¡Cree que no puede!
jueves, 29 de mayo de 2014
El elefante atado
¡Cree que no puede!
domingo, 30 de septiembre de 2012
Factor Común
FACTOR COMÚN
Este texto lo comparto con ustedes por una linda cuestión referente a la clínica y al estilo personal que todos tenemos. Un chico, un niño, un adolescente, pero sobre todo unniño, y un niño inteligente, había estado previamente en tratamiento con una psicológa. Era una terapia de pautas de conducta y maternaje que al final le agotó al muchacho, al mismo tiempo: niño, adolescente y algún acceso de adulto.
Los primeros días, en psicoanálisis preliminares, en mi jerga, "de toma de contacto", el muchacho fue mostrando su rabia, su sufrimiento y su malestar. Con raíces que aquí no caben decir. En todo caso, asociaba (típico), acudir a un psicólogo y psicoterapeuta con una enfermedad mental grave, crónica e irreparable. Mito que ha difundido la "ciencia", por desgracia.
"De a poquito", como diría Bucay o cualquier compañero de esas latitudes, empezamos a desmitificar lo que él representaba con lo que se podía pensar, esto es, un trabajo entre él y yo.
http://youtu.be/ZYLdT-Qite8 Mario Benedetti -Queda Prohibido-
http://youtu.be/vUdAzA_meRQ Pablo Neruda -Tengo Miedo-
http://youtu.be/IuLCpsgvIr4 Reflexión sobre el poema de William Shakespeare -Con el Tiempo-
http://youtu.be/Fvvz5qJWIM0 Aprenderás -William Shakespeare-
http://youtu.be/tMCBEAWm_Ug Pablo Neruda -Tu eres el resultado de ti mismo-
sábado, 11 de agosto de 2012
Cuento de un Abuelo
Se trataba de la historia de un viejo vendedor de leche que en el pueblo repartía el preciado líquido a bordo de un carro que tiraba rutinariamente un viejo caballo de andar cansino. El lechero era avaro, ambicioso y un poco estúpido.
Una tarde, mientras cargaba en el mismo carro una pequeña montaña de alfalfa, empezó a pensar en todo el dinero que ahorraría si su caballo no se comiera un montón de pienso cada mes.
Recordó que alguna vez el médico del pueblo le habìa aconsejado a su vecino que dejara de fumar. Cuando el paciente se quejó diciendo que le resultaba imposible combatir el vicio, el profesional había aconsejado un método de "desondicionamiento". El vecino debía imponerse encender un cigarrillo menos cada día, hasta perder el vicio. Con paciencia y constancia se acostumbraría a dejarlo y aprendería al cabo de unos meses a dejar de fumar.
El lechero creyó que era una excelente idea utilizar los nuevos avances de la ciencia al servicio de su negocio, y decidió entrenar poco a poco al animal para que aprendiera a vivir sin comer.
A partir de ese día el lechero le dio al caballo, cada día, 10 gramos menos de alimento que el día anterior.
Había calculado que en un año, si se mantenía firme, el animal se volvería el compañero perfecto para su trabajo. Un colaborador sin coste.
Un día, por las calles del pueblo se escuchó el regonzo del lechero que hacía su recorrido tirando él mismo de su carro con gran esfuerzo.
- ¿Y el caballo? -preguntaron sus clientes.
- Un estúpido -dijo el hombre, demostrando que se puede proyectar también en los animales-, yo le estaba enseñando a vivir sin comer... Y justamente ahora que había aprendido... ¡Se ha muerto!
Jorge Bucay: "Cuenta Conmigo". RBA bolsillo, 2005, Buenos Aires-Barcelona. Pp.: 24-25
Nota de Rodrigo Córdoba: sin lugar a dudas, Bucay (el Gordo para Demián en "Déjame que te cuente" y "Cuentos para pensar"); tiene dos méritos, acercar la psicoterapia a España, lugar donde vive su retiro "monacal" -un pequeño pueblo andaluz-. También hay que reconocer que su gusto por las historias, que le inculcó su abuelo de chico, su profesión, la Gestalt desde su prisma... ha llevado a que triunfe, incluso en terrenos donde lo "místico" y "espiritual" se cree, cosa de charlatanes.
Pasa a menudo que quien escribe mucho, al final, necesita beber un poco de la taza de café mientras se sigue virtiendo el líquido. Su último texto fue: "El camino de la Espiritualidad". Jorge tiene un Don, y es ser consecuente a quién es y cómo trabajar, así como adelantarse a las modas. Una década después de su primer libro en España, existe una sed increible por lo espiritual.
