“Si su pasado fuera tu pasado, si su dolor fuera tu dolor, si su nivel de conciencia fuera tu nivel de conciencia, pensarías y actuarías exactamente como él o ella. Esta comprensión trae consigo perdón, compasión y paz.
Al ego no le gusta oír esto, porque pierde fuerza cuando no puede mostrarse reactivo y tener razón”.
(Eckhart TOLLE, El silencio habla, Gaia, Madrid 2003, p. 92).
Lejos de ser una moda puntual, el estoicismo es una perspectiva filosófica que lleva décadas calando en nuestra cultura. Epicteto, el filósofo griego de la no-preocupación, fue toda una inspiración para el psicoterapeuta Albert Ellis en los años 50. Tanto fue así que la psicología cognitiva hunde en parte sus cimientos en su ética personal.
De hecho, no deja de ser interesante cómo se inició esta escuela filosófica. Fue Zenón de Citio, un comerciante fenicio, quien la fundó en Atenas a principios del siglo III a. C. Lo hizo a raíz de una penosa experiencia: perdió toda su fortuna en un naufragio a los 45 años. A partir de entonces, orientó su existencia a ofrecer discursos en las plazas públicas sobre la física, la lógica y el pensamiento.
Según él, ninguna pérdida debe importarnos tanto como la del tiempo, puesto que esta, y no otra, es la dimensión más irreparable. Asimismo, si había un aspecto en el que insistía, era en la necesidad de aceptar la realidad como si esta respondiera a un mandato racional. Uno en que cada cual está obligado a entender para actuar en consecuencia.
Desarrollar un enfoque más estoico puede ser un soporte para un mundo en caos, ese escenario al que, a veces, nos cuesta adaptarnos. ¿Por qué no comprender mejor cómo son estas personas para imitar alguna de sus características?
Así es la personalidad estoica: ¿te identificas?
La mente estoica gana mucho tiempo al esquivar la tentación de no enfadarse porque el mundo no es como uno desea. Lo acepta y, a partir de ese punto, toma sus propias decisiones. Todos podemos aprender características de esta filosofía para tener una personalidad más resiliente. ¡Descúbrelo!
Lejos de ser una moda puntual, el estoicismo es una perspectiva filosófica que lleva décadas calando en nuestra cultura. Epicteto, el filósofo griego de la no-preocupación, fue toda una inspiración para el psicoterapeuta Albert Ellis en los años 50. Tanto fue así que la psicología cognitiva hunde en parte sus cimientos en su ética personal.
De hecho, no deja de ser interesante cómo se inició esta escuela filosófica. Fue Zenón de Citio, un comerciante fenicio, quien la fundó en Atenas a principios del siglo III a. C. Lo hizo a raíz de una penosa experiencia: perdió toda su fortuna en un naufragio a los 45 años. A partir de entonces, orientó su existencia a ofrecer discursos en las plazas públicas sobre la física, la lógica y el pensamiento.
Según él, ninguna pérdida debe importarnos tanto como la del tiempo, puesto que esta, y no otra, es la dimensión más irreparable. Asimismo, si había un aspecto en el que insistía, era en la necesidad de aceptar la realidad como si esta respondiera a un mandato racional. Uno en que cada cual está obligado a entender para actuar en consecuencia.
Desarrollar un enfoque más estoico puede ser un soporte para un mundo en caos, ese escenario al que, a veces, nos cuesta adaptarnos. ¿Por qué no comprender mejor cómo son estas personas para imitar alguna de sus características?
“El pensamiento debe ser más fuerte que la materia, y la voluntad más poderosa que el sufrimiento físico o moral”.
-Zenon de Citio-
La personalidad estoica se define por una alta capacidad de autocontrol.
Así es la personalidad estoica
Vivimos en una sociedad cada vez más compleja, con relaciones frágiles, crisis sociales y la losa constante de la incertidumbre. Ante un contexto semejante solo caben dos opciones: aceptar o seguir peleándonos ante tantas dificultades. La personalidad estoica configura esa perspectiva que más puede ajustarse a un entorno en el que la razón nos permita sortear el caos.
