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domingo, 15 de febrero de 2015

Trastorno Esquizoafectivo


Características diagnósticas


La principal característica del trastorno esquizoafectivo es un periodo continuo de enfermedad, durante el cual se presentan fases en algún momento un episodio depresivo mayor, maniaco o de ambos (mixto), a la vez que se cumple el criterio A para la esquizofrenia. Durante el mismo periodo de enfermedad ha habido ideas delirantes y/o alucinaciones, durante al menos 2 semanas (criterio B). Los síntomas afectivos están presentes durante una parte sustancial de la duración de la enfermedad (criterio C). Todos estos síntomas no pueden ser atribuibles al consumo de ninguna sustancia o a enfermedad médica como por ejemplo hipertiroidismo (criterio D).

Para cumplir los criterios del trastorno esquizoafectivo, las características esenciales se deben presentar durante un solo periodo continuo de enfermedad, es decir, el sujeto debe de seguir presentando síntomas activos o residuales de la psicosis.

La fase de la enfermedad se caracteriza por cumplir los criterios tanto de la fase activa de la esquizofrenia, como del episodio depresivo mayor, episodio maníaco o bien episodio mixto. La duración del episodio depresivo mayor debe ser de, al menos, 2 semanas, mientras que la duración de los episodios maníaco o mixto debe de ser, como mínimo, de 1 semana. La duración de los síntomas psicóticos de la esquizofrenia debe tener una duración, de por lo menos, 1 mes; de lo que se extrae, que la duración mínima del episodio esquizoafectivo debe ser, como mínimo de 1 mes.

Los síntomas del trastorno esquizoafectivo pueden presentarse siguiendo varios patrones temporales. Uno de los patrones típicos es por ejemplo, el sujeto que tiene alucinaciones auditivas e ideas delirantes durante, al menos, 2 meses, antes de iniciar el cuadro de depresión mayor. A partir de aquí, los síntomas psicóticos y el episodio depresivo mayor deben convivir durante unos tres meses. Más tarde, el episodio depresivo mayor, va desapareciendo, pero los síntomas psicóticos se mantienen todavía 1 mes más, para acabar remitiendo.

Según el criterio C de esta patología, los síntomas afectivos deben estar presentes durante una parte sustancial de la enfermedad, si estos síntomas sólo aparecen en un periodo relativamente corto de tiempo, no se diagnosticará de trastorno esquizoafectivo, sino de esquizofrenia; de tal forma que el clínico debe tener mucho cuidado a la hora de valorar el tiempo en el que están presentes los síntomas.

Subtipos


Dentro de este trastorno, se pueden encontrar dos subtipos:

1.  Tipo bipolar que es aplicable cuando el cuadro está formado por un episodio maniaco o un episodio mixto. También se puede presentar en esta categoría un episodio depresivo mayor.

2.  Tipo depresivo que se aplica únicamente cuando en el cuadro hay episodios depresivos mayores.

Síntomas y trastornos asociados


Asociados a este trastorno puede haber una pobre actividad laboral, un retraimiento social, dificultades para el cuidado de sí mismo y un riesgo alto de suicidio. Es frecuente en este trastorno la anosognosia, pero quizá de una manera menos acusada que en el trastorno esquizofrénico. Estos sujetos suelen presentar trastornos relacionados con el alcohol y otras sustancias. Algunas investigaciones constatan que este trastorno puede ir precedido por un trastorno esquizoide, esquizotípico, límite o paranoide de la personalidad.

Síntomas dependientes de la cultura, la edad y el sexo


El trastorno esquizoafectivo, del tipo bipolar, suele ser más frecuente en adultos jóvenes; mientras que el trastorno esquizoafectivo de tipo depresivo, aparece con más frecuencia con adultos mayores.

La incidencia del trastorno esquizoafectivo, en general, se presenta de forma más elevada en mujeres que en hombres, debido, probablemente, a la incidencia del tipo depresivo en mujeres. Sin embargo, si se quiere ver una exposición más amplia nos podemos trasladar a este mismo epígrafe en esquizofrenia.

Prevalencia


Hay una carencia de estudios a este respecto, sin embargo, los primeros datos que tenemos, parecen constatar que el trastorno esquizoafectivo es menos frecuente que la esquizofrenia.

Evolución


Normalmente, el trastorno esquizoafectivo comienza a la edad adulta; aunque puede aparecer en cualquier momento desde la adolescencia hasta etapas avanzadas de la vida. El pronóstico es algo mejor que en esquizofrenia, pero peor que en trastornos del estado de ánimo. Normalmente también cursa con una disfunción en el ámbito social y laboral. La evolución del trastorno esquizoafectivo, en el subtipo bipolar, suele ser mejor que en la categoría depresiva.

Diagnóstico diferencial


Se diagnostica trastorno psicótico debido a enfermedad médica, delirium o demencia cuando hay datos que nos indiquen que los síntomas sufridos por el sujeto son debidos al efecto directo de una enfermedad médica específica. El trastorno psicótico inducido por sustancias y el delirium inducido por sustancias se diferencian de la esquizofrenia porque se estima que es una sustancia la que está relacionada etiológicamente con los síntomas manifiestos.

Es difícil distinguir el diagnóstico de un trastorno esquizoafectivo de una esquizofrenia o de un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos. En el trastorno esquizoafectivo tiene que haber un episodio afectivo simultaneado con los síntomas activos de la esquizofrenia, dichos síntomas deben estar presentes durante una parte sustancial del total de la duración y las ideas delirantes o alucinaciones deben mantenerse durante al menos dos semanas en ausencia de síntomas afectivos importantes. Sin embargo, los síntomas afectivos, en la esquizofrenia, deben tener una duración relativamente breve con respecto a la duración total de la alteración, ya que sólo se presentan en la fase prodrómica o residual. Si los síntomas psicóticos se presentan sólo en la fase de alteración afectiva, el diagnóstico debe de ser el de trastorno de ánimo con síntomas psicóticos.

Debido a que la proporción de síntomas afectivos y psicóticos pueden cambiar en el curso de la alteración; el diagnóstico también puede cambiar de trastorno esquizoafectivo a esquizofrenia. También puede ocurrir, y de hecho, es frecuente, que los trastornos del estado de ánimo, y en especial, la depresión, se presenten durante el curso del trastorno delirante.

Y por último, si no se dispone de suficiente información respecto a la relación entre los síntomas psicóticos y los afectivos, el diagnóstico más adecuado sería el de trastorno psicótico no especificado.

