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domingo, 11 de abril de 2021

Freud y el surrealismo

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. rcordobasanz@gmail.com Teléfono: +34 653 379 269 Online y Presencial Página Web: Conóceme. Contacta

A partir de los nuevos descubrimientos científicos, filosóficos y psicológicos de Einstein, Hersemberg y Freud, se va generando una nueva concepción del mundo, de la materia y del hombre que hasta ese momento eran fundados sobre la lógica y el determinismo. Esta óptica nueva comienza a influir en una nueva manera de pensar.

Fue el psicoanálisis una de las teorías que más sedujeron a los surrealistas, las regiones psíquicas exploradas por Freud, serían consideradas por los surrealistas como el reverso de la lógica. Es así como a través del arte exploran el inconsciente, los sueños, la locura, los delirios y las fantasías.

A los textos automáticos , se agregan los relatos de sueños; sueños que serán nocturnos y diurnos.

Dalí infunde, además, una nueva animación al movimiento, dotándolo de su método de análisis paranoico – crítico. Define a este método, como espontáneo de conocimiento irracional, basado en la objetivación crítica y sistemática de las asociaciones, e interpretaciones delirantes.

El objeto surrealista, es un objeto desplazado de su esfera habitual, es un objeto fabricado según los dictados del inconsciente, del sueño. Se trataba de la sumisión al subconsciente.

Maurice Nadeau, al respecto, dice: “Los surrealistas, seguros de su nuevo patrimonio, se consideran capaces, lanzando al mundo una cantidad ilimitada de objetos de este tipo, de ponerlos totalmente al servicio de lo subconsciente, de crear un mundo práctico, usual, en concordancia con los deseos del hombre”.

Si hay algo que el surrealismo quiso, es ver el deseo librado de ataduras, barrer con los obstáculos que perturban su realización.

A igual que el psicoanálisis consideraban al sueño como una realización del deseo y adoptan el método psicoanalítico de la asociación libre, es decir el desarrollo automático de las ideas y de su reproducción sin censura racional, moral, ni estética.

De igual modo se concebía el cine surrealista, en donde lo onírico era la base de las imágenes.

Tal es el caso de “Un Perro Andaluz”, que fue escrita a partir de los relatos de sueños de Dalí y Buñuel.

Por lo tanto el autor en el método surrealista, solo oficia en calidad de médium de una obra que se dicta desde el inconsciente

Hauser al respecto dice “Después de todo, se refugian en la racionalización de lo irracional y en la metódica reproducción de lo espontáneo” y lo continúa “Freud mismo debe haber descubierto la trampa cometida por el surrealismo. Se dice que a Salvador Dalí, que lo visitó en Londres poco antes de su muerte, le dijo: Lo que me interesa en su arte no es lo inconsciente, sino lo consciente.”

Pero por qué Freud habría dicho que solo le interesaba lo consciente de su arte?

Una de las respuestas posible es que Freud consideraba que en todo proceso creador el artista pone en juego mecanismos inconscientes, fantasías inconscientes, aún sin que el artista se lo proponga y en esto tiene mucho que ver el concepto de sublimación.

Tratar que un sueño quede reflejado en una obra de arte, es un acto consciente, porque lo que es inconsciente es el mismo sueño. Si tomamos como ejemplo al cine surrealista, sus imágenes oníricas son “como si” fueran un sueño, pero no es un sueño por lo tanto sus leyes son distintas.

Lo mismo sucede con la imposibilidad de crear una paranoia para poder elaborar una obra de arte, el método paranoico crítico de Dalí se lleva a cabo desde lo consciente y no desde lo inconsciente como es el caso de una psicosis paranoica.

Se sabe que la paranoia es un delirio de interpretación del mundo, diferenciándose del resto de las psicosis por el grado de sistematización de los delirios, que parecen ser coherentes y le permiten moverse en un mundo extraño.

Según Dalí, la paranoia – crítica es un método espontáneo de conocimiento irracional “basado en la objetivación crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones delirantes”.

Pero para comprender lo inconsciente y lo onírico que toman los surrealistas del psicoanálisis, es necesario conocer como conceptualiza Freud al sueño.

E l sueño para Freud, es ante todo una manifestación del inconsciente, en donde se pone en juego un deseo reprimido. Las huellas mnémicas o representaciones alojadas en el aparato psíquico intentarán pasar hacia la consciencia pero para esto deberán burlar a la censura.

En el dormir la censurara se encuentra debilitada, por lo tanto algunas representaciones pueden llegar a la consciencia en forma disfrazadas. Este es el motivo para que el sueño aparezca como algo incoherente.

Siendo las causantes de esa deformación la condensación y el desplazamiento de las representaciones. También Freud dice que el sueño tiene un contenido latente y uno manifiesto. El latente es lo que no recordamos, lo que se mantendrá inconsciente, y solo se puede aproximar a través de las asociaciones libres; el otro contenido, el manifiesto, es lo que recordamos cuando despertamos, en la consciencia.

En este sentido los surrealistas ponían de manifiesto este último contenido, apareciendo con imágenes deformadas y sin sentidos aparente.