Massimo Pigliucci es un conocido biólogo, filósofo y escritor italiano conocido por difundir este tipo de filosofía. En su libro Como ser un estoico, 2018, nos recuerda que, aunque no podamos controlar lo que nos pasa, sí es posible trabajar cómo respondemos a ello. Factores, como la ansiedad, el estrés y el sufrimiento cotidiano podrían manejarse mejor si desarrolláramos una mente más estoica.
Compostura, aceptación y resistencia, son esas semillas que sostienen y hace florecer este tipo de constructos de personalidad que vale la pena conocer. Los analizamos.
La personalidad estoica es lógica, práctica y resolutiva. No se deja atrapar por emociones como la angustia y procura aceptar sus circunstancias, pero procura siempre tomar decisiones que le permitan avanzar en la dirección deseada.
1. Autosuficiencia y responsabilidad personal
Pensar por ti mismo, decidir de acuerdo a tus necesidades, valores y principios. ¿Puede haber una característica más necesaria y saludable? Desde luego que no. La autosuficiencia es la capacidad de guiarnos por nuestro propio juicio sin condicionamientos externos.
Solo tú eres responsable de tu vida y esto exige no dejar sobre hombros ajenos el propio devenir. Por otro lado, esta característica se alimenta de una autoestima saludable que todo lo enhebra y que da impulso a la personalidad estoica. En el momento en que confías en ti mismo, en tus juicios, valores y decisiones, tu destino adquiere otro rumbo.
2. Autoconocimiento para saber quién eres y qué quieres
La persona que no se conoce a sí misma se deja llevar por designios ajenos y por el caos. Si deseamos adquirir un pensamiento más estoico, promovamos antes el autoconocimiento. Saber qué nos da sentido, qué esperamos de la vida y de nosotros mismos, nos ofrece unos pilares en los que sostenernos, además de un punto de partida más motivador.
Los estoicos trabajaban en esa introspección desde la que no solo saber quiénes eran. También procuraban tomar conciencia de sus virtudes y limitaciones. Conocer nuestras luces y claroscuros nos permitirá, sin duda, navegar mejor en el viaje de la existencia.
3. Adaptabilidad a los cambios
Dos de las “enfermedades” más comunes de este siglo son el estrés y la ansiedad. Nos cuesta muchísimo manejar los contratiempos, aceptar lo incierto, asumir los cambios grandes y pequeños. La personalidad estoica es, sin embargo, muy hábil para gestionar este tipo de circunstancias.
Investigadores del Laboratorio de neurociencia afectiva y cognitiva de Birkbeck indican en un trabajo que esta escuela filosófica es muy útil para todas aquellas personas tendentes a la preocupación excesiva. Una de sus virtudes es enseñarnos que, como seres humanos, debemos saber adaptarnos a los imprevistos y giros del destino.
Toda variación en nuestra rutina nos perturba, amenazando con echarnos de nuestra zona de confort. Sin embargo, en nuestra capacidad para adaptarnos está nuestra fortaleza y, una vez lograda, es más sencillo movernos hacia donde queramos.
Aunque el estoicismo es una escuela filosófica originada en el siglo III a. C, sus perspectivas son muy útiles ante los desafíos a los que nos enfrentamos ahora.
4. Enfoque orientado a la resolución y no al estancamiento
Todos tenemos la capacidad de mejorar nuestra habilidad para solucionar problemas. El primer paso es bajar el volumen de los miedos y el pánico, del pensamiento catastrófico. La persona estoica es más racional que emocional y su particularidad es mirar el mundo desde el equilibrio, la aceptación y la búsqueda constante de soluciones.
Quien se queda atrapado por emociones incapacitantes, como la angustia y la negación, no avanza, se estanca. La personalidad estoica es lógica, práctica y resolutiva.
5. Mente resiliente con amplio enfoque
La adversidad es esa tonalidad presente en el lienzo de nuestra existencia; nadie la esquiva por completo y tampoco es inmune a ella. Por el bien de nuestra salud psicológica y nuestro crecimiento personal, deberíamos desarrollar un enfoque más resiliente. El corazón estoico acepta y entiende la llegada de la fatalidad, del sufrimiento que todo lo opaca.
