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Paz y Ciencia
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martes, 26 de abril de 2022

MARK EPSTEIN: PSICOTERAPIA Y BUDISMO

 





Cómo la terapia y la meditación podrían trabajar juntas para sanar nuestro trauma colectivo

Según Mark Epstein, psiquiatra formado en Harvard y practicante de budismo desde hace tiempo.
La primera vez que me topé con el libro de Mark Epstein Going to Pieces Without Falling Apart: A Buddhist Perspective on Wholeness hace unos años. Fue el subtítulo lo que me llamó la atención: "Lecciones de la psicoterapia y la meditación". Cuando lo descubrí, ambas prácticas habían experimentado un explosivo renacimiento cultural (sólo le faltaba la ayahuasca), pero, curiosamente, el libro había sido publicado en 1999. Epstein, psiquiatra formado en Harvard y practicante de budismo desde hace mucho tiempo, parecía haber intuido el zeitgeist que se avecinaba. (Como prueba de su clarividencia, el libro apareció en un episodio de la serie Girls de HBO).
Pero incluso hoy en día, la terapia y la meditación me parecen una combinación incongruente: si la primera te lleva a profundizar en tu interior, tratando de entender los orígenes de las tendencias y hábitos egoístas, la segunda te anima a dejar de lado el yo, a renunciar a la comprensión por la simple conciencia. 

Me abrí paso a través del libro, anotando sus ideas tipo koan - "La mente pensante se recuerda a sí misma constantemente, sin querer ser olvidada"; "Nuestros propios pensamientos interminables y repetitivos exprimen la vida, protegiéndonos de la pérdida del yo que tememos"- mientras Epstein argumentaba por qué las dos modalidades funcionan como complementos. 

Tal y como él lo ve, si la terapia es un paso clave para comprender y responsabilizarse de la propia experiencia personal, la meditación es un proceso igualmente importante para desidentificarse de esas experiencias, para no aferrarse demasiado a historias limitantes de lo que creemos que somos (y podemos seguir siendo).

Este ha sido el tema unificador de la obra de Epstein. Su octavo libro sobre esta intersección, The Zen of Therapy: Uncovering a Hidden Kindness in Life (El zen de la terapia: descubriendo la bondad oculta en la vida), sale a la venta esta semana y actúa como una especie de diario del terapeuta. En el transcurso de un año, Epstein tomó notas sobre cómo su profunda comprensión del budismo y la atención plena informan el proceso psicodinámico que se desarrolla entre él y sus pacientes. 
Lo que surge es un retrato convincente de cómo estas dos prácticas terapéuticas independientes se vuelven aún más poderosas cuando se unen. Aunque las sesiones con pacientes del libro terminan en diciembre de 2019, leerlo hacia finales de 2021 me hizo preguntarme cómo las lecciones de Epstein podrían ayudar al resto de nosotros a afrontar todas las turbulencias de los dos años transcurridos.


martes, 4 de septiembre de 2012

Dalai Lama enseñando a un Psiquiatra



El Sr.. Psiquiatra: Howard C. Cutler, de EEUU, podía ser de Zaragoza, de Barcelona, Madrid... de México, de Argentina, Colombia, Venezuela, Brasil, y también podía ser europeo. Podía ser un psicólogo, un psicoanalista, pero, probablemente no enseñara nadie a quien cree tener la razón. Personalmente leer a Dalai Lama es siempre esclarecedor y hermoso. Antes (hace poco) los europeos y los psiquiatras eran parte de los reyes del mundo; yo le llamaría el "Olimpo de la Tenocracia". Ahora, algo se lo cree, la evidencia es que estamos dando pena... Esto lo sabía el Dalai Lama hace tiempo. El Budismo sabía del peligro del Narcisismo hace años, en eso consiste el núcleo de sus prácticas: "Liberarse del ego". Ha calado en la Gestalt y Psicología Transpersonal, incluso en un compatriota del psiquiatra mencionado arriba. Ese señor, más psicoterapeuta que psiquiatra pastillero se llama Mark Epstein y el título de la magnífica obra es "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Doy paso, con su permiso, al Dalai Lama, mi puerta está abierta para cualquier problema que tenga, China no le tiene mucho cariño, ni a los tibetanos respeto alguno. De la China comunista dictatorial hemos pasado a la China en proceso de Imperio del Capitalismo desalmado y dictatorial, si piensas distinto, te marchas. Una posición más que delicada para los tibetanos y otros que pueden vivir situaciones similares, más cerca, o más lejos. En todo caso, seas de donde seas, somos hermanos. La torpeza de Dios fue poner una cama individual a Adán y Eva, y no podían dormir a gusto. Bueno, es un pensamiento de Osho. Quien se autoproclamó: "El Gurú de los ricos". Sí, considerando lo que hay en la India a nivel económico sí, pero cuánto tenemos que aprender de él o Krishnamurti los psicólogos. Cuánto tenemos que aprender de Nietzsche, de Schopenhauer, de Shakespeare, de Cervantes, de Borges, de Galeano, de Benedetti, de Neruda, de Luis Cernuda, de Pedro Salinas, de Amado Nervo, de Pitágoras, de Platón, de Sócrates, y sin embargo, aquí, en España creen que la ciencia es tratar a la persona con un protocolo como si fuéramos pseudomédicos orgánicos. Y muchos se lo creen a pies juntillas. Hay mucha gente que dice lo mismo, y mucho mejor que yo, sin duda, voy a buscarlos en el PC... Decía que doy paso al Dalai Lama... Rodrigo Córdoba S.



Debería señalar que cuando hablamos de un estado mental sereno, de paz mental, no debiéramos confundirlo con un estado mental insensible y apático. Tener un estado mental sereno o pacífico no significa permanecer distanciado o vacío. La paz mental o el estado de serenidad de la mente tiene sus raíces en el afecto y la compasión y supone un elevado nivel de sensibilidad y sentimiento.

Luego, a modo de síntesis, concluyó:

- Cuando se carece de disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna, la serenidad mental y estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten las posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad.

Cutler: A veces parece como si toda nuestra cultura, la cultura occidental, se basara en la compra; nos hallamos rodeados, bombardeados, por anuncios referidos a los objetos que deberíamos comprar, el último modelo de coche, etcétera. Resulta difícil no dejarse influir por eso. Hay mchas cosas que deseamos. Eso no parece detenerse nunca. ¿Puede hablarme un poco sobre el deseo?

Creo que hay dos clases de deseos. Ciertos deseos son positivos. El deseo de felicidad, por ejemplo, es algo absolutamente correcto. El deseo de paz, de vivir en un mundo más armonioso, más acogedor. Ciertos deseos son muy útiles.
Pero se llega a un punto en que los deseos pueden ser insensatos.
Eso suele producir problemas. Ahora, por ejemplo, voy a veces al supermercado. Realmente, me encanta ir al supermercado, porque hay muchas cosas hermosas. Asi que cuando miro todos esos artículos se despierta en mí el deseo y me digo: "Quiero esto, quiero aquello". Y es entonces cuando surge un segundo impulso y me pregunto: "Pero ¿lo necesito realmente?" Habitualmente, la respuesta es negativa. Si uno se deja llevar por el primer deseo, por ese impulso inicial, los bolsillos no tardan en quedar vacíos. No obstante, el otro nivel de deseo, basado en las necesidades esenciales de alimento, vestido y cobijo, es razonable.
A veces, que un deseo sea excesivo, negativo, depende de las circunstancias o de la sociedad en la que se vive. Por ejemplo, si vives en una sociedad próspera, donde necesitas un coche para desenvolverte en tu vida cotidiana, es evidente que no hay nada erróneo en desearlo. Pero si vivieras en un pueblo pobre de la India, donde te las puedes arreglar bastante bien sin coche, desearlo podría ocasionarte problemas, aunque tuvieras dinero para comprarlo. Puede crera un sentimiento de incomodidad entre tus vecinos, etcétera. Si vives en una sociedad más próspera y tienes un coche pero sigues deseando otros más caros, llegarás a tener la misma clase de problemas.


http://youtu.be/6sVK4g5w4J8 Deseo -Pedro Guerra-
http://youtu.be/in_RBxjrFcg Olvidaba decirte -Alejandro Filio- Buscando el Alma

lunes, 16 de julio de 2012

Fantasmas en los Antepasados


Quien pretenda una frecuente y sabiduría constantes deberá acomodarse a frecuentes cambios. Confucio.

