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martes, 30 de mayo de 2017

Fernando Colina, psiquiatra: “¿Luchar contra el estigma? el mayor estigma lo provoca la Psiquiatría haciendo disgnósticos”



Este artículo me parece una verdadera joya pulida. Es verdaderamente clarificador, iluminador, erudito y, al mismo tiempo, claro, diáfano, profundo, sensato y basado en un amplio conocimiento literario y científico, así como, lo más importante, la experiencia del trato con el "loco".
Les animo a leerle porque es absolutamente imprescindible para conocer a fondo, y ponernos en la posición de profesionales y "locos". Un regalo de Fernando Colina. Jefe de Servicio del Hospital Río Hortega de Valladolid ("Alienistas del Pisuerga"). 

Rodrigo Córdoba Sanz





Podríamos decir que Fernando Colina no es un psiquiatra al uso. Más bien es un alienista que tras años de clínica y de escucha atenta y respetuosa defiende el derecho radical a estar loco. En el primer capítulo de su libro ‘Sobre la locura’ ya podemos tomar las principales coordenadas de su posición ética y su singular manera de entender la psiquiatría. Colina defiende el arte de no intervenir “como una pericia contemplativa que proviene de la capacidad de estar en silencio, de no hacer nada, (…) sin que ello signifique estar cruzado de brazos sino comprometido profundamente en el esfuerzo”.
‘Sobre la locura’ es uno de esos libros imposibles de leer lápiz en mano. Hay tantas frases que subrayar que es mejor no ensuciar el papel. Con una prosa impecable y una claridad meridiana el psiquiatra vallisoletano cose en su ensayo las relaciones que la locura mantiene con temas tan diversos como el secreto, la ternura, el amor o la inmortalidad. Quizá no serán esas las primeras palabras que vienen a la cabeza cuando se piensa en la llamada sinrazón. Es por eso que si algo consigue su libro es mostrarnos que es posible oponerse a las tendencias más conservadoras de la psiquiatría y arrancar de raíz muchos de los prejuicios que la ensombrecen. Desde La Casa de la Paraula hemos querido conversar con Fernando Colina sobre su última publicación y de otras ideas inspiradoras que relucen en su obra ensayística. 
¿Dónde ha aprendido usted a escribir así? ¿Así de bien, me refiero?
Para empezar yo creo que escribo mal porque no escribo natural sino forzándome mucho. Con el paso de los años he aprendido a corregirme. Ahora las frases me salen más limpias, menos rebuscadas, siempre y cuando tenga una frase corta. Para la frase larga soy bastante malo. Hay autores y escritores que escriben largo muy bonito. Para mí la escritura es algo que intento cuidar mucho. Me parece que si el contenido no está bien escrito no me sirve. En ‘Sobre la locura’ he hecho un esfuerzo especial porque como el libro era muy breve y conciso requería de cierta claridad. Como referencias he tomado la obra de Plutarco y también el Manifiesto Comunista del que siempre se ha dicho que su gran ineficacia, entre otras cosas, era porque estaba espléndidamente escrito, y es verdad. Pensé: como voy a escribir un panfleto voy a tomar ese modelo de tono (risas). Cuando escribo me gusta tomar como referencia algún autor. Si es frase muy corta Azorín, si es frase más rimbombante Ortega y Gasset, por ejemplo. Pero yo no soy un escritor natural. ¡Me cuesta muchísimo!. Escritor es el que escribe literatura.
¿Qué relación mantienen la escritura y la locura?
Realmente hay muchos enfermos que inmediatamente escriben. La escritura tiene muchas virtudes: una de ellas es la propiamente narrativa porque te ayuda a describir los hechos. Los psiquiatras muchas veces, siguiendo la línea lacaniana o la de Clérambault, interpretamos que lo que le ha pasado al loco es que se le ha interrumpido el lenguaje. Si tenemos en cuenta que el lenguaje es un instrumento lineal, discursivo, diacrónico, vemos que para un loco es muy difícil transmitir longitudinalmente las experiencias instantáneas que está teniendo. Esa transmisión no la hace verbalmente ya que le cuesta mucho hablar, sobre todo si hay otro. Muchas veces crea neologismos que son palabras escuetas. Estos se encuentran fuera de una sintaxis y de una frase pero el psicótico les da mucho significado y a lo mejor en esa palabra hay muchísimo contenido. El loco escribiendo consigue pasar el lenguaje a un medio más longitudinal, más cotidiano, más neurótico, más normal si se quiere.
Respecto a los neologismos José María Álvarez en el libro ‘Estudios sobre la psicosis’ comenta que se trata de palabras que sólo entiende quien las crea, no son palabras compartidas con otros locos.
Sí, se sobreentiende que lo que le ha pasado al psicótico es que se le ha roto el mundo del lenguaje. Su mundo no está revestido como el que tenemos nosotros en el que normalmente todo está envuelto en palabras. El loco, precisamente por esa ruptura, tiene que echar mano urgentemente a un mecanismo auxiliar. En la construcción y el encuentro de palabras nuevas, a las que da un significado muy distinto, personal y que no se puede transmitir, encuentra una ayuda un tanto artificial y un poco forzada. El problema del delirio es que para el psicótico es una herramienta muy buena pero no ayuda a hablar con él porque siempre es un lenguaje singular, propio. Por eso es importante intentar hablar con él procurando no interpretar el delirio, metiéndote un poco alrededor.
Usted es médico especialista en psiquiatría pero tiene entre tus referencias obras de la cultura, de la filosofía, del psicoanálisis. ¿Qué cree que enseña la cultura clásica al psicopatólogo actual?
Actualmente tener referencias diversas es algo muy raro debido a que probablemente se lea menos y la formación es muy distinta. Ahora la formación del psiquiatra es muy médica. Se viene con una carrera, se ha hecho el MIR, se tiene una especialidad y muchas veces muchos estudiantes acaban en psiquiatría un poco de rebote porque están más pendientes del sitio que quieren elegir que de la especialidad propiamente dicha. La búsqueda vocacional, si es que eso significa algo, se va perdiendo poco a poco. Hay poca gente que se presente al MIR ya con la idea específica de hacer psiquiatría y además con una corriente determinada en un sitio concreto. Existe algún caso pero no son la mayoría. En mi época, en cambio, la psiquiatría estaba dentro de la política, de la sociología, de la filosofía. Nosotros constituimos un grupo de psiquiatras con el que durante tres o cuatro años participamos en un seminario sobre Hegel con el filósofo Gómez Pin. Hoy eso sería completamente impensable. Y alguien se puede preguntar: ¿para qué sirve el pensamiento de Hegel, uno de los pensadores más abstractos y metafísicos, para el conocimiento de la psiquiatría? La lectura filosófica estaba permanentemente presente en la psiquiatría, eso era así hace tiempo atrás, pero ahora ha desaparecido. Siempre he tenido amigos muy cultos en el campo de la historia, de la filosofía, del psicoanálisis. Gracias a la conversación con ellos y a mis hábitos de lectura quizá podríamos decir que a lo mejor, globalmente, tengo un conocimiento superior a la media. O por lo menos puedo decir que ese conocimiento me permite saber un poco de qué están hablando los profesionales o los especialistas en campos de la filosofía o del lenguaje.
¿Para ser psicoanalista o psiquiatra uno debe aprender a divorciarse de la normalidad?
En ‘Sobre la locura’ comento que existen dos locuras. Los primeros terapeutas de psicóticos siempre dijeron que hay que ser inconsecuente con los enfermos psicóticos porque cuando deliran tienen una lógica que se basa un poco en estar haciendo saltos como hace el caballo. Supongamos que estás hablando con un loco que te está afirmando que él no está enfermo y que además es el director del centro, que tu no eres nada. Le dices: “Vamos a tomar la medicación que estás mal”. Y tu podrías pensar: “ahora me va a decir que no”.  Pero inmediatamente dice: “Sí, que estoy muy nervioso, vamos a tomarla”. ¿Cómo se entiende esta respuesta de aceptar tomarse la medicación si hace un momento te acaba de decir que él no está enfermo, que él es el médico? Esa manera de plantear la cuestión sería una tentación para hacerle ver su contradicción pero es absurdo querer entrar por ahí porque precisamente él necesita esa contradicción mucho más aguda que la nuestra para mantenerse en un relativo equilibrio. Por eso comento en el libro que a su vez tienes tu que “enloquecer”, volverte un poco ilógico para no intervenir de entrada. La primera tentación ante un loco es interpretarle y hacerle ver que es inconsecuente pero ese no es el camino. En esos casos hay que dejarle hablar y acostumbrarse a hacer saltos de este tipo.
¿Ardua tarea esa?
No, cuando has pasado mucho tiempo con ellos y has hablado con muchos sale natural. De la misma manera que si te voy conociendo a ti iré entreviendo aspectos y vivencias tuyas, temas que te gustan o no te gustan. Con el paso del tiempo seré mucho más ágil en tratar de molestarte -si lo que quiero es molestarte- o de agradarte si lo que quiero es eso. Con los enfermos vas viendo que pasa una cosa parecida. De repente ves que hay lugares donde no puedes entrar. A partir de ahí, según vas conociendo a cada uno, ves que es distinto, vas metiendo menos la pata y por tanto el contacto se vuelve más natural. Quizá sea un contacto que no lleve a un gran discurso pero cuando un enfermo muy grave se te acerca y te dice: “¡Oye Colina!”, es que ya ha habido un contacto. Hay que tener en cuenta que los psicóticos te están observando y midiendo todo el tiempo para comprobar que su proximidad a ti no es hiriente ni agresiva. La dificultad es que muchas veces no sabes como es esa intimidad singular de cada uno y vas a ciegas.
En ‘Sobre la locura’ habla de este tema en el capítulo ‘Sobre la distancia’. Me vino a la memoria el dilema del erizo de Schopenhauer. ¿Cuál es la distancia adecuada en la relación terapéutica con los psicóticos?
