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Paz y Ciencia
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martes, 4 de enero de 2022

OSHO: Cambio

 


Cambio

El sufrimiento llega porque no permitimos que suceda el cambio. Nos aferramos, queremos que las cosas sean estáticas. Si amas a una mujer, la quieres también para mañana, de la misma forma en que  ella es tuya hoy. Así es como surge el sufrimiento. Nadie puede estar seguro del momento siguiente, ¿Qué decir sobre mañana?

Un hombre consciente sabe que la vida está cambiando constantemente. La vida es cambio. Sólo hay una cosa permanente y es el cambio. A excepción del cambio, todo lo demás cambia. Aceptar esta naturaleza de vida, aceptar esta existencia cambiante con todas sus estaciones y estados de ánimo, este constante fluir que nunca se detiene por un momento, es ser dichoso. Entonces nadie puede perturbar tu felicidad. Es tu anhelo de permanencia lo que crea problemas para ti. Si deseas vivir en una vida sin cambios, estás pidiendo lo imposible.

Un hombre consciente se vuelve lo suficientemente valiente para aceptar el fenómeno del cambio. En esa misma aceptación está la dicha. Entonces nunca estás frustrado.

sábado, 10 de abril de 2021

Resiliencia: la cura para los niños

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online Página Web: www.rcordobasanz.es.      Instagram: @psicoletrazaragoza

Artículo: La Voz de Galicia

Miedos, insomnio, falta de apetito, ansiedad, estrés, falta de motivación ante los estudios… ¿Cómo tratar estos problemas? El cuidado del bienestar psicológico de nuestros menores es esencial en este tiempo de fatiga pandémica que van acumulando después de un año.

La resiliencia se define como la capacidad que tenemos las personas para afrontar y salir fortalecidos de las situaciones adversas, siendo un mecanismo de autoprotección que se inicia en la infancia, primero mediante lazos afectivos y más tarde a través de la expresión de las emociones. Así, durante los primeros años de vida, gracias al contacto con la familia -en especial con la madre-, el niño o niña crea un mecanismo de protección que le permitirá afrontar posibles situaciones traumáticas, siempre y cuando cuente con un adecuado apoyo afectivo, no solo de las personas relevantes para él, sino también de determinadas instituciones como es la escuela.

Este apego, esta progresiva seguridad en sí mismo, le permitirá desarrollar poco a poco la capacidad de confianza y la búsqueda de referentes de apoyo con los que abordar las inevitables dificultades que le surjan en su vida. La infancia es una de las etapas más importantes para el desarrollo de los vínculos que servirán como base de futuras relaciones interpersonales. Por lo tanto, según cómo sean esos vínculos, el niño desarrollará una personalidad más propensa a la resiliencia o a la vulnerabilidad. Por otra parte, la resiliencia está presente a lo largo de toda la vida, y siempre se puede mejorar.

Desde las familias y los centros educativos podemos promover la resiliencia. Asesorando para una toma de conciencia de la situación, reconociendo las limitaciones y favoreciendo el autocontrol. Podemos crear un espacio de diálogo para ayudar a elaborar las pérdidas afectivas a causa del virus. Promover el diálogo, la compasión, la empatía y el saber pedir ayuda. La clave en este proceso de aprendizaje de la resiliencia es dinamizar las emociones. Desde los centros educativos se deben implementar programas dirigidos al alumnado según las diferentes edades y etapas evolutivas, como el Programa Psicoeducativo para la Postemergencia en Centros Educativos elaborado y difundido por el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia.

Las familias están aprendiendo mucho de esta pandemia, a valorar las pequeñas cosas, a volver a la naturaleza, a cómo comportarse ante la adversidad, a fortalecerse entre sus miembros, y a tener la posibilidad de vivir de otra manera fomentando valores difuminados por esta sociedad.

viernes, 2 de abril de 2021

Melanie Klein

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía 32. rcordobasanz@gmail.com                        Twitter: @psicoletra IG: @psicoletrazaragoza Página Web: Contacta

Nacida el 30 de marzo de 1882 en Viena, Melanie Klein es considerada la guía intelectual más importante de la segunda generación psicoanalítica mundial. Hija de un judío polaco y de una judía eslovaca, la joven Melanie nació en un ambiente cultivado; aunque poco deseada al momento de nacer y con una madre “posesiva y destructora”. Aunado a este ambiente poco alentador desde el nacimiento, el desarrollo de la joven Melanie se vio fuertemente marcado por una serie de duelos, que abarcan desde la muerte de su hermana mayor de 8 años a causa de tuberculosos cuando ella tenía solo 4 años; hasta la desaparición de su padre a los 18 años, dejándola sola frente a ésa madre tan absorvente y angustiante; otro duelo más, dos años más tarde, cuando Melanie tenía 20 años, fue el de su hermano Emmanuel fallecido a causa de enfermedad y drogas. Naturalmente, uno puede rastrear a éstos orígenes del desarrollo de Melanie gran parte de sus contribuciones teóricas posteriores y, con obviedad, el lente clínico bajo el cual examinaba a sus pacientes.

De personalidad genial aunque particularmente depresiva, Melanie se casó en 1903 (luego de dos años de relación) con Arthur Klein, apellido que conservará el resto de su vida a pesar de haberse divorciado en 1922. Siete años después de su matrimonio, en 1910, la familia se estableció en Budapest, quizá huyendo de las constantes intervenciones de Libussa (madre de Klein) quien era causante de gran parte de las desavenencias del matrimonio Klein, cuatro años después de establecerse en Budapest nace Erich, tercer vástago de Klein y a quien ella analizará junto con Hans y Melitta, sus hijos mayores, quienes constituirán las personalidades de sus casos clínicos.