Pirandello lo dijo de manera bastante diferente en el título de su obra: Seis personajes en busca de autor. Pero ¿por qué detenerse ahí? ¿Por qué no debería ser algo aún más pequeño, más fragmentado que eso? Es un pensamiento deambulando por ahí en busca de algún pensador en el que alojarse. W.R. BION


FANTASMAS EN LOS PASADOS

El proceso terapéutico anima esta manera de elaborar el dolor. El psicoanalista Hans Loewald escribió sobre la transformación en antepasados de los fantasmas que persiguen a los pacientes, gracias a que podían saborear lo que él denominó la "sangre del reconocimiento" en la relación con el terapeuta. Él afirmó que los fantasmas deben ser sacados del inconsciente, re-despertados en la intensidad de la relación terapéutica, y después se les debe poner a descansar, relegándolos a la historia para permitir más flexibilidad e intensidad en las relaciones actuales de la persona. En una línea similar el psicoanalista británico Michael Balint, en sus comentarios sobre la falta básica, habló de ayudar al paciente a cambiar "el resentimiento violento por un lamento", permitiéndole reconcilarse con sus cicatrices psíquicas. En estas analogías muy citadas está implícito el reconocimiento de que en realidad las emociones difíciles generadas por las deficiencias originales no se van; pueden dejarse en un altar de la estantería encima de la puerta, como en una casa confunciana, pero se les debe tener un gran respeto.
Una vez que se identifica la cicatriz, una vez que se reconoce la falta, una vez que el enfado se transforma en pena, cabe la oportunidad de usar la meditación de otra forma. Precisamente como las cicatrices no desaparecen, la persona tiene la oportunidad de concentrarse en el defecto en torno al cual se ha configurado buena parte del sentimiento de un "yo que existe sustancialmente". Los occidentales que están sujetos a la falta básica no pueden empezar a explorar la "ausencia de un yo permanente" del budismo sin examinar antes su identificación con el dolor emocional. Este es un proceso que raras veces incluye solo la meditación o solo la terapia, pues requiere de toda la ayuda que se puede conseguir. No obstante, cuando se despeja el "violento resentimiento" que tanto nubla la mente observante, puede empezar el proceso de reelaboración.
Cuando Freud imaginó cómo hacer de la relación terapéutica un vehículo para reelaborar estas emociones repetitivas, dijo algunas cosas interesantes. En primer lugar que hay que dar a las emociones el derecho de afirmarse a sí mismas "en un campo definido", mantenía. Entonces la relación debe convertirse en un "terreno de juego" en el que pueda revelarse "todo lo que está escondido". Lo que ocurre en terapia debe ser como una "región intermedia" entre la enfermedad y la vida real, una especie de zona crepuscular del alma.
Si bien muchos considerarán que estas reflexiones de Freud son excesivamente idealistas, su principal omisión consiste en no haber enseñado a sus segiudores a crear el tipo de entorno que él imaginaba. La meditación es indispensable para demostrar tanto al terapeuta como al paciente cómo mantener la "región intermedia" de Freud y cómo dejar que una emoción o acción "se afirme a sí misma en un campo definido". El vehículo de Buda, la atención desnuda, es un medio que permite construir el terreno de juego del hablaba Freud.



Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Pscoterapia desde una perspectiva Budista". Ed. Gaia, Barcelona, 2011. Pp.:224-225






http://youtu.be/s_O9CDOQ1Bk Pedro Guerra -Golosinas- "Todos tenemos algo escondido, y yo como todos tengo lo mío.. Amory golosinas, sueños... y Gerard de Pardié diciendo versos"
http://youtu.be/T4WI911BlAg Mari de Chambao con Bebe -Olvidarme de ti- "Porque no hay quien se olvide de ti"
http://youtu.be/BJw4u6JdkDA

La Brecha: Pensamientos sin Pensador



La mente es nuestro instrumento básico de supervivencia. Si nuestras acciones la traicionan la autoestima se resiente. Nathaniel Branden
Evitando los problemas que necesitas evitar, evitas la vida que necesitas vivir. Paulo Coelho.

LA BRECHA

En mis primeros días de terapeuta aprendí la lección sobre este impulso de conseguir reparación cuando una mujer joven, llamada Paige, empezó a hacer terapia conmigo después de abandonar la universidad y amenazar con suicidarse. Se sentía vacía, sin dirección ni apoyo de su familia, y tenía miedo de sentirse humillda en las relaciones que tanto anhelaba y temía [...]
Todos los intentos de ser razonable apenas consiguieron ayudar a Paige. Solo cuando pude mostrarle que ella estaba intentando destruirme, que no quería sentir las fronteras entre nosotros, que su necesidad de mí estaba muy mezclada con la rabia, que se sentía aterrorizada por la intensidad de su furia y que necesitaba ayuda con su miedo, pude empezar a ser un terapeuta "suficientemente bueno".
En su relación conmigo, Paige estaba repitiendo la furia que sintio ante la falta de disponiblidad de sus padres cuando era niña. Pero ella estaba experimentando esa furia conmigo, y no tenía un interés inmediato en remontarla al comienzo de su vida. Mi primera tarea fue ayudarla a encontar un modo de experimentar sus sentimientos sin limitarse a expresarlos compulsivamente. A pesar de lo enfadada que estaba, no era completamente consciente de sí misma. Estaba poseída por una furia indignada; se sentía con derecho a exigirme cosas, y de hecho estaba más en contacto con su indignación que con su furia. Sus sueños contenían su furia, pero siempre de una manera "vuelta del revés": la gente la perseguía y la amenazaba, y ella nunca era al perseguidora. Paige veía su enfado como un grifo que no podía cerrarse, y tenía miedo a estar enfadada y a tolerar sus sentimientos. Cuando le prohibí que me llamara entre sesiones, cuando establecí límites claros y me adherí a ellos, curiosamente ella sintió una especie de alivio -y un tipo de enfado más circunspecto conmigo- que el permitió enfocarse en los sombríos perseguidores de sus sueños y reconocerlos como sus propios sentimientos de ira disociados. Paige fue capaz de tomar posesión de su enfado aprendiendo el significado de estar enfadada y se hizo mucho más humana; ya no habitaba en el reino de las proyecciones horribles.
Una vez que Paige aprendió a estar con su propia ira, fue capaz de elaborar el duelo por la pérdida irrevocable de su infancia. En lugar de perpetuar en su vida actual las condiciones que reforzaban la sensación de aislamiento y de alienación desolada, como habaía estado haciendo conmigo, empezó a aprender a aceptar esos sentimientos como consecuencia de su experiencia infantil. Aplicando repetidamente la conciencia meditativa a esos sentimientos, empezó a
insensibilizarse lentamente a ellos, llegando a reconciliarse consigo misma y a orientarse hacia lo que quería ser.

Marx Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Ed. Gaia, Pp.: 222-224


http://youtu.be/TRXc6T5vGso Tarja -I Walk Alone- Live

viernes, 13 de julio de 2012

Atención Desnuda y Reparación en Psicoterapia



"Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... ¡Yo no sé que te diera! " Gustavo Adolfo Bécquer.

"Cambiar de horizontes, cambiar de método de vida y de atmósfera, es provechoso a la salud y a la inteligencia" Gustavo Adolfo Bécquer.

"La vergüenza que mi paciente sentía en torno a su expresión emocional reflejaba la que siempre había sentido por no ser lo qu esu madre quería que fuera" Mark Epstein.