Relación con los criterios diagnósticos de investigación de la CIE-10


Existe una diferencia entre la definición de trastorno esquizoafectivo y su relación con el estado de ánimo en la clasificación del DSM-IV y la CIE-10. Para clasificar de trastorno del estado de ánimo, según el DSM-IV, deben estar presentes siempre los síntomas de tipo psicótico en el transcurso de la alteración del estado de ánimo. En cambio, para la CIE-10, la definición del trastorno esquizoafectivo es mucho más amplia, ya que incluye casos en los que aparecen ciertos síntomas psicóticos en el transcurso o no de alteraciones del estado del ánimo. Por lo que, muchos casos que en el DSM-IV serían diagnosticados como trastornos del ánimo con síntomas psicóticos, en el criterio de clasificación de la CIE-10 sería trastornos esquizoafectivos.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Variables en el trastorno esquizoafectivo



¿Qué pasa cuando nos toca convivir de una forma u otra con este trastorno? Aunque las causas de este trastorno, aún no están del todo claras, es importante tener algunas cosas en cuenta si el trastorno esquizoafectivo de la personalidad entra en nuestras vidas, como por ejemplo que las mujeres son más propensas a padecer este trastorno. Por eso te queremos orientar a cómo convivir con el trastorno esquizoafectivo de la personalidad.

Hay factores que pueden aumentar el riesgo de que aparezca el trastorno, hay que tener en cuenta:
  • Estrés ambiental: vivir cambios en tu vida, afrontar problemas o situaciones de estrés y ansiedad pueden afectar para que aparezca este trastorno.
  • Genética: si en tu familia hay personas que padecen este trastorno u otros de carácter similar, también pueden aumentar las posibilidades de padecer el trastorno.
Si crees que puedes estar padeciendo los síntomas del trastorno esquizoafectivo es importante que acudas a un profesional inmediatamente para poder ser valorado. El profesional de la salud mental te hará una evaluación psiquiátrica y te preguntará sobre los síntomas que padeces. Asimismo, te hará el seguimiento adecuado hasta valorar un posible diagnóstico y poder ponerte en tratamiento si fuera necesario.



Trastorno Esquizoafectivo



El trastorno esquizoafectivo es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de síntomas característicos de la psicosis y alteraciones en el estado de ánimo. Generalmente, este trastorno suele tener su inicio en la edad adulta, aunque también puede aparecer en la adolescencia. Existen diversos tratamientos para este tipo de trastorno, dependiendo del caso, se le recomendara el consumo de medicamentos antipsicóticos, ansiolíticos, antidepresivos, entre otros. También puede recomendarse la psicoterapia para acompañar el tratamiento médico. A continuación, les presentamos, cómo reconocer el trastorno esquizoafectivo.

  • Síntomas. Durante un periodo continuo de tiempo, la persona experimenta algunos síntomas psicóticos conjuntamente con la aparición de un episodio depresivo mayor, episodio mixto o episodio maníaco. A sí mismo, durante el período que dura el trastorno, la persona ha experimentado durante 2 semanas al menos, ideas delirantes y alucinaciones, en ausencia de síntomas afectivos importantes.
  • Síntomas psicóticos. Durante al menos un mes la persona ha experimentado alguno de los siguientes síntomas: ideas delirantes (generalmente, se trata de delirios paranoides), alucinaciones (frecuentemente, son auditivas), lenguaje desorganizado (el lenguaje es incoherente), comportamiento desorganizado. Hay un deterioro de la percepción de la realidad que afecta a la persona en varios aspectos.
  • Síntomas afectivos. Durante el período que dura el trastorno esquizoafectivo, se ha presentado un episodio depresivo mayor, un episodio maníaco o un episodio mixto. En el caso del episodio depresivo mayor, este debe tener al menos una duración de 2 semanas, en cuanto al episodio mixto y maníaco, su duración debe de ser de al menos 1 semana.
  • Inicio y duración. Este trastorno suele iniciarse en la edad adulta y tiende a permanecer durante por lo menos 6 meses. Los síntomas psicóticos suelen presentarse durante los primeros 2 meses. Los 3 siguientes meses, los síntomas afectivos se conjugan con los síntomas psicóticos, para que finalmente, en el último mes únicamente se presenten los síntomas psicóticos nuevamente.
  • Subtipos. Dentro del trastorno esquizoafectivo, se pueden distinguir dos subtipos que se determinan según el trastorno afectivo que predomine. De este modo, existe el tipo bipolar, que es cuando se presenta un episodio maníaco o mixto; o el tipo depresivo, que es cuando el trastorno de estado de ánimo que se presenta corresponde a un episodio depresivo mayor.
  • Vida cotidiana. La persona que atraviesa un trastorno esquizoafectivo experimenta un deterioro de su vida laboral, social y familiar. Es común, que la persona comience a tener dificultades para el cuidado de sí mismo, poco a poco comience a aislarse y baje el rendimiento laboral. También es importante aclarar que existe un aumento del riesgo de suicidio.
  • Tratamiento. En primer lugar, cabe aclarar que es de suma importancia que se concurra con un médico especialista para un adecuado diagnóstico. Generalmente, el tratamiento implica el consumo de ciertos medicamentos para tratar los síntomas, como lo son: antipsicóticos, antidepresivos, ansiolíticos, entre otros. Al mismo tiempo, se recomienda la psicoterapia que acompañara y complementará el consumo de dichos medicamentos.

  • Trastorno esquizoafectivo de tipo maníaco
    Trastorno en el cual los síntomas esquizofrénicos y los maníacos son destacados en el mismo episodio de enfermedad. La alteración del humor es generalmente en forma de euforia acompañada de aumento de la estimación de sí mismo e ideas de grandeza, pero a veces son más evidentes la excitación o irritabilidad, acompañadas de un comportamiento agresivo y de ideas de persecución. En ambos casos existe un aumento de la vitalidad, hiperactividad, dificultades de concentración y una pérdida de la inhibición social normal. Pueden estar presentes ideas delirantes de referencia, de grandeza o de persecución, pero se requieren otros síntomas más típicamente esquizofrénicos para establecer el diagnóstico. El enfermo puede insistir, por ejemplo, en que sus pensamientos están siendo difundidos o interceptados, o que fuerzas extrañas están tratando de controlarlos, o puede referir oír voces de varias clases, o expresar ideas delirantes extrañas que no son sólo de grandeza o de persecución. Se requiere a menudo un interrogatorio minucioso para establecer que el enfermo está realmente experimentando estos fenómenos mórbidos y no sólo bromeando o hablando de forma metafórica. Los trastornos esquizoafectivos de tipo maníaco son con frecuencia psicosis floridas con un comienzo agudo, pero la recuperación completa suele tener lugar en pocas semanas, a pesar de que el comportamiento esté alterado de un modo llamativo.
    Pautas para el diagnóstico
    Debe existir una exaltación marcada del humor, o una exaltación menos evidente del humor acompañada de irritabilidad o excitación. Deben hallarse claramente presentes dentro del mismo episodio, por lo menos uno y preferiblemente dos síntomas característicos de la esquizofrenia (tal y como se especifica en las pautas (a-(d) para el diagnóstico de F20.-, esquizofrenia).
    Incluye:
    Psicosis esquizoafectiva de tipo maníaco.
    Psicosis esquizofreniforme de tipo maníaco.

