Ideas de Erich Fromm sobre el amor: El Arte de Amar, Paidós.
El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos, excepto en forma momentánea.
En la sociedad capitalista contemporánea, el significado del término igualdad se ha transformado. Por él se entiende la igualdad de los autómatas, de hombres que han perdido su individualidad. Hoy en día, igualdad significa “identidad” antes que “unidad”.
(…) Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.
Una tercera manera de lograr la unión reside en la actividad creadora, sea la del artista o la del artesano.
La unión simbiótica tiene su patrón biológico en la relación entre madre embarazada y el feto. Son dos y, sin embargo, uno solo. Viven “juntos” (sym-biosis), se necesitan mutuamente. El feto es parte de la madre y recibe de ella cuanto necesita; la madre es su mundo, por así decirlo; lo alimenta, lo protege, pero también su propia vida se ve realzada por él. En la unión simbiótica psíquica, los dos cuerpos son independientes, pero psicológicamente existe el mismo tipo de relación.
La forma pasiva de la unión simbiótica es la sumisión o para usar un término clínico, el masoquismo. La persona masoquista escapa del intolerable sentimiento de aislamiento y separatidad (ing.: separateness) convirtiéndose en una parte de otra persona que la dirige, la guía, la protege, que es su vida y el aire que respira, por así decirlo. Se exagera el poder de aquel al que uno se somete, se trate de una persona o de un dios; él es todo, yo soy nada, salvo en la medida en que formo parte de él…La persona masoquista no tiene que tomar decisiones, ni correr riesgos; nunca está sola, pero no es independiente; carece de integridad; no ha nacido aún totalmente.
La forma activa de la fusión simbiótica es la dominación, o, para utilizar el término correspondiente a masoquismo, el sadismo. La persona sádica quiere escapar de su soledad y de su sensación de estar aprisionada haciendo de otro individuo una parte de sí misma. Se siente acrecentada y realzada incorporando a otra persona, que le adora.
La persona sádica es tan dependiente de la sumisa como ésta de aquella; ninguna de las dos puede vivir sin la otra. La diferencia sólo radica en que la persona sádica domina, explota, lastima y humilla. En un sentido realista, la diferencia es considerable; en un sentido emocional profundo, la diferencia no es mayor que lo que ambas tienen en común: la fusión sin integridad.
Spinoza formuló con suma claridad el segundo concepto de actividad, distinguiendo entre afectos activos y pasivos, entre “acciones” y “pasiones”. En el ejercicio de un afecto activo, el hombre es libre, es el amo de su afecto; en el afecto pasivo, el hombre se ve impulsado, es objeto de motivaciones de las que no se percata. Spinoza llega de tal modo a afirmar que la virtud y el poder son una y la misma cosa. La envidia, los celos, la ambición, todo tipo de avidez, son pasiones; el amor es una acción, la práctica de un poder humano, que sólo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado ed una compulsión.
(…) No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho (…)
Marx ha expresado bellamente este pensamiento: “Supongamos al hombre como hombre, y su relación con el mundo en su aspecto humano, y podremos intercambiar amor sólo por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere disfrutar del arte, se debe poseer una formación artística; si se desea tener influencia sobre otra gente, se debe ser capaz de ejercer una influencia estimulante y alentadora sobre la gente. Cada una de nuestras relaciones con el hombre y con la naturaleza debe ser una expresión definida de nuestra vida real, individual, correspondiente al objeto de nuestra voluntad. Si amamos sin producir amor, si por medio de una expresión de vida como personas que amamos, no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia”.
Apenas si es necesario destacar el hecho de que la capacidad de amar como acto de dar depende del desarrollo caracterológico de la persona. Presupone el logro de una orientación predominantemente productiva, en la que la persona ha superado la dependencia, la omnipotencia narcisista, el deseo de explotar a los demás, o de acumular, y ha adquirido fe en sus propios poderes humanos y coraje para confiar en su capacidad para alcanzar el logro de sus fines. En la misma medida en que carece de tales cualidades, tiene miedo de darse, y por tanto, de amar.
Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento… El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.
El anhelo de conocernos a nosotros mismos y de conocer a nuestros semejantes fue expresado en el lema délfico: “Conócete a ti mismo.” Tal es la fuente primordial de toda psicología. Pero puesto que deseamos conocer todo el hombre, su más profundo secreto, el conocimiento corriente, el que procede sólo del pensamiento, nunca puede satisfacer dicho deseo.
Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura; esto es, en la persona que desarrolla productivamente sus propios poderes, que sólo desea poseer los que ha ganado con su trabajo, que ha renunciado a los sueños narcisistas de omnisapiencia y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que sólo la genuina actividad productiva puede proporcionar.
(…) No critico la teoría freudiana por acentuar excesivamente la sexualidad, sino por su fracaso en comprenderla con profundidad. Freud dio el primer paso hacia el descubrimiento de la significación de las pasiones interpersonales; de acuerdo con sus premisas filosóficas, las explicó fisiológicamente (como descarga de tensiones). En el desarrollo ulterior del psicoanálisis, es necesario corregir y profundizar el concepto freudiano, trasladando las concepciones de Freud de la dimensión fisiológica a la biológica y existencial.
martes, 6 de mayo de 2008
La Niña de los Sueños XXVII
Tras ese prolongado abrazo la muchacha se armó de coraje, su corazón, motor de tan vehemente pasión, rugía, sus pies temblaban, su cara tomaba un color rosáceo. Salió entre la maleza y subió a la atalaya escuchando vitores de los congregados. No sabía lo que iba a pasar pero eso era lo que ella quería hacer, era libre. Tenía una piedra en la mano, la podía arrojar o no, pero si dejaba la piedra ya no podría elegir.
Una vez en lo alto los jinetes se dirigieron hacia la fortificación, el pueblo no les dejaba pasar, ella realizó una breve pero muy sentida interpretación y así se fue dejando llevar. Cuando vio que el pueblo estaba resistiendo por demasiado tiempo el miedo le invitó a abandonar ese lugar. Por una vez se había atrevido a decir en voz alta lo que quería, había elegido, la libertad conlleva siempre una pérdida, la del bastón del otro.
Y así, resuelta y desenfadada salió corriendo, los caballeros salieron en su busca, el muchacho se encargó de indicarles que había marchado en sentido contrario, en definitiva, quién iba a sospechar de ese "insignificante" ser anodino. El pueblo jaleaba extasiado, iluminado por comprobar que alguien podía plantar cara a lo que vivían como injusticia. Fueron momentos de arte, catarsis, liberación y, más tarde, en el descanso del pueblo, de un sueño reparador y por una vez iluminado.
Una vez en lo alto los jinetes se dirigieron hacia la fortificación, el pueblo no les dejaba pasar, ella realizó una breve pero muy sentida interpretación y así se fue dejando llevar. Cuando vio que el pueblo estaba resistiendo por demasiado tiempo el miedo le invitó a abandonar ese lugar. Por una vez se había atrevido a decir en voz alta lo que quería, había elegido, la libertad conlleva siempre una pérdida, la del bastón del otro.
Y así, resuelta y desenfadada salió corriendo, los caballeros salieron en su busca, el muchacho se encargó de indicarles que había marchado en sentido contrario, en definitiva, quién iba a sospechar de ese "insignificante" ser anodino. El pueblo jaleaba extasiado, iluminado por comprobar que alguien podía plantar cara a lo que vivían como injusticia. Fueron momentos de arte, catarsis, liberación y, más tarde, en el descanso del pueblo, de un sueño reparador y por una vez iluminado.
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La Niña de los Sueños,
Rodrigo Córdoba Sanz
lunes, 5 de mayo de 2008
Winnicott: "Sufrí la influencia de Melanie Klein II"
“Sufrí la influencia de Melanie Klein II”
La delincuencia juvenil como signo de esperanza
(Conferencia pronunciada en el Congreso de Subdirectores de Reformatorios,
reunidos en el King Alfred's College, Winchester, abril de 1967) D.W. Winnicott
Cuando el muchacho o la niña ya se han endurecido a causa de la falta de comunicación (al no reconocerse el pedido de auxilio que encierra el acto antisocial), cuando los
beneficios secundarios han adquirido importancia y se ha alcanzado una gran destreza en alguna actividad antisocial, es mucho más difícil advertir (pese a que aún está allí) el pedido de auxilio revelador de la esperanza que alienta en el muchacho o la niña antisociales.
Desearía creer que como resultado de lo que voy a exponer serán capaces de percibir un poco más claramente que en cada uno de los casos que llegan hasta ustedes hubo un comienzo, y que inicialmente hubo una enfermedad, y que el muchacho o la chica se convirtió en un niño deprivado. En otras palabras, lo que ocurrió en determinado momento tenía sentido, aunque para cuando el individuo es confiado al cuidado de
ustedes habitualmente ese sentido se ha desvanecido.
Quisiera establecer un contraste entre esto y los trastornos ambientales ocurridos en una etapa más temprana del desarrollo emocional. Un bebé deprivado de oxígeno no anda por ahí tratando de convencer a alguien de que si hubiera habido suficiente oxígeno todo habría estado bien. Los trastornos ambientales que alteran el desarrollo emocional de un bebé no dan origen a la tendencia antisocial; producen alteraciones de la personalidad que desembocan en una enfermedad de tipo psicótico, de modo que el niño será propenso a la enfermedad mental o bien andará por la vida con ciertas distorsiones en la prueba de realidad, tal vez con la clase de distorsiones que se consideran aceptables. La tendencia antisocial no se relaciona con la privación sino con la deprivación.
privación. (deprivación no está en el diccionario)
(Del lat. privatĭo, -ōnis).
1. f. Acción de despojar, impedir o privar.
2. f. Carencia o falta de algo en alguien capaz de tenerlo.
3. f. Pena con que se desposee a alguien del empleo, derecho o dignidad que tenía, por un delito que ha cometido.
4. f. Ausencia del bien que se apetece y desea.
5. f. Renuncia voluntaria a algo.
Desearía vincular uno de esos aspectos a la relación del niño pequeño con su madre, y
el otro a un desarrollo posterior: la relación del niño con su padre. El primero concierne a todos los niños; el segundo concierne más especialmente a los varones. El primero tiene que ver con el hecho de que la madre, al adaptarse a las necesidades de su pequeño hijo, le permite descubrir objetos creativamente, promoviendo así el uso creativo del mundo. Cuando esto no sucede, el niño pierde contacto con los objetos, y por tanto la
capacidad de descubrir creativamente. En un momento de esperanza extiende la mano y roba un objeto
Aunque el principio es el mismo, me referiré también a la deprivación en relación con el niño y su padre. El niño -en este caso diré el varón, ya que, incluso si se trata de una niña, estoy hablando del varón que hay en ella- comprueba que tener sentimientos agresivos o ser agresivo no presenta riesgos a causa del marco familiar, que es una representación localizada de la sociedad.
Cuando un niño roba o comete una agresión, la sociedad no sólo tiende a
no percibir el mensaje, sino que se siente movida (casi sin excepción) a actuar en forma moralizadora. La reacción espontánea más común es castigar el robo y el acceso maníaco, y se realizan todos los esfuerzos posibles para obligar al joven delincuente a dar una explicación basada en la lógica, la cual, en realidad, es ajena a la cuestión. Después de algunas horas de un insistente interrogatorio, comprobación de huellas
digitales, etc., los niños antisociales producen algún tipo de confesión y explicación simplemente para poner fin a una indagación interminable e intolerable.
En la sesión terapéutica, en cambio, la moralidad no viene al caso, salvo la que pueda manifestarse en el niño. La sesión terapéutica no apunta a investigar los hechos, y a quienquiera que practique la psicoterapia le interesa, no la verdad objetiva, sino lo que es real para el paciente.
Con la palabra sufrimiento quiero expresar confusión aguda, desintegración de la personalidad, caída interminable, pérdida de contacto con el cuerpo, desorientación total y otros estados semejantes. Una vez que hemos llevado al niño a esta zona y él ha sido capaz de recordarla y de recordar lo que sucedió antes, no nos resulta difícil comprender por qué los niños antisociales deben pasar toda su vida buscando este tipo de ayuda. No pueden vivir en armonía consigo mismos hasta que alguien haya retrocedido en el tiempo con ellos y les haya permitido volver a vivir el resultado inmediato de la deprivación y, en consecuencia, recordar.
SOBRE LA CRIMINALIDAD[1] (1934) Melanie Klein
Había encontrado que los niños que muestran tendencias asociales y criminales, y que las actúan (por supuesto que en forma infantil) una y otra vez, eran quienes más temían una cruel represalia de sus padres como castigo de sus fantasías agresivas dirigidas contra esos mismos padres. Niños que inconscientemente estaban esperando ser cortados en pedazos, decapitados, devorados, etc., se sentían compelidos a portarse mal y hacerse castigar, porque el castigo real, por severo que fuera, era reasegurador en comparación con los ataques asesinos que esperaban continuamente de sus padres fantásticamente crueles. Llegué a la conclusión, en el artículo al que acabo de referirme, de que no es (como se supone generalmente) la debilidad o falta de superyó, o en otras palabras, no es la falta de conciencia, sino la abrumadora severidad del superyó, la responsable del comportamiento característico de personas asociales y criminales.
El niño pequeño alberga primero impulsos y fantasías agresivos contra sus padres, después los proyecta en ellos, y así desarrolla una imagen fantástica y distorsionada de la gente que lo rodea.
Vemos así que las mismas raíces psicológicas pueden desarrollarse hasta constituir paranoia o criminalidad. Ciertos factores llevarán en este último caso a una mayor tendencia en el criminal a suprimir las fantasías inconscientes y hacer acting out en la realidad. Las fantasías de persecución
son comunes a ambos estados; es porque el criminal se siente perseguido
que va destruyendo a otros. Naturalmente en casos en que los niños, no
sólo en la fantasía, sino también en la realidad, experimentan cierto grado de
persecución por padres malos o un ambiente miserable, se reforzarán
fuertemente las fantasías. Hay una tendencia común a sobrestimar la importancia del ambiente insatisfactorio, en el sentido en que las dificultades
psicológicas internas, que en parte resultan del ambiente, no se aprecian
suficientemente. Por consiguiente, depende del grado de angustia
intrapsíquica, el que ésta conduzca o no a mejorar el ambiente del niño.
