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sábado, 5 de febrero de 2022

PSICOLOGÍA BUDISTA

 



Principios del budismo y su relación con principios de la psicología

En el budismo existen tres grandes corrientes: Tervada o Hinayana (pequeño vehículo), Mahayana (gran vehículo) y Vajrayana (budismo tántrico). Aunque cada una de estas corrientes poseen prácticas y rituales distintos, tienen en común los caminos y principios que toma el ser humano para iluminarse: bien sea a través de la meditación o una forma de vida donde pueda desarrollarse una relación consciente con el entorno o la consciencia de su lugar en el cosmos.

  1. Todo está en constante cambio:

Partiendo de esa idea que planteó Heráclito: “un hombre no se baña dos veces en un mismo río”, el budismo también nos habla del principio de que todo está moviéndose de manera permanente en la naturaleza; en la vida nada es estático. En tal sentido, todo es transitorio, el dolor o la alegría, todo cambia, pues corresponde al ciclo natural de la vida.

De la misma forma, la psicología y, especialmente el psicoanálisis, asume que “nada en un sistema está exento de un cambio constante, y ninguna adherencia puede mantener imperturbable ni a la persona, ni a la realidad, ni a la situación analítica y, ciertamente, tampoco a la narrativa psicoanalítica” (Moore, R., 1999 c.p Muñoz-Grandes López de Lamadrid, 1999).

  1. El sufrimientolos seres humanos solemos experimentar insatisfacción por lo que somos, hacemos o tenemos. En muchas ocasiones los apegos a las personas o bienes materiales son para el budismo la causa de nuestro sufrimiento, en otras el odio o el rechazo a lo que sucede y en otras, el desconocimiento o la ignorancia.

Desde la psicología podemos mencionar algunas “Creencias nucleares” que, generalmente, les son abordadas a las muchas personas que las padecen. En este caso nos referimos a “las creencias incondicionales, duraderas y globales sobre uno mismo (p.ej., “soy vulnerable”, “soy incapaz”, “soy inferior”, “normalmente puedo manejar las dificultades”), los otros (p.ej., “la gente te manipula si puede”, “la gente es buena en el fondo, aunque a veces se equivoque”) y el mundo (p.ej., “el mundo es peligroso”)” (Bados y García, 2010, p. 4). Enfocarse en modificar estas creencias falsas, puede tomarse como un punto de encuentro entre la psicología y el budismo.

  1. Karma: asociado a la idea de ley causa y efecto (lo que doy y hago el universo me lo devuelve), tomamos decisiones que luego tienen repercusiones sobre nuestro destino, bien sean favorables 
  2. o desfavorables. Estas decisiones casi siempre están animadas por el apego y el sufrimiento.
  3. Para los budistas, la fe en Buda es la raíz de todas las realizaciones de Dharma (bien), pues se requiere confiar para poder iniciar las prácticas de las nobles verdades, “y con un esfuerzo firme alcanzaremos la liberación permanente del sufrimiento” (Gueshe Kelsang Gyatso, 2016, p. 7).

    Existen ciertos paralelismos entre el karma y la ley causa y efecto que plantea la psicología como ciencia. La psicología planteó por vez primera el condicionamiento clásico y operante como mecanismo principal para aprender y modificar conductas mediante la asociación entre estímulo y respuesta. Las respuestas equivalen a los comportamientos que se desean enseñar, cambiar o suprimir. Watson pone a prueba su hipótesis, estableciendo una conducta de alejamiento por parte de un bebé: asoció una respuesta conocida por el bebé (el miedo), con un estímulo que le era grato (un conejo). Así, asoció un estímulo que le causaba miedo al bebé (el sonido de un martillo) con un estímulo que no le producía esta conducta (el conejo), propiciando un nuevo comportamiento: de alejamiento respecto al conejo (Leiva, 2005).

    1. La fe: es la voluntad puesta para vencer la angustia; se trata de la determinación de que todo sufrimiento puede ser vencido. Poseer “una fe profunda en Buda” (Gueshe Kelsang Gyatso, 2016, p. 7).

