la prematuración biológica del niño, esto es, el hecho de que la cría del hombre nace prematura, en el sentido de que muchos de sus rasgos son al nacer y durante un cierto tiempo todavía fetales, y sus consecuencias en cuanto a la duración de la situación de desvalimiento en que el niño se encuentra, mucho mayor que en cualquier otra especie, para introducir la noción de cuerpo fragmentado, que viene a describir la impotencia de coordinación motriz del niño. Basta observar el pataleo descoordinado de cualquier bebé y pensarlo en relación con el deseo que lo anima para encontrar feliz el termino lacaniano.
Tenemos pues un niño sumido en la descoordinación motriz, en el cuerpo fragmentado. Cuando se mira en el espejo, sin embargo, se mira con sus ojos, que resultan no estar afectados por la prematuración, y, observa Lacan, su expresión es jubilosa. Y es que se reconoce; o mejor: reconoce su imagen como tal en el espejo. Y aquí viene el punto clave de la argumentación: aquel que el niño mira y reconoce, ese que le imita tan bien, y que tarde o temprano descubrirá que es él mismo, o su imagen, para hablar propiamente, ese no descoordina, no tiene cuerpo fragmentado, eso — es para él: su imagen se le aparece entera, dotada de una unidad que él no puede atribuir a la percepción de su propio cuerpo. De aquí se deriva el contento del niño y toda una serie de otras consecuencias.
En efecto: ese otro que le mira tras el espejo y que le cautiva, pronto aprenderá que es él, incluso se le dirá: «Mira, ese eres tú» señalándole la imagen. Imagen entera de un cuerpo que no se percibe como siendo entero, imagen que anticipa una maduración del dominio motriz que por el momento no se tiene. «Eres tu»: imagen pues de mí, imagen de mi yo, imagen del yo. La primera identificación, dice Lacan, imaginaria. Ahora bien, en Freud el yo es justamente eso: una superposición de identificaciones imaginarias. De donde Lacan deduce: esa primera identificación ante el espejo es clave para la formación del yo, es literalmente originaria y fundadora de la serie de identificaciones que le seguirán luego e irán constituyendo el yo del ser humano.
Sin embargo, a la vez que originaria, esa primera identificación es en sí profundamente alienante: para empezar, el niño se reconoce en lo que sin duda alguna no es él mismo sino otro; en segundo lugar, ese otro, aun si fuese él mismo, está afectado por la simetría especular, condición que luego se reproducirá en los sueños; en tercer lugar, aquel que se reconoce como yo no está afectado de mis limitaciones, él no tiene los problemas que yo tengo para moverme. Aquí Lacan dirá: esa es la matriz del yo ideal; y: eso jamás se alcanza, a ese lugar tras el espejo en el que todo va bien solo podrá tenderse, a lo sumo, asintóticamente.
Figura 3. La curva representada por la línea gruesa es asintótica respecto del eje horizontal: cada vez se acerca más, pero nunca llega a alcanzarlo. Se dice que lo alcanza en el infinito; para nosotros: en la muerte.
Punto ideal, pues. Y matriz de todas las identificaciones que vendrán luego: cualquier otro a quien yo ame en algo, aquel a quien vea con buenos ojos, narcisismo ya desde Freud, estará para mi en el lugar de esa imagen alienante en la que confluyen mi ideal del yo y mi cuerpo sin fragmentar. Es por eso que Lacan puede decir en La agresividad en Psicoanálisis[12] que en el momento en que al otro ya no lo amo sino que deseo agredirlo lo que está en la base de mi agresión es el retorno a mi cuerpo fragmentado: en el momento en que ya no se sostiene la identificación con el otro, la imagen falla.
Este es, a grandes rasgos, el estadio del espejo. Haberlo introducido nos permitirá ahora realizar una discusión breve del mismo y mencionar su relación con la concepción lacaniana del otro.
5. Discusión
Se plantea una duda: ¿Qué sucede entonces si el niño, por alguna circunstancia, no se encuentra con ningún espejo en la edad en la que, según la descripción, debería pasar por su estadio? Después de todo, el espejo es un invento relativamente moderno. La respuesta es sencilla, pues no sucede nada distinto; en primer lugar, la identificación que describimos puede también producirse con otro, por ejemplo con la madre; por otra parte, la descripción procurada es una construcción en el sentido psicoanalítico, que sirve de apoyo para comprender la estructura del yo y de la identificación con los semejantes, no un hecho histórico por el que todo ser humano tenga que pasar.
