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Paz y Ciencia

sábado, 13 de febrero de 2010

Invictus


"Invictus" es un poema breve escrito por el poeta inglés William Ernest Henley (1849–1903). Escrito en 1875, fue publicado por primera vez en 18881 en el "Libro de Poemas" del mismo, donde se hallaba el cuarto de una serie titulada Vida y Muerte (Ecos).2 No tenía título originalmente:2 las primeras ediciones contenían solo la dedicatoria A R. T. H. B.—en referencia a Robert Thomas Hamilton Bruce (1846–1899), un exitoso mercante de harina y panadero que era mecenas de la literatura.3 El título de "Invictus" (invicto, inconquistable en latín) fue añadido por Arthur Quiller-Couch cuando lo incluyó en el Oxford Book of English Verse (1900).

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.


Más allá de la noche que me cubre negra como el abismo insondable, doy gracias a los dioses que pudieran existir por mi alma inquebrantable

En las azarosas garras de las circunstancias nunca me he lamentado ni he pestañeado. Sometido a los golpes del destino

Mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. Más allá de este lugar de cólera y lágrimas donde yace el Horror de la Sombra, la amenaza de los años me encuentra, y me encontrará, sin miedo. No importa cuán estrecho sea el portal, cuán cargada de castigos la sentencia,

Soy el amo de mi destino Soy el capitán de mi alma.

La inteligencia fracasada

Utilizo el título de una gran obra de Jose Antonio Marina homónima.
Pero lo que quiero transmitir consiste en seguir de ese hilo que transmite el autor citado con docta actitud.
Observamos a personas como Newton, Einstein o Feynman, que fueron grandes creadores de la ciencia, el último recibió dos premios Nóbel.
También, podemos hablar de adolescentes que tienen un CI de 133 pero que se aburren en clase y que la gente les parece aburrida y pueril. Prefiriéndose estar solos que acompañados de niños desacompasados.
El criterio de la ética tiene que ver con la convivencia y con la libertad, con la responsabilidad y como diría Savater "hacer lo que uno quiere" dentro de un orden, respetando la regla de oro de no desear para el otro lo que no deseas para ti, y en positivo, desear para los demás lo que tú quieres.
La inteligencia fracasada entonces sería esa distancia de la normalidad adaptada socialmente de personas que no encuadraban en contextos sociales.
Newton pasó épocas en blanco por problemas nerviosos, Einstein viajaba en tercera con su violín obviando las convenciones sociales y lo que correspondería que hiciese. Gesto de alabanza.
Feynman tenía un humor defensivo para que no le tomaran el pelo, desconcertaba a su interlocutor con juegos de palabra que descolocaba. Existe un libro titulado "¿Está usted de broma Señor Feynman?" en el que se desprende como él tuvo dificultades de adaptarse socialmente.
Esto nos invita a pensar, inspirándonos en estos físicos o en el matemático John Forber Nash, que el criterio de adaptación social, vieja idea de la psiquiatría para poner la etiqueta de enfermo a un sujeto quizá no sea suficiente.
Tal vez exista una corriente de "borreguización" como decía Nietzsche y que la persona que se sale por encima o debajo de esa línea de flotación es rasurada.
Metilfenidato para los niños con TDAH y escarnio público para adultos que presentan algún tipo de problema psicológico. Es de destacar que los lugares más intolerantes en relación a estos conceptos son los espacios de psicología y psiquiatría, aunque "no haya persona de esta profesión que no tenga problemas".
La inteligencia fracasada es pues, desde este ángulo, ese no adaptarse socialmente, vivir de una manera divergente a las convenciones sociales sin ser un borrego más.
Una persona me decía que "la cabra siempre tira al monte", ella ha vivido una historia de desarraigo que se ha reproducido en su vida con divorcios y cesión de la custodia de sus hijos. Un impulso le instiga hacia la fiesta, hacia cambiar de vivienda y tener relaciones intensas y a veces inestables.
Esta persona se planteaba por qué su psiquiatra le dijo que le mantenía la medicación porque tenía un medio ambiente inestable. Y es que probablemente, en la mirada clínica, como en la social, existe un criterio de estandarización y normalización que no tiene en cuenta la posibilidad de encontrarse con personas excepcionales (que pueden demandar un tratamiento por no encontrarse dentro de los módulos sociales establecidos, por citar un ejemplo).
La inteligencia fracasada surge antes que la escuela pero allí es donde terminan de germinar y firmarse las dificultades que surgen en el hogar.
La inteligencia fracasada tiene que ver, y ahora acerco mi discurso al de Marina, a poseer una gran inteligencia computacional y sin embargo sentir y vivir una vida difícil y dolorosa por la interferencia de los módulos afectivos que son los que determinan finalmente la inteligencia ejecutiva.
Veo los rostros de los padres cuando les digo a sus hijos con fracaso escolar que sus hijos son inteligentes, que tienen aptitudes y capacidad pero que tienen problemas emocionales, un ejemplo de lo que digo puede ser extendido leyendo a Beatriz Janin. Estamos acostumbrados a pensar que es la inteligencia lo que determina el rendimiento y muchas veces la situación emocional, la situación social (del hogar, de la familia) es una variable esencial para entender porqué hay fracaso escolar. Por cierto, siempre habrá personas que quieran renegar de esa posibilidad acudiendo a terapias Supernanny donde, como padres no tengan que reflexionar y acomodar su conducta y esquemas mentales. El reflexionar sobre uno mismo no siempre es divertido y puede remitir al dolor que evoca la memoria. Elaborar esos conflictos es el trabajo que hará que esa madre no repita las pautas que vivió con sus propios padres, la psicología es una disciplina de importantísimo valor que da mucho más de si que la farmacología.

Tagore

El bengalí Rabindranath Tagore fue un destacado artista, dramaturgo, novelista y poeta que, gracias a sus aptitudes artísticas y la calidad de sus trabajos, llegó a ganar el Premio Nobel de Literatura, un galardón que le fue concedido en 1913.

