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Paz y Ciencia
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viernes, 17 de enero de 2025

Serenidad

 



(In)quietud

Los ciruelos vacíos me miran,
Particular soledad.
Solo el humano debe desvestirse,
Para ser universal.
La lluvia, el barro y las hojas que cayeron,
El viento que mece las colas de zorro,
El pino, la laguna, y el bosque de bambú
Me acarician la cabeza
La inundan de sueños
y la despojan de humanidad.
He conocido al hombre más hermoso,
De silencios tallado,
su sonrisa, la luna nueva.
Voy decidido a su encuentro,
Entre los ciruelos vacíos.


Al Maestro Nhat Hanh

¿Cómo atraparte un segundo en este breve espacio entre tinta y papel?
Si eres como los ríos que bajan raudos por las quebradas
Si eres un ave de mil plumas tornasol que vuela con la libertad del viento.
La suave garúa de tus gestos me empapa y el amor crece entre mi sombrero y mis zapatos.
Niño del mundo, gracias por dejarte ver,
Noble ancestro, gracias por regar mis raíces de libertad.
Tu rostro, espejo del mundo y de batallas de humo rojo,
De barcazas precarias parteras de la esperanza,
Y de mil sueños que ya caminan por esta tierra.
¿Cómo atraparte en mi corazón si tu sonrisa corre libre
Despertando la fe de tantos?
Encendedor de lámparas de la luz más noble, la sabiduría,
Nocturno cuidador del fuego y del agua que marca las divisiones de la noche
Solo puedo rozar tu nieve con mis labios y guardar tu enseñanza como un tesoro en floración.

domingo, 22 de mayo de 2022

HERMENÉUTICA

 




EDMUNDO HUSSERL, nos habla de fenomenología, a través de esta se puede distinguir como son la cosas a partir de cómo nosotros pensamos que son en realidad, de las bases conceptuales del conocimiento.-Esto se refiere a que las cosas que surgen en la mente reflejan al mundo externo, que las cosas existen porque queremos que estén allí.
A este autor no le interesa la interacción física de las personas, sino el cómo se comprenden recíprocamente sus conciencias, como se establece el significado y la comprensión en el interior de las personas.
HEIDEGGER “Se refiere a la interpretación de la Interacción Social” en la que  propone que se deben  estudiar las interpretaciones y significados que las personas le dan cuando interactúan, en distintas situaciones y la realidad social en la cual viven, esto es constante y los significados que se le otorgan pueden modificarse por otros, estos cambios son importantes para el interaccionismo simbólico.
HERBERT BLUMER “La etnometodología (son modos en que se organiza el conocimiento que los individuos tienen de sus asuntos habituales) Aquí vemos como el individuo cumple un rol en la construcción de su vida diaria. A modo de conclusión puedo decir que la producción del conocimiento en el trabajo social, se basa en gran parte a la interpretación.-Utilizando las teorías de los autores citados anteriormente, expreso que todas sus perspectivas se pueden unir y complementar para así llegar a un conocimiento profundo y claro sobre el fenómeno o individuo el cual esta siendo estudiado.

miércoles, 2 de febrero de 2022

PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

 



El mundo en el que vivimos requiere de ciertos parámetros para comprobar la existencia de las cosas que nos rodean y nos contienen. Para demostrar que un fenómeno existe, éste tiene que ser medido, evaluado, verificado y validado con criterios determinados por la corriente principal del conocimiento. Para que una persona sea relevante, las medidas para valorar su influencia deben estar de acuerdo con cuantificaciones económicas, financieras, fiduciarias, etc. Dime cuánto posees y te diré quién eres.

El psicólogo alemán Erich Fromm ( 1900-1980), en Tener y ser, menciona que nuestra sociedad ha perdido el rumbo en cuanto a la importancia del ser humano y los valores que nos rigen, donde la diferencia estriba entre una sociedad interesada en las personas y otra interesada en las cosas.

Nuestra cultura reconoce sus verdaderos orígenes en las sociedades griega y romana, culturas madres de Occidente, las cuales, a su vez, adquirieron su estructura social y económica de los antiguos pueblos mesopotámicos (caldeos, sumerios, babilonios, etc.). Sin embargo, el mundo occidental ha tenido verdaderos momentos de exaltación espiritual, como lo atestiguan los viejos imperios medievales, los cuales se consideraban herederos del Sacro Imperio Romano, y se adjudicaban, entre otros títulos, el ser católicos, apostólicos y romanos. Sin embargo, debemos reconocer a ciertos personajes públicos que practicaron un verdadero misticismo a ultranza como el emperador Carlomagno. En cuanto al resto de los individuos que conforman la sociedad, éstos siempre han sido cooptados por el capital, la obtención de recursos y el disfrute de los bienes materiales, cuando no se dedican a hacer la guerra. Eso sí, con el símbolo de la cruz cristiana por delante. Incluso la iglesia católica, desde la época de Constantino, El Grande (272dC.-337dC.), fue perdiendo sus verdaderos fundamentos místico-espirituales para convertirse en una institución dogmática, autoritaria, sustentadora del poder terrenal y de los bienes materiales. Sin embargo, personajes como san Francisco de Asís, Juan de la Cruz (1542-1591) y Teresita de Jesús (1515-1582) sufrieron en carne propia y en espíritu los rigores de la Iglesia católica como consecuencia de vivir y predicar los valores cristianos revelados por Jesús de Nazaret, los cuales la Iglesia católica hacía mucho tiempo había dejado de practicar.

¿Cómo reaccionaría nuestra sociedad contemporánea ante los arrebatos de exaltación mística que los caracterizaron? Por ejemplo, Cánticos espirituales, de Juan de la Cruz, con el tiempo, ha ido siendo ajustada a la ortodoxia y los cánones exigidos por la institución católica, por lo que han perdido el mensaje y la intensidad espiritual imbuidos por su autor. En cuanto a Teresita de Jesús, por sus arrebatos místicos, en nuestra época seguramente la hubieran encerrado en un sanatorio para enfermos mentales, y a Jesús de Nazaret ya todos sabemos cómo le fue. Motivo por el cual dilucidamos que, en nuestra cultura occidental, la espiritualidad no “comulga” con la concepción fisicalista de lo real y con los valores materialistas que nos rigen, por lo que las experiencias y las prácticas relacionadas con el espiritualismo se descartan como elementos acreditados en el desarrollo del potencial humano, siendo discriminadas y reprimidas socialmente todas sus expresiones por parte del individuo fuera de un contexto relacionado con los rituales religiosos, dentro del marco prestablecido por las iglesias que gobiernan las distintas religiones.

Sin embargo, la psicología ha entrado al quite para llenar este vacío existencial. Porque tiene las herramientas y las técnicas necesarias para que las personas superen el conflicto subsistente entre el individuo y la sociedad sin sacrificar por ello su salud psíquica y emocional.

Williams James, psicólogo estadounidense (1842-1910), en la titulada The Varieties of Religious Experiences (Las variedades de la experiencia religiosa), menciona que a las experiencias espirituales, materialmente trascendentes, debe dárseles un enfoque psicológico. Es precisamente James el antecedente, contemporáneo, más lejano en utilizar el término transpersonal. Posteriormente, Roberto Assagioli (1888-1974), a través de sus teorías y diversos estilos terapéuticos enfocados en aspectos relacionados con la espiritualidad desarrolló lo que, a posteriori, conocemos como psicología transpersonal.

Pero, ¿qué es la psicología transpersonal? Antes que nada cabe aclarar que la psicología transpersonal no es privativa de ninguna corriente psicológica. No obstante, desde la perspectiva transpersonal, el psicoanálisis freudiano ha sido fundamental al incluir la idea del inconsciente. Sin embargo, los orígenes formales de este enfoque datan de la década de los sesenta del siglo pasado con las aportaciones de Carl G. Jung, Abraham Maslow, Ken Wilber y Stanislav Groff.