Ahora bien, lejos de quedar encallados en el malestar de ese túnel de oscuridad, avanza por él teniendo claro que el destino no se puede controlar. Lo que se puede hacer es aprender de esa situación al asumir una perspectiva mental más amplia y con perspectiva.
A veces, cuando los infortunios nos atrapan, solo nos fijamos en los pequeños detalles, en los obstáculos y las espinas que nos dañan. La persona estoica procura ver el panorama general y mirar la vida más allá de sus propios baches. Es ahí, al levantar la mirada, cuando encontramos nuevos sentidos y mayor esperanza.
6. La serenidad, el mejor estilo de vida
Ante las desavenencias cotidianas, serenidad. Ante los desafíos, incertezas y problemas del día a día, serenidad. Es cierto que nos puede costar desarrollar esta actitud equilibrada, sosegada y luminosa, pero esa sería una estrategia ideal para calmar los miedos, las angustias y tener mejor calidad de vida.
Los hombres y las mujeres con cualidades estoicas procuran estar en armonía con la naturaleza y consigo mismos. Procuran cultivar sus virtudes, aprender y ser disciplinados para que la razón sea siempre la mejor respuesta ante todo desafío.
“Lo importante es luchar para vivir la vida, para sufrirla, para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo” – Charlie Chaplin.
“Con cada día que vivo estoy más convencida de que el desperdicio de la vida radica en el amor que no se ha dado, en los poderes que no se han utilizado, en la prudencia egoísta que no arriesga nada y que, evitando el dolor, nos impide alcanzar la felicidad” – Mary Chomodeley.
“En la vida hay tres cosas que no vuelven atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida” – Proverbio chino.
“Aprendí que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo” – Nelson Mandela.
“La sinceridad siempre nos llevará a odiarnos un poco” – Mario Benedetti.
“Me gusta el verbo ‘resistir’. Resistir a lo que nos aprisiona, a los prejuicios, a los juicios precipitados, a las ganas de juzgar, a todo lo que es malvado en nosotros y que sólo quiere expresarse, a las ganas de abandonar, a la necesidad de quejarse, a la necesidad de hablar de uno mismo en detrimento del otro, a las modas, a las ambiciones malsanas, al desconcierto ambiente. Resistir, y… sonreír” – Emma Dancourt.
“El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico, el verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya no es”
“Antes de quejarte, mira a tu alrededor y da gracias por lo que tienes”
“La manera en la que tú ves el mundo es tu versión personal de él. Nadie más comparte la misma versión de la realidad”
“Si no cuidas a alguien en tu presente, no esperes verles en el futuro, pues para entonces ya serás su pasado”
"Imagínese que tenemos que describir e interpretar un edificio cuya planta superior fue erigida en el siglo XIX, la planta baja data del siglo XVI, y un examen detallado de la mampostería revela el hecho de que fue reconstruida partiendo de un torreón del siglo XI. En el sótano descubrimos cimientos romanos, y bajo aquél una caverna sellada, en cuyo suelo se hallan utensilios de piedra y en las capas inferiores restos de fauna de la era glacial. Esta sería una imagen aproximada de la estructura de nuestra mente."
El fragmento pertenece a la obra "Alma y tierra" de Carl Gustav Jung, uno de las figuras claves del psicoanálisis; fue colaborador en sus primeros años de Sigmund Freud pero tomó su propio rumbo más tarde creando la Escuela dePsicología Analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.
Sólo en la unión armoniosa de las diferentes partes del cuerpo se produjo la vida sana.
En la unión correcta de las personas, se descubre la conexión donde se esconde la vida superior, la sensación de eternidad y de perfección.
El callejón sin salida en el que estamos hoy, acentúa la necesidad del tránsito de la etapa en la que las almas están separadas - por el ego - a la etapa de la unión, donde se descubre la vida superior.
