Si nos preguntamos qué misión tuvieron que cumplir las distintas escuelas de psicoterapia, se podría decir en primer lugar respecto a Sigmund Freud que el logro del psicoanálisis consistió en el desenmascaramiento de los "neuróticos". Como dijo sobre la técnica de la asociación libre un respetado analista, Judd Marmor: "Las asociaciones libres nunca son realmente libres". De ese modo, "lo inconsciente era usado como una carte blanche en la que se podía inscribir prácticamente cualquier clase de interpretación".
De manera que es comprensible que Carl R. Rogers se empeñara en desarrollar un método y una técnica en cuyo marco, desde el inicio, se renunciaba a cualquier interpretación y se evitaba todo tipo de cosas para, en lo posible, no influir al paciente. En otras palabras, es mérito de Rogers haber indicado el camino hacia la desideologización del psicoanálisis después del "desenmascaramiento del neurótico" que se debía a Freud. Marmor decía algo con lo que estoy de acuerdo: "A través de los años, el psicoanálisis se indicó con demasiada frecuencia como una técnica terapéutica óptima. Si el psicoanálisis clásico constituye verdaderamente la aproximación óptima para cualquier forma específica de psicopatología, todavía sigue sin demostrar concluyentemente, pero, en el mejor de los casos, es indicado sólo en una pequeña porción de los casos".
Una psicoterapia de orientación psicoanalítica es bien diferente a un psicoanálisis clásico, este último se hace en diván, el analista no responde a preguntas, sólo interpreta en función de las asociaciones libres del paciente, se tiene que respetar el principio de abstinencia y el de neutralidad.
En la psicoterapia de orientación psicoanálitica el margen de maniobra es mayor, se puede adecuar la técnica a la persona, existen personas, por ejemplo, que pueden tener reacciones psicosomáticas ante ese encuadre clásico, ansiedad o falta de contención. Es sabido que Freud lo hacía, dijo una vez, por no poder estar ocho horas mirando a los ojos de los pacientes mostrando asepsia. Esto es humanamente imposible.
Erich Fromm lo reinvindica, Victor Frankl también critica el método y una de las muchas razones es que cada analista tiene unos sueños distintos para sus analizandos, el freudiano interpreta de una manera, el kleiniano de otra, y así sucesivamente. Sin embargo, otro autor importante, Fritz Perls invitaba a hacer estas
interpretaciones al paciente, a partir de las cuales podía dar sentido a su experiencia.
Victor Frankl explica lo siguiente en su libro "La Voluntad de Sentido": T.P. Millar cita a Burness Moore, el presidente del Comité de Información Pública de la Asociación Psicoanalítica Americana quien, en el órgano oficial de esta asociación, admite que en los últimos años se está haciendo notar una creciente desestimación del psicoanálisis y por eso, la Asociación decidió emplear un consultor para relaciones públicas. Millar pregunta si no sería más razonable que el psicoanálisisno se conformara con mejorar su imagen, sino que por fin pasara a revisar sus bases.
Esto se está dando pero genera "resistencias" en muchos analistas, las contribuciones de Kohut, Piera Aulagnier, Painceira y otros generan un cambio, antes de ellos Ferenczi, Masud Khan, Winnicott, Bowlby y otros contribuyeron a acercar el psicoanálisis a la clínica.
El problema reside en centrar el trabajo clínico en la teoría, es de lo que se quejan muchos analistas formados en este modelo, amplio y abarcativo pero con unas consignas un tanto rígidas y dogmáticas. Un psicoanalista convencido de su trabajo tratará de responsabilizar al paciente de sus problemas antes que revisar su técnica. Esto corresponde al dominio del psicoanálisis y por esto son pocos los pacientes que pueden ajustarse a esta demanda, en la actualidad las personas piden calidez, comprensión, alguien que les muestre una guía, un camino y les ayude a resolver sus problemas y descubrir las facetas de su personalidad que van camino de la salud, sus recursos y sus capacidades.
martes, 5 de abril de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
Erich Fromm: carácter necrófilo y biófilo
El carácter necrófilo es contrapuesto al carácter biófilo, que ama la vida, y que, en general, corresponde al carácter "genital" de Freud, aunque éste no pasó nunca de describirlo rudimentariamente, a diferencia del detalle con que atiende a las orientaciones pregenitales. El carácter orientado a la vida (genital) y el orientado a las cosas, o a la muerte (anal), pueden distinguirse por ciertos rasgos generales. El biófilo, al contrario que el acumulativo, es atraído por la vida y por el desarrollo en todas las esferas. Prefiere construir a retener. Es capaz de asombro y prefiere la vista de algo nuevo a la seguridad de hallar confirmación para lo viejo. Ama la aventura de vivir más que lo seguro. Su postura ante la vida es más funcional que mecánica. Ve más el todo que las partes, más las estructuras que las adiciones. Quiere moldear e influir por el amor, por la razón y por su ejemplo, no por la fuerza, ni dividiendo, ni manejando a las personas, a lo burócrata, como si fuesen cosas. Y disfruta de la vida y de todas sus manifestaciones, no de la mera excitación.