En 1918 conoce a Freud en el V Congreso de la Inernational Psychoanalytical Association. Freud  lee su trabajo “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica”, la joven Melanie Klein influida por la impresión que le dejó Freud en aquella ocasión, decide continuar su deseo de convertirse en analista. En 1919 se convirtió en miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Budapest y con el auspicio de Ferenczi, desarrolla sus primeros trabajos sobre el tratamiento de niños. Para 1921, Klein se instaló en Berlín con la intención de integrarse al grupo de Abraham, de quien heredará gran parte de su lectura de la obra freudiana, y quien para 1924 se convertirá en su segundo analista, al mismo tiempo que la estimulaba a continuar con sus ideas originales sobre el tratamiento de niños.

Motivada en parte por la muerte de Abraham en diciembre de 1925 e invitada por Jones a establecerse en Londres, Melanie Klein deja Berlín para mudarse a la capital inglesa en septiembre de 1926; paso que abrirá el momento en que comenzó a establecerse como una de la figuras más representativas del psicoanálisis objetal. Un año más tarde en 1927 presentaba su célebre trabajo “Sobre los estadios precoces del conflicto edípico”, donde abiertamente cuestionaba las tesis freudianas de un Edipo que aparece hasta la fase fálica del desarrollo psicosexual, para plantear contenidos edípicos, de carácter diádico, parcial y pregenital, desde momentos inmediatamente posteriores al parto del neonato. Cuestión que ya desde ese momento comenzó a desatar las hostilidades, las cuales, encontraron su máxima expresión a la huida de los analistas berlineses y vieneses de los nazis, hostilidad que se concretó en 1933 con la llegada de Anna Freud y Sigmund Freud a Londres.

​Para 1942, las tensiones fueron insostenibles y estalló lo que conocemos como las “Grandes Controversias”, frente a éstas Melanie Klein se hizo de una serie de seguidores que le fueron fieles, así como de detractores que se encontraron del lado de su más tangible rival: Anna Freud. Las ideas de el Edipo temprano, Yo y SuperYó tempranos (que deberían comprenderse al nivel de esbozos más que al nivel de estructuras formadas propiamente), así como su posición como analista de niños que rehusaba cualquier condición pedagógica en el tratamiento, fueron los temas que más suscitaron el quiebre de la Sociedad Psicoanalítica Británica; llegando en 1946 a una especie de acuerdo en que se consolidaron tres grupos de pertenencia: los annafreudianos, los kleinianos y los independientes.

Sin embargo, el sisma más radical lo produjo la misma Klein en 1955 cuando plantea su tesis de la envidia originaria como una extensión de la idea de pulsión de muerte. Éste planteamiento devino en una ruptura definitiva con Winnicott y Paula Heimann. Finalmente, con una serie de problemas familiares que jamás pudo resolver (una reconciliación con su hija Melitta a quien encaminó a Nueva York) Melanie Klein murió de cáncer de colon en Londres el 22 de septiembre de 1960.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Roudinesco, Elizabeth. (2011), “Diccionario de Psicoanálisis”, Ed. Paidós. 

martes, 18 de febrero de 2020

Adolescentes y Ansiedad




EVA MILLET


Si la infancia está siendo cada vez más visitada por una ansiedad precoz y virulenta, la adolescencia no tiene nada que envidiarle. En parte porque, como señala Francisco Mora Teruel, la adolescencia es la etapa en la que, biológicamente, se experimenta más ansiedad. "La propia definición de lo que entendemos por adolescencia es que el adolescente es una persona que está frustrada y ansiosa", afirma el profesor, que califica este periodo como "una época delicada". Cualquiera que haya vivido una adolescencia estándar sabrá exactamente de lo que está hablando.

Desde el punto de vista neurológico, la adolescencia es una etapa complicada porque el adolescente, explica Mora Teruel: "Aún no tiene maduras sináptica y conectivamente las cortezas orbitofrontales mediales, que son las que nos conectan con lo que es la ética, la inhibición y el control maduro". Es por ello que la adolescencia se convierte en la edad de las heroicidades, de la impulsividad enorme hacia la consecución de lo que significa lo placentero o recompensante, en la edad en que se crea un mundo de desadaptación al mundo que te rodea: "Por eso ere rebelde, porque quieres cambiar tu entorno de acuerdo con tus parámetros". Mora Teruel nos recuerda que en gran parte de la historia han sido los adolescentes: "Los que han roto en batallas todo lo que ha sido nuestra cultura. Precisamente por esa inestabilidad del cerebro, por ese ser una persona siempre en riesgo y desafío".

Y no debemos olvidar la aparición de una contundente transformación física, propulsada por una irrupción de hormonas, encabezadas por las sexuales, que, sin contemplaciones, desatan intensos cambios corporales. Como escribe el psiquiatra Luis Feduchi: "De las etapas de desarrollo vital del individuo quizá sea la adolescencia la que en un periodo de tiempo más breve y recortado presente unos cambios anatómicos y fisiológicos tan acusados". Para este experto en adolescencia: "Sería absurdo pensar que esta situación vital no tiene repercusiones psicológicas y sociológicas", tanto en la persona donde se inicia como en el ambiente donde se produce.

Además, y esto es muy importante dado el periodo que transitamos, en la adolescencia irrumpe con fuerza el entorno social, un factor que incide en la construcción de una mayor o menor ansiedad. El psiquiatra Diego Figueroa citaba: "Cuando sales fuera de la familia y te pones a prueba con el resto de tus iguales en un mundo que es supercompetitivo dentro de una sociedad cada vez más narcisista". Una sociedad en la que la OMS cifra entre el diez y el veinte por ciento del porcentaje de los niños y adolescentes que experimentan problemas mentales. Entre estos, los trastornos de ansiedad son los más habituales y la adolescencia es una clave para el desarrollo de los mismos. La fobia social es el trastorno más habitual en este periodo.