Abraham Maslow (EE.UU., 1908-1970), uno de los fundadores de la escuela de la psicología humanista, enuncia como uno de sus fundamentos el relieve de la experiencia no verbal y los estados alterados de conciencia detallados como estados de unificación e interconexión espiritual que, según él, no deberían abordarse a través de un encuadre psiquiátrico, como usualmente se hace, sino a través de un proceso psicoterapéutico que ayude a la persona a encontrase a sí misma, con el fin de realizar su potencial. El proceso de encontrase a sí mismo ya lo había definido anteriormente Carl. G. Jung, creador de la Escuela de Psicología Analítica, como un “proceso en que el individuo encuentra su peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno mismo”, según palabras del propio Jung, a todo lo cual denominó proceso de individuación.

Para la psicología transpersonal, salud no es lo mismo que normalidad. Normalidad es el estado de conciencia en el que se encuentra la mayoría de los individuos, derivado de los requerimientos del entorno social, la cual en gran medida sacrifica su desarrollo y su realización plena para satisfacer los requerimientos de control del orden social. Tiene, como consecuencia, una pérdida del equilibrio emocional y mental; fenómeno que Sigmund Freud definió como neurosis. Las neurosis son una serie de mecanismos de defensa y adaptación con los que el individuo trata de enfrentar la ansiedad y la angustia (estrés), productos de la decepción y la frustración de no poder consumar sus deseos de autorrealización, principalmente en los aspectos sexual y espiritual entre otros. La autorrealización se refleja, por consiguiente, en un desarrollo saludable del ser humano; por lo que la psicología transpersonal promueve (entre otros aspectos del potencial humano) el desenvolvimiento de la dimensión espiritual a través de las experiencias místicas, trances sistémicos y vivencias metafísicas o parafísicas.

Otra aportación de Carl Jung, desde la cual se nutrió la psicología transpersonal, es la idea del inconsciente colectivo, concepto que Jung tomó a partir del inconsciente freudiano. Si para Freud el inconsciente es el conjunto de los contenidos reprimidos mantenidos al margen de la conciencia, el inconsciente colectivo jungiano trasciende al inconsciente personal al postular la existencia de un sustrato común a los seres humanos de todos los tiempos y de todos los lugares del mundo y, siempre según Jung, constituido por símbolos que expresan el contenido de la psique. Dichos símbolos ancestrales conforman lo que Jung ha dado en llamar “imágenes arquetípicas”, siendo éstas las que aparecen en los sueños, fantasías, mitos y leyendas relacionados con motivos religiosos, sexuales y espirituales de todas las culturas. Con esta idea, Jung emprende una aventura más allá de los límites de la conciencia personal, a través de lo que los psicólogos han dado en llamar conciencia oceánica, lo cual coincide con las prácticas religiosas orientalistas en las que, a través de ejercicios de relajación y respiración, el individuo logra una conexión con el todo, diluyendo su ego en el nirvana. Así la psicología transpersonal busca ubicar la conciencia individual en un nivel supraconciente, conciencia acrecentada transpersonal. Dicha posición existencial se relaciona con la muerte o trascendencia del ego, o del yo, del cual su desarrollo fue imprescindible al infante en la construcción de una personalidad adulta para enfrentar a través de un proceso de adaptación al entorno social y sus demandas. Dicho ego (yo) con el tiempo se convierte en un serio obstáculo para lograr la expresión del sí mismo o autorrealización, para lo cual hay que dejar atrás apegos, prejuicios, inhibiciones, temores, etc., los cuales obstaculizan el acceso a la experiencia supraconciente y al pleno desarrollo de sus posibilidades individuales. La psicología transpersonal aspira al ejemplo de aquellos seres humanos que habiendo expandido su conciencia a través de una experiencia transpersonal actúan y nos hablan desde allí, como Buda, Cristo, Ghandi, etc., quienes representan el potencial espiritual que todos tenemos y que suele derivar en expresiones incidentales, a menudo con gran sufrimiento por parte del individuo que las experimenta, al generar síntomas que son, como ya se mencionó, considerados como patológicos, y por lo que dichos síntomas se suprimen por vía química (psicofármacos), y perpetúan de esta forma los viejos bloqueos generados por el ego.

“Todo evoluciona o tiende a evolucionar en un proceso de trascender y convertirse en entidades mayores y complejas”, así define el psicólogo Ken Wilber (1949, EE.UU.) las aventuras del ser en un contexto evolucionista, en el cual el mundo se rige por un movimiento continuo hacia el perfeccionamiento; evoluciona el universo desde la explosión cósmica de un átomo infinitesimal para que la energía brotada del “huevo cósmico” se trasforme en materia y dé pie al nacimiento de los astros y las estrellas, las cuales, a su vez, generan los elementos precisos para que se produzca la vida, y ésta evoluciona para transformarse en seres conscientes de sí mismos, los a que a su vez se sujetan al proceso evolutivo del perfeccionamiento, ad infinitum.

 Para Wilber, la conciencia es multidimensional y está compuesta por muchos niveles. Para él cada escuela psicológica y cada religión se centran en un nivel distinto, por lo que en lugar de contradecirse se complementan, siempre y cuando cada enfoque se aplique correctamente al nivel que le corresponde. Wilber propone la idea de la educación integral; en ella primero se tiene que reconocer en el ser humano más de una dimensión: corporal, intelectual, emocional y espiritual, que necesitamos integrar desde los puntos de referencia ético, moral científico y religioso. Wilber considera que “la vida es una ilusión, un juego luminoso en que el espíritu se ejercita en la materia, éste es el significado de la palabra sanscrito maya; ver las cosas como separadas del espíritu, entonces aparecen como reales, pero si podemos verlas sólo como manifestaciones del espíritu, entonces son acciones creativas”. Sin embargo, aunque Wilber actualmente reniega de sus aportaciones a la psicología transpersonal, sus conceptos integristas en lo que considera los aspectos religiosos y espiritualistas del ser humano lo ubican en el plano de lo transpersonal.

“Nuestra percepción del mundo está limitada por el radio de alcance de los sentidos y por la configuración de nuestro entorno. En los estados transpersonales estas limitaciones parecen trascenderse. El tiempo y el espacio dejan de tener límites. Un estudio detallado de esas experiencias muestra fenómenos que desafían seriamente la cosmovisión de la ciencia”, menciona Stanilislav Groff.

Cuando la farmacéutica suiza Sandoz sintetizó en 1954 la dietilamida de ácido lisérgico (LSD por sus siglas
en inglés) y le envió unas muestras al Instituto de Investigaciones Psiquiátricas de Praga, Stanislav Groff, quien en ese entonces laboraba en dicho centro, comenzó a trabajar sobre su probable uso clínico, como ya lo había experimentado previamente su descubridor, el científico suizo Albert Hofmann. Groff se percató que aquella sustancia podía cambiar profundamente la conciencia de los sujetos, durante un periodo de seis a diez horas. Como Groff, la comunidad psiquiátrica de la época también pensó que si el LSD era capaz de alterar la psique de tal forma, lo podrían usar para ayudar a los pacientes esquizofrénicos, por lo que decidieron comenzar a experimentar personalmente para comprobar su hipótesis de si alterando su conciencia mejorarían sus pacientes.

Formado en un ambiente político-económico donde prevalecían las ideas del materialismo dialéctico de la antigua Unión Soviética (URSSS), Groff, como científico, consideraba que todo lo espiritual era pensamiento mágico primitivo y pensaba que las personas con experiencias místicas eran unos psicóticos. Para ellos las visiones de Mahoma y otros místicos eran consideras como un trastorno de la personalidad. Sin embargo, sus experiencias con el LSD lo llevaron a la espiritualidad. 

“Cuando experimentas con esa droga pasas por distintos estadios: uno muy visual, colores y formas geométricas y otro en el que puedes revivir cosas de tu pasado personal, incluso tu nacimiento. Y, finalmente, puedes llegar a la experiencia transpersonal en la que se rompen los límites del cuerpo; es una experiencia de absoluto, unidad con la gente, con la naturaleza, con el universo, teniendo mucho que ver con lo que narran los místicos cristianos o los textos clásicos del budismo. Mi experiencia con el LSD me llevó a la espiritualidad”, señala Groff. Algunas de las experiencias narradas por Groff se relacionan con secuencias de muerte y renacimiento. Otras implicaban sensaciones de unidad con el cosmos y en algunos casos recuerdos de vidas pasadas. Sin embargo, hay que señalar que el LSD no tiene un poder intrínseco positivo o negativo, depende del uso, la preparación, la calidad, la dosis, la metodología y el entorno, “nuestros experimentos nada tenían que ver con las fiestas psicodélicas”, afirma, y propone que el modelo actual de la psique humana es muy limitado, ya que el encuadre freudiano, de que todo viene de la infancia y de la conciencia individual, es un modelo caduco, dado que sus experimentos le permitieron entender que la psique y la conciencia son algo mucho más amplio. Groff afirma haber encontrado, en sus investigaciones y experiencias clínicas como psicoterapeuta, que las causas de algunos trastornos psicosomáticos pueden estar más allá de su biografía, dado que muchas de las personas, con las que ha trabajado por medio de la técnica respiratoria ideada por él para suplir el uso de psicodélicos, que llamó respiración holotrópica (un método de respiración acelerada que lleva a los estados alterados de conciencia), le han proporcionado información precisa de vidas pasadas, las cuales han sido cotejadas por él mismo.