Eso nunca se sabe pero es un problema. En el libro empiezo este capítulo con una imagen un poco taurina. Los taurinos, los buenos toreros que se sienten artistas, saben que para lidiar un toro cada animal tiene su distancia. Lo primero que hacen entonces es medirle, recogerle, hacer unos pases, tomar un conocimiento de cómo embiste y por donde. Qué terrenos y territorios de la plaza le gustan más para tratar de llevarlos a ellos. A algunos toros hay que torearlos de cerca y a otros de lejos. Ese es un buen torero lidiador, no un pega pases. Creo que la metáfora taurina vale un poco también para los enfermos pero en general para la vida, donde nos pasa algo parecido. Con los enfermos también tienes que ir mirando y midiendo. Hay locos a los que te puedes acercar mucho físicamente y otros con los que conviene mantener una distancia, cosa que va variando también dependiendo de los momentos. Cuando te cruzas con un psicótico en el pasillo que se encuentra en un cuadro agudo ya sabes que en algunas ocasiones hay que dar un paso y dejar un poco de espacio porque sino se puede sentir muy violento. A otros no pasa nada por darles una palmada en la espalda pero siempre hay que tener cuidado. A veces un gesto que se da con amabilidad, cordialidad y simpatía se puede interpretar de maneras muy distintas por un loco. Esta sería la distancia física pero existe también la distancia interior que todavía es más complicada porque ahí se juntan dos cosas: una es el grado de interés que tu estás teniendo, otra tiene más que ver con el deseo. El enfermo nota mucho tu interés y ese matiz de la distancia. Esa es una distancia más bien intelectual o de pensamiento, más de empatía o de contacto y luego sobre esa se dibuja otra que es la del deseo: ¿cuánto te quiero yo a ti? Ahí podríamos hablar de varias medidas desde la que nace de ese interés que tienes ante esa persona para ayudarle, del que además te cae bien, del que además es atractivo, del que además te puedes identificar por alguna cosa. Los locos saben captar muy bien todos esos matices. El encuentro con un loco es muy al descubierto por eso cuando escuchas un enfermo, en cierto modo, acabas buscando lugares de identificación y de captación. Sin decir nada parece como que te descubres y te descubren. Hay gente que te la puedes acercar mucho interiormente y otra no.
¿La posición hombre o mujer como se vive en el caso de una psicosis? ¿Qué papel tiene la feminidad en la locura?
El autor que mejor ha desarrollado este tema es Lacan. Los lacanianos dicen que en la psicosis hay un empuje a la mujer, como una búsqueda o un temor a una identificación femenina. En los psicóticos varones una idea que les pasa mucho por la cabeza es el sentimiento de homosexualidad o el insulto de que los han llamado homosexuales pero tiene más que ver con un problema de identidad. La diferencia sexual forma parte de la identidad de cada uno. En el caso del psicótico, como parece que esa identidad está rota, ese quiebre ocurre también en la identificación de cual es su elección sexual, suponiendo que eso sea obligatorio y no la bisexualidad. Todas esas teorías nacen antes de toda la nueva y complicada generación de múltiples identidades sexuales y toda la polémica entorno a la teoría queer.
El complejo de Edipo, por ejemplo, es una teoría que encaja muy bien en el hombre pero no tanto en la mujer. Todas estas teorizaciones encajan muy bien en el enfermo varón pero no tan bien en la mujer. ¿Cuál es el empuje a la mujer de la mujer? Eso ya es un poco distinto. Este tema se matiza también diciendo que en el delirio psicótico existe un goce permanente. Es por eso que muchas veces se dice que no sufren tanto como pensamos. El goce del loco, más que ser propio del principio de placer, más propio de los neuróticos, está siempre en una especie de omnipotencia. Ese es el otro goce sobre el que Lacan teoriza entorno al goce femenino.
En una entrevista usted dice: “Todos los malestares psicológicos pueden referirse, en última instancia, a dos ejes que englobarían la tristeza y la desconfianza, entendidas como categorías muy amplias”. ¿Qué quiere decir?
Hay dos maneras de entender todas las enfermedades y en general al hombre. O hacer muchas clasificaciones y buscar diferenciaciones y discontinuidades múltiples, como hace el DSM-IV, o buscar espectros o ejes. Cuando tu quieres entender a alguien teniendo en cuenta una profesión o una clasificación, y más todavía desde el punto de vista psicopatológico, hay que tener en cuenta primero la búsqueda de lo que tienen de común y lo que tienen de distinto. Sócrates lo cuenta muy bien en una frase que siempre cito del Fedro de Platón: “Si yo encuentro a alguien que busca la unidad y la multiplicidad le sigo como a un Dios”. El DSM-IV busca cantidad de multiplicidades y de discontinuidades, puede encontrar 400, pero no busca lo que tienen en común. Es más, cuando lo busca, como en el caso del trastorno bipolar, de repente encuentra trastornos bipolares por todas partes: desde que el paciente tiene una pequeña depresión a que tiene una psicosis maniaco-depresiva. En esa tipología de clasificación se ha buscado lo común pero no ha buscado lo distinto. Mi propuesta es que existen siempre dos ejes fundamentales: uno es la melancolía y el otro la paranoia; la tristeza se relaciona con el primer eje, la desconfianza con el segundo. Realmente todo el sufrimiento humano se puede recorrer a través de estos dos ejes. Después es evidente que se entrecruzan y hay que ir diferenciando. La desconfianza que tiene un paranoico es distinta de la desconfianza que tenemos nosotros en el trato cotidiano pero sin una desconfianza, un recelo, un secreto o una intimidad no eres persona ni sabes vivir. No puedes tener esa ingenuidad permanente ni puedes ser transparente continuamente para todo, entonces estás invadido. Esa desconfianza se hace máxima en un esquizofrénico o en un paranoico: el paranoico porque se cree que le persiguen y el esquizofrénico porque le quitan los pensamientos, le han puesto un aparato y le están imponiendo ideas ajenas. Con la tristeza hay una preocupación máxima, desde la tristeza de una depresión, la tristeza de una pérdida hasta la tristeza máxima de un melancólico. Pero luego se ve muchas veces que en el caso de un esquizofrénico por debajo hay una especie de melancolía profunda, hay un vacío, un desierto, no hay nada y aunque la manifestación de esa locura sea una manifestación muy irracional, muy delirante, en el fondo hay una soledad absoluta y plena como la que muestra cualquier otro melancólico. Quizá incluso más que otros melancólicos porque hay psicóticos maníaco depresivos que pueden llegar a tener una familia, unos hijos, una convivencia en sus fases buenas, mientras que el esquizofrénico no lo va a tener o no lo tiene casi nunca y si lo tiene es muy rudimentario. En mi propuesta de los dos ejes planteo que primero hay que ir a buscar lo que hay de común para después empezar a trazar diferencias.
Freud en una entrevista en 1926, ante una pregunta del periodista George Sylverster que le interroga sobre el interés de los americanos sobre el psicoanálisis, le suelta una frase que me parece muy lucida: “Creen comprender algo de psicoanálisis porque juegan con su argot”. ¿Ese sería una de las críticas que se le pueden hacer al psicoanálisis?
Creo que sí, sobre todo el de algunas ramas. Un problema del psicoanálisis actual es que las escuelas, algunas más que otras, se cierran mucho. Al cerrarse no admiten ningún tipo de disidencia y al no admitir eso no hay originalidad, hay que repetir sistemáticamente lo que orgánicamente les está permitido decir sino inmediatamente se los excluye como posibles rivales con cierta originalidad. Según te vas cerrando más el lenguaje se vuelve cada vez más complicado. Entender el lacanismo, en muchos casos, es prácticamente un ejercicio previo de lenguaje. Primero tienes que aprender a hablar en Lacan y luego puedes ver cómo se puede traducir eso en la vida cotidiana de la clínica. Se trata de un lenguaje muy enrevesado que muchas veces parece que en lugar de explicar cosas de la realidad de los enfermos se explican para sí mismos las distintas elaboraciones y diferenciaciones del lenguaje. Solo para ponernos de acuerdo en qué es la represión, la forclusión, la escisión o la supresión te puedes pasar las dos primeras horas y al final sólo estás hablando de terminología y no de cómo encuentras la represión en la clínica delante de una persona. De repente todo ese instrumento conceptual se convierte en el protagonista, absorbe la realidad y se convierte en algo muy endogámico, algo demasiado interno que agota el pensamiento. El propio Lacan fue una esponja de conocimientos de la cultura de la época, los absorbe de todos los lados, los engloba y formula su teoría a partir de saberes muy distintos. En cambio ahora entras en una escuela e intentas introducir conocimientos nuevos y te miran con cierto recelo como si estuvieras adulterando un conocimiento que tiene una pureza. Creo que estos son los males de las escuelas. También ayuda bien poco que la corriente psicoanalítica haya querido entrar en las instituciones como a enseñar. Un lenguaje tan complicado, sofisticado y tan ajeno a los hábitos del psiquiatra o del psicólogo de las instituciones, genera cierta distancia. El psiquiatra y el médico no se van a dejar enseñar así como así. A menudo se choca con la posición corporativa propia del médico que es quien cree tener el poder y la conversación con un psicoanalista dura dos días.
En una entrevista que le hace su colega José María Álvarez usted destaca que alguien que se dedique al mundo de la psique humana, o se sitúa teniendo en cuenta el pensamiento de Freud o se decanta por la vía biologicista o cognitivo-conductual. ¿Es así de tajante?
Creo que sí. Pero lo es en todos los campos. También ocurre en el de la filosofía o en el de la sociología. Se detecta inmediatamente aquél lector que ha incorporado el lenguaje psicoanalítico, no que lo utilice sino si ha leído o no a Freud, si ha incorporado su lenguaje en su sistema, si conoce todas las posibilidades del conocimiento de la persona y del sujeto que implica leer a Freud. Y no sólo en el ámbito psiquiátrico, también en el campo más epistemológico y del conocimiento. La psiquiatría, como siempre, está dividida en dos: una de sus ramas es más biológica, la otra es más hermenéutica, humanista o subjetiva. Una mira al cerebro y otra mira al sentido de las cosas y de la vida. Una mira la conducta y las neuronas y la otra mira al deseo y a la palabra para ver qué le pasa a la persona y lo que cuenta. A la segunda le interesa más lo biográfico que lo biológico.
Para marcar cómo se separan unos y otros la referencia freudiana es siempre muy útil. La psiquiatría biológica actual no es que desprecie a Freud, ¡es que directamente le hace desaparecer!. Cuando una corriente de conocimiento sencillamente ya ni le cita es algo muy sintomático. Ellos captan inmediatamente quien es el enemigo. El enemigo del trastorno bipolar y de los defensores del trastorno bipolar es que hay que leer ‘Duelo y Melancolía’ de Freud. Esas catorce páginas memorables sobre la tristeza humana y cómo entenderla no las conoce hoy en día casi ningún psiquiatra que termina sus estudios ni tan siquiera los tutores que le han enseñado. Sería absurdo pensar que un estudiante de filosofía no haya estudiado la obra de Platón, ¿verdad? Igual de absurdo es estar estudiando psiquiatría y no leer a Freud. ¿Cómo no vas a leer a Freud? Serás Freudiano, serás lo que quieras pero sino tienes esa herramienta mínima de cultura es como decir que no sabes quien es Kraepelin. Pues si estás estudiando psiquiatría y no sabes quien es Kraepelin eres un inculto o peor que un inculto: ¡tienes un desinterés máximo!
