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Paz y Ciencia
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lunes, 2 de marzo de 2020

Sobre el Amor


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Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos al día para mantenimiento, y doce abrazos al día para crecer. Virginia Satir.

El auténtico amor

Moisés Mendelssohn, el abuelo del conocido compositor alemán, estaba lejos de ser un hombre guapo. Además de ser bajo, tenía una grotesca joroba.

Un día visitó a un comerciante de Hamburgo que tenía una hija encantadora llamada Frumtje. Moisés se enamoró desesperadamente de ella, pero a Frumtje le repugnaba su aspecto deforme.

Cuando llegó el momento de irse, Moisés reunió todo su valor para subir las escaleras hasta la habitación de ella y tener una última oportunidad de hablarle. Aunque ella era una visión de celestial belleza, a él le causó profunda tristeza que se negara a mirarlo. Después de varios intentos de entablar conversación, le preguntó tímidamente si ella creía que los matrimonios se hacen en el cielo.
- Sí -respondió ella, sin dejar de mirar al suelo-. ¿Y vos?
- Sí, tambiénlo creo -Fue la respuesta. Y continuó-: Fijaos que en el cielo, en el momento de nacimiento de un niño, el Señor anuncia con qué niña se ha de casar. Cuando yo nací, me mostraron a mi futura esposa, pero el Señor añadió-: Pero tu mujer será jorobada. En ese mismo momento, clamé: "Oh, señor, una mujer jorobada sería una tragedia. Os ruego que me deis a mí la joroba y preservéis su belleza"

Entonces, Frumtje lo miró a los ojos y se sintió conmovida por un profundo recuerdo. Le ofreció su mano a Mendelssohn y con el tiempo llegó a ser su delicada esposa.

Barry y Joyce Vissell

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Nº Col.: A-134
Tfno: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

martes, 18 de noviembre de 2014

Terapia Narrativa: Cuentos Sufis



"El sufismo ha perfeccionado, entre otras técnicas, un método de enseñanza característico que es casi desconocido fuera de los límites de los iniciados en la vía. Este método, llamado Impresión Esquemática de Cuentos, está contenido en el uso especial que los Sufis hacen de la literatura oral o de otro tipo.
Los relatos Sufis, a pesar de que superficialmente parecen suministrar una moral o querer entretener, no son formas literarias como éstas suelen ser entendidas. Son literatura de forma accidental, material de enseñanza de forma primaria. Muchos de los poetas y escritores de Persia son Sufis declarados; y sus obras contienen esas dimensiones internas a las que me estoy refiriendo.
El cuento Sufi, así como ciertas citas Sufis de otro tipo, está destinado tanto a ser apreciado por gente cultivada como a suministrar información, instruir y establecer lo que se llama 'un marco para la recepción de la iluminación' en la mente del estudiante."
Este método, según la enseñanza Sufi, puede producir iluminación al individuo de acuerdo con su capacidad de comprensión.
Puede también formar parte esencial de los ejercicios de preparación de un estudiante.
El proceso exige ir más allá de la faz externa de un relato, sin inhibir la capacidad del estudiante para comprender y gozar de su humor u otras características exteriores."

Idries Shah en "Aprender a Aprender" Ed.Paidós Orientalia

jueves, 29 de mayo de 2014

El elefante atado


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba eran los animales. Me llamaba poderosamente la atención, el elefante. Después de su actuación, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Elefante atado
Sin embargo la estaca era un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando era chico, pregunte a los grandes. Algunos de ellos me dijeron que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces, la pregunta obvia:
- Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca.
Hace algunos años descubrí que alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.”
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro…
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque
¡Cree que no puede!
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.
Y tú, ¿tienes algo de elefante?
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que “no podemos” hacer un montón de cosas simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: no puedo, no puedo y nunca podré.
Muchos de nosotros crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar ni cuestionar. Esto es lo que nos pasa, vivimos condicionados por el recuerdo de una persona que ya no existe en nosotros, que no pudo. Tu única manera de saber si PUEDES es intentarlo poniendo en ello TODO TU CORAZON!.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Factor Común

FACTOR COMÚN

 

Este texto lo comparto con ustedes por una linda cuestión referente a la clínica y al estilo personal que todos tenemos. Un chico, un niño, un adolescente, pero sobre todo unniño, y un niño inteligente, había estado previamente en tratamiento con una psicológa. Era una terapia de pautas de conducta y maternaje que al final le agotó al muchacho, al mismo tiempo: niño, adolescente y algún acceso de adulto.