    En este orden, se necesita confiar y aceptar que existe un problema y, en consecuencia, una necesidad de sanar. Tanto para el budismo como para la psicología el reconocimiento es sine qua non para la persona, lo cual equivaldría a la esperanza y confianza en la sanación que nos procuran los métodos psicológicos mencionados.

    1. La iluminación: es buscar las vías de transformación de nuestra vida, tomando consciencia de la situación. Qué camino debemos transitar para alcanzar ese estado imperturbable o estado de budeidad.

    En la psicología se trata de que la persona identifique y reconozca el problema y de disponerse a sanar. De igual forma, la iluminación en el budismo está relacionada con la libertad, con el soltar, con la consciencia, la conexión con la fuente, etc. En el budismo esa iluminación tiene relación con el cosmos. La iluminación se antepondría a la ignorancia.

    Es por ello que el budismo nos invita, de acuerdo a Gueshe Kelsang Gyatso (2016), a «Alcanzar las cesaciones». En este contexto la psicología lo maneja como el cese del dolor, del malestar, de los pensamientos obsesivos y catastróficos. Cesación quiere decir “parar”, “stop”, “detener”, “suspender” “el permanente sufrimiento y su raíz: la mente ignorante del aferramiento propio’. La estrategia en psicología es “obsesionar posponer”: se trata de “posponer nuestro pensamiento obsesivo. Si intentamos deshacernos de ese pensamiento obsesivo al instante, probablemente fracasaremos en la tarea” (Bermejo Victoriano, 2016).

    El budismo aconseja que no nos contentemos con la liberación temporal, sino que tengamos la intención de alcanzar la meta última de la vida humana, la paz mental permanente y suprema o nirvana (Gueshe Kelsang Gyatso, 2016, pp. 65-66).

    En realidad, Buda nos está liberando al revelar el camino de sabiduría: “Hemos de contemplar esto una y otra vez hasta que sintamos una fe profunda en Buda. Esta fe es el objeto de nuestra meditación; hemos de transformar nuestra mente en esta fe y mantenerla de manera convergente” (Gueshe Kelsang Gyatso, 2016, p. 9).

    Cómo se encuentran el budismo y la psicología

    Según Beegley (2004), la consonancia entre el budismo y la ciencia fue descubierta en 1889, cuando Henry Steele Olcott expresó que entre el budismo y la ciencia hay puntos comunes, puesto que ambas consideran que todos los seres humanos estamos sujetos a una ley universal. Hay una suerte de cosmos o universo que gobierna la existencia humana.

    Por tal razón, y a juicio de Beegley, no es descabellado pensar que muchos neurocientíficos están abiertos a la idea de que el budismo puede ayudar a un conocimiento más profundo de la mente (pp. 12-13).

    En este sentido, la psicología moderna ha bebido de esta fuente como estrategia para allanar el camino del autoconocimiento de una manera menos mecánica. Pues recordemos que nació siendo el estudio de la conducta, y el estudio y comprensión del ser 

    humano contempla más dimensiones de análisis que el de la conducta, camina hacia lo transpersonal.

    Por su parte, el Mindfulness es una terapia que consiste en vivir el momento presente; se le conoce también como Terapia de la Atención Plena. Se trata básicamente de tomar consciencia sobre el sí mismosintonizarnos con nuestras emociones.

    ¿Cómo puede el budismo enseñarnos a lograr esto?

    Para algunas corrientes budistas, la meditación, por ejemplo, puede permitir alcanzar ese estado de quietud de la mente. Para otras, el pronunciar ciertos mantras sería el vehículo para alcanzar la tranquilidad.

    Para el budismo, comprender que todo tiene un carácter temporal, nos ayuda a superar el apego y, en consecuencia, liberarnos del sufrimiento.