    F25.1
    Trastorno esquizoafectivo de tipo depresivo
    Trastorno en el cual los síntomas esquizofrénicos y depresivos son destacados en el mismo episodio de enfermedad. La depresión del humor suele acompañarse de varios síntomas depresivos característicos o de trastornos del comportamiento tales como inhibición psicomotriz, insomnio, pérdida de vitalidad, de apetito o de peso, reducción en los intereses habituales, dificultades de concentración, sentimientos de culpa, de desesperanza e ideas de suicidio. Al mismo tiempo o dentro del mismo episodio están presentes otros síntomas típicamente esquizofrénicos. El enfermo puede insistir, por ejemplo, en que sus pensamientos están siendo difundidos o interceptados, o en que fuerzas extrañas están tratando de controlarlo. Puede estar convencido de estar siendo espiado o de ser víctima de un complot que no se justifica por su comportamiento, o de oír voces que no son únicamente despectivas o condenatorias sino que hablan de matarlo o comentan entre ellas su comportamiento. Los trastornos esquizoafectivos de tipo depresivo suelen ser habitualmente menos floridos y alarmantes que los episodios esquizoafectivos de tipo maníaco, pero tienden a durar más y el pronóstico es menos favorable. Aunque la mayoría de enfermos se recuperan completamente, algunos desarrollan con el tiempo un deterioro esquizofrénico.
    Pautas para el diagnóstico
    Debe aparecer un humor depresivo marcado, acompañado por lo menos por dos síntomas depresivos característicos o de trastornos del comportamiento enumerados en el episodio depresivo (F32.-). Además, deben hallarse dentro del mismo episodio, por lo menos uno y preferiblemente dos síntomas típicamente esquizofrénicos (tal y como se especifica para F20.-, en las pautas para el diagnóstico de esquizofrenia a)- d).
    Incluye:
    Psicosis esquizoafectiva de tipo depresivo.
    Psicosis esquizofreniforme de tipo depresivo.

    F25.2
    Trastorno esquizoafectivo de tipo mixto
    Trastornos en los cuales los síntomas esquizofrénicos (F20.-) coexisten con los de trastorno bipolar, episodio actual mixto (F31.6).
    Incluye:
    Esquizofrenia cíclica.
    Psicosis mixta esquizofrénica y afectiva.
    F25.8 Otros trastornos esquizoafectivos

    F25.9
    Trastorno esquizoafectivo sin especificación
    Incluye: Psicosis esquizoafectiva sin especificación.

    Psicosis
    CIE-10


    jueves, 20 de junio de 2013

    Las psicosis, lo borderline y el delirio psiquiátrico

     
     
    'Bipolarización' versus 'borderización' de la clínica en la psiquiatría contemporánea
    Gerardo Spatola
     
    “Quien quiera formarse una opinión realmente experta, deberá estudiar psicopatología.”(...)
    “Hará bien en dejarse inspirar en los simples hechos, siempre y cuando sea capaz de verlos.”

    Karl Jaspers
     
    “En psiquiatría, nuestros conceptos nosológicos pueden tener por sí mismos un valor terapéutico.”
    “En psiquiatría la noción de curabilidad puede tener a veces por sí mismo un valor curativo.”

    Eugen Minkowski.
     
    Lamentablemente hasta las mejores corrientes del pensamiento científico muchas veces derivan en decadentes procesiones religiosas fanáticas que siguen a sus dogmas de moda. Esta desviación epistemológica no es nueva en la historia de la psiquiatría porque cada época científica tiene su paradigma santificado para ser adorado con ciega devoción. Desde fines del siglo XX se asiste a una novedosa reconversión mística de nuestra renovada disciplina: la excomulgación de la “borderización” clínica con el bautismo de su “bipolarización” actual. O sea la mutación del credo diagnóstico-terapéutico que transforma “el espectro borderline” de antes en “el espectro bipolar” de ahora. Así los mismos pacientes de ayer y hoy son tan sobre/infra-diagnosticados como sobre/infra-tratados según los dictámenes de los concilios especializados que publican sus propias encíclicas. Sin embargo la comprobada seriedad de numerosas investigaciones científicas tanto de valor histórico como de curso vigente no merece esta primitiva religiosidad irónica del destino que burla el objetivo ético de aliviar mejor el sufrimiento humano por la enajenación fundamentalista en “el nombre de la ciencia”. Por eso se intenta desarrollar una reflexión crítica acerca de los antecedentes, los desarrollos y los logros de cada propuesta científica para la construcción epistemológica de cada entidad psicopatológica vigente en la clínica cotidiana (en este caso la personalidad borderline y el trastorno bipolar), poniendo especial énfasis en las deformaciones irracionales del conocimiento científico cuando el fanatismo místico y la mediocridad intelectual distosionan el pensamiento crítico del profesional.