Para concluir, dejo la definición de la Wikipedia del término transpersonal que significa “más allá” o “a través” de lo personal, refiriéndose a las experiencias, procesos y eventos que trascienden a lo que se considera una limitada sensación de identidad y que permite experimentar una realidad mayor y más significativa.

sábado, 8 de enero de 2022

Por qué SUFRIMOS ??

 



Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta Gran Vía Y Online.
Teléfono: (34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza

A nadie le gusta sufrir, pero entendemos que el sufrimiento es consustancial a la vida porque, como decía Aristóteles, “allí donde hay sensación, hay también dolor y placer”. La teoría del sufrimiento de Max Scheler trata de indagar sobre el sentido último del sufrimiento ofreciendo herramientas para su adecuado manejo.  

Max Scheler y la teoría del sufrimiento

Nacido en 1874 en Múnich, Max Scheler es uno de los grandes filósofos alemanes de principios de siglo XX reconocido por el propio Martin Heidegger como una de las grandes potencias de la filosofía de su tiempo. Inspirado en el método fenomenológico de Edmund Husserl, Scheler estudia los fenómenos emocionales entre los que destaca el sufrimiento. 

En sus estudios sobre ética, Scheler desarrolla una teoría de los estratos de la profundidad de los sentimientos de forma que el dolor y el sufrimiento pueden ser interpretados de forma diferente según en el estrato en el que se incluyan: biológico, psicológico y espiritual.

Así mismo, en cada uno de ellos actuaría una instancia: el organismo, el yo y la persona, entendida esta última como la faceta espiritual del ser humano capaz de actos de valor, éticos y morales que conforman la esencia diferencial de cada ser humano, acercándolo en última instancia al plano metafísico.


En primer lugar, el sufrimiento biológico del ser humano es identificable con el de los animales: tal y como señala Scheler “todos los sufrimientos y dolores de las criaturas tienen un sentido, al menos un sentido objetivo”. En este estrato de sufrimiento, el dolor actuaría como una señal de alarma del organismo ante un peligro inminente. 


Pero es el sufrimiento espiritual el que caracteriza al ser humano, el que lo diferencia de los animales porque, entre otras cosas, este tipo de sufrimiento no siempre tiene un papel defensivo. Y entonces, ¿cuál es su naturaleza? ¿Cuál es el significado del sufrimiento humano? ¿Por qué —y para qué— sufrimos?

Sufrimiento y sacrificio espiritual

La teoría del sufrimiento de Scheler
La teoría del sufrimiento de Scheler. Fuente: Pixabay

Para Scheler, la noción suprema y universal del sufrimiento es la idea del sacrificio. Solo instalados en nuestro estrato espiritual podremos actuar frente al dolor, tomando postura y encontrando un significado último para el sufrimiento. Y ese sentido último, para Scheler, es aprehendido mediante el sacrificio. 

Pero Scheler puntualiza que “todo sacrificio es siempre un sacrificio para algo; afrontar un mal sin objetivo no tiene sentido. El ‘para’ alude siempre a un valor positivo de rango superior al valor sacrificado”. Es decir, el sufrimiento espiritual o existencial nos exige un sacrificio, un padecimiento temporal, pero cuyo sentido es lograr un objetivo “superiormente valioso”. Sí, sufrimos, pero lo hacemos con un sentido, con un fin. 

Pero Scheler advierte que no se trata de un “cálculo de coste/beneficio”, el sacrificio supondría una supresión definitiva, una pérdida de bienes y placeres sin retribución y una aceptación definitiva del dolor y el sufrimiento que dicha pérdida puede conllevar. 

En este sentido, el sufrimiento tiene para Scheler casi una connotación heroica y catártica situando el fin del sacrificio en el amor y la generosidad: “en el sacrificio del amor espiritual, la persona experimenta, en un mismo acto, la serenidad del amor y el dolor de perder el bien que por amor cede”.

Todo lo cual, en última instancia, provoca que Scheler acuda a la idea de purificación para conectarla con el sufrimiento producido por el sacrificio espiritual: “la experiencia de la purificación consiste en penetrar —mediante el sufrimiento en los niveles más periféricos— en los ‘castillos del alma’ cada vez más profundos y mantenerse aquí cada vez más abierto a la recepción de un mundo superior de fuerzas espirituales”. 

Buscando un sentido al sufrimiento

La teoría del sufrimiento de Scheler
La teoría del sufrimiento de Scheler. Fuente: Pixabay

Reflexionar sobre el dolor es una tarea muy delicada ya que existen muchos tipos de padecimiento que pueden, a su vez, generar ‘profundos sufrimientos espirituales’. El propio Scheler relacionaba su sentido del sacrificio con la noción cristiana cuya interpretación ha supuesto grandes equívocos.

Actualmente, de hecho, el sacrificio es rechazado de plano por muchas personas justamente por la resonancia cristiana del término: tienen la sensación de que no existe otro sacrificio que no sea el religioso.

En este sentido, nos encontramos en un escenario en el que, en líneas generales, el individuo repudia el sacrificio de la misma forma que se espanta ante el sufrimiento, entendido este como algo que hay que evitar a toda costa hasta el punto de que un episodio aislado de sufrimiento se confunde con un trastorno emocional: el sufrimiento se convierte así en una anomalía que se narcotiza con toneladas de placeres más o menos efímeros.

“El ser humano que encuentra un para qué (vivir), puede soportar casi cualquier cómo”.

Friedrich Nietzsche

Tal y como señala, en este sentido, Marisol Ramírez de la Universidad Veracruzana en su estudio sobre Scheler, estos placeres efímeros suponen “vivencias sentimentales que no son contempladas en su plenitud de forma que la persona se adhiere a lo que le gusta y evita lo que le disgusta, una moral hedonista que conlleva una vida superficial”… que lo aleja de la dimensión espiritual. 

Por otro lado, no obstante, también hay que señalar que frecuentemente el sacrificio espiritual ha sido asociado con la sumisión, circunstancia a menudo rentabilizada en diversos periodos históricos para justificar injustificables abusos sociales y/o económicos. 

La teoría del sufrimiento de Scheler

Debemos acudir entonces a las reflexiones de Viktor Frankl, psiquiatra austriaco fundador de la logoterapia del análisis existencial y seguidor de buena parte de las enseñanzas de Max Scheler. Frankl puntualiza que el ser humano es capaz de hacer frente a los condicionamientos humanos que provienen tanto de lo fisiológico (patologías, herencia), lo psicológico (trastorno, impulsos), como lo social o económico gracias, justamente, a la dimensión espiritual de la que hablaba Scheler. 

De esta forma, tal y como indica el logoterapeuta y psicólogo Felipe Miramontes, los condicionamientos no serían determinantes, sino solo circunstancias ante las cuales una persona puede tomar una actitud o posición existencial. La conversión existencial, tal y como la denomina Frankl, sería el cambio en la orientación existencial del paciente, del ser doliente, porque: “el paciente solo se desespera cuando ya no encuentra ningún sentido a su dolencia”.  

Encontrar el sentido al sufrimiento es, por tanto, el único camino para filtrar los sentimientos negativos propios del dolor y el sufrimiento. Tanto para Scheler como para Frankl, el sufrimiento no debe, por tanto, rehuirse ni rechazarse. El sufrimiento sería una oportunidad, un reto, un paso más en nuestro camino hacia la plenitud espiritual… siempre y cuando le encontremos un sentido. 