    La psicología nos dice que cuando sentimos ansiedad vivimos preocupados por el futuro, y cuando sentimos tristeza estamos centrados en el pasado. Ahora bien, quien vive el momento presente vive confiado, tranquilo y ocupado construyendo el ahora.

    La Terapia de Aceptación y Compromiso (TAC) parte del principio de aceptar el sufrimiento como un valor intrínseco a la vida. Así, cuando la propia evitación de aquello que no puede o se resiste aceptar, se considera fuente de dolor y desarmonía interior, etiquetando esta resistencia como: “trastorno evitativo experiencial”. A este respecto, el psicoanalista C. G. Jung decía: “a lo que te resistes persiste, lo que aceptas se transforma”.

    Es imposible evitar el dolor, pues no siempre las circunstancias serán favorables para nosotros, por ello aceptar este principio del budismo nos ayuda a gestionar mejor las emociones.

    Diferencias entre prácticas y postulados budistas y la psicología

    Primera diferencia: La psicología es una ciencia humana, de la conducta y de la mente, y el budismo es una práctica milenaria que busca la iluminación a través de las cuatro nobles verdades.

    Segunda diferencia: La psicología se aprende en una universidad y requiere un tránsito por la academia superior y el budismo necesita fe en la práctica constante, disposición a cambiar mediante el entrenamiento de las cuatro nobles verdades.

    Para practicar la psicología no se requiere ser budista y viceversa, aun cuando hay monjes y monjas budistas con doctorados en psicología, como psicólogos budistas.

    La psicología budista

    Hablar sobre la psicología budista implica hablar de la mente como aquello “cuya naturaleza es vacía como el espacio que siempre carece de materia, forma y color, y su función es percibir y comprender objetos” (Sáez Del Pino, 2014, p. 10).

    Así, la Psicología Budista es apreciada e interpretada como una ciencia de la experiencia y de la observación directa de la mente (Irarrázaval, 2010); observación hecha sobre la base de “la confusión, el dolor y la neurosis” y que, por tanto, requiere meditación. Esta interpretación cuenta con interlocutores en universidades de renombre como Princeton, Harvard y Oxford (Sáez Del Pino, 2014).

    Por su parte, el historiador israelí Yuval Noah Harari (2018), nos dice en Sapiens: De animales a dioses que Gautama, heredero de un pequeño reino del Himalaya, nos asegura que el sufrimiento es producto de las construcciones humanas acerca de las posesiones, el dinero, la familia y la idea de la muerte o incomprensión del hombre de los estadios naturales para los cuales no está preparado.

    Pero la superación de estos estados mentales fuertemente asociados al ego, y a la materialidad de la vida como condición que termina enfermando la mente, es el objeto de la psicología budista, ayudar al hombre a salir de este círculo vicioso, haciéndolo entender “que las cosas son como son, entonces no hay sufrimiento. Si uno experimenta tristeza sin desear que la tristeza desaparezca, continúa sintiendo tristeza, pero no se sufre por ello” (Yuval Noah Harari, 2018, p. 165). En este orden, es claro que la Psicología Budista ofrece terapias para la liberación de trastornos mentales/emocionales (Huxter, 2007 c.p Sáez Del Pino, 2014, p. 13).

    En el año 2011, también fue creado el Instituto Budadharma, cuya misión es la educación on line en temáticas meditativas y de terapia cognitiva conductual que buscan la paz espiritual, la calma de la mente, el desapego y el cultivo del bien (Instituto Budadharma, 2016), en consecuencia, esta psicología se extiende, ya entendida desde un aspecto transpersonal, integrando oriente y occidente.

jueves, 24 de junio de 2021

Boceto de la Terapia Gestalt

 

FRITZ PERLS

Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta.
Teléfono: 653 379 269
IG: @psicoletrazaragoza
Website:Conóceme


La Terapia Gestalt es una terapia perteneciente a la Psicología Humanista(o Tercera Fuerza), la cual se caracteriza por no estar hecha exclusivamente para tratar enfermedades, sino también para desarrollar el potencial humano.