Erich Fromm. Pág. 121. Paidós.
Erich Fromm. Pág. 121. Paidós.
domingo, 3 de abril de 2011
Modelos
Es impresionante la cantidad de modelos teóricos que existen, hace poco una persona de Santiago de Chile me mandaba un link a un sitio y reivindicaba el papel de Maturana y Varela. El sitio es: http://www.itfsantiago.cl/ Allí hay artículos y organizan algún curso interesante, siempre es bueno estar reciclado. Lo interesante de este trabajo es que nunca se deja de aprender, en cuanto un terapeuta se enquista en un modelo fijo e inmutable o en una lectura clínica está perdiendo posibilidades de leer la realidad clínica y herramientas para ayudar al paciente.
Algunos pacientes vienen por el modelo que saben que practicas, otros por las lecturas que han podido hacer, otros vienen por el impulso del azar, otros derivados. En este trabajo es importante el conocer los objetivos del paciente y explicarle un recorrido, un encuadre, para que se sienta seguro, no obstante ese encuadre debe ser firme y elástico de forma que no se sienta en un lecho de Procrusto. Es importante no ajustar la teoría al paciente sino que la práctica de la clínica y la suya en concreto oriente la forma de trabajar.
Con esto quiero decir que siempre es seguro para un terapeuta seguir un modelo aprendido en seminarios y en una formación reglada, como en mi caso es la psicoterapia de orientación psicoanalítica, pero hay que abrirse a otros campos, de eso depende la apertura a la experiencia clínica, llamémoslo así.
Lejos quedan los modelos rígidos, los terapeutas del pasado con éxito adoptaron medidas serenas y flexibles y su éxito ha estado siempre en la cercanía, calidez y cordialidad, en el vínculo emocional terapéutico.
Allí es donde está la eficacia de un modelo, en el binomio terapeuta-paciente y eso es lo que hay que trabajar.
Algunos pacientes vienen por el modelo que saben que practicas, otros por las lecturas que han podido hacer, otros vienen por el impulso del azar, otros derivados. En este trabajo es importante el conocer los objetivos del paciente y explicarle un recorrido, un encuadre, para que se sienta seguro, no obstante ese encuadre debe ser firme y elástico de forma que no se sienta en un lecho de Procrusto. Es importante no ajustar la teoría al paciente sino que la práctica de la clínica y la suya en concreto oriente la forma de trabajar.
Con esto quiero decir que siempre es seguro para un terapeuta seguir un modelo aprendido en seminarios y en una formación reglada, como en mi caso es la psicoterapia de orientación psicoanalítica, pero hay que abrirse a otros campos, de eso depende la apertura a la experiencia clínica, llamémoslo así.
Lejos quedan los modelos rígidos, los terapeutas del pasado con éxito adoptaron medidas serenas y flexibles y su éxito ha estado siempre en la cercanía, calidez y cordialidad, en el vínculo emocional terapéutico.
Allí es donde está la eficacia de un modelo, en el binomio terapeuta-paciente y eso es lo que hay que trabajar.
sábado, 2 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Duelo
¿Es el duelo una enfermedad?. Se entiende el duelo como una reacción natural –sana y adaptativa- a una experiencia vital, que experimentan todos los seres humanos, sin necesidad de medicación, subjetiva y psicológica, que no da lugar a cambios somáticos y del que no se muere (...), Tal vez, uno debe hablar de duelo patológico o normal y restringir al primero la categoría de enfermedad (Engel, 1961).
El duelo normal se caracteriza por presentar una serie de síntomas cognitivos, conductuales, emocionales y orgánicos. Éstos aparecen en el transcurso del proceso de una forma idiosincrásica.
Síntomas cognitivos
Existen muchos patrones de pensamiento diferentes que marcan la experiencia de duelo.