Freud es siempre el que marca la diferencia. Freud es un materialista, es un ateo y a la vez un científico que de repente descubre la subjetividad. Esta es la contradicción: siendo un materialista y científico, según está indagando descubre, precisamente, lo que más parece que se aparta de ese mundo. Foucault decía que el psicoanálisis está en un territorio intermedio entre las ciencias positivas y las ciencias humanas, es la articulación entre estos dos saberes. Este valor de articulación también serviría para responder a esto de que existe un valor de separación. Es con respecto a esto que te tienes que orientar. Si yo oigo a alguien que me viene hablando de cognitivismo de que es ecléctico y que hay una concepción global, bio psico sociológica de la enfermedad mental inmediatamente pienso: he aquí un biologicista o un cognitivo-conductual. No hay ninguna posición neutral ante esto. El que es neutral está en el campo del positivismo. No hay ninguna posibilidad de decir: tengo en cuenta todas las corrientes y las aúno. No, llega un momento en el que tienes que coger uno de los dos caminos. Después, claro está, en el camino que elijas hay muchísimas ramificaciones no tienes porque ser un dogmático ni ocultarte el otro camino pero está claro que ante eso uno tiene que tomar una inclinación u otra.
En su libro ‘Sobre la locura’ tiene un capítulo ‘Sobre la teoría’ en el que dice: “Conviene guiarse siempre por la convicción de que por mucho que sepamos de las psicosis sabremos muy poco sobre el psicótico que tenemos delante”. ¿Hace falta humildad para saber escuchar?
A un psicótico nunca lo acabas de entender. Por un lado hay que tener en cuenta el conocimiento, todas las teorizaciones y las comprensiones posibles, ver qué han pensado los demás sobre estas cuestiones. A partir de ahí es importante elegir un modelo propio para entender lo que te están diciendo. Sin un modelo, delante de un enfermo estás desnudo y no hay nada que hacer, siempre acabaras por un territorio extraño. Por otro lado, igual que en psicoanálisis se dice que tratas a tu psicoanalista como si tuviera un supuesto saber, delante de un psicótico hay que aceptar que no es el terapeuta el que encarna el supuesto saber sino que este lo tiene el loco y tienes que aceptar estar en una posición casi de enfermo, de analizante. El que sabe, aunque supuestamente ese saber se acompañe de una gran ignorancia porque está delirando, es el que tienes delante. Es él quien te va indicando y quien te dice: “¡no has entendido nada colega!”. Cuando te pregunta qué has entendido tienes que tener mucho cuidado antes de decirle: sí, lo he entendido. Cuando dices a un psicótico que lo has entendido es como si le dieras la puntilla. Lo cual no quiere decir que también le digas que no entiendes absolutamente nada sino que con cada persona tienes que tener un poco de cuidado y si te pregunta si le entiendes quizás antes de contestar que le entiendes perfectamente es mejor hacer una aproximación: me parece que te voy entendiendo; si sigues explicando un poco más a lo mejor lo completo un poco. Tienes que brindarle a él la posibilidad del saber. Luego puedes corregir, meter tus ideas y conducirle un poco hacia donde quieras, o devaluar un poco esa idea o hacerla compatible con otras pero no le puedes desautorizar en ese conocimiento. Al fin y al cabo tiene ese conocimiento porque él es quien te va guiando. Muchas veces se dice que con la psicosis maniaco-depresiva, la melancolía, la tristeza, se puede empatizar mejor porque todos hemos conocido o tenemos una experiencia de tristeza. A lo mejor te sorprende que una persona pueda llegar a ese extremo pero lo que te está diciendo lo englobas enseguida en una tristeza mayúscula. Cuando estás con una persona que de repente te dice que está oyendo voces y que le han puesto un aparato en la cabeza, en cambio, no tienes ninguna experiencia propia desde donde puedas partir para la comprensión de eso y hacer una comparación más simpática entre dos personas. En ese caso partes de nada y en ese partir de nada solo puedes tener el conocimiento anterior a ti de lo que leas y veas de lo que dice la gente y sobre todo de lo que te dice cada enfermo. Sus palabras son la mejor guía. Si en lugar de tomarle a él como guía se parte de una posición más autoritaria: “usted dice esto, yo soy el médico, le digo que esto es una alucinación y se tiene que tomar unas pastillas” pues ya vas mal. Allí estamos hablando de un poder frente a otro poder, un saber frente a otro saber y por tanto se ha roto la relación.
Freud definía la salud como “la capacidad de amar y trabajar”. ¿Cómo viven el amor los locos?
Mal. El problema es que el amor es una experiencia alejada de sus posibilidades. Retomando el tema de los ejes o una concepción más kleiniana, vamos a suponer, que de alguna forma todos estamos locos. Todos pasamos por una fase esquizoparanoide, de locura o de falta de identidad durante la infancia y progresivamente nos vamos haciendo neuróticos. El deseo empieza a funcionar dentro de la estructura neurótica: el deseo siempre es el deseo del otro. En la seducción, por ejemplo, yo busco que tú me desees, yo te deseo a ti, buscamos deseos comunes. Entramos en una rueda de un deseo tras otro que no termina nunca, nada más que con la muerte. Después de un deseo viene otro y de vez en cuando tienes desfallecimientos y estás triste, estás aburrido. Otras veces estás entusiasmado y te enamoras. Ese mundo de deseo está excluido de la psicosis. Un psicótico, pues, es una persona que en ese aspecto no tiene iniciativa, está inhibido, está arrinconado y no hace nada si no le dices nada.
¿Un loco no tiene deseo?
Si entendemos el deseo como deseo del otro, no. Claro está que tiene apetencias y deseos. Le pueden apetecer cantidad de cosas pero generalmente son apetencias inmediatas, con poca demora. Al deseo le pasa como al lenguaje: tiene que ser diacrónico. No puedes querer todas las cosas a la vez ni instantáneamente. En el caso de los locos es muy difícil que estén pensando en el mañana. Si quiere ir a una excursión, es como los niños, quiere ir ¡ya!. Su deseo tiene que ser de forma inmediata.
¿Entonces la concepción del tiempo, pasado, presente, futuro, cómo la viven?
De los locos se dice que viven en el instante, viven en una especie de presencia inmediata. Otros se quejan de que el tiempo se ha paralizado y se ha quedado detenido en un lugar. Lo que no hacen es hacer la diacronía de la que hablaba. Dentro de esa diacronía uno puede tener deseos materiales, sociales, intelectuales o de cualquier tipo pero el problema del psicótico es cuando alguien llega y le dice que le quiere. Ahí es donde fallan completamente porque la aproximación, el deseo del otro, no lo entienden, se convierte en un enigma y algo muy invasivo, muy paranoico. En ese aspecto se pueden volver muy desconfiados y atacar por eso se dice que hay que tener cuidado cuando le dices a un psicótico que le entiendes. Con las manifestaciones de afecto ocurre lo mismo, pueden ser muy mal interpretadas como acusaciones, como persecuciones o como intromisiones a su interioridad. Si tu ves a un esquizofrénico que viene cogido de la mano de su novio o de su novia y se están besando o teniendo manifestaciones de ternura algo no encaja. Un esquizofrénico por principio tiende a ser más bien una persona que tiende más a la soledad. Cuando tiene relaciones son muy distantes, muy raras de un equilibrio extraño y con personas muy particulares, claro.
¿Cómo afrontar el trabajo en el caso de un sujeto psicótico sin caer en una posición asistencialista o infantilizadora?
Ese es siempre el problema. Las unidades de rehabilitación funcionan generalmente bien porque les preparan bastantes actividades. La actividad para ellos es como una especie de precursor del deseo. Tener deseo de hacer algo, sean cosas materiales, mecánicas o de movimiento, ya es un paso adelante. El problema es que a veces a los locos se les tiene desde las ocho de la mañana haciendo cosas de una manera hasta estajanovista y exagerada. El loco también necesita períodos y ratos de soledad. En los lugares en los que esto se entiende bien también dan espacio y se les ofrecen esos lugares, rincones donde puedan estar su rato de soledad. Una soledad que, de alguna manera, necesitan para recomponerse y pensar en ellos mismos, sus manías, para desahogar sus impulsos verbales o lo que sea.
A veces en los manicomios un enfermo se retrae, se queda apartado en un rincón, inhibido, sin hacer absolutamente nada, como absorbido por su propio pensamiento. El siguiente paso sería el trabajo remunerado. El deseo necesita un premio pero aquí es donde la asistencia española y muchas otras fallan por múltiples razones. El tema del trabajo remunerado, más en un clima de paro como hay ahora, es muy difícil de plantear en las instituciones.
Por otro lado también existen sitios maravillosos donde de repente te demuestran que están todos los enfermos trabajando. Quizá sea un trabajo un poco rudimentario, un trabajo sencillo que tiene algo creativo que les entretiene, les hace tener un rendimiento y  sobre todo lo que es fundamental, una remuneración. Nosotros en Valladolid teníamos un centro ocupacional en el psiquiátrico. El día de la normalidad era el día que recibían la nómina. De repente, enfermos que no hablaban o tenían poco trato, estaban allí esperando que les pagaran. El día que no iban y se les descontaba ese dinero de la nómina, inmediatamente, planteaban un recurso verbal acerca de porque se les había descontado ese dinero esos días si su ausencia era porque había estado enfermo y no había podido ir. De repente te encontrabas en un mostrador a gente que normalmente no discute, no habla o se pone a parte, defendiendo lo suyo, su salario, como un obrero. Pero esos lugares donde ocurre eso casi no existen.
Dice usted en su libro ‘Melancolía y paranoia’: “La tristeza es el eco del deseo, su llanto, su sollozo”. ¿El deseo tiene algo de dolor?