Uno de los grandes problemas sobre los criminales, que siempre los ha hecho incomprensibles al resto del mundo, es su falta de los naturales sentimientos humanos buenos; pero esta falta es sólo aparente. Cuando en el análisis se llega a los más profundos conflictos de los que brotan la angustia y el odio, también se encuentra el amor. El amor no está ausente en el criminal, sino que está escondido y enterrado en forma tal que sólo el análisis puede traerlo a la luz.
…para la persona que está bajo la continua tensión de la persecución, la
seguridad de su propio yo es la primera y única consideración.
ANÁLISIS de las DIFERENCIAS
Winnicott habla del ambiente (lo sabemos de sobras). Klein habla, si lo decimos muy sencillo, del niño como un sujeto que proyecta su maldad en los otros, ese carácter retaliativo se vuelve contra él en forma de objetos persecutorios. Ambas versiones son complementarias, una más vitalista, la otra más depresiva, como sus propios autores. Klein tenía razón en cuanto a las reacciones paranoides de la tendencia antisocial, DWW habla claro sobre un elemento que otros defienden como herencia genética, los padres y familias de sujetos con dicha tendencia suelen tener una organización patológica Inter-intra-familiar. Klein, a pesar de los ataques de los lacanianos por reformular a Freud en cuanto al superyó y analizar las fantasías de niños a través del juego, postula algo sin lo que apenas podríamos hacer psicoterapia, la fantasía del sujeto puede construir un mundo persecutorio. La literatura psiquiátrica-psicológica habla del paranoide como una especie de mago que al final tiene la razón en la realidad y se siente apartado y/o atacado. En un plano superficial, los que rodean al paranoide le apartan asustados. Así se acaba sintiendo atacado, vilipendiado, etc. Entender el proceso de proyección-introyección es fundamental, también para entender a DWW.
Hablaba en la cocina del Hogar con D. Hold sobre aquella frase que quedó grabada en mí por su formato absurdo: Joan Rivière decía sobre DWW que hacía teoría sobre su enfermedad. Creo que esta mujer pensaba que descubría América cuando estaba diciendo algo básico en esta profesión, la mirada del analista y su trabajo intelectual guarda isomorfismo con su mundo interno. El mundo de DWW se basa en la creatividad, el de Klein se funda en los objetos persecutorios, en la culpa y en la reparación. Poco avezado hay que ser para entender esto desde sus biografías.
[1] Contribución al Simposium sobre el Crimen en una reunión de la Sección Médica de la Sociedad
Psicológica Británica, en octubre 24 de 1934.
La delincuencia juvenil como signo de esperanza
(Conferencia pronunciada en el Congreso de Subdirectores de Reformatorios,
reunidos en el King Alfred's College, Winchester, abril de 1967) D.W. Winnicott
Cuando el muchacho o la niña ya se han endurecido a causa de la falta de comunicación (al no reconocerse el pedido de auxilio que encierra el acto antisocial), cuando los
beneficios secundarios han adquirido importancia y se ha alcanzado una gran destreza en alguna actividad antisocial, es mucho más difícil advertir (pese a que aún está allí) el pedido de auxilio revelador de la esperanza que alienta en el muchacho o la niña antisociales.
Desearía creer que como resultado de lo que voy a exponer serán capaces de percibir un poco más claramente que en cada uno de los casos que llegan hasta ustedes hubo un comienzo, y que inicialmente hubo una enfermedad, y que el muchacho o la chica se convirtió en un niño deprivado. En otras palabras, lo que ocurrió en determinado momento tenía sentido, aunque para cuando el individuo es confiado al cuidado de
ustedes habitualmente ese sentido se ha desvanecido.
Quisiera establecer un contraste entre esto y los trastornos ambientales ocurridos en una etapa más temprana del desarrollo emocional. Un bebé deprivado de oxígeno no anda por ahí tratando de convencer a alguien de que si hubiera habido suficiente oxígeno todo habría estado bien. Los trastornos ambientales que alteran el desarrollo emocional de un bebé no dan origen a la tendencia antisocial; producen alteraciones de la personalidad que desembocan en una enfermedad de tipo psicótico, de modo que el niño será propenso a la enfermedad mental o bien andará por la vida con ciertas distorsiones en la prueba de realidad, tal vez con la clase de distorsiones que se consideran aceptables. La tendencia antisocial no se relaciona con la privación sino con la deprivación.
privación. (deprivación no está en el diccionario)
(Del lat. privatĭo, -ōnis).
1. f. Acción de despojar, impedir o privar.
2. f. Carencia o falta de algo en alguien capaz de tenerlo.
3. f. Pena con que se desposee a alguien del empleo, derecho o dignidad que tenía, por un delito que ha cometido.
4. f. Ausencia del bien que se apetece y desea.
5. f. Renuncia voluntaria a algo.
Desearía vincular uno de esos aspectos a la relación del niño pequeño con su madre, y
el otro a un desarrollo posterior: la relación del niño con su padre. El primero concierne a todos los niños; el segundo concierne más especialmente a los varones. El primero tiene que ver con el hecho de que la madre, al adaptarse a las necesidades de su pequeño hijo, le permite descubrir objetos creativamente, promoviendo así el uso creativo del mundo. Cuando esto no sucede, el niño pierde contacto con los objetos, y por tanto la
capacidad de descubrir creativamente. En un momento de esperanza extiende la mano y roba un objeto
Aunque el principio es el mismo, me referiré también a la deprivación en relación con el niño y su padre. El niño -en este caso diré el varón, ya que, incluso si se trata de una niña, estoy hablando del varón que hay en ella- comprueba que tener sentimientos agresivos o ser agresivo no presenta riesgos a causa del marco familiar, que es una representación localizada de la sociedad.
Cuando un niño roba o comete una agresión, la sociedad no sólo tiende a
no percibir el mensaje, sino que se siente movida (casi sin excepción) a actuar en forma moralizadora. La reacción espontánea más común es castigar el robo y el acceso maníaco, y se realizan todos los esfuerzos posibles para obligar al joven delincuente a dar una explicación basada en la lógica, la cual, en realidad, es ajena a la cuestión. Después de algunas horas de un insistente interrogatorio, comprobación de huellas
digitales, etc., los niños antisociales producen algún tipo de confesión y explicación simplemente para poner fin a una indagación interminable e intolerable.
En la sesión terapéutica, en cambio, la moralidad no viene al caso, salvo la que pueda manifestarse en el niño. La sesión terapéutica no apunta a investigar los hechos, y a quienquiera que practique la psicoterapia le interesa, no la verdad objetiva, sino lo que es real para el paciente.
Con la palabra sufrimiento quiero expresar confusión aguda, desintegración de la personalidad, caída interminable, pérdida de contacto con el cuerpo, desorientación total y otros estados semejantes. Una vez que hemos llevado al niño a esta zona y él ha sido capaz de recordarla y de recordar lo que sucedió antes, no nos resulta difícil comprender por qué los niños antisociales deben pasar toda su vida buscando este tipo de ayuda. No pueden vivir en armonía consigo mismos hasta que alguien haya retrocedido en el tiempo con ellos y les haya permitido volver a vivir el resultado inmediato de la deprivación y, en consecuencia, recordar.
SOBRE LA CRIMINALIDAD[1] (1934) Melanie Klein
Había encontrado que los niños que muestran tendencias asociales y criminales, y que las actúan (por supuesto que en forma infantil) una y otra vez, eran quienes más temían una cruel represalia de sus padres como castigo de sus fantasías agresivas dirigidas contra esos mismos padres. Niños que inconscientemente estaban esperando ser cortados en pedazos, decapitados, devorados, etc., se sentían compelidos a portarse mal y hacerse castigar, porque el castigo real, por severo que fuera, era reasegurador en comparación con los ataques asesinos que esperaban continuamente de sus padres fantásticamente crueles. Llegué a la conclusión, en el artículo al que acabo de referirme, de que no es (como se supone generalmente) la debilidad o falta de superyó, o en otras palabras, no es la falta de conciencia, sino la abrumadora severidad del superyó, la responsable del comportamiento característico de personas asociales y criminales.
El niño pequeño alberga primero impulsos y fantasías agresivos contra sus padres, después los proyecta en ellos, y así desarrolla una imagen fantástica y distorsionada de la gente que lo rodea.
Vemos así que las mismas raíces psicológicas pueden desarrollarse hasta constituir paranoia o criminalidad. Ciertos factores llevarán en este último caso a una mayor tendencia en el criminal a suprimir las fantasías inconscientes y hacer acting out en la realidad. Las fantasías de persecución
son comunes a ambos estados; es porque el criminal se siente perseguido
que va destruyendo a otros. Naturalmente en casos en que los niños, no
sólo en la fantasía, sino también en la realidad, experimentan cierto grado de
persecución por padres malos o un ambiente miserable, se reforzarán
fuertemente las fantasías. Hay una tendencia común a sobrestimar la importancia del ambiente insatisfactorio, en el sentido en que las dificultades
psicológicas internas, que en parte resultan del ambiente, no se aprecian
suficientemente. Por consiguiente, depende del grado de angustia
intrapsíquica, el que ésta conduzca o no a mejorar el ambiente del niño.
Uno de los grandes problemas sobre los criminales, que siempre los ha hecho incomprensibles al resto del mundo, es su falta de los naturales sentimientos humanos buenos; pero esta falta es sólo aparente. Cuando en el análisis se llega a los más profundos conflictos de los que brotan la angustia y el odio, también se encuentra el amor. El amor no está ausente en el criminal, sino que está escondido y enterrado en forma tal que sólo el análisis puede traerlo a la luz.
…para la persona que está bajo la continua tensión de la persecución, la
seguridad de su propio yo es la primera y única consideración.
ANÁLISIS de las DIFERENCIAS
Winnicott habla del ambiente (lo sabemos de sobras). Klein habla, si lo decimos muy sencillo, del niño como un sujeto que proyecta su maldad en los otros, ese carácter retaliativo se vuelve contra él en forma de objetos persecutorios. Ambas versiones son complementarias, una más vitalista, la otra más depresiva, como sus propios autores. Klein tenía razón en cuanto a las reacciones paranoides de la tendencia antisocial, DWW habla claro sobre un elemento que otros defienden como herencia genética, los padres y familias de sujetos con dicha tendencia suelen tener una organización patológica Inter-intra-familiar. Klein, a pesar de los ataques de los lacanianos por reformular a Freud en cuanto al superyó y analizar las fantasías de niños a través del juego, postula algo sin lo que apenas podríamos hacer psicoterapia, la fantasía del sujeto puede construir un mundo persecutorio. La literatura psiquiátrica-psicológica habla del paranoide como una especie de mago que al final tiene la razón en la realidad y se siente apartado y/o atacado. En un plano superficial, los que rodean al paranoide le apartan asustados. Así se acaba sintiendo atacado, vilipendiado, etc. Entender el proceso de proyección-introyección es fundamental, también para entender a DWW.
Hablaba en la cocina del Hogar con D. Hold sobre aquella frase que quedó grabada en mí por su formato absurdo: Joan Rivière decía sobre DWW que hacía teoría sobre su enfermedad. Creo que esta mujer pensaba que descubría América cuando estaba diciendo algo básico en esta profesión, la mirada del analista y su trabajo intelectual guarda isomorfismo con su mundo interno. El mundo de DWW se basa en la creatividad, el de Klein se funda en los objetos persecutorios, en la culpa y en la reparación. Poco avezado hay que ser para entender esto desde sus biografías.
[1] Contribución al Simposium sobre el Crimen en una reunión de la Sección Médica de la Sociedad
Psicológica Británica, en octubre 24 de 1934.
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Donald Winnicott,
Melanie Klein,
Rodrigo Córdoba Sanz
Winnicott: "Sufrí la influencia de Melanie Klein I"
“Sufrí la influencia de Melanie Klein I”
Así, en una nota al pie de su libro Escritos de Pediatría y Psicoanálisis, Winnicott comenta la inquebrantable voluntad de separación e individuación. La insobornable forma propia de leer la clínica. Su teoría empezó siendo la de la pediatría y poco a poco, con la enseñanza de Klein y de sus analistas (kleinianos) se desmarcó del kleinismo, para construir su propia teoría, independiente. Una teoría psicoanalítica que amplió el marco de estudio al medio ambiente. Lejos de la “ortopedia del yo” que detestaba Lacan, formuló sus primeros escritos procurando crear una “situación fija” en la que aparecen tres fases donde el bajalenguas, la mesa, la madre, el niño y Winnicott eran los elementos dinámicos en estudio. Reconstruyendo experimentalmente un medio ambiente. Ésta fue su forma de investigar los fenómenos psíquicos y somáticos. Como pediatra, no sólo le interesaban los síntomas sino también el papel de la madre y el padre.
En este trabajo voy a analizar alguno de los escritos claves de Melanie Klein. Esta autora es formidable, sólo atendiendo al título de sus obras podemos darnos cuenta del giro epistemológico que dio Klein.
Situaciones infantiles de angustia reflejadas en una obra de arte y en el impulso creador (1929)
…los detalles con que se expresa el placer del niño en la destrucción…el recurso de ensuciar con excrementos. Romper cosas, desgarrarlas, usar las tenazas como espada, esto representa las otras armas del sadismo primario del niño, quien emplea sus dientes, uñas, músculos, etcétera…
En mi articulo ante el último Congreso (1928) y en otras ocasiones
en nuestra Sociedad, he descrito esta fase temprana del desarrollo, cuyo
contenido es el ataque al cuerpo de la madre con todas las armas de que
dispone el sadismo del niño. Ahora, empero, puedo ampliar este enunciado
anterior y decir más exactamente dónde debe insertarse esta fase en el
esquema del desarrollo sexual propuesto por Abraham. Mis resultados me
llevan a concluir que la fase en que el sadismo está en su apogeo en todos
los campos de que deriva, precede a la primera fase anal y adquiere una
significación especial del hecho de que es también en este estadío del
desarrollo donde las tendencias edípicas aparecen por primera vez. Es
decir, que el conflicto edípico empieza bajo la completa dominación del
sadismo. Mi suposición de que la formación del superyó sigue de cerca al
principio de las tendencias edípicas, y que por consiguiente el yo cae bajo
la influencia del superyó incluso en este período temprano, explica según
creo por qué esta influencia es tan tremendamente poderosa. Porque,
cuando los objetos están introyectados, el ataque dirigido hacia ellos con
todas las armas del sadismo provoca el terror del sujeto a ser atacado en
forma análoga por los objetos externos e internalizados…En el desarrollo ontogenético el sadismo es superado cuando el sujeto avanza en el nivel genital. Cuanto más poderosamente se instaura esta fase, más capaz se vuelve el niño de amor objetal, y de vencer su sadismo por me dio de compasión y simpatía.