Los primeros días, en psicoanálisis preliminares, en mi jerga, "de toma de contacto", el muchacho fue mostrando su rabia, su sufrimiento y su malestar. Con raíces que aquí no caben decir. En todo caso, asociaba (típico), acudir a un psicólogo y psicoterapeuta con una enfermedad mental grave, crónica e irreparable. Mito que ha difundido la "ciencia", por desgracia.

"De a poquito", como diría Bucay o cualquier compañero de esas latitudes, empezamos a desmitificar lo que él representaba con lo que se podía pensar, esto es, un trabajo entre él y yo.

Le presté el libro de Jorge Bucay: "Déjame que te cuente". En esa edición ponía "Autoayuda" y le supo a rayos. Yo le expliqué que es un libro de cuentos. Por tanto, no el típico libro de autoayuda donde indican cómo pensar, qué sentir, qué ser, qué hacer, como si el ser humano fuera una máquina programable sin variaciones, sin idiosincrasia.
 
Y al día siguiente de dejarle el cuento, vino con el libro, con un marcador en el cuento que aparece aquí.
 
JORGE BUCAY: DÉJAME QUE TE CUENTE. Los Cuentos que me enseñaron a Vivir:
FACTOR COMÚN
 
 
 
Cuando llegué por primera vez al consultorio de Jorge, sabía que no iba a ver a un analista convencional. Claudia, que me lo había recomendado, me avisó que “El Gordo” –como ella lo llamaba— era un tipo “un poco especial”
Yo ya estaba harto de las terapias convencionales, y sobre todo de algunos años aburridos en un diván psicoanalítico. Así que llamé y pedí una hora.
La primera impresión superaba todos los cálculos. Era una calurosa tarde de noviembre; yo había llegado cinco minutos antes y esperaba abajo, en la puerta de su edificio, que fuera la hora exacta.
A las cuatro y media en punto toqué timbre, el portero eléctrico sonó, empujé la puerta y subí al noveno.
Esperé en el pasillo.
Esperé.
¡Y esperé!
Y cuando me cansé de esperar, toqué timbre en la puerta del departamento.
Me abrió la puerta un tipo que a primera vista parecía vestido para irse de picnic: estaba en vaqueros, zapatillas de tenis y una remera de color naranja rabioso.
—Hola –me dijo y su sonrisa me tranquilizó.
—Hola –contesté— soy Demián.
—Sí, claro, ¿qué te pasó que tardaste tanto en llegar arriba? ¿Te perdiste?
—No, no tardé. No quise tocar el timbre para no molestar… Por si estaba atendiendo…
—¿“Para no molestar”?… Así te debe ir a ti… –me devolvió.
Me quedé mudo.
Era la segunda frase que me decía y me estaba diciendo algo que sin lugar a dudas era verdad pero… ¡Qué hijo de puta!….El lugar donde Jorge atendía (no me animaría a llamar a eso “un consultorio”), era tal como Jorge: informal, desarreglado, desprolijo, cálido, colorido, sorprendente y, para qué negarlo, un poco sucio. Nos sentamos en dos sillones frente a frente y mientras yo le contaba algunas cosas, Jorge tomaba mate
(¡tomaba mate durante la sesión!).
Me ofreció uno:
—Bueno –le dije.
—Bueno ¿qué?
—Bueno, el mate…
—No entiendo.
—Que te voy a aceptar un mate.
Jorge me hizo una servil y burlona reverencia y me dijo:
—Gracias, Majestad por “aceptarme” un mate… ¿Por qué no me dices si quieres un mate o no, en lugar de hacerme favores?
Este tipo me iba a volver loco.
—¡Sí! –dije.
Y ahora sí el gordo me dio un mate.
Decidí quedarme un poco más.
Le conté entre mil cosas que algo debía andar mal en mí, porque tenía dificultades en mis relaciones con la gente.
Jorge preguntó cómo sabía yo que el problema era mío.
Le contesté que tenía dificultades en mi casa con mi padre, con mi madre, con mi hermano, con mi pareja… y que por lo tanto, obviamente el problema debía ser yo.
Allí fue cuando por primera vez Jorge me contó “algo”.
Aprendería después, con el tiempo, que al gordo le gustaban las fábulas, las parábolas, los cuentos, las frases inteligentes y las metáforas logradas.
Según él, la única otra manera de comprender un hecho sin vivenciarlo directamente, es teniendo una clara representación interior simbólica del suceso.
—Una fábula, un cuento, o una anécdota –afirmaba Jorge—
puede ser cien veces más recordada que mil explicaciones teóricas, interpretaciones psicoanalíticas o planteos formales.
Ese día, Jorge me dijo que podría haber algo desacompasado en mí, pero agregó que mi deducción era peligrosa, que mi conclusión autoacusadora no estaba apoyada en hechos que la determinaran. Y me relató una de esas historias que él contaba en primera persona y que nunca se sabía si eran parte de su vida o de su fantasía:
Mi abuelo era bastante borrachín.
Lo que más le gustaba tomar era anís turco.
Él tomaba anís y le agregaba agua (para rebajarlo), pero igual se emborrachaba.
Entonces tomaba whisky con agua y se emborrachaba.
Y tomaba vino con agua y se emborrachaba.
Hasta que un día decidió curarse.. ¡Y suspendió… el agua!.
 