Por un lado, el ego es la fuerza que nos empuja al desarrollo. Por el otro, la fortificación del ego nos amenaza a todos con crisis, terror e incluso con una guerra mundial y nos sentimos impotentes frente a esta situación. Mirando hacia el futuro, vemos que nos espera la edad de piedra, sólo que en un escenario de alta tecnología.
¿Cómo se sale de este callejón sin salida? La sabiduría de Cabalá introduce en la imagen del mundo el concepto de "jerarquía de fuerzas", que dirigen a cada uno de nosotros y a la sociedad en general. La Cabalá no anula el ego, sino que lo reviste de una fuerza más global: la intención (de amor y otorgamiento) sobre el deseo (de recibir), una captación más amplia de la realidad, por encima del estrecho entendimiento del beneficio propio.
La Cabalá nos ofrece un gran avance: un método de coordinación entre dos fuerzas opuestas. Esto nos explica que esas fuerzas son de naturaleza diferente desde su raíz: la naturaleza del Creador y la naturaleza del creado. Cuando no compiten entre ellas sino que se unen, llegan a un estado perfecto y eterno.
1. A veces lo más importante durante todo un día es el descanso que tenemos en el medio de dos respiraciones profundas. – Etta Hittlesum
2. El yoga es una luz, que una vez encendida, nunca se atenuará. Cuanto mejor es la práctica, más brillante es la llama. – B.K.S. Iyengar
3. La paz interior comienza en el momento que tú decides no permitir a una persona o a una situación controlar tus emociones. – Pema Chodron
4. Como el mundo se va volviendo cada vez más duro, nosotros tenemos que mantener la habilidad de permanecer suaves. Esto no es debilidad, es fuerza. Igual como los árboles que intentan alcanzar el cielo pero simultáneamente crecen sus raíces hacia la tierra. – Sakyong Mipham
5. El cuerpo se beneficia del movimiento y la mente se beneficia de la quietud. – Sakyong Mipham
6. Un Indio experto en cristales pregunta: ¿Quieres el cristal del amor?, Yo respondo: Ahora no estoy con nadie. El Indio dice: El amor está en todas partes, no sólo en las personas. Está en el viento, en el aire, en poder respirar, poder ver, oler, sentir, abrazar, leer, en tu madre, tu padre, en la sonrisa de un desconocido que sin conocerte te sonríe. – Un ser de luz en algún lugar de Rishikesh, India.
7. El Yoga es el viaje del Yo, a través del Yo, hacia el Yo. – The Bhagavad Gita
8. El Yoga no se trata de poder tocarte los dedos del pie, se trata de lo que aprendes mientras llegas a hacerlo. – Jigar Gor
9. El yoga no sólo cambia la forma de ver las cosas, transforma a la persona que lo ve. – B.K.S Iyengar
10. La postura de yoga no es el objetivo. Ser flexible no es el objetivo. Las paradas de mano no son el objetivo. El objetivo es crear espacio en el lugar donde alguna vez estuviste estancado. Es revelar las capas de protección que te has ido creando alrededor de tu corazón. Es apreciar tu cuerpo y ser consciente de tu mente y el ruido que puede crear. Es hacer las paces con quien eres. El objetivo es amar… te. Ve a tu mat a sentir, no a lograr. Cambia este pensamiento y tu corazón crecerá. – Rachel Brathen
11. Inhalando calmo mi cuerpo y mi mente, exhalando sonrío. – Thich Nhat Hanh
12. Mi yoga mat es mi alfombra mágica. Cuando estoy en ella descubro lugares que nunca jamás pensé existirían. – Anónimo
Nerea Astigarraga, psicóloga y con trastorno bipolar: «Tuve mi primer brote psicótico a los 20 años»
Nerea Astigarraga fue diagnosticada de trastorno bipolar hace diez años
El diagnóstico de esta enfermedad mental llegó hace una década tras varios ingresos y brotes psicóticos, ella supo cambiar su vida y ahora la dedica a ayudar a los demás: «La enfermedad me ha enseñado a priorizar mi estado anímico, a poner límites»