Rabindranath TagoreEste gran filósofo del movimiento Brahmo Samajnació en Calcuta el 6 de mayo de 1861, en el seno de una numerosa familia compuesta por un matrimonio y catorce hijos. Sus estudios los cursó primero en una escuela pública de la localidad inglesa de Brighton y, más tarde, en el University College de Londres.

Sin finalizar ninguna de las carreras que había iniciado por ese entonces, Tagore regresó a su país natal y se dedicó a componer canciones, a elaborar textos enmarcados en distintos géneros y a pintar.

“Cartas de un viajero” (trabajo que apareció por primera vez en el periódico“Bharati”), “El genio de Valmiki”, “Los cantos del crepúsculo”, “La feria de la reina recién casada”, “El movimiento nacional”, “El cartero del rey”, “El libro de los cumpleaños”, “La luna nueva” y “La ofrenda lírica” son algunos de los títulos que forman parte de la extensa producción literaria de este autor que supo entablar una gran amistad con la argentina Victoria Ocampo.

Además de haber publicado numerosos libros y haber creado algunos temas musicales, a lo largo de su vida Rabindranath Tagore, quien el 9 de diciembre de 1883 contrajo matrimonio con Mrinalini Devi (una mujer que lo convirtió en padre en cinco oportunidades), se dedicó a fundar una escuela experimental enSantiniketan que ofrecía un método pedagógico basado en el respeto por la libertad intelectual del ser humano, brindó una gran cantidad de conferencias en distintos países y realizó varias muestras de arte.

La muerte de Rabindranath Tagore se produjo en Jorasanko el 7 de agosto de 1941.

Fuente http://www.poemas-del-alma.com


1


Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.
Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.
Al contacto inmortal de tus manos, mi corazoncito se dilata sin fin en la alegría, y da vida a la expresión inefable.
Tu dádiva infinita sólo puedo recoger la con estas pobres manitos mías. Y pasan los siglos, y tú sigues derramando, y siempre hay en ellas sitio que llenar.


2


Cuando tú me mandas que cante, mi corazón parece que va a romperse de orgullo. Te miro y me echo a llorar.
Todo lo duro y agrio de mi vida se me derrite en no sé qué dulce melodía, y mi adoración tiende sus alas, alegre como un pájaro que va pasando la mar.
Sé que tú complaces en mi canto, que sólo vengo a ti como cantor. Y con el fle co del ala inmensamente abierta de mi canto, toco tus pies, que nunca pude creer que alcanzaría.
Y canto, y el canto me emborracha, y olvido quien soy, y te llamo amigo, a ti que eres mi señor.


3

¿Cómo cantas Tú, Señor? ¡Siempre te escucho mudo de asombro!
La luz de tu música ilumina el mundo, su aliento va de cielo a cielo, su raudal santo vence todos los pedregales y sigue, en un torbellino, adelante.
Mi corazón anhela ser uno con tu can to, pero en vano busca su voz. Quiero hablar, pero mi palabra no se abre en melodía; y grito vencido. ¡Ay, cómo envuelves mi corazón en el enredo infi nito de tu música, Señor!

Algunas ideas sobre el Yo

Yo-Vinculo

Yo-Vínculo

Fuente

Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares


Definición


Si es complejo en psicoanálisis recortar un término, siempre anudado con otros, esta dificultadcobra especial relieve en el caso del Yo, en tanto se trata de un concepto central y polémico quese sostiene en la obra freudiana con un importante margen de ambigüedad. Los desarrollosposfreudianos han intentado despejarla promoviendo importantes divergencias tanto en el planoteórico como en el clínico.La definición del Yo se sustenta en dos niveles de conceptualización que son coexistentes en lateoría.a) aquella que define al Yo como representación.b) la que localiza al Yo como una instancia encargada de las funciones adaptativas. Ligada alpreconsciente y al proceso secundario, es responsable de la atención, la percepción, lamemoria, el lenguaje, el pensamiento, etcétera, funciones que posibilitan la adaptación a larealidad.Pero también es la instancia encargada de poner en marcha el proceso de la defensarespondiendo a la señal de angustia. Su meta es recuperar la homeostasis que el conflictointersistémico hace vacilar.Desde este ángulo el yo como instancia está también íntimamente vinculado al inconscientesoportando en su seno un nivel de conflicto al que se reconoce como intrasistémico.