Su angustia fortifica la compulsión de repetición, y su necesidad de castigo
contribuye a la compulsión (que se ha hecho ahora muy fuerte) a procurarse un castigo real para que la angustia sea apaciguada por un castigo menos grave que el que la situación de angustia le hace anticipar…
"El espacio vacío ha sido llenado."
Es obvio que el deseo de reparar, de arreglar el darlo psicológicamente hecho a la madre, y también restaurarse a sí misma, estaban en el fondo del impulso a pintar estos retratos de sus parientes. El de la anciana, en el umbral de la muerte, parece ser la expresión del deseo sádico primario de destruir. El deseo de la niña de destruir a su madre, de verla vieja, gastada, desfigurada, es la causa de la necesidad de representarla en plena posesión de fuerza y belleza. Al hacerlo, la hija puede apaciguar su propia angustia y puede tratar de reparar a la madre y
hacerla nueva a través del retrato. En los análisis de niños, cuando la
representación de deseos destructivos es seguida de la expresión de
tendencias reactivas, encontramos constantemente que el dibujo y la
pintura son utilizados como medios de reparar a la gente.
COMENTARIO
La agresividad del niño para Klein es propio de su naturaleza, propio de superyó temprano, estricto, un sadismo que precede a la reparación. Para crear hay antes un daño. Esta idea es completamente maravillosa, apasionante. Freud apuntó ya esta idea en “El poeta y los sueños diurnos”. Para Freud el juego en el adulto es la creatividad y procede de la fuente de la frustración, de la neurosis. Melanie Klein opina que hay, por así decir, una destructividad primaria y una creatividad reparadora. Para Winnicott la creatividad es la Vida, el verdadero self, las desviaciones se deben a que se ha internalizado una madre mala, objetivamente mala, no mala en la fantasía. Esa es una diferencia fundamental entre Klein y DWW, ella habla de objetos introyectados, DWW habla de la realidad externa. DWW prosiguió el estudio de Klein, trabajando donde ella no alcanzó. Para Melanie Klein el objeto malo es fruto de la introyección previa proyección de impulsos agresivos (pulsión de muerte).
La Psicoterapia de la Psicosis (1930)
Si se estudian los criterios diagnósticos de los psiquiatras, llama la atención el hecho de que, aunque parezca que son muy complicados y que cubren un amplio campo clínico, sin embargo, en esencia, se centran principalmente alrededor de un punto especial: la relación con la realidad…pecho y un vientre lleno de objetos peligrosos, peligrosos a causa del impulso del propio niño a atacarlos. En tanto que el curso normal del desarrollo del yo es evaluar gradualmente los objetos externos a través de una escala realista de valores, para el psicótico, el mundo -y esto en la práctica significa objetos- es valorado en el nivel original; es decir, que para el psicótico el mundo es todavía un vientre poblado de objetos peligrosos.
à Klein se refiere a angustias psicóticas, ansiedades paranoides, en definitiva, un conjunto de términos con un significado distinto al de la psiquiatría. En relación a la psicosis Klein la entiende como una forma disociada (splitting): hendidura, corte; en la forma de ver la realidad que se debe a la agresividad y el sadismo. Freud lo explicaría como introversión de la líbido, desalojo de la líbido de los objetos y regreso al yo, empobreciendo el contacto con la realidad. Para Winnicott la psicosis es fruto de una experiencia en el medio ambiente anómala. Empero, conecta la fantasía del vientre y el pene de Klein, con la correspondiente envidia y ataque a esos objetos. Dicho ataque en la fantasía se debe, para Winnicott, a una falta en la realidad externa, eso produciría la ansiedad persecutoria.
Klein nace de la fantasía y conecta con la realidad su teoría, Winnicott parte de la realidad (de su consultorio privado y público) y se acerca a la fantasía. Es un viaje con retorno.
Contribución a la psicogénesis de los estados maniaco-depresivos (1935)
En mis primeros trabajos[1] describí una fase del sadismo en su cúspide, por la que pasan los niños durante el primer año de vida. En los primeros meses de la existencia del niño, éste tiene impulsos sádicos dirigidos no sólo contra el pecho de su madre, sino también contra el interior de su cuerpo; impulsos de vaciar su contenido, de devorarlo y destruirlo por todos los medios que el sadismo pueda sugerir. La evolución del niño pequeño está gobernada por los mecanismos de introyección y proyección. Desde el comienzo el yo introyecta objetos "buenos" y "malos", siendo el pecho de la madre el prototipo de ambos: de los objetos buenos cuando el niño lo consigue, y de los malos cuando le es negado. Esto se debe a que el bebé proyecta su propia agresión sobre estos objetos que siente que son malos, y no sólo porque frustran sus deseos: el niño los concibe como realmente peligrosos, como perseguidores que teme lo devoren, vacíen el interior de su cuerpo, lo corten en pedazos, lo envenenen, que, en resumen, maquinen su destrucción por todos los medios que el sadismo pueda imaginar. Estas imagos, que son un cuadro fantásticamente distorsionado de los objetos reales sobre los cuales se basan, las instala el bebé no sólo en el mundo exterior, sino, por el proceso de incorporación, también dentro del yo. De ahí que niños muy pequeños pasen por situaciones de ansiedad (y reaccionen con mecanismos de defensa) cuyo contenido es comparable al de la psicosis de los adultos.
…En trabajos anteriores estudié en detalle el concepto de reparación y demostré que era algo más que una simple formación reactiva. El yo se siente impelido (y ahora puedo agregar: impelido por su identificación con el objeto bueno internalizado) a llevar a cabo una reparación por todos los ataques sádicos que en fantasías regresivas anteriores ha dirigido contra ese objeto. Cuando se ha logrado una división bien marcada entre los objetos buenos y malos, el sujeto trata de reparar a los primeros, compensando en la reparación todos sus ataques sádicos en cada detalle[2]. Pero todavía el yo del niño pequeño no puede creer mucho en la bondad del objeto y en su
propia capacidad para realizar una restitución. Por otra parte, por medio de su identificación con el objeto bueno y por medio de otros progresos mentales, el yo se ve forzado a un mayor reconocimiento de la realidad psíquica, y esto lo expone a conflictos terribles. Algunos de sus objetos –un número indefinido- son sus perseguidores, listos para devorarlo y aniquilarlo. De todos modos, ellos ponen en peligro al yo y a los objetos buenos. Todo daño que el niño hace en la fantasía a sus padres (primero por odio y después como autodefensa), todo acto de violencia cometido por un objeto contra otro (en particular el coito destructivo y sádico de los padres, que él considera como otra consecuencia de sus deseos sádicos), todo esto acontece para él tanto en el mundo exterior como dentro del yo (desde que el yo está absorbiendo constantemente todo el mundo exterior). Pero estos procesos son considerados como una fuente perpetua de peligro tanto para el objeto bueno como para el yo…
Al mismo tiempo, desde que el yo no puede mantener separados los objetos malos y buenos en su mente, una parte de la crueldad de los objetos malos y del ello la adjudica a los objetos buenos, y esto aumenta aun más la severidad de sus exigencias. Estas estrictas exigencias tienen el propósito de amparar al yo en su lucha contra sus odios incontrolables y sus malos objetos
perseguidores, con los cuales el yo está parcialmente identificado. Cuanto
mayor es la ansiedad por perder los objetos amados, mayor es la lucha del
yo por salvarlos, y cuanto más difícil se hace la tarea de reparación, más
estrictas se vuelven las exigencias asociadas con el superyó…
Es un objeto "perfecto" que está en pedazos; asi, la reparación presupone la necesidad de embellecerlo y "perfeccionarlo''. La idea de perfección es, además, tan apremiante, porque refuta la idea de desintegración. En algunos pacientes que se han alejado de su madre por odio o desagrado y que han usado otros mecanismos para separarse de ella, he encontrado, sin embargo. que existía en sus espíritus un hermoso cuadro de la madre, pero sentido sólo como el cuadro de ella y no como realidad. El objeto real no era atractivo: en realidad, una persona dañada, incurable y por consiguiente temida. El cuadro hermoso había sido disociado del objeto real, pero no se había renunciado nunca a él, y jugaba un papel importante en los modos específicos de su sublimación…
Si comparamos los sentimientos del paranoico con los del depresivo
en lo que respecta al despedazamiento del objeto, se puede ver que,
característicamente, el depresivo está lleno de dolor y ansiedad por el
objeto, y luchará por unirlo de nuevo en un todo, mientras que para el
paranoico el objeto despedazado es principalmente una multitud de
perseguidores, desde que cada trozo crece de nuevo y se vuelve perseguidor. Este concepto de los fragmentos peligrosos a los que se ve reducido el objeto me parece estar en concordancia con la introyección de los objetos -fragmentos (trozos de objetos) que se equiparan a las heces (Abraham)- y con la ansiedad de una multitud de perseguidores internos, los cuales, en mi opinión, dan lugar a la introyección de muchos trozos de objetos y de multitud de heces peligrosas.
He considerado ya las distinciones entre el paranoico y el depresivo
desde el punto de vista de sus distintas relaciones con sus objetos amados.
Tomemos las inhibiciones y ansiedades relativas a la comida. La ansiedad
de absorber sustancias destructivas, peligrosas, dentro de sí, será
paranoica, mientras que la ansiedad de destruir los objetos buenos externos
mordiéndolos y mascándolos, o la de poner en peligro el buen objeto
interno introduciendo sustancias malas del mundo exterior, será depresiva.
La ansiedad de poner en peligro a un objeto bueno externo dentro de uno
mismo, incorporándolo es depresiva. Por otra parte en casos de fuertes
rasgos paranoicos, he encontrado fantasías de atraer astutamente a un
objeto externo hacia el interior, que es considerado como una cueva llena de
monstruos peligrosos, etc., para destruirlo. Aquí podemos ver las razones
paranoicas de una intensificación del mecanismo de introyección, mientras
que, como sabemos, el depresivo emplea este mecanismo tan
característicamente, con el propósito de incorporar un objeto
bueno.
…En este caso, así como en otros, he encontrado que los temores y sospechas paranoides eran reforzados como defensa contra la posición depresiva encubierta….
Según mi opinión, siempre que exista un estado de depresión[3], sea éste en los casos de sujetos normales, de neuróticos, de maníaco-depresivos o en casos mixtos, existe siempre este agrupamiento específico de ansiedades, de sentimientos de infelicidad, de mecanismos de defensa, que he descrito aquí como posición depresiva. Si este punto de vista resulta correcto, podremos comprender esos casos tan frecuentes donde se nos presenta un cuadro de una mezcla de tendencias paranoicas y depresivas, puesto que podemos entonces aislar los diversos elementos que lo componen.
Las consideraciones que he presentado en este trabajo sobre los
estados depresivos nos pueden conducir, según creo, a la mejor
comprensión de la todavía enigmática reacción del suicida. De acuerdo con
los hallazgos de Abraham y James Glover, el suicidio se dirige contra el
objeto introyectado17. Pero mientras que al cometer un suicidio el yo intenta
matar sus objetos malos, según mi opinión, al mismo tiempo también se
propone siempre salvar sus objetos amados, internos y externos. Para
abreviar: en algunos casos las fantasías subyacentes al suicidio se dirigen a
salvar los objetos buenos internalizados y esa parte del yo que está
identificada con los objetos buenos, y también a destruir la otra parte del yo
que está identificada con los objetos malos y con el ello. Al mismo tiempo
se satisface el odio contra el objeto por medio del exterminio de los objetos
internos. Una satisfacción más, que está en el fondo de la fantasía de
suicidio, es la unión pacífica del yo con sus objetos amados.
En otros casos, el suicidio parece estar determinado por el mismo
tipo de fantasías, pero aquí ellas se relacionan con el mundo externo y con
los objetos reales, en parte como sustitutos de los internalizados. Como se
ha dicho, el melancólico odia no sólo sus objetos "malos", sino también su
ello, y a este último vehementemente. Al cometer un suicidio, su propósito
puede ser el de establecer una reparación definida de sus relaciones con el
mundo externo, porque él desea librar el objeto real -o el objeto "bueno"
que ese mundo entero representa y con el cual el yo está identificado- de si
mismo, de aquella parte de su yo que está identificada con sus objetos
malos y con su ello18. En el fondo percibimos que tal paso es la reacción
contra sus propios ataques sádicos sobre el cuerpo de la madre, que es
para el niño la primera representación del mundo exterior. El odio y la
venganza contra los objetos reales (buenos) también tienen un papel
importante en ese paso, pero es precisamente en él contra el que lucha en
parte el melancólico por medio del suicidio, para salvar a sus objetos
reales. Freud ha declarado que la manía tiene como base los mismos
contenidos que la melancolía y que es, en realidad, una vía de escape de ese
estado. Diría que en la manía el yo busca refugio no sólo de la melancolía
sino también de una situación paranoica que no puede dominar. La
dependencia peligrosa y torturante de sus objetos amados impulsa al yo a
librarse de ellos. Pero su identificación con estos objetos es demasiado
profunda para poder renunciar a los mismos. Por otra parte, el yo está
perseguido por su miedo a los objetos malos y al ello, y, en sus esfuerzos
por escapar de todas estas miserias, recurre a muchos mecanismos de
defensa distintos, algunos de los cuales, desde que pertenecen a distintas
fases del desarrollo, son mutuamente incompatibles.
…En los sueños, el paciente trata la posición depresiva de diferentes
modos. Utiliza el control maníaco sádico sobre sus padres, manteniéndolos
separados uno del otro y deteniéndolos así en su relación tanto placentera
como peligrosa. Al mismo tiempo, su modo de cuidarlos es signo de
mecanismos obsesivos. Pero su modo principal de dominar la posición depresiva es la restauración. En el sueño se dedica por entero a sus padres con el objeto de mantenerlos vivos y confortables. Su interés por su madre se remonta a su más temprana infancia, y su impulso por restaurar y restituir a sus padres y hacer que prosperen sus hijos en ella desempeña un papel importante en todas sus sublimaciones.