«El trastorno bipolar me ha hecho vivir experiencias bastante agónicas, pero también es cierto que, de alguna forma, le estoy agradecida porque, hoy por hoy, estoy en una situación aventajada. Me puedo dedicar a la prevención y a la promoción de la salud, vivir de una forma mucho más consciente. Si no fuera por este trastorno no sería así. El trastorno bipolar tiene claroscuros y yo he sabido materializar o manifestar lo bueno. Creo que están ahí los aprendizajes positivos, sin olvidar que tiene esa parte difícil y dura. Pero este es el enfoque que yo divulgo y que trato de visibilizar. Sensibilizar a las personas que están diagnosticadas de que siempre es posible, a pesar de tener una enfermedad mental, desarrollar y fortalecer el carácter, ese afán de superación, de alguna manera reiniciar y darnos una oportunidad de vivir otra vez», es la carta de presentación de Nerea Astigarraga, la historia de una persona a la que el diagnóstico de una enfermedad mental como el trastorno bipolar le cambió la vida. En su caso, supo darle la vuelta a esa moneda para convertir en cara la cruz. Se reconvirtió por completo, se «reseteó». Estudió Psicología para conocerse, entender su problema y tener herramientas para ayudarse a sí misma. Escribió un libro («Resetea tu vida») y ahora trata de ayudar a otros en su misma situación. Este es un resumen rápido de todo lo que pasó durante muchos años, pero empecemos por el principio.
«Lo mío viene de muy atrás. Tuve mi primer brote psicótico a los 20 años y ahora tengo 45. Cuando tuve mi primer ingreso tras un brote psicótico vivía en el extranjero, en Inglaterra, con todas las vicisitudes de la juventud, de vivir la vida a un ritmo vertiginoso. Tuve otras recaídas, a los 26 años, a los 31... Pero no se me diagnosticó hasta los 34 años», explica Nerea. Entonces llevaba una vida, cuanto menos, exigente. Volvió de Inglaterra y montó su propio negocio, una academia de inglés: «A los 32 años estaba bien económicamente, llevaba bien mi negocio. Pero había vivido varias crisis potentes y no se sabía por qué podía ser».
«Tú puedes hacer lo que te propongas. Eres fuerte y capaz. No eres frágil ni quebradizo. Al postergar para un momento futuro lo que quisieras hacer ahora, te entregas al escapismo, a la autoduda, y lo que es aún peor, al autoengaño»
Los trastornos por consumo de sustancias designan al conjunto de síntomas somáticos, cognitivos y comportamentales que llevan al sujeto a autoadministrarse una sustancia de manera repetida, a pesar de reconocer las consecuencias negativas tanto orgánicas como psicológicas y sociales que ello comporta. En el cerebro se producen cambios neurofisiológicos que se traducen en manifestaciones clínicas y conductas compulsivas que expresan una pérdida de la capacidad volitiva del sujeto. Se describen a continuación los conceptos básicos de la adicción, así como las principales manifestaciones clínicas características de las drogas de abuso más frecuentes en nuestro país y las pautas de manejo clínico más consensuadas.
Joseph Pulitzer: “Con el tiempo, una prensa mercenaria, demagógica, corrupta y cínica crea un público vil como ella misma.” Evitemos, pues, la tentación.
Para continuar traemos la reflexiones de Foucault sobre el poder, nos ayudaron para comprender qué es el PODER, cómo se ejerce y que todas las personas tenemos poder y lo ejercemos en ciertos espacios... lo que nos posibilitó colocar cada cosa en su sitio, darles un nombre y empezar a dibujar lo que luego llamamos desempoderamiento
Y este video sobre la heterotopología: "Las heterotopías inquietan, sin duda porque minan secretamente el lenguaje, porque impiden nombrar esto y aquello, porque rompen los nombres comunes o los enmarañan, porque arruinan de antemano la "sintaxis" y no sólo la que construye las frases -aquella menos evidente que hace "mantenerse juntas" unas al otro lado o frente a otras. (...) secan el propósito, detienen las palabras en sí mismas, desafían, desde su raíz, toda posibilidad de gramática; desatan los mitos y envuelven en esterilidad el lirismo de las frases (...). Heterotopías peligrosas para el orden de las cosas, incluso aunque sean necesarias para que este orden se produzca...