La publicación, en 1951, de Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality, (conocido también como PHG, por las iniciales de sus autores), y escrito por Paul Goodman y el catedrático de psicología de la Universidad de Chicago, Ralph Hefferline, a partir de un manuscrito de Fritz Perls, establece las bases fundamentales de la terapia Gestalt.

La terapia Gestalt se enfoca más en los procesos que en los contenidos. Pone énfasis sobre lo que está sucediendo, se está pensado y sintiendo en el momento, más que en el pasado. En este sentido, se habla del aquí y ahora, no para dejar de lado la historia de la persona, sino que esta historia se mira desde el presente, cómo se viven, afectan, etc.… los hechos pasados a día de hoy. La persona es quien es, entre otros, por lo que ha vivido.

Desde esta perspectiva, se utiliza la aproximación fenomenológica y el método del “darse cuenta” (awareness), prestando atención a las percepciones, impactos emocionales y cómo hacemos con esto, cómo actuamos. El terapeuta devuelve al paciente justo esto, dejando a un lado los prejuicios y adoptando la postura de “no saber”, no dando nada por supuesto. Con esto, se pretende que la persona sea consciente de cómo impacta y es impactada por su entorno, haciendo más consciente su manera de hacer, así como la vivencia de ello, con lo que podemos discernir qué son respuestas fijadas del pasado, que a día de hoy ya no tienen sentido, y descubriendo nuevas maneras de hacer que le sean más útiles, aprendiendo a adaptarse y ajustarse a cada situación.

La Terapia Gestalt también es heredera de la Teoría de Campo de Kurt Lewin, de donde extrae que el organismo (en este caso el individuo) es inseparable, indivisible del entorno, por lo que afecta y es afectado por este. La Gestalt, deja de mirar al individuo aisladamente para considerarlo un elemento más de la situación, de tal manera que la persona crea y es creada por la situación, es actor y actuante de ella.

El objetivo de la Terapia Gestalt es ayudar al paciente en su problemática, haciéndole más consciente de cómo ha llegado hasta el punto en el que se encuentra y cómo aprender a hacer de otras maneras, devolviéndole la capacidad de elegir que opción quiere tomar para afrontar la vida, ampliar el campo de posibilidades y dejar de reducirla a una o unas pocas opciones (adicciones, depresión, ansiedad, etc.). Gracias a esto, la persona puede conocerse mejor y recobrar la creatividad perdida.

miércoles, 20 de enero de 2021

Carl Rogers. Desarrollo de la Personalidad

 


La psicología humanista es una de las corrientes de pensamiento más importantes de la psicología. Desde ella, gente como Abraham Maslow (con su popular Pirámide de Maslow) o Rollo May defendieron una visión positiva del ser humano, según la cual todos somos capaces de convertirnos en el tipo de personas que deseemos teoría de la personalidad de Carl Rogers es un ejemplo de este optimismo vital llevado a la psicología y la filosofía. Veamos en qué consiste esta teoría.

La persona, según el humanismo

Ciertas corrientes de la psicología han estado asociadas a una visión pesimista del ser humano. Por ejemplo, el psicoanálisis de Sigmund Freud presenta una explicación de la psique en la que los deseos inconscientes y su choque con las normas sociales gobiernan nuestro comportamiento, y el conductismo norteamericano ha sido acusado de presentar a las personas como máquinas que reaccionan ante estímulos externos.

embargo, los psicólogos humanistas como Carl Rogers propusieron algunas ideas sobre los procesos mentales en los que se enfatiza la libertad de los individuos a la hora de tomar el rumbo de sus vidas. Según ellos, ni los factores biológicos ni los ambientales son determinantes en nuestro comportamiento, y no nos "arrastran" irremediablemente hacia ciertos tipos de comportamiento. En resumidas cuentas, no eran deterministas.

En concreto, Carl Rogers creía que la personalidad de cada persona se desarrollaba según el modo en el que consigue ir acercándose a (o alejándose de) sus objetivos vitales, sus metas.