Sí, siempre. ¿Estamos metidos en duelos continuos, no? Los lacanianos dicen que a la pérdida hay que convertirla en falta. Realmente, es una expresión que está muy bien, es muy gráfica. Estamos siempre perdiendo cosas, amigos, ideales, posibilidades, personas. Continuamente tenemos deseos insatisfechos. Si a esa pérdida no la conviertes en falta te quedas paralizado, triste. Es evidente que se necesita un tiempo para recuperar el deseo y tener otro. Pero otras veces te quedas morbosamente y patológicamente triste porque no consigues enlazar esa pérdida con otro deseo. En Duelo y melancolía Freud resuelve un duelo porque después de un tiempo de duelo digamos normal, fisiológico y natural, de repente dice: hay que matar al muerto, es decir, convertir la pérdida en falta. Pasado un tiempo alguien que ha perdido un ser querido poco a poco empieza a notar que le faltan otras cosas y empieza a buscar a otra persona. Si está buscando a otra persona es que ya ha convertido la pérdida en falta y el deseo vuelve a estar en marcha. El problema que hay ahora es que no se deja hacer el duelo de nada. La exigencia de la sociedad del deseo es que este tiene que ser siempre tan activo que no te deja tiempo para el aburrimiento o la decepción. Si tienes decepciones sobre las cosas resulta que eres un infeliz y entonces la sociedad te exige que eso no puede ser y que salgas a comprar inmediatamente. Eso obliga a que el deseo tenga una aceleración que no corresponde probablemente a la naturaleza del hombre. Antes si se te moría alguien tenías un periodo de luto, de luto obligatorio, te añadían incluso un ropaje negro para ayudarte a hacer el duelo. Evidentemente que eso también se puede interpretar desde el punto de vista social pero lo positivo que tenía es que esa persona no necesitaba demostrar que no tenía ganas de ir a una fiesta. A veces ese duelo era tan largo que todo el mundo estaba deseando que terminara porque ya no aguantaba más ir vestido de negro. Actualmente la gente va a una consulta y te dice que está muy triste y deprimida. Al final cuando se va a lo mejor te confiesa que se ha muerto su padre hace cuatro días y que ya lleva cuatro días así y que ¿cómo puede estar así?
¡Cuatro días y unos cuantos más!
¡Claro! Pero es que tiene que ser así. Hay que hacer un duelo elaborado. Ahora toda satisfacción se acompaña inmediatamente de un decaimiento porque hay que volver a poner en marcha de nuevo otro deseo. Los pensadores clásicos lo decían perfectamente. Aristóteles, por ejemplo, decía: después del coito todo animal está triste. ¡Lo sabían! Puede parecer una exageración pero ten cuidado porque cuando obtengas una satisfacción, de repente hasta que vuelvas a tener la siguiente, hasta que vuelvas a tener apetencia tienes un periodo como de desinterés, de apatía, de: ¿ya no me quieres? ¿ya no te atraigo?
Ahora esa tristeza natural está muy mal vista, en algunos casos se le llama depresión y quienes la sufren quieren un tratamiento inmediato. Existe una maldición gitana que dice: ¡Ojalá se cumplan todos tus deseos!. Es una frase que capta muy bien este tema, viene a decir que vas a ser un desgraciado porque te vas a quedar sin deseos. Si no se tienen deseos se pasa a una posición de melancolía, ya no tienes nada que desear, lo has conseguido todo. Ya no puedes transformar nada que vas a perder en una falta, ya no tienes falta. Si no tienes falta no tienes deseo.
¿Qué le ha pasado al psicótico? El psicótico es aquél que como no ha perdido esa pérdida, no la ha sentido nunca, no tiene nada que perder, no sabe qué hacer y está perdido en el mundo porque todas las experiencias amorosas, empezando por las originales, han sido un fracaso. No hay loco sin un problema mal planteado con su familia. Como eso no ha sido bien resuelto se lanza al mundo sin conseguir armar un deseo detrás de otro.
Como dicen en Radio Nikosia: las etiquetas son para la ropa. ¿Las etiquetas acaban por esconder la realidad?
Totalmente. Todas los psiquiatras se pasan el día diciendo que hay que luchar contra el estigma cuando el mayor estigma lo provoca la psiquiatría haciendo diagnósticos. Quizás sea imposible no hacer diagnósticos. Lo que sí que se puede intentar es no abusar de ellos. Para entendernos, el diagnóstico es sencillamente algo que entre profesionales nos sirve para poder hacer una valoración o para poder hablar entre nosotros pero no tiene mayores implicaciones. Este tema ha transformado la cultura y son los mismos pacientes y las familias las que te preguntan: “¿Qué es lo que tiene? ¡Dígame cuál es el diagnóstico!”. En estos casos hay que ir con cuidado porque si sales por peteneras y empiezas a decir que el diagnóstico es lo de menos, inmediatamente, puedes quedar calificado como un mal profesional. No porque te valoren más o menos sino porque pierden confianza y esto puede tener un efecto negativo. En esos casos te las tienes que valer: “mira, eso que le pasa se llama de esta manera pero tampoco hay que darle tanta importancia a esa etiqueta porque ese es el efecto del poder que a uno siempre lo han sancionado”. Toda la cultura anti psiquiátrica de Franco Basaglia habla de eso: tratar al enfermo más allá de la enfermedad. Me da lo mismo si existe o no un diagnóstico porque el mejor diagnóstico es el nombre y apellido de un DNI, es que este señor se llama Carlos Molero y tiene este problema. A partir de aquí voy a intentar entender qué es lo que le pasa y sobre todo voy a tratar de ayudarlo. ¿Qué necesita? ¿Tiene casa? ¿Tiene con quien vivir? ¿Necesita apoyo? ¿Cuándo se pone nervioso? ¿En estas circunstancias? Empeñarnos en definir qué es lo que tiene no es tan importante.
Cuando llevas mucho tiempo con un enfermo y te preguntan qué es lo que tiene, en el caso de un enfermo nuevo lo puedes decir rápido pero en el de un enfermo antiguo te quedas un poco parado. ¿Qué tiene Mauricio? Te puedo contar como es el amigo. ¡No! Pero ¿cómo le diagnosticarías? ¿Pero qué nos dice el diagnóstico de Mauricio? ¿Qué adelantas con que yo te diga que es un obsesivo? Le has puesto la etiqueta pero eso no te dice nada de Mauricio. De obsesivos hay millones. Cada uno tiene su manifestación. Eso se acaba transformando en largas discusiones en reuniones profesionales donde todo el mundo debate sobre si un paciente tiene esto o tiene lo otro. ¿Qué importa? Claro que importa dentro de un orden. No es lo mismo estar con un toxicómano que estar con una persona que tenga Alzheimer pero si ya nos movemos en un territorio en el que más o menos sabemos que se ha descartado que no tenga nada orgánico y que es un enfermo muy grave que pueda estar por un lado muy neurótico pero de pronto dice cosas muy locas ya nos entendemos. Yo hago el diagnóstico cuando me lo exige la burocracia institucional pero mientras tanto ya me despreocupo un poco de eso. Estoy más por entrever qué cosas más curiosas tiene este hombre y qué equilibrios ha hecho. De entrada procuro borrar la etiqueta. La gran marginación de los enfermos ahora es toda esta gran multitud de diagnósticos, infinitos y de nombres con los que se les quiere bautizar. De eso la psiquiatría no sabe prescindir es muy difícil porque hay que hacer una tarea de diagnóstico y, al mismo tiempo, otra de deconstrucción posterior. Esas labores de deconstrucción son muy complicadas porque la gente se tiene que legitimar, tener un rol en la sociedad y con eso te desenvuelves en un hospital general. Fíjate, te llaman en urgencias para que el que sabe hacer un diagnóstico me diga lo que tiene. Si no haces el diagnóstico no te vuelven a llamar e incluso te pueden decir que no estás trabajando adecuadamente. Es un sistema contra el que es muy difícil luchar. Al final lo importante es saber los males que generas aunque no los pueda remediar. Solo con saber que estás generando un mal con eso la posición ya cambia y tu actitud subjetiva también. Pero si ni siquiera admites que ese es el problema este no se modifica y se intensifica todavía más.
¿La Otra psiquiatría se orienta más en el trato con el loco que en su tratamiento?
Sí, el tratamiento empieza con el trato. Todos podemos estar de acuerdo que en un momento de alteración, de crisis, de descompensación en el que en ocasiones hay que hacer incluso un control físico de la persona, el trato sencillamente es respetuoso y lo menos opresivo posible. Pero a partir de ahí cualquier acercamiento a una persona se tiene que hacer antes con un trato que con un tratamiento. Esa idea de que un medicamento es eficaz según quien lo de y cómo ha desaparecido. Ahora estos temas vienen regulados: “esta dosis es la que es terapéutica, la otra dosis no. Además le voy a hacer un estudio de niveles plasmáticos para ver si ese nivel está…”. ¡Menuda tontería! Cuando alguien está enfermo quizás se pueden establecer criterios así, como es el caso de medir los niveles plasmáticos, pero para una esquizofrenia que le estoy dando medicación es absurdo porque dependerá de cual sea el efecto de la medicina y también de otros factores: cómo es el entorno, como se lo estás dando, etc.
Hablando de la Otra psiquiatría a finales de mayo organizaron una jornada muy interesante en Valladolid sobre La Maldad. ¿Porqué se tiende a relacionar la maldad o a alguien que mata o delinque sin ningún miramiento con alguien que no está en su sano juicio? ¿Qué relación tiene este pensamiento con la locura?
Porque esos son los prejuicios que existen. En los medios de comunicación aparecen noticias del tipo: “un rumano, o un palestino ha matado a tal persona no sé dónde”; nunca nos dicen: “un blanco, natural de Muntaner, ha matado a tal persona y es un capitalista”. No lo dicen así, ¿verdad?. Cuando en la prensa se habla de enfermos mentales lo que desconcierta a nivel social, a pesar que en realidad sean mucho menos violentos que la media, es que muchas veces no entiendes cual es la motivación de sus actos. Si un banquero te roba ya sabes qué es lo que busca, si alguien te asalta en la calle tienes claro que lo ha hecho para robarte. Pero cuando hay un asesinato del tipo psicótico o de una violencia propia de un psicótico lo que aparece en primer lugar es el desconcierto, eso inquieta mucho y entonces se generaliza inmediatamente a todos los casos. Sin embargo en el fondo la maldad no es un problema mental. La maldad está en la sociedad y en aquello que Hannah Arendt ya situó entorno a la banalidad del mal. En el caso de los enfermos, como ocurre con todas las personas en general, existen personas extraordinarias y también gente muy mala. Hay psicóticos que piensas: “menudo canalla”. Pero de la misma manera que puedes pensarlo entre terapeutas o entre médicos. Sin lugar a dudas la maldad no es algo específico del enfermo mental.
Fuente: Marta Berenguer / La casa de la paraula

