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Paz y Ciencia

lunes, 22 de mayo de 2017

Estamos todos locos

La normalidad asediada

"Normal" puede parecer una palabra asequible, confiada en su popularidad, segura de su preponderancia sobre lo que es anormal. Definir normal debería ser fácil y ser normal debería ser una ambición modesta. No es así. La normalidad ha sido asediada terriblemente y se ha visto tristemente reducida. Los diccionarios no pueden ofrecernos una definición satisfactoria. Los filósofos discuten sobre su significado, los estadísticos y los psicólogos la miden sin cesar, pero no logran captar su esencia, los sociólogos dudan de su universalidad, los psicoanalistas dudan de su existencia... y los médicos del cuerpo y de la mente se afanan en encontrar sus límites.
El concepto de normal está perdiendo todo sentido, basta con fijarse lo suficiente para que, al final todo el mundo esté más o menos enfermo.

Allen Francés. ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la psiquiatría
Allen Francés fue el coordinador del manual de enfermedades mentales DSM4

sábado, 20 de mayo de 2017

Nuestras Infancias Laura Gutman



Nuestras infancias

Las infancias que nosotros hemos vivido, han sido anti niños. Están alejadas del diseño original del mamífero humano. He allí el germen de todo el sufrimiento humano posterior. Para que los niños pequeños no suframos, necesitamos adultos que confíen en  nuestros reclamos, que serán siempre justos, necesarios, ecuánimes, precisos y legítimos. Si cada uno de nosotros hubiésemos sidosentidos por nuestra  madre, acompasados, sostenidos, abrazados, alimentados y acompañados en la frecuencia sutil en la que vivíamos, hubiéramos podido luego desplegar nuestra aptitud para amar, instantáneamente. No hay más secreto que ese. Los niños podríamos desarrollar nuestros talentos naturales, nuestra empatía y nuestro amor al prójimo espontáneamente, porque estamos diseñados así. Para que ello ocurra –insisto- solo precisábamos ser compensados milimétricamente.

En este punto, nos encontramos con el eterno problema del huevo o la gallina: ¿Cómo logramos tener un bebé satisfecho si nosotras las madres hemos experimentado una infancia horrible y no hemos sabido desplegar recursos para amar al prójimo –en este caso a nuestro propio hijo- dejando de lado todas nuestras necesidades no satisfechas en el pasado?. En mi opinión, podemos empezar por la gallina, es decir por nosotras las madres, mujeres ya adultas que –aunque hayamos tenido una infancia difícil- hoy sí contamos con recursos suficientes para decidir tomar conciencia sobre nuestra realidad interior, y luego –una vez que hayamos investigado, comprendido y abordado la dimensión de nuestro propio desamparo, o de la violencia recibida, o del abuso o de la ignorancia emocional o de la distancia a la que estuvimos sometidas siendo niñas- accionar a favor de nuestro hijo (o de quien sea), sabiendo que no podemos volver el tiempo atrás, pero sí podemos cambiar hoy, a favor de nuestro prójimo.

Laura Gutman

El Amor es el Centro de Nuestra Vida Laura Gutman



El amor es el centro de nuestra vida

Los seres humanos nacemos amorosos.
Ningún niño nace malo, déspota, violento, egoísta, perverso, tirano, avaro, ingrato ni miserable. No. Todos los niños nacemos con una exquisita capacidad para amar.
Pero también nacemos inmaduros, es decir “sin terminar”. Esa inmadurez nos obliga a la dependencia, tanto física como emocional. Para sobrevivir, necesitamos que alguien –en principio nuestra madre- esté en una sutil fusión emocional con nosotros, para que pueda percibir milimétricamente cada necesidad -por más invisible que sea para los demás adultos- y satisfacernos.

El confort que nos produce la respuesta intuitiva e inmediata de nuestra madre, los niños lo vivimos placenteramente, y eso lo interpretamos como: “me siento amado”. En cambio, cuando manifestamos alguna necesidad –insisto, por más mínima que sea, por ejemplo urgencia por estar en contacto corporal, urgencia por sentirnos seguros, urgencia por recibir caricias cuando la digestión duele, urgencia por sentirnos “sentidos”- pero mamá no responde porque no está en fusión emocional con nosotros, y “no nos siente”, eso significa que estamos fuera de nuestro confort. Esa falta de placer, la interpretamos como “desamor”.