Y ese sentido solo se encuentra en nuestra dimensión espiritual, de forma que aquella persona que es capaz de sobrellevar dignamente el sufrimiento gracias al manejo de su espíritu, gracias a su aceptación del sacrificio como acto de valentía, amor y purificación, afronta la vida con mayor serenidad y alegría. Porque, en definitiva, encarar el sufrimiento supone un acto de coraje y osadía, de crecimiento y madurez.

jueves, 12 de agosto de 2021

Saint Germain

 


ACTIVAR LA ENERGÍA


He hallado está curiosidad y quiero compartirlo. Las personas que quiero y los pacientes/clientes.

Activar la energía acumulada.

La mayoría de los individuos tienen la idea equivocada de que esta Magna Energía de Dios es algo que tienen que bombear a la actividad o sacar de alguna parte, pero quiero asegurarles que la cuestión se parece más a un pozo artesanal. Una vez que has llegado al nivel del agua, no es necesario coaccionarla para que se apure hacia la superficie como un torrente continuo. Igual ocurre cuando entramos lo suficientemente profundo en la Conciencia de la Magna Presencia de Dios: horadamos esa Magna Fuente de Energía, y no tenemos que coaccionarla del todo. Ésta se abalanza como agua que se derrama por una represa, y podremos dirigirla doquiera que se nos antoje, ya que tal es nuestro Derecho Natal Divino y nuestro privilegio.

No hace falta coaccionar la energía haciendo algún tipo de fuerza física, puesto que la energía es inteligente y se proyecta hacia donde quiera que se dirija la atención.

LIBERAR LA ENERGÍA

Cuando la energía es descargada, actúa siempre, porque el individuo la ha puesto en movimiento, y no establece diferencias entre el rey y el limpiabotas.

Toda la fuerza y !a energía que se necesita para lograr un propósito determinado está Omnipresente cuando es descargada por la «Presencia YO SOY». Por lo tanto, a través del uso de la «Presencia YO SOY», puedes liberar un Poder del cual todavía no tienes idea alguna.

Todos Nosotros estamos usando enormes cantidades de Energía todo el tiempo, y el uso descuidado es suficiente para mover una montaña. El Poder está en estas palabras, y no hay ningún tipo de error en esto si el estudiante lo acepta. El gran obstáculo que le impide a muchas personas lograr un rápido progreso es la tendencia a buscar continuamente algo fuera de sí mismo para echarle la culpa.

CAUSA Y EFECTO

«Somos creadores de Causas y toda causa tiene su efecto». Saint Germain

Al ser hijos de Dios somos co-creadores con «ÉL», lo cual es real y nos capacita para crear libremente a Su Imagen y semejanza o lo contrario.

Estas creaciones son nuestros hijos y por lo tanto debemos responsabilizarnos de ellos. Para crear usamos Energía y ponemos en acción algo que llamamos causa y que siempre traerá una reacción llamada efecto y de la calidad de esa causa dependerá la manifestación del efecto.

Si esa causa es positiva (de bien) traerá efectos positivos y en la unidad de toda vida esto actúa sobre nosotros y lo que nos rodea, por lo tanto, somos responsables absolutos de cuánto haya de agradable o lo contrario en nuestras vidas, entornos y el Planeta mismo.

Este Principio lo enuncio el Amado Maestro Jesús hace más o menos dos mil años, cuando dijo: «Lo que sembréis, cosecharéis». Jesús

La energía de la mente sale en vibraciones. Veamos la mente como un motor. Los pensamientos como fuerza o energía generada por la mente. Esta energía es sellada, avalada por los sentimientos y sale desde nosotros en vibraciones, en ondas que por obra del Principio de Ritmo regresa a nosotros en algún momento trayéndonos el futuro que merecemos, pues recordaremos que los pensamientos son cosas (Principio de Mentalismo), tienen forma, sonido y color.

RETORNO DE ENERGÍAS

Es una acumulación de energía que apoyadas por el sentimiento son lanzados hacia el objetivo como una bendición o lo contrario, y continúa recorriendo la atmósfera, unificándose con lo similar que allí encuentra -El Principio de Vibración- y retorna a su emisor dentro de días, meses, años o en futuras encarnaciones, trayendo los efectos de tal generación.

Es decir, si piensas bien de algo o alguien, si haces un bien, si hablas bien de alguien, ese pensamiento, ese sentimiento, ese acto o palabra salen para llevar bendición a esa vida y te regresan aumentando el bien que hiciste. Te ocurren cosas bellas, y no son casualidad, la casualidad no existe, existe la causalidad, porque son efectos de causas que pusiste en marcha consciente o no, en el presente cercano, lejano o en algún pasado que no recuerdas, pero que está vigente en el eterno hoy a través del retorno de tus Energías.

Cada momento eliges cómo deseas vivir tu presente y cómo deseas vivir tu futuro. Lo que haces, piensas o dices siempre pertenece a alguno de los dos polos: positivo o negativo, el Principio de Polaridad lo fija en uno de ellos y el Principio de Causa y Efecto lo retorna intensificado, en algún momento.

No hay error, los Principios son inalterables, inequívocas e impersonales. Si siembras discordias, recogerás discordias, si críticas, serás criticado; pero si siembras Amor, Bondad, Ayuda, por Ley tienes que recoger más amor, más bondad y buena voluntad y más asistencia para mejorar tu vida.

¿Cómo puede la humanidad continuar creyendo que pueden impunemente ser crueles, calumniadores, malhumorados, violentos, egoístas y esperar tener salud, Amor, fortuna, Felicidad y Paz?, es decir, ¿Cómo desear todas las cosas buenas de la vida, si sólo se siembran aquellas que no lo son?

¿Qué pasa con los seres que, ignorando estos Principios, reciben ese caudal de las tan llamadas desgracias en su vida, a qué lo atribuyen, a quién culpan por sus desdichas?

Sí, no te extrañes amado lector/a, no sólo se ha usado la Energía vida de Dios, sino que además se la ha recalificado incorrectamente por pensamientos y sentimientos, palabras y acciones, pensando y sintiendo que podíamos crear mejor que Dios.

A la personalidad le queda cómodo -aunque llega un tiempo que le incomodará- el pensar que todo lo que pasa es porque la culpa (causa) la tiene el vecino, el familiar, la pareja, al gobierno y hasta se tiene el tupé de no hablar bien del clima cuando muestra no buen tiempo, lluvias copiosas, inundaciones, y todo lo no bueno que se pueda presentar como desequilibrios climatológicos; en lugar de hacernos cargo y entender que todo llega multiplicado; porque primero se lo ha puesto en marcha.

Por cada vez que no se hable o sienta bien de algo o alguien, por Ley del Círculo retorna a su emisor lo que ha emitido y se une a su paso de ida y vuelta con todas las Energías similares. Por lo tanto, hasta tanto nos darnos cuenta que lo que se dice, se repite, se transmite de uno a otro no es más que hacer se intensifique en lugar de desaparecer o minimizar. Y aún hay muchas conciencias que dicen que aún que es la Voluntad de Dios cuando llega un contratiempo.

Todo esto es simplemente la falta de conocimiento y madurez para hacernos cargo de nuestros errores y enmendarlos, elevando de esta forma nuestra calidad de vida.

No existe la casualidad, no existe el error en el retorno de las energías.

Recordemos que cada Electrón (energía vida de Dios) al descender desde nuestra Divina Presencia individualizada, es portador de un «sello», que es diferente en cada ser. Todo lo que generemos con esa Energía, lo que creemos con ella, lo que lancemos al mundo, circulará por él, recogerá aquello similar y retornará a su Fuente sin error.

Esa Energía es inteligente y sabe cuál es la Fuente que la creó, por lo cual volverá hacia ese generador de sellos igual al que porta y no a otro que no es similar en su identificación. Las huellas digitales nos identifican desde lo humano, el sello Divino nos identifica desde lo espiritual. Como es arriba es abajo, recordando este Principio de Correspondencia, podremos entender esto con facilidad.

Al comprender esta actividad automática de la Energía y de la Ley Divina, borraremos de nuestras conciencias algo que nos retrasa grandemente en nuestro crecimiento espiritual y humano: el sentido de injusticia.