Podría pensarse que Byung-Chul Han, filósofo coreano radicado en Alemania y especialista en Heidegger, es antes que nada un filósofo del padecimiento. En sus obras, La sociedad del cansancio (2012), La sociedad de la transparencia (2013), y posteriormente en La agonía del eros (2014), Byung-Chul caracteriza a un sujeto contemporáneo que, al estar expuesto como mercancía en las redes sociales del hedonismo de control, se encuentra deserotizado, cansado y víctima gozosa del vértigo que le impone a su curriculum la sociedad del rendimiento, tardo moderna, sistémica y autorreferencial al palo. Según mi interpretación de su obra, resulta notable que Byung confluye con algunas de las teorías del sociólogo alemán Niklas Luhmann.
En La sociedad del cansancio Byung relata que el individuo es un entorno del sistema, un sistema que un día cansado se puso a ladrar –me permito articular, en una interpretación sintética del texto citado, a Luhmann con nuestro poeta Santos Discépolo. Considero entonces que Byung-Chul Han puede ayudar a comprender el lugar del sujeto en los sistemas de control y así, con su filosofía, sentar las bases subjetivistas de una Teoría Sistémica de la Sociedad que oportunamente presentara Luhmann. Con esta intención digo que los escritos de Han están signados por la desesperanza de un presente flojo de sentido cuando describen por entrega, en libros breves de bolsillo, lo que llamo un mundo feliz de ilusión y desilusión encadenadas: el instante que viene llegará con la promesa de sacarnos de la desilusión que nos dejó el anterior, del que sabíamos que tampoco iba a cumplir con su palabra.
Así es como en este tiempo de lo efímero, andamos a los tumbos del sinsentido, otarios a sabiendas. Sostenidos, pienso, por la regimentación ortopédica del diseño curricular de la vida en la sociedad del rendimiento. Este concepto es desarrollado en La agonía del eros, y me permito interpretarlo en sede marxiana: somos nosotros mismos los amos de nuestra propia esclavitud, porque ya no se trata de una condición de explotación típica en donde el dueño de los medios de producción se apropia de ese valor por encima del dinero que se nos paga por nuestra fuerza de trabajo, sino que a la extracción de esta plusvalía se le agrega una disponibilidad plena de nuestro tiempo en los espacios de superposición del trabajo con el ocio y así, a tiempo completo, nos extraemos a nosotros mismos un tipo de plusvalía absoluta. De este modo reproducimos nuestra fuerza de trabajo para continuar en la cadena de montaje existencial de una situación de autoexplotación y cuyas manifestaciones patológicas son las enfermedades neuronales de este siglo: la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad o el síndrome de desgaste ocupacional, como bien se manifiesta en el padecimiento de Sandra, heroína empastillada de Dos días y una noche (la película de los franceses Jean-Pierre y Luc Dardenne), cuando todo lo que afecta a su situación laboral ella lo vive bajo las múltiples formas de la culpa.
Pienso que estos males expresan al fin los síntomas de una experiencia de la libertad paradójica, cuando la autoalienación de la sociedad del rendimiento se vive como autorrealización verificada en la proletarización de nuestro curriculum vitae, bajo un régimen totalitario, hedonista, en donde la felicidad es una mercancía. Al fin nosotros mismos, expuestos en las redes sociales de la pornografía de masas bajo la dictadura del “me gusta” y metidos en la tormenta de mierda (shit storm) que trajo la revolución digital, Internet, las redes sociales, plataformas que según Byung hacen de nosotros, los seres humanos, individuos aislados. Esto puede rastrearse en Enjambre (2014): una reflexión sobre la imposibilidad objetiva de construir alternativas de poder, porque cuando aquellas se expresan, interpreto, quedan neutralizadas por la misma lógica autorreferencial de los sistemas donde estimulados por las drogas, despiertos siempre, hemos logrado al fin quitarnos el sueño de la revolución. Por eso solo una catástrofe, una invasión extraterrestre, una distopía grosa podrían acabar con nuestro mundo paradójico donde no nos queda más que gozar gracias al desarrollo tecnológico del capitalismo.