Como sucede en los adultos, estadísticamente, las mujeres adolescentes sufren más de ansiedad que los hombres. Diferentes estudios señalan que ellas tienen el doble de posibilidades de sufrir un trastorno de este tipo. Pero, en parte, se debe a que las mujeres saben leer mejor sus emociones, reconocen mejor su desazón y tristeza y no tienen esa presión de "los chicos no lloran". Están más acostumbradas a hablar y a pedir ayuda. Son más abiertas a asumir una terapia y a confiar en el médico o el psicólogo.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Nº Col.: A-1324
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lunes, 17 de febrero de 2020

La paradoja de la Ansiedad en niños/niñas




Los padres sobreprotectores, según Eva Millet: "hiperpadres" no soportan, literalmente, ni un grado moderado de ansiedad en sus niños. Y, aunque se ejercita con la mejor de las intenciones, de la hiperpaternidad pueden derivar muchos de los casos que profesionales como Agnès Brossa ve en sus consultas: chicos y chicas llenos de ansiedad. "Estoy convencida de que esta hiperpaternidad sobre la que has escrito nos lleva hacia aquí -asegura esta psicóloga-. Pero es que en la sociedad actual, del "niño feliz", no se permite que los niños sufran ni un poquito. Ni terapéuticamente ni para irlos preparando para una vida en la que habrá cosas que no serán tan buenas".

Como tantos maestros, educadores y terapeutas saben, Brossa hace referencia a niños y niñas "de las generaciones de finales del siglo XX y pricipios del siglo XXI, previas a la crisis". Criaturas, recalca: "A las que nunca nunca les ha faltado nada". Chicos y chicas que no han pasado por ningún tipo de estresores en su vida. Y, en consecuencia, no están preparados para superarlos.

"Estoy hablando de niños y niñas de clase medias y altas, hijos del bienestar, que han tenido ocho pares de zapatos en el armario, han viajado, que, si quieren ir al cine... Niños y niñas que no se han estado, absolutamente, de nada", describe. Y que, si además han tenido una capacidad intelectual buena y han acabado el Bachillerato y han entrado en la universidad, siguen transitando por la vida sin estrés alguno: "Hasta que de repente preguntan: "Y ahora ¿qué he de hacer?". Y les dicen: "Pues a buscarse la vida". Y la respuesta es "¡¿Cómo?! ¡Si no lo he hecho nunca! ¿Qué quiere decir que me espabile ahora?".

Desde niños, estos chicos han hecho todo lo que les han dicho sus padres -las extraescolares, las clases de refuerzo...- Han normalizado el no tener tiempo ni para jugar y el que sus progenitores se encargaran absolutamente de todo lo que concernía a sus existencias. Y ahora entran en la edad adulta -en un entorno laboral cada vez más hostil y exigente- y se les pide que "triunfen", que respondan, ¡ya! Que empiecen a producir y sean esos adultos perfectos para los que se los ha preparado desde el nacimiento.

La doctora estadounidense Madeline Levine comenta, la perfección no existe: "Y te puedo decir que, después de la genética, el segundo gran predictor de la depresión es el perfeccionismo".
"En América, desde hace más de una década, los niveles de ansiedad, de depresión y suicidio de los jóvenes han aumentado. Así que, al final, lo que tenemos que concluir es que no les estamos haciendo ningún favor a nuestros hijos al criarlos así".

Por otro lado, con la rapidez con la que está cambiando el mundo, no sabemos a ciencia cierta si lo que nuestros hijos realmente van a necesitar es un título en Harvard. Lo que sí sabemos es que han de ser resilientes -tener la capacidad de recuperarse ante la adversidad- y superar y soportar las frustraciones que, inevitablemente, la vida les traerá. "Por ello, cada vez que haces más de lo necesario por tus hijos, estás disminuyendo su capacidad de ser resiliente", concluye Levine, que se despide con esta reflexión: "Sé lo difícil que es para una madre o un padre sentarse y observar cómo su hijo se cae y se equivoca. Pero muchas veces, cuando algunos padres me dicen: "Es que no puedo soportar ver a mis hijos infelices", lo que yo les respondo es: "Pues, si no puedes, estás en el trabajo equivocado".

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domingo, 16 de febrero de 2020

Padres ansiosos, hijos ansiosos



Niños con agendas de ministro por el horario lectivo abusivo, extraescolares, clases de refuerzo; el producto de lo que Eva Millet denomina "Hiperpaternidad". Las agendas frenéticas, sin embargo, no son su única característica. La hiperpaternidad tiene otros ingredientes. Como la precocidad y la sobreprotección de los padres, mezclada con la presión para que el hijo triunfe y... ¡la ansiedad! Que es debidamente transmitida a la prole.

En un mundo cada vez más polarizado, la crianza también se está colocando en dos extremos, ambos generadores de ansiedad. Por un lado, encontramos a más niños y adolescentes desamparados, olvidados por sus familias y con una protección social más precaria. Por otro, a niños y adolescentes cada vez más supervisados, sobreprotegidos y consentidos. En las sociedades más ricas del siglo XXI hay niños que no les importan a casi nadie y otros con unos progenitores dispuestos a allanarles el camino en la vida cueste lo que cueste.

En paralelo a una desigualdad social cada vez más pronunciada, la hiperpaternidad avanza a pasos de gigante, dominada por el miedo y las ansiedades que los padres respecto a su prole. Los padres actuales tienen pavor a que los hijos se equivoquen, y a que se frustren (el "que no se traumatice" es un mantra de los progenitores de este siglo). Sin olvidar el miedo a no hacerlo bien como padres, a no llegar a las expectativas impuestas por no sé muy bien qué panel de expertos.

Y, entre tanta inseguridad, la ansiedad campa a sus anchas. Ansiedad por llegar a todo y por dárselo todo. Para conseguir a esos niños perfectos que parece que el mundo demande. Por llegar a ser los padres perfectos, de revista.

