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martes, 3 de abril de 2012
Los Sueños
Durante mucho tiempo, el sueño fue considerado como una actividad desordenada del psiquismo mientras se duerme. Las interpretaciones fisiológicas no expresan más que una simple perturbación inexplicable. Con el descubrimiento del psicoanálisis se transforma en "El camino real que nos conduce al inconsciente" (Freud).
En "La Interpretación de los sueños", Freud evoca las diferentes teorías que han sido propuestas para explicar los sueños. Los antiguos los consideraban un mensaje divino, siempre digno de atención. La fisiología moderna, un simple desorden de las funciones psíquicas, caracterizadas por su carácter absurdo (solo la tradición popular continuaba afirmando que los sueños tenían sentido). Ahora el "establishment" ha calado entre la población y muchas personas no prestan atención a sus sueños, además produce incógnita y reparo en muchos casos.
Freud también afirma que el sueño, lejos de ser un fenómeno absurdo y sin importancia, tiene un sentido, pero que este no puede ser descubierto, tal como afirma la sabiduría popular, mediante una simple traducción de símbolos. El sueño debe comprenderse como la realización simbólica de deseos reprimidos en el inconsciente. Es una cartografía del inconsciente.
Para explicar el carácter en apariencia absurdo de los sueños, Freud presenta la distinción entre contenido latente y contenido manifiesto. Este último designa el escenario del sueño tal como lo relata el sujeto, con sus contradicciones y sus lagunas. El contenido latente designa, por el contrario, el deseo mismo, que llega a expresarse simbólicamente en las imágenes del sueño.
Entonces aparece como el compromiso entre la voluntad del sujeto que desea dormir y el deseo que intenta escapar a la censura (al superyó) para realizarse y que, a la larga, desvelará al dormido. Freud también lo designará como "guardián del dormir". El papel del psicoanálisis consiste en encontrar, a partir del contenido manifiesto, el contenido latente del sueño. En tanto expresión privilegiada del inconsciente, el sueño aparece como el primer medio de investigación psicoanalítica.
El trabajo del sueño designa los diferentes mecanismos puestos en acción por la censura para volver irreconocible el deseo reprimido. Entre estos mecanismos se distinguen: la simbolización, el retorno y su contrario, el desplazamiento, la represión, la condensación. La interacción de estos diferentes factores explica el carácter absurdo de la relación. Freud descubre luego que los símbolos, lejos de ser individuales, parecen constituir una especie de lengua común a toda la humanidad. Resulta posible descifrar los sueños a pesar de sus deformaciones, gracias al conocimiento de estos mecanismos y de su simbolismo. Después de su ruptura con la teoría freudiana, Jung expondría la existencia de un simbolismo universal, formado por imágenes arcaicas y míticas: los arquetipos.
El estudio de los sueños es de importancia fundamental en la práctica analítica. Los sueños desvelan los conflictos inconscientes y permiten encontrar su origen en la infancia. Freud mismo debe los mayores descubrimientos del psicoanálisis al análisis de sus propios sueños.
jueves, 29 de marzo de 2012
Autoanálisis
El autoanálisis es la investigación de uno por sí mismo. A través de los sueños (como hizo el propio Freud) y de las asociaciones libres, el autoanálisis se esfuerza por alcanzar las capas profundas del inconsciente. Si bien el autoanálisis permitió a Freud profundizar sus descubrimientos psicoanalíticos, su alcance resultö posteriormente sospechoso.
En su exposición de los fundamentos de la teoría psicoanalítica, Freud utiliza repetidas veces los materiales de sus propios recuerdos y sus propios sueños para confirmar la existencia de mecanismos inconscientes. "Cuando alguien me pregunta cómo puede hacerse psicoanalista, le respondo: mediante el estudio de tus propios sueños", escribió en 1909. Ya su obra "La interpretación de los sueños" (1900) pero escrita un año antes, se basa en gran medida en sus sueños y recuerdos de la infancia.
En ese libro señala Freud que el descubrimiento del psicoanálisis se enraíza en su vida más íntima, sobre todo en la relación con su padre y en su deseo ardiente de demostrarle que era capaz de alcanzar ambiciosos objetivos. Es también en sus propios recuerdos donde Freud se plantea su descripción del complejo de Edipo.