Origen e historia del término


El paradigma de la línea conceptual que acentúa la función del Yo como representación seencuentra en dos textos de 1914: 1ritroducción al narcisismo" y "Las pulsiones y susvicisitudes".En el primero el Yo se define como un nuevo acto psíquico, donde una unidad totalizadora sesobreimpone a la fragmentación corporal. La noción de unidad se compadece con la idea deorganización, de forma, de un todo. Esta génesis del Yo tiene como condición la presencia de unotro que opera como soporte identificatorio.Esta definición es solidaria con la consideración de un dualismo libidinal que puede encontrarun objeto fuera del Yo (libido objetal) o puede quedar ligada al mismo Yo (libido del Yo tambiénllamada libido narcisista).Estas dos orientaciones libidinales adquieren fundamental importancia en la estructuración delos vínculos.El segundo texto mencionado pauta tres momentos en la constitución del Yo: un Yo real inicialque circunscribe un interior de un exterior por la imposibilidad de fuga; un Yo placer que sesustenta en un juicio atributivo desarrollado bajo la égida del principio del placer: "lo bueno losoy , lo malo lo escupo"; un Yo real definitivo apoyado en un juicio de existencia que implicaríala aceptación de la insuficiencia del Yo, en un pasaje del orden del ser al tener.Los textos representativos de la segunda línea de pensamiento que considera al Yo comoinstancia surgen a partir de 1920 resignificado la formulación del "Proyecto de una psicologíapara neurólogos" donde el término Yo era por primera vez abordado dentro del cuerpoconceptual.Allí quedaba definido como una organización cuya función central era la inhibición de laalucinación para permitir el acceso a la realidad.Esta es una de las ideas que se retorna con la introducción de la Segunda Tópica y laacentuación de las funciones adaptativas y defensivas, "El Yo y el Ello", 1nhibición, síntoma yangustia", "Más allá del principio del placer" constituyen los tres textos claves en este abordaje.La perspectiva se completa con la consideración del Yo como almácigo de la angustia, surelación con el Super-Yo y la introducción del dualismo Eros-Tanatos, nociones que permitiránla profundización en el entendimiento de su posición en el aparato psíquico .Cabe observar que la idea de organización atraviesa ambas formulaciones. Sobre este horizonte conceptual localizamos los aportes de diferentes autores posfreudianoscuyos desarrollos teóricos han contribuido al enriquecimiento del concepto.La formulación del Yo como representación sustenta la concepción del Yo-Moi en la perspectivade Lacan.La referencia a un Yo-placer y la noción de un Yo como nuevo acto psíquico, unificador de lafragmentación del autoerotismo son los supuestos sobre los que este autor trabaja en suconceptualización sobre el estadio del espejo.Metáfora que conduce a la mirada de un Otro que cristaliza la representación de la mismidad enuna imagen. De esta manera el origen del Yo es definido como una estructura ortopédica que seinstala como prótesis frente a las insuficiencias de la prematuración humana.El corolario de esta marca de origen nos orienta en la consideración de un Yo alienado, que selocaliza donde no es, ya que se ubica en lo virtual del espacio especular, en una completudengañosa. Todos estos elementos conducen a una concepción del Yo ligado aldesconocimiento.Apoyada en los desarrollos de la segunda tópica, Melanie Klein postula la existencia de un Yodesde el nacimiento, capaz de sentir ansiedad, utilizar mecanismos de defensa y establecerprimitivas relaciones objetales en la fantasía y la realidad.El Yo inmaduro del bebé está expuesto a la ansiedad provocada por la innata polaridad de losinstintos. Deflexiona el instinto de muerte en una proyección sobre el objeto externo original(pecho) que será el paradigma del objeto persecutorio, mientras que otra parte se conservacomo agresión para orientarse sobre esos objetos persecutorios. Al mismo tiempo, en unaescisión del mismo objeto original, se instala la relación con un objeto ideal, satisfaciendo elimpulso instintivo del Yo ligado a la vida.La ansiedad persecutoria, típica de las primeras etapas del desarrollo, a predominancia delinstinto de muerte, aumenta la disociación.Toda esta constelación remite a la posición esquizo-paranoide que se caracteriza por el hechode una vinculación con el objeto parcial en su doble vertiente: parcialidad del cuerpo(pecho-pene, etc.) y del atributo (bueno-malo).Si desde el principio hay una marcada tendencia a la escisión, también aparecen algunos indiciosque operan sobre la integración. Cuando ésta se vuelve estable y continua surge la posicióndepresiva. El bebé reconoce un objeto total y se relaciona con él. La madre constituida comoobjeto total será fuente de lo bueno y de lo malo. Este cambio en la percepción del objeto se acompaña de un cambio fundamental en el Yo (Yototal). La integración del Yo y el objeto prosiguen simultáneamente y la ambivalencia reemplazaa la disociación.Las fantasías (consideradas como la expresión mental de los instintos) tienen mucha importanciaen esta conceptualización. Constituyen una importantísima función del yo, especialmenteabocado a la defensa, la construcción de la realidad y los vínculos.Desde este ángulo la fantasía inconsciente opera como una constante en el interjuego con larealidad, modificándose mutuamente.La psicología del Yo que tiene en Hartmann uno de sus más conspicuos representantessustenta también sus desarrollos en la segunda tópica freudiana.El Yo es especialmente considerado como sistema y, si bien reconoce su participación en elconflicto psíquico, otorga mayor relevancia a las funciones del Yo que permiten al sujeto laadaptación a la realidad,En este sentido esta escuela se ocupa preferentemente del trabajo con aquellas funcionesautónomas del conflicto, que dependen del sustrato congénito y hereditario del sujeto y deaquellas otras que adquieren independencia, aunque se hayan originado en la situación deconflicto.A partir de 1970 el Yo y la actividad del pensar se hacen protagonistas en las discusionesteóricas del psicoanálisis francés en un intento de revisión de algunas de las propuestas deLacan sobre esos conceptos.Piera Aulagnier, representante de esta tendencia intenta construir una metapsicología que décuenta de la duplicidad constitutiva del yo que bascula desde una posición de efecto del vínculoconstituyente que es al mismo tiempo constructor de sus propios enunciados.El yo se constituye en la relación con el Otro (anticipación materna, sombra hablada). Siempreen proceso identificatorio, es efecto de la apropiación de los enunciados identificatorios queformularan sobre él sus objetos investidos."Aprendiz de historiador" opone sus precarias construcciones al maestro brujo" (Ello)metahistoriador mudo, obligándose a escribir-construir su historia propia significando el presentey anticipando el futuro.Desde el pictograma y la fantasmatización que lo preceden el yo emergerá con representacionesideicas nominando y significando las experiencias que lo determinan. El derecho a la duda le permitirá separar el investimiento de la voz que enuncia y someter losenunciados a la prueba de lo verdadero y lo falso. Como contrapartida, la tendencia a laalienación será el modo de hallar la certeza en una atribución de omnipoder al juicio de otro.En esta perspectiva el yo está destinado a plantear una separación entre el ser, el haber y elideal.Identificante e identificado conforman las dos caras yoicas cuyo quiebre determinará el conflictopsicótico, mientras que el conflicto neurótico quedará ubicado para Aulagnier entre el Yo y susideales.