La conexión entre los hechos peligrosos en su interior y sus
ansiedades hipocondríacas está demostrada por las observaciones que hizo
el paciente sobre su resfrío, en la época de sus sueños…Vemos ahora cómo, tan pronto como los padres se internalizan, las tempranas fantasías agresivas contra ellos llevan al miedo
paranoide de persecuciones externas y, aun más, internas, y producen
penas y tristeza por la inminente muerte de los objetos incorporados, junto
con ansiedades hipocondríacas, dando origen a una tentativa por defenderse de manera maníaca omnipotente de los insoportables sufrimientos que se le han impuesto al yo de adentro. También vemos cómo el centro dominante y sádico de los padres internalizados se modifica a medida que aumentan las tendencias a la restauración.
No pasa mucho tiempo antes de que el niño perciba más y más todo el cuerpo de la madre, y estas percepciones más realistas se extienden al mundo que está más allá de la madre. El hecho de que una buena relación con la madre y con el mundo externo ayuda al niño a vencer sus tempranas ansiedades paranoides arroja una nueva luz sobre la importancia de las primeras experiencias.
He destacado en este trabajo que considero a la posición infantil depresiva como central para el desarrollo. La evolución normal del individuo y de su capacidad de amor parecen basarse ampliamente en el grado en el cual el yo temprano logró elaborar y superar esta posición decisiva. En último término, ello parece depender de la capacidad del yo de modificar suficientemente sus situaciones de angustia primitivas y sus mecanismos de defensa y de desarrollar así nuevos mecanismos de defensa, que llevan a una confianza mayor y más estable en la bondad de sus objetos (internalizados y reales) y simultáneamente a una mayor independencia de éstos y especialmente en un interjuego exitoso entre las posiciones depresiva, maníaca y obsesional y esos mecanismos defensivos.
La Defensa Maniaca. Leído ante la Sociedad Psicoanalítica Británica, el 4 de diciembre de 1935. Así ingresó D.W. Winnicott en la SPB.
«La defensa maníaca», estriba en que forma parte de la defensa maníaca de uno mismo el ser incapaz de dar plena importancia a la realidad interior. Existen fluctuaciones en la capacidad personal para respetar la realidad interior, fluctuaciones que se relacionan con la angustia depresiva que hay en uno mismo…La realidad interna misma debe describirse en términos de fantasía y, sin embargo, no es sinónimo de la fantasía, ya que se utiliza para denotar la fantasía que es personal y organizada, así como históricamente relacionada con las experiencias, excitaciones, placeres y dolores físicos de la infancia. La fantasía forma parte del esfuerzo que realiza el individuo para afrontar la realidad interior. Cabe decir que la fantasía (2) y los sueños diurnos o devaneos constituyen manipulaciones omnipotentes de la realidad externa. El control omnipotente de la realidad entraña la fantasía acerca de esta realidad. El individuo llega a la realidad externa a través de las fantasías omnipotentes elaboradas dentro del esfuerzo para alejarse de la realidad interior…Las fantasías omnipotentes no constituyen tanto la realidad interior misma como una defensa contra la aceptación de dicha realidad. En tal defensa uno encuentra una huida hacia la fantasía omnipotente, al igual que el paso de unas fantasías a otras y, siguiendo este orden, una huida hacia la realidad externa. Es por eso que creo que no se puede comparar ni contrastar la fantasía con la realidad….Prefiero decir que en nuestra realidad interior el padre interiorizado es constantemente asesinado, robado, quemado y despedazado, y nosotros agradecemos la personalización de este padre interiorizado por un hombre real a cuya salvación podemos contribuir…En la defensa maníaca el duelo no puede ser experimentado….En la defensa maníaca la relación con un objeto externo se utiliza con la finalidad de aminorar. La defensa maníaca se manifiesta de diversas maneras, distintas aunque interrelacionadas; a saber:
- Negación de la realidad interior.
- Huida desde la realidad interior a la realidad exterior.
- Mantenimiento en «animación suspendida» de la gente que hay en la realidad interior.
- Negación de las sensaciones de depresión -es decir, la pesadez, la tristeza- por medio de sensaciones específicamente opuestas: ligereza, buen humor, etc.
El empleo de casi cualquier par antitético en la tranquilización contra la muerte, el caos, el misterio, etc., ideas que pertenecen al contenido de fantasía de la posición defensiva.la tensión en la realidad interna.
Vacío Pleno
Muerto Vivo, en crecimiento
Quieto En movimiento
Gris Coloreado
Oscuro Claro, luminoso
Invariable Constantemente cambiante
Lento Rápido
Dentro Fuera
Pesado Ligero
Hundimiento Alzamiento
Bajo Alto
Triste Gracioso, feliz
Deprimido Alegre, dominante
Serio Cómico
Separado Unido
Separándose Uniéndose
Informe Formado, proporcionado
Caos Orden
Discordancia Armonía
Fracaso Éxito
En pedazos Integrado
Desconocido y misterioso Conocido y comprendido
Aquí las palabras clave son «muerto» y «vivo», «en movimiento», «en crecimiento».
Depresivo-Ascensivo
Deseo dedicar unos minutos a una de estas defensas que me interesa especialmente. Mientras buscaba una palabra capaz do describir las defensas totales contra la posición depresiva me encontré con la palabra «ascensivo». Me la sugirió el doctor M. Taylor como antítesis de «depresivo» y resulta mejor que la palabra “ animado” que, en los informes bursátiles, suele emplearse como antítesis de «depresivo». Me parece a mí que esta palabra, «ascensivo», es susceptible de ser utilizada provechosamente para llamar la atención sobre la defensa contra un aspecto de la depresión que se ve entrañado en términos como «pesadez de corazón», «profundidad de desánimo», “esa sensación de
hundimiento», etc.
RESUMEN
He querido presentar ciertos aspectos de la defensa maníaca y de sus relaciones con la posición depresiva. Al hacerlo he lanzado una invitación a que se discutiese el término «realidad interior», y su significado en comparación con el significado de los términos «fantasía» y «realidad exterior».
El incremento de mi propia comprensión de la defensa maníaca, así como el mayor reconocimiento de la realidad interior, han significado un gran cambio para mi práctica psicoanalítica. Confío en que el material de los casos citados les haya dado algún indicio de la forma en que la defensa maníaca es de un modo u otro un mecanismo que se emplea corrientemente y que debe estar constantemente presente en la mente del analista, al igual que cualquier otro mecanismo de defensa. No basta con decir que ciertos casos dan muestras de defensa maníaca, ya que en todo caso la posición depresiva es alcanzada antes o después, por lo que siempre es de esperar que aparezca. Y, en cualquier caso, el análisis del final del análisis (que puede darse al principio) incluye el análisis de la posición depresiva.
Es posible que un buen análisis sea incompleto porque el final se haya presentado sin ser plenamente analizado; o es posible que un análisis resulte prolongado debido en parte a que el final, y el mismo resultado afortunado, se hagan tolerables a un paciente solamente cuando hayan sido analizados; o sea, después de completar el análisis de la posición depresiva, y el de las defensas que contra ella puedan emplearse, incluyendo la defensa maníaca.
El término «defensa maníaca» se ha forjado para cubrir la capacidad que tiene una persona para negar la angustia depresiva que es inherente al desarrollo emocional, la angustia que corresponde a la capacidad del individuo para sentirse culpable y también para reconocer la responsabilidad por las experiencias instintivas, y por la agresión en la fantasía que acompaña a las experiencias instintivas.
COMENTARIO
Klein parte de un supuesto platónico: el bebé tiene unas ideas innatas. En su aparato psíquico prefundado existe un temor a la escena edípica. El bebé desarrolla primero una posición de ataque llevado por la envidia y la destrucción. El bebé introyecta lo bueno y lo malo, pero en esa “posición” esquizo-paranoide, los objetos son parciales, no están integradas todas las partes o atributos del objeto por lo que existe una fácil disociación que puede llevar a la psicosis. La culpa sería el motor de la depresión y el maniaco-depresivo fluctúa entre el ataque y la reparación, entre la angustia paranoide y la angustia depresiva. Por tanto el maniaco-depresivo y las patologías cicloides que tienen como base esos cambios de humor se entienden según Klein por una, llamaremos “Tercera Fase”, entre la posición esquizo-paranoide y la posición depresiva. El término posición lo acuña así Klein por la connotación dinámica que no tendría, por ejemplo, fijación.
Winnicott habla en términos similares a Klein pero introduce ya elementos diferenciales. Como Klein postula que la defensa maniaca es una defensa que empobrece el contacto con la realidad, también reconoce que es una defensa ante una angustia de tipo depresivo. Eso sí, no defiende las posiciones tal y como las perfila Klein, sin embargo será muy útil entender a Klein para poder sacar jugo a Winnicott.
Rodrigo Córdoba Sanz. Huesca, 2-5-2008
[1] El Psicoanálisis de Niños. Capítulos 8 y 9.
[2] He visto que las tendencias de reparación y las fantasías son activadas por los sentimientos de culpabilidad y las angustias, q ue aparecen ya en el niño muy pequeño a causa de sus fantasías sádicas, de manera que las tres tendencias (agresión, sentimiento de culpa y reparación), en relación con los procesos tempranos de introyección, se conectan muy pronto íntimamente entre ellas.
Los análisis de niños pequeños que hacen posibles conclusiones bien fundamentadas sobre
estos estadíos tempranos del desarrollo hacen suponer que las tendencias de reparación y fantasías de este cará cter empiezan ya a originarse al medio año de vida y van junto con la introyección del objeto bueno total y son el despertar de los sentimientos de amor hacia éste.
La comprensión y el análisis de esta conexión temprana en las situaciones -tanto internas como
externas- en las que se han desarrollado las tres tendencias es de la mayor importancia terapéutica. Si se cumple consecuentemente, este principio ejerce una influencia decisiva sobre la técnica.
[3] Esto está relacionado con otro problema de terminología. En mi trabajo anterior he descrito las ansiedades psicóticas y los mecanismos de defensa del niño usando los términos de fases de desarrollo. La conexión genética entre ellos, en verdad, ha sido respetada en mi descripción y también la fluctuación que continúa entre ellas bajo la presión de la ansiedad hasta que se alcanza más estabilidad, pero desde que en el desarrollo normal las ansiedades psicóticas y los mecanismos nunca predominan aislados (un hecho que por supuesto yo he puntualizado), el término fases psicóticas no es realmente satisfactorio.
Uso ahora el término "posición", en relación con las primeras ansiedades y defensas psicóticas en el desarrollo del niño. Me parece mas fácil asociarlas con este término que con las palabras "mecanismos" o "fases", para las diferencias entre las ansiedades. psicóticas del desarrollo del niño y las psicosis del adulto: por ejemplo, el rápido cambio que tiene lugar de una ansiedad de persecución o de un sentimiento depresivo a una actitud normal, cambio que es tan característico en el niño. Publicado en el Int. Journal of Psychoanalysis, vol. III, 1922; es el resumen de una conferencia dada en la Sociedad Psicoanalítica Británica con el título de "Notes on the Psychopathology of Suicide". Abraham describe el caso de un enfermo que hizo una tentativa de suicidio para librarse del objeto introyectado.
Así, en una nota al pie de su libro Escritos de Pediatría y Psicoanálisis, Winnicott comenta la inquebrantable voluntad de separación e individuación. La insobornable forma propia de leer la clínica. Su teoría empezó siendo la de la pediatría y poco a poco, con la enseñanza de Klein y de sus analistas (kleinianos) se desmarcó del kleinismo, para construir su propia teoría, independiente. Una teoría psicoanalítica que amplió el marco de estudio al medio ambiente. Lejos de la “ortopedia del yo” que detestaba Lacan, formuló sus primeros escritos procurando crear una “situación fija” en la que aparecen tres fases donde el bajalenguas, la mesa, la madre, el niño y Winnicott eran los elementos dinámicos en estudio. Reconstruyendo experimentalmente un medio ambiente. Ésta fue su forma de investigar los fenómenos psíquicos y somáticos. Como pediatra, no sólo le interesaban los síntomas sino también el papel de la madre y el padre.
En este trabajo voy a analizar alguno de los escritos claves de Melanie Klein. Esta autora es formidable, sólo atendiendo al título de sus obras podemos darnos cuenta del giro epistemológico que dio Klein.
Situaciones infantiles de angustia reflejadas en una obra de arte y en el impulso creador (1929)
…los detalles con que se expresa el placer del niño en la destrucción…el recurso de ensuciar con excrementos. Romper cosas, desgarrarlas, usar las tenazas como espada, esto representa las otras armas del sadismo primario del niño, quien emplea sus dientes, uñas, músculos, etcétera…
En mi articulo ante el último Congreso (1928) y en otras ocasiones
en nuestra Sociedad, he descrito esta fase temprana del desarrollo, cuyo
contenido es el ataque al cuerpo de la madre con todas las armas de que
dispone el sadismo del niño. Ahora, empero, puedo ampliar este enunciado
anterior y decir más exactamente dónde debe insertarse esta fase en el
esquema del desarrollo sexual propuesto por Abraham. Mis resultados me
llevan a concluir que la fase en que el sadismo está en su apogeo en todos
los campos de que deriva, precede a la primera fase anal y adquiere una
significación especial del hecho de que es también en este estadío del
desarrollo donde las tendencias edípicas aparecen por primera vez. Es
decir, que el conflicto edípico empieza bajo la completa dominación del
sadismo. Mi suposición de que la formación del superyó sigue de cerca al
principio de las tendencias edípicas, y que por consiguiente el yo cae bajo
la influencia del superyó incluso en este período temprano, explica según
creo por qué esta influencia es tan tremendamente poderosa. Porque,
cuando los objetos están introyectados, el ataque dirigido hacia ellos con
todas las armas del sadismo provoca el terror del sujeto a ser atacado en
forma análoga por los objetos externos e internalizados…En el desarrollo ontogenético el sadismo es superado cuando el sujeto avanza en el nivel genital. Cuanto más poderosamente se instaura esta fase, más capaz se vuelve el niño de amor objetal, y de vencer su sadismo por me dio de compasión y simpatía.
Su angustia fortifica la compulsión de repetición, y su necesidad de castigo
contribuye a la compulsión (que se ha hecho ahora muy fuerte) a procurarse un castigo real para que la angustia sea apaciguada por un castigo menos grave que el que la situación de angustia le hace anticipar…
"El espacio vacío ha sido llenado."