Cabe preguntarse también por la relación entre el estadio del espejo y los estadios libidinales del desarrollo tal como se conocen desde Freud (las etapas oral, anal, fálica, etc.). El hecho es que Lacan no inserta su estadio en esa cadena, con la que por otra parte será muy crítico durante toda su vida. En este sentido, respondemos a la pregunta del mismo modo que a la anterior: se trata de una construcción puramente estructural, no una descripción para poder decir luego «he regresado al estadio del espejo».
La elaboración de la figura del otro (y más tarde del Otro con mayúscula o gran otro) es capital en Lacan. El otro, en tanto viene a ser otro como yo, mi semejante, como se dice, viene a ocupar precisamente el lugar que mi imagen ocupaba en el espejo, en el sentido de que por ser la experiencia del espejo formadora, simplemente no hay otro lugar. Explicación luminosa del aspecto narcisista de toda identificación, a la vez que introducción de la temática de alienación en la captura por la imagen del otro; recordemos que ese lugar es a la vez el de mi imagen y el de mi alienación y mi desconocimiento: ese es el lugar, el de mi desconocimiento, que viene a ocupar el otro. Y de ahí me vendrá, de lo que el otro es, sabe y dice, pero yo desconozco, lo que yo creeré ser, querré saber, y pensaré pensar, pensando pero sin ser, o siéndolo sin pensar.
6. Para terminar
Esto es lo que quería decir para introducir el pensamiento de Lacan y su estadio del espejo. Solo me queda, antes de disponer el turno de preguntas, animar a quien no lo haya hecho todavía a ir a buscar en los textos de Lacan lo que hemos presentado aquí. Si lo hacen, me atrevo a asegurarles que disfrutarán con su lectura, ya que su prosa es magnífica; y este texto, el del estadio del espejo, pues bien, a pesar de la fama de Lacan, éste no es difícil.
Barcelona, 1-14 de octubre de 1992
Notas
1 La mayoría de la información que sigue está sacada de Lacan: Itinerario de su obra, de Marcelle Marini (Nueva Visión, Buenos Aires, 1989) bastante crítica con Lacan y con su escuela, y de Escisión, Excomunión, Disolución, recopilación erudita de orientación hagiográfica de Jacques-Alain Miller (Manantial, Buenos Aires, 1987). Los dos son útiles como referencia. ↩ 2La psychose paranoïaque dans ses rapports avec la personalité, Le françois, 1932 (Hay traducción española en Siglo xxi, México, 1976). Que ese escrito marque su entrada es su propio comentario, Cf. sus escritos (Siglo XXI, 15ª Edición corregida y aumentada, 1989; primera edición en francés: écrits, Éditions du Seuil, 1966), «De nuestros antecedentes», nota al pie de la página 59. ↩ 3El Seminario de Jacques Lacan. Libro 1: Los escritos técnicos de Freud. 1953-1954, Barcelona, Paidós, 1981. La introducción al seminario es del 18 de Noviembre de 1953. ↩ 4 No podemos evitar reunir aquí nuestra protesta con la que ya es clamor entre los lectores de Lacan por el secuestro al que su albacéa literario tiene sometida la publicación de los seminarios todavía inéditos: desde 1975, año de la publicación en francés del xx, solo hemos podido leer los vii, xvii y viii (este ultimo todavía no traducido al español). Como todavía faltan más de veinte, y suponiendo que desde el xxii ya estaban publicados en revistas y solo falta editarlos como libros, un simple cálculo sitúa de todos modos casi a mitad del próximo siglo el final de su publicación. Y si no podemos presuponer nada sobre la esperanza de vida (queremos decir la suya propia) de J.-A. M., la nuestra no nos parece tan holgada... ↩ 5 Jacques Lacan: Escritos. Ver nota 2. ↩ 6 En los primeros números del Seminario. ↩ 7 Seminario vii, Paidós, Buenos Aires, 1988. ↩ 8 Seminario xiv, La lógica del fantasma, no publicado en España. ↩ 9 Por ejemplo en el Seminario xx, Aún, Paidós, Barcelona, 1981. (El título en francés es Encore, de lo que Aun no es una traducción muy correcta. Lo serían más o todavía. ↩ 10 Para esta discusión hemos consultado al artículo de Serge Cottet titulado Pienso donde no soy, soy donde no pienso, contenido en la recopilación Presentación de Lacan dirigida por Gérard Miller (Manantial, Buenos Aires, 1988), y una versión anónima de La lógica del fantasma. ↩ 11El estadio del espejo como formador de la función del yo [Je] tal como se nos presenta en la experiencia analítica, Escritos, edición citada, pp. 86-93. Los pasajes en cursiva están tomados del texto. ↩ 12Escritos, edición citada, pp. 94-116.