    CUANDO LOS BORDERS VIENEN ACTUANDO...
    En la época de apogeo del psicoanálisis se empiezan a investigar aquellos casos “difíciles” que no responden por peculiar “resistencia” al tratamiento psicoanalítico ortodoxo propuesto  tradicionalmente para las neurosis. Así diversos autores de la década del 30 postulan diferentes denominaciones provisorias para las futuras personalidades borderlines: “esquizofrenia seudoneurótica”, “esquizofrenia latente”, “personalidad como si”, etc. Recién durante los años 50 y 60 se va independizando nosológicamente esta caracteropatía tan fronteriza como escurridiza del “espectro esquizofrénico” al ir perdiendo relevancia diagnóstica la azarosa y transitoria sintomatología psicótica que pueden presentar estos cuadros en períodos de descompensación (o sea los llamados “episodios micropsicóticos” con plena “restitución ad-integrum”). Indudablemente son autores como Knight, Gunderson y Kernberg quienes consolidan esta desviación caracterológica en la psicopatología clínica desde el psicoanálisis aplicado a la investigación más “objetiva” de casos clínicos, sin basarse tanto en una perspectiva “intersubjetiva” por dejar de apuntalarse exclusivamente en el juego de la “trans-contra-transferencia”. Entonces esta versión científica de la investigación psicoanalítica compartida por la medicina  se acerca también críticamente a la psiquiatría para enriquecer el desarrollo clínico de la pujante psiquiatría dinámica con una revolucionaria creación psicopatológica propia sin precedentes. Por supuesto que el reconocimiento de esta novedosa entidad es resistida por la psiquiatría clásica que defiende la tradicional “esquizofrenización” clínica  de sus pacientes al sobrediagnosticar como “psicosis esquizofrénica” a los rebautizados “borderlines” que presentan síntomas psicóticos limitados a la duración de las crisis caracterológicas. Y también esta entidad psicopatológica es ferozmente atacada hasta la renegación o la desmentida de su existencia concreta en la práctica asistencial por la versión del psicoanálisis más estructuralista que promueve Lacan con su mesiánico “retorno a Freud” para diferenciarse políticamente como línea interna del amplio abanico psicoanalítico y distanciarse doctrinariamente de la psiquiatría como representante caduco del “orden médico” modernizado.
    Sin embargo hacia los años 70 se consolida oficialmente esta caracteropatía en la nosología psiquiátrica-psicoanalítica internacional para ser valorada con la seriedad fenomenológica-metapsicológica que se merece en la clínica. Luego empieza su lamentable proceso de decadencia nosológica al transformarse en un hegemónico espectro infinito del sobrediagnóstico que a modo de revancha seudocientífica desmiente o reniega groseramente la histórica existencia previa de los esquizofrénicos... tan subdiagnosticados desde entonces. Y cabe destacar que la simplificación nosológica estructural en neurosis-perversión-psicosis para varios autores desde Freud hasta la polémica inclusión  de la estructuración borderline de la personalidad le sigue prestando una escasísima atención teórico-clínica a la bipolaridad maníaco-depresiva con la honrosa excepción de la gran psicoanalista “transgresora” F. Fromm-Reichmann.
    La pérdida brutal de la objetividad científica en la personalidad borderline sobrediagnosticada lleva a la hegemonía iatrogénica del psicoanálisis aplicado a la psiquiatría donde incluso la sospechosa  psicofarmacología en desarrollo resulta apenas confiable como apéndice terapéutico de emergencia reservado exclusivamente para el tratamiento agudo (pero no de mantenimiento) de las enfermedades afectivas y psicóticas. Justamente la denominada psiquiatría dinámica desconfía demasiado de las prejuzgadas “soluciones sintomáticas” de la medicación prescripta porque “hace callar el sentido del síntoma” sagrado para una eterna interpretación inconciente... y también desconfía del organicismo resucitado en un neurobiologismo recién nacido con fuerza hacia los años 80. Así en este renovado contexto  paradigmático de moda pierde paulatinamente su prestigio este psicoanálisis regresivo fijado a su propia resistencia narcisista por hacer una defensa neurótica de la automatización diagnóstica-terapéutica de la personalidad borderline sin la rigurosidad clínica del comienzo... entre otros importantes asuntos en discusión.

    CUANDO LOS BIPOLARES VIENEN CICLANDO...
    Hoy en pleno apogeo de la neurobiología aplicada a la psiquiatría se consolida rápidamente la entidad clínica del espectro bipolar que postula la existencia de variadas presentaciones sintomáticas atenuadas y disimuladas (por ende subdiagnosticadas) mucho más allá de la  grave psicosis maníaco-depresiva clásica (trastorno bipolar tipo I del DSM IV). Indudablemente  Kraepelin sigue siendo el gran pionero en sus minuciosas descripciones didácticas para incluir aquellos casos bipolares más atípicos observados con tanta sutileza clínica como en las múltiples combinaciones semiológicas de los llamados “estados mixtos”.  Luego sigue la originalidad de Leonhard con la clasificación entre trastornos afectivos unipolares y bipolares que reordena definitivamente la nosología de los trastornos anímicos, agregando un nuevo grupo clínico llamado “psicosis cicloides” que está evolutivamente emparentado con la bipolaridad ampliada a pesar de la espectacular sintomatología psicótica observable en las descompensaciones. Y llegando a un provisorio final del recorrido histórico aparece Akiskal con sus investigaciones multicéntricas internacionales del denominado “espectro bipolar” en constante revisión clasificatoria-predictiva según los antecedentes genético-hereditarios y las dispares respuestas terapéuticas. Así se ensancha enormemente el horizonte nosológico de la bipolaridad clínica en múltiples formas sintomáticas y evolutivas con diferentes pronósticos a largo plazo que requieren sendas investigaciones específicas para evaluar las características diferenciales de los síndromes bipolares descriptos.
    Pero este novedoso paradigma científico genera un grave e irresoluble conflicto con la psiquiatría más clásica que tiende a la “esquizofrenización” de la clínica por privilegiar académicamente la tradicional y conservadora presencia de delirios-alucinaciones como “signos patognomónicos” de la esquizofrenia. La  rotunda comprobación de la existencia de sintomatología psicótica de primer y segundo orden en los trastornos bipolares, a pesar de su genial creador Schneider que cree más en la exclusividad característica de dichos síntomas para diagnosticar  esquizofrenia, recorta el protagonismo diagnóstico de esta antigua psicosis estructural en la nosología moderna al ser devaluada en una posible (pero no indispensable) presencia sintomática transitoria-reversible durante las descompensaciones afectivas de la bipolaridad (o sea los “episodios maníacos o depresivos con síntomas psicóticos congruentes o no congruentes con el estado del ánimo” del DSM IV).
    Incluso cabe destacar la justa y saludable eliminación del equívoco término estructural de “psicosis” para denominar hoy a la enfermedad maníaco-depresiva en el DSM IV, siendo reemplazado por el concepto de “trastorno” teniendo en cuenta que los pacientes bipolares pueden “estar psicóticos” en las fases de descompensación, sin “ser psicóticos” permanentes como los clásicos casos esquizofrénicos y paranoicos. De esta manera se termina de recortar la antigua hegemonía de las “psicosis endógenas” de Kraepelin al quedar el trastorno bipolar dentro del grupo de las patologías anímicas y, por otro lado, su “demencia precoz” con su “paranoia” incluidos en el grupo de los trastornos psicóticos del DSM IV.
    También cabe puntualizar la creativa reincorporación nosológica de la catatonía de Khalbaum, ya no solamente como una   clásica variante clínica de la esquizofrenia propuesta por Kraepelin, sino  además como un síndrome independiente libremente asociado a los episodios maníacos o depresivos bajo el nombre de “síntomas catatónicos” del DSM IV.  
    Por último resulta también interesante el descubrimiento propuesto por Akiskal de los “temperamentos afectivos” endógenos (hipertímico, ciclotímico, distímico) que parecen avanzar rápidamente sobre algunos “trastornos de personalidad” del DSM IV (narcisista, límite, histriónico) acusados de presumible sobrediagnóstico generalizado. O sea el postulado expansionista de anexar buena parte del escandaloso “cluster B” caracteropático que clasifica el manual estadounidense al extendido territorio nosológico conquistado por  los “trastornos afectivos” de la actualidad. Y a pesar de haber conseguido la bipolaridad un lugar más específico en el DSM IV con la incorporación del  “trastorno bipolar tipo II” (existencia episódica de hipomanía-depresión) y el “trastorno ciclotímico” (alternancia de numerosos períodos hipomaníacos-depresivos), pareciera que el insaciable “espectro” igualmente no se conforma con el éxito logrado  y pretende abarcar cada vez más.
                                