En 1914 Freud considera que esta forma de análisis debería ser suficiente "para quien cualquiera que sea un buen soñador y no demasiado anormal". (Como se las gastaba el abuelo Freud). La profundización del concepto de inconsciente conduce a Freud a admitir cada vez más la insuficiencia del autoanálisis. En una carta dirigida a un colega dice: "Resulta imposible un auténtico autoanálisis; de no ser así, no existiría la enfermedad". El abismo que separa el inconsciente del consciente es tan profundo que se hace imposible alcanzar una verdadera dilucidación de los sueños y de los fantasmas que surgen de esta instancia. Es necesario recurrir a un tercero, un analista, que introduzca la mediación de la palabra. En consecuencia, Freud exigirá que el analista se haga analizar y que los conflictos que lo animan se resuelvan antes de emprender la profesión analítica.
Los disidentes americanos del movimiento psicoanalítico devuelven un sentido al autoanálisis condenado por la ortodoxia freudiana. Karen Horney, autora de "Nuevas vías del psicoanálisis" (1939) y de "La personalidad neurótica de nuestro tiempo" (1937), lo considera un complemento necesario del análisis para su preparación y profundización. Esta revalorización del autoanálisis se explica por el hecho de que el movimiento culturalista -al que se liga Karen Horney y Harry Stack Sullivan entre otros- vuelve a poner en tela de juicio los posutulados fundamentales de la teoría analítica, principalmente la etiología sexual de la neurosis y la existencia del inconsciente tal y como lo postulaba Freud. Pero la mayor parte de los analistas ortodoxos consideran que el autoanálisis es un obstáculo y un peligro para el desenvolvimiento de la cura.
Si bien el autoanálisis ha desempeñado un importante papel en la elaboración de la teoría freudiana, parece conducir demasiado a menudo a graves contratiempos terapéuticos, con agudización de la angustia y un rechazo secundario de los conflictos. Esta forma de "análisis salvaje" (wild analysis) puede así aparecer como uno de los más importantes síntomas de la resistencia del enfermo y del hombre normal a la verdad del inconsciente.
En su exposición de los fundamentos de la teoría psicoanalítica, Freud utiliza repetidas veces los materiales de sus propios recuerdos y sus propios sueños para confirmar la existencia de mecanismos inconscientes. "Cuando alguien me pregunta cómo puede hacerse psicoanalista, le respondo: mediante el estudio de tus propios sueños", escribió en 1909. Ya su obra "La interpretación de los sueños" (1900) pero escrita un año antes, se basa en gran medida en sus sueños y recuerdos de la infancia.
En ese libro señala Freud que el descubrimiento del psicoanálisis se enraíza en su vida más íntima, sobre todo en la relación con su padre y en su deseo ardiente de demostrarle que era capaz de alcanzar ambiciosos objetivos. Es también en sus propios recuerdos donde Freud se plantea su descripción del complejo de Edipo.
En 1914 Freud considera que esta forma de análisis debería ser suficiente "para quien cualquiera que sea un buen soñador y no demasiado anormal". (Como se las gastaba el abuelo Freud). La profundización del concepto de inconsciente conduce a Freud a admitir cada vez más la insuficiencia del autoanálisis. En una carta dirigida a un colega dice: "Resulta imposible un auténtico autoanálisis; de no ser así, no existiría la enfermedad". El abismo que separa el inconsciente del consciente es tan profundo que se hace imposible alcanzar una verdadera dilucidación de los sueños y de los fantasmas que surgen de esta instancia. Es necesario recurrir a un tercero, un analista, que introduzca la mediación de la palabra. En consecuencia, Freud exigirá que el analista se haga analizar y que los conflictos que lo animan se resuelvan antes de emprender la profesión analítica.
Los disidentes americanos del movimiento psicoanalítico devuelven un sentido al autoanálisis condenado por la ortodoxia freudiana. Karen Horney, autora de "Nuevas vías del psicoanálisis" (1939) y de "La personalidad neurótica de nuestro tiempo" (1937), lo considera un complemento necesario del análisis para su preparación y profundización. Esta revalorización del autoanálisis se explica por el hecho de que el movimiento culturalista -al que se liga Karen Horney y Harry Stack Sullivan entre otros- vuelve a poner en tela de juicio los posutulados fundamentales de la teoría analítica, principalmente la etiología sexual de la neurosis y la existencia del inconsciente tal y como lo postulaba Freud. Pero la mayor parte de los analistas ortodoxos consideran que el autoanálisis es un obstáculo y un peligro para el desenvolvimiento de la cura.
Si bien el autoanálisis ha desempeñado un importante papel en la elaboración de la teoría freudiana, parece conducir demasiado a menudo a graves contratiempos terapéuticos, con agudización de la angustia y un rechazo secundario de los conflictos. Esta forma de "análisis salvaje" (wild analysis) puede así aparecer como uno de los más importantes síntomas de la resistencia del enfermo y del hombre normal a la verdad del inconsciente.
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