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Paz y Ciencia
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martes, 7 de diciembre de 2021

Desapego

 



Un día, el desapego llama a nuestra puerta. De hecho, siempre está llamando, pero no siempre escuchamos.
Pero entonces nuestro ego se resiste. Se resiste con todas sus fuerzas, porque no quiere cambiar, no quiere que cambiemos.
Y es que cambiar lo mataría, y el ego, como cualquier ser vivo, tiene su propio instinto de supervivencia.
El ego hace que nos apeguemos a todo aquello que nos mantiene dentro de nuestra zona de confort.
Y, para lograrlo, utiliza a todos sus secuaces: el miedo, la dependencia, la pereza, la inseguridad…
Pero, como bien sabemos, la zona de confort es un lugar donde no hay progreso, crecimiento personal o evolución de cualquier tipo (más bien involución).
Es un lugar que ‒como la misma palabra indica‒ es cómodo.
Y ese lugar nos va bien para descansar, para tomar una pausa o para digerir experiencias pasadas.
Pero no para pasar la vida entera ahí metido.
Por ello, cuando llevamos demasiado tiempo en esa zona de confort, empezamos a sufrir, a degradarnos y a sentir el daño y los efectos colaterales de los que hemos hablado al principio.
Por tanto, la pregunta es, ¿Cuánto vamos a esperar a salir de zona de confort? ¿En cuánto tiempo vamos a desapegarnos de lo que nos ata a ella?
¿Cuánto vamos a tardar en renunciar a esa persona que no nos hace caso para empezar a buscar a alguien que realmente nos ame? ¿Cuanta incertidumbre y frustración vamos a aguantar?
¿Cuánto tiempo vamos a tardar en dejar ese trabajo en el que nos explotan y que apenas nos da para vivir? ¿Cuántos sueños e ilusiones somos capaces de enterrar?
¿Cuánto tiempo pretendemos vivir con una pareja que no nos ama y que hace que nuestra vida sea un suplicio? ¿Cuántos días felices en los que podríamos estar con el amor verdadero vamos a malgastar?
¿Cuánto tiempo vamos a insistir en defender nuestro punto de vista sólo para tener razón (aun sabiendo que no la tenemos)? ¿Cuántas buenas ideas dejaremos escapar por culpa de nuestro orgullo?
¿Cuántas decisiones somos capaces de tomar para contentar a nuestra familia en lugar de a nosotros mismos? ¿Cuántas veces somos capaces de traicionar a nuestra persona?
Espero que no muchas…
Cariños y sonrisas

martes, 30 de noviembre de 2021

Sufrimiento en el Budismo

 



«En el budismo, hablamos del decrecimiento de la neurosis, lo que significa decrecimiento del dolor derivado del ego«, asegura Chögyam Trungpa (Tíbet, 1940-1987), prestigioso y reconocido maestro del budismo y artista, fundador de la Naropa University de Boulder (Colorado) y autor de numerosos libros entre los que destacan El mito de la libertadPsicología budista, La verdad del sufrimiento Nuestra salud innata. Inmerso en el budismo no teísta, Trungpa nos invita –a través del empleo de un lenguaje muy asequible para los lectores noveles en budismo– a investigar acerca de nuestra propia experiencia, examinando nuestra noción fundamental de “sí mismo”.

El punto de partida son las denominadas Cuatro Nobles Verdades difundidas por el propio Buda (hace ya más de dos mil quinientos años): la verdad del sufrimiento, la verdad del origen del sufrimiento, la verdad de la cesación del sufrimiento y la verdad del camino. «Las Cuatro Verdades se dividen en dos grupos. Las dos primeras verdades […] implican el estudio de nuestra dimensión samsárica [samsara, en sánscrito, se refiere a nuestra existencia cíclica, es decir, al continuo ciclo de nacimiento y muerte que surge de nuestra ignorancia y se caracteriza por el sufrimiento] y de las razones por las que llegamos a ciertas situaciones o a determinadas conclusiones particulares sobre nosotros mismos. Las otras dos verdades […] implican el estudio de cómo podríamos trascender o superar el sufrimiento», escribe Trungpa en La verdad del sufrimiento.

El autor explica en la “Introducción” a esta misma obra que la sociedad actual vive inmersa en una suerte de “ansiedad básica”, provocada por una neurosis hija de un orgullo intenso y de emociones conflictivas y confusas. Deseamos mantener a cualquier precio una sensación vacía de felicidad y, en este sentido, «terriblemente engañados, creamos samsara –dolor y desdicha para el mundo entero, incluidos nosotros mismos–, aunque actuemos como si fuéramos inocentes». Al tratar sobre la Primera Noble Verdad (reconocer la verdad del sufrimiento), Trungpa aduce que «el dolor procede de la ansiedad, y la ansiedad procede de la neurosis. La palabra sánscrita para ‘neurosis’ es klesha, y la tibetana, nyönmongNyön significa ‘mala ventilación’ o ‘congestión’. Un grado alto de congestión nos lleva a la neurosis; es, de hecho, la neurosis». Y más adelante: «No hay alivio ni relajación cuando estamos en el mundo samsárico; siempre se está desarrollando algún tipo de lucha».

