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Paz y Ciencia

jueves, 2 de febrero de 2017

El Deseo y la Libertad



No hay ser humano sin deseo. Desde que nacemos hasta que morimos hay algo que nos lanza hacia delante, un anhelo de ser otro, de cambiar, de transformarnos. El deseo no es sólo un  objeto, es, sobre todo, un deseo de transformación de uno mismo.
Desde la modernidad, la pregunta fundamental es: ¿qué es el hombre? Con Nietzsche y Foucault derivó en otra: "cómo hemos llegado a ser lo que somos? "
Sin embargo, hay un interrogante decisivo, una pregunta que los seres humanos no podemos esquivar: ¿podemos dejar de ser lo que somos? ¿Puedo transformarme en un ser distinto del que soy, del que he heredado?
Los seres humanos somos finitos. Existir consiste en ser finito. La vida humana es una existencia débil y vulnerable, necesitada de apoyo y la acogida de los demás. Y, al mismo tiempo, precisamente por su condición finita, es también una vida no del todo buena, bella o verdadera. Como es finita y no puede dejar dejar de serlo, la humana es una vida que no es del todo humana, porque siempre está amenazada por los rostros de lo inhumano, esto es, por el mal, por la violencia, por la crueldad, por la indiferencia al sufrimiento del otro.
En Busca de la Liberad desde la Voluntad Secuestrada