domingo, 11 de septiembre de 2016

Una Especie Social: "Kamala"



Los seres humanos somos una especie eminentemente social. Como muchos otros mamíferos, necesitamos durante largo tiempo la protección y el cuidado materno, así como el del grupo.
Desde que se iniciaran las ciencias humanas (psicología, filosofía, antropología, sociología) han ido apareciendo observaciones con una misma conclusión: el ser humano nace incompleto, con un amplio potencial que no puede desarrollar por sí mismo.
La historia documentada de "los niños lobo", como Kabala, nos pone en evidencia ante los ojos. Fue encontrado en la India por unos misioneros cuando tenía siete años, andaba a cuatro patas, emitía sonidos parecidos a los de un lobo, y nunca consiguió asimilar el lenguaje ni los hábitos del comportamiento humano. Llegó Kamala a aprender algunas palabras y a andar con los dos pies, pero ante situaciones de peligro reaccionaba como un lobo. Murió a los once años. Tal vez no pudo soportar el esfuerzo de humanizarse cuando era demasiado tarde.
Otros ejemplos son los de Spitz, el "hospitalismo"; los niños que no habían sido cuidados fallecían. Harlow hizo un experimento con monos Rhesus. Consistía en una "mama" de alambre y biberón y otra de felpa. Los monos acudían solo a la madre del biberón cuando tenían hambre, luego volvían al calor de la madre mullida.

Carmen Durán: "Amor y dolor en la pareja".


sábado, 13 de febrero de 2016

Perder la sabiduría de la infancia: Laura Gutman


El mundo desde el punto de vista del niño


La evolución desde la dependencia física y emocional absoluta hacia una independencia relativa, es un tránsito muy prolongado….de casi veinte años. El camino que tenemos por delante es enorme. Y eso, todos los niños lo sabemos. También sabemos que necesitamos la asistencia de un adulto para que medie entre el mundo y nosotros.
Por ejemplo, si aún no tenemos capacidad para caminar, alguien nos tiene que prestar sus piernas. Eso significa que esperamos estar siempre, siempre, siempre, en brazos de alguien que camine. Y cuando logramos la marcha….que es un éxito significativo, de todas maneras continuamos necesitando caminar con las piernas de otro. Y mientras no contemos con el lenguaje verbal, esperamos que alguien nombre nuestras sensaciones, nuestra hambre, nuestro dolor de panza. Hasta que alguna vez nosotros mismos podamos nombrar cada cosa.
Sin embargo, con frecuencia, no encontramos piernas que caminen nuestro andar, ni brazos que nos otorguen movimiento, ni palabras que canten nuestras canciones. Lo más grave no es el desencanto, sino el peligro en el que efectivamente estamos. Librados a los depredadores, lloramos con desesperación. Pero en lugar de ser comprendidos, llamativamente, somos desestimados. Algo que ninguna otra especie de mamíferos haría: desestimar el llamado de la cría. En estos casos, cambiamos las estrategias del llamado: probamos enfermando. Lamentablemente obtenemos respuestas sobre la enfermedad, pero no en relación a nuestro ser interior. En ese punto, los niños ya no sabemos cómo explicar que necesitamos desesperadamente la presencia y la mediación de un adulto autónomo. También probamos adaptándonos. Es decir, inventamos que  no necesitamos eso que necesitamos. Que hayamos sobrevivido disminuyendo las demandas, significa que hemos relegado a algún lugar sombrío las necesidades básicas que no han sido satisfechas. Pero éstas no desaparecen. Sólo desaparecen para la conciencia.  Cuando cumplimos tres años, ya comprendemos fehacientemente que no podemos llorar como un bebé recién nacido, a los seis años mucho menos. Aprendemos a pedir sólo aquello que los adultos están dispuestos a escuchar.  Así nos alejamos de nuestras almas en pena. En ese mismo instante, hemos perdido para siempre la sabiduría de la infancia.
Laura Gutman

jueves, 24 de diciembre de 2015

Laura Gutman: La Navidad. Un Nacimiento

Laura Gutman es una psicoterapeuta argentina que se centra en el cuidado materno y su relación con la biografía humana. Es dulce y escribe de una manera sensata y atrevida.

Navidad: la celebración de los nacimientos y de las infancias

Cada mes de diciembre celebramos la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: “Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el Amor y no según la Ley”. Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y el mensaje de amor que traía consigo ¿Acaso siempre los bebes recién nacidos nos traen buenas noticias? Sí, nos recuerdan que todos nacemos amorosos, es decir conectados con la naturaleza humana. De hecho nuestras infancias son testimonio de esa perfección innata con la que llegamos al mundo. En el mismo sentido -según los Evangelios- Jesús hizo llamar a sus discípulos que reprendían a quienes llevaban a los niños para que él los tocara, diciéndoles: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos”.
Festejar la Navidad significa instalar a los niños en el centro de nuestra atención. ¿Cómo? Observándolos más que nunca y registrando quiénes son, qué precisan de nosotros, qué les pasa y cómo podemos facilitarles la vida cotidiana. La Navidad puede convertirse en una noche especial, llena de sorpresas y de encanto. Es una sola noche al año. Todas las demás estamos cansados y hartos de nuestras rutinas, y ese fastidio cotidiano, no hay juguete que lo transforme. Por el contrario un clima de tranquilidad, buena música y disponibilidad afectiva, son regalos insuperables.
No vale la pena que festejamos los anuncios de Jesús afiebrados por el consumo, agotados por la sobredosis de reuniones sociales y desmembrados por los intereses y exigencias de las familias ascendentes.  Sin darnos cuenta y contrariamente a nuestras intenciones, los más pequeños quedan relegados. La Navidad ha llegado para situarnos alrededor del confort y el bienestar de los niños. Ellos tienen la prioridad.