Cuando lo que nos sucede no nos gusta, nos sentimos injustamente tratados por la vida, por Dios o por cualquier ser que se nos cruce en el momento, y no nos detenemos a pensar que la Vida nos devuelve únicamente aquello que alguna vez le hemos impuesto de discordia y que ella padeció, tal vez durante mucho tiempo.

Nos retorna la conciencia de la deuda de Amor que tenemos con ella y la necesidad de ser libre de toda calificación que no le es confortable.

Este retorno responde únicamente a la necesidad de liberación, un ser no puede considerarse libre, mientras no pague todas sus deudas ¿Verdad? Esto es igual en la Tierra como en el Cielo, no podremos alcanzar la Ascensión a un Estado vibratorio superior, hasta que no hayamos redimido nuestras energías en Luz, en Armonía, en Amor.

TODO ES UN EFECTO

Nuestras familias son un efecto, nuestros hijos son un efecto; nuestros trabajos son un efecto, nuestros cuerpos son un efecto; nuestros rasgos son un efecto y por más que nos rebelemos contra ellos y los sometamos a separaciones, cambios, cirugías o arreglos externos, mientras la causa esté vigente ese cambio no será real.

Cuando una pareja se separa en Armonía, sólo porque ya no tienen cosas para compartir, esos seres ya han cumplido su compromiso kármico y son libres en Paz; en cambio cuando esas separaciones son complicadas con des-armoniosas y dolorosas para alguna parte de vida, cuando a pesar de la distancia siguen los conflictos, entonces allí sucede que las causas imperfectas aún no han sido sublimadas y purificadas.

Todos los efectos son alimentados y sustentados por sus respectivas causas, sólo cuando las causas se revierten, se transmutan en Perfección, los efectos dejan de manifestarse como aflicción y desaparecen.

Existe entonces, el mundo de la causa y el mundo del efecto, éste en el cual vivimos y nos movemos es el mundo del efecto, por lo tanto, comprendemos porque es llamado -El mundo de la ilusión-. Venimos a la Tierra a transformar esa ilusión en realidad, y el mundo de la Realidad es aquel que conoce qué causas perfectas poner en movimiento y sólo reconoce como real aquello que es eterno, que no cambia, que es de Dios.

Todo lo demás se puede mejorar, redimir, perfeccionar y sublimar. Esa es nuestra razón de ser, de tener la encarnación, arreglar las cosas que no hicimos bien, y no recrear errores sin reconocer que alguna vez nos equivocamos, lo que nos lleva a reiterar ofensas contra la Ley del Amor.

Todo efecto negativo que nos llegue, responde a una causa creada por falta de Amor. Si aprendemos a Amar, Perdonar y Transmutar, estaremos muy pronto libres de toda apariencia de imperfección.

No siempre la cosecha se devuelve inmediatamente, el Planeta tiene gran cantidad de deudas acumuladas y se desahoga por donde puede, a veces en terremotos, tempestades etc. Involucrando únicamente a los seres causantes de este cúmulo de energías negativas.

A veces las personas a quienes hemos dañado en alguna forma desencarnan antes de que se haya podido saldar la cuenta con ellas, y tiene que haber una oportunidad para saldarla en el futuro, porque Dios es infinita Misericordia y no deja a un hijo sin darle esa oportunidad de quedar libre. Este es el porqué de la Reencarnación, para dar oportunidad de pagar deudas y para dar también oportunidad de cobrar el bien carnal y material que hayamos merecido y que no se puede cobrar en un plano inmaterial.

TRASMUTAR LA CAUSA

Rítmicamente transmutamos con Llama Violeta las causas.

Llega la pregunta ahora, si todo se mueve en círculo, si las ofensas que recibimos son el efecto de las ofensas que alguna vez infligimos, si tenemos deudas del pasado, tal vez remoto que no recordamos. ¿Qué herramienta poseemos para aliviar esos retornos o aún más, evitarlos? ¿Existe esa posibilidad de trascender el mundo del efecto y sus manifestaciones?

La respuesta es si. No sólo existe, sino que está a la mano de todo ser que se eleve desde este plano de efectos y elija vivir en el plano de causa y crear como Dios crea.

Meditemos, si la causa es el alimento del efecto, y esa causa desaparece o se revierte en Luz... ¿Qué sucederá con el efecto? ¿Desaparecerá también?

¿QUÉ ES VIVIR EN EL PLANO DE CAUSA?

Es reconocer que hemos cometido errores y tratar de remediarlos, dejando de dar poder a lo que las apariencias nos muestran y considerando seriamente lo que esta Enseñanza nos ofrece. Aceptar que hay una Divina Presencia que es la Causa del Amor, que hay una Llama Violeta capaz de transmutar esas causas imperfectas en perfección, haciéndonos así, libres de los efectos.

Recordar que la Llama Violeta es un Regalo Divino de Energía inteligente que irá en busca de esas causas, aunque no las recordemos y se reflejará en nuestras vidas, a través del logro de esa mejor calidad de vida que buscamos.

Saber que la Llave de Luz que activa esa llama a la acción es un sentido pedido de Perdón por todo los errores cometidos y esa llamada a la Ley del Perdón de por si ya está creando causas de Amor, lo que a su vez traerá Paz y Armonía al que así decide demandar.

En definitiva, ya estamos comprendiendo que cuando nos decidimos a vivir creando causas positivas a través del uso de nuestro libre albedrío y rítmicamente transmutamos con Llama Violeta las causas que no lo son, en un corto tiempo (dependiendo de nuestra aplicación) nos veremos libres de todo lo que no nos haga felices.

Todas y cada energía retornando, no importa su naturaleza debería ser recibida con Alegría, Amor y Bendición. Alegría: por la oportunidad de redimir esa parte de vida aprisionada por nuestra causa. Amor: porque el Amor transmuta el pasado, y la rebelión contra ella sólo nos traería más dolor. Bendición: porque al reconocerla, Amarla y transmutarla, ya somos más libres, recordando que todo lo que se trasciende y se libera correctamente, nunca más retorna a la pantalla de nuestra experiencia.

Esto es hacerse cargo, aceptar con humildad esta deuda que no es ninguna Pesada Cruz, sino una maravillosa oportunidad de Liberación, que nos conduce directamente hacia una mejor calidad de vida.

«La Ley de Compensación es lo que puede denominarse el proceso balanceador automático que gobierna todas las fuerzas del Universo, en todas partes. La comprensión correcta de esta Ley, da la explicación de muchas condiciones en la experiencia humana, que sin ella parecen totalmente injustas. Es la única explicación lógica de la infinidad de complejidades y experiencias humanas que revelan la operación de la Ley sobre la cual descansa toda manifestación. Esto hace comprender que no existe lo que llaman “casualidad o accidente». Saint Germain

Todo tiene una causa interior, y todo es la causa de un efecto futuro en el mismo instante en que se efectúa la causa.

El individuo puede experimentar y crear lo que se le antoje en su propio mundo; pero si a él se le antoja hacer aquello que les haga a otros experimentar discordia, él se obliga a experimentar la misma condición hasta que comprenda lo que es el efecto de su propia creación sobre la vida ajena en el Universo.

DECRETOS ENERGÉTICOS

YO SOY el fuego y la belleza de tus ojos llevando esa radiante energía hacia todo lo que mire.

YO SOY la presencia que ordena, la energía inagotable, la sabiduría divina haciendo que mi deseo sea cumplido.

YO SOY quien cancela, disuelve y transmuta toda energía discordante que se acerque a mi vida. Sola la luz viene a mí.

YO SOY la única y perfecta energía actuando allí, por lo tanto, toda apariencia de perturbación es instantáneamente corregida.

YO SOY la energía que usas en cada acción; soy la presencia, la inteligencia, dirigiendo esta energía hacia un propósito determinado.

YO SOY la inmensa energía electrónica que fluye, que renueva, que llena cada célula de mi mente y mi cuerpo ya, en este mismo momento.

YO SOY la energía perfecta de cada soplo que respiro, soy la atmósfera pura de mi mundo, soy la presencia que carga esto con poder y energía, amor.

YO SOY la magna presencia de esta energía alerta y radiante que surge a través de mi mente y mi cuerpo, disolviendo todo lo que sea diferente a ella misma. Yo me planto para siempre en esta alerta y radiante energía y gozo para siempre.