Es obvio que el deseo de reparar, de arreglar el darlo psicológicamente hecho a la madre, y también restaurarse a sí misma, estaban en el fondo del impulso a pintar estos retratos de sus parientes. El de la anciana, en el umbral de la muerte, parece ser la expresión del deseo sádico primario de destruir. El deseo de la niña de destruir a su madre, de verla vieja, gastada, desfigurada, es la causa de la necesidad de representarla en plena posesión de fuerza y belleza. Al hacerlo, la hija puede apaciguar su propia angustia y puede tratar de reparar a la madre y
hacerla nueva a través del retrato. En los análisis de niños, cuando la
representación de deseos destructivos es seguida de la expresión de
tendencias reactivas, encontramos constantemente que el dibujo y la
pintura son utilizados como medios de reparar a la gente.
COMENTARIO
La agresividad del niño para Klein es propio de su naturaleza, propio de superyó temprano, estricto, un sadismo que precede a la reparación. Para crear hay antes un daño. Esta idea es completamente maravillosa, apasionante. Freud apuntó ya esta idea en “El poeta y los sueños diurnos”. Para Freud el juego en el adulto es la creatividad y procede de la fuente de la frustración, de la neurosis. Melanie Klein opina que hay, por así decir, una destructividad primaria y una creatividad reparadora. Para Winnicott la creatividad es la Vida, el verdadero self, las desviaciones se deben a que se ha internalizado una madre mala, objetivamente mala, no mala en la fantasía. Esa es una diferencia fundamental entre Klein y DWW, ella habla de objetos introyectados, DWW habla de la realidad externa. DWW prosiguió el estudio de Klein, trabajando donde ella no alcanzó. Para Melanie Klein el objeto malo es fruto de la introyección previa proyección de impulsos agresivos (pulsión de muerte).
La Psicoterapia de la Psicosis (1930)
Si se estudian los criterios diagnósticos de los psiquiatras, llama la atención el hecho de que, aunque parezca que son muy complicados y que cubren un amplio campo clínico, sin embargo, en esencia, se centran principalmente alrededor de un punto especial: la relación con la realidad…pecho y un vientre lleno de objetos peligrosos, peligrosos a causa del impulso del propio niño a atacarlos. En tanto que el curso normal del desarrollo del yo es evaluar gradualmente los objetos externos a través de una escala realista de valores, para el psicótico, el mundo -y esto en la práctica significa objetos- es valorado en el nivel original; es decir, que para el psicótico el mundo es todavía un vientre poblado de objetos peligrosos.
à Klein se refiere a angustias psicóticas, ansiedades paranoides, en definitiva, un conjunto de términos con un significado distinto al de la psiquiatría. En relación a la psicosis Klein la entiende como una forma disociada (splitting): hendidura, corte; en la forma de ver la realidad que se debe a la agresividad y el sadismo. Freud lo explicaría como introversión de la líbido, desalojo de la líbido de los objetos y regreso al yo, empobreciendo el contacto con la realidad. Para Winnicott la psicosis es fruto de una experiencia en el medio ambiente anómala. Empero, conecta la fantasía del vientre y el pene de Klein, con la correspondiente envidia y ataque a esos objetos. Dicho ataque en la fantasía se debe, para Winnicott, a una falta en la realidad externa, eso produciría la ansiedad persecutoria.
Klein nace de la fantasía y conecta con la realidad su teoría, Winnicott parte de la realidad (de su consultorio privado y público) y se acerca a la fantasía. Es un viaje con retorno.
Contribución a la psicogénesis de los estados maniaco-depresivos (1935)
En mis primeros trabajos[1] describí una fase del sadismo en su cúspide, por la que pasan los niños durante el primer año de vida. En los primeros meses de la existencia del niño, éste tiene impulsos sádicos dirigidos no sólo contra el pecho de su madre, sino también contra el interior de su cuerpo; impulsos de vaciar su contenido, de devorarlo y destruirlo por todos los medios que el sadismo pueda sugerir. La evolución del niño pequeño está gobernada por los mecanismos de introyección y proyección. Desde el comienzo el yo introyecta objetos "buenos" y "malos", siendo el pecho de la madre el prototipo de ambos: de los objetos buenos cuando el niño lo consigue, y de los malos cuando le es negado. Esto se debe a que el bebé proyecta su propia agresión sobre estos objetos que siente que son malos, y no sólo porque frustran sus deseos: el niño los concibe como realmente peligrosos, como perseguidores que teme lo devoren, vacíen el interior de su cuerpo, lo corten en pedazos, lo envenenen, que, en resumen, maquinen su destrucción por todos los medios que el sadismo pueda imaginar. Estas imagos, que son un cuadro fantásticamente distorsionado de los objetos reales sobre los cuales se basan, las instala el bebé no sólo en el mundo exterior, sino, por el proceso de incorporación, también dentro del yo. De ahí que niños muy pequeños pasen por situaciones de ansiedad (y reaccionen con mecanismos de defensa) cuyo contenido es comparable al de la psicosis de los adultos.
…En trabajos anteriores estudié en detalle el concepto de reparación y demostré que era algo más que una simple formación reactiva. El yo se siente impelido (y ahora puedo agregar: impelido por su identificación con el objeto bueno internalizado) a llevar a cabo una reparación por todos los ataques sádicos que en fantasías regresivas anteriores ha dirigido contra ese objeto. Cuando se ha logrado una división bien marcada entre los objetos buenos y malos, el sujeto trata de reparar a los primeros, compensando en la reparación todos sus ataques sádicos en cada detalle[2]. Pero todavía el yo del niño pequeño no puede creer mucho en la bondad del objeto y en su
propia capacidad para realizar una restitución. Por otra parte, por medio de su identificación con el objeto bueno y por medio de otros progresos mentales, el yo se ve forzado a un mayor reconocimiento de la realidad psíquica, y esto lo expone a conflictos terribles. Algunos de sus objetos –un número indefinido- son sus perseguidores, listos para devorarlo y aniquilarlo. De todos modos, ellos ponen en peligro al yo y a los objetos buenos. Todo daño que el niño hace en la fantasía a sus padres (primero por odio y después como autodefensa), todo acto de violencia cometido por un objeto contra otro (en particular el coito destructivo y sádico de los padres, que él considera como otra consecuencia de sus deseos sádicos), todo esto acontece para él tanto en el mundo exterior como dentro del yo (desde que el yo está absorbiendo constantemente todo el mundo exterior). Pero estos procesos son considerados como una fuente perpetua de peligro tanto para el objeto bueno como para el yo…
Al mismo tiempo, desde que el yo no puede mantener separados los objetos malos y buenos en su mente, una parte de la crueldad de los objetos malos y del ello la adjudica a los objetos buenos, y esto aumenta aun más la severidad de sus exigencias. Estas estrictas exigencias tienen el propósito de amparar al yo en su lucha contra sus odios incontrolables y sus malos objetos
perseguidores, con los cuales el yo está parcialmente identificado. Cuanto
mayor es la ansiedad por perder los objetos amados, mayor es la lucha del
yo por salvarlos, y cuanto más difícil se hace la tarea de reparación, más
estrictas se vuelven las exigencias asociadas con el superyó…
Es un objeto "perfecto" que está en pedazos; asi, la reparación presupone la necesidad de embellecerlo y "perfeccionarlo''. La idea de perfección es, además, tan apremiante, porque refuta la idea de desintegración. En algunos pacientes que se han alejado de su madre por odio o desagrado y que han usado otros mecanismos para separarse de ella, he encontrado, sin embargo. que existía en sus espíritus un hermoso cuadro de la madre, pero sentido sólo como el cuadro de ella y no como realidad. El objeto real no era atractivo: en realidad, una persona dañada, incurable y por consiguiente temida. El cuadro hermoso había sido disociado del objeto real, pero no se había renunciado nunca a él, y jugaba un papel importante en los modos específicos de su sublimación…
Si comparamos los sentimientos del paranoico con los del depresivo
en lo que respecta al despedazamiento del objeto, se puede ver que,
característicamente, el depresivo está lleno de dolor y ansiedad por el
objeto, y luchará por unirlo de nuevo en un todo, mientras que para el
paranoico el objeto despedazado es principalmente una multitud de
perseguidores, desde que cada trozo crece de nuevo y se vuelve perseguidor. Este concepto de los fragmentos peligrosos a los que se ve reducido el objeto me parece estar en concordancia con la introyección de los objetos -fragmentos (trozos de objetos) que se equiparan a las heces (Abraham)- y con la ansiedad de una multitud de perseguidores internos, los cuales, en mi opinión, dan lugar a la introyección de muchos trozos de objetos y de multitud de heces peligrosas.
He considerado ya las distinciones entre el paranoico y el depresivo
desde el punto de vista de sus distintas relaciones con sus objetos amados.
Tomemos las inhibiciones y ansiedades relativas a la comida. La ansiedad
de absorber sustancias destructivas, peligrosas, dentro de sí, será
paranoica, mientras que la ansiedad de destruir los objetos buenos externos
mordiéndolos y mascándolos, o la de poner en peligro el buen objeto
interno introduciendo sustancias malas del mundo exterior, será depresiva.
La ansiedad de poner en peligro a un objeto bueno externo dentro de uno
mismo, incorporándolo es depresiva. Por otra parte en casos de fuertes
rasgos paranoicos, he encontrado fantasías de atraer astutamente a un
objeto externo hacia el interior, que es considerado como una cueva llena de
monstruos peligrosos, etc., para destruirlo. Aquí podemos ver las razones
paranoicas de una intensificación del mecanismo de introyección, mientras
que, como sabemos, el depresivo emplea este mecanismo tan
característicamente, con el propósito de incorporar un objeto
bueno.
…En este caso, así como en otros, he encontrado que los temores y sospechas paranoides eran reforzados como defensa contra la posición depresiva encubierta….
Según mi opinión, siempre que exista un estado de depresión[3], sea éste en los casos de sujetos normales, de neuróticos, de maníaco-depresivos o en casos mixtos, existe siempre este agrupamiento específico de ansiedades, de sentimientos de infelicidad, de mecanismos de defensa, que he descrito aquí como posición depresiva. Si este punto de vista resulta correcto, podremos comprender esos casos tan frecuentes donde se nos presenta un cuadro de una mezcla de tendencias paranoicas y depresivas, puesto que podemos entonces aislar los diversos elementos que lo componen.
Las consideraciones que he presentado en este trabajo sobre los
estados depresivos nos pueden conducir, según creo, a la mejor
comprensión de la todavía enigmática reacción del suicida. De acuerdo con
los hallazgos de Abraham y James Glover, el suicidio se dirige contra el
objeto introyectado17. Pero mientras que al cometer un suicidio el yo intenta
matar sus objetos malos, según mi opinión, al mismo tiempo también se
propone siempre salvar sus objetos amados, internos y externos. Para
abreviar: en algunos casos las fantasías subyacentes al suicidio se dirigen a
salvar los objetos buenos internalizados y esa parte del yo que está
identificada con los objetos buenos, y también a destruir la otra parte del yo
que está identificada con los objetos malos y con el ello. Al mismo tiempo
se satisface el odio contra el objeto por medio del exterminio de los objetos
internos. Una satisfacción más, que está en el fondo de la fantasía de
suicidio, es la unión pacífica del yo con sus objetos amados.
En otros casos, el suicidio parece estar determinado por el mismo
tipo de fantasías, pero aquí ellas se relacionan con el mundo externo y con
los objetos reales, en parte como sustitutos de los internalizados. Como se
ha dicho, el melancólico odia no sólo sus objetos "malos", sino también su
ello, y a este último vehementemente. Al cometer un suicidio, su propósito
puede ser el de establecer una reparación definida de sus relaciones con el
mundo externo, porque él desea librar el objeto real -o el objeto "bueno"
que ese mundo entero representa y con el cual el yo está identificado- de si
mismo, de aquella parte de su yo que está identificada con sus objetos
malos y con su ello18. En el fondo percibimos que tal paso es la reacción
contra sus propios ataques sádicos sobre el cuerpo de la madre, que es
para el niño la primera representación del mundo exterior. El odio y la
venganza contra los objetos reales (buenos) también tienen un papel
importante en ese paso, pero es precisamente en él contra el que lucha en
parte el melancólico por medio del suicidio, para salvar a sus objetos
reales. Freud ha declarado que la manía tiene como base los mismos
contenidos que la melancolía y que es, en realidad, una vía de escape de ese
estado. Diría que en la manía el yo busca refugio no sólo de la melancolía
sino también de una situación paranoica que no puede dominar. La
dependencia peligrosa y torturante de sus objetos amados impulsa al yo a
librarse de ellos. Pero su identificación con estos objetos es demasiado
profunda para poder renunciar a los mismos. Por otra parte, el yo está
perseguido por su miedo a los objetos malos y al ello, y, en sus esfuerzos
por escapar de todas estas miserias, recurre a muchos mecanismos de
defensa distintos, algunos de los cuales, desde que pertenecen a distintas
fases del desarrollo, son mutuamente incompatibles.
…En los sueños, el paciente trata la posición depresiva de diferentes
modos. Utiliza el control maníaco sádico sobre sus padres, manteniéndolos
separados uno del otro y deteniéndolos así en su relación tanto placentera
como peligrosa. Al mismo tiempo, su modo de cuidarlos es signo de
mecanismos obsesivos. Pero su modo principal de dominar la posición depresiva es la restauración. En el sueño se dedica por entero a sus padres con el objeto de mantenerlos vivos y confortables. Su interés por su madre se remonta a su más temprana infancia, y su impulso por restaurar y restituir a sus padres y hacer que prosperen sus hijos en ella desempeña un papel importante en todas sus sublimaciones.
La conexión entre los hechos peligrosos en su interior y sus
ansiedades hipocondríacas está demostrada por las observaciones que hizo
el paciente sobre su resfrío, en la época de sus sueños…Vemos ahora cómo, tan pronto como los padres se internalizan, las tempranas fantasías agresivas contra ellos llevan al miedo
paranoide de persecuciones externas y, aun más, internas, y producen
penas y tristeza por la inminente muerte de los objetos incorporados, junto
con ansiedades hipocondríacas, dando origen a una tentativa por defenderse de manera maníaca omnipotente de los insoportables sufrimientos que se le han impuesto al yo de adentro. También vemos cómo el centro dominante y sádico de los padres internalizados se modifica a medida que aumentan las tendencias a la restauración.
No pasa mucho tiempo antes de que el niño perciba más y más todo el cuerpo de la madre, y estas percepciones más realistas se extienden al mundo que está más allá de la madre. El hecho de que una buena relación con la madre y con el mundo externo ayuda al niño a vencer sus tempranas ansiedades paranoides arroja una nueva luz sobre la importancia de las primeras experiencias.
He destacado en este trabajo que considero a la posición infantil depresiva como central para el desarrollo. La evolución normal del individuo y de su capacidad de amor parecen basarse ampliamente en el grado en el cual el yo temprano logró elaborar y superar esta posición decisiva. En último término, ello parece depender de la capacidad del yo de modificar suficientemente sus situaciones de angustia primitivas y sus mecanismos de defensa y de desarrollar así nuevos mecanismos de defensa, que llevan a una confianza mayor y más estable en la bondad de sus objetos (internalizados y reales) y simultáneamente a una mayor independencia de éstos y especialmente en un interjuego exitoso entre las posiciones depresiva, maníaca y obsesional y esos mecanismos defensivos.
La Defensa Maniaca. Leído ante la Sociedad Psicoanalítica Británica, el 4 de diciembre de 1935. Así ingresó D.W. Winnicott en la SPB.
«La defensa maníaca», estriba en que forma parte de la defensa maníaca de uno mismo el ser incapaz de dar plena importancia a la realidad interior. Existen fluctuaciones en la capacidad personal para respetar la realidad interior, fluctuaciones que se relacionan con la angustia depresiva que hay en uno mismo…La realidad interna misma debe describirse en términos de fantasía y, sin embargo, no es sinónimo de la fantasía, ya que se utiliza para denotar la fantasía que es personal y organizada, así como históricamente relacionada con las experiencias, excitaciones, placeres y dolores físicos de la infancia. La fantasía forma parte del esfuerzo que realiza el individuo para afrontar la realidad interior. Cabe decir que la fantasía (2) y los sueños diurnos o devaneos constituyen manipulaciones omnipotentes de la realidad externa. El control omnipotente de la realidad entraña la fantasía acerca de esta realidad. El individuo llega a la realidad externa a través de las fantasías omnipotentes elaboradas dentro del esfuerzo para alejarse de la realidad interior…Las fantasías omnipotentes no constituyen tanto la realidad interior misma como una defensa contra la aceptación de dicha realidad. En tal defensa uno encuentra una huida hacia la fantasía omnipotente, al igual que el paso de unas fantasías a otras y, siguiendo este orden, una huida hacia la realidad externa. Es por eso que creo que no se puede comparar ni contrastar la fantasía con la realidad….Prefiero decir que en nuestra realidad interior el padre interiorizado es constantemente asesinado, robado, quemado y despedazado, y nosotros agradecemos la personalización de este padre interiorizado por un hombre real a cuya salvación podemos contribuir…En la defensa maníaca el duelo no puede ser experimentado….En la defensa maníaca la relación con un objeto externo se utiliza con la finalidad de aminorar. La defensa maníaca se manifiesta de diversas maneras, distintas aunque interrelacionadas; a saber:
- Negación de la realidad interior.
- Huida desde la realidad interior a la realidad exterior.
- Mantenimiento en «animación suspendida» de la gente que hay en la realidad interior.
- Negación de las sensaciones de depresión -es decir, la pesadez, la tristeza- por medio de sensaciones específicamente opuestas: ligereza, buen humor, etc.
El empleo de casi cualquier par antitético en la tranquilización contra la muerte, el caos, el misterio, etc., ideas que pertenecen al contenido de fantasía de la posición defensiva.la tensión en la realidad interna.
Vacío Pleno
Muerto Vivo, en crecimiento
Quieto En movimiento
Gris Coloreado
Oscuro Claro, luminoso
Invariable Constantemente cambiante
Lento Rápido
Dentro Fuera
Pesado Ligero
Hundimiento Alzamiento
Bajo Alto
Triste Gracioso, feliz
Deprimido Alegre, dominante
Serio Cómico
Separado Unido
Separándose Uniéndose
Informe Formado, proporcionado
Caos Orden
Discordancia Armonía
Fracaso Éxito
En pedazos Integrado
Desconocido y misterioso Conocido y comprendido
Aquí las palabras clave son «muerto» y «vivo», «en movimiento», «en crecimiento».
Depresivo-Ascensivo
Deseo dedicar unos minutos a una de estas defensas que me interesa especialmente. Mientras buscaba una palabra capaz do describir las defensas totales contra la posición depresiva me encontré con la palabra «ascensivo». Me la sugirió el doctor M. Taylor como antítesis de «depresivo» y resulta mejor que la palabra “ animado” que, en los informes bursátiles, suele emplearse como antítesis de «depresivo». Me parece a mí que esta palabra, «ascensivo», es susceptible de ser utilizada provechosamente para llamar la atención sobre la defensa contra un aspecto de la depresión que se ve entrañado en términos como «pesadez de corazón», «profundidad de desánimo», “esa sensación de
hundimiento», etc.
RESUMEN
He querido presentar ciertos aspectos de la defensa maníaca y de sus relaciones con la posición depresiva. Al hacerlo he lanzado una invitación a que se discutiese el término «realidad interior», y su significado en comparación con el significado de los términos «fantasía» y «realidad exterior».
El incremento de mi propia comprensión de la defensa maníaca, así como el mayor reconocimiento de la realidad interior, han significado un gran cambio para mi práctica psicoanalítica. Confío en que el material de los casos citados les haya dado algún indicio de la forma en que la defensa maníaca es de un modo u otro un mecanismo que se emplea corrientemente y que debe estar constantemente presente en la mente del analista, al igual que cualquier otro mecanismo de defensa. No basta con decir que ciertos casos dan muestras de defensa maníaca, ya que en todo caso la posición depresiva es alcanzada antes o después, por lo que siempre es de esperar que aparezca. Y, en cualquier caso, el análisis del final del análisis (que puede darse al principio) incluye el análisis de la posición depresiva.
Es posible que un buen análisis sea incompleto porque el final se haya presentado sin ser plenamente analizado; o es posible que un análisis resulte prolongado debido en parte a que el final, y el mismo resultado afortunado, se hagan tolerables a un paciente solamente cuando hayan sido analizados; o sea, después de completar el análisis de la posición depresiva, y el de las defensas que contra ella puedan emplearse, incluyendo la defensa maníaca.
El término «defensa maníaca» se ha forjado para cubrir la capacidad que tiene una persona para negar la angustia depresiva que es inherente al desarrollo emocional, la angustia que corresponde a la capacidad del individuo para sentirse culpable y también para reconocer la responsabilidad por las experiencias instintivas, y por la agresión en la fantasía que acompaña a las experiencias instintivas.
COMENTARIO
Klein parte de un supuesto platónico: el bebé tiene unas ideas innatas. En su aparato psíquico prefundado existe un temor a la escena edípica. El bebé desarrolla primero una posición de ataque llevado por la envidia y la destrucción. El bebé introyecta lo bueno y lo malo, pero en esa “posición” esquizo-paranoide, los objetos son parciales, no están integradas todas las partes o atributos del objeto por lo que existe una fácil disociación que puede llevar a la psicosis. La culpa sería el motor de la depresión y el maniaco-depresivo fluctúa entre el ataque y la reparación, entre la angustia paranoide y la angustia depresiva. Por tanto el maniaco-depresivo y las patologías cicloides que tienen como base esos cambios de humor se entienden según Klein por una, llamaremos “Tercera Fase”, entre la posición esquizo-paranoide y la posición depresiva. El término posición lo acuña así Klein por la connotación dinámica que no tendría, por ejemplo, fijación.
Winnicott habla en términos similares a Klein pero introduce ya elementos diferenciales. Como Klein postula que la defensa maniaca es una defensa que empobrece el contacto con la realidad, también reconoce que es una defensa ante una angustia de tipo depresivo. Eso sí, no defiende las posiciones tal y como las perfila Klein, sin embargo será muy útil entender a Klein para poder sacar jugo a Winnicott.
Rodrigo Córdoba Sanz. Huesca, 2-5-2008
[1] El Psicoanálisis de Niños. Capítulos 8 y 9.
[2] He visto que las tendencias de reparación y las fantasías son activadas por los sentimientos de culpabilidad y las angustias, q ue aparecen ya en el niño muy pequeño a causa de sus fantasías sádicas, de manera que las tres tendencias (agresión, sentimiento de culpa y reparación), en relación con los procesos tempranos de introyección, se conectan muy pronto íntimamente entre ellas.
Los análisis de niños pequeños que hacen posibles conclusiones bien fundamentadas sobre
estos estadíos tempranos del desarrollo hacen suponer que las tendencias de reparación y fantasías de este cará cter empiezan ya a originarse al medio año de vida y van junto con la introyección del objeto bueno total y son el despertar de los sentimientos de amor hacia éste.
La comprensión y el análisis de esta conexión temprana en las situaciones -tanto internas como
externas- en las que se han desarrollado las tres tendencias es de la mayor importancia terapéutica. Si se cumple consecuentemente, este principio ejerce una influencia decisiva sobre la técnica.
[3] Esto está relacionado con otro problema de terminología. En mi trabajo anterior he descrito las ansiedades psicóticas y los mecanismos de defensa del niño usando los términos de fases de desarrollo. La conexión genética entre ellos, en verdad, ha sido respetada en mi descripción y también la fluctuación que continúa entre ellas bajo la presión de la ansiedad hasta que se alcanza más estabilidad, pero desde que en el desarrollo normal las ansiedades psicóticas y los mecanismos nunca predominan aislados (un hecho que por supuesto yo he puntualizado), el término fases psicóticas no es realmente satisfactorio.
Uso ahora el término "posición", en relación con las primeras ansiedades y defensas psicóticas en el desarrollo del niño. Me parece mas fácil asociarlas con este término que con las palabras "mecanismos" o "fases", para las diferencias entre las ansiedades. psicóticas del desarrollo del niño y las psicosis del adulto: por ejemplo, el rápido cambio que tiene lugar de una ansiedad de persecución o de un sentimiento depresivo a una actitud normal, cambio que es tan característico en el niño. Publicado en el Int. Journal of Psychoanalysis, vol. III, 1922; es el resumen de una conferencia dada en la Sociedad Psicoanalítica Británica con el título de "Notes on the Psychopathology of Suicide". Abraham describe el caso de un enfermo que hizo una tentativa de suicidio para librarse del objeto introyectado.
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Rodrigo Córdoba Sanz
Winnicott-Lacan-Biografía
Winnicott-Lacan-Biografía
Lcdo. Rodrigo Córdoba Sanz
RBA junto a la IPA ha organizado una colección en la que, como no, Winnicott tiene un hueco en una selección de Obras Escogidas. Hebe Tizio, de Escuela Lacaniana, realiza una Introducción en varios segmentos: Intro-Vida-Obra: La madre “suficientemente buena”; El Espejo Materno; El Objeto Transicional; Miscelánea; La Situación Analítica. Finalmente hay una cronología.
Voy a realizar una recensión basándome en tres fuentes: primera, la de Hebe Tizio, si quieren leer algo de ella… http://www.eol.org.ar/default.asp?etextos/amp/125lineas/06.html
Segunda, lo leído en otras fuentes sobre biografías, trabajos, seminarios y tercero, mis impresiones sobre este autor y el análisis de esta biógrafa sintética.
Fuente principal: RBA. Biblioteca de Psicoanálisis. Obras Escogidas. Volumen I. Donald W. Winnicott, 2006. Barcelona.
La fuente original figura en cursivas, mis aportes, más abundantes a medida que se avanza, son en letra común y corriente.
INTRO
Y arranca de esta forma:
Donald Woods Winnicott fue un médico pediatra y psicoanalista inglés, un humanista[1] tranquilo y afable, que tuvo un lugar reconocido en el campo psicoanalítico, si bien no fundó ninguna escuela. Escribió a partir de su experiencia clínica, en un estilo llano, y dejó gran número de publicaciones. Fue presidente de la Sección de Pediatría de la Sociedad Real de Medicina; en 1968 recibió la Medalla de Oro James Spence en Pediatría; fue director de la División Médica de la Sociedad Psicológica Británica y por dos veces, presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica.
Termina así:
A Winnicott le impresionó el tema de la selección natural de Darwin porque tocaba la cuestión de la supervivencia. Esto le llevó a pensar en la importancia de un ambiente facilitador de la adaptación del bebé que debía ser garantizado por la madre. Desarrolló así su concepción sobre el proceso de maduración y la función de la madre, y propuso un espacio transaccional entre los mundos interno y externo. De este modo, realizó nuevas aportaciones clínicas e hizo extensibles estas ideas a la comprensión de los fenómenos culturales, dado que este espacio transicional era para Winnicott también el espacio del sueño, de la poesía, de la religión y de la creación. El objeto transicional y su relación con ese espacio intermedio fue tomado por Jacques Lacan como una aportación para sus elaboraciones sobre el “objeto a”. Lacan hizo traducir su artículo de 1951 sobre el objeto transicional para publicarlo en la revista La Psychanalyse que dirigía en París.
VIDA
Comienzo:
Donald Woods Winnicott nació en Plymouth, Condado de Devon, Inglaterra, el 7 de abril de 1896 en el seno de una familia metodista. Era el único varón y el menor de tres hermanos. Su padre, sir Frederick, un acomodado comerciante, fue alcalde de Plymouth en dos ocasiones. El propio Winnicott escribe: “Como mis hermanas eran mayores que yo cinco y seis años, en cierto sentido yo era como un hijo único con varias madres y un padre que durante mi infancia se hallaba muy absorbido por los asuntos de la ciudad y los suyos propios”.
Termina:
En las breves líneas autobiográficas que Winnicott escribió al final de su vida señaló lo difícil que era para un hombre morir sin haber tenido un hijo que lo matase imaginariamente y que pudiera sobrevivirlo, “proporcionándole así la única continuidad que los hombres conocen. Las mujeres son continuas”.[2]
OBRA
Winnicott se ubicó siempre como independiente y como él mismo dijo: “…nunca he sido capaz de seguir a otro, ni siquiera a Freud”[3] A diferencia de Freud, dio a la madre la función central en el desarrollo del niño mientras que otorgó al padre funciones de protección de la relación madre-hijo. Entendía que la madre era el ambiente pero que: “En ese momento, ella misma necesita respaldo, y quienes mejor se lo brindan son el padre del niño (digamos el esposo), la madre, la familia y el ambiente social inmediato”.[4]
Esta manera de leer la realidad clínica le llevó a desencuentros con las ideologías imperantes en el seno de la Comunidad Analítica. La “causa psicoanalítica” se cerró a dos opciones en Inglaterra: Los kleinianos y los lacanianos. Las famosas controversias.