Desarrollo desde la perspectiva vincular


La perspectiva del Yo como representación reviste fundamental interés para el abordaje delconcepto desde su posición en las configuraciones vinculares a la vez que nos conduce aalgunas temáticas esenciales en cualquier aproximación a dicho campo .Entre otras cabe mencionar la problemática de la identificación en la consideración de losvínculos surgida desde la concepción de una génesis del Yo ligada a la identificación con unOtro primordial. La constelación Yo Ideal - Ideal del Yo y el dualismo pulsional que opone lalibido del yo a la libido de objeto, sobre la que se inscribe esta línea de pensamiento,constituyen así mismo operadores teóricos esenciales en el campo vincular.Con la introducción de la segunda tópica, donde la génesis del Yo se sitúa en una progresivadiferenciación del Ello a partir de la función de la percepción:"La percepción es al Yo lo que la pulsión es al Ello", se recontextúa lo anterior en tanto loperceptivo también adquiere relieve en relación al mundo humano.La identificación se sostiene como clave esencial en tanto constitutiva del aparato psíquico, quecristalizará en esa subestructura tardía del Yo, el Super-yo con sus tres funciones:autoobservación, conciencia moral e ideal del yo, que retorna desde otro ángulo la constelaciónYo Ideal -Ideal del Yo ya anticipada.Desde la perspectiva vincular privilegiamos este desarrollo a partir de la relación con un Otroprimordial. El Yo se plasma en una imagen con la que se fascina porque lo devuelve completo. Esta alienación constitutiva que precipita en cada uno bajo esta identificación yoica esestructural y en cada configuración vincular buscará sostenerse repitiendo al infinito la paradojalbúsqueda de completud en el otro, nunca lograda pero tampoco resignada.El Yo es una ficción irreductible que siempre evocará el fracaso, remitiendo a un intento fallidopero eficaz de paliar el déficit de nuestra prematuración.Situación insoslayable del ser humano que es Yo en tanto recibe de sí una imagen completa,inaccesible desde su propio espacio. La relación especular propia del yo que se instaura yrenueva en cada configuración vincular reedita la agresividad presente siempre en laenajenación yoica.En el vínculo de pareja se reactualiza esta búsqueda de unidad imaginaria a partir de "dos Yoes"que constituyen y se constituyen en esa relación que sostendrá la enajenación primera.Referimos a "dos Yoes" evoca la función de desconocimiento intrínseca al Yo: Yo soy el otro yviceversa, acarrea la trampa narcisística que evita la angustia frente a la alteridad amorosa. Entoda configuración vincular se tiende a lograr la homeostasis en una complacencia con el otro .La propuesta amorosa surge como el intento de hacer de dos uno, que remite al mito deAristófanes de un Yo Ideal totalizador y equilibrado, antinómico con el deseo, la falta y lasingularidad. Solo mediante la aceptación de la falta y por lo tanto de la castración, será posibleatravesar lo imaginario de la completud yoica para acceder al deseo.Tránsito desde el enamoramiento, estructurado sobre el Yo Ideal, al amor, que evoca la funcióndel Ideal del Yo, en tanto meta inalcanzable.Desde esta perspectiva pensaremos una dirección de la cura en las configuraciones vincularesque no se sustente en el aspecto alienante y / o alienado del yo sino en la fractura de esasupuesta totalidad, para dar lugar a la introducción de la diferencia.La formulación de Lacan opera sobre estos supuestos donde el Yo es considerado como unaficción imaginaria, evocadora de la completud narcisista y por lo tanto como un obstáculo en unadirección de la cura que se orienta hacia la aceptación de la falta y la incompletud.En la propuesta de Klein el Yo adquiere una importancia fundamental en la cura.Al considerar que la estructura de la personalidad está determinada en gran parte por lasfantasías mas permanentes del Yo sobre sí mismo y los objetos que contiene, analizar la relacióndel Yo con los objetos internos y externos y modificar las fantasías sobre estos objetos conllevala posibilidad de un cambio en la estructura del Yo.En la posición esquizo-paranoide lo temido es la destrucción del yo, mientras que en la posición depresiva la preocupación es por el objeto amado de quien se depende.Si bien estas posiciones son introducidas como etapas evolutivas, Klein pone especial acento ensu consideración como estructura, concepto esencial en la dirección de la cura. El avancedesde una posición centrada en el yo a una preocupación cada vez mayor por el objeto, suaceptación como dañado, pero también la posibilidad de reparación se constituirá comoorientación en un proceso terapéutico tanto desde la perspectiva individual como vincular.En este proceso la culpa en la relación con el objeto, concepto esencial en la formulaciónkleiniana, basculará desde la cualidad persecutoria a la depresiva.En cuanto a las propuestas sustentadas por la Psicología del Yo el proceso terapéutico seorientará a promover las funciones adaptativas, liberando las funciones yoicas comprometidasen el conflicto intrasistémico o vincular.En las propuestas de P. Aulagnier el Yo es un concepto esencial en la dirección de la cura."Condenado a investir" el cuerpo, los objetos meta de sus deseos y la realidad, así como atransformar y metabolizar el objeto pulsional deberá oponerse al desinvestimiento propiciado porel sufrimiento que todo objeto investido conlleva.Señeros para el campo vincular son también los conceptos de ,,encuentro pensado y encuentrovivido" correlativos de "otro pensado y otro real" a partir de los cuales se categorizan lasrelaciones de simetría con su prototipo: el amor y de asimetría, paradigma de la pasión.


Problemáticas Conexas


Entre los temas conexos con estos desarrollos sobre el Yo encontramos:

- relación del yo con el objeto, lo que conduce a
- relación del yo con el otro
- discriminación entre el otro de la realidad, el otro semejante, el otro primordial y el otro como alteridad radical.
- diferenciación entre Yo y sujeto, que se articula con la formulación de Lacan: -Je-Moi
- identificación, narcisismo y registro imaginario, conceptos que en la clínica y teoría de las relaciones vinculares reencontramos en la constitución de los vínculos.

