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Paz y Ciencia
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jueves, 29 de mayo de 2014

El elefante atado


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba poderosamente la atención, el elefante. Después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Elefante atado
Sin embargo la estaca era un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando era chico, pregunte a los grandes. Algunos de ellos me dijeron que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces, la pregunta obvia:
- Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca.
Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.”
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro…
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque
¡Cree que no puede!
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.
Y tú, ¿tienes algo de elefante?
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que “no podemos” hacer un montón de cosas simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: no puedo, no puedo y nunca podré.
Muchos de nosotros crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar ni cuestionar. Esto es lo que nos pasa, vivimos condicionados por el recuerdo de una persona que ya no existe en nosotros, que no pudo. Tu única manera de saber si PUEDES es intentarlo poniendo en ello TODO TU CORAZON!.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Factor Común

FACTOR COMÚN

 

Este texto lo comparto con ustedes por una linda cuestión referente a la clínica y al estilo personal que todos tenemos. Un chico, un niño, un adolescente, pero sobre todo unniño, y un niño inteligente, había estado previamente en tratamiento con una psicológa. Era una terapia de pautas de conducta y maternaje que al final le agotó al muchacho, al mismo tiempo: niño, adolescente y algún acceso de adulto.

Los primeros días, en psicoanálisis preliminares, en mi jerga, "de toma de contacto", el muchacho fue mostrando su rabia, su sufrimiento y su malestar. Con raíces que aquí no caben decir. En todo caso, asociaba (típico), acudir a un psicólogo y psicoterapeuta con una enfermedad mental grave, crónica e irreparable. Mito que ha difundido la "ciencia", por desgracia.

"De a poquito", como diría Bucay o cualquier compañero de esas latitudes, empezamos a desmitificar lo que él representaba con lo que se podía pensar, esto es, un trabajo entre él y yo.

Le presté el libro de Jorge Bucay: "Déjame que te cuente". En esa edición ponía "Autoayuda" y le supo a rayos. Yo le expliqué que es un libro de cuentos. Por tanto, no el típico libro de autoayuda donde indican cómo pensar, qué sentir, qué ser, qué hacer, como si el ser humano fuera una máquina programable sin variaciones, sin idiosincrasia.
 
Y al día siguiente de dejarle el cuento, vino con el libro, con un marcador en el cuento que aparece aquí.
 
JORGE BUCAY: DÉJAME QUE TE CUENTE. Los Cuentos que me enseñaron a Vivir:
FACTOR COMÚN
 
 
 
Cuando llegué por primera vez al consultorio de Jorge, sabía que no iba a ver a un analista convencional. Claudia, que me lo había recomendado, me avisó que “El Gordo” –como ella lo llamaba— era un tipo “un poco especial”
Yo ya estaba harto de las terapias convencionales, y sobre todo de algunos años aburridos en un diván psicoanalítico. Así que llamé y pedí una hora.
La primera impresión superaba todos los cálculos. Era una calurosa tarde de noviembre; yo había llegado cinco minutos antes y esperaba abajo, en la puerta de su edificio, que fuera la hora exacta.
A las cuatro y media en punto toqué timbre, el portero eléctrico sonó, empujé la puerta y subí al noveno.
Esperé en el pasillo.
Esperé.
¡Y esperé!
Y cuando me cansé de esperar, toqué timbre en la puerta del departamento.
Me abrió la puerta un tipo que a primera vista parecía vestido para irse de picnic: estaba en vaqueros, zapatillas de tenis y una remera de color naranja rabioso.
—Hola –me dijo y su sonrisa me tranquilizó.
—Hola –contesté— soy Demián.
—Sí, claro, ¿qué te pasó que tardaste tanto en llegar arriba? ¿Te perdiste?
—No, no tardé. No quise tocar el timbre para no molestar… Por si estaba atendiendo…
—¿“Para no molestar”?… Así te debe ir a ti… –me devolvió.
Me quedé mudo.
Era la segunda frase que me decía y me estaba diciendo algo que sin lugar a dudas era verdad pero… ¡Qué hijo de puta!….El lugar donde Jorge atendía (no me animaría a llamar a eso “un consultorio”), era tal como Jorge: informal, desarreglado, desprolijo, cálido, colorido, sorprendente y, para qué negarlo, un poco sucio. Nos sentamos en dos sillones frente a frente y mientras yo le contaba algunas cosas, Jorge tomaba mate
(¡tomaba mate durante la sesión!).
Me ofreció uno:
—Bueno –le dije.
—Bueno ¿qué?
—Bueno, el mate…
—No entiendo.
—Que te voy a aceptar un mate.
Jorge me hizo una servil y burlona reverencia y me dijo:
—Gracias, Majestad por “aceptarme” un mate… ¿Por qué no me dices si quieres un mate o no, en lugar de hacerme favores?
Este tipo me iba a volver loco.
—¡Sí! –dije.
Y ahora sí el gordo me dio un mate.
Decidí quedarme un poco más.
Le conté entre mil cosas que algo debía andar mal en mí, porque tenía dificultades en mis relaciones con la gente.
Jorge preguntó cómo sabía yo que el problema era mío.
Le contesté que tenía dificultades en mi casa con mi padre, con mi madre, con mi hermano, con mi pareja… y que por lo tanto, obviamente el problema debía ser yo.
Allí fue cuando por primera vez Jorge me contó “algo”.
Aprendería después, con el tiempo, que al gordo le gustaban las fábulas, las parábolas, los cuentos, las frases inteligentes y las metáforas logradas.
Según él, la única otra manera de comprender un hecho sin vivenciarlo directamente, es teniendo una clara representación interior simbólica del suceso.
—Una fábula, un cuento, o una anécdota –afirmaba Jorge—
puede ser cien veces más recordada que mil explicaciones teóricas, interpretaciones psicoanalíticas o planteos formales.
Ese día, Jorge me dijo que podría haber algo desacompasado en mí, pero agregó que mi deducción era peligrosa, que mi conclusión autoacusadora no estaba apoyada en hechos que la determinaran. Y me relató una de esas historias que él contaba en primera persona y que nunca se sabía si eran parte de su vida o de su fantasía:
Mi abuelo era bastante borrachín.
Lo que más le gustaba tomar era anís turco.
Él tomaba anís y le agregaba agua (para rebajarlo), pero igual se emborrachaba.
Entonces tomaba whisky con agua y se emborrachaba.
Y tomaba vino con agua y se emborrachaba.
Hasta que un día decidió curarse.. ¡Y suspendió… el agua!.
 