Winnicott miembro del Middle Group, junto a los Balint, Masud-Khan, Ronald Fairbairn, Marion Milner, Ella Sharpe. Animó a la disolución de dichas escuelas por el progreso del psicoanálisis, el carácter institucional de las dos ilustres de la época enquistaba en teorías cristalizadas que debían ser dinámicas. Su forma de introducir el factor medio ambiente hizo que fuera muy criticado, de manera miserable y hortera por sus analistas. Alix Strachey, mujer de James Strachey, con quien se analizó durante una década comentó que tenía impotencia sexual. Desde luego que no se mostraba impotente. Por otro lado, su segunda analista, Joan Rivière le comentó que si hacía un trabajo sobre el medio ambiente iba a acabar con él, también dijo que hacía teoría de su enfermedad. El kleinismo traspasaba el corazón amodorrando a pesar de la genialidad de su descubridora.
La Madre “suficientemente buena”.
Hay que señalar que la madre “suficientemente buena” que Winnicott construye es una madre ideal, un sujeto supuesto que sabe responder a todo lo que el bebé necesita, siempre presente y por ello no deseante. De este modo crea una relación que colma, lo cual deja planteada la cuestión del estatuto de la castración materna.
Dada su hipótesis central en que el lactante no existe fuera de la relación con la madre, Winnicott precisó que los problemas en este vínculo podían llevar a conductas antisociales.
En el libro “El Niño y el Mundo Externo”, Winnicott explica en varios artículos la importancia de un medio ambiente facilitador para prevenir conductas antisociales, se dirige a juristas, madres y psicoanalistas. Preocupado por los efectos de la Guerra en los niños se centró en crear instituciones que proporcionaran a estos niños aquello de lo que carecían. Winnicott expone que el niño demanda a la sociedad aquello que no ha podido encontrar en la familia, un medio ambiente seguro. Es por esto, quizá, por lo que Centros de Internamiento por medida judicial están tan frecuentados. El joven delincuente es entonces un falso self porque no ha encontrado un ambiente para sentirse seguro. Las instituciones que se hacían cargo de los refugiados daban sostén a esos muchachos, las cárceles deberían desempeñar un papel proporcionalmente análogo. Las fallas en la función materna de los cuidadores da lugar a conductas antisociales. Esto contrasta con explicaciones genéticas-cromosómicas que Winnicott no descartó pero pensó mucho en considerarlas como argumentación de primera línea.
El cuidado satisfactorio permitiría al bebé pasar de la dependencia absoluta a la relativa para desarrollar los medios de su independencia, es decir, poder pasar sin un cuidado real. Para ello la madre debe sostener no sólo físicamente al bebé, sino que con sus cuidados debe permitir una continuidad de ser que es la base de la fuerza del yo. Los fracasos apuntarían a la pérdida de esa continuidad y por ende, llevarían a un debilitamiento del yo. Si el proceso de maduración se hace en la buena dirección se produciría la progresiva separación entre el yo y el no-yo, y como lógica consecuencia, la separación que la madre “suficientemente buena” debería garantizar con sus cuidados.
El Espejo Materno
En el marco de esta relación, el rostro materno funcionaría para el bebé como un espejo. Winnicott se inspiró en la noción de estadio del espejo formulada por Jacques Lacan[5], para escribir su artículo de 1967 titulado “El rol de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño”[6], pero afirma que su perspectiva es diferente de la de Lacan.
Para Winnicott, en el desarrollo emocional, el rostro de la madre sería el precursor del espejo. Se refiere a niños que ven, pero señala que los niños ciegos perciben el rostro de la madre por otros sentidos. Para Winnicott, el niño sentiría si la madre realmente lo ve y conecta con él. Cuando el bebé mira la cara de la madre se vería a sí mismo, es decir, se vería como lo ve la madre, bien conectada con él.
La diferencia está en que, para Lacan, antes de que el proceso de maduración permita al sujeto acceder a un dominio real de su cuerpo, “…toma conciencia de su cuerpo como totalidad. Insisto en este punto en mi teoría del estadio del espejo: la sola visión de la forma total del cuerpo humano brinda al sujeto un dominio imaginario de su cuerpo, prematuro respecto al dominio real. Esta formación se desvincula así del proceso mismo de la maduración, y no se confunde con él. El sujeto anticipa la culminación del dominio psicológico, y esta anticipación dará su estilo al ejercicio ulterior del dominio motor efectivo”.
“Es ésta la aventura imaginaria por la cual el hombre, por vez primera, experimenta que él se ve, se refleja y se concibe como distinto, otro de lo que él es: dimensión esencial de lo humano, que estructura el conjunto de su vida fantasmática”.[7]
El estadio del espejo es presentado así como una relación con un objeto imaginario que es propio cuerpo y sirve de matriz para representar las relaciones del yo y sus objetos. Los posfreudianos tomaban la relación madre-hijo, el yo y sus objetos, pero omitían el padre y el falo. Lacan lo introducirá como el principal objeto narcisista, sobre el cual dará, posteriormente, otras formulaciones. El estadio del espejo sufrirá modificaciones y, a partir de la introducción del “objeto a”, lo no especulizable tendrá valor de causa.
El Objeto Transicional
…Esa zona intermedia es un campo de límites que pueden moverse a partir del objeto transicional, algo del self entre yo y no-yo, es decir, hay en juego un vacío y este punto hace la modalidad de constitución del sujeto tal como la entiende Winnicott. En cierta medida describe un proceso de alienación del sujeto al Otro, y en la separación aparece esa zona intermedia que es un vacío donde vienen los objetos transicionales.
Para Winnicott, el patrón de los fenómenos transicionales se manifiesta a los cuatro, seis, ocho y doce meses. Estos patrones pueden acompañar al niño durante la infancia, y así, el oso de peluche puede continuar siendo requerido cuando se va a dormir, cuando se siente solo o se deprime. El objeto transicional es una primera posesión, es un objeto “afectuosamente acunado, excitadamente amado y mutilado”, no debe cambiar a menos que el niño cambie y está destinado a perder su carga y quedar relegado.
En la clínica el espacio transicional supone un campo de trigo y girasoles. A través del área de la ilusión del analizando y de la creatividad entrelazada de ambos protagonistas, el resultado es una conexión imaginaria entre la realidad interna y externa como proyección. Los objetos de Winnicott y Klein no son los mismos. En ocasiones dicho espacio intermedio puede ser representado por un objeto que evoque el contacto entre madre e hijo. De aquel momento en que el bebé creía crear el mundo (objeto subjetivo), la presencia de la madre devota corriente que se deja usar y absorbe las proyecciones agresivas permaneciendo allí es ineludible para entender que “eso que ustedes llaman infans no existe”. Por tanto, progresivamente, el bebé es desilusionado hasta que el objeto pasa a ser objetivo. En el tránsito, en la transición, el objeto transicional, aquél que expulsa al bebé del paraíso, de allí la formidable unión a esos objetos que significan un hilo conductor. El marco terapéutico provee de tiempo, espacio y sostén para que esos gestos de creación (reparación diría Klein) permitan realizar el recorrido de la falla, de la carencia a la salud, de la falta a la creatividad, forma auténtica del verdadero self.[8]
Miscelánea
Winnicott señala, sin embargo, que en muchos casos, si se hubiera realizado un tratamiento en etapas tempranas “habría sido posible encontrar en la manifestación de la tendencia antisocial un SOS dirigido a la sociedad, para que se reconociera la deuda y se restableciese un ambiente en el que la acción del niño fuera de nuevo segura y aceptable…”[9]
La situación analítica
…Winnicott entiende que la psicoterapia es un derivado complejo del rostro materno que refleja lo que esta ahí y permite así que sea visto por el paciente. Esto posibilitaría al analizando encontrar su self y sentirse real.
Para realizar este recorrido, puede que el analizando tenga que dejar de ser lo que era para empezar a ser “con el corazón en la mano”, en el camino del análisis habrá un gradual avance de la dependencia absoluta hacia la dependencia relativa, desde un self frágil enrocado por la impostura hacia el verdadero self. Ni que decir tiene que el verdadero self no tiene porque estar más adaptado o normalizado. La salud psíquica no se mide por criterios estadísticos sino por un concepto que podrían asimilar los existencialistas como propio y que en definitiva consiste en que el centro de su self, su existencia y su vida son propias y coinciden todas ellas en un mismo punto. Todo desplazamiento espoleado por una realidad externa que demande son versiones de un falso self.
[1] Los destacados son míos.
[2] Citado por Clare Winnicott en Una reflexión sobre D.W.W. En exploraciones psicoanalíticas O. Op. cit.
[3] Winnicott, D.W. Un modo personal de ver el aporte kleiniano. Op. cit.
[4] DWW. De la dependencia a la independencia en el desarrollo del individuo. En los Procesos de maduración y el ambiente facilitador.
[5] Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia analítica. En Escritos.
[6] DWW. Realidad y juego.
[7] Lacan, J. Seminario 1.
[8] Para entender la importancia del verdadero self y del “auto-healing” leer una reseña sobre Jung y su relación con Freud en Exploraciones Psicoanalíticas II. Reseña sobre Memories, Dreams, Reflections (1961).
[9] DWW. El enfermo mental entre los casos del asistente social. En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Op. cit.
Lcdo. Rodrigo Córdoba Sanz
RBA junto a la IPA ha organizado una colección en la que, como no, Winnicott tiene un hueco en una selección de Obras Escogidas. Hebe Tizio, de Escuela Lacaniana, realiza una Introducción en varios segmentos: Intro-Vida-Obra: La madre “suficientemente buena”; El Espejo Materno; El Objeto Transicional; Miscelánea; La Situación Analítica. Finalmente hay una cronología.
Voy a realizar una recensión basándome en tres fuentes: primera, la de Hebe Tizio, si quieren leer algo de ella… http://www.eol.org.ar/default.asp?etextos/amp/125lineas/06.html
Segunda, lo leído en otras fuentes sobre biografías, trabajos, seminarios y tercero, mis impresiones sobre este autor y el análisis de esta biógrafa sintética.
Fuente principal: RBA. Biblioteca de Psicoanálisis. Obras Escogidas. Volumen I. Donald W. Winnicott, 2006. Barcelona.
La fuente original figura en cursivas, mis aportes, más abundantes a medida que se avanza, son en letra común y corriente.
INTRO
Y arranca de esta forma:
Donald Woods Winnicott fue un médico pediatra y psicoanalista inglés, un humanista[1] tranquilo y afable, que tuvo un lugar reconocido en el campo psicoanalítico, si bien no fundó ninguna escuela. Escribió a partir de su experiencia clínica, en un estilo llano, y dejó gran número de publicaciones. Fue presidente de la Sección de Pediatría de la Sociedad Real de Medicina; en 1968 recibió la Medalla de Oro James Spence en Pediatría; fue director de la División Médica de la Sociedad Psicológica Británica y por dos veces, presidente de la Sociedad Psicoanalítica Británica.
Termina así:
A Winnicott le impresionó el tema de la selección natural de Darwin porque tocaba la cuestión de la supervivencia. Esto le llevó a pensar en la importancia de un ambiente facilitador de la adaptación del bebé que debía ser garantizado por la madre. Desarrolló así su concepción sobre el proceso de maduración y la función de la madre, y propuso un espacio transaccional entre los mundos interno y externo. De este modo, realizó nuevas aportaciones clínicas e hizo extensibles estas ideas a la comprensión de los fenómenos culturales, dado que este espacio transicional era para Winnicott también el espacio del sueño, de la poesía, de la religión y de la creación. El objeto transicional y su relación con ese espacio intermedio fue tomado por Jacques Lacan como una aportación para sus elaboraciones sobre el “objeto a”. Lacan hizo traducir su artículo de 1951 sobre el objeto transicional para publicarlo en la revista La Psychanalyse que dirigía en París.
VIDA
Comienzo:
Donald Woods Winnicott nació en Plymouth, Condado de Devon, Inglaterra, el 7 de abril de 1896 en el seno de una familia metodista. Era el único varón y el menor de tres hermanos. Su padre, sir Frederick, un acomodado comerciante, fue alcalde de Plymouth en dos ocasiones. El propio Winnicott escribe: “Como mis hermanas eran mayores que yo cinco y seis años, en cierto sentido yo era como un hijo único con varias madres y un padre que durante mi infancia se hallaba muy absorbido por los asuntos de la ciudad y los suyos propios”.
Termina:
En las breves líneas autobiográficas que Winnicott escribió al final de su vida señaló lo difícil que era para un hombre morir sin haber tenido un hijo que lo matase imaginariamente y que pudiera sobrevivirlo, “proporcionándole así la única continuidad que los hombres conocen. Las mujeres son continuas”.[2]
OBRA
Winnicott se ubicó siempre como independiente y como él mismo dijo: “…nunca he sido capaz de seguir a otro, ni siquiera a Freud”[3] A diferencia de Freud, dio a la madre la función central en el desarrollo del niño mientras que otorgó al padre funciones de protección de la relación madre-hijo. Entendía que la madre era el ambiente pero que: “En ese momento, ella misma necesita respaldo, y quienes mejor se lo brindan son el padre del niño (digamos el esposo), la madre, la familia y el ambiente social inmediato”.[4]
Esta manera de leer la realidad clínica le llevó a desencuentros con las ideologías imperantes en el seno de la Comunidad Analítica. La “causa psicoanalítica” se cerró a dos opciones en Inglaterra: Los kleinianos y los lacanianos. Las famosas controversias.