Incredulidad (“no ha ocurrido”, “debe ser un error”)
Confusión (dificultades para concentrarse y olvidos)
Preocupación (obsesiones sobre como recuperar lo perdido, sobre lo perdido, etc.)
Sentido de presencia
Alucinaciones visuales o auditivas
No hay perdida de la autoestima Síntomas conductuales
Trastornos del sueño (dificultades para dormir y despertar temprano)
Trastornos de la alimentación (pérdida del apetito, aumento de las ganas de comer, etc.)
Conducta distraída
Aislamiento social
Soñar con lo perdido
Evitar recordatorios del fallecido
Buscar y llamar en voz alta (conductas de búsqueda)
Suspirar
Hiperactividad sosegada
Atesorar objetos que pertenecían a la persona perdida
Visitar lugares o llevar consigo objetos que recuerdan la perdida
Llorar
Síntomas emocionales
Tristeza (con lágrimas o sin ellas)
Enfado (por no haber podido hacer nada, por habernos dejado –experiencia regresiva-, con uno mismo o con otros)
Culpa o autoreproche (algo que ocurrió o que se pasó por alto)
Ansiedad (“no podré sobrevivir”)
Soledad (emocional y social)
Fatiga (apatía o indiferencia, “por la mañana soy incapaz de salir de la cama”)
Impotencia
Shock
Anhelo
Emancipación
Alivio (en largas o dolorosas enfermedades, o cuando se han mantenido una relación ambigua, difícil y prolongada)
Insensibilidad Síntomas orgánicos
Vacío en el estómago
Opresión en el pecho
Opresión en la garganta
Hipersensibilidad al ruido
Sensación de despersonalización
Falta de aire
Debilidad muscular
Falta de energía
Sequedad de boca
Existen una serie de variables que pueden afectar la forma en que se realiza el proceso. En todo proceso van a influir factores relacionales –el tipo de relación que se mantiene con lo que se ha perdido-, circunstanciales –cómo se ha producido la pérdida-, históricos –antecedentes personales y familiares-, de personalidad y sociales.
La relación que se haya establecido con la persona que se ha perdido será clave a la hora de realizar un proceso de duelo. Las relaciones ambivalente o ambiguas, dificultosas y con hostilidad no expresada o muy dependientes van a influir negativamente en el proceso de elaboración (Worden, 2002).
En cuanto a las circunstancias, hay situaciones que envuelven al doliente que afectaran el trabajo a realizar, como vivir solo, sin relaciones íntimas ni intimidad, con hijos pequeños, con otros estresores concurrentes y problemas económicos (economía, trabajo o alojamiento difíciles) (Tizón, 2004). Existen prácticas que facilitan u obstaculizarán la elaboración del duelo como la inexistencia de funeral. Además, existen diferentes tipos de pérdidas que contribuyen a la gravedad y la forma de realización del proceso, dificultando su elaboración. Las pérdidas más difíciles de asumir son:
• pérdidas súbitas o inesperadas
• pérdidas anteriores recientes (sobretodo en los nueve meses antes)
• desapariciones
• pérdidas prematuras (en especial de la madre antes de los 11 años)
• previo tiempo prolongado de cuidado del fallecido/a
• deformaciones o mutilaciones del moribundo o fallecido
• informaciones catastróficas
• relaciones pasionales intensas con el sujeto semanas antes
• exceso de culpa (persecutoria) ante la pérdida
• muerte por suicidio (multiplica por 7 el riesgo de suicidio en familiares)
• muerte por homicidio
• catástrofes (naturales, bélicas o accidentes)
• pérdidas indeclarables o inconfesables
• pérdidas múltiples
Un historial de pérdidas complicadas anteriores –personales y familiares- va a dificultar el duelo presente y futuro (Simos, 1979). Otros factores históricos influyentes serán (Tizón, 2004):
- vínculos anteriores ansiosos o ambivalentes versus apego seguro
- tendencias a cuidar compulsivamente
- negación de los vínculos afectivos
- experiencias infantiles predisponentes a elaborar insuficientemente y/o psicopatológicamente
- duelos anteriores (aún más en el caso de ser graves o acumulados)
- indefensión aprendida
- baja autoestima del sujeto en el duelo
- falta de relación y/o confianza en los demás
- familia ausente o poco capaz de contener y ayudar
- fobias por identificación con los progenitores
El duelo normal se caracteriza por presentar una serie de síntomas cognitivos, conductuales, emocionales y orgánicos. Éstos aparecen en el transcurso del proceso de una forma idiosincrásica.
