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Paz y Ciencia

martes, 28 de febrero de 2017

Insatisfacción Vital

Una persona me hizo una caricatura de la psico(pato)logía de su hijo de mediana edad usando este término.
El hijo, podemos llamarlo Goliat, es una persona dura, dominante, exigente, crítico consigo mismo y los demás. Desconfiado y, al mismo tiempo carente de amor, esa es la experiencia que manifiesta. Duro y contundente no le resulta fácil confiar en casi nadie que no le resulte cálido, afectuoso y de total confianza y autenticidad.
Con pérdidas tempranas y situaciones de asimetría, muy destacadas en su memoria y una severa impronta en la personalidad de desamor y desapego temprano.
No ha podido desarrollar una confianza básica en su familia.
Retador y vengativo No es lo que parece. Está asustado, tiene miedo y nadie en quien apoyarse excepto una buena amiga, Claudia.
La insatisfacción vital tiene está en esa urdimbre afectiva rota y su identidad está disociada entre sus emociones y la razón. No existe coherencia ni congruencia.
Además, y no por ello menos importante, su trabajo anula casi totalmente las relaciones interpersonales más allá del trabajo y Claudia, a la que ve muy poco, demasiado poco por su complicidad.
Por tanto, no tiene aficiones, alicientes, recursos más allá del trabajo (donde se desempeña de excelente manera). Está vacío. Bajo un falso self que le desorienta y también a sus padres. En una familia desestructurada, desmembrada. Le resulta persecutorio aquello que le vincula con sus padres y un leve suspiro parece poder ser suficiente para que caiga. La insatisfacción vital es un término muy acertado. Se trata de una vida gris, que se lamenta con síntomas, emergentes de conflictos muy importantes durante momentos clave de su vida y, todavía, en el presente.

Rodrigo Córdoba Sanz
Experto en trastornos de personalidad