YO SOY dueño de mi propio mundo, soy la victoriosa inteligencia que lo gobierna. Yo ordeno a esta gran radiante e inteligente energía de dios que entre a mi mundo, le ordeno que me traiga la opulencia de dios, hecha visible a mis manos y para mí uso. Le ordeno que cree toda la perfección. Yo no soy ya más el niño en cristo sino la presencia maestra que ha alcanzado su plena estatura. Yo hablo y ordeno con autoridad.

FRASES SAINT GERMAIN

  • YO SOY la perfecta salud manifestada ahora, en cada órgano de mi cuerpo.
  • La vibración de Cristo es muy elevada, permite que la energía de alta frecuencia de la quinta dimensión Crística, se funda con sus auras.
  • YO SOY la pura revelación de todo lo que yo quiero saber.
  • YO SOY si me doy cuenta del Poder Ilimitado a mi servicio.
  • YO SOY el gran circulo mágico de protección alrededor mío que es invencible, que repele todo elemento discordante que intenta entrar a molestarme.
  • La conciencia de las almas avanzadas, que llaman Semillas Estelares, está en el proceso de entrar en la conciencia de la quinta dimensión.
  • YO SOY la milagrosa presencia trabajando en todo lo que yo necesito que se haga.

jueves, 24 de junio de 2021

Boceto de la Terapia Gestalt

 

FRITZ PERLS

Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta.
Teléfono: 653 379 269
IG: @psicoletrazaragoza
Website:Conóceme


La Terapia Gestalt es una terapia perteneciente a la Psicología Humanista(o Tercera Fuerza), la cual se caracteriza por no estar hecha exclusivamente para tratar enfermedades, sino también para desarrollar el potencial humano.

La publicación, en 1951, de Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality, (conocido también como PHG, por las iniciales de sus autores), y escrito por Paul Goodman y el catedrático de psicología de la Universidad de Chicago, Ralph Hefferline, a partir de un manuscrito de Fritz Perls, establece las bases fundamentales de la terapia Gestalt.

La terapia Gestalt se enfoca más en los procesos que en los contenidos. Pone énfasis sobre lo que está sucediendo, se está pensado y sintiendo en el momento, más que en el pasado. En este sentido, se habla del aquí y ahora, no para dejar de lado la historia de la persona, sino que esta historia se mira desde el presente, cómo se viven, afectan, etc.… los hechos pasados a día de hoy. La persona es quien es, entre otros, por lo que ha vivido.

Desde esta perspectiva, se utiliza la aproximación fenomenológica y el método del “darse cuenta” (awareness), prestando atención a las percepciones, impactos emocionales y cómo hacemos con esto, cómo actuamos. El terapeuta devuelve al paciente justo esto, dejando a un lado los prejuicios y adoptando la postura de “no saber”, no dando nada por supuesto. Con esto, se pretende que la persona sea consciente de cómo impacta y es impactada por su entorno, haciendo más consciente su manera de hacer, así como la vivencia de ello, con lo que podemos discernir qué son respuestas fijadas del pasado, que a día de hoy ya no tienen sentido, y descubriendo nuevas maneras de hacer que le sean más útiles, aprendiendo a adaptarse y ajustarse a cada situación.

La Terapia Gestalt también es heredera de la Teoría de Campo de Kurt Lewin, de donde extrae que el organismo (en este caso el individuo) es inseparable, indivisible del entorno, por lo que afecta y es afectado por este. La Gestalt, deja de mirar al individuo aisladamente para considerarlo un elemento más de la situación, de tal manera que la persona crea y es creada por la situación, es actor y actuante de ella.

El objetivo de la Terapia Gestalt es ayudar al paciente en su problemática, haciéndole más consciente de cómo ha llegado hasta el punto en el que se encuentra y cómo aprender a hacer de otras maneras, devolviéndole la capacidad de elegir que opción quiere tomar para afrontar la vida, ampliar el campo de posibilidades y dejar de reducirla a una o unas pocas opciones (adicciones, depresión, ansiedad, etc.). Gracias a esto, la persona puede conocerse mejor y recobrar la creatividad perdida.

lunes, 21 de junio de 2021

Janine Puget

 



Cuando uno rememora con un “antes no era así” se trata de un pensamiento melancólico de que el mundo no debe cambiar. Es como si costara admitir que uno está en movimiento permanente. ¿Por qué necesitamos tanto una inmovilidad cuando la vida es movimiento? La vida es cambio, ¡eso es vida! Pero parece que hay una añoranza de que tiene que ser igual. Que los chicos crecen, que llega fin de año, ¿todo es sorpresivo?

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com Zaragoza. Teléfono: (+34) 653 379 269.    Instagram: @psicoletrazaragoza.                    Website: Conóceme

Iara: ¿Qué es el psicoanálisis?

Janine: Cada uno tiene su propia definición y está bien. Si uno dice que se ocupa del inconsciente, de los sueños, de la sexualidad, indagar algo que está oculto, y del sufrimiento humano, con criterio hipotético deductivo, ha dicho que es psicoanalista. Salvo que de cualquiera de esos temas hay definiciones diferentes. ¿Qué entiendo por sufrimiento? Los que me dicen que sufren. Luego está cómo pienso yo ese sufrimiento y de qué herramientas clínicas dispongo para ocuparme de ese sufrimiento. Entonces ahí empieza una complicación mía que me hizo proponer otra lógica, no la lógica empleada por Freud únicamente sino lo que yo llamo una «lógica heteróloga», que diferencia lo que es la relación consigo mismo del sujeto singular y la relación entre dos o más, una lógica vincular.

¿Qué sería una lógica vincular?

Hay otros que se ocuparon y ocupan del «vínculo» y que funcionan bien con la lógica de Freud y continuadores, Bion, Winnicott, Bergeret, etcétera. La lógica vincular que tengo en cuenta es la que toma como «fuerza» —que es equiparable a «pulsión» en la lógica singular— el espacio entre dos. Ese espacio imposible de franquear que es el de la diferencia radical y la fuerza motriz de un encuentro. Fuerza que no se acaba nunca y que está ligado al principio de incertidumbre: la incertidumbre como factor necesario, condición suficiente y necesaria de cualquier vínculo. Se presenta la oportunidad de un hacer productivo a partir de la diferencia radical.

Hay muchas frases en la vida cotidiana que intentan anular el devenir; lo que uno no espera que pase en el encuentro. Lo nuestro sería un ejemplo: qué va a pasar, no sé. Vos estás en pleno centro de la tormenta que es las diferencias: entre una escuela y otra, entre un psicoanalista y otro… y que ¡por suerte! no se unifican. Como el mundo es muy amplio, el sufrimiento es variado y depende de las situaciones y de un presente siempre renovado. No puede haber una sola mirada. Entonces, algunos piensan de una manera, otros piensan de otra. Todas las perspectivas son enriquecedoras en el sentido de que cada una habla del sufrimiento, lo define, emplea un vocabulario propio a su lógica, a su cuerpo teórico, y no tiene por qué coincidir porque son distintos anteojos, distintas visiones; pero a pesar de que son distintas uno puede usar la diferencia para cuestionarse, no para anularse.

No es decir en forma binaria: “Esto sirve, lo otro no sirve”. Si nos manejamos con lo múltiple, no binario, de todo lo que pasa uno se enriquece. Después se puede descartar, pero te obliga a pensar de nuevo qué es lo tuyo.

Entonces, la definición de inconsciente que tiene un lacaniano, un freudiano, etcétera, me interesa, aprendo, pero no lo adopto sino que me cuestiona si eso me sirve para lo que yo hablo del inconsciente vincular, que no es el inconsciente de Freud.

Para mí, el inconsciente vincular se crea en cada encuentro. No es un almacén de representaciones que se expresan a través de signos, síntomas, que también lo es, eso no lo descarto sino que digo: “Esto es, pero no es todo lo que pasa”.

Con eso, pero además algo que sucede “nuevo”. Algo que se presenta.

“Algo que se presenta”. Me interesa que pudiste emplear la palabra, desde lo tuyo o desde cómo me escuchás, que para mí forma parte del vocabulario importante que diferencia el psicoanálisis singular, el del mundo interno, del psicoanálisis vincular. No es una representación, es algo que se presenta, que se construye en el momento.