APLICAR LA ATENCIÓN DESNUDA:
Cuando la relación terapéutica está suficientemente establecida como para permitir que el paciente empiece a repetir las emociones no resueltas del pasado, la tarea de la terapia pasa a ser un aprendizaje de cómo estar con esos mismos sentimientos. Aquí es donde la meditación, una vez más, puede tener un uso específico. Tal como al terapeuta no se le enseña a prestar atención de la manera más eficaz, al paciente tampoco se le enseña a prestar atención.
Como terapeutas, esperamos que nuestros clientes asocien libremente, pero no les enseñamos cómo. En particular, cuando un paciente está experimentando una emoción difícil, el método de la atención desnuda puede ser extremadamente útil para contrarrestar las tendencias habituales a expresar automáticamente o a ocultarse de sus verdaderos sentimientos. Buena parte de mi trabajo como terapeuta con una perspectiva meditativa consiste en enseñar a la gente, en el contexto de la terapia, a prestar atención a lo que están repitiendo de una manera que sea al mismo tiempo meditativa y terapéutica.
Las emociones que repetimos son aquellas con las que estamos más identificados y de las que somos menos conscientes; son aquello que nos resistimos a conocer de nosotros mismos y a lo que más necesitamos aplicar la atención desnuda. Como describió la conductista Marsha M. Linehan en un encuentro-panel en el que participé en 1998 titulado "Buda se encuentra con Occidente: integrar la psicología oriental con la psicoterapia occidental", incluso los pacientes más emocionales y los suicidas borderline en esencia sienten fobia hacia sus propias emociones.
Ellos exhiben -o, en palabras de Freud, repiten -muchas emociones, pero al mismo tiempo están alienados, y temen aquellos aspectos de sí mismos que son tan aparentes para los demás. Como descubrió Linehan, es posible destilar y enseñar a esos pacientes los principios de la atención desnuda en una modalidad conductista para que puedan des-sensibilizarse de sus propias emociones. Dentro de los parámetros de la psicoterapia se necesita un proceso similar.

REPARACIÓN:
Aunque podemos enfocar la atención terapéutica desnuda en cualquier emoción difícil (ira, deseo, excitación, vergüenza o ansiedad, por ejemplo), la constelación más común incluye la lucha por la reparación. Lo que muchos de nosotros no podemos recordar con nitidez, y sin embargo, representamos repetidamente, son las consecuencias del drama infantil en el que, como hemos visto, se nos deja como a Oliver Twist, pidiendo más cuando ya es demasiado tarde. Sentimos que hemos sido separados o desconectados prematuramente, nos sentimos irreales u olvidados. Una consecuencia común es sentirse, como uno de mis pacientes describió recientemente, como si "todo el mundo me odiara" o como si uno estuviera intolerablemente solo. Otra es clamar por la atención de alguien que ha demostrado una  y otra vez que es incapaz de darla.
Como Freud descubrió con bastante rapidez, raras veces somos capaces de recordar o de experimentar directamente los sucesos traumáticos de la infancia, bien a través de la meditación o de la psicoterapia. Es mucho más probable que repitamos conductas que son, en algún sentido, un intento de reparar o de negar las privaciones originales. Como muestran los pacientes es más fácil tolerar la relación imperfecta con los padres, que siempre ha existido que exigir una completa sintonía. Hacemos estas demandas de reparación incesantemente, esperando contra toda probabilidad poder arreglar nuestras relaciones con nuestros padres, sentir una rendición sin palabras con un ser querido que nunca hemos experimentado, o conseguir alguna conexión con aquellos que nos han decepcionado para que dejen de hacerlo. No obstante, lo que impulsa estos comportamientos siempre es un cambio de la otra persona, nunca de uno mismo.
Mi trabajo como psicoterapeuta consiste en ver cómo podemos cambiarnos a nosotros mismos. En casos como estos, la persona, debe empezar por aprender a mirar lo que está repitiendo (la furia, los intentos de destruir la separación decepcionante, los anhelos resentidos de recibir atención), y después sentir el vacío interno que está detrás de las peticiones de reparación. Este vacío, con el que tanto se identifican aquellos que tienen la cicatriz de la falta básica, es el que debe ser contenido en un espacio de atención desnuda. A menudo la persona pelea contra él con toda la energía de un amante rechazado, pero cuando se les enseña para atravesar los sentimientos defensivos de furia para llegar a la experiencia directa de este vacío terrorífico, pueden ir diluyendo lentamente el miedo asociado a su percepción de sí mismos. Este es el objetivo que la psicoterapia ha ansiado durante mucho tiempo, y es más fácil aproximarse a él aprovechando las contribuciones de la conciencia meditativa.

Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Ediciones Gaia, 2010, Madrid. Pp.: 217-222





martes, 10 de julio de 2012

Memoria y Deseo




A pesar de que Freud muy explícito con respecto a la atención suspendida por igual, los terapeutas siempre han tenido muchas dificultades para aceptar su consejo. "Es demasiado difícil", se quejan. "¿Cómo es posible hacerlo?", preguntan. "Una tensión de este tipo raras veces ocurre en otras áreas de la vida", suspiraba Sándor Ferenczi. ¿Y por qué uno usa la actividad intelectual, el "escrutinio crítico", el "pensamiento que resuelve problemas" o el "procesamiento cognitivo"?, preguntaban. En su libro más difundido, publicado en 1938 y titulado Problems of Psychonoalytic Technique, Otto Fenichel, que codificó buena parte de la técnica psicoanalítica en solitario, descartó los esfuerzos de aquellos que luchaban por implementar las recomendaciones originales de Freud, acusándoles de limitarse  a flotar en su inconsciente y de "apenas hacer ningún trabajo en absoluto".
Lo que todos estos analistas no llegaron a entender -y es difícil culparles, puesto que no tenían experiencia de la meditación- es que un único estado mental, un estado aposentado y equilibrado de atención desnuda, o suspendida por igual, puede abarcar tanto el estado no verbal como el racional e intelectual. El proceso cognitivo no tiene que ser iniciado por el terapeuta; el proceso cognitivo que está ocurriendo por su propia cuenta es más que suficiente. Cuando hay algo significativo que decir, es más que aparente. No obstante, con frecuencia la actividad intelectual del terapeuta es una defensa contra la experimentación del silencio del paciente, una negativa a entrar en un no-saber experimentado conjuntamente que convierte el descubrimiento en una posibilidad real.
Lo que acaba siendo terapéutico para mucha gente no es tanto la narración de su pasado para explicar su sufrimiento, sino la experiencia directa, en la consulta del psicoterapeuta, de las emociones, de los pensamientos emocionales o de los remanentes físicos de los pensamientos emocionales con los que están atascados. Estos sentimientos sobresalen de lo silencios y manifiestan su presencia cuando la habitación se aquieta. A menudo toman la forma de una necesidad enfadada, de un dolor resentido o de una rabia desesperada, y son la evidencia de la falta básica que hace que la gente repita su conducta destructiva sin entender por qué. La profesora americana de zen Charlotte Joko Beck describe la esencia del zen como aprender a fundir los "bloqueos congelados de la emoción-pensamiento". En este sentido la meditación tiene una influencia dual: puede enseñar al terapeuta a dejar que surjan sentimientos muy íntimos en la comunicación terapéutica, y puede enseñar al paciente a estar con ellos una vez que surgen. Solo entonces es posible acabar con las interminables repeticiones de la emoción.

Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una pespectiva Budista". Gaia Ediciones, 2011, Madrid. Pp.: 215-217


Psicoanálisis y Budismo Zen

Lacan cita en varias oportunidades a lo largo de su obra al Budismo en general y particularmente al Zen. Voy a tratar de marcar algunos de sus aspectos fundamentales como también algunas relaciones posibles entre en Zen y el psicoanálisis.
Buda, que significa “el iluminado”, vivió en India alrededor del año 500 antes de Cristo. Según se cuenta, en un relato histórico con ribetes metafóricos, era un príncipe que vivió entre lujos hasta que, a los 24 años, salió del palacio y se encontró con la miseria y la enfermedad. Se encontró con el goce y la castración.
Decide emprender un camino espiritual, conmovido por este descubrimiento y durante varios años transita, por ayunos y prácticas ascéticas muy rigurosas. Finalmente las abandona poralgo menos estricto, acepta la comida de una mujer y medita sentado bajo un árbol.
Con su iluminación comienza a enseñar proclamando, entre otras cosas: las Cuatro Nobles Verdades.

http://www.taringa.net/posts/info/14480003/Borges_-El-Budismo_-Conferencia.html Conferencia de Borges sobre el Budismo.
http://hectorfrattini.blogspot.com.es/2011/09/psicoanalisis-y-budismo-zen_24.html Psicoanálisis y Budismo.

lunes, 9 de julio de 2012

Estado Mental Terapéutico: Silencio


El silencio es ese estado mental, descrito de otra forma hace siglos; es lo que hace que hace que la psicoterapia sea interesante para el paciente: "No pienses, conozcas ni planees", aconsejaba un antiguo maestro tibetano.

No prestes atención ni investigues; deja la mente en su propìa
esfera...
No veas falta en ninguna parte,
No te tomes todo al pie de la letra,
Aunque se puede decir que nos referimos a esto cuando hablamos
de no-atención,
No seas presa de  la pereza;
mantente atento usando constantemente la inspección.

W.R. Bion fue un psicoanalista que comprendió el poder terapéutico de este estado mental (el silencio). También intentó enseñarlo a un público de terapeutas frecuentemente confusos y a veces hostiles. Aunque nació en la India, Bion no admitía ninguna influencia de su país de origen. Desarrolló su propia manera idiosincrásica de describir el potencial terapéutico de este estado mental, como lo indica en su libro Attention and Interpretation:

Es importante que el analista evite la actividad mental, el recuerdo y el deseo, que son dañinos para su buena forma mental como ciertas actividades físicas lo son para su buena forma física... Si el psicoanalista no se separa deliberadamente del recuerdo y del deseo, el paciente puede "sentir" eso, y se verá dominado por el "sentimiento" de estar poseído por, y contenido en, el estado mental del analista, a saber, el estado representado por el término "deseo".

Bion estaba describiendo algo que Freud ya había reconocido: los silencios entre el terapeuta y el paciente pueden ser tremendamente fértiles o terriblemente destructivos. En esos momentos se está produciendo una comunicación en silencio: el paciente está sintiendo el estado mental del terapeuta, y el terapeuta puede intuir muchas cosas del paciente. De hecho, Freud creyó que había una comunicación directa entre el inconsciente del paciente y el del analista, y que dependía del terapeuta fomentar dicho entorno.





Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2011, Madrid. Pp.: 212-213.


http://youtu.be/SHCccQbfCi8 Edith Piaf - La Vie en Rose- "Cuando me toma entre sus brazos y me habla en voz baja, veo la vida en rosa"
http://youtu.be/7I7u_XLtFa0 Fragmento de la Película sobre Edith Piaf: "La Vida en Rosa"
http://youtu.be/kEPIN22afBI Edith Piaf -Hymne à l`amour-
http://youtu.be/0lDgg6mTCAU Carla Bruni -Quelequ´un ma dit-
http://youtu.be/-lG--XYwO9Y Carla Bruni -L´Amoru-

viernes, 29 de junio de 2012

Repetir: Mark Epstein; Psicoterapia&Budismo




REPETIR

Hemos visto que la meditación puede ser un vehículo para recordar y que esta es la primera manera de conectar con su potencial terapéutico. Pero Freud descubrió rápidamente que recordar no era suficiente para conseguir sus propósitos, que el mero recuerdo no siempre era posible para sus pacientes, y tampoco era siempre suficiente para eliminar sus síntomas. Muchas personas no conseguían recordar nada importante de las primeras épocas de su vida, por más intentos que él hiciera de modificar sus técnicas. La "fuerza de la represión", como Freud las llamaba, a menudo eran demasiado grandes para permitir un proceso terapéutico tan simple.
Sin embargo, en la situación terapéutica entraba en juego otro fenómeno al que Freud llamó "repetir". En lugar de recordar una experiencia formativa, la mayoría de los pacientes simplemente la reproducían, con una característica crucial y definitoria: eran inconscientes de lo que estaba haciendo. Así, una paciente cuyo padre se había mostrado incesantemente crítico con ella en su juventud, y que no había sido capaz de encontrar satisfacción interpersonal en su vida adulta, podría no saber la crítica que ella misma se había vuelto, pero podría expresarlo inconscientemente en la relación con el terapeuta. Al poner conciencia en sus críticas a la relación tal como estaban siendo expresadas inconscientemente pero no experimentadas, el terapeuta podría ayudar a al paciente a reconciliarse con las tendencias críticas originales de su padre.
Lo interesante del fenómeno de la repetición es que el material repetido suele ser aquello que nos resistimos a conocer sobre nosotros mismos, aquello con lo que estamos más identificados pero de lo que somos menos conscientes, aquello que somos menos capaces de recordar conscientemente. "El paciente no recuerda nada de lo que ha olvidado y reprimido, pero lo expresa sin darse cuenta", escribió Freud. "No lo reproduce como un recuerdo, sino como una acción; lo repite, por supuesto sin saber que lo está repitiendo".
A medida que Freud desarrolló esta técnica, pasó de estudiar lo que había en la superficie de la mente del paciente a estudiar lo que estaba en la superficie del modo de relacionarse del paciente. Esto le exigió perfeccionar una forma de ser que no interfiriera con la "expresión consciente" del paciente, pero que le permitiera percibirla e interpretarla para él. Este es el origen de lo que se ha dado en llamar la actitud analítica o la neutralidad analítica. Es una forma de ser, o tal vez un estado mental, que fomenta el emerger de la transferencia, la relación especial entre el terapeuta y el paciente que  contiene las semillas de aquello que el paciente se resiste a conocer.
El principal método que usaba Freud para luchar con las resistencias del paciente era "analizarlas". Él esperaba que si podía interpretar para el paciente lo que este repetía inconscientemente, los traumas o conflictos subyacentes podrían salir a la superficie y sería posible darse un respiro. Sin embargo, habiendo extraído de ambas tradiciones, la freudiana y la budista, he descubierto que el alivio no suele venir únicamente mediante el análisis verbal. Aunque para el terapeuta es muy importante tomar conciencia de lo que el paciente repite, es más importante que el paciente se familiarice completamente con ello. Interpretar las repeticiones no es suficiente; el paciente debe recibir ayuda para experimentar aquello que repite, pero de lo que no es consciente. Aquí es donde el énfasis de los budistas por experimentar plenamente cada momento encaja con el énfasis freudiano por prestar atención a lo que de otro modo sería ignorado.
El entorno psicoterapéutico es un dominio único; permite que el paciente manifieste conductas y sentimientos que casi seguramente mantendría bajo control o ignoraría fuera de la relación terapéutica. Ofrece una tremenda oportunidad de hacer un buen uso de la conciencia, tal como Buda enseñó. Cuando el terapeuta, además de interpretar verbalmente las defensas del paciente le ayuda a experimentarlas como suyas, las lecciones de la meditación budista pueden volverse terapéuticas.

Mark Epstein: "Pensamientos sin pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2011, Madrid. Pp.:205-207




http://youtu.be/pM3ajiJDG14 Bebe No + LLora (Directo) Poesía.
http://youtu.be/sX8HknQHgU0 Pedro Guerra y Bebe: "El Marido de la Peluquera". Preciosa. "Te estaré recordando por siempre Matilde, que tú no te has ido...abrázame fuerte que no pueda respirar...tengo miedo de que un día y ano quieras bailar conmigo, nunca más"

Letra:
De niño bailaba canciones del moro,
el baile venía de adentro y así se inventaban los modos.
De niño soñaba olores profundos,
las mezclas de espuma, colonia
y sudor de unos pechos desnudos.