RBA del NUEVO EXTREMO. BIBLIOTECA JORGE BUCAY: "Déjame que te Cuente". pp.: 15-18



http://youtu.be/ZYLdT-Qite8 Mario Benedetti -Queda Prohibido-
http://youtu.be/vUdAzA_meRQ Pablo Neruda -Tengo Miedo-
http://youtu.be/IuLCpsgvIr4 Reflexión sobre el poema de William Shakespeare -Con el Tiempo-
http://youtu.be/Fvvz5qJWIM0 Aprenderás -William Shakespeare-
http://youtu.be/tMCBEAWm_Ug Pablo Neruda -Tu eres el resultado de ti mismo-

sábado, 11 de agosto de 2012

Cuento de un Abuelo


Se trataba de la historia de un viejo vendedor de leche que en el pueblo repartía el preciado líquido a bordo de un carro que tiraba rutinariamente un viejo caballo de andar cansino. El lechero era avaro, ambicioso y un poco estúpido.
Una tarde, mientras cargaba en el mismo carro una pequeña montaña de alfalfa, empezó a pensar en todo el dinero que ahorraría si su caballo no se comiera un montón de pienso cada mes.
Recordó que alguna vez el médico del pueblo le habìa aconsejado a su vecino que dejara de fumar. Cuando el paciente se quejó diciendo que le resultaba imposible combatir el vicio, el profesional había aconsejado un método de "desondicionamiento". El vecino debía imponerse encender un cigarrillo menos cada día, hasta perder el vicio. Con paciencia y constancia se acostumbraría a dejarlo y aprendería al cabo de unos meses a dejar de fumar.

El lechero creyó que era una excelente idea utilizar los nuevos avances de la ciencia al servicio de su negocio, y decidió entrenar poco a poco al animal para que aprendiera a vivir sin comer.
A partir de ese día el lechero le dio al caballo, cada día, 10 gramos menos de alimento que el día anterior.
Había calculado que en un año, si se mantenía firme, el animal se volvería el compañero perfecto para su trabajo. Un colaborador sin coste.
Un día, por las calles del pueblo se escuchó el regonzo del lechero que hacía su recorrido tirando él mismo de su carro con gran esfuerzo.
- ¿Y el caballo? -preguntaron sus clientes.
- Un estúpido -dijo el hombre, demostrando que se puede proyectar también en los animales-, yo le estaba enseñando a vivir sin comer... Y justamente ahora que había aprendido... ¡Se ha muerto!

