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Paz y Ciencia

lunes, 6 de febrero de 2017

Sobre Jung



Cada persona se va diferenciando en la ontogenia, en el vivir espiritual que le toca.
Los arquetipos son la materia bruta, las tendencias básicas. El proceso de individuación representa, en parte,  la tarea laboriosa del escultor que talla la piedra haciendo emerger la figura de la individuación liberada de las ataduras de la psique colectiva. Pero, a veces, la talla se malogra, como la vida de los hombres.
Si los arquetipos son la historia que preexiste al nacimiento de la historia que preexiste al nacimiento de la historia individual de cada ser humano, unos de otros, es necesario pensar entonces, merced a qué dinamismos, tanto la fuerza unificadora de los arquetipos, como la diferenciadora de la individuación, ejercen su mandato. Esta fuerza es la que Jung llama líbido o energía psíquica, que cumple el rol de poder trasmutador y transformador. Individuación Arquetipos Líbido.
Pero estos sistemas son concebidos no como algo estático y fijo, sino por el contrario, como sujetos a un permanente cambio. Dependen de un cambio interior a la vida misma del objeto estudiado. Así se incorpora la idea de evolución.
Hay en la obra de Jung, otra dimensión que es la dimensión de lo simbólico.
Jung consideraba al psiquismo y sus complejos dinamismos inconscientes como una organización arquetípica, un orden de arquetipos que, en su imposibilidad de aparecer directamente en la conciencia del psiquismo, lo hace mediante símbolos.
"No soy un metafísico que tenga que decir algo sobre las cosas en sí. Mis objetos radican dentro de los límites de lo experimentable". Carl Gustav Jung