De este modo, los bienintencionados padres ejercen tanto de guardaespaldas (y evitan así entrenar una habilidad básica en la vida: enfrentarse a nuestros miedos) como de solícitos secretarios o asistentes personales. Unos secretarios tan buenos que hasta anticipan los posibles contratiempos de los hijos. Que hasta actúan de mediadores entre los pequeños conflictos con sus amigos. Que hasta les hacen ellos mismos los deberes -¡para que no se equivoquen!-. Que los acompañarán, en el útimo año de la escuela, al examen de la Selectividad, cargados de bolígrafos de repuesto y de bocadillos. Padres y madres que ejercerán una vigilancia constante sobre su prole que produce una lógica ansiedad: la de sentirse permanentemente observado.

Y, de esta forma, cual fieles servidores, los hiperpadres no permiten que sus hijos se enfrenten a sus obstáculos cotidianos y adquieran algo también tan fundamental en la vida como es la capacidad de autonomía.

"Sí, la hiperpaternidad implica mucha sobreprotección y lo que están haciendo los padres sobreprotectores es decirles a sus hijos que hay peligros por todas partes, que, si ellos no están interviniendo o supervisando, los niños están en riesgo. Y eso genera mucha ansiedad", resume Stella O´Malley.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Nº Col.: A-1324 Zaragoza
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Circunstancias de la Ansiedad Infantil




FUENTES DE ANSIEDAD INFANTIL


La vida y sus muchas circunstancias pueden ser o no ser un motivo de ansiedad. Ya se ha señalado que la ansiedad es muy personal, singular, no hay dos iguales. Como describe Stefania Andreoli: "La ansiedad nos trae un mensaje dirigido exclusivamente a nosotros".

En consecuencia, los distintos y variados acontecimientos y experiencias de la vida -como el colegio, la familia, la separación de los padres, los amigos, un accidente, las películas... -pueden ser o no ser fuentes de ansiedad infantil. Todo depende de un abanico de factores, tanto de la naturaleza de la persona como de su entorno y circunstancias. Sin embargo, es importante recalcar que los principios generadores de ansiedad del ser humano serían esencialmente dos: "La posibilidad de equivocarse (el error y el fracaso) y la posibilidad de ser abandonado, de perder el amor de los que nos quieren", detalla la psicóloga Mireia Trias Folch.

Pero también ella, como todos los expertos, considera que dentro de las nuevas fuentes de ansiedad en la infancia está el ritmo de vida acelerado que llevan los niños en la actualidad. Una aceleración impuesta por los adultos y que, recalca, está directamente vinculada a ese miedo a equivocarse. "Pocos padres hoy cuestionan un estilo de vida que implica que sus hijos hagan cuatro extraescolares a la semana, por ejemplo. Lo hacen "porque es lo que hay que hacer" y punto. Hay una obsesión con el éxito del hijo que está muy vinculada a este miedo al fracaso que mencionaba. A que el hijo no haga lo que hacen los demás. Que lo rechacen, que no llegue...".

Como corolario, decir lo siguiente; Francisco Pascual Pastor: "Tenemos niños que van al colegio todo el día y, por la tarde, tenemos padres que los han de colocar en actividades extraescolares. Y, si los niños tienen deberes para el día siguiente, acaban agotados por una mala distribución del tiempo: no sólo por el estrés, sino porque les es muy difícil sacar adelante todo lo que quieren hacer ellos y lo que sus padres les dicen que hagan".

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sábado, 15 de febrero de 2020

La Ansiedad también es cosa de Niños



LA ANSIEDAD INFANTIL CADA VEZ ES MÁS PRECOZ E INTENSA

Maribel Martínez, psicóloga barcelonesa explica que esta patología cada vez es más frecuente e intensa: "Sí, no sólo es el aumento de casos: lo que es sorprendente es su intensidad -destaca-. "Hasta el punto de que vemos niños y adolescentes que acaban teniendo crisis de ansiedad, que ya es el máximo nivel que una persona puede tener".

Para Martínez, los términos infancia y ansiedad no deberían ir juntos con la normalidad con la que hoy lo hacen. "De hecho, los niños no deberían tener las ansiedades que están experimentando actualmente. Deberían estar felices, jugando con toda su inocencia y con toda su infancia por delante. ¡Y disfrutar de ello!".

Pero la ansiedad cada vez más temprana es una realidad que avalan cifras que siguen en aumento. En su número del 27 de febrero de 2019, la revista The Economist sostiene en un reportaje que la llamada "Generación Z" -los nacidos a partir de 1997- es nada más y nada menos que: "La más ansiosa y deprimida de la historia". La revista constata, a través de un informe del Pew Research Centre (un think-tank estadounidense) que es el setenta por ciento de los encuestados, de entre trece y diecisiete años, consideraban que la ansiedad y la depresión eran un problema importante entre sus amigos. Esta preocupación por la salud mental, además, afectaba tanto a los encuestados de clases más pobres como a los de clases más ricas.

"Estamos en una sociedad -estoy hablando fundamentalmente de Occidente- muy competitiva", sintetiza Francisco Mora Teruel. ¿Las causas? "Es una vida de un constante go go go! y eso nos pone en ambientes competitivos, donde estamos en una situación de alerta que propicia esta ansiedad".

Dentro de estos, el doctor Mora Teruel destaca los colegios, donde: "Nos hemos vuelto tan exigentes -negativamente y por desconocimiento- que les estamos reclamando a los niños que hagan cosas antes de tiempo". Este experto en neuroeducación pone un ejemplo clarísimo de esta exigencia equivocada: la moda del aprendizaje precoz de la lectura y la escritura. Una verdadera obsesión para muchos padres, pese a que está científicamente demostrado que, cuando el cerebro está maduro para empezar a leer y a escribir, el niño aprende rápidamente. Sin embargo, la corriente de la estimulación precoz -alimentada por una potente industria y la institución educativa de los que sabe mucho Mora Teruel- provoca en los hijos una presión precoz e innecesaria.