Creció con su sueño y un día le dijo:
Acabo de verte y ya sé que nací pa' casarme contigo.
Matilde mi vida, Matilde mi estrella,
le dijo que si nos casamos Antoine y bailó para ella.

Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día
ya no quiera bailar conmigo nunca más.

Cariño y ternura, colonias y besos,
te tengo, me tienes,
quisiera morirme agarrado a tus pechos.
El amor es tan grande, tan sincero y sentido,
que un día de lluvia Matilde
acabó por tirarse en el río.

Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día
ya no quiera bailar conmigo nunca más.

Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido,
por eso un buen día Matilde acabó por tirarse en el río.
Lo que fue tan hermoso que no caiga al olvido,
te estaré recordando por siempre
Matilde que tú no te has ido.

Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo.
Abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día
ya no quiera bailar conmigo nunca más.

martes, 26 de junio de 2012

La Meditación y el Yo occidental



En mi opinión, los distintos puntos de partida en ambas culturas son los responsables de las diferentes maneras que tenemos orientales y occidentales de experimentar la meditación. Según mi experiencia, no es cierto, como creía Carl Gustav Jung, que las prácticas del budismo sean tan extrañas como para resultar ininteligibles a la mente occidental, pero es cierto que la meditación saca a la luz distintas experiencias dependiendo de si el punto de partida es el enmarañamiento o la alienación. Para aquellos, principalmente occidentales, que parten de un lugar de alienación, la meditación inevitablemente traerá recuerdos de anteriores anhelos insatisfechos que sobrevviven en la falta básica. Para aquellos otros, principalmente de culturas no occidentales, que parten del enmarañamiento, es mucho más probable que la meditación evoque recuerdos de anhelos primitivos de escapar, que irán acompañados de culpabilidad y vergüenza por haber violado las expectativas familiares que actualmente los occidentales reservamos para temas como la dependencia excesiva. En las psicologías tradicionales se resalta, al menos en parte, el temor a romper la red del enmarañamiento, a dar la espalda a las obligaciones familiares que tanto definen el yo no-occidental. De hecho, la historia de la vida de Buda -en la que él abandona el palacio de su padre, a su esposa y a su hijo pequeño, y a todos los miembros de su casta que dependían de él- puede leerse como una metáfora de la necesidad de que el yo enmarañado afronte su miedo al hecho de que en último término esté separado.
En nuestra cultura, esta separación suele experimentarse en una época muy temprana de la vida. Una de las consecuencias de este punto de partida es que la práctica de meditación tiende a movilizar aquellos primeros sentimientos. Tal como Freud descubrió, la hipnosis, la libre asociación y la atención cuidadosa a lo qu está presente "en la superficie de la mente del paciente" es suficiente. Esto representa un dilema a los meditadores de nuestros días. Suelen empezar la práctica de la meditación y enseguida descrubren remanentes de su falta básica que, como mi propio anhelo, no desaparecen necesariamente por seguir con la práctica meditativa. La baja autoestima que acompaña este anhelo, surgida de la sensación de que hay alguna deficiencia en la persona, suele requerir una atención psicoterapéutica especial que los profesores de meditación no están entrenados para dar. Como descubrió Freud, en general existe una compulsión a expresar inconscientemente esta falta de valía, más que afrontarla directamente. Sin la ayuda de un profesor o terapeuta, la persona continuará intentando deshacerse de la falta de valía por medios mágicos. Y la meditación es demasiado vulnerable para este uso erróneo. Si no se expone y se acepta la falta básica (Balint), el anhelo de remediarla corromperá la experiencia meditativa.
Aquí es donde he encontrado la mayor necesidad de una aproximación combinada, cortada a la medida tanto del fantasma hambriento cmo del reino humano. La meditación suele ser extremadamente eficiente a la hora de sacar a la luz nuestra falta básica, pero bastante silenciosa a la hora de lidiar con ella. Esto no significa que la meditación no pueda lidiar con ella, sino que debe ser adaptada para ese propósito específico a través de la interacción con lo que funciona del planteamineto psicoterapéutico. La contribución potencial del budismo al dominio de la falta básica no reside únicamente en la capacidad de sus meditaciones para evocar los remanentes psíquicos de la falta.
La meditación budista, cuando se adapta apropiadamente, también puede tener un impacto sobre los otros dos compententes del método terapéutico de Freud, lo que él llamo "repetir y reelaborar". De hecho, la meditación tiene la clave de la resolución de la frustrante incapacidad de la psicoterapia para ir más allá del reconocimiento y la reconciliación hasta la leja orilla del alivio.

Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2010, Madrid. Pp.: 202-204.

jueves, 21 de junio de 2012

Enajenación, Alienación, Desafección: Experiencia Budista



En mi propio caso, uno de los sentimientos que surgían más frecuentemente durante los retiros de meditación era un profundo anhelo de solo conceptualizar como verdadero amor. Como en estos retiros se presta atención constantemente durante semanas a los pensamientos, sentimientos, acciones físicas, sensaciones, recuerdos, planes y así sucesivamente, tenía mucho tiempo para que el parloteo superficial de mi mente pensante se aquietara y para poder desarrollar algunas de las cualidades de calma y claridad que suelen asociarse con el estado meditativo. Sin embargo, incluso en medio de unos estados mentales tan comparativamente espaciosos, a menudo era consciente de lo parecía ser un anhelo más profundo. Mi situacion era casi análoga a la que describe Freud en sus comentarios sobre la libre asociación. Al seguir la cadena de mis asociaciones libres, como se hace en cierta medida en este tipo de meditaciones, seguía encontrándome con este sentimiento, que probablemente un psicoanalista habría interpretado como un recuerdo preverbal.
En un momento dado, cuando llevaba aproximadamente una semana en uno de mis primeros retiros, de la espaciosidad de la mente surgió el recuerdo repentino de unas sensaciones corporales de la mente surgió el recuerdo repentino de unas sensaciones corporales que había tenido recurrentemente cuando era niño, estando solo por la noche. Durante los próximos veinte minutos mi cuerpo empezó a temblar incontrolablemente sobre el cojín de meditación, una experiencia que a continuación daba lugar a los que podría describir como una gran paz, luz  y amor. Mis profesores de meditación parecían desconcertados por mi experiencia, pero yo la consideré un signo de importancia  que aquella práctica concreta tenía para mí. Mi sentimiento de anhelo, aunque temporalmente amortiguado, no desaparecía. De hecho, pasé buena parte de los retiros siguientes intentando recuperar esa misma experiencia, una empresa notablemente temeraria en el caso de la meditación, aunque es muy común entre los meditadores occidentales que emprenden su práctica con una sensación interna de vacío o alienación.
Muchos años después, cuando tuve la fortuna de casarme con la mujer que amaba, descubrí que incluso aquel amor real y palpable, que tanto había anhelado y que consideraba fuera de mi alcance, no hacía desaparecer la profundidad de mi anhelo. De hecho, parecía sacarlo a la luz más abiertamente. Empecé a tener problemas para dormir, me descubría solicitando insaciablemente la atención de mi nueva esposa, tenía dificultades incluso para separarme momentáneamente de ella, y, cuando dormía, tenía pesadillas y sentía el castañear de los dientes. Había llegado a personificar al estado de los fantasmas hambrientos: tal como ellos son incapaces de tragar el alimento que necesitan por el dolor que les causa, yo era incapaz de recibir el amor que tanto necesitaba por la profundidad de mi anhelo insatisfecho. No hace falta añadir que era el momento de hacer (más) psicoterapia. Cuando me sentía muy presionado, podía hacer uso de mis habilidades meditativas para calmarme, pero la identificación con mis sentimientos de aislamiento inexpugnable era tan intensa que requería la atención específica de un psicoterapeuta. La meditación me había hecho exquisitamente consciente de mi estado, y me había ayudado a recuperar los primeros sentimientos que lo rodeaban, pero aún era incapaz de actuar de un modo qu eno estuviera completamente determinado por mis experiencias del pasado.
La clave de mi recuperación estaba, evidentemente, en esos sueños recurrentes en los que castañeaba los dientes, lo que llegué a considerar una poderosa expresión de la "rabia oral": un violento resentimiento por la falta de disponibilidad de mis padres al principio de mi vida. Estos sueños acabaron dando lugar a otros sobre mi incapacidad de comunicar por teléfono con un ser querido: me olvidaba del número, el teléfono no funcionaba, el dial se desintegraba, la persona no respondía. Estos sueños acabaron cristalizando en un verdadero recuerdo de mis padres dejándome al cargo de mis hermanos pequeños cuando yo tenía cinco años. Ellos se iban a visitar a unos amigos del vecindario, instruyéndome para que les llamara por el intercom si surgía algún problema. Separado prematuramente de mi dependencia infantil, había sido elevado al estatus de ser "responsable". Mi ira no resuelta era el producto de mi agresividad frustrada por no poder corregir la relación con mis padres. Y estoy seguro de que el hecho de que, etuviera cansado o no, a menudo me acostaran a dormir sobre las seis de la tarde, no mejoró mis problemas. De esta manera mis cansados padres podían disfrutar de un poco de tiempo para ellos. Cuando tuve esta comprensión adicional, fui capaz de gestionar mis emociones difíciles con un poco más de gracia y humor. El amor real que encontré en mi matrimonio me obligó a sentir el dolor por la pérdidas sufridas en la infancia.

Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2010, Madrid. 194-196.



http://youtu.be/V7EmLfQ6nIY Cuídame (Pedro Guerra&Jorge Drexler) No maltrates nunca mi fragilidad, pisaré la tierra que tú pisas. Cuida de mis manos, cuida de mis dedos, dame la caricia que descansa en ellos. No maltrates nunca mi fragilidad, yo seré la imagen de tu espejo... Yo seré el abrazo que te alivia.
http://youtu.be/rTPcamcDhds Sanar (Jorge Drexler) Nadie nace sabiendo que morir también es ley de vida...los pájaros en bandadas, tu corazón va a sanar, volverás a esperanzarte...

lunes, 18 de junio de 2012

Recordar el Presente



El budismo también considera que recordar -en este caso recordar el presente- es fundamental para la estabilidad psíquica. Por difícil que pueda ser recordar el pasado olvidado, aún es más difícil alinear nuestra conciencia con nuestra experiencia presente. Buda descubrió que a menudo no estamos sincronizados con nosotros mismos, nos encontramos perdidos en pensamientos sobre el pasado y el futuro y somos incapaces de prestar atención a nuestra experiencia inmediata. La inversión de esta tendencia, llevando repetidamente la atención de vuelta a la experiencia imediata, era lo que catalizaba el cambio psíquico más profundo.
La técnica meditativa central para el budismo es la plena atención al presente, en la que el retorno continuo a la conciencia del aquí-y-ahora se establece como una práctica por derecho propio. Ciertamente, la definición clásica de la plena atención al presente resalta la capacidad de recordar, que es esencal para aplicarla con éxito:

Por su medio ellos recuerdan, o ello mismo recuerda, o solo hay un mero recordar, así es la práctica de la plena atención. Tiene la característica de no tambalearse. Su función es no olvidar. Se manifiesta como guardiana, o se manifiesta como el estado de confrontar un campo objetivo. Su causa inmediata es una percepción fuerte, o los fundamentos de la atención relacionados con el cuerpo, y así sucesivamente. No obstante, debe considerarse como un pilar, porque está sólidamente fundada,  o como un portero, porque guarda la puerta del ojo, y así sucesivamente.

En un giro curioso, el tipo de recuerdo al que llegó Freud después de abandonar al técnica hipnótica y de modificar su confianza en la libre asociación, lo que él llamó "estudiar cualquier cosa que esté presente en la superficie de la mente del paciente", es exactamente el tipo de recuerdo que Buda resaltó en todo momento, jnto con su confianza en la atención. Freud consideró que este recordar era algo que solo podía hacerse en las horas del psicoanálisis; Buda enseñó que podía ser mucho más abarcante, que se podía practicar constantemente a lo largo del día. Como Freud comprobó, la ejecución de esta estrategia a veces ofrece recuerdos importantes que pueden ser valiosos para dar sentido a una historia individual. Los profesores budistas tienden a quitar énfasis a los recuerdos históricos individuales que surgen a la superficie, y prefieren orientarse hacia una aplicación constante de la atención al presente, a un recordar coherente, que consideran más valioso que cualquier revelación puntual sobre el pasado. Sin embargo, como puede testificar cualquier practicante de la meditación intensiva, su práctica continuada produce los tres tipos de recuerdo que Freud elucidó.
A menudo hay buenas razones para prestar atención a este material psicoterapéutico a fin de integrar los recuerdos de una manera que sea coherente con una buena psicoterapia. A medida que estas dos disciplinas empiecen a interactuar más y más, este demostrará ser un importante vínculo entre ellas. Indudablemente la meditación puede enmarcar un área que requiere atención terapéutica. Y a medida que los profesores budistas se familiaricen con la psicoterapia, y los psicoterapeutas se familiaricen más con la meditación, las contribuciones que ambas pueden hacer a la recuperación de estos "recuerdos" se clarificarán. Permitidme que ofrezca algunos ejemplos de mi experiencia.

Trauma:
"Sabía lo que me habían hecho, pero no sabía lo que yo me había hecho a mí mismo".
Hay momentos en los que la práctica de la meditación puede actuar de un modo que recuerda las técnicas hipnóticas de Freud, pues libera directamente recuerdos que de otro modo habrían seguido estando reprimidos. Esto ocurre más frecuentemente en torno a los problemas relacionas con traumas físicos y psíquicos, cuyos recuerdos a menudo afloran mediante la concentración en la respiración o en las sensaciones corporales que forman la columna vertebral de las primeras prácticas meditativas. Dependiendo de la fuerza del ego del meditador y del apoyo terapéutico disponible, estos recuerdos pueden resultar desestabilizantes o increíblemente curativos. A menudo son muy molestos y su integración puede exigir un esfuerzo signifcativo...
La concentración mental parece hacer que estos estados de contracción sean particularmente visibles. Son los remanentes interiorizados de reacciones defensivas crónicas, fosilizadas dentro del cuerpo y lejos del alcance de nuestra conciencia cotidiana. Descubrir cómo creamos esas sensaciones corporales mucho después de que el trauma haya pasado las hace desaparecer como objetos concretos que evitamos o con los que nos identificamos. Cuando se ha producido un trauma específico en el cuerpo que tiene que ser experimentado. Cuando no ha habido tal trauma, la experiencia somática suele ser mucho más difusa.

Mark Epstein: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2011, Madrid. Pp.:190-194

Nota de Rodrigo Córdoba Sanz: Tengan cuidado a la hora de hacer una inmersión en el mundo de la meditación. Puede producir disociaciones e incluso desencadenar problemas derivados de la falta de contacto con la realidad. La intensidad del trabajo de la meditación conlleva mucho bienestar y transformación pero también peligro en cierta clase de personas. No se puede sustituir por una psicoterapia. Son complemetarios. Este libro es absolutamente fascinante.

http://youtu.be/ets9S1i9CbI Kamelot -One Cold Winter´s Night- Directo.
http://www.youtube.com/watch?v=IWDALIOzXNk&feature=colike Kamelot&Simone Simons -The Haunting-

domingo, 17 de junio de 2012

Recordar en Psicoterapia y Budismo




"...Es curioso, a mi me interesa mucho mas hablar, o estar en contacto con la gente que piensa lo contrario de lo que yo pienso, que de los que piensan lo mismo que pienso yo." Con respecto a Picasso y Miró en una entrevista en España.

Según enseñó Freud, el primer ingrediente de una terapia exitosa es el recuerdo de aspectos olvidados de nuestra experiencia infantil. Los psicoterapeutas han experimentado con diferentes técnicas para lograr dicho recuerdo, como la libre asociación y la interpretación de sueños, y la meditación añade otro método a este arsenal. Cuando los occidentales empiezan a meditar, a menudo recuerdan un anhelo del comienzo de su vida que les ha estado impulsando desde entonces. Uno de los principales objetivos de integrar el budismo con la psicoterapia es ayudar a la gente a lidiar eficazmente con este descubrimiento.