Estas leyes de desplazamiento y condensación, serán reemplazadas por Lacan por las leyes del lenguaje: la metonimia y la metáfora, respectivamente.

Podemos recordar los contenidos metafóricos de las obras surrealistas.

Los surrealistas sostenían que había que dejar el deseo aflore sin ataduras.

Pero Freud en su texto “El poeta y la fantasía” sostenía que los poetas reemplazan los juegos infantiles por la fantasía, siendo la fantasía una realización de deseo, un acontecimiento presente evoca un recuerdo relacionado con el deseo. En este sentido la literatura sería, para Freud, una realización de deseo. El arte mismo sería mediador entre la fantasía y la realidad.

Además estos intentos de satisfacer deseos tienen que ver con un impulso sexual inconsciente que en su necesidad de adaptarse a la realidad, estos impulsos reprimidos se dirigen a objetos sustitutos del objetivo sexual. Cuando esta actividad sustitutiva y compensadora tiene una aprobación y una utilización social, se produce la sublimación, en donde la creación artística es uno de sus principales exponentes.

En este sentido, tomar conceptos como deseos, sueños, fantasías, etc. no es patrimonio solamente de los surrealistas, ya que para Freud en toda obra de arte se ponen en juego estos componentes íntimamente ligados al inconsciente.

De el encuentro entre Dalí y Freud es muy poco lo que se sabe, pero en un reportaje a Dalí decía lo siguiente: “Un día (Freud), pretendió ante mi, que los surrealistas no le interesaban. Y como me asombré, sabiendo de que manera se fundamentaban en él, me dijo: ‘Prefiero los cuadros en los que no hallo ninguna huella aparente de surrealismo. A esos sí, los estudios. Allí encuentro tesoros del pensamiento subconsciente’.”

Freud siempre tuvo cautela en la aplicación del psicoanálisis al arte, por que acarrearía graves reducciones.

Cuando Dalí se refirió a su cuadro “El espectro de la libido”, decía que se había propuesto hallar un sinónimo de la iconografía freudiana. Justamente se ha acusado al surrealismo de que gran parte de sus obras tienden a reducir el descubrimiento freudiano a iconografías.

En Buñuel podemos encontrar iconos a interpretar, aún cuando sus películas habían tomado un camino distinto al surrealismo.

Mas allá de los intentos de los surrealistas por mostrar el inconsciente al desnudo, lograron construir una estética muy particular y que aún sigue sorprendiendo por su originalidad.

jueves, 9 de julio de 2015

Un texto muy interesante sobre psicoanálisis-surrealismo


FUNDAMENTACIÓN HISTÓRICO SOCIAL (lo que amo)

Si hablamos de Técnicas Surrealistas tenemos que citar: la imaginación, la imagen onírica, el automatismo, la revelación o iluminación, el azar del cadáver exquisito y el humor presente siempre en toda poesía surrealista.
Recordemos a Baudelaire: “la imaginación es la más científica de las facultades, porque sólo ella comprende la analogía universal”, pues bien el poeta surrealista utiliza la imaginación de un modo peculiar, eliminando cada traba racional, recurriendo para ello al automatismo y al material de los sueños en estados crepusculares y mediúmnicos delirantes. Si le preguntamos a Rimbaud exclamaría: “el poeta se hace vidente mediante un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos”
Mediante la imaginación el poeta crea un lenguaje en el que la imagen es el elemento fundamental. La imagen para el surrealista tiene características especiales que Reverdy enuncia así: “La imagen es una creación pura del espíritu. No puede nacer de una comparación sino de un acercamiento de dos realidades más o menos alejadas” Breton lo parafrasea diciendo: “Cuanto más lejanas estén dos realidades que se ponen en contacto, más fuerte será la imagen, tendrá más potencia emotiva y realidad poética”
Hemos de advertir que los surrealistas consideran la imagen de forma arbitraria y con grandes dosis de contradicción, de donde algunos desprendieron el uso fácil y automático de una receta, proporcionada por las “aproximaciones insólitas”, desconociendo que el lenguaje es previo y formador de toda y cada una de las imágenes posibles de ser representadas en su puesta en escena por la metáfora y la metonimia.
Es de señalar en el movimiento surrealista, grandes avances, que permiten vislumbrar errores por pretender aplicar la técnica psicoanalítica, en lugar de implicarse en la experiencia del método psicoanalítico. Así podemos hablar del automatismo, centro y clave de la técnica surrealista.
El automatismo lo quisieron equipar con la asociación libre de la que habló Freud, atribuyéndole la función de abrir las puertas de lo inconsciente para permitir su expresión directa, sin la censura de la razón. De tal manera que constituía el material, un paisaje total de esas zonas profundas del espíritu. En este sentido el automatismo lo podemos equiparar a la inspiración de la que ya hablaron los antiguos románticos.
El mecanismo de creación automática fue utilizado por primera vez por Breton y Soupault en una serie de textos publicados en la revista “Litérature” en 1919 y unos años después en el libro “Campos Magnéticos”, Louis Aragon en su texto “Tratado de estilo” nos avisa con respecto al carácter de revelación del automatismo con sencilla contundencia: “si escribís, siguiendo un método surrealista, tristes imbecilidades, serán, sin atenuantes, tristes imbecilidades”
El surrealismo supone la inspiración, exalta las fuerzas totales del espíritu, la imaginación se libera mediante el automatismo, logrando la imagen pura, vital, la imagen auténticamente poética. Pero junto con Aragon repetimos: “el vicio llamado surrealismo consiste en el uso apasionado e inmoderado del estupefaciente imagen”
El sueño representa para los surrealistas un contacto con ese mundo profundo del espíritu cuyo contenido exploran a través del automatismo y las imágenes oníricas interesan por la plasticidad y ser portadoras de una energía creadora en su forma no deformada. Vemos que parten del contenido manifiesto del sueño soñado, y no de la asociación libre del sueño contado.
Algo que merece estudio aparte es: la investigación de las imágenes oníricas por los pintores y cineastas que se mantuvieron cercanos al movimiento surrealista, como verdaderos hijos del psicoanálisis, teniendo en Dali y Buñuel los antecedentes de la pintura y el cine que por ejemplo produce años después Menassa.
Otros de los elementos de la técnica surrealista es el azar y en el terreno de la poesía nada pone más en evidencia la importancia del azar que el juego surrealista denominado “cadáver exquisito”.
El humor como protesta contra el orden establecido, estamos hablando de 1925, se manifiesta para huir del confort intelectual. Afirma Breton. “ De todos los valores, el humor es el que revela un ascenso constante” siendo sin lugar a dudas, la característica más específica de la sensibilidad moderna. No hay texto poético auténticamente surrealista que no lo contenga.
La exposición realizada hasta aquí no tiene sentido alguno si desconocemos el poema Licantropía Contemporánea de Louis Aragon, como la fundamentación histórico social del presente trabajo.