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domingo, 27 de agosto de 2017

Laura Gutman: Adicciones y Violencias Invisibles




Adolescentes en riesgo

Extracto del libro “Adicciones y violencias invisibles” de Laura Gutman
 
Recién cuando aparece el consumo de drogas, bulimia, anorexia o depresiones, los padres registramos que algo está pasando. Sin embargo ese joven adolescente atravesó toda su infancia pidiendo apoyo para respetar su propio ritmo o sus deseos ocultos, siendo rechazado y conformándose con no defraudarnos, desplazando sus necesidades primarias. Hace varios años abandonó sus propias señales, por eso cuando le preguntamos qué desea o qué le importa... clava su mirada en un punto perdido con cara de nada o a lo sumo, se sumerge en la música que suena dentro de sus auriculares.
Aún así, es increíble que los padres dispuestos a iniciar un diálogo con nuestros hijos adolescentes, desde la honestidad y el dolor de nuestras propias limitaciones, logremos rápidamente atraer la atención de estos jóvenes en apariencia apáticos. Podemos jugar las últimas cartas de la comunicación y la apertura del corazón, siempre y cuando estemos dispuestos a contemplar la realidad y compartir nuestros descubrimientos -a veces dolorosos- con nuestros hijos. Cuando se conviertan en adultos en pocos años más, todo proceso de indagación personal va a depender de la decisión consciente y personal de ellos. Ya no de nosotros.
Es evidente que somos los adultos quienes podemos reconocer nuestra incapacidad para ofrecer algo más que la violencia interna que nos devora. Aún mientras insistimos en creer que la urgencia se instaló ahora que el síntoma se hizo demasiado evidente, cuando en realidad hace años que el niño viene pidiendo auxilio.
Urgente es el hambre de mamá cuando soy recién nacido, urgente es la caricia contenedora de mamá cuando soy pequeño y hay depredadores por doquier, urgente es la presencia de mamá cuando mi cuerpo está desgarrado de soledad. En cambio cuando cualquier sustancia viene a calmar toda urgencia... nos sobra el tiempo para recorrer los rincones de la historia personal. Ya pasaron tal vez quince años o dieciocho o veinte. Nunca antes estuvimos dispuestos, porque no nos pareció peligroso el llanto desgarrador del bebé, el llanto desesperado del niño en el colegio o las enfermedades a repetición de un niño cada vez más debilitado.
Es posible que el adolescente descrea de nuestros acercamientos ya que pasó toda su vida reclamando presencia sin obtenerla. ¿Por qué tendría que confiar en nosotros? Nada lo remite a fiarse de nuestras pretensiones amorosas. En estos casos, a veces es útil que otro adulto contenedor y comprensivo, apoye a la familia en el último intento de ese joven por recibir cariño sintiéndose merecedor y valioso como hijo.


Laura Gutman




Rodrigo Córdoba Sanz: Esta autora y psicoterapeuta investiga y escribe sobre la maternidad, todo aquello que le concierne. En ocasiones, puede resultar un poco "inculpatorio", sobre todo para madres preocupadas, inestables o, de manera paradójica, aquellas que quieren hacer "las cosas bien", por tanto, merece una lectura crítica, tratando de tomar lo que concierne a la mujer singular y repensar, reflexionar. Es sólo un elemento, un aporte, bello y trabajado sobre una visión interesante, a veces tachada de radical por "culpar a las madres de los problemas psicológicos de sus hijos". Quiero decir que esto no es para nada nuevo. En la historia del psicoanálisis, particularmente entre los autores que fueron pediatras y psicoanalistas como Doltó o Winnicott. Tal vez en un discurso que pueda resultar disparatado exista un fondo de verdad. Psicología Zaragoza.
Rodrigo Córdoba Sanz. Madres, Adolescentes, Adultos, Familias.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Adolescencia: Guía para padres



¿Cómo pueden ayudar los padres a su hijo durante la adolescencia?
La adolescencia es una etapa de cambio. La misma palabra “adolescente” en latín quiere decir “que está creciendo”, del mismo modo que “adulto” quiere decir “que ya ha crecido”. Por eso nos equivocamos al describir las características de la adolescencia. Le damos vueltas a lo que le queda del niño, su dependencia e inmadurez, lo que le toca de adulto, su desafío, su fuerza creadora. Para hablar de la adolescencia necesitamos palabras dinámicas. Es un paso, una etapa de crisis, una revolución.
Adolescente depre¿Y qué pueden hacer los padres ante esa revolución? También para ellos es una crisis esta etapa que exige un cambio en su papel. Los padres oscilan entre su impulso de seguir controlando el crecimiento de su hijo intentando evitarle riesgos, o claudican ante la reclamación de derechos del nuevo adulto en ciernes. Necesitarán aprender a dejar que su hijo se equivoque, se choque y encuentre su propia salida, sin por ello soltar el timón. Tendrán que seguir presentes, cercanos, manteniendo el rumbo, y dispuestos a intervenir con firmeza para evitar riesgos excesivos.
Aporto el enlace a una interesante guía para padres y madres de adolescentes [1]. Este es el resumen de sus conclusiones:
  • Cuanta más información tenga sobre la adolescencia, mejor podrá anticiparse a los cambios y las decisiones que tome serán mucho más eficaces.
  • Manténgase al tanto de la vida de su hijo dentro y fuera de la escuela.
  • Una buena relación con los padres es la mejor protección para crecer y explorar el mundo. Sea imaginativo para seguir conectado a su hijo.
  • El afecto incondicional y unas normas claras, razonables y razonadas son los cimientos para que su hijo se desarrolle y se sienta seguro.
  • Hable con su hijo de los temas importantes en la vida y no evite los temas delicados o difíciles.
  • Márquele metas altas pero realistas. Dígale que espera de él su mejor esfuerzo.
  • Valore la educación, mantenga el contacto con los profesores, y supervise su evolución académica.
  • Ayúdele a descubrir sus puntos fuertes y elógielo por lo que hace bien.
  • Conozca a los amigos de su hijo y a sus padres. Hable con él sobre los amigos, la amistad y las cosas que pueden pasar cuando esté con sus amigos.
  • No deje a su hijo solo frente a los medios de comunicación y la publicidad.
  • Converse sobre las películas, los video-juegos, las revistas que lee y la música que escucha.
  • Los valores que usted desea para su hijo tienen que vivirlos en la familia para luego ponerlos en práctica.
  • Esté alerta ante los problemas graves que pueden surgir durante la adolescencia. Si no puede afrontarlos, busque ayuda profesional cuanto antes.
  • No se desanime ante las dificultades, la mayoría de adolescentes las superan con éxito si los padres están disponibles para ayudarles y no se rinden.
  • Escuche a su adolescente.
Rafael Pareja Flores