Jorge Bucay: "Cuenta Conmigo". RBA bolsillo, 2005, Buenos Aires-Barcelona. Pp.: 24-25

Nota de Rodrigo Córdoba: sin lugar a dudas, Bucay (el Gordo para Demián en "Déjame que te cuente" y "Cuentos para pensar"); tiene dos méritos, acercar la psicoterapia a España, lugar donde vive su retiro "monacal" -un pequeño pueblo andaluz-. También hay que reconocer que su gusto por las historias, que le inculcó su abuelo de chico, su profesión, la Gestalt desde su prisma... ha llevado a que triunfe, incluso en terrenos donde lo "místico" y "espiritual" se cree, cosa de charlatanes.
Pasa a menudo que quien escribe mucho, al final, necesita beber un poco de la taza de café mientras se sigue virtiendo el líquido. Su último texto fue: "El camino de la Espiritualidad". Jorge tiene un Don, y es ser consecuente a quién es y cómo trabajar, así como adelantarse a las modas. Una década después de su primer libro en España, existe una sed increible por lo espiritual.
Como escribe en su obra, pensamos y escuchamos los terapeutas, parece haber una conexió no empírica, sí, humana, entre casualidad y causalidad. Disfruten del trabajo, vacaciones...

domingo, 5 de agosto de 2012

Pigmalión


Pigmalión era un escultor. Posiblemente el mejor de los artistas que trabajaban la piedra en todo el imperio. Una noche sueña con una hermosa mujer que camina altiva y sensual por su cuarto. Pigmalión cree que es Afrodita, la diosa del amor y del sexo, y piensa que es ella misma quien le envía esa imagen como manera de pedirle que esculpa en un bloque de mármol una estatua en honor a su divinidad.
A la mañana siguiente Pigmalión va a la cantera de piedra y encuentra, como esperándolo, un gran trozo de mármol que encaja a la perfección con la idea de la obra, la mujer de su sueño, a tamaño natural, de pie, apenas reclinada en una pared, mirando con orgullo el mundo de los mortales.
Durante los siguientes meses, el artista se dedica a quitarle piedra todo lo que le sobra para dejar que aparezca la belleza perfecta de la obra. Cada día trabajaba incansablemente, cada noche sueña con esa cara, ese cuerpo, esas manos, ese gesto. La estatua va tomando forma y dado que Pigmalión duerme en su taller de trabajo, cada mañana es la mujer de mármol la primera figura que se encuentra.
Pigmalión no solo puede ver la obra terminada, sino que empieza a imaginar como sería esa mujer si cobrara vida. En cada talla el escultor pone de manifiesto lo que ya sabe, porque lo imaginó, de esa hembra perfecta. Para ayudarse a definirla le ha puesto nombre. Se llama Galatea.

Finalmente, el día llega. Solamente resta el pulido y Galatea podrá ser presentada en sociedad.
- El mundo quedará sin palabras frente a tu belleza -le dice al mármol
Esa noche, una brisa que entra desde la ventana lo despierta. Una mujer bellísima está de pie frente a Galatea. Emana de ella un brillo intenso. Es Afrodita en persona. Ha bajado hasta el taller a ver la obra de Pigmalión en su honor.
- Te felicito, escultor, es una obra maestra. Me siento muy satisfecha. Pídeme lo que quieras y te lo concederé -dice la diosa.
Pigmalión no duda. El sabe lo que desea. Lo ha estado pensando desde hace semanas.
- Gracias, Afrodita. Mi único deseo es que le des la vida a mi estatua. Que permitas que se vuelva una mujer de carne y hueso, una mujer que sea, sienta y piense como yo la imaginé...
La diosa lo piensa y finalmente decide que el escultor se lo ha ganado.
- Concedido -dice Afrodita y luego desaparece del cuarto.

Con su alegría con su asombro Pigmalión ve cómo Galatea abre sus enormes ojos y su piel va cambiando del frío blanco del mármol al tibio y rosado color de la piel humana.
El artista se acerca y le tiende la mano para que la mujer baje de la tarima.
Con un gesto principesco, Galatea acepta la mano de Pigmalión y va baja caminando con altivez hacia la ventana.
- Galatea -dice Pigmalión-, eres mi creación. Por dentro y por fuera eres tal y como te imaginé y te deseé. Este es el momento más feliz de la vida de cualquier mortal. La mujer que soñabas, tal como la soñaste frente a ti. Cásate conmigo, hermosa Galatea.
La bellísima mujer gira la cabeza, le mira por encima del hombro por un instante y le dice con esa voz que Pigmalión.imaginó que tendría, lo que el artista jamás pensó:
- Tü sabes perfectamente cómo pienso y cómo soy. ¿De verdad crees que alguien como yo podría conformarse con alguien como tü?

Fin..

Jorge Bucay: "Déjame que te Cuente"

El lector o lectora con intuición extrae, al menos una lectura, amén de las autorreferenciales: Las cosas no son como las vemos sino como creemos que son.
Andamos por la vida imaginando, construyendo imágenes mentales anheladas. De darse la rara coincidencia de encontrar a alguien que encaje en el molde, surge el aburrimiento y la relación se disipa como la diosa del amor, por la ventana. No hay fórmulas pero la libertad, el amor y la diversidad, como la discrepancia, vivifican, dan sentido al amor y al aprendizaje.
No olvidemos que Galatea es fruto de una obsesión, no se trata de la obra en sí, sino la urgencia insomne con que realiza la obra para tener a su amada. Rodrigo Córdoba Sanz.