La ilusión grupal implica hacer una proyección del Yo ideal sobre el grupo constituyendo un"nosotros"; en el vínculo de pareja el enamoramiento remite a una unidad ilusoria que construyede dos uno. El concepto de espejo familiar nos conduce al análisis de estos fenómenos enrelación a la estructura familiar.El concepto de Aparato psíquico grupal (Kaës) como construcción común de los miembros delgrupo, eficaz ficción donde el grupo es más que la suma de sus miembros, nos remite también alestatuto yoico de esos fenómenos.

Yo y el Ello (El)

Fuente

Diccionario de Psicoanálisis
Elisabeth Roudinesco y Michel Plon


Obra publicada por Sigmund Freud en 1923 con el título de Das Ich und das Es. Traducida alfrancés por primera vez en 1927 por Samuel Jankélévitch con el título de Le Moi et le Soi. Estatraducción fue revisada por Angelo Hesnard y reeditada en 1966 con el título de Le Moi et le ça.Nuevas traducciones: en 1981 por Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis con el título de LeMoi et le ça; en 1991 por Catherine Baliteau, Albert Bloch y Joseph-Marle Rondeau, sin cambiode título. Traducida al inglés por primera vez en 1927 por Joan Riviere con el título de The Egoand the Id. Esta traducción fue revisada por James Strachey y reeditada en 1961 sin cambio detítulo.Desde su aparición, El yo y el ello fue recibido con entusiasmo por la comunidad psicoanalítica,aunque algunas personalidades se mostraron reservadas en cuanto al homenaje que Freudrindió allí a Georg Groddeck, el autor del Libro del ello, publicado unos meses antes.Como lo atestiguan las cartas dirigidas a Sandor Ferenczi y Otto Rank en el verano de 1922,Freud era perfectamente consciente de que con ese tercer ensayo prolongaba la vasta revisiónteórica emprendida con Más allá del principio de placer y continuada con Psicología de lasmasas y análisis del yo. Esta continuidad es afirmada desde las primeras líneas del libro, peroFreud precisa que en este caso "no se tomará ningún nuevo préstamo de la biología", siendo suobjetivo atenerse al máximo al psicoanálisis.El primer capítulo es una reseña del camino recorrido por el psicoanálisis, que a través delestudio del sueño y la hipnosis ha llegado a refinar (y después superar) la oposición clásicaentre consciente e inconsciente. Para ello, distinguió el enfoque descriptivo de los procesospsíquicos, respecto del enfoque dinámico (psicoanalítico en sentido propio) de esos mismosprocesos. Esto vale en particular para el término inconsciente, que, en el sentido descriptivo, serefiere a los procesos psíquicos latentes capaces de volverse conscientes, a los cuales elpsicoanálisis ha denominado preconscientes, y en el sentido dinámico designa el materialpsíquico reprimido que sólo la técnica psicoanalítica puede hacer consciente, al vencer lasresistencias opuestas a esa transformación. De tal modo el psicoanálisis ha propuesto unarepresentación tópica del psiquismo con tres instancias -el consciente (Cs), el preconsciente(Pes) y el inconsciente (Ics)-, instancias éstas "cuyo sentido no es simplemente descriptivo". La prosecución del trabajo psicoanalítico demostró sin embargo la insuficiencia de estaelaboración, en virtud del descubrimiento de una organización psíquica- coherente y unitaria a lacual los psicoanalistas han dado el nombre de yo. En un primer tiempo, este yo fue concebidocomo estrechamente ligado a la conciencia y considerado responsable de las relaciones entre laorganización psíquica y las informaciones provenientes del exterior. Después, la experiencia delas curas psicoanalíticas permitió constatar la existencia de resistencias, inconscientes (fueracual fuere la buena voluntad de la que daban prueba los pacientes en sus asociaciones libres),resistencias opuestas a la remoción de la represión y provenientes del yo. De allí la afirmaciónrealizada en 1915 en el artículo metapsicológico dedicado al inconsciente: si bien todo loreprimido es inconsciente, el inconsciente no coincide totalmente con lo reprimido. La existenciade una parte inconsciente en el yo, opuesta, por clivaje, al yo coherente, obliga a reconocer laexistencia de tres inconscientes: un inconsciente asimilable a lo reprimido, un inconsciente quepertenece al yo, distinto de lo reprimido, y un inconsciente latente, el preconsciente. Al mismotiempo, ya no resulta posible definir la neurosis como el resultado de un conflicto entre elconsciente y el inconsciente.La investigación psicoanalítica, en efecto, demuestra que entre estas dos instancias esimperativamente necesario tener en cuenta al yo, plataforma giratoria de empalme que participade la conciencia y de las percepciones externas, que incluye al preconsciente y tiene una parteinconsciente. ¿Cómo dar cuenta de la complejidad de esta nueva instancia, el yo, cuyo lugar enla elaboración teórica está convirtiéndose en esencial?La respuesta a este interrogante constituye el momento clave de la obra. Basándose en el librode Groddeck, Freud traza una distinción fundamental entre un yo consciente y el yo "pasivo"groddeckiano, es decir, un yo inconsciente que en adelante, "a la manera de Groddeck", Freuddenomina "el ello". Desde esta perspectiva, el yo se convierte en una instancia intermedia,vinculado por una parte al mundo externo por el sistema percepción-conciencia, y por la otra alello, con el cual se fusiona pero sobre el cual trata de ejercer una presión apaciguadora: "Lapercepción desempeña para el yo el papel que, en el ello, le corresponde a la pulsión. El yorepresenta lo que se puede denominar razón y buen sentido, por oposición al ello, cuyocontenido son las pasiones."La relación compleja del yo con el ello -dice Freud- se asemeja a la del "jinete que debe refrenarla fuerza superior del caballo, con una diferencia: que el jinete usa sus propias fuerzas, y el yo,por su parte, emplea fuerzas prestadas". De hecho, la comparación va más lejos: "Así como eljinete, si no quiere separarse de su caballo, no puede a veces hacer otra cosa que llevarloadonde él quiere ir, también el yo acostumbra transformar en acción la voluntad del ello, como sifuera la suya propia". Para proteger esta nueva elaboración contra toda forma de interpelaciónmoral, Freud rechaza la idea de un inconsciente como lugar privilegiado de las pasiones másbajas, opuesto a una conciencia que sería la sede de las actividades intelectuales más nobles.Con tal propósito, recuerda que a menudo sucede que un trabajo intelectual delicado encuentrasu solución de manera inconsciente, sobre todo en el sueño. A manera de conclusión, reafirma la primacía de la escala de los valores psicoanalíticos, declarando: "No sólo lo más profundo,sino también lo más elevado en el yo puede ser inconsciente".Si las cosas pudieran quedar como estaban, la situación, precisa Freud en el inicio del tercercapítulo, sería simple. Pero el yo no tiene sólo al ello como adversario y rival: también debeenfrentar otra instancia, la tercera de esa nueva tópica que está tomando forma, el superyó.Esta entidad había sido objeto de una primera elaboración en 1914, en "Introducción delnarcisismo". Freud había dado entonces el nombre de ideal del yo a una función del yo.Después, en 1921, en Psicología de las masas y análisis del yo, esa función se convirtió en unainstancia, conservando el mismo nombre. Pero en El yo y el ello aparece un nuevo término,superyó, considerado equivalente o sinónimo de ideal del yo. De ahí el título de ese capítulo: "Elyo y el superyó (ideal del yo)". En adelante, el ideal del yo ya no sería concebido