En el psicoanálisis vincular me ocupo también de lo singular. Con el inconveniente de que nunca voy a estar del todo contenta porque si me ocupo de lo que pasa entre dos, lo que se puede crear, no me estoy ocupando del aparato psíquico singular de cada uno.

Algo que me sucede es que no tengo más un marco sólido para apoyarme sino que estoy permanentemente en un nivel de «incompletud», de fragilidad y de descubrimiento; y con la idea, para los psicoanalistas, de que cuando tiene sus pacientes —sean parejas, familias o uno solo— nunca va a estar conforme del todo con lo que dice porque siempre le va a faltar algo.

Si se ocupa de cómo se desconocen uno al otro, no se va a ocupar de si el pasado infantil de uno de los dos produjo ese personaje, pero también tiene que ocuparse. Entonces, es una tarea compleja.

¿No sucede también cuando uno está en una situación de analista que se construye con el otro eso que está sucediendo? ¿Se puede considerar que también ahí hay un «inconsciente vincular»? Podría decirse que uno se desentiende de uno porque se ocupa del paciente. Se desentiende de uno hasta un punto, porque también, antes o después, recalcula, se percata de dónde le aprieta el zapato. Ya que ese zapato y hasta el mismo pie puede variar…

Está muy bien eso que decís. Yo hago una diferencia en relación con el analista. Pienso que el analista es en parte objeto de transferencia, pero a la vez es sujeto de un vínculo; y en ese caso no es un interpretador sino alguien que interviene con sus opiniones, su enfoque.

El paciente te puede decir, como me ha pasado: “Yo no he venido para escuchar tus opiniones; he venido para que alivie mi sufrimiento”. “Eso es uno de los temas que lo puede hacer sufrir: que desconoce que no quiere escuchar a otro, que no piensa igual que usted”. No le doy una conferencia, pero sería eso: le propongo que entre los dos pensemos juntos qué está pasando.

En ese caso hay una especie de herida narcisista: “Pero ¿cómo? ¿no se ocupan de mí que soy lo principal?” “No, porque yo soy sujeto, no soy objeto; no soy solamente objeto de transferencia. Soy un sujeto que lo piensa; y pensar entre dos es muy difícil y muy diferente a pensar solo”.

De esta forma introduzco la idea de que hay un pensar solo, un monólogo interno, pero que hay también un pensar entre dos que nos descoloca. “Yo quería ir por allí, pero no, me llevan para acá”. Y sí, me llevan para acá.

Y, además, cuando yo pretendo conocer al otro — en estas palabras: “te conozco” —, solamente es un conocer identitario. Te pregunté en un momento ¿quién eras, qué hacías? Te describiste en función de la situación, de una serie de experiencias que tenés. Es en función de esta situación. ¿Qué voy a hacer yo con esto? No sé, pero me dio ganas, me metió en un mundo que no conozco, interesante. “Me escribe, me habla, le interesa lo que pienso… Bueno, vamos a ver si se arma algo”, pensé.

Una cosa es: “Yo te conozco porque me das los títulos”, y otra es “Nos iremos conociendo en base a algo que no sabemos qué es”.

Me interesa crear un nuevo vocabulario que pueda abrir a pensar otras cosas. Llamo «producción inconsciente» no al inconsciente que está previo sino al que se produce en el momento.

Hace un rato dijiste “se presenta”, que me da pie para decir algo que estoy pensando que sería lo que yo llamo «efecto de presente». El efecto de presente descoloca, necesariamente. Pero esa es la riqueza del efecto de presente, que es que hay que hospedar lo ajeno. Si es para hospedar lo que uno ya conoce, puede ser interesante pero no muy creativo. Si es hospedar lo que uno no conoce, te desacomoda. Desacomodar es la fuerza vital de la vida.

Si uno ya tiene preceptos, los va a ir a buscar todo el tiempo…

Los ve. Por ejemplo: Cuando alguien presenta un material clínico, la costumbre es contar quién lo derivo, quién es, algo de su historia, y después llegamos a la sesión. Pero entonces ya tenemos en la cabeza que de chico los papás le pegaban, que después esto, que después lo otro, y cuando empieza a hablar ya no lo escucho sino que busco lo que yo sé que está. Es lo opuesto a una conversación.

Entonces, yo hablo de dos presentes: «la historia del presente» y de «el presente de la historia». Primero hay que crear la situación en un presente y ver después si el presente es una repetición de la historia o un nuevo presente que abre un nuevo futuro. En ocasiones, ese presente puede llegar a ser «acontecimental». Algunas veces, es mero intercambio que produce ideas, interés, curiosidad, deseo de investigar, etcétera. Otras veces es algo que pasa que se puede leer en términos acontecimentales, con lo cual nada va a ser igual después a eso que pasó.

El analista también está en juego. Porque podría parecer que está en juego sólo el paciente y el analista interviene en el juego del otro, se deja tomar.

Hubo muchas cosas en la vida que me llevaron a decir que el analista es algo más que eso, que un objeto que se deja tomar, que se presta al juego del otro. Algunos eventos como la dictadura en Argentina —ahora lo que sucede en Chile, y tantos otros en el mundo—, eventos que nos afectan. Esos serían efectos de presente. Entonces, aparecía algo nuevo, inédito, que descolocaba de las lógicas habituales y que había que hacer, pensar en que el sujeto analista y el analizado estaban en juego. Hay eventos que no provienen del mundo interno sino que nos alteran y nos obligan a salir de nuestra singularidad para conectarnos con el mundo.

Tengo que aceptar que yo no soy hacedor del mundo. Las pulsiones las tengo en cuenta, pero no alcanzan para ubicarme como sujeto social.

El analista «interfiere» en el análisis del paciente. No es sólo transferencia sino interferencia. El analista no sólo tiene que «interpretar» sino también «intervenir», insisto. Son dos vocabularios. No se anulan el uno al otro. Son las dos cosas. Y allí no es solamente «representación» sino también «presentación».

Construyo herramientas clínicas y técnicas para poder trabajar. La realidad me obliga a derribar paredes del cuerpo teórico. Hago entrar lo múltiple, opuesto a lo central. El sujeto no es centro, está, estamos influenciados por múltiples influencias que no dependen de mi inconsciente sino que yo tengo que hacer algo con ellas. Somos uno entre muchos y cada uno es distinto. Es muy difícil de escuchar eso. Uno tiende a decir “Yo soy”. Yo no soy, yo voy siendo, voy deviniendo.

Es difícil de escuchar… (Papá y mamá no lean lo que sigue, a ustedes esto no les pasa). Por ejemplo, a muchos padres les cuesta aceptar que con sus hijos no tienen el mismo trato. “Los quiero igual”. Quizá ni mejor ni peor, pero diferente.

Absolutamente. En cualquier constelación social, vincular —familia, pareja, grupos—, no hay una sola definición del “ir siendo”. Uno va siendo.

Hace ya muchísimos años de mi primer contacto con eso —de que somos diferentes si estamos con otro a que si estamos solos— fue cuando me formé como psicoanalista en la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y creamos la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG) con otros colegas porque había gente que por razones económicas no podía atenderse allí. Yo hacía las entrevistas para ver a qué grupo mandaba a las personas; y me encontré con que la persona que veía en la entrevista estando sola, cuando entraba al grupo era otra. De ahí surgió que en situación con otros uno no es el mismo.

Me he encontrado con gente, que en distintas circunstancias me decían, por ejemplo, “Porque tal persona cambió”. Hablando de que cambió no para ‘bien’. “Cambió, antes no era así”. Y yo me preguntaba cada vez que me decían algo así sobre el “antes no era…” ¿Uno ‘de golpe’ cambia? ¿Hasta qué punto se es influenciable, o se influencia sobre algo que ya habitaba allí? Y, por otro lado, ¿ese “cambio” del otro fue algo que podría haber estado y no se vio, o realmente surgió después? Hay un dicho: “Para muestra, un botón”.  Si te precipitás, podés estar muy aferrado de ese botón, pero a veces ese botón puede aparecer como alerta y se lo anula y se piensa: “No, no tiene nada que ver porque es encantador, fue un desliz, no voy a pensar ‘mal’”. Y después, indagando, me doy cuenta de que no hubo tal cambio… Siendo irónica, lamentablemente no creo que exagerada, escucho: “Bueno, sí, abusó de unos chicos, mató a dos, pero conmigo es un amor”. Empezás a escuchar con atención y no es que ‘de golpe’ se transformó en algo completamente distinto. Tal vez yo puedo caer en juzgar mal, porque ya no sería prejuzgar, si se puede dar ese real cambio y de un momento al siguiente. Más allá de que haya eventos disrruptivos en la vida que irrumpan o posibiliten un despertar estrepitoso. Incluso cuando una persona comienza un tratamiento psicoanalítico, hay un núcleo duro que persiste. Y luego de mi verborragia, ahora pregunto tu opinión: ¿Considerás que hay núcleos duros que persisten en los sujetos o podrían advenir/devenir/convertirse en un otro radicalmente diferente?