Según el diseño original de la criatura de mamífero humano,  esto es un verdadero desastre ecológico. ¿Por qué? Porque hemos llegado a este mundo para desplegar nuestra capacidad de amar. Pasa que esa habilidad no podremos desplegarla durante la edad adulta, porque antes tendríamos que habernos sentido amados, seguros, confortables, atendidos, respetados y comprendidos….por otro. Ese nivel de confort no lo podemos resolver por nuestros propios medios porque –como he señalado- nacemos inmaduros. Precisamos que mamá lo resuelva. Si mamá no se hace cargo, entonces en lugar de relajarnos en el amor, vamos a desplegar mecanismos de supervivencia, que es el instinto superlativo. Haremos lo que sea con tal de sobrevivir. Esa lucha por la supervivencia, dejará a un costado cualquier circunstancia relacionada con el placer y el goce.

¿Por qué nuestra mamá no pudo satisfacer toda necesidad milimétrica que manifestamos siendo niños? Porque mamá ha tenido una infancia de desamparo y soledad –como mínimo- entonces también utilizó mecanismos de supervivencia cuando fue niña, y -en ese afán por sobrevivir- fue cortando los lazos hacia su propio mundo interior, para no sufrir. Resulta que la abuela materna la pasó peor, la bisabuela aún peor y así, en una cadena transgeneracional de dominación, luchas, guerras, conquistas y heridos por doquier.

¿Significa que si hemos tenido una infancia alejada de ese ideal, ya estamos condenados a perpetuar el desamor en el mundo? No. Pero será necesario accionar en sentido contrario.

Laura Gutman



lunes, 15 de mayo de 2017

Naturaleza del Deseo

El deseo es un flujo psíquico vigilado por prohibiciones, sometido a impulsos energéticos, tasador por la realidad, invocado por la fantasía, regulado por el placer y modulado por la respuesta de los demás. Censura, fuerza, realidad, imaginación, goce y amistad son, por lo tanto, los seis dueños del deseo cuyo difícil acuerdo nos exige compromisos que pueden ajustar o enrarecer el equilibrio personal [...]

Cuando falla el discurrir natural del deseo, siempre amenazado y vacilante, aludimos a distintos tipos de perturbaciones que irrumpen intempestivas. En unos casos, la mala distribución de los deseos se debe a conflictos internos, a una dinámica perturbada por fuerzas que se contraponen y que se avienen  mal con la realidad, con la moral y las ambiciones. Se habla entonces de neurosis. Otras veces, en cambio, el deseo se muestra desbocado, sin control, desvirtuado por el exceso o mala distribución de su energía, ajeno por su propia desmesura al marco de los compromisos. Decimos entonces, para ilustrar este desorden, que hay un trastorno pasional o una patología impulsiva. También llega a mostrarse, en sentido contrario, disminuido y hasta agotado, bien sea por escasa fortaleza o por mala economía, empadilecido, entonces, por el mal que genéricamente se ha llamado melancolía.
Por último, puede verse excluido de la escena psíquica porque ha perdido parcialmente la protección del lenguaje con el que obligadamente convive, quedando sustituido por manifestaciones pulsionales y circunscrito por el delirio. Si así sucede, desembocamos en el campo de la locura, en el terreno de la locura, en el territorio de la psicosis. En unos casos, por lo tanto, se altera la vida íntima del deseo. En otros, la fuerza que lo impulsa o el tamiz que lo refrena y filtra. En los últimos, finalmente, fracasa su asociación con el lenguaje que lo humaniza en compañía.

Fernando Colina: Deseo sobre Deseo.

lunes, 8 de mayo de 2017

Síntoma y Hermenéutica

Ser responsable es ser dueño de la acción. La culpa, en cambio, conduce a la pérdida de control, esto es, al exceso de actividad o a su inversa inhibición. Pues responsable  es el que puede ser titular de los propios actos sin necesidad de encadenarse a la opinión o a las convicciones. Distinguimos con facilidad a éste del culpable porque aquél inicia ante los esfuerzos del culpable porque aquél inicia antes los esfuerzos de reparación, mientras que el otro los paraliza para recrearse en su contración [...]

Fernando Colina. Melancolía y Paranoia

miércoles, 3 de mayo de 2017

Eneatipo Inconsciente

- No sabemos lo que es el ego y, por consiguiente, no nos damos cuenta de que vivimos plenamente identificados con este falso yo.
- Vivimos con el piloto automático puesto, reaccionando impulsivamente desde el egocentrismo.
- Al no ser conscientes no entendemos nuestros actos.
- Somos esclavos de nuestra mente. La tiranía de la ignorancia nos conduce al pensamiento negativo.
- Pensamos en el presente y el futuro. Olvidamos paladear el aquí y ahora (awareness).
- Adoptamos el rol de víctimas. Culpando a los demás.
- Necesitamos evadirnos y narcotizarnos.
-  Creemos que la vida no tiene sentido.

El Inconsciente de los estados de consciencia en el Eneagrama