como herederodel narcisismo primario. En la perspectiva abierta en 192 1, el acento está en la problemática dela identificación.En primer término hay una referencia al texto de la metapsicología "Duelo y melancolía", quepresentaba la hipótesis de una reinscripción en el yo del objeto perdido, causa del afectodoloroso. Freud explica que el proceso, consistente en el reemplazo de una investidura de objetopor una identificación, muy pronto apareció como emblemático del desarrollo psicológico. Lasinvestiduras de objeto parten del ello, concebido como el gran depósito de la libido; son productode las pulsiones sexuales ante las cuales el yo trata de defenderse por medio de la represión.Casi sistemáticamente, cualquier abandono del objeto sexual se traduce en una modificación delyo que, como en la melancolía, se apropia del objeto por identificación. El proceso, dice Freud, essuficientemente frecuente como para "concebir que el carácter del yo resulta de lasedimentación de las investiduras de los objetos abandonados". Las primeras identificaciones,las de la primera infancia, tendrán un carácter general y duradero, y una de ellas, la primera, esresponsable del nacimiento del ideal del yo: se trata de la identificación con el padre.En la génesis del ideal del yo/superyó hay que tener en cuenta dos factores: el complejo deEdipo y la naturaleza bisexual de cada individuo. Freud tiene entonces la oportunidad de realizarun largo desarrollo que, como lo había anunciado en 1921 en Psicología de las masas y análisisdel yo, desemboca en la exposición de la forma llamada "completa" del complejo de Edipo. Labisexualidad inherente a todo ser humano interviene de dos maneras en el destino del complejode Edipo. Primero, a propósito de la identificación final con el padre o la madre: esto, dice Freud,dependerá "de la fuerza relativa, en los dos sexos, de las disposiciones sexuales masculina yfemenina". Después, a propósito de las formas, positiva o negativa, que haya tomado esaestructura relacional cuya extrema complejidad es revelada por primera vez: "El varón no tienesólo una posición ambivalente respecto del padre y una elección de objeto tierna que apunta a lamadre, sino que se comporta al mismo tiempo como una niña al poner de manifiesto la posiciónfemenina tierna respecto del padre y la correspondiente posición de hostilidad celosa contra lamadre". La experiencia analítica, precisa Freud, atestigua que casi siempre se encuentran formas intermedias del complejo; el profesional tiene que identificar la forma de arreglo que operaen tal o cual perfil patológico.Pero el superyó no es sólo la resultante de las primeras elecciones de objeto del ello, sinotambién una formación reactiva contra esos objetos: es a la vez mandato, "tú debes ser así(como el padre)", e interdicción, "tú no tienes el derecho de ser así (como el padre)". Fuera cualfuere la forma, positiva, negativa o intermedia, del complejo de Edipo, fuera cual fuere suresolución final, el superyó conserva el carácter del padre: "Cuanto más fuerte ha sido elcomplejo de Edipo y más rápidamente se ha producido su represión (bajo la influencia de laautoridad, la instrucción religiosa, la enseñanza, la lectura), más severo será más tarde eldominio del superyó sobre el yo como conciencia moral, incluso como sentimiento de culpainconsciente". El ideal del yo/superyó aparece entonces como heredero del complejo de Edipo, yes por ello la expresión más lograda del desarrollo de la libido del ello. Si el yo es el agente de larealidad exterior, el superyó se enfrenta a él como representante del mundo interior, del ello. Laoposición consciente/inconsciente ha sido refinada, los conflictos neuróticos tienen en adelantepor protagonistas al yo y el superyó, resultan de una oposición entre lo externo y lo interno,entre lo real y lo psíquico.El cuarto capítulo se propone relacionar esta nueva tópica con el dualismo pulsional elaborado enMás allá del principio de placer, trabajo del que Freud ofrece una breve reseña, insistiendo enlas formas de unión y desunión de los dos tipos de pulsiones (pulsiones de vida y pulsiones demuerte). El sadismo, en su forma de componente de la pulsión sexual, es un ejemplo de uniónpulsional al servicio de un fin, pero el sadismo convertido en independiente, y con la forma deuna perversión, ejemplifica la desunión pulsional. Otros ejemplos de desunión pulsional son lasdiversas formas de regresion, y más en general las neurosis graves que desembocan en eldominio de la pulsión de muerte. A la inversa, el desarrollo armonioso del psiquismo, el paso deun estadio a otro, atestiguan la unión pulsional.Estas consideraciones llevan a formular dos interrogantes centrales, cuyo tratamiento revela sertambién una manera de poner a prueba la validez de la hipótesis de la pulsión de muerte. ¿Esposible descubrir, se pregunta Freud, "relaciones fecundas entre las formaciones cuyaexistencia acabamos de admitir -el yo, el superyó y el ello- y las dos especies de pulsiones"?¿Qué se puede decir de la posición del principio de placer con relación a la dualidad pulsional y lanueva tópica que acaba de emplazarse?Antes de responder, Freud somete una vez más a examen clínico la distinción entre los dos tiposde pulsiones, llegando incluso a fingir que espera encontrar razones para revocar ese dualismo.De allí que recurra al análisis atento de las relaciones amor/odio en el marco de la clínica de laparanoia. Si en esa clínica se observan bien las diversas modalidades de la transformación delamor en odio, y a la inversa, se advierte que cada modificación corresponde a un cambiointerno, y no a una diferencia de comportamiento del objeto. ¿No se podría hablar entonces deuna transformación directa del amor en odio, cuestionando de hecho el dualismo pulsional? De esta discusión surge la hipótesis de la existencia en la vida psíquica de una energíadesplazable, cuya localización inicial es desconocida, pero de la que se sabe que es capaz depasar de una pulsión erótica a otra, destructiva, para acrecentar la investidura total de estaúltima. De hecho, el examen de las pulsiones sexuales parciales ya había permitido identificareste proceso, y se puede formular la hipótesis de que esa energía desplazable proviene de lareserva de libido narcisista, es decir, una forma de libido desexualizada "sublimada", queparticipa de la aspiración unitaria del yo.Freud precisa al respecto que si se incluyen "en esos desplazamientos los procesos depensamiento en sentido amplio, el propio trabajo de pensamiento es alimentado por la sublimaciónde las fuerzas de la pulsión erótica". Volvemos a encontrar en este caso una observaciónrealizada inicialmente acerca de la recuperación por el yo de las investiduras objetales del ello, ypodemos captar la maniobra del yo que intenta imponerse como único objeto de amor. El yo,observa Freud, se pone por lo tanto al servicio de las mociones pulsionales adversas al eros, yse puede hablar entonces de un narcisismo secundario, narcisismo del yo, con riesgo de volvera tropezar con el peligro ya amenazante en el texto de 1914: el de un abandono de todo dualismopulsional.En realidad, se trata de un efecto de superficie, consecuencia del activismo y del ruido de laspulsiones de vida, que interponen una pantalla en torno al silencio, ya observado en Más allá delprincipio de placer, de las pulsiones de muerte. Freud ve la prueba en el modo en que el ello sedefiende de las tensiones provocadas por las reivindicaciones de las pulsiones sexuales. Estoes en efecto lo que