martes, 23 de diciembre de 2014

Trastorno Borderline

La personalidad borderline o limítrofe tal vez sea el trastorno menos definido, el más oscuro, el  menos preciso de la psicopatología. Es más, hay autores que niegan su existencia, señalando que constituyen una suerte de “cajón de sastre” de aquellas patologías que no pueden ser encasilladas en ninguna clasificación. De allí que las definiciones de distintos autores varíen según la óptica con la que el cuadro ha sido estudiado, pero encontraremos en todas ellas algunos puntos de coincidencia.          Carlos Alberto Paz Carrillo, psiquiatra y psicoanalista español con amplia experiencia en el estudio y tratamiento de los casos borderline dice: “… paciente borderline, casos borderline, estructuras fronterizas o estado límite, son denominaciones y diagnósticos encontrados permanentemente por el psiquiatra o el psicoanalista, pero no hay un acuerdo o hay diversos criterios sobre la estructura patológica a la que aluden y menos a los supuestos teóricos que subyacen a estos cuadros”.            Así como la mayor parte de los términos de la psicopatología que usamos los psicoanalistas proviene de la psiquiatría clásica, en este caso, borderline, es de cuño psicoanalítico tomado posteriormente por la psiquiatría.
DEFINICIONES DE ALGUNOS AUTORES.
JOHN STEINER. Para este psiquiatra y psicoanalista de la Clínica Tavistok, de Londres, “los pacientes limítrofes o borderline son aquellos que entran dentro del área fronteriza situada entre la psicosis y la neurosis en tanto parecen conservar el contacto con la realidad y no son formalmente psicóticos pero parecen sufrir ansiedades de proporciones psicóticas y de emplear mecanismos mentales primitivos para manejarlas.”
LAPLANCHE Y PONTALÍS (1973). Dan esta definición de fronterizo: “Término empleado casi siempre para designar perturbaciones psicopatológicas que están situadas en la frontera entre neurosis y psicosis, sobre todo aquellas esquizofrenias latentes que presentan un conjunto de síntomas aparentemente neuróticos”.
MOORE Y FINE. “Un término descriptivo que designa un grupo de condiciones que manifiestan fenómenos tanto neuróticos como psicóticos sin entrar de manera inequívoca en ninguna de esas dos categorías diagnósticas”
ANDRÉ GREEN. “Ser un fronterizo da a entender que una frontera protege al self de pasar al otro lado o de ser cruzado, de ser invadido, con lo cual uno llega a ser una frontera móvil (no digo tener sino ser esa frontera). Esto, a su vez, supone una pérdida de distinción entre espacio y tiempo.”
OTTO KERNBERG.  Psiquiatra y psicoanalista austro-chileno-norteamericano. Es tal vez el principal referente actual en patología borderline. Dejaré para más adelante su definición  que es muy amplia y abarcativa.           Al parecer hay un acuerdo general en cuanto a la intensidad de las reacciones contratransferenciales que generan en los psiquiatras y terapeutas que los tratan.           Hacia 1956, “El hombre de los lobos”, fue considerado como un caso borderline. Lo mismo se pensó del caso Dora. Entre los más antiguos datos tendientes a aislar esta patología de otras con las que podía confundirse nos encontramos con la descripción del inglés Hughes, en 1884, que describe “el caso fronterizo de la locura comprende numerosas personas que pasan su vida entera cerca de esta línea tanto de un lado como del otro”. En una dirección parecida se expide otro autor inglés, Rosse, en 1890, quien señala que en los estados fronterizos se incluyen las obsesiones severas, compulsiones, fobias, histeria y neurastenia. La utilización formal del término arranca desde entonces aunque sin un acuerdo sobre las particularidades de las perturbaciones de esta entidad nosológica. Para mencionar algunos autores que se sucedieron en la descripción de este  cuadro cabe nombrar a algunos clásicos como Bleuler y Kretshmer y luego Minkowsky, Helen Deutch, Fenichel, Federn, Searles y otros. Fenichel, en “Teoría psicoanalítica de las neurosis” dice bajo el subtítulo “Casos marginales” (en el capítulo destinado a las esquizofrenias) “Hay personas neuróticas que sin hacer una psicosis completa tienen ciertos rasgos psicóticos, o una facilidad especial para el empleo de mecanismos esquizofrénicos cada vez que padecen una frustración”.           La primeras descripciones sistematizadas de los cuadros borderline corresponden a Stern y Robert Knight (1938), pero el interés por esta patología se incrementó a fines de la década de los ´60 con los estudios de Otto Kernberg, quien junto a James Masterson y sobre la base de una amplia experiencia en instituciones hospitalarias, propusieron que podían curarse con psicoterapia intensiva a largo plazo o internación. Hoy sabemos que estos pacientes deben ser tratados con psicoterapia dinámica (modificada por Kernberg y otros psicoanalistas) o con psicoanálisis clásico (Herbert Rosenfeld, H. Segal, Peter Giovacchini, etc.). Con frecuencia estos pacientes deben ser medicados.  Algunas veces requieren internación como en casos de gran agresividad con riesgo para terceros, intentos de suicidio, drogadicción concomitante, etc.           Desde la fenomenología, con las investigaciones de Roy  Grinker y John Guiderson, pudieron precisarse características específicas de esta patología y se convirtieron en criterios diagnósticos.           Actualmente se habla de influencias genéticas inespecíficas, concepto que no ayuda a la comprensión de la génesis del cuadro, en cambio se está poniendo mucho énfasis en las perturbaciones del psiquismo temprano.

CRITERIOS DIAGNOSTICOS DEL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD.
(De DSM-IV)Un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen, la afectividad y  una notable impulsividad, que comienzan al principio de la edad adulta y se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes item:
1) Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario. NOTA: no incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el criterio 5.
2) Un patrón  de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación.
3) Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable.
4) Impulsividad en al menos dos áreas que es potencialmente dañina para sí mismo (por ej., gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida). Nota: no incluye los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el criterio 5.
5) Comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamiento de automutilación.
6) Inestabilidad afectiva debida a notable reactividad del estado de ánimo (por ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad que suelen durar unas horas y rara vez unos días).
7) Sentimientos crónicos de vacío.
8) Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (por ej., muestras frecuentes  de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes)
9) Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.

Lo expuesto es desde el punto de vista puramente descriptivo y no da cuenta de la dinámica ni de la génesis de estos cuadros. Los factores neurobiológicos hasta el momento sólo explican la dificultad para regular los impulsos y se refieren a un descenso del umbral de excitabilidad del sistema límbico. O bien dificultades de la actividad serotoninérgica central, vinculándosela con las reacciones impulsivas y hostiles. Pero esto, aún siendo así, no es específico del trastorno borderline. De cualquier modo, sea cual fuere la participación genética (aún no establecida) o de las alteraciones neurológicas, lo que sí va quedando en claro, desde otra óptica, son los trastornos del psiquismo temprano.
La propuesta de Otto Kernberg en cuanto a perturbaciones tempranas en un orden muy específico y los procesos dinámicos consecutivos es lo que más se aproxima a la explicación de este trastorno tan particular e inquietante. Pasaremos a ver sus consideraciones.
ORGANIZACIÓN FRONTERIZA DE LA PERSONALIDAD.
Kernberg considera –con otros autores- que estos pacientes ocupan un área limítrofe entre la neurosis y la psicosis, pero que posee rasgos propios. Lo denomina organización fronteriza de la personalidad para diferenciarlo de estados fluctuantes o transitorios que oscilan entre la neurosis y la psicosis. Se trataría, por lo tanto, de una organización patológica de la personalidad específica y estable.
Es posible que sufran episodios psicóticos pasajeros cuando se encuentran en situaciones de gran tensión o bien bajo el efecto del alcohol o las drogas.
Lo usual es que conserven su prueba de realidad.
En las entrevistas clínicas la organización formal de los procesos de pensamiento aparece intacta.
En los test proyectivos se observa una tendencia al funcionamiento del proceso primario.
El aporte que hace el psicoanálisis a partir de la contribución de varios autores  es que brinda un amplio panorama de esta patología analizando los aspectos descriptivo, estructurales y genético-dinámicos y con especial énfasis en la típica patología de las relaciones objetales.
Entre otros aportes, Bychowsky (mencionado por Kernberg) describe algunas de las características estructurales más importantes:
- persistencia de primitivos estados yoicos disociados y
- clivaje de las imágenes parentales en objetos buenos y malos.
Kernberg define de la siguiente manera el trastorno fronterizo:
“La denominación de fronterizo debe quedar reservada para aquellos pacientes que presentan una organización caracterológica crónica que no es ni típicamente neurótica ni típicamente psicótica y que está caracterizada por:
1) Constelaciones sintomáticas típicas.
2) Una constelación típica de maniobras defensivas del yo.
3) Una patología típica de relaciones objetales internalizadas.
4) Rasgos genético-dinámicos típicos.

El primer diagnóstico diferencial que debe realizarse es con la psicosis.
- Los pacientes borderline presentan alteraciones en sus relaciones con la realidad y en sus vivencias de la realidad, pero conservan la prueba de realidad. Por su parte, Paz Carrillo observa que esto es más el resultado de un esfuerzo adaptativo de cierta superficialidad que de auténtica discriminación.
- No hay nada de esto en los pacientes psicóticos en los que solamente hay una realidad interna generalmente vivida con un pensamiento delirante.

ASPECTOS ESTRUCTURALES.
Los analizamos desde dos aspectos:
1) El que estudia las manifestaciones inespecíficas de labilidad yoica y la regresión a primitivas estructuras cognitivas relacionadas con el pensamiento del proceso primario. Hay en esto un predominio del pensamiento del proceso primario (Knight) que refleja una marcada debilidad yoica.
2) El que estudia las operaciones defensivas específicas, características del  borderline Este punto parte de una concepción teórica diferente (Fairbairn y M. Klein) y destacan los procesos de escisión como activo mecanismo de defensa (en este punto se suman las aportes de H. Rosenfeld y H. Segal).
Una gran contribución a la comprensión de la patología de estos pacientes proviene de Helen Deutsch en su trabajo sobre lapersonalidad “como si” en donde analiza la patología de las relaciones objetales internalizadas de estos pacientes.
Dentro de la psicología del yo  hay numerosos aportes como los de Edith Jacobson, Greenson y en particular el estudio de Eric Erikson acerca de la difusión de la identidad borderline.
Varios de estos autores estudiaron los aspectos genético-dinámicos de la personalidad borderline y todos coinciden en la importancia de los conflictos pregenitales de estos pacientes, sobre todo los orales y con una fuerte carga agresiva.
En otro orden, nos encontramos con la utilización con fines diagnósticos (y también de instrumentación de la técnica) de las reacciones contratransferenciales que los pacientes limítrofes generan en el terapeuta. Paz y otros autores destacan una contratransferencia de inusual intensidad, exigente, abrumadora o acaparante.