RECORDAR EL PASADO

Freud describió que en psicoterapia son posibles tres tipos de recuerdo, tres maneras de poner al paciente en contacto con lo que tiene que completarse del pasado. El primer método, la visión catártica de la terapia, surge directamente de su primer interés por la hipnosis, y consistía en hacer que el paciente recordara directamente un suceso traumático. Se ayudaba del estado hipnótico para sacar a la luz lo que hasta ese momento había estado reprimido, presumiblemente "olvidado", y mantenido con vida únicamente bajo el disfraz de ciertos síntomas. Esta visión presuponía un canal directo con el material reprimido, de modo que el paciente pudiera recuperar lo que había ocurrido para traumatizarle... Cuando hay casos de trauma físico o sexua, este tipo de recuerdo es posible, pero para aquellos de nosotros que no tenemos ni un solo evento emocional en nuestro pasado resulta inútil buscar esos recuerdos cruciales. Freud renunció a este método poco después de abandonar la técnica hipnótica, y sin embargo, sigue siendo el modelo para muchos de aquellos que aun entran en psicoterapia con la esperanza de recuperar el recuerdo perdido que libere su emoción reprimida y les devuelva a un estado plenamente funcional.
El segundo método de Freud consistía en seguir las asociaciones libres del paciente para descubrir qué era capaz de recordar por su pura fuerza de voluntad. La técnica de la libre asociación liberaba al paciente de la deliberacion consciente y permitía que saliera el material, como ocurre en el estado de sueño, sin las inhibiciones habituales. El lugar de buscarlas directamente un recuerdo traumático del pasado, esta modificación de la técnica requería que el paciente superase sus críticas a sus asociaciones libres par poder seguirlas hasta sus conclusiones lógicas.
Aquí el punto esencial era que en lugar de recuperar el recuerdo reprimido en un gran movimiento catártico, las brechas memorísticas podían llenarse mediante el proceso de soslayar las resistencias. La libre asociación hizo posible esta adaptación porque era posible engañar a las funciones defensivas del ego -las que luchaban por mantener los recuerdos molestos fuera de la conciencia- para que abrieran su mano. No obstante, incluso con esta modificación, Freud seguía buscando un recuerdo claro cuya recuperación haría que todo se pusiera en su lugar.
En su tercera modificación, Freud alejó el enfoque de la búsqueda del pasado perdido y dirigió su visión hacia el presente inmediato. Enfocándose exclusivamente en lo que estaba ocurriendo en el encuentro terapéutico, Freud describió que era posible evocar y contar al paciente las resistencias que le habían impedido entenderse a sí mismo. En este proceso los pacientes a menudo recuperaban sus recuerdos casi como un subproducto del intercambio terapéutico. Tal como Freud lo describió, el analista "se contenta con estudiar cualquier cosa que esté presente en ese momento en la superficie de la mente del paciente, y emplea el arte de la interpretación principalmente para reconocer las resistencias que aparecen allí, y para hacérselas conscientes al paciente".
Evidentemente existen recuerdos de un calibre diferente de aquellos con los que Freud produjo buena parte de su teoría original, recuerdos que no son tato sobre algo terribe que ocurrió, sino, en palabras de D.W.Winnicott, sobre "que no ocurrió nada cuando hubiera sido mehor que ocuriera algo de provecho". Estos sucesos suelen estar grabados en el soma, o cuerpo, más que en la memoria verbal, y solo pueden ser integrados experimentándolos posteriormente y dándoles sentido. En el trabajo "Recordar, repetir, reelaborar", Freud hace referencia a "esta clase de experiencias especiales" que no se entendieron en el momento de su ocurrencia y solo pueden ser entendidas e interpretadas "subsiguientemente". Este tipo de recuerdo es el que ha ido dominando cada vez más el pensamiento de los psicoterapeutas a medida que los problemas de baja autoestima, vacío y alienación pasan a ocupar el primer plano de su trabajo clínico.

Mark Epstein: "Pensamientos sin pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones. 2011, Madrid. Pp.: 187-189


sábado, 16 de junio de 2012

Recordar, repetir, reelaborar




He tenido claro durante muchos años que la meditación y la psicoterapia tienen algo importante que ofrecerse la una a la otra, y que muchos de mis contemporáneos necesitan desesperadamente ambas. Al principio parecía que un modelo de desarrollo lineal tenía sentido: primero terapia y después meditación; primero consolidar el yo y después soltarlo; primero el ego y después el estado sin ego. Pero esta visión ha resultado de una falsa dicotomía. El progreso en una vía parecía depender de la habilidad de la persona para avanzar en la otra; la negativa a hacerlo así parecía bloquear el desarrollo en ambas. ¿Es posible -empecé a preguntarme- que ambas puedan trabajar de la mano? ¿Podrían ambos métodos abrazar objetivos comunes usando distintos métodos?
Parece que la psicoterapia tiene como finalidad abordar una agonía particular de la experiencia occidental, a saber: el anhelo y el dolor producidos por el alejamiento de uno mismo. Parece que sin ninguna aportación de esta perspectiva, demasiados meditadores occidentales son vulnerables a usar sus prácticas defensivamente, a intentar en vano resolver sus problemas emocionales sin permitir la participación de un terapeuta. Por otra parte, la meditación ofrece la promesa de un alivio real, el horizonte de la Tercera Noble Verdad de Buda. Hay demasiados ejemplos de personas que han estado dando vueltas y vueltas en la terapia durante muchos años, habitando en el descontento de sus historias individuales sin conseguir romper ese círculo vicioso. La historia del sabio y el necio sufí Nasrudín me venía a la mente mientras contemplaba los intentos de la gente de encontrar alivio únicamente en la psicoterapia:

Una noche, algunos amigos de Nasrudín se lo encontraron caminando a cuatro patas, buscando algo a la luz de una farola. Cuando le preguntaron qué estaba buscando, les dijo que había perdido la llave de su casa. Todos se agacharon y empezaron a buscar con él, pero sin encontrarla. Finalmente, uno de ellos preguntó a Nasrudín donde había perdido exactamente la llave, y él replicó:
- En aquella casas.
- Entonces -le preguntaron sus amigos-, ¿por qué la buscas debajo de la farola?
- Porque ahí hay más luz -respondió Nasrudín.

No cabe duda de que Freud aportó una luz increíble a la psicología del inconsciente; sin embargo, buscar alivio exclusivamente en los métodos psicoterapéuticos equivale a la búsqueda de Nasrudín en el lugar equivocado. En el esfuerzo por librar su mente de la neurosis, uno podría cavar eternamente. Y aunque esto fuera posible, aún tendremos que admitir lo que D. W. Winnicott declaró valientemente: "La ausencia de enfermedades psiconeuróticas puede ser la salud, pero no es la vida". La meditación está dirigida a algo más que la resolución de conflictos o a la reparación emocional: nos ofrece la clave no solo para vincularnos directamente con la vida misma, sino también un método para desarrollar nuestras facultades mentales de modo que pueda producirse el tipo de reelaboración que Freud vislumbró.
Mientras continuaba con mi trabajo como psicoterapeuta, volví una y otra vez al trabajo clásico de Freud sobre la práctica de la psicoterapia, "Recordar, repetir, reelaborar", porque en él establece los ingredientes clave para tener éxito en la psicoterapia. ¿Cómo podría la práctica budista marcar la diferencia en este proceso?, me perguntaba. ¿Qué podría ofrecer la meditación a cada uno de estos tres dominios para impedir que la psicoterapia se alargue interminablemente como Freud temía? Después de todo, las reflexiones que realizó al final de su vida en "Análisis terminable e interminable" son suficientes para hacer reflexionar a cualquier aspirante a terapeuta:

Como es bien sabido, la situación analítica consiste en aliarse con el ego de la persona bajo tratamiento a fin de doblegar porciones de su id que están fuera de control... El ego, para poder hacer tal pacto con él, debe ser un ego normal. Pero un ego normal de este tipo, como la normalidad en general, en una ficción ideal. el ego anormal, que es inservible para nuestros propósitos, no es, por desgracia, ninguna ficción.