Esta idea de que el desarrollo personal y el modo en el que el individuo lucha por llegar a ser como se quiere ser es una idea central de la psicología humanista, pero para Carl Rogers tiene especial importancia, porque para él es a través del desarrollo personal como se forma el carácter y el modo de ser.

Carl Rogers y la teoría de la personalidad altamente funcional

Carl Rogers propone la idea de que la personalidad de cada individuo puede analizarse según el modo en el que se acerca o se aleja a un modo de ser y vivir la vida al que él pone la etiqueta de persona altamente funcional.

Las personas altamente funcionales se caracterizan por estar en un proceso constante de auto-actualización, es decir, búsqueda de un ajuste casi perfecto con los objetivos y las metas vitales. Este proceso de desarrollo personal se encuentra en el presente, por lo que siempre está en funcionamiento. De este modo, la personalidad de las personas altamente funcionales es, para Carl Rogers, un marco en el que fluye en tiempo real un modo de vivir la vida que se adapta a las circunstancias constantemente.

¿Cómo es la persona altamente funcional?

Según Carl Rogers, los rasgos de la personalidad que definían a las personas altamente funcionales están definidos según las siguientes cinco características.

1. Apertura a la experiencia

La personalidad de la personas altamente funcional es, según Carl Rogers, muy abierta a la experiencia, en un sentido amplio. No adopta una actitud defensiva por defecto ante lo desconocido, sino que prefiere explorar nuevas posibilidades. Es por eso que este tipo de personalidad se define por la aceptación de las emociones asociadas a lo que se está viviendo, la no evitación de las "emociones negativas" y la adopción de actitudes receptivas ante situaciones que no son claramente peligrosas.

2. Estilo de vida existencial

Esta característica tiene que ver con la tendencia a asumir que es uno mismo quien ha de otorgar sentido a las experiencias que se viven en cada momento, a través de un proceso de creación de significado. De este modo, se deja que el modo de vivir el día a día sea espontáneo, creativo, sin intentar que todo lo que se percibe encaje a la fuerza en esquemas preconcebidos. El estilo de vida asociado a este tipo de personalidad, para Carl Rogers, se caracteriza por evitar la tendencia a prejuzgar.

No se analiza el presente como algo que debe ser explicado totalmente por las vivencias del pasado, sino que se vive plenamente.

3. Confianza en uno mismo

Para Carl Rogers, el hecho de abrazar una manera libre de vivir la vida conlleva fiarse del propio criterio y la propia manera de tomar decisiones por encima de cualquier otro referente. La idea es que, como nadie conoce mejor que uno mismo la propia manera de vivir la vida, no se tiende a apoyarse en códigos de comportamiento impuestos desde instancias externas.

4. Creatividad

El hecho de que las personas altamente funcionales de Carl Rogers sean enemigas de los dogmas y las convenciones hace que miren más allá de lo considerado como "normal". Esto proporciona las bases necesarias para que puedan desarrollar tu creatividad.

5. Libertad de elección

El modo de ser creativo e innovador de la personalidad altamente funcional teorizada por Carl Rogers hace que estas personas sean capaces de encontrar nuevas opciones de comportamiento allí donde aparentemente solo hay unas pocas. Esto define el carácter inconformista de este tipo de personalidad, que es capaz de resolver paradojas en las que hay una aparente contradicción entre las opciones que a priori parecen disponibles.

6. Carácter constructivo

Este tipo de personalidad muestra una gran facilidad para dar respuesta a todas las necesidades de manera equilibrada, de manera que las crisis son aprovechadas como oportunidades para construir nuevas oportunidades y encontrar maneras de alcanzar niveles de bienestar.

7. Desarrollo personal

El desarrollo personal es el motor vital de las personas altamente funcionales. Se vive como un proceso de cambio constante, en el que nunca se alcanza una meta final definitiva sino que se va pasando de una etapa a otra.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. Zaragoza. Tfno.: 653 379 269 Página Web: Psicólogo Humanista Zaragoza