a morir sin haberse concedido un año un mes una hora de goce y esperan ese don cultivando el silencio vaciándose de culpas y de pánicos descansando en el lecho del cansancio o evocando la infancia más antigua
así / con la memoria en rebanadas con ojos que investigan lo invisible y el desaliento tímido y portátil que se cubre y descubre a duras penas así miden el cuerpo torpe cándido ese montón de riesgos y de huesos áspero de deseos como llagas que no elige agotarse más se agota
merodean tal vez por la nostalgia ese usual laberinto de abandonos buscan testigos y no los encuentran salvo en las caravanas de fantasmas
piden abrazos pero nadie cae en la emboscada de los sentimientos carne de espera / alma de esperanza los desnudos se visten y no vuelven
el amor hace un alto en el camino sorprendido in fraganti / condenado y no obstante siempre hay quien se resiste a irse sin gozar / sin apogeos sin brevísimas cúspides de gloria sin periquetes de felicidad
como si alguien en el más allá o quizás en el más acá suplente fuera a pedirle cuentas de por qué no fue dichoso como puede serlo un bienaventurado del montón
La ira como todas las demás emociones es una reacción compleja en la que se ponen en funcionamiento tres tipos de respuestas.
La primera es una respuesta corporal, en la que nuestro cuerpo se activa para la defensa o el ataque. Nuestro ritmo cardiaco aumenta al igual que nuestra respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se dispara preparándonos para actuar ante una amenaza percibida.
Cuando este estado de excitación permanece estamos más predispuestos a actuar de forma impulsiva llegando a emitir conductas agresivas.
La segunda es una respuesta cognitiva, es decir, depende de nuestra manera de interpretar las situaciones. Cuando estamos inmersos en una situación, esta por si sola no tiene ningún valor emocional, es la valoración personal que hacemos de ella la que le confiere un significado. De esta manera, las emociones están en función de nuestros pensamientos, así que cuando interpretamos una situación como un abuso, una injusticia, una falta de respeto o como un obstáculo para conseguir una meta, sentimos ira.
Pensamientos del tipo "esto es intolerable", "como se atreven a tratarme así" "pero quien se cree que es", "la vida se empeña en ponerme trabas" etc, son el combustible perfecto para incrementar y prolongar los sentimientos de ira aumentando la posibilidad de ser agresivos.
La última respuesta de la ira tiene que ver con la gestión conductual en estas situaciones. La conducta en estas circunstancias está orientada para defendernos de aquello que se interpone un nuestro camino y para ello se genera una energía interna que mueve a la "destrucción" del obstáculo. Ahora bien, no debemos confundir la emoción de la ira con la agresividad, ya que ésta es una de las múltiples maneras de gestión emocional. Experimentar y expresar la ira a través de la agresividad depende de las conductas que hayamos aprendido a lo largo de nuestra vida.
No obstante hay otras conductas en la gestión de la ira que no están orientadas a la destrucción del obstáculo sino a la resolución de problemas.
“Si vais hacia la verdad, aquello a que os acercáis ha sido proyectado de dentro de vosotros mismos, y por lo tanto no es la verdad. Ello se convierte entonces en un mero proceso de auto hipnosis que es la religión organizada.Para encontrar la verdad, para que la verdad venga a vosotros tenéis que ver muy claramente vuestros propios prejuicios opiniones ideas y conclusiones; y esa claridad os viene gracias a la libertad que es la virtud. Para la mente virtuosa, la verdad está en todas partes. Entonces no pertenecéis a ninguna religión organizada, entonces sois libres.”
La noche se astilló de estrellas mirándome alucinada el aire arroja odio embellecido su rostro con música.
Pronto nos iremos
Arcano sueño antepasado de mi sonrisa el mundo está demacrado y hay candado pero no llaves y hay pavor pero no lágrimas.
¿Qué haré conmigo?
Porque a Ti te debo lo que soy
Pero no tengo mañana
Porque a Ti te…
La noche sufre.