Para un congreso en Portugal escribí un trabajo sobre el “antes”: “Antes no era así, antes era esto…”. Por eso gracias, porque justo me permitís anclar la palabra. Da para mucho esa palabra: “antes”.

Si cada situación produce un nuevo sujeto, no quiere decir que no haya núcleos duros que subsisten, pero no ocupan el mismo lugar que cuando se está solo.

Cuando uno dice “Antes no era así”, añora un momento en el que sucedió algo que no tiene por qué volver a suceder hoy. Es un pensamiento melancólico de que el mundo no debe cambiar, como si costara admitir que uno está en movimiento permanente.

Es usual escuchar de una pareja: “Antes no era así”. No, antes no era así porque era otro momento, otra situación. Todos los días se producen cosas nuevas e intereses nuevos. Si todo lo que yo te digo hoy coincide exactamente con lo que dije ayer no despierta mucho interés, pero en la vida de muchas parejas es muy difícil la aceptación de la diferencia y de esa situación: que uno nunca termina de conocer al otro y que es la fuerza vital de un vínculo. Entonces dicen: “Pero ¿cómo? Si ayer estabas bien. ¿Ahora por qué no?”. “Y porque pasó otra cosa”. “Pero ¿cómo? Si antes te gustaba eso y ahora no”. “No, no me gusta más porque cambié de gusto, qué se yo”. Eso puede ser divertido y un estímulo para relacionarse, o despertar una angustia horrible de que uno no posee al otro. Hay que abdicar con [1] la idea de poseer al otro y abdicar con la idea de conocer al otro. Uno conoce ciertos ámbitos pero no es que conoce al otro. Y lo divertido es no conocerlo.

Cuando uno rememora con un “antes no era así” se trata de un pensamiento melancólico de que el mundo no debe cambiar. Como cuando la gente dice: “Uy, está terminando el año, mirá cómo pasa el tiempo”. El tiempo pasa todos los días. Es como si costara admitir que uno está en movimiento permanente; y que hoy no es igual que ayer pero ¡no puede ser igual que ayer!

¿Por qué necesitamos tanto una inmovilidad cuando la vida es movimiento? La vida es cambio, ¡eso es vida! Pero parece que hay una añoranza de que tiene que ser igual. Que los chicos crecen, que llega fin de año, ¿todo es sorpresivo? No. Sí, la vida cambia. O que hace frío, que hace calor. Esas conversaciones que empiezan: “¿Viste el tiempo que hace?”. Qué sé yo. El clima cambia.

¿No cambiar? ¿Que no te afecte el cambio que te rodea? Canalla se puede ser, pero no con todo el mundo. No obstante, es cierto que en algunos hay rasgos que les impiden conectarse con cada situación, entonces son muy pobres en su capacidad de expresión. Lo único que ven es la maldad o cómo se puede jorobar al otro, que es una pobreza de conexión, pobreza de lenguaje también,  ya que no pueden decir: “En el mundo pasan muchas cosas, pero yo me conecto más fácil haciendo tal cosa”. Entonces se ponen rutinarios. Lo único que desarrollan es eso con mucho talento. Van mejorando lo canallesco. Es gente con muy poca capacidad de diversificación de sus relaciones con el mundo. Ven desde una sola mirada: cómo lastimar, cómo molestar, cómo irritar, que es la fuerza que les da el ser. Se definen como canallas, son héroes de la canallería. Pero además no se dejan penetrar ni conmover en cuanto a aceptar que la vida es cambio, que no se conoce al otro, que lo va conociendo y desconociendo, que la incertidumbre es un valor y que se tiende a la fijeza.

Ni uno se conoce a veces.

Sí, es verdad, uno se sorprende. Pero está bueno porque estoy sentada en la misma silla pero no soy la misma. Si acepto el cambio, no me asombra que no sea la misma. Si no lo acepto como algo que sucede en la vida, me molesta y trato de confirmar: “Yo soy así”. Fui ayer, pero hoy no. Hoy no me podés definir con la de ayer.

Hay un mito que ronda en algunas cabezas que es que si concurre una pareja a un análisis o psicoterapia es para terminar de separarse o de divorciarse “bien”. ¿Qué sucede en tu práctica como analista?

Yo creo que es una negación del sufrimiento. Si estuvieran bien, no se separarían. Vienen porque no saben qué hacer con el desacuerdo, cómo manejar los desacuerdos, pero no quieren matarse.

Si hay hijos, no se pueden cortar por la mitad. Hay una decisión que también tiene su costo porque van a tener que administrar diferente: antes, la vida de pareja; y ahora, la vida de separados.

¿Y cuando hay un grupo más amplio de qué manera trabajás? ¿Qué diferencia hay entre el psicoanálisis de las configuraciones vinculares y el trabajo con grupos como el de Alcohólicos Anónimos?

Las adicciones son un tema muy difícil porque necesitan decir “no” a algo. El análisis puede ayudarlos a aceptar el “no”. Pero el “no” del adicto es muy difícil de imponer. Yo estoy para intervenir e interpretar. ¿Puedo ayudarlo a que se sienta mejor y que acepte un “no”? A un chico le decís que no toque electricidad y le decís “no” y no hay explicación. Y es necesario. A un adulto le decís: “No fumes más porque te vas a matar”. Puede ser que lo tome o no.

Hay un límite para que el “no” ese produzca un “no”. Porque además produce una limitación. El adicto al alcohol, por ejemplo, no puede tomar ni un vasito de alcohol. Hay veces que hace falta que hagan grupo porque esos grupos son muy conductistas. Y a veces funcionan bien.

¿Con respecto a una familia, cuál es el enfoque? ¿Cómo solicitan las familias un tratamiento?

Si quieren todos, vendrán todos y veremos entre todos qué pasa. En ocasiones, vienen algunos; a veces piden alguna entrevista aparte. Otras, vienen a consulta por un hijo y resulta que quedan ellos y no el hijo. También pasa al revés. Cada situación tiene su propio enfoque.

¿Tenés algún criterio para decirle a una persona que comience un tratamiento individual y abandone el grupal?

Sí, cuando hay algunas patologías que invaden mucho el campo vincular, entonces ayuda que tenga su lugar aparte para el núcleo duro y vengan en familia para ir viendo los problemas familiares. Es más un diagnóstico psiquiátrico.

¿Requiere más energía del analista un tratamiento vincular?

Es otra energía, es otra situación. Es muy interesante, muy creativo. Se les ocurren más ideas. Hay una vitalidad que surge del intercambio vincular que no lo ves en lo singular. Hay que tener un cuerpo teórico y saber qué mirar. ¿Cómo se relacionan? ¿Qué se escucha? Si escuchan…

¿Qué le dirías a un analista que se está formando?

Me parece muy importante no crear analizados solamente concentrados en sí mismos y en su mundo interior, en lo que sabe, y que se larguen a vivir la vida sin una guía. Pero no todo el mundo está con ganas. Yo no puedo forzar.

Acepto que es mi manera de acercarme al sufrimiento en la relación con mis semejantes. Si es otra cosa, me parece bien siempre que no sea adoctrinamiento.

¿Realizás análisis por internet / skype?

Yo trabajo mucho por internet. A algunos pacientes los conocí y después viajaron. Y a otros no los conocí en persona, pero los conozco por internet. Los veo, nos hablamos. No es tan importante eso de que estés físicamente. Saben que hay alguien que los escucha, que es un interlocutor al que tienen ganas de contarle sobre sus vidas.