sucede en el marco de la satisfacción sexual, cuya finalidad es el rechazode las sustancias sexuales portadoras de tensiones eróticas. Freud observa la semejanzaexistente entre el estado que sucede a la obtención de esta satisfacción, y el momento de lamuerte. Convencido de aportar de tal modo un argumento complementario favorable a su nuevateoría de las pulsiones, no vacila en tomar el ejemplo de los "animales inferiores" en los cuales elacto de procreación coincide con la muerte: "Esos seres vivos mueren a causa de lareproducción, en la medida en que, estando eros fuera de juego por la satisfacción, la pulsión demuerte tiene las manos libres para ejecutar sus designios".El último capítulo está dedicado al sentimiento de culpa y a las formas de dependencia del yo. Seabre con un recordatorio de las características del superyó, del que Freud subraya lapropensión a oponerse al yo en el curso de toda la evolución psicológica. El superyó, escribe, es"el memorial de la debilidad y la dependencia antiguas del yo, y perpetúa su dominio, inclusosobre el yo maduro". Por sus orígenes, el superyó sigue estando muy próximo al ello, lorepresenta ante el yo y permanece entonces "más alejado de la conciencia que el yo".Para ilustrar estas palabras, Freud, fiel a lo que había enunciado, se basa durante la mayor partedel capítulo en la clínica psicoanalítica. Comienza por volver a ciertas observaciones antiguasque aguardaban su elaboración teórica. Piensa en ciertos pacientes cuyo estado se agrava cuando el analista se arriesga a hacerles conocer la evolución positiva de la cura: "No solamente[ ... ] estas personas no soportan ser elogiadas ni reconocidas, sino que [... ] reaccionan alprogreso de la cura de manera invertida". Se trata simplemente de una "reacción terapéuticanegativa", es decir, de la manifestación de un factor opuesto a la curación vivida como unpeligro. Más allá de la resistencia clásica, el analista enfrenta entonces una "inaccesibilidadnarcisista", una oposición de carácter moral, un "sentimiento de culpa", signados por la negativaa renunciar al castigo que representa el sufrimiento. Esta explicación es aún insatisfactoria,puesto que omite precisar la ausencia de todo sentimiento de culpa en la conciencia del paciente.El paciente se siente enfermo y sigue inaccesible a la idea de un rechazo suyo a cualquier formade curación. Este estado de cosas puede abarcar mucho más que algunos casos graves, y alrealizar esta generalización Freud se ve llevado a proponer que se reconozca en este procesoun efecto del comportamiento del ideal del yo. El recurso a la clínica de diversas formas depatología permite distinguir los diversos aspectos de esta relación entre el superyó y elsentimiento de culpa.En la melancolía y la neurosis obsesiva, el sentimiento de culpa subsiste y corresponde a lo quese denomina "conciencia moral". En ambos casos, el ideal del yo obra contra el yo con una raraferocidad, pero las formas de esta severidad y las respuestas del yo son diferentes. En laneurosis obsesiva, el paciente niega su culpa y pide ayuda. Enfrentado a una alianza entre elsuperyó y el ello, ignora las razones de la represión de la que es víctima. En la melancolía el yose reconoce culpable, y se puede formular la hipótesis de que el objeto de la culpa está ya en elyo, como producto de la identificación. En otros casos -por ejemplo la neurosis histérica-, elsentimiento de culpa es totalmente inconsciente. Puesto en peligro por las percepciones penosasprovenientes del superyó, el yo se sirve entonces de la represión contra su amo, cuando por logeneral es este amo el que la pone a su servicio.En la medida en que la conciencia moral se origina en el complejo de Edipo, el sentimiento deculpa sigue siendo en lo esencial inconsciente. Si bien se puede afirmar la independencia delsuperyó ante el yo, y que sus relaciones con el ello son estrechas, ¿cómo explicar esaseveridad del superyó respecto del yo, que es la responsable del sentimiento de culpa? Tambiénen este caso las respuestas varían en función de la clínica. En el caso de la melancolía, elsuperyó se apodera del sadismo para abatir al yo. Pero se trata de la parte del sadismoirreductible al amor: su instalación en el superyó, sus ataques dirigidos exclusivamente contra elyo, constituyen el caso único de un dominio absoluto por la pulsión de muerte, capaz de llevarcon mucha frecuencia al yo hacia su fin. En la neurosis obsesiva, el sujeto, incluso si estáexpuesto a reproches igualmente duros, nunca llega, por así decirlo, hasta la autodestrucción: adiferencia del histérico, el neurótico obsesivo mantiene una relación con el objeto contra el cualpueden volverse las pulsiones destructivas, como pulsiones de agresión.De modo que la melancolía constituye un caso excepcional en el que las pulsiones de muerte,debido a una desunión, se vuelven a encontrar solas, en estado puro, reunidas en el superyó.En los otros casos, las pulsiones de muerte se transforman en pulsiones de agresión vueltas hacia el exterior, o bien son refrenadas por su ligazón con elementos pulsionales eróticos.¿Por qué esta especificidad de la melancolía, cuyo cuadro clínico parece constituir el argumentodecisivo en favor de la existencia de las pulsiones de muerte? Como primer elemento derespuesta, Freud observa que, en contra del sentido común, cuanto más limita un hombre suagresividad hacia el exterior, más la aumenta en contra de sí mismo. En este fenómeno sepueden incluso encontrar -precisa Freud- los fundamentos de la concepción del ser superiorque castiga, del Dios vengador y represivo.Yendo más lejos, Freud recuerda la génesis del superyó: la identificación con el modelo paternose acompaña entonces de una desexualización, incluso de una sublimación y de una desuniónpulsional. La pulsión destructiva queda entonces libre, puesto que eros, por el hecho de lasublimación, ya no puede ligar entre sí las mociones pulsionales. La crueldad y el sentido deldeber imperativo que caracterizan al ideal pueden pensarse como efectos de esa desunión.Estas propuestas permiten puntualizar la concepción psicoanalítica del yo convertido eninstancia integral de esta nueva tópica. Freud se muestra entonces vacilante, piensa pormomentos que el yo puede conquistar al ello, y en otros que el yo sigue siendo un servidordesgarrado, complaciente u obsequioso con el ello, el superyó y la realidad externa. En cuanto alello, trata a menudo de someterlo a la dominación muda y poderosa de las pulsiones de muerte,quizá subestimando el papel de eros.La naturaleza de estas incertidumbres demuestra en todo caso que la gran revisión de 1920alcanzó con este ensayo un punto de no retorno. No obstante, subsistían cuestiones ensuspenso que sólo ulteriormente encontraron sus respuestas más o menos definitivas: en 1924,en "El problema económico del masoquismo"; en 1930, en El malestar en la cultura, y en 1933,en la trigésima primera de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis. Seadvertirá que en esta última conferencia, titulada "La disección de la personalidad psíquica",Freud atribuye un lugar esencial al superyó, mientras que el ideal del yo sólo subsiste como unaspecto del superyó ligado a la antigua representación parental.Finalmente, fue en este texto donde apareció la frase célebre que sería traducida diversamentesegún las escuelas psicoanalíticas: "Wo Es war, soll Ich werden". Se trataba a su juicio deasignarle una nueva tarea a la cultura, cuya importancia, dijo, era comparable a la desecacióndel Zuiderzee.