[1] Cómo ayudar a su hijo durante los primeros años de la adolescencia. Departamento de Educación de los Estados Unidos. Oficina de Asuntos Intergubernamentales e Interagencia. Washington, D.C., 20202. Versión adaptada y corregida por Gregorio Verano Rodríguez (Psicólogo. Ayuntamiento de Avilés).

viernes, 1 de agosto de 2014

Adolescencia



“…Los adolescentes son excesivamente egoístas y se consideran el centro del universo y el único objeto de interés y, sin embargo, en ninguna otra época de la vida ulterior son capaces de tanto autosacrificio y devoción. Forman las relaciones amorosas más apasionadas para romperlas tan abruptamente como empezaron. Por una parte se arrojan con gran entusiasmo a la vida de la comunidad y por la otra, tienen una nostalgia abrumadora por la soledad: oscilan entre la sumisión ciega a un guía escogido por ellos mismos y la rebelión desafiante contra cualquier autoridad y contra todas las formas de ésta. Son egoístas y están orientados de manera material, y al mismo tiempo están repletos de idealismo enormemente elevado. Son ascéticos, pero repentinamente pueden hundirse en el goce instintivo más primitivo. En ocasiones, su conducta para con otras personas es ruda y falta de consideración, no obstante , también sosn quisquillosos en extremo. Las variaciones de su carácter, van desde el optimismo, albergado en un corazón ligero, al pesimismo más negro. Unas veces trabajan con infatigable entusiasmo y otras son apáticos y perezoso….”

Según el psicoanalista argentino Luis Kanciper (El complejo fraterno, 2004): “…La adolescencia, es, precisamente,, la etapa privilegiada de la resignificación y de la alternativa, en la que el sujeto tendría la opción de poder efectuar transformaciones inéditas en su personalidad. Representa el “segundo apogeo del desarrollo” (Freud, S. 1926). Es “el momento más importante y, a la vez, más dramático de la vida; representa un momento trágico: el fín de la ingenuidad infantil”   

Donald Winicott decía que:”…los padres tratan de sobrevivir, tratan de tolerar el hecho de ser “eliminados” por los adolescentes”. El YO fuerte del período de latencia recibe un gran aporte pulsional del Ello y entra en regresión, toda la fenomenología visible como la rebeldía y la oposición le permiten al adolescente la discriminación, la diferenciación, ya no es “su majestad el bebé”, los padres exigen, frustran y se enfrentan con los jóvenes. El super yo es fundamental para que el Yo tolere el ataque de las pulsiones del Ello, con un Edipo que vuelve a reinar y sin el impedimento biológico se vuelve más peligroso, por eso el super yo viene en ayuda y se resignifica la Ley del tabú del incesto.

    “LOS PROFESIONALES DEL CAMPO DE LA SALUD QUE TRABAJAN CON ADOLESCENTES TIENE QUE TENER LA CAPACIDAD DE PODER ESCUCHAR A LOS JÓVENES SIN JUZGARLOS, RESPETANDO SU AUTOESTIMA, SU PUDOR Y TENIENDO UN PROFUNDO Y ADECUADO CONOCIMIENTO DE SU PSICOLOGÍA PARA PODER COMPRENDERLOS Y ASISTIRLOS TANTO EN SUS MANIFESTACIONES CONDUCTUALES NORMALES COMO PATOLÓGICAS” (Quiroga, S.; 1986, La adolescencia. UBA).


sábado, 7 de junio de 2014

Adolescencia

      La adolescencia es una etapa de la vida de los seres humanos signada por crisis que se extiende cronológicamente desde los 12 hasta los 18-20 años aproximadamente, teniendo variaciones según la época histórica y la cultura que la sustenta. Se considera que comienza como un hecho biológico y culmina con transformaciones psicológicas  y psíquicas. 








ALGUNOS INVESTIGADORES RECONOCEN TRES FASES O MOMENTOS:

1)   UNA ADOLESCENCIA TEMPRANA (que va de los 10 a los 13 años)

2)   UNA ADOLESCENCIA MEDIA (de los 13 a los 15 años) y

3)   UNA ADOLESENCIA TARDÍA O FASE RESOLUTIVA DE LA ADOLESCENCIA (de los 15 a los 18-20 años).

La maduración hormonal va a producir durante la pubertad o adolescencia una serie de cambios profundos en el cuerpo del púber y como consecuencia también en el psiquismo del mismo, cambios que son característicos de esta etapa vital.