    CUANDO LOS ESPECTROS VIENEN DEL MAS ALLA...
    Haciendo una breve contemplación histórica retrospectiva se puede constatar el traumático nacimiento de la categoría nosológica borderline a partir de la esquizofrenia clásica, teniendo un desarrollo conceptual propio en progresiva expansión clínica hasta llegar al envejecimiento nosológico que debilita su anterior vigor psicopatológico para agonizar en la pujante bipolaridad en crecimiento continuo. Y si se contempla la historia nosológica de la categoría bipolar se constata que nace en dos tiempos diferenciados: primero como parte fundamental del binomio kraepeliano fundante de las psicosis funcionales (la “demencia precoz con defecto” y la “psicosis maníaco-depresiva sin defecto” a largo plazo evolutivo); segundo como con el derecho clínico adquirido a presentar síntomas psicóticos asociados a sus descompensaciones anímicas sin rendir cuentas ni afiliarse obedientemente a la esquizofrenia ( la creación de los “síntomas psicóticos congruentes o no congruentes” con el humor imperante en las fases bipolares según el DSM IV). Y al final contemplando el vertiginoso crecimiento actual del “espectro bipolar”, rumbo a la fagocitación de las caracteropatías borderline-narcisistas ,se constata que todavía goza de muy buena salud joven. Aunque se critica epistemológicamente el reduccionismo nosológico de las tradicionales entidades categoriales demasiado circunscriptas o limitadas por la exigencia paradigmática de una excepcional pureza  poco evidenciable en la práctica asistencial diaria; también se puede formular una crítica epistemológica al ilimitado expansionismo nosológico de  novedosas entidades dimensionales por su infinita extensión clínica que pretende infiltrarse en las bases psicopatológicas de otros cuadros fenomenológicos históricamente más consolidados y así carcomer sus cimientos científicos hasta desintegrar el edificio nosológico del viejo paradigma. Es evidente que por ahora no existe el equilibrio perfecto entre lo categorial y lo dimensional dentro de la nosología psiquiátrica actual y las modas científicas tendientes a uno u otro modelo clasificatorio tampoco se acercan demasiado al ideal de armonía nosológica. Pero mientras el DSM se afirma oficialmente en un modelo categorial a través de estrictos criterios codificados de inclusión-exclusión, tanto la “borderización” psicoanalítica de la psiquiatría dinámica como la “bipolarización” organicista de la psiquiatría neurobiológica, se extienden en sendos “espectros” antagónicos por alcanzar la hegemonía clínica de la psicopatología. Cada propuesta científica  tiene su tiempo de gloria pasada como el “espectro borderline” y de gloria presente como el “espectro bipolar”, coexistiendo ayer y hoy en el debate epistemológico de la psiquiatría contemporánea a través de esta disputa nosológica, clínica y terapéutica.
    La reconocida co-morbilidad posible entre trastornos de la personalidad y trastornos bipolares tampoco aporta a una mayor claridad conceptual cuando cada “espectro psicopatológico” se propone fagocitar al contrincante nosológico mediante difusas fórmulas oscuras como “ el ultraciclado de ultrabreve duración” para absorber la personalidad borderline a la nueva bipolaridad y “ el patrón general de inestabilidad con impulsividad” para absorber el trastorno bipolar a la caracteropatía fronteriza. Y aunque los grandes trastornos bipolares endógenos  son episódicos en sus manifestaciones sin necesitar desencadenantes vitales indispensables que se pueden  diferenciar fenomenológicamente de la cronicidad desviada de los trastornos de la personalidad con descompensaciones agudas a partir de necesarios desencadenantes vitales ... el problema se complejiza con el descubrimiento de los temperamentos afectivos incluidos en esta bipolaridad extendida a modo de derivaciones atenuadas de los cuadros anímicos intensos más clásicos. Así surgen nuevos conflictos de competencia nosológica entre la fenomenología de los trastornos borderline-narcisista de la personalidad según Kernberg basado en la metapsicología psicoanalítica y la fenomenología de los tratornos hipertímico-depresivo-irascible-ciclotímico según Akiskal basado en el organicismo neurobiológico. Por ende la pobreza de las relaciones objetales primarias internalizadas-los mecanismos defensivos primitivos del Yo apuntalados en la disociación o escisión yoica-la deficitaria conformación narcisista del Self en Kernberg se enfrentan sin tregua a la vulnerabilidad cerebral genética- las alteraciones del funcionamiento neuronal por la desregulación de  neurotransmisores implicados- la altísima carga hereditaria familiar en Akiskal... estando ambos ireemplazables autores contemporáneos apoyados en serias investigaciones científicas validadas internacionalmente. Y por último no hay que olvidar a una gran víctima nosológica de esta contienda borderline-bipolar que es la ancestral esquizofrenia a partir de ver reducido drásticamente su territorio clínico a una mínima expresión  que tampoco resulta demasiado justa. Así la esquizofrenia se diagnostica acorralada entre el espectro borderline y el espectro bipolar que se independizan y contra-atacan sin piedad a partir de la devaluación y la expropiación de los clásicos síntomas psicóticos productivos patognomónicos de la enfermedad psicótica... Incluso ya no se menciona el “espectro esquizofrénico” de antes aunque el DSM reconoce tácitamente la existencia clínica de trastornos de la personalidad como el “esquizoide” y el “esquizotípico” (ambos derivados temperamentales de la esquizofrenia). Pero por supuesto que mucha menos importancia clínica actual se le asigna todavía a la paranoia (hoy “trastorno delirante” del DSM IV) con su derivación caracterológica llamada “trastorno paranoide de la personalidad” según el mismo manual. Además la delicada balanza psicopatológica en la consideración proporcional de síntomas afectivos y síntomas psicóticos para decidir un diagnóstico presuntivo hoy se inclina notoriamente más a favor de los primeros que de los segundos a modo de tendencia pendular opuesta a la época de la “esquizofrenización” clínica previa. Como ejemplo complicado de un difícil diagnóstico diferencial posible basta considerar al “trastorno esquizoafectivo” y al “episodio maníaco o depresivo con síntomas psicóticos no congruentes con el estado del ánimo” a partir del DSM IV... donde se actualiza la dialéctica sincrónica-diacrónica en la íntima relación de los síntomas afectivos y psicóticos en el tiempo evolutivo de cada enfermedad.