Adoctrinamiento.: Cástulo Gregorisch


ADOCTRINAMIENTO

En la oscuridad de la ignorancia

nos mantienen,

los que tratan de moldear nuestro cerebro,

nos envuelven en un mundo de mentiras

que entorpecen la función del pensamiento.

Nos ofrecen ideas que confunden,

que atentan contra el buen razonamiento,

parte de maquiavélica estrategia,

herramientas del adoctrinamiento.

Forzados a pensar como ellos quieren,

preguntas no se hacen al respecto,

se aceptan los conceptos como buenos,

convertidos finalmente en tontos crédulos.

De donde la doctrina, que me importa,

si la razón, que oculta va en su seno,

el control es todo lo que busca,

estructurado proceso, alevoso y artero.

Rebélate inconforme, ser pensante,

no te dejes dominar por lo malévolo,

no te dejes confundir, sé desafiante,

no permitas que esclavicen tu intelecto.

Cástulo Gregorisch

11/25/04

viernes, 12 de febrero de 2010

Carta abierta

Lacerante existencia entre turbulencias
de un lado a otro, miras a izquierda y derecha
todos necesitamos algo para vivir
tú tu música, yo mis poemas
absortos en la creación puedo hacer que el dolor
se convierta en suave perfume y que Grenouille
haga de él lo que Mefisto hace con mis sueños
llevarlos al más profundo lugar del destierro
y rozando el abismo caótico estás, tú con tu botella
yo solo, airado, abandonado e intensamente muerto.

Basaglia

...una parte de nuestra existencia radica en las palabras de quienes están a nuestro lado: por eso resulta inhumana la experiencia de quien ha vivido los días en que el hombre era una cosa a los ojos del hombre. Primo Levi.¿Qué es la psiquiatría? F. Basaglia