Estas transformaciones propias y específicas de la adolescencia, producen una serie de síntomas y signos que muchos autores han dado en llamar elsíndrome normal de la adolescencia, en el mismo tiene un papel fundamentalla angustia y sus diferentes manifestaciones. Algunos estudiosos gustan llamarlo estadio tumultuoso (“adolescent turmoil”).
         Dentro del campo psicoanalítico Sigmund Freud se ocupó de la pubertad en su obra denominada Tres ensayos para una teoría sexual (1900), en el Punto III: La metamorfosis de la pubertad.
Propuso pensar, apoyándose en su experiencia clínica, que durante la pubertad  se producían una serie de modificaciones estructurales en el aparato psíquico, sobre todo a nivel del super Yo, con la constitución de un nuevo lugar al que denominó Ideal del YO, así como el surgimiento de las identificaciones secundarias  y el rasgo de carácter .
         También su hija Ana Freud describía muy bien la adolescencia diciendo que:

         “…Los adolescentes son excesivamente egoístas y se consideran el centro del universo y el único objeto de interés y, sin embargo, en ninguna otra época de la vida ulterior son capaces de tanto autosacrificio y devoción. Forman las relaciones amorosas más apasionadas para romperlas tan abruptamente como empezaron. Por una parte se arrojan con gran entusiasmo a la vida de la comunidad y por la otra, tienen una nostalgia abrumadora por la soledad: oscilan entre la sumisión ciega a un guía escogido por ellos mismos y la rebelión desafiante contra cualquier autoridad y contra todas las formas de ésta. Son egoístas y están orientados de manera material, y al mismo tiempo están repletos de idealismo enormemente elevado. Son ascéticos, pero repentinamente pueden hundirse en el goce instintivo más primitivo. En ocasiones, su conducta para con otras personas es ruda y falta de consideración, no obstante , también sosn quisquillosos en extremo. Las variaciones de su carácter, van desde el optimismo, albergado en un corazón ligero, al pesimismo más negro. Unas veces trabajan con infatigable entusiasmo y otras son apáticos y perezoso….”

         Otros seguidores de los postulados psicoanalíticos como Melanie Klein en Inglaterra, si bien escribió algunos artículos sobre la adolescencia, no hizo un estudio específico de la misma. No le daba características particulares  y dejaba fuera de su estudio las problemáticas del Yo y el narcisismo. Posteriormente Peter Blos, identificado con la Escuela psicoanalítica norteamericana, y con la teoría de las relaciones objetales propuesta por Melanie Klein,  desarrolló una línea para pensar las modificaciones que se producirían en el psiquismo del adolescente. El tema de la adolescencia surgió como interés en Peter Blos estando en Viena, cuando él era estudiante de Biología junto a Eric Eriksson. Ambos se interesaron por la docencia y trabajaron en el Primer Jardín de Infantes Psicoanalítico que fundaran Anna Freud y Dorothy Doleman.
 Para este autor los cambios que se producen durante la adolescencia a nivel del psiquismo (o aparato psíquico) son fundamentalmente en el interior del Yo y en el Super Yo con la organización  de un nuevo lugar psíquico, el Ideal del Yo. Al emigrar a EEUU, debido a la persecución nazi,  tanto Blos como Ericsson toman contacto con otros psicoanalistas y se interesan por el tema de la adolescencia y sus características, trabajando clínicamente sobre todo con jóvenes que habían cometido delitos.
Para Peter Blos durante la adolescencia se producen una serie de tareas que deberán cumplirse a nivel psíquico: a) realizar una segunda individuación (o subjetivación), ya que la primera se produjo durante el desarrollo del psiquismo en la infancia; b) asentar la sexualidad definitiva ; c) elaborar los traumas residuales que llevan a la formación del carácter y d) elaborar una genealogía del Ideal del Yo.


         Otros psicoanalistas postfreudianos como Jaques Lacan en Francia no consideran la adolescencia en términos evolutivos ni de etapa, ya que consideran que el psiquismo se estructura durante los primeros años de la vida y la problemática Edipica está presente desde el comienzo, por lo tanto si hay cambios posteriores no son cambios estructurales. Se discute si se puede hablar de la adolescencia como una etapa del desarrollo, en caso de ser así se la considera del campo de la Psicología y no del Psicoanálisis.
         También  la escuela psicoanalítica argentina ha realizado importantes aportes al conocimiento de las transformaciones psíquicas durante la adolescencia, sobre todo Arminda Aberasturi (psicoanalista y psicopedagoga) y Mauricio Knobel (psicólogo y psicoanalista) crean la conocida teoría de los duelos como fenómenos visibles y fuente de cambios a nivel psíquico. Tomando la propuesta freudiana respecto de que el duelo es el trabajo psíquico necesario para la elaboración de las pérdidas, sean éstas reales o simbólicas, ambos autores consideran que durante la adolescencia se producen una serie de pérdidas simbólicas que fuerzan al aparato psíquico a realizar un trabajo de duelo que permite la elaboración de las mismas.
         Los tres duelos fundamentales serían: 1) el duelo por la pérdida del cuerpo infantil; 2) el duelo por la pérdida de la identidad sexual infantil y 3) el duelo por la pérdida de los padres de la infancia.