Síntomas cognitivos
Existen muchos patrones de pensamiento diferentes que marcan la experiencia de duelo.
Incredulidad (“no ha ocurrido”, “debe ser un error”)
Confusión (dificultades para concentrarse y olvidos)
Preocupación (obsesiones sobre como recuperar lo perdido, sobre lo perdido, etc.)
Sentido de presencia
Alucinaciones visuales o auditivas
No hay perdida de la autoestima Síntomas conductuales
Trastornos del sueño (dificultades para dormir y despertar temprano)
Trastornos de la alimentación (pérdida del apetito, aumento de las ganas de comer, etc.)
Conducta distraída
Aislamiento social
Soñar con lo perdido
Evitar recordatorios del fallecido
Buscar y llamar en voz alta (conductas de búsqueda)
Suspirar
Hiperactividad sosegada
Atesorar objetos que pertenecían a la persona perdida
Visitar lugares o llevar consigo objetos que recuerdan la perdida
Llorar
Síntomas emocionales
Tristeza (con lágrimas o sin ellas)
Enfado (por no haber podido hacer nada, por habernos dejado –experiencia regresiva-, con uno mismo o con otros)
Culpa o autoreproche (algo que ocurrió o que se pasó por alto)
Ansiedad (“no podré sobrevivir”)
Soledad (emocional y social)
Fatiga (apatía o indiferencia, “por la mañana soy incapaz de salir de la cama”)
Impotencia
Shock
Anhelo
Emancipación
Alivio (en largas o dolorosas enfermedades, o cuando se han mantenido una relación ambigua, difícil y prolongada)
Insensibilidad Síntomas orgánicos
Vacío en el estómago
Opresión en el pecho
Opresión en la garganta
Hipersensibilidad al ruido
Sensación de despersonalización
Falta de aire
Debilidad muscular
Falta de energía
Sequedad de boca
Existen una serie de variables que pueden afectar la forma en que se realiza el proceso. En todo proceso van a influir factores relacionales –el tipo de relación que se mantiene con lo que se ha perdido-, circunstanciales –cómo se ha producido la pérdida-, históricos –antecedentes personales y familiares-, de personalidad y sociales.
La relación que se haya establecido con la persona que se ha perdido será clave a la hora de realizar un proceso de duelo. Las relaciones ambivalente o ambiguas, dificultosas y con hostilidad no expresada o muy dependientes van a influir negativamente en el proceso de elaboración (Worden, 2002).
En cuanto a las circunstancias, hay situaciones que envuelven al doliente que afectaran el trabajo a realizar, como vivir solo, sin relaciones íntimas ni intimidad, con hijos pequeños, con otros estresores concurrentes y problemas económicos (economía, trabajo o alojamiento difíciles) (Tizón, 2004). Existen prácticas que facilitan u obstaculizarán la elaboración del duelo como la inexistencia de funeral. Además, existen diferentes tipos de pérdidas que contribuyen a la gravedad y la forma de realización del proceso, dificultando su elaboración. Las pérdidas más difíciles de asumir son:
• pérdidas súbitas o inesperadas
• pérdidas anteriores recientes (sobretodo en los nueve meses antes)
• desapariciones
• pérdidas prematuras (en especial de la madre antes de los 11 años)
• previo tiempo prolongado de cuidado del fallecido/a
• deformaciones o mutilaciones del moribundo o fallecido
• informaciones catastróficas
• relaciones pasionales intensas con el sujeto semanas antes
• exceso de culpa (persecutoria) ante la pérdida
• muerte por suicidio (multiplica por 7 el riesgo de suicidio en familiares)
• muerte por homicidio
• catástrofes (naturales, bélicas o accidentes)
• pérdidas indeclarables o inconfesables
• pérdidas múltiples
Un historial de pérdidas complicadas anteriores –personales y familiares- va a dificultar el duelo presente y futuro (Simos, 1979). Otros factores históricos influyentes serán (Tizón, 2004):
- vínculos anteriores ansiosos o ambivalentes versus apego seguro
- tendencias a cuidar compulsivamente
- negación de los vínculos afectivos
- experiencias infantiles predisponentes a elaborar insuficientemente y/o psicopatológicamente
- duelos anteriores (aún más en el caso de ser graves o acumulados)
- indefensión aprendida
- baja autoestima del sujeto en el duelo
- falta de relación y/o confianza en los demás
- familia ausente o poco capaz de contener y ayudar
- fobias por identificación con los progenitores
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