    CUANDO LOS PSIQUIATRAS VIENEN DELIRANDO...
    De todas maneras las dificultades mayores aparecen en la aplicación cotidiana de estos paradigmas psicopatológicos en la clínica asistencial cuando se atienden pacientes comunes no-seleccionados que están por fuera de los protocolos internacionales de investigación, tendiéndose a una automatización o naturalización diagnóstico-terapéutica de los casos. Ahí se produce la vulgarización grotesca y ridícula de la ciencia aplicada al alivio del sufrimiento humano mediante la fanática afiliación político-religiosa a prejuicios dogmáticos que obnubilan la conciencia crítica del profesional.
    Es verdad que muchas veces los descubridores de fenómenos clínicos nunca antes conceptualizados requieren sostener una necesaria actitud de militancia combativa para defender sus descubrimientos científicos hasta lograr su aceptación general en la cofradía de especialistas que al principio siempre muestran su resistencia idiosincrásica a la novedad y a la originalidad. A partir de la normalización de la disciplina por la asimilación científica de nuevas concepciones psicopatológicas como “la personalidad borderline” y “el espectro bipolar” recién alcanza masividad por el consenso de profesionales.
    Entonces empieza la incorporación de inéditos instrumentos terapéuticos para el tratamiento de estos pacientes concretos, privilegiándose o recreándose aquellas herramientas terapéuticas coherentes con los fundamentos epistemológicos de la perspectiva clínica adoptada. Por ejemplo para el abordaje de la caracteropatía borderline se introducen profundas modificaciones saludables en la psicoterapia de orientación psicoanalítica y para el abordaje de la bipolaridad se introducen cuidadosas variantes psicofarmacológicas acordes a la indiscutible neurobiología del trastorno. Y además este panorama inicial se complejiza merced a la inclusión de interesantes aportes de la psicología cognitiva-conductual y del tratamiento psicofarmacológico específico de síndromes determinados en las personalidades borderlines como la inclusión de efectivas técnicas psicoeducativas y de grupos de autoayuda que amplían la contención social en la bipolaridad. O sea que la complejización creciente de sendos abordajes terapéuticos obliga saludablemente al entrecruzamiento transdisciplinario de diferentes saberes complementarios para el verdadero bienestar del paciente.
    El psiquiatra clínico que se dedica concretamente a atender casos borderlines o bipolares necesita encontrar la aplicabilidad real de las investigaciones en curso preservando su sentido crítico ante las modas hegemónicas de clasificación y tratamiento... lejos de las pasiones doctrinarias.
    Actualmente se pregona la estandarización diagnóstico-terapéutica basándose en los contundentes resultados de investigaciones multicéntricas con metodologías estadístico-cuantitativas que facilita una mejor objetivación pragmática de las enfermedades mentales tendiente a la creación de un acuerdo globalizado de especialistas. Este avance científico de los manuales DSM y de los protocolos de tratamiento aseguran una mayor especificidad y sensibilidad clínicas indiscutibles si se tiene en cuenta la historia de la incomprensibilidad intradisciplinaria en psiquiatría a la hora de diagnosticar y tratar a un mismo paciente con enfoques antagónicos entre sí.
    Este antecedente de haber sido una torre de Babel con tantos dialectos inconciliables fue motivo del menosprecio descalificador por parte de las restantes especialidades médicas durante décadas al observar con sarcasmo desde afuera que “ni entre ellos se ponen de acuerdo” por exclusiva culpa de las divisiones internas. Ahora el prestigio internacional de la psiquiatría unificada moderna es bastante comparable al resto de la medicina a partir de una excelente combinación entre el desarrollo impresionante de la neuropsicofarmacología -las investigaciones médicas basadas en la evidencia científica-la prolija estandarización nosológica y terapéutica. Esta reincorporación festejada de la psiquiatría a la medicina es un acercamiento al ideal del reconocimiento científico tan postergado desde el nacimiento mismo de esta especialidad en el mundo manicomial estrenado oficialmente por Pinel hace más de dos siglos. Hoy en los comienzos del siglo XXI se presenta bien firme este cambiadísimo panorama de la psiquiatría reciente para ubicar el problema planteado entre la “bipolarización” y la “borderización” de la clínica contemporánea.
    Considerando este momento histórico de la especialidad como una posible superación de su inconsistencia epistemológica ancestral para refundar una psiquiatría científica de consenso general; resulta interesante prevenir la recaída en un nuevo “delirio lógico de la ciencia” como postula Edgar Morin. Y para no generalizar vagamente en abstracciones filosóficas volátiles se insiste en denunciar cualquier fundamentalismo psiquiátrico que pregona pronto el endiosamiento de un paradigma para mañana venerar otro dios de reemplazo a la moda. Porque en el centro de estas disputas más religiosas que científicas hay pacientes inocentes a la espera de su diagnóstico y tratamiento adecuados para aliviar su dolor mental crónico... sean auténticos borderlines o bipolares genuinos.
    De ahí la preocupación por el peligro de una obediencia masiva a las concepciones en boga sin aplicar sistemáticamente el pensamiento crítico propio para no repetir la compulsión de ejercer una inconciente iatrogenia con los pacientes atendidos. Sinceramente es muy difícil alcanzar la sabiduría socrática para no caer en la tentación pecaminosa de resistirse con tenacidad a cualquier cambio ni en la antagónica tentación de entregarse con impulsividad a una reconversión apresurada. O sea de “borderizar” a los casos de antes y de “bipolarizar” a los casos de ahora con el fanatismo de siempre justificado con argumentos contrapuestos según la época paradigmática.
    Además al diagnóstico borderline se le propone un tratamiento de crisis basado en la utilización de antidepresivos-antipsicóticos-antirrecurrenciales solos o combinados según la presencia aislada o simultánea de síntomas impulsivos-ansiosos-alimentarios-depresivos-disfóricos-psicóticos durante un tiempo preferentemente limitado. Y al diagnóstico bipolar se le propone un tratamiento de fondo basado en la indispensable utilización principal de antirrecurrenciales durante un tiempo indefinido de por vida para mantener una estabilización anímica prolongada. Entonces así como nadie ya puede negar con sensatez el valor fenomenológico del descubrimiento de los espectros borderline y bipolar con sus importantes consecuencias nosológicas y terapéuticas... tampoco puede negarse el riesgo cierto de la deformación profesional que termina distorsionando serios avances científicos para engendrar una monstruosidad clínica incontrolable, por ejemplo a la hora de diagnosticar y medicar.
    Antes las explosiones anímicas de las actuaciones auto/heterolesivas eran absolutamente interpretables desde el inconciente borderline; y ahora cualquier episodio de variación anímica detectable en la historia vital de un paciente se evalúa precozmente como un valiosísimo signo escondido de bipolaridad latente a detectar... Ayer también se perseguía fanáticamente al supuesto borderline tras la “vivencia crónica de vacío” existencial con su transitorio alivio gracias al inesperado “acting-out”; y en cambio hoy se persigue obsesivamente al camuflado bipolar tras el sospechoso episodio depresivo “unipolar” o tras el incierto cuadro de “distimia” con “inicio temprano o tardío” del DSM IV (siendo cuasi-acusadas ambas entidades de encubrir o enmascarar a la bipolaridad responsable de todas las alteraciones anímicas observables)... De esta manera se degenera tan fácilmente la aplicabilidad universal de revolucionarias investigaciones científicas serias cuando cada profesional actuante “de época” prejuzga de sus casos atendidos con iatrogénica precocidad irreflexiva... sumándose ciegamente a la religión psiquiátrica de tantos colegas creyentes que también hacen “un sacerdocio de la profesión médica”...
    A modo de buen sacudón de sano realismo clínico en medio de tantas especulaciones “de alto vuelo” en pugna, se recuerda a un paciente borderline-narcisista y/o bipolar tipo II que le decía al autor con involuntaria ironía y genuina inocencia: “Yo ya no entiendo más nada... Antes me dijeron que lo que tenía era por ‘mis rasgos de carácter’... Y ahora me dicen que ‘soy bipolar’... Yo lo único que sé es que siempre me sentí igual... que no cambié mucho en estos años...” Y a continuación también se recuerda a alguien que canta desde hace mucho tiempo: “Vuele bajo/ porque abajo/ está la verdad...” Y como para no perder a último momento el delgadísimo hilo de la idea directriz del trabajo en aparente curso conservado por culpa de interminables asociaciones tan personales... sólo a modo de provisoria conclusión abierta el autor se pregunta en una suerte de inquietante “premonición” seudocientífica: ¿Al final se convertirá el “espectro” bipolar en otro nuevo “fantasma” que destrone mediante una revolución al “espectro” borderline en el mismo reinado de la iatrogenia repetida?
    Justamente por esta preocupante razón profesional, el genio médico de Hipócrates nos sigue recordando sin cansarse con sabia humildad clínica siglo tras siglo: “Primero no dañar”.