Cuarto solo
Si te atreves a sorprender la verdad de esta vieja pared; y sus fisuras, desgarraduras, formando rostros, esfinges, manos, clepsidras, seguramente vendrá una presencia para tu sed, probablemente partirá esta ausencia que te bebe.
Despedida
Mata su luz un fuego abandonado. Sube su canto un pájaro enamorado. Tantas criaturas ávidas en mi silencio y esta pequeña lluvia que me acompaña.
Exilio
A Raúl Gustavo Aguirre
Esta manía de saberme ángel, sin edad, sin muerte en qué vivirme, sin piedad por mi nombre ni por mis huesos que lloran vagando.
¿Y quién no tiene un amor? ¿Y quién no goza entre amapolas? ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, un miedo, algo horrible, aunque fuere con plumas, aunque fuere con sonrisas?
Siniestro delirio amar a una sombra. La sombra no muere. Y mi amor sólo abraza a lo que fluye como lava del infierno: una logia callada, fantasmas en dulce erección.
sacerdotes de espuma, y sobre todo ángeles, ángeles bellos como cuchillos que se elevan en la noche y devastan la esperanza.
Hija del viento
Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencias, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales pequeños perdidos en el desierto.
Han venido a incendiar la edad del sueño. Un adiós es tu vida. Pero tú te abrazas como la serpiente loca de movimiento que sólo se halla a sí misma porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto, tú abres el cofre de tus deseos y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan.
El venerable Chögyam Trungpa nació en 1939 en el Tíbet oriental. A los 13 meses de edad fue reconocido como un eminente tulku o maestro realizado encarnado en la tierra. Fue el undécimo maestro del linaje de los tulku Trungpa. Una vez reconocido, inició un intenso período (casi 18 años) de aprendizaje teórico y práctico de las enseñanzas budistas. Su formación consistió en la práctica sistemática de la meditación junto a la adquisición de un conocimiento teórico profundo de la filosofía budista. También se formó en otras disciplinas como la pintura, la caligrafía y la danza. A los 8 años fue ordenado como monje novicio y más tarde fue abad supremo de los monasterios Surmang [...]
A los 18 años Chögyam Trungpa recibió el título de Doctor en Teología y Maestro de Estudios.
En 1959 Trungpa abandonó el Tíbet, huyendo de la invasión de los comunistas chinos, y atravesó el Himalaya durante un largo período. En ese viaje escribió una síntesis de la historia espiritual de Shambhala que, desafortunadamente, se perdió durante el accidentado trayecto. Sin embargo, años más tarde escribió una de sus obras más intersantes y fructíferas: Shambhala, la senda del guerrero. Llegó por fin a la India, donde el Dalai Lama lo nombró consejero espiritual del Young Lamas House School, en Dalhousie, India. Más tarde recibió una beca de la Fundación Spaulding para estudiar en la Universidad de Oxford, donde se licenció en Religiones Comparadas, Filosofía, Bellas Artes y también en Ikebana, el arte floral japonés. Al finalizar su larga estancia en Oxford, Trungpa Rinpoche (título honorífico que significa “valioso” o “precioso”) hizo un largo retiro solitario en el Bután, al este de la India, retiro que marcó un fuerte cambio en su estilo pedagógico.
Al regresar a Inglaterra, decidió vestir como un occidental y se casó con una joven inglesa. Juntos dejaron Gran Bretaña y se instalaron en Norteamérica en 1969. Trungpa estaba convencido de que transmitir la filosofía budista en Occidente sólo podía hacerse sin las connotaciones y adornos culturales-religiosos propios del Tíbet. Durante la década de los setenta, Trungpa Rinpoche criticó la actitud materialista y comercial que reinaba en Occidente sobre la espiritualidad, caracterizándola de “supermercado espiritual” cuando escribió su gran obra Más allá del materialismo espiritual, mostrando cómo trascender estas distorsiones mediante la sencillez, la naturalidad y la meditación. Pronto dio cientos de conferencias y seminarios sobre las enseñanzas budistas, en un inglés fluido y perfecto, tanto en América como en Europa. En 1976 creó el aprendizaje Shambhala, conocido internacionalmente, que se basa en aprender a meditar en un contexto no religioso.[...]