martes, 26 de agosto de 2014

Topia: Arte y Locura



Todo empezó con una curiosa sensación. Cuando terminé de leer el relato clínico de Eliana Marengo y el comentario de Martín Nemirovsky –incluidos en Clepios Nº32- me preguntaba si eso era todo en relación al arte y la salud mental. Me parecía que había algo pero no lograba darme cuenta de qué era. A partir del material clínico, se sostenía la tesis de la estrecha relación entre “enfermedad maníaco depresiva y creatividad artística”. Para ello citaban una cantidad de estudios empíricos sobre el tema que relacionaba “temperamento artístico” y “temperamento maníaco depresivo”. El trabajo de Marengo terminaba con la pregunta crítica acerca del cual era el límite entre el “temperamento artístico” y una enfermedad. Y Nemirovsky concluía en la apuesta de compartir otras visiones para construir la estrategia clínica.
Tener una visión histórica de los fenómenos siempre permite que algo nuevo aparezca. Recordé los debates sobre arte y salud mental del siglo pasado. Entonces, los artistas eran considerados psicóticos, o locos a secas. En otras ocasiones se trató de encontrar la ligazón entre perversión y arte. Pero esta larga historia quedaba olvidada, como si en relación al arte y la locura hubiera empezado con los bipolares y terminara con un tratamiento medicamentoso. Para eso se tendrían que confirmar dos hipótesis improbables: que los artistas actuales hayan migrado hacia este cuadro psicopatológico; o bien, que la larga serie de estudios citados nos lleven a la idea de que la mayor parte del siglo XX haya estado equivocado. Y que no había relaciones entre arte y otras patologías. Para ello debiéramos demostrar que Antonin Artaud, Jackson Pollock, James Joyce y tantos otros fueron bipolares.
Recordar algo de la larga historia acerca de las relaciones entre el arte, la creación, la creatividad y la locura puede abrirnos el estrecho horizonte. Como en muchas cuestiones, podemos comenzar con Freud. Y allí el análisis se dio en dos direcciones. Primero, el análisis de obras de arte para encontrar sus motivaciones inconcientes, como la Gradiva de W. Jensen o el Moisés de Miguel Angel. Segundo, el análisis de los creadores y el proceso de creación, como en El poeta y los sueños diurnos o en Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. A la vez el psicoanálisis resultó estimulante para los propios creadores, tal como sucedió con el Surrealismo de los años ‘20. Y además varios creadores se beneficiaron con procesos psicoterapéuticos.
Los que vinieron después de Freud profundizaron estos dos caminos mencionados anteriormente. En el caso de análisis de obras de arte se llegaba a que eso explicaba muchas veces más los conceptos psicoanalíticos que la propia obra de arte. Es que la obra de arte siempre desborda una única interpretación, tal como lo demostró años después Umberto Eco en Obra Abierta. Sin embargo, las creaciones artísticas siguen siendo un buen camino. Permiten abrir diferentes perspectivas de análisis. Y recordemos que el arte llega mucho antes que nosotros a cuestiones vitales, tal como lo decía Freud. El segundo resultó más fructífero. Es que la patología de los creadores y el mecanismo