Winnicott miembro del Middle Group, junto a los Balint, Masud-Khan, Ronald Fairbairn, Marion Milner, Ella Sharpe. Animó a la disolución de dichas escuelas por el progreso del psicoanálisis, el carácter institucional de las dos ilustres de la época enquistaba en teorías cristalizadas que debían ser dinámicas. Su forma de introducir el factor medio ambiente hizo que fuera muy criticado, de manera miserable y hortera por sus analistas. Alix Strachey, mujer de James Strachey, con quien se analizó durante una década comentó que tenía impotencia sexual. Desde luego que no se mostraba impotente. Por otro lado, su segunda analista, Joan Rivière le comentó que si hacía un trabajo sobre el medio ambiente iba a acabar con él, también dijo que hacía teoría de su enfermedad. El kleinismo traspasaba el corazón amodorrando a pesar de la genialidad de su descubridora.
La Madre “suficientemente buena”.
Hay que señalar que la madre “suficientemente buena” que Winnicott construye es una madre ideal, un sujeto supuesto que sabe responder a todo lo que el bebé necesita, siempre presente y por ello no deseante. De este modo crea una relación que colma, lo cual deja planteada la cuestión del estatuto de la castración materna.
Dada su hipótesis central en que el lactante no existe fuera de la relación con la madre, Winnicott precisó que los problemas en este vínculo podían llevar a conductas antisociales.
En el libro “El Niño y el Mundo Externo”, Winnicott explica en varios artículos la importancia de un medio ambiente facilitador para prevenir conductas antisociales, se dirige a juristas, madres y psicoanalistas. Preocupado por los efectos de la Guerra en los niños se centró en crear instituciones que proporcionaran a estos niños aquello de lo que carecían. Winnicott expone que el niño demanda a la sociedad aquello que no ha podido encontrar en la familia, un medio ambiente seguro. Es por esto, quizá, por lo que Centros de Internamiento por medida judicial están tan frecuentados. El joven delincuente es entonces un falso self porque no ha encontrado un ambiente para sentirse seguro. Las instituciones que se hacían cargo de los refugiados daban sostén a esos muchachos, las cárceles deberían desempeñar un papel proporcionalmente análogo. Las fallas en la función materna de los cuidadores da lugar a conductas antisociales. Esto contrasta con explicaciones genéticas-cromosómicas que Winnicott no descartó pero pensó mucho en considerarlas como argumentación de primera línea.
El cuidado satisfactorio permitiría al bebé pasar de la dependencia absoluta a la relativa para desarrollar los medios de su independencia, es decir, poder pasar sin un cuidado real. Para ello la madre debe sostener no sólo físicamente al bebé, sino que con sus cuidados debe permitir una continuidad de ser que es la base de la fuerza del yo. Los fracasos apuntarían a la pérdida de esa continuidad y por ende, llevarían a un debilitamiento del yo. Si el proceso de maduración se hace en la buena dirección se produciría la progresiva separación entre el yo y el no-yo, y como lógica consecuencia, la separación que la madre “suficientemente buena” debería garantizar con sus cuidados.
El Espejo Materno
En el marco de esta relación, el rostro materno funcionaría para el bebé como un espejo. Winnicott se inspiró en la noción de estadio del espejo formulada por Jacques Lacan[5], para escribir su artículo de 1967 titulado “El rol de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño”[6], pero afirma que su perspectiva es diferente de la de Lacan.
Para Winnicott, en el desarrollo emocional, el rostro de la madre sería el precursor del espejo. Se refiere a niños que ven, pero señala que los niños ciegos perciben el rostro de la madre por otros sentidos. Para Winnicott, el niño sentiría si la madre realmente lo ve y conecta con él. Cuando el bebé mira la cara de la madre se vería a sí mismo, es decir, se vería como lo ve la madre, bien conectada con él.
La diferencia está en que, para Lacan, antes de que el proceso de maduración permita al sujeto acceder a un dominio real de su cuerpo, “…toma conciencia de su cuerpo como totalidad. Insisto en este punto en mi teoría del estadio del espejo: la sola visión de la forma total del cuerpo humano brinda al sujeto un dominio imaginario de su cuerpo, prematuro respecto al dominio real. Esta formación se desvincula así del proceso mismo de la maduración, y no se confunde con él. El sujeto anticipa la culminación del dominio psicológico, y esta anticipación dará su estilo al ejercicio ulterior del dominio motor efectivo”.
“Es ésta la aventura imaginaria por la cual el hombre, por vez primera, experimenta que él se ve, se refleja y se concibe como distinto, otro de lo que él es: dimensión esencial de lo humano, que estructura el conjunto de su vida fantasmática”.[7]
El estadio del espejo es presentado así como una relación con un objeto imaginario que es propio cuerpo y sirve de matriz para representar las relaciones del yo y sus objetos. Los posfreudianos tomaban la relación madre-hijo, el yo y sus objetos, pero omitían el padre y el falo. Lacan lo introducirá como el principal objeto narcisista, sobre el cual dará, posteriormente, otras formulaciones. El estadio del espejo sufrirá modificaciones y, a partir de la introducción del “objeto a”, lo no especulizable tendrá valor de causa.
El Objeto Transicional
…Esa zona intermedia es un campo de límites que pueden moverse a partir del objeto transicional, algo del self entre yo y no-yo, es decir, hay en juego un vacío y este punto hace la modalidad de constitución del sujeto tal como la entiende Winnicott. En cierta medida describe un proceso de alienación del sujeto al Otro, y en la separación aparece esa zona intermedia que es un vacío donde vienen los objetos transicionales.
Para Winnicott, el patrón de los fenómenos transicionales se manifiesta a los cuatro, seis, ocho y doce meses. Estos patrones pueden acompañar al niño durante la infancia, y así, el oso de peluche puede continuar siendo requerido cuando se va a dormir, cuando se siente solo o se deprime. El objeto transicional es una primera posesión, es un objeto “afectuosamente acunado, excitadamente amado y mutilado”, no debe cambiar a menos que el niño cambie y está destinado a perder su carga y quedar relegado.
En la clínica el espacio transicional supone un campo de trigo y girasoles. A través del área de la ilusión del analizando y de la creatividad entrelazada de ambos protagonistas, el resultado es una conexión imaginaria entre la realidad interna y externa como proyección. Los objetos de Winnicott y Klein no son los mismos. En ocasiones dicho espacio intermedio puede ser representado por un objeto que evoque el contacto entre madre e hijo. De aquel momento en que el bebé creía crear el mundo (objeto subjetivo), la presencia de la madre devota corriente que se deja usar y absorbe las proyecciones agresivas permaneciendo allí es ineludible para entender que “eso que ustedes llaman infans no existe”. Por tanto, progresivamente, el bebé es desilusionado hasta que el objeto pasa a ser objetivo. En el tránsito, en la transición, el objeto transicional, aquél que expulsa al bebé del paraíso, de allí la formidable unión a esos objetos que significan un hilo conductor. El marco terapéutico provee de tiempo, espacio y sostén para que esos gestos de creación (reparación diría Klein) permitan realizar el recorrido de la falla, de la carencia a la salud, de la falta a la creatividad, forma auténtica del verdadero self.[8]
Miscelánea
Winnicott señala, sin embargo, que en muchos casos, si se hubiera realizado un tratamiento en etapas tempranas “habría sido posible encontrar en la manifestación de la tendencia antisocial un SOS dirigido a la sociedad, para que se reconociera la deuda y se restableciese un ambiente en el que la acción del niño fuera de nuevo segura y aceptable…”[9]
La situación analítica
…Winnicott entiende que la psicoterapia es un derivado complejo del rostro materno que refleja lo que esta ahí y permite así que sea visto por el paciente. Esto posibilitaría al analizando encontrar su self y sentirse real.
Para realizar este recorrido, puede que el analizando tenga que dejar de ser lo que era para empezar a ser “con el corazón en la mano”, en el camino del análisis habrá un gradual avance de la dependencia absoluta hacia la dependencia relativa, desde un self frágil enrocado por la impostura hacia el verdadero self. Ni que decir tiene que el verdadero self no tiene porque estar más adaptado o normalizado. La salud psíquica no se mide por criterios estadísticos sino por un concepto que podrían asimilar los existencialistas como propio y que en definitiva consiste en que el centro de su self, su existencia y su vida son propias y coinciden todas ellas en un mismo punto. Todo desplazamiento espoleado por una realidad externa que demande son versiones de un falso self.
[1] Los destacados son míos.
[2] Citado por Clare Winnicott en Una reflexión sobre D.W.W. En exploraciones psicoanalíticas O. Op. cit.
[3] Winnicott, D.W. Un modo personal de ver el aporte kleiniano. Op. cit.
[4] DWW. De la dependencia a la independencia en el desarrollo del individuo. En los Procesos de maduración y el ambiente facilitador.
[5] Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia analítica. En Escritos.
[6] DWW. Realidad y juego.
[7] Lacan, J. Seminario 1.
[8] Para entender la importancia del verdadero self y del “auto-healing” leer una reseña sobre Jung y su relación con Freud en Exploraciones Psicoanalíticas II. Reseña sobre Memories, Dreams, Reflections (1961).
[9] DWW. El enfermo mental entre los casos del asistente social. En Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Op. cit.
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Hebe Tizio,
Rodrigo Córdoba Sanz,
Winnicott
domingo, 4 de mayo de 2008
Citas, Proverbios...
Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera es siempre más duro. Aldoux Huxley (1894-1963), escritor inglés.
Una de las lecciones más claras de la historia, incluida la historia reciente, es que los derechos no son graciosamente concedidos, sino conquistados. Noam Chomsky (nacido en 1928), lingüista estadounidense
Nadie es dueño de la multitud aunque crea tenerla dominada. Eugène Ionesco (1912-1994), dramaturgo francés.
Correré como un negro para vivir como un blanco. Samuel Eto’o (nacido en 1981), futbolista del Club de Fútbol Barcelona.
Un hombre tiene que tener el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Eduardo Chillida (1924-2002), escultor español.
La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones. Marie Curie (1867-1934), científica francesa, Nobel de Física.
Ser bisexual duplica las oportunidades de conseguir una cita el sábado por la noche. Woody Allen (nacido en 1935), director de cine estadounidense.
Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad. Federico Fellini (1920-1993), cineasta italiano.
Hay que intentar ser el mejor, pero nunca creerse el mejor. Juan Manuel Fangio (1911-1995), piloto de Fórmula 1.
Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada. Viejo refrán chino.
Si la ayuda y la salvación han de llegar, sólo puede ser a través de los niños, porque los niños son los creadores de la humanidad. Maria Montessori (1870-1952), educadora, filósofa, psicóloga, y humanista italiana.
Antes las distancias eran mayores que hoy porque el espacio se mide por el tiempo. Jorge Luis Borges (1898-1987), autor argentino.
Nadie llega muy lejos sin el amor de otros. Nadie llega a ningún lado olvidándose de los que ama. Jorge Bucay, Médico y Psicoterapeuta.
Nos quejamos de los amigos porque exigimos de ellos más de lo que pueden dar. Santiago Ramón y Cajal. Médico Oscense (1852-1934).
Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo. Juvenal. Poeta latino.
La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas. Aristoteles. Filósofo Griego (384-322 AC).
No dejes crecer a hierba en el camino de la amistad. Platón. Filósofo Griego. 347 AC.
Sabed que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo. Séneca. Filósofo Hispanolatino (4AC-65)
Una de las lecciones más claras de la historia, incluida la historia reciente, es que los derechos no son graciosamente concedidos, sino conquistados. Noam Chomsky (nacido en 1928), lingüista estadounidense
Nadie es dueño de la multitud aunque crea tenerla dominada. Eugène Ionesco (1912-1994), dramaturgo francés.
Correré como un negro para vivir como un blanco. Samuel Eto’o (nacido en 1981), futbolista del Club de Fútbol Barcelona.
Un hombre tiene que tener el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Eduardo Chillida (1924-2002), escultor español.
La mejor vida no es la más larga, sino la más rica en buenas acciones. Marie Curie (1867-1934), científica francesa, Nobel de Física.
Ser bisexual duplica las oportunidades de conseguir una cita el sábado por la noche. Woody Allen (nacido en 1935), director de cine estadounidense.
Condenar la televisión sería tan ridículo como excomulgar la electricidad o la teoría de la gravedad. Federico Fellini (1920-1993), cineasta italiano.
Hay que intentar ser el mejor, pero nunca creerse el mejor. Juan Manuel Fangio (1911-1995), piloto de Fórmula 1.
Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada. Viejo refrán chino.
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Antes las distancias eran mayores que hoy porque el espacio se mide por el tiempo. Jorge Luis Borges (1898-1987), autor argentino.
Nadie llega muy lejos sin el amor de otros. Nadie llega a ningún lado olvidándose de los que ama. Jorge Bucay, Médico y Psicoterapeuta.
Nos quejamos de los amigos porque exigimos de ellos más de lo que pueden dar. Santiago Ramón y Cajal. Médico Oscense (1852-1934).
Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo. Juvenal. Poeta latino.
La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas. Aristoteles. Filósofo Griego (384-322 AC).
No dejes crecer a hierba en el camino de la amistad. Platón. Filósofo Griego. 347 AC.
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sábado, 3 de mayo de 2008
La Niña de los Sueños XXVI
Y se hizo la luz el séptimo día. De su guarida salió la Princesa, la muchacha de los sueños. Esa dulce jovencita que paseaba por el pueblo y se enamoró de un muchacho sin más pertenencias que su forma genuina de ser. La joven, al salir de casa pensó en el poeta: "nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo". Se notaba ligera, ágil, con un andar desenfadado, dispuesta a comprobar que le iba a ofrecer hoy esa noche mágica. Al acercarse escuchó el sonido de las gentes del pueblo, una algarabía se había reunido cerca de la atalaya. Sin embargo, pudo escrutar entre las ramas, estaban quietos esperando a esa aparición que tanto había dado que hablar. De repente tuvo un sobresalto, alguien le tapó la boca a su espalda. Era el muchacho quien le colocó el índice sobre los labios alertándole del peligro de su misión. Se apartaron un poco, hasta el claro donde se cayera su antifaz, allí el muchacho le susurró que la guardia Real había acudido al lugar para controlar el tumulto, varios hombres y mujeres habían arrojado alimentos podridos sobre los jinetes y se habían realizado detenciones. La muchacha, muy triste por verse la causante de tal agresividad, sollozó, viéndose consolada por el gran abrazo que le ofreció su querido muchacho. Así pasaron los minutos, abrazados, en silencio, sólo el ruido de los cascos de los caballos interfirieron un verdadero gesto de amor, al borde del peligro.
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Cuento de Hadas,
La Niña de los Sueños,
Literatura,
Rodrigo Córdoba Sanz
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