ANÁLISIS DESCRIPTIVO: ELEMENTOS DEL DIAGNÓSTICO PRESUNTIVO.
Kernberg entiende que la presencia de dos o tres de los síntomas que se mencionarán dan lugar para pensar en un borderline pero el diagnóstico definitivo depende de la patología yoica característica y no de los síntomas descriptivos.  1)Ansiedad flotante, crónica y difusa.
2) Neurosis polisintomática. Pueden presentar:
a) Fobias múltiples. Sobre todo las referidas al propio cuerpo o la apariencia   personal (eritrofobia, pánico escénico, etc.) en transición hacia tendencias paranoides (ser mirado) que provocan inhibiciones sociales.
b) Síntomas obsesivo-compulsivos que posteriormente se hicieron sintónicos con el         yo, con pensamientos y acciones sobrevaloradas. Ideas paranoides o hipocondríacas.
c) Múltiples síntomas de conversión elaborados o grotescos o una reacción de           conversión monosintomática crónica.
d) Reacciones disociativas, en especial “estado de penumbra” (crepuscular) o fugas histéricas y amnesia asociada con perturbaciones de la conciencia.
e) Hipocondría.f) Tendencias paranoides e hipocondríacas acompañando  cualquier otra neurosis sintomática. Estas tendencias son bien definidas y marcadas.
3) Tendencias sexuales perverso-polimorfas del orden de la promiscuidad hetero u homosexual con elementos sádicos, exhibicionismo, sado-masoquismo, pero sin que estas tendencias tengan el carácter de estables.     Fantasías masturbatorias perversas.(Según Paz mayormente de contenido sado-masoquista).      Formas extrañas de perversión incluidos el reemplazo de objetivos genitales por eliminatorios (micción, defecación).
4) Clásicas estructuras de la personalidad prepsicótica.- Personalidad paranoide.- Personalidad esquizoide.- Personalidad hipomaníaca y organización ciclotímica.
5) Neurosis impulsiva y adicciones.
Formas graves de trastornos caracterológicos en las que hace irrupción de modo crónico y repetitivo un impulso destinado a gratificar necesidades instintivas de un modo que, fuera de los episodios “impulsivos”, resulta distónico con el yo, mientras que dentro del contexto de dichos episodios es sintónico con el yo y altamente placentero. Ejemplos típicos son el alcoholismo, las drogadicciones, ciertas formas de obesidad psicógena y la cleptomanía.
6) Desórdenes caracterológicos de “nivel inferior” (1)
Se trata de la patología caracterológica más severa, representada por el carácter caótico e impulsivo en contraposición con los clásicos tipos de formación reactiva y los más moderados “rasgos evitativos”.
Muchas personalidades infantiles y las personalidades narcisistas presentan una organización fronteriza subyacente, incluidas las personalidades “como sí” y las personalidades antisociales. En todas ellas subyace una organización fronteriza.
Kernberg incluye en este item:- Personalidad histérica y personalidad infantil.- Personalidad narcisista. - Estructuras caracterológicas depresivo-masoquistas.
(1) Esta particular denominación de “nivel inferior” se refiere a una clasificación de la patología caracterológica a lo largo de una secuencia que va de un “nivel inferior” (mecanismos de defensa muy primitivos como la disociación) hasta  la de un “nivel superior” (mecanismos de defensa más desarrollados como la represión).
En este punto consideré necesario mencionar algunos conceptos de H. Rosenfeld (1978) acerca de los estados confusionales que suelen observarse en los pacientes border severamente traumatizados donde la intensidad y la larga duración de las frustraciones aumentan el odio y la envidia dirigida al objeto primario. Rosenfeld se refiere a cualquier tipo de deprivación incluída –cuando se presenta- la falta de empatía emocional de la madre. Se produce entonces un ataque primitivo en contra del self libidinal y el destructivo confundidos que provocan sentimientos de vacío, debilidad yoica, falta de deseos de hacer cualquier cosa y consecuente pasividad excesiva relacionada con frecuencia al deseo de morir o desaparecer en la nada. Como este ataque contra el self aparece con frecuencia en forma proyectada es experimentado como ansiedad paranoide.
ANALISIS ESTRUCTURAL
Siguiendo a Kernberg, estas personalidades presentan:
1) Manifestaciones inespecíficas de labilidad yoica.     -         falta de tolerancia a la ansiedad.     -         falta de control de impulsos. -         insuficiente desarrollo de los canales de sublimación.
2)  Desviación hacia el pensamiento de proceso primario Se detectan sobre todo en los test proyectivos en los que aparecen -fantasías primitivas.- disminución de la capacidad de adaptarse a las consignas formales de los test.- el uso particular de ciertas verbalizaciones.
3) Operaciones de defensa específicas en el nivel de la personalidad fronteriza.      Señala Kernberg que una de las tareas esenciales para el desarrollo y la integración del yo es la síntesis de las introyecciones e identificaciones primitivas y ulteriores en una identificación yoica estable.      Es decir que se pueden integrar los objetos internos primitivamente escindidos en “buenos” y “malos” o introyecciones “positivas” y “negativas”. Cuando hay una falla en este mecanismo (cuando persiste la escisión) las consecuencias derivan en una patología que puede ser la psicosis o los trastornos borderline.       Es reconocido por la mayoría de los autores que existe un factor patógeno constitucional o bien graves frustraciones tempranas.  Esencialmente hay una falta de tolerancia a la ansiedad y un exceso de agresión (origen constitucional de los instintos agresivos). Las manifestaciones pueden ser la agresividad o bien conductas autoagresivas de gran intensidad. Carlos Paz habla de trastornos de la agresión y sobre todo de la rabia narcisística. La rabia es el más prevalente y patognomónico afecto en los borderline (Peter Hartocolis). La rabia del poder es desplegada dramáticamente en tormentas temperamentales y explosiones irracionales e impredictibles, cargadas de odio hacia los objetos buenos que procuran ayudarlos. Esta rabia tiene una omnipotente y destructiva actividad que se hace más visible cuando el paciente se vuelve contra gente que ni conoce, de hecho el mundo entero (Guederson y Singer).


MECANISMOS DE DEFENSA EN LA PERSONALIDAD BORDERLINE Escisión.- Es el principal mecanismo de defensa y subyace a los que siguen.- Es una causa fundamental en su labilidad yoica.- Genera una “falta de control de impulsos” selectiva.- Su manifestación más conocida es la división de los objetos en “totalmente buenos” y “totalmente malos”. Esto puede fluctuar en distintos momentos en un mismo objeto.
Por la alta significación de este mecanismo amplío esta descripción de Kernberg con un importante aporte de H. Rosenfeld acerca de los procesos de splitting. En este mecanismo, como se vio, se produce la división en objetos “totalmente buenos” y “totalmente malos”, pero Rosenfeld habla del splitting patológico en pacientes severamente traumatizados en los que la fragmentación no se produce entre objetos buenos y malos o entre el self libidinal y el destructivo. El habla –para este tipo particular de pacientes y en estado confusional- de un splitting del self confundido y de los objetos, también confundidos, en múltiples trozos en donde están mezclados lo bueno y lo malo (del self y del objeto) y que son violentamente proyectados en los objetos del entorno incluido el analista.  Idealización primitiva.- Deriva de la anterior: tendencia a ver a los objetos externos como totalmente buenos para poder contar con su protección contra los objeto “malos”. Identificación proyectiva (patológica). - Por este mecanismo se trata de poner en los objetos externos las imágenes del self agresivo y totalmente malo. Esto da lugar a la aparición de objetos peligrosos y vengativos de los cuales el paciente busca protegerse. Negación. -El paciente está consciente de que en determinado momento sus percepciones, pensamientos y sentimientos acerca de sí mismo y de los demás son totalmente opuestos a los que tuvo en otros momentos. Este recuerdo carece de repercusión emocional.- O lo que es lo mismo, desestimación de un sector de su experiencia subjetiva o del mundo externo. Omnipotencia y desvalorización.- Se expresan como un firme convencimiento inconsciente de que tienen derecho a esperar de los demás gratificaciones y tributos y a ser tratados como personas especiales y privilegiadas.- La desvalorización de los objetos externos es en parte un corolario de su omnipotencia.
PATOLOGÍA DE LAS RELACIONES OBJETALES INTERNALIZADAS. Los pacientes fronterizos suelen presentar un déficit en su capacidad de experimentar culpa y preocupación por los objetos. Sus reacciones depresivas asumen la forma de rabia impotente y sentimientos de derrota ante fuerzas externas. No hay duelo por la pérdida de objetos buenos ni dolor por la propia agresión hacia ellos mimos y hacia los demás.      La imposibilidad de integrar imágenes objetales “totalmente buenas” y “totalmente malas” conduce a serios impedimentos en la constitución e integración del superyó.      En el yo encontramos una persistencia de imágenes de sí mismo primitivas, irreales y muy contradictorias lo cual impide la formación de un concepto integrado de sí mismo. En otras palabras, nos hallamos frente a serios problemas de identidad. No les es posible la integración de las imágenes objetales ni la evaluación realista de los objetos externos.     Por las proyecciones en los objetos el borderline se ve rodeado de un mundo de objetos persecutorios de los que se defiende con imágenes “totalmente buenas” de sí mismo dando lugar a representaciones  megalomaníacas de su self.       Lo expuesto se refleja en los rasgos caracterológicos de la personalidad borderline:- Escasa capacidad para evaluar de manera realista a los demás y para entablar con ellos una relación de verdadera empatía.- Experimenta a las otras personas como objetos distantes.- Incapacidad de empatizar con los demás, percepción distorsionada de éstos y superficialidad (y labilidad) de sus vínculos emocionales.- Incapacidad (por lo tanto) de sentir culpa.- Tendencia a alejarse de todo compromiso afectivo profundo.

RESUMIENDO:- Falta de desarrollo del superyó.- Deficiente integración yoica.- Inmadurez de sentimientos, objetivos e intereses.- Sus objetivos pregenitales y genitales están fuertemente infiltrados de agresión.- Tendencias explotadoras. Derecho a explotar a los demás y a ser gratificados.- Irrazonables demandas.- Manipulación de los objetos.- Tendencia a desvalorizar a los objetos.- Sentimientos de inferioridad que ocultan rasgos narcisistas de carácter.- Cualidad (o personalidad) “como si” por la presencia de introyecciones e identificaciones contradictorias.- Difusión de la identidad (Erikson). Deriva de lo anterior. Es la falta de un concepto integrado de sí y de su concepto igualmente integrado y estable de los objetos totales en relación con el sujeto. La difusión de la identidad es un típico síndrome de la personalidad borderline. –
DIFERENCIACIÓN ENTRE PACIENTES PSICÓTICOS, FRONTERIZOS Y NEURÓTICOS.
De acuerdo a la organización yoica, de las particularidades del self y de los objetos, podemos observar:
Psicóticos. – -     Grave déficit del desarrollo yoico.- Imágenes de sí mismo y de los objetos en su mayor parte indiferenciadas.- Concomitante falta de los límites yoicos.
Fronterizos. -     El yo está mejor integrado que en los psicóticos.- Las imágenes de sí mismo y de los objetos están en su mayoría diferenciados.- Los límites yoicos están bien definidos en todas las áreas salvo aquellas que corresponden a compromisos interpersonales profundos.- Típico en ellos el síndrome de difusión de identidad.
Neuróticos. Yo bien consolidado.- Completa separación  entre imágenes de sí mismo y de los objetos.- Concomitante  definición de los límites yoicos.                          Por su parte, H. Rosenfeld dice: “El estado borderline tiene muchas características en común con la psicosis pero, en el paciente borderline (cuando está muy próximo a un funcionamiento psicótico), los aspectos delirantes omnipotentes están cuidadosamente escondidos en las situaciones de realidad para evitar que la locura sea conocida”. Es este un proceso defensivo muy rígido que parece dar al paciente borderline alguna estabilidad pero también impide cualquier cambio. Conduce a un acting out interminable y repetición en la transferencia y en la vida exterior.
ANÁLISIS GENÉTICO-DINÁMICO. La agresión pregenital –sobre todo la oral- tiene una participación decisiva.En la historia personal se presenta con frecuencia:- Experiencias de frustración extrema e intensa agresión (primaria o secundaria) en los primeros años de vida.- La excesiva agresión pregenital, tanto oral como anal es proyectada provocando una distorsión paranoide de la imago materna.- El odio hacia la madre se hace extensivo hacia el padre. Ven en la pareja parental un par de cómplices unidos contra él o ella.- Desarrollo prematuro de las tendencias genitales (pero teñidas de sadismo por lo que cabe preguntarse si se pueden realmente llamar así).

TRATAMIENTO DEL PACIENTE BORDERLINE
Solamente me limitaré a presentar los principales lineamientos del tratamiento tanto analítico o psicoterapéutico como el farmacológico.

¿ANALISIS CLÁSICO O PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA MODIFICADA?
Hay una marcada controversia entre los analistas de la escuela inglesa y los de la psicología del yo. Autores de orientación kleiniana como Hanna Segal, Bryce Boyer, H. Rosenfeld, Peter Giovacchini, Carlos Paz, etc. consideran que debe utilizarse el método psicoanalítico habitual, sin modificación alguna. En cambio otros autores, pertenecientes a la escuela de la psicología del yo como Stern, Knight, Margaret Litle, Otto Kernberg, etc., sostienen que el método psicoanalítico corriente no solamente no da resultados sino que puede ser iatrogénico y proponen la psicoterapia de apoyo, o psicoterapia psicoanalítica o el psicoanálisis modificado.
El punto central de esta divergencia consiste en que en el análisis clásico de un paciente borderline se instala una psicosis transferencial, situación que los analistas de la psicología del yo prefieren evitar por considerarla perjudicial para el paciente manteniendo con otros criterios técnicos una transferencia neurótica. Según H. Rosenfeld en la psicosis transferencial se produce una crisis en la medida de que el paciente no responde a las interpretaciones. En estas crisis el analista es percibido en forma errónea por el paciente lo que es aplicable también para las interpretaciones del analista que sufren una distorsión por parte del paciente. Este autor admite que cuando se desarrolla una psicosis transferencial el período agudo es una experiencia muy amedrentadora para el analista quien de pronto piensa que el proceso analítico no funciona más. Este tipo de hechos durante el proceso es lo que hace que Kernberg sostenga que el análisis clásico no está indicado o más bien que está contraindicado. No obstante Rosenfeld señala que la psicosis transferencial no tiene por qué ser un desastre que lleve a la ruptura de un análisis porque, por otra parte permite abrir nuevas vías de observación en el trabajo analítico de estos pacientes.
Para Kernberg el border establece un tipo especial de transferencia que denomina transferencia primitiva donde la relación de objeto es parcial. Este autor considera, con otros autores de la escuela del yo, que los pacientes fronterizos no toleran la regresión que se genera en su análisis clásico por la naturaleza débil de su yo y por su gran proclividad al acting out. De allí que Kernberg proponga a los fines terapéuticos una psicoterapia psicoanalítica modificada. Entre las modificaciones técnicas que Kernberg propone se encuentran (síntesis de H.Etchegoyen):- Frecuencia de tres sesiones semanales cara a cara.- Elaboración de la transferencia negativa sin intentar su reconstrucción genética y la “desviación” de la transferencia negativa mediante su examen sistemático en las relaciones del paciente con los demás.- Estructuración de una situación terapéutica que pueda contener el acting out, estableciendo límites estrictos para la agresión no verbal que se admitirá durante las sesiones, utilizando los factores del ambiente que puedan promover una mejor organización de la vida del paciente y del tratamiento. - Utilizar la transferencia positiva en cuanto mantenga la alianza de trabajo, sin tocar resueltamente las defensas que podrían hacerla tambalear.           Kernberg resume estos criterios terapéuticos diciendo: “Esta particular forma depsicoterapia expresiva de orientación psicoanalítica es un abordaje terapéutico que difiere del psicoanálisis clásico en que no permite el total desarrollo de la neurosis transferencial ni se vale sólo de la interpretación para resolver la transferencia”.

TRATAMIENTO PSICOFARMACOLÓGICO
El psiquiatra, psicoanalista y psicofarmacólogo Julio Moizeszowicz, da las siguientes pautas generales para el tratamiento medicamentoso.1) El tratamiento psicofarmacológico es siempre necesario. Sólo no se efectuará de no existir ninguna posibilidad de monitoreo.2) La prioridad debe ser el control de la impulsividad.3) Es conveniente conseguir “un piso” continuo de antipsicóticos y/o anticonvulsivantes, en dosis muy bajas, hasta que se establezca la adherencia al tratamiento.
Los fármacos más utilizados pertenecen a los grupos de los:
1) Neurolépticos.
2) Antidepresivos.
3) Antimaníacos o estabilizadores del ánimo (anticonvulsivantes y litio).
4) Benzodiazepinas de alta potencia.
La indicación del tratamiento psicofarmacológico es necesaria para:
1) Disminuir los síntomas ansiosos y de desorganización yoica (de no existir la medicación como objeto transicional para poder tener un lugar de reflexión, el abandono del tratamiento psicoterapéutico alcanza un 75%).
2) Como preventivo de micro y macro episodios psicóticos.
3) Para disminuir la agresividad para sí o para terceros donde los niveles de actuación personal o de inducción psicopática son muy elevados y
4) Para atenuar la ciclización del ánimo.
Es necesario delimitar qué tipo de comorbilidad  y prevalencia existen ya que de ello depende el tipo de psicofármaco a utilizar y la dosis.
Los trastornos más frecuentes que acompañan o se suman (comorbilidad) al trastornos borderline son:
Depresión mayor---------------- 24 a 74%
Bulimia--------------------------- 25%
Trastorno bipolar---------------- 4 a 20%
Distimia--------------------------- 3 a 14%
Los antipsicóticos. Habitualmente se usan en dosis bajas o medias y actúan no solamente sobre los síntomas psicóticos sino también sobre las manifestaciones esquizotípicas, las cognitivas, las de ansiedad y las de hostilidad e impulsividad.           Losantipsicóticos con mejores resultados en estos cuadros están  -entre los de transición- la pimozida, molécula sumamente eficaz en estos cuadros. Y entre los antipsicóticos atípicos tenemos la clozapina (pero que requiere de controles semanales por el riesgo de agranulocitosis), la olanzapina y la risperidona.
Los anticíclicos o estabilizadores del ánimo, especialmente los anticonvulsivantes, son útiles por su acción en las estructuras límbicas subcorticales ya que ellas son las encargadas de la inhibición de la impulsividad. Entre ellos tenemos la carbamazepina, la oxcarbazepina y los valproatos. Se podría agregar la lamotrigina pero sin mayores ventajas sobre los anteriores. El litio es muy útil pero los pacientes se resisten a los controles periódicos de la litemia.
Entre los antidepresivos, el de elección es la sertralina teniendo en cuenta que son pacientes con elevados niveles de ansiedad y esta molécula tiene una significativa acción ansiolítica además de la antidepresiva. No se excluyen otros antidepresivos como la paroxetina, la venlafaxina, citalopram, escitalopram, etc. pero con éstos hay un mayor riesgo de swichmaníaco, sobre todo en la comorbilidad con trastorno bipolar.
En pacientes border con elevados niveles de ansiedad –y esto es muy frecuente de observar- se deben indicarbenzodiazepinas. La de elección en estos casos es el clonazepam que posee una marcada acción ansiolítica y también anticonvulsivante o se que actúa sinérgicamente con los estabilizadores del ánimo.
Como en todo paciente psiquiátrico, la elección del o los psicofármacos, la combinación y la dosificación de los mismos dependerá de la sintomatología que se observe en cada caso pues esta es muy variable, de la intensidad de los síntomas, y de la respuesta individual como así también de la compliance. Las modificaciones en la prescripción dependerán de los resultados obtenidos en cada monitoreo. Si el/la paciente está en psicoterapia y con mayor razón en análisis, aunque su terapeuta sea psiquiatra es conveniente que lo medique otro profesional, sobre todo por las ansiedades paranoides que suele despertar la medicación.
Así como en la psicoterapia o el análisis, con el médico psiquiatra es necesario que se establezca una buena alianza terapéutica precisamente para atenuar los efectos recién señalados. También es importante la comunicación entre el analista y el psiquiatra cada vez que sea necesario, con el conocimiento del paciente y como es de práctica en la atención de psicóticos y otros pacientes severamente perturbados.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.

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