Aquí es donde el budismo tiene más que ofrecer a la psicoterapia, porque hay métodos de desarrollo mental inherentes a la práctica budista que afectan directamente a lo que Freud denominó el "ego anormal". A medida que se aplican dichos métodos, el "ego" vive una metamorfosis y la terapia se hace mucho menos intimidante.
Como han demostrado las primeras generaciones de occidentales que han adoptado las prácticas budistas, la meditación, tal como se desarrolló y se practica en Oriente, no aborda fácilmente todo el torbellino psicológico de la mente occidental. Pero la psicoterapia -de cualquier escuela- sigue chocando con sus propias limitaciones: según la conocida frase de Freud, incluso la mejor terapia solo puede devolvernos a un estado de "infelicidad común".
¿Qué ocurre cuando los dos mundos colisionan? ¿Es posible forjar algún tipo de interacción? Lo que sigue es mi experiencia personal -en calidad de paciente, meditador y terapeuta- de cómo la psicología budista ha influido en mi trabajo psicoterapéutico, y cómo la meditación puede afectar los procesos clave de recordar, repetir, reelaborar.

lunes, 11 de junio de 2012

La Psicodinámica de la Meditación



Voy a mostraros la manera excepcionalmente original de analizar, leer, interpretar y sentir los instrumentos del Budismo y la Meditación desde el enfoque de una persona: Mark Epstein, con dos vertientes. Psicoanalista y Budista, con amplia experiencia en los dos campos; uno, más intelectual, el otro más vivencial. Por tanto facilita un interesantísimo enfoque.
El epígrafe que comparto se llama "Terror y Deleite", de su libro: "Pensamientos sin Pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista".  Advierto que estas experiencias profundas de meditación, si no son bien guiadas, o aun siendo así, puden ser contraproducentes para pacientes con ciertas patologías. Del mismo modo que la medicina y la psicología no son ciencias exactas. Es importante que aquel que guíala meditación sea una persona con oficio. Difícil de encontrar en España. Prólogo por el Dalai Lama. Daniel Goleman (autor de Inteligencia Emocional entre otros dice: "Realmente, esta obra es una de las integraciones más sofisticadas de las disciplinas terapéuticas y espirituales".Rodrigo Córdoba Sanz.

TERROR Y DELEITE
Algunas de las mejores descripciones de las experiencias psicológicas que acompañan a la meditación profunda están en el Visuddhimaga (Camino de la purificación), un manual de meditación del siglo IV compuesto por un budista indio llamado Buddhaghosa en la isla de Sri Lanka. Aquí el autor estableció la primitiva visión budista de lo que se puede conseguir a nivel psicológico con el cultivo ciertos factores mentales que se desarrollan mediante la práctica de la meditación. Este manual no tiene igual en su exposición de la mente meditativa. Mediante el desarrollo sostenido de la concentración (la capacidad de dejar descansar la mente en un único objeto de conciencia) y la atención al momento (la capacidad de prestar atención a una sucesión de objetos de conciencia), el meditador acaba entrando en estados que suelen describirse como de terror o de deleite. Se trata de estados que no suelen surgir en psicoterapia: es posible que se los vislumbre o se los recuerde, pero no surgen inexorablemente como lo hacen en la práctica meditativa. Su emerger depende del desarrollo de ciertas funciones del ego están más allá de su rango operativo habitual en la vida cotidiana.
Escuhemos, por ejemplo, las descripciones clásicas de algunos de estos estados. Las experiencias de deleite, por ejemplo, vienen caracterizadas por diversos niveles de éxtasis o felicidad, de los se dice que hay cinco:

La felicidad menor solo es capaz de erizar el vello corporal. La felicidad momentánea son como relámpagos e luz en diferentes momentos. La felicidad descendente se extiende por nuestro cuerpo una y otra vez, como olas a la orilla del mar. La felicidad inspiradora puede ser lo suficientemente poderosa para hacer levitar el cuerpo, para hacer que se eleve en el aire... Pero cuando surge la felicidad penetrante (extática), todo el cuerpo está completamente tomado, como una vejiga llena, como una caverna de piedra invadida por una enorme inundación.

Por otra parte, las experiencias de terror tienden a revelar lo precario que es nuestro sentido del yo, y la falta de base de los anhelos narcisistas. Tienen el efecto de quitarnos el suelo bajo los pies, de conmover los fundamentos sobre los que hemos construido nuestra visión de nosotros mismos. Son experiencias de un calibre completamente diferente con respecto a las de deleite, como puede verse en la siguiente descripción del mismo texto:

A medida que se repite, desarrolla y cultiva de esta manera la contemplación de la disolución..., entonces, las formaciones... se le aparecen bajo formas terroríficas, como leones, tigres, leopardos, osos, hienas, espíritus, ogros, toros fieros, perros salvajes, elefantes salvajes y alocados, horribles serpientes venenosas, rayos, crematorios, campos de batalla, pozos de carbón llameantes, etc.,aparecen a un hombre tímido que quiere vivir en paz. Cuando ve cómo han cesado las formaciones pasadas, y cómo cesan las presentes, y cómo cesarán las generadas en el futuro, del mismo modo, entonces, en esa etapa, surge en él lo que se conoce como el Conocimiento de la Aparición como Terror.

Lo que los occidentales no suelen entender es que este tipo de experiencias requieren un ego, en el sentido psicoanalítico, que sea capaz de contener e integrar estímulos que normalmente resultarían muy desestabilizadores. El reto consiste en experimentar el terror sin miedo y el deleite sin apego. En un sentido, el trabajo de la meditación consiste en desarrollar un ego flexible, claro y suficientemente equilibrado para permitirle a uno vivir estas experiencias.
Desde otra perspectiva, el trabajo de la meditación consiste en confrontar los apegos qeu hacen que dicho ego sea imposible de alcanzar. Esos apegos son invariablemente narcisistas. A medida que la meitación se despliega, los aspectos más burdos del yo, personificados por el torbellino emocional o por el parloteo mental, tienden a aquietarse, pero los apegos e identificaciones más sutiles empiezan a hacerse visibles .En este sentido, la meditación se convierte en una especie de laberinto, y cada nueva apertura y cada nueva percepción con respecto al yo revelan otra oportunidad para el apego y la liberación. Lo que el meditador debe seguir confrontando es su tendencia a la presunción y al orgullo, su propia sed instintiva de certezas, su capacidad de orientar el proceso meditativo hacia fines narcistas. La meditación es un medio de exponer infatigablemente este narcisismo, de resaltar cada permutación de la experiencia del yo para que ninguno de sus aspectos esté disponible al reclutamiento del narcisismo.
En cada etapa, los meditadores tienden a usar sus experiencias y comprensiones de una manera que refuerza su propia sensación de ser especiales, y en realidad el camino de la meditación consiste en descubrir y resolver continuamente estos impulsos animando al meditador a examinar siempre dónde está más identificado. Por ejemplo, cuando tuve mi primera experiencia de la felicidad descendente en meditación, estaba en éxtasis. Pensé que había ocurrido algo muy impresionante. No obstante, la verdadera oportunidad que me brindaba esa experiencia era ver los especial que me creía, y que pudiera experimentar que eso también es un sentimiento evanescente. A medida que este proceso se va repitiendo, nuestras maneras crónicas de pensar y de sentir con respecto a nosotros mismos cambian: nos vemos forzados a cuestionar las metáforas que usamos inconscientemente para entendernos.

Mark Epstein: "Pensamientos sin pensador. Psicoterapia desde una perspectiva Budista". Gaia Ediciones, 2010, Madrid. Pp.: 154-158