El maestro budista recuerda que Buda nos transmitió la manera en que debemos actuar a fin de superar esta ansiedad, así como el engaño en el que nos vemos sumergidos –y que conduce inexorablemente a la neurosis–. El camino lo conocemos gracias a Buda, y además, podemos llevarlo a la práctica. Chögyam Trungpa nos insta a hacernos conscientes del propio sufrimiento, de convertirlo en experiencia viva; actuar de otra manera supone, a juicio del autor, “la estupidez fundamental” que nos introduce definitivamente en la rueda de Ixión de samsara. En definitiva, «la práctica de la meditación [que, en este caso, se presenta como la solución a la neurosis] no persigue tanto el logro hipotético de la iluminación como el llevar una vida buena».

Aquellas Cuatro Nobles Verdades sobre el sufrimiento de las que nos habla el budismo se refieren a las enseñanzas que el Buda presentó en uno de sus primeros sermones tras su iluminación, y que fueron recogidos en el sutra que lleva por título «Girar la rueda del dharma». La primera verdad, la existencia del sufrimiento, sería aquella que recogería el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, repletos de tristeza, ira, inquietud, preocupación, miedo y desesperación. La segunda verdad es la causa del sufrimiento, es decir, la ignorancia: no vemos la verdad de la vida, estamos atrapados en las redes del deseo y la insatisfacción. La tercera albergaría la comprensión de la verdad de la vida, que otorgaría el fin de la tristeza y haría emerger la paz y la alegría. Por último, la cuarta verdad tendría como contenido la consciencia del propio sufrimiento y su meta se situaría en la liberación de todo dolor. El tránsito de la primera a la última de estas verdades constituye la enseñanza principal de Buda.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Pema Chödrön: Cuando todo se derrumba

 



Pema Chödron, un descubrimiento a compartir

Pequeño fragmento del libro «Cuando todo se derrumba» de Pema Chödron.

«En cualquier caso, cuando nos desfondamos y no podemos encontrar nada a lo que agarrarnos, sentimos un gran dolor…

Cuando las cosas se muestran inestables y nada funciona quizá nos demos cuenta de que estamos a punto de entrar en algo. Tal vez entendamos que es un lugar muy tierno y vulnerable, y que la ternura puede ir en ambos sentidos. Podemos encerrarnos en nosotros mismos y estar resentidos o podemos entrar en contacto con esa cualidad palpitante. Definitivamente, hay algo tierno y palpitante en la sensación de no tener dónde agarrarse.

Es una especie de prueba, el tipo de prueba que necesitan los guerreros espirituales para despertar sus corazones. A veces nos encontramos en ese lugar a causa de una enfermedad o de una muerte, y experimentamos una sensación de pérdida: pérdida de nuestros seres queridos, pérdida de nuestra juventud, pérdida de nuestra vida…

… Que todo se nos venga abajo es una prueba y también una especie de curación. Pensamos que la cuestión es pasar la prueba o superar el problema, pero en realidad las cosas no se resuelven. Las cosas se caen a pedazos y después estos se vuelven a juntar. Simplemente sucede así. La curación proviene del hecho de dejar espacio para que todo esto ocurra: espacio para la pena, para el alivio, para la aflicción y para la alegría.

Podemos pensar que algo nos va a producir placer, pero no sabemos que va a ocurrir en realidad. Podemos pensar que algo nos va a hacer sufrir, pero tampoco lo sabemos con certeza. Lo más importante de todo es dejar sitio para el no saber. Tratamos de hacer lo que pensamos que nos puede ayudar, pero no sabemos. Nunca sabemos si nos vamos a caer redondos o si vamos a aguantar derechos. Cuando vivimos una gran decepción, no sabemos si ahí se acaba la historia; también podría ser el principio de una gran aventura…

…Cuando todo se derrumba y estamos a punto de no se sabe qué , la prueba para cada uno de nosotros es quedarnos en ese punto, en ese límite y no concretar. El camino espiritual no consiste en llegar al cielo y finalmente acceder a un lugar magnífico. De hecho, esta manera de mirar las cosas es lo que nos hace ser desgraciados…

La vida es un buen maestro y un buen amigo… las cosas están siempre en transición. Nada sucede al gusto de nuestros sueños. El hecho de sentirse fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es una situación ideal, una situación en la que ya no permanecemos atrapados y podemos abrir nuestros corazones y mentes más allá de sus anteriores límites. Es un estado muy sensible, no agresivo y de final abierto.

Permanecer en esa agitación, permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalidado… esa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: esta es la senda espiritual.»

Sacado de Chödron, P. Cuando todo se derrumba (1998, 2ª edición 2013). Madrid: Gaia Ediciones.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Trastorno Psicosomático

"El término "trastorno psicosomático" se ha vuelto corriente. La gente entiende bastante bien que hay cierto tipo de enfermedades comunes que no constituyen simplemente una afección corporal, como la escarlatina o la apendicitis, sino que en ellas el trastorno físico está parcial o totalmente relacionado con la vida emocional del individuo. Suele aceptarse que la vida es difícil, y que a veces sus dificultades se manifiestan en una deformación del funcionamiento de la mente, en tanto que otras veces se manifiestan en una deformación del funcionamiento del cuerpo...quisiera puntualizar que cuando utilizo la palabra "mente" no me estoy refiriendo a las actividades de los procesos intelectuales escindidos, sino a la totalidad de la persona, con excepción del cuerpo." Winnicott, D.W. (1991). Exploraciones Psicoanalíticas II. Buenos Aires: Paidós, p. 321.