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Paz y Ciencia

lunes, 16 de enero de 2017

La vida cotidiana como regocijo



Hay que aprender a dejarse conducir por el alma en las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Cuando en este plano se aprende fluir con las mareas de la vida, luego es más sencillo operar en las grandes causas de la existencia.
Algunas personas desvalorizan lo cotidiano porque les parece insuficiente, olvidando que "la totalidad de la vida es simbólica porque todo en ella tiene significado". Boris Pasternak, o que "se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas". Walt Whitman. Estar en lo cotidiano es vivir la vida aquí y ahora, pero "algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos  a vivir aquí y ahora". John Lennon.
Vivir en lo cotidiano y acercarse a la sincronicidad por esta calle entraña que la persona ha logrado el punto de estar centrada en su interior, ser profundamente fiel a sí misma y habitar en la vida de un modo sencillo. Simplicidad que no presume, necesariamente, dicha.
Sigmund Freud declaraba, con cierta ironía, en una confesión autobiográfica ilustrativa: He sido un hombre afortunado en la vida: nada me fue fácil. Sin embargo, lo difícil tampoco requiere infelicidad, así como lo cotidiano no por ser lo que es resulta aburrido e insípido. Todo es una cuestión de miras, ya que "todos vivimos en la tierra, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas". Oscar Wilde.
Cuando se acepta la sincronicidad de lo cotidiano, se descubre la sincronicidad de lo que no lo es. De la misma manera que es imposible conectarse con la guía espiritual sin antes haber enlazado con lo terrenal, es inviable vivir lo trascendente sin previamente haber pasado por lo diario y familiar. La puerta de acceso a lo excepcional es lo habitual.
Carl Gustav Jung aseguraba que la sincronicidad era un memorando psíquico, un recordatorio de que el universo tiene un orden fundamental que no se ajusta a la lógica de la causalidad. Leer ese orden permite avanzar, con paso firme, por el camino de la evolución.