Como escribe en su obra, pensamos y escuchamos los terapeutas, parece haber una conexió no empírica, sí, humana, entre casualidad y causalidad. Disfruten del trabajo, vacaciones...
domingo, 5 de agosto de 2012
Pigmalión
Pigmalión era un escultor. Posiblemente el mejor de los artistas que trabajaban la piedra en todo el imperio. Una noche sueña con una hermosa mujer que camina altiva y sensual por su cuarto. Pigmalión cree que es Afrodita, la diosa del amor y del sexo, y piensa que es ella misma quien le envía esa imagen como manera de pedirle que esculpa en un bloque de mármol una estatua en honor a su divinidad.
A la mañana siguiente Pigmalión va a la cantera de piedra y encuentra, como esperándolo, un gran trozo de mármol que encaja a la perfección con la idea de la obra, la mujer de su sueño, a tamaño natural, de pie, apenas reclinada en una pared, mirando con orgullo el mundo de los mortales.
Durante los siguientes meses, el artista se dedica a quitarle piedra todo lo que le sobra para dejar que aparezca la belleza perfecta de la obra. Cada día trabajaba incansablemente, cada noche sueña con esa cara, ese cuerpo, esas manos, ese gesto. La estatua va tomando forma y dado que Pigmalión duerme en su taller de trabajo, cada mañana es la mujer de mármol la primera figura que se encuentra.
Pigmalión no solo puede ver la obra terminada, sino que empieza a imaginar como sería esa mujer si cobrara vida. En cada talla el escultor pone de manifiesto lo que ya sabe, porque lo imaginó, de esa hembra perfecta. Para ayudarse a definirla le ha puesto nombre. Se llama Galatea.
Finalmente, el día llega. Solamente resta el pulido y Galatea podrá ser presentada en sociedad.
- El mundo quedará sin palabras frente a tu belleza -le dice al mármol
Esa noche, una brisa que entra desde la ventana lo despierta. Una mujer bellísima está de pie frente a Galatea. Emana de ella un brillo intenso. Es Afrodita en persona. Ha bajado hasta el taller a ver la obra de Pigmalión en su honor.
- Te felicito, escultor, es una obra maestra. Me siento muy satisfecha. Pídeme lo que quieras y te lo concederé -dice la diosa.
Pigmalión no duda. El sabe lo que desea. Lo ha estado pensando desde hace semanas.
- Gracias, Afrodita. Mi único deseo es que le des la vida a mi estatua. Que permitas que se vuelva una mujer de carne y hueso, una mujer que sea, sienta y piense como yo la imaginé...
La diosa lo piensa y finalmente decide que el escultor se lo ha ganado.
- Concedido -dice Afrodita y luego desaparece del cuarto.
Con su alegría con su asombro Pigmalión ve cómo Galatea abre sus enormes ojos y su piel va cambiando del frío blanco del mármol al tibio y rosado color de la piel humana.
El artista se acerca y le tiende la mano para que la mujer baje de la tarima.
Con un gesto principesco, Galatea acepta la mano de Pigmalión y va baja caminando con altivez hacia la ventana.
- Galatea -dice Pigmalión-, eres mi creación. Por dentro y por fuera eres tal y como te imaginé y te deseé. Este es el momento más feliz de la vida de cualquier mortal. La mujer que soñabas, tal como la soñaste frente a ti. Cásate conmigo, hermosa Galatea.
La bellísima mujer gira la cabeza, le mira por encima del hombro por un instante y le dice con esa voz que Pigmalión.imaginó que tendría, lo que el artista jamás pensó:
- Tü sabes perfectamente cómo pienso y cómo soy. ¿De verdad crees que alguien como yo podría conformarse con alguien como tü?
Fin..
Jorge Bucay: "Déjame que te Cuente"
El lector o lectora con intuición extrae, al menos una lectura, amén de las autorreferenciales: Las cosas no son como las vemos sino como creemos que son.
Andamos por la vida imaginando, construyendo imágenes mentales anheladas. De darse la rara coincidencia de encontrar a alguien que encaje en el molde, surge el aburrimiento y la relación se disipa como la diosa del amor, por la ventana. No hay fórmulas pero la libertad, el amor y la diversidad, como la discrepancia, vivifican, dan sentido al amor y al aprendizaje.
No olvidemos que Galatea es fruto de una obsesión, no se trata de la obra en sí, sino la urgencia insomne con que realiza la obra para tener a su amada. Rodrigo Córdoba Sanz.