    “Lo esencial sólo se nos manifiesta cuando observamos de manera concreta lo individual, articulamos el planteamiento del problema y comparamos estableciendo contrastes. Sólo así podía conseguirse aquello que me interesaba: no las teorías supuestamente dominantes, supuestamente útiles para ‘averiguar un secreto’, sino las que sirven al fin de fijar los puntos de vista necesarios para ver los verdaderos enigmas y tomar conciencia de ellos.”
    Karl Jaspers 
     

    sábado, 14 de julio de 2012

    Psicosis Afectivas: Emil Kraepelin


    DISCORDIA

    Cuando la existencia me impone su desmesurado yugo,
    hueste de relumbrantes destellos asoma ante mí:
    es un tornasol tropel de rutilantes sueños y anhelos
    que ferazmente florece y me embarga del todo.

    Sin embargo, el día en que yo acabe cediendo jamás llega:
    sujeto estoy, no lo ignoro, por mil férreos grilletes.
    Lucho por la luz, busco gozoso albedrío
    pero ocultas fuerzas en perpetua pugna me confinan.

    ¿Algún tiene significado esta discordia?
    ¡Cómo rebosa de hiel el caliz de la vida ante mí!
    Y sin embargo mi ser más auténtico ama esta agonía

    Sin esta rebelión interior me odiaría a mí mismo
    ¿Cómo disiparse la grisura de los días podría
    sino a través de los redivivos anhelos de mi corazón?


    Emil Kraepelin

    SOLEDAD

    Suavemente a este rincón descienden las sombras del ocaso
    Hundiéndose en profundo gris el día va
    Leve escalofrío el corazón sobresalta
    El tañir de la campana al fin de la jornada
    Negro el firmamento pero niebla de plata lo hilvana
    Entre las finas ramas desnudas de los árboles
    Mientras la gigantesca metrópoli ruge muy cerca
    Sus luces y flamas relumbrando cual fiesta
    En el alma la querencia anhelos enciende
    Dónde está el acogedor refugio que añoro
    Al invadirme alivio de día concluido
    La muchedumbre y su rumor me circundan
    Cual borrasca tonante que ulula y que brama
    Un forastero soy en medio de esta tormenta
    Una muralla de brillantes ventanas mudas en torno
    Y la marea de lágrimas me asedia súbitamente
    Como un autómata me sorprendo errabundo
    Entre los moribundos cisnes del espacio y el tiempo
    Cual el sol exangüe y yertas también sus alas
    Así pesadamente baja envolviéndome
    La terrible soledad.


    Emil Kraepelin


    El miedo al futuro, como la mayoría de los miedos, no solo es aprendido sino que se puede desaprender. Jose Antonio Marina. Filósofo, Educador y Escritor.

    Tratad a vuestro juicio y a vuestros apetitos como a dos huéspedes queridos. No deberéis honrar más a uno que a otro, porque quien tal hace pierde el amor y la confianza de ambos. Khalil Gibrán. Poeta

    http://www.psicoletra.blogspot.com.es/2012/07/vinculos-bipolares.html Les pongo este enlace para que contrasten perspectivas. Esta que voy a compartir con ustedes es de Emil Kraepelin. Eminente Psiquiatra que acuñó el término demencia precoz, un tanto desafortunada. Aunque forma parte del nihilismo terapéutico que impregna y colorea el modelo oficial, particularmente biológico, de la Psiquiatría y su querida Industria Farmacéutica, con el vínculo del DSM y la CIE. El DSM también se llama la Biblia, aunque el Génesis parte de la premisa de que Dios dijo que todos estamos enfermos y que tenemos que liberarnos de la cárcel de los prejuicios, pretextos y aspectos ideológicos, morales y otros introyectos que no dejan ver la luz de la libertad. Por otro lado, el presente y el futuro que nos impulsa a la evolución en el sentido común y la práctica es el enfoque DIMENSIONAL, Kraepelin, fue padre de la Psiquiatría desde lo Categorial. Hay relaciones entre patologías, que tienen un núcleo común, que se exploran en una terapia dinámica pero no hay entidades nosológicas, siempre, independientes, parece sensato, dada la riqueza de la Naturaleza Humana. Rodrigo Córdoba Sanz.