RBA del NUEVO EXTREMO. BIBLIOTECA JORGE BUCAY: "Déjame que te Cuente". pp.: 15-18



http://youtu.be/ZYLdT-Qite8 Mario Benedetti -Queda Prohibido-
http://youtu.be/vUdAzA_meRQ Pablo Neruda -Tengo Miedo-
http://youtu.be/IuLCpsgvIr4 Reflexión sobre el poema de William Shakespeare -Con el Tiempo-
http://youtu.be/Fvvz5qJWIM0 Aprenderás -William Shakespeare-
http://youtu.be/tMCBEAWm_Ug Pablo Neruda -Tu eres el resultado de ti mismo-

sábado, 15 de septiembre de 2012

Arcoiris


En una ciudad azul,
donde todo era azul,
debajo de un árbol azul,
descansaba sobre el césped azul.
El hombre azul se desperezó
y abrió sus ojos azules al cielo azul.
De pronto vio recostado a su lado
a un hombre verde,
vestido de verde.
El hombre azul, entre sorprendido y asombrado le preguntó:
- ¿Y usted qué hace aquí?
- ¿Yo? -contestó el hombre verde-. Me escapé de otro cuento porque allí me aburría.

Jorge Bucay: "Cuenta Conmigo". RBA de Bolsillo. 2005. Buenos Aires-Barcelona. Pp.: 187-188

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cuenta Conmigo

Al llegar a lo de Jorge, Paula, desde luego, fue el tema de la sesión:
- Dime si no es una postura loca. Dejar que el destino nos reúna... un delirio.
- Si por loco queremos entender "todo lo que excede lo previsible", tal vez sea loco... Algo para aprender:

Se cuenta de cierto campesino que tenía un caballo de tiro ya viejo y casi ciego.
En un lamentable descuido, el caballo cayó en un pozo. No dejaba de relinchar, trataba de hacer fuerza con sus patas para impulsarse. A cada intento del caballo, el campesino le sentía agonizar, y él trataba de ayudarlo haciendo palanca.
El caballo y el campesino lo intentaban por todos los medios.
El campesino "sentía" la agonía del caballo como propia. Así que tras baldíos esfuerzos por sacar al caballo de su prisión, decidió llamar a los vecinos para acabar con la agonía del animal.
El pueblo se unió con palas para ayudar al vecino y al propio caballo. Urgidos, comenzaron a echar tierra y piedras.
El caballo continuaba bramando enfurecido y pataleando. A cada palada, el caballo, tras sentir los guijarros en su lomo y la tierra, se revolvía luchando por salir del pozo.
A cada palada más titánicos los esfuerzos del caballo, que iba retirando de sí la tierra...
La tierra iba cayendo, lentamente, bajo las patas del animal. Seguía luchando contra el pánico.
Los campesinos comenzaron a darse cuenta de que el esfuerzo del animal le esraba ayudando a dejar debajo de él la tierra, así que redoblaron esfuerzos.
Finalmente, con la tierra de lo que se presumía su tumba, logró dar un salto suficientemente grande como para liberarse de aquella agonía.
El campesino aprendió que mucho tenía que aprender de su viejo caballo de tiro y que tenía que quitarse de encima que cargaba a sus espaldas y a subirse a sus dificultades..

Fuente: Jorge Bucay: "Cuenta Conmigo". RBA de Bolsillo. 2005. Buenos Aires-Barcelona. Pp.: 86-87

Rerecontado por Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta.