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miércoles, 3 de junio de 2015

Breve Biografía de Tolstoi

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LEON TOLSTOI (1828-1910)
Liev Nikolaievich Tolstoi nació en Yásnaia Poliana, Tula (Rusia), el 28 de agosto de 1828, en el seno de una adinerada familia de procedencia aristocrática. Su padre era el Conde Nikolai Ilich Tolstoi y su madre la princesa Maria Nikolaievna Volkonski.
Se crió con sus tías paternas en la gran hacienda familiar tras el fallecimiento de sus padres cuando todavía era un niño. A partir de 1844 estudió en la Universidad de Kazán leyes y lenguas orientales, pero abandonó sus estudios en 1847 descontento con los métodos educativos. Participó, a partir de 1851, en diversas expediciones militares en el Cáucaso y en la Guerra de Crimea.
Tolstoi comenzó a escribir en diversas publicaciones a mediados del siglo XIX, entre ellas la revista “Sovremennik”.
Su primer libro fue “Infancia” (1852), continuado por “Adolescencia” (1852-54) y “Juventud” (1857), una trilogía autobiográfica. En “Relatos de Sebastopol” (1855-1856) rememoraba su época bélica. Más tarde publicó “Felicidad Conyugal” (1859).
Su espíritu social y solidario le llevó a fundar una escuela en 1857 a la que asistían los hijos de los campesinos que trabajaban en su hacienda.
También creó una revista denominada “Yasnaia Poliana” en la que exponía sus idearios pedagógicos.
En el año 1862 contrajo matrimonio con Sofia Andrejevna Bers, a quien el escritor llamaba Sonia.
“Guerra y Paz” (1865-1869) y “Ana Karenina” (1878) son sus novelas más conocidas, de estilo sencillo, perspectiva realista e incisión psicológica en sus personajes.
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La última etapa de su obra, marcada por varias desdichas como la muerte de dos de sus hijos, se caracteriza por sus conflictos y reflexiones espirituales, éticas y filosóficas, bases de títulos como “Confesión” (1879), “En que consiste mi fe” (1882), “La iglesia y el Estado” (1891) o “La doctrina cristiana” (1897), libros en los que pone de manifiesto su creencia en el amor y la humildad como base principal del ser humano. Por estos textos fue excomulgado por la Iglesia Ortodoxa en 1901.
Escribió también trascendentales ensayos como “Qué es el arte” (1897).
Murió en la estación de tren de Astapovo, Riazán (Rusia) el 22 de noviembre de 1910, cuando pretendía abandonar sus posesiones para incomunicarse en algún territorio solitario. Tenía 82 años.
CITAS:
La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón.
No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás.
El que ha conocido sólo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil.
¿Qué es el bien? No es más que amor.

Cuentos muy breves de Tolstoi



Lev Nikoláyevich Tolstói , también conocido como León Tolstói (Yasnaia Poliana, 1828 - Astapovo, 1910) fue un novelista ruso ampliamente considerado como uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. Sus más famosas obras son Guerra y Paz y Anna Karénina, y son tenidas como la cúspide del realismo. Sus ideas sobre la «no violencia activa», expresadas en libros como El Reino de Dios está en Vosotros tuvieron un profundo impacto en grandes personajes como Gandhi y Martin Luther King. 

LA URRACA DISFRAZADA 

La urraca, viendo con envidia lo bien tratadas que eran las palomas domésticas. Fué, pues, al molino y, en un descuido del molinero, se cubrió del molinero, se cubrió de harina, y de un vuelo se presentó en el palomar. Las palomas, creyéndola de su especie, la recibieron sin recelo. Se sentía feliz. Pero de pronto olvidó su papel y exhaló un graznido. Las palomas consternadas con aquel grito, tan poco semejante a un arrullo (el ruidito que hacen las palomas) , se lanzaron en grupo contra ella y la echaron de allí a picotazos. 
Un tanto corrida, volvió entonces al lado de los suyos. Pero éstos, al verla enharinada, se horrorizaron. Que extraño bicho es ese? Fuera de aquí!!! Con un furioso coro de graznidos la expulsaron también. 

EN EL PELIGRO 
Iban dos amigos paseando por un bosque cuando, de pronto, apareció un oso que avanzaba hacia ellos. 
Uno de los amigos fue el primero en verlo y, sin más dilación, echó a correr, encaramándose a un árbol y se disimuló entre la fronda. 
Su compañero se quedó en el camino y, cuando finalmente advirtió el riesgo, no teniendo tiempo de otra cosa, se tendió en el suelo y permaneció inmóvil, fingiendose muerto. 
El oso se le acercó pausadamente y se puse a olfatearlo. El contuvo su aliento, y el animal, creyendole muerto de veras,se alejó. 
Cuando ya no hubo riesgo, bajó el otro del árbol. 
-Qué te decia el oso al oido?- preguntó riendo a su compañero. 
-Me decía que es un cobarde el que abandona a un amigo en el peligro. 

EL MONO Y EL GUISANTE 

Un mono tenía varias guisantes (arvejas). Se le cayó uno. Quiso recogerlo y, al intentarlo, se le cayeron veinte más. 
Buscándolos y apañandolos diseminó el resto. 
Entonces se enfadó, pisoteó todos los guisantes y se fué. 

LOS DOS COMERCIANTES 

Un comerciante en hierros, al ir a emprender un largo viaje dejó sus mercancías en casa de un comerciante rico para que se las guardara. 
Cuando volvió del viaje se fué a casa de su amigo a recoger las mercancías cuya guarda le había encomendado. Pero, con gran sorpresa suya, el otro dijo al verle: 
-Tus mercancías se han estropeado. Nada tengo que entregarte. 
-¡Cómo! 
-Sí, las dejé en el desván y los ratones han roído el hierro. Si no quieres creerme puedes subir a verlo tú mismo. 
El comerciante pobre no discutió y dijo sencillamente: 
-Puesto que tú lo afirmas es bastante. No hace falta mirar. Desde hoy ya sé que los ratones comen hierro. Adiós. 
Y se fué. 
Ya en la calle vió a un niño, hijo del comerciante rico, que estaba jugando. Le acarició, le cogió en sus brazos, y se lo llevo a su casa. 
Al día siguiente el comerciante rico fué a ver al pobre y le contó la desgracia que le agobiaba: le habían robado a su pequeño hijo y pedía consejo a su amigo para poder encontrarlo. 
Ayer-repuso el comerciante pobre,-cuando salía de tu casa, vi justamente cómo un gavilán se apoderaba de un niño y se lo llevaba por los aires. Sin duda era tu hijo. 
-¿Quieres burlarte de mí?- exclamo el rico lleno de cólera. ¿Cuándo se ha visto que un gavilán se lleve a un niño por los aires? 
-No, no me burlo. Poco puede extrañar que un gavilán robe a un niño, en estos tiempos en que los ratones comen hierro. Todo puede suceder... 
Reflexionó entonces el rico. 
-Tu hierro- dijo al fin- no lo comieron los ratones. Yo lo vendí. Daría el doble de su precio por que el gavilán no se hubiese llevado a mi hijo. 
-Yo puedo, en cambio, hacer que recobres a tu hijo, ya que los ratones no se han comido el hierro. 
Y se fue a llamar al niño. 

martes, 2 de junio de 2015

Tolstoi



Uno no deja de aprender, de un clásico y de una clásica de la salud mental. El sufrimiento siempre nos acerca más a la verdad. Gracias.


domingo, 1 de julio de 2012

Transferencia, Contratransferencia y Relación Real





Quoi, toujours? Entre moi sans
cesse et le bonheur!
G. de Bernal


Qué tengo que elegir, entre yo mismo sin ninguna atadura o la felicidad. Rodrigo Códoba Sanz.
.
El amor auténtico se encuentra siempre hecho.
En este amor un ser qued adscrito de una vez
para siempre y del todo a otro ser.
Es el amor que empieza con el amor. 
Ortega y Gasset.

El segundo problema importante del psicoanálisis es la transferencia, y es quizá el más importante en la vida humana. Si nos preguntamos por qué ha habido personas que sacrificaron sus hijos al Moloch, por qué adoraron ídolos como Hitler y Mussolini, y por qué dieron su vida por un ídolo ideológico, se trata en todos estos casos del mismo fenómeno: la transferencia. Ahora bien, el concepto analítico freudiano de la transferencia es demasiado estricto. Para Freud, y todavía para la mayoría de psicoanalistas, quiere decir -y eso dice la palabra- que se transfiere un afecto, referido antes a una persona sigificativa de la infancia, padre o madre; como dicen, se "catectiza", se transfiere al psicoanalista. Lo cual, en gran medida, es cierto.
Harry Stack Sullivan ponía como ejemplo de la transferencia un caso en que una paciente, a la que había analizado durante una semana, al despedirse, el día siguiente, le dijo: "Pero doctor, ¡si no tiene barba!". En realidad, Sullivan no tenía más que un bigotito. Y ella, durante una semana había creído que tenía barba, En efecto, él era tanto el padre para ella que, en sentido literal, le había transferido el rostro de su padre verdadero, con barba. Veía en él, incluso físicamente, la imagen de su padre, porque, a causa de sus sentimientos que se tuvieron de niño a una persona significativa. Pero quizá no sea esta la esencia de la transferencia, quizá no sea lo más importante.
La transferencia, en sentido general, indica la necesidad de tener alguien que asuma la responsabilidad, una madre que ofrezca amor incondicional, un padre que elogie y castigue, que enseñe y amoneste. E incluso lo necesitará el que no haya tenido nunca padre ni madre, el que no haya sido nunca hijo para nadie, en tanto no haya llegado a ser plenamente humano, plenamente independiente. Si queremos comprender la necesidad de estas personas a las que considerar guías, protectores, o dioses, no basta pensar en la niñez. Debemos tener en cuenta la entera situación humana, en la cual el hombre está tan desamparado, tan confuso -en gran medida, por los errores que la cultura le impone sobre la vida-, tan atemorizado y tan inseguro, que es un anhelo general humano tener alguien a quien poder escoger como ídolo, de quien poder decir: "Este es mi dios; este es el que me ama, el que me guía y el que me recompensa, porque yo no puedo depender de mí mismo".
La transferencia se debe a un defecto de libertad y, en consecuencia, a la necesidad de encontrar un ídolo que adorar, en el cual creer para vencer el miedo y la inseguridad ante el mundo. (Nota de Rodrigo C.: Este es el hilo conductor del trabajo clave de Fromm titulado "El Miedo a la Libertad"). En cierto sentido, el hombre adulto no está menos desamparado que el niño. Podría estar menos desamparado llegando a ser un hombre plenamente indendiente y desarrollado, pero, en caso contrario, está tan desamparado, en efecto, como un niño, pues se ve rodeado por un mundo sobre el cual no tiene ninguna influencia, que lo deja en en la inseguridad y el miedo y, por eso, mientras que el niño, digamos, por motivos biológicos, busca un adulto, busca al padre y a la madre, la persona mayor busca un ídolo por motivos históricos y sociales.
El afecto, por ejemplo, de un neurótico o de un irrealista se transfiere tanto a un psicoanalista como a un profesor, a la mujer, a un amigo o a un personaje público. Yo definiría la transferencia en psicoanálisis como la relación irracional con otra persona que puede analizarse en el procedimiento analítico, mientras que la transferencia en otras situaciones es al misma, según la racionalidad de la persona, pero no es susceptible de análisis, no está en la mesa de operaciones.
Si alguien se impresiona por el poder, si alguien quiere ser protegido por una persona poderosa, nos encontramos co la misma adoración y la misma sobreestimación de un psicoanalista, un profesor, un politico, un sacerdote, o cualquier otra figura. Se trata siempre del mismo mecanismo. Solo en el psicoanálisis puede analizarse este tipo particular de ídolo irracional, que corresponde a una necesidad del paciente.
La transferencia no es simplemente una repetición, sino que se debe a la necesidad de (apoyarse en) otra persona (que supla un vacío o defecto). Por ejemplo, si yo me siento débil, inseguro, con miedo al peligro y con miedo a decidir, puedo querer encontrar alguien que sea seguro, resuelto y fuerte y me sirva de refugio. Y, naturalmente, lo estaré buscando toda la vida. Puede ser la clase de jefe que busque, o el profesor si soy estudiante, y eso es lo que veré en el psicoanalista. En cambio, si soy muy narcisista y creo que todo el que me critique es un solemne idiota, creeré que el psicoanalista es un idiota, mi maestro es un idiota, y todo el mundo es un idiota. Todos estos son fenómenos de transferencia, aunque solo reciban tal nombre en psicoanálisis.
El analista y el analizando se encuentran realmente en dos planos diferenciables: el plano de la transferencia y el de la contratransferencia. En cuanto a esta, digamos que el analista mantiene también toda clase de posturas irracionales ante el paciente. Tiene miedo al paciente, quiere que este le elogie, que le ame. Pues eso está mal, no debiera ser así. Mediante su propio análisis, debiera haber alcanzado un estado en que no necesite únicamente amor, pero en realidad no siempre ocurre así.
Me parece un error creer que todo lo que ocurre entre el analista y el paciente es transferencia. Este es solo un aspecto de su relación. Hay otro, el más importante: el hecho de dos personas que conversan. En esta época de teléfono y radio, quizá no se tome muy en serio, pero para mí es una de las cosas más serias: una persona habla a la otra. Y no hablan de cosas triviales, sino de algo muy importante, a saber, la vida de esta persona.
Aparte, pues, de transferencia y contratransferencia, hay un trato entre dos personas, y el paciente que no sea psicótico tendrá una idea de cómo es el otro, y el psicoanalista tendrá una idea de cómo es el otro, y el psicoanalista tendrá una de idea de quién es el paciente, y no todo es transferencia. En "técnica" psicoanalítica, importa mucho que el analista, por decirlo así, marcha constantemente por dos vías: se ofrezca como objeto de transferencia y la analice y se ofrezca tambièn como persona real, respondiendo como persona real.

Erich Fromm: "El Arte de Escuchar". Paidós, 2012, Barcelona. Pp.: 122-125.