         Estas pérdidas objetales deben entenderse como representaciones psíquicas que investidas libidinalmente deberán perderse simbólicamente para poder construir o investir nuevas representaciones más acordes con el momento del desarrollo que el adolescente está atravesando en su proceso hacia la adultez.
         El trabajo psíquico de elaboración de dichas pérdidas configura verdaderos duelos que producen sufrimiento psíquico, frente a esto el Yo recurre a un mecanismo de defensa que es la desmentida o desconocimiento, trayendo como consecuencia una escisión del Yo ¸ en un yo realidad, regido por el principio de realidad y que percibe los cambios y las transformaciones, y un Yo placer que se aferra nostalgiosamente a las representaciones propias del psiquismo infantil.
         Para Peter Blos por eje. no hay verdaderas pérdidas sino un pasaje de libido de una representación a otra. De todas formas tanto Freud como  Blos acuerdan en afirmar que durante la adolescencia se producen transformaciones a nivel del psiquismo y específicamente es en el super YO con la organización del Ideal del Yo el cambio fundamental.
Recordemos que de acuerdo a la segunda tópica freudiana (o segunda teoría de los lugares psíquicos) es en el super yo donde se estructura el Ideal del Yo y esta instancia es con la que el Yo se medirá, es a lo que aspira llegar el Yo .La posibilidad de pensar en la existencia de duelos como postularan los psicoanalistas argentinos está dada en el hecho de que para Freud hay una pérdida del objeto que produjo la primer experiencia de satisfacción y que no volverá a ser reencontrado .
Fenomenológicamente todos estos procesos producen sentimientos de tristeza, pérdida, sensación de vacío, soledad, abandono y desamparo, lo que lleva a describir un verdadero síndrome normal del adolescente.
Durante la adolescencia se produce la sensación de pérdida del objeto libidinal (el que se corresponde con la etapa oral ), sumada a intensas demandas pulsionales (producto del empuje hormonal), junto a un yo débil y un super yo que se está modificando. El yo se debilita por la etapa de crisis, y vuelve a reinar la conflictiva edípica, pero con el agregado de que la biología hace posible lo que en la infancia no era posible; el empuje pulsional sostenido en la eclosión hormonal , con la presencia de las erecciones en el varón y los humedecimiento y los cambios corporales madurativos en las mujeres, los deseos sexuales manifiestos, etc., se imponen al joven y a la joven.
         La pulsión genital alcanza su primacía y empuja al adolescente a la búsqueda de un objeto exogámico (otro sujeto fuera del grupo familiar con quien mantener un encuentro sexual y genital).
         La salida de la “sexualidad infantil”, caracterizada por ser autoerótica,  la búsqueda del objeto sexual exogámico, el afianzamiento de la identidad sexual definitiva hacia la elección de la homosexualidad u heterosexualidad o bisexualidad,  junto a la decisión psíquica de iniciar las relaciones sexuales, conforman las vicisitudes psíquicas y fenomenológicas del adolescente.

         Muchas veces se asocia la palabra adolescencia con sufrimiento, aunque la etimología  de la palabra adolecer es  crecer o desenrrollarse, sin embargo  se fue instalando un nuevo significado por la influencia de la teoría de los duelos. En realidad se produce un campo dinámico entre los adolescentes y los adultos (padres) en relación al sufrimiento porque generalmente la adolescencia de los hijos suele coincidir con el ingreso de los adultos (padres) en la crisis llamada de la mitad de la vida , a veces correspondiendo con el ingreso a los ciclos menopáusicos en las mujeres y la andropausia en los hombres.

Según el psicoanalista argentino Luis Kanciper (El complejo fraterno, 2004): “…La adolescencia, es, precisamente,, la etapa privilegiada de la resignificación y de la alternativa, en la que el sujeto tendría la opción de poder efectuar transformaciones inéditas en su personalidad. Representa el “segundo apogeo del desarrollo” (Freud, S. 1926). Es “el momento más importante y, a la vez, más dramático de la vida; representa un momento trágico: el fín de la ingenuidad infantil”   

Donald Winicott decía que:”…los padres tratan de sobrevivir, tratan de tolerar el hecho de ser “eliminados” por los adolescentes”. El YO fuerte del período de latencia recibe un gran aporte pulsional del Ello y entra en regresión, toda la fenomenología visible como la rebeldía y la oposición le permiten al adolescente la discriminación, la diferenciación, ya no es “su majestad el bebé”, los padres exigen, frustran y se enfrentan con los jóvenes. El super yo es fundamental para que el Yo tolere el ataque de las pulsiones del Ello, con un Edipo que vuelve a reinar y sin el impedimento biológico se vuelve más peligroso, por eso el super yo viene en ayuda y se resignifica la Ley del tabú del incesto.
         Las desinvestiduras son fuente de angustia y se necesita algo externo para calmarla. Winicott plantea que el mundo exterior le ofrece al adolescente objetos como el grupo de pares que serán sostén de la identidad y ofrecerán pertenencia, aunque sean transitorios. Se busca aprobación, sostén, suministros narcisistas hasta que se resuelva la autonomía. Pero no todo objeto fuera del grupo familiar es exogámico ya que los objetos transitorios (como los pares, el grupo de amigos íntimos, etc.)  no funcionan como exogámicos dentro del psiquismo del adolescente. Llamamos objeto exogámico  al que comienza a tener estatuto de objeto independiente , discriminado, respetado como otro y que es investido libidinalmente .
        
         Se observa una regresión normal en los adolescentes, que se hace visible en lo conductual (en los comportamientos) que se sostiene en una ambivalencia afectiva muy intensa, aumenta la oralidad y la analidad, expresada en conductas alimentarias alteradas (tanto bulímicas como anoréxicas , mezclas de sabores y olores, colores, etc. en las comidas) los flatos, la mugre, el desorden, las explosiones, las rabietas, la retracción, los bajones anímicos, etc.
         Finalmente la vida sexual del adolescente deberá modificar su meta ya que no será solo autoerótica como en la infancia, aunque guarde rasgos autoeróticos en las conductas masturbatorias, la meta sexual del adolescente se dirige al encuentro con el cuerpo de otro sujeto, ya no solo en su propio cuerpo, las pulsiones sexuales caen bajo el primado de una zona erógena en particular, la genital. Según la propuesta original de Freud en la adolescencia se logra el reconocimiento de la diferenciación sexual entre masculino y femenino. La pulsión sexual de ser fundamentalmente autoerótica en la infancia pasa a hallar el objeto sexual , por lo tanto surge una nueva meta sexual en el otro y con el otro, así  las dos corrientes sexuales (la tierna y la sexual) se dirigen al objeto exogámico, poniéndose al servicio del placer heteroerótico y finalmente en la reproducción.