    PSICOSIS AFECTIVAS: EMIL KRAEPELIN

    Criterios:
    i. Criterio Etiológico: "Su aparición no está relacionada generalmente con circunstancias externas y por tanto es endógena"
    ii. Criterios Sintomatológicos:
    Estados Maníacos: Fuga de Ideas; Elevación del Humor; Aumento de la Actividad
    Estados Depresivos: Humor Triste o Ansioso; Pensamiento Enlentecido; Disminución de la Actividad
    iii. Formas Mixtas:
    "En las que aparecen simultáneamente signos de manía y de melancolía, de forma que en los cuadros se suceden rasgos que corresponden a ambas enfermedades..., sin que puedan clasificarse ninguna de ellas".
    iv. Curso de la Enfermedad:
    "Como regla general... (consiste en) crisis independientes más o menos delimitables las unas de las otras y del estado normal de salud":
    episódico
    con remisiones
    eventualmente con recaídas
    "que pueden o no parecerse las unas a las otras; de hecho, a menudo representa cuadros totalmente antitéticos": monopolar, bipolar

    Se puede concluir que el diagnóstico es tanto más seguro cuanto más se aproxima el cuadro a los síntomas y el curso típicos, ya que no se ofrecen criterios formales para la decisión.

    Comentario:

    El propósito básico de Kraepelin es "delimitar enfermedades que tengán en común la causa, la sintomatología, el curso y la evolución" de entre todo el conjunto de cuadros que forman las enfermedades mentales. Por lo que se refiere a las enfermedades endógenas, este empeño se centró en las psicosis afectivas mayores ("locura maníaco-depresiva") y en la demencia precoz. En la 8ª Edición de su tratado de Psiquiatría, 1913, la última que escribió el propio Kraepelin, el onceavo capítulo lo dedica a la locura maníaco-depresiva, la demencia endógena, conocida hoy en día como esquizofrenia, y también a la locura epiléptica que incluye los trastornos convulsivos. Lo que se expone a continuación está extraído del trabajo llevado a cabo por Kraepelin, tal como él lo presentó en la 8ª Edición de su Tratado.
    Basándose parcialmente en experiencias previas, alemanas y francesas, pero, sobre todo, apoyándose en sus descripciones, resultado de una observación completa y continuada, el trabajo de Kraepelin unió bajo el concepto general de locura maníaco-depresiva "por un lado todos los tipos de locura períodica y circular, y por otro, la manía no complicada, la mayoría de entidades patológicas consideradas como "melancolía" y también una cantidad no despreciable de casos de "amencia", y además "ciertas modificaciones morbidas del humor, leves o muy leves, a veces períodicas y a veces crónicas, que por un lado se consideran como estadios preliminares de trastornos más graes y, por otro lado, como pertenecientes a los dominios de la naturaleza individual".
    Fenomenológicamente, Kraepelin distinguía esos estados básicos que acabamos de mencionar, de los estados maníacos, melancólicos/depresivos, y maníaco-depresivos mixtos típicos. Sin embargo los unía por la cuatro siguiente razones:
    1. La experiencia demuestra "que a pesar de las numerosas diferencias externas encontradas en todos los cuadros clínicos presentados, no obstante, se repiten los rasgos básicos". Nos encontramos "ante un grupo preciso y limitado de alteraciones... en todas las formas de locura maníaco-depresiva. Sin ser indicativas de las enfermedad al tomarlas individualmente, vistas en su conjunto ofrecen una notable impresión de unidad dentro de la multitud de formas que toman los cuadros clínicos".
    2. Las diversas formas de la enfermedad se entremezclan sin que puedan reconocerse las fronteras entre ellas y se suceden unas a otras en el mismo paciente. Las enfermedades pueden parecerse unas a otras transversalmente y, sin embargo, sus cursos pueden ser marcadamente diferentes.
    3. "Otro aspecto que tiene en común...  es su pronóstico uniforme" Resulta "chocante desde la experiencia general, que las crisis de locura maníaco-depresiva nunca conducen a una demencia notable,... en lugar de esto, la regla general es la resolución completa de todas las manifestaciones mórbidas. Cuando, excepcionalmente, no es este el caso, una astenia global es lo peor que suele aparecer, lo cual resulta tan característico de esta enfermedad, como no lo es de las demencias que surgen de distintos trastornos".
    4. Se señalaba por último que "Aparentemente, las distintas formas..., también pueden reemplazarse en cuanto a sus influencias genéticas"
    [...]
    Kraepelin desarrolló su concepto de locura maníaco-depresiva de la misma forma que el de demencia precoz. Al aplicar una teoría general de la enfermedad en sus observaciones, logró crear un sistema clínico de clasificación psiquiátrica que sigue siendo válido. Además identificó y valoró críticamente los principales temas que habrian de tomar parte en el debate aún vigente sobre la enfermedad maníaco-depresiva. Su concepto de locura maníaco-depresiva, que abarca un amplio espectro de cuadros clínicos, es extenso y acaba allí donde empieza el concepto de demencia precoz. Los conceptos de Kraepelin siguen influyendo en todos los sistemas diagnósticos.

    Texto de la World Psychiatric Association. Espaxs. Publicaciones Médicas. Barcelona.




    - Brink L, Jelliffe SE. Emil Kraepelin, psychiatrist and poet. J Nerv Ment Dis 1933; 77: 274-282.
    - http://www.whonamedit.com/doctor.cfm/615.html
    Otros enlaces relacionados:
    - 'Lehrbuch der Psychiatrie', de Emil Kraepelin.
    http://youtu.be/KbNisrJMWUg Derdian -Black Rose- Grupo Italiano de Heavy Melódico que se ha puesto en contacto conmigo.
    http://youtu.be/vljFUCmaEDQ John Lennon -Reflexiones-
    http://youtu.be/zDCPm-STX0U John Lennon -God-
    https://network23.org/madsisterhood/2012/05/27/el-engano-de-los-ansioliticos/ Texto Crítico con la Psiquiatría, fuente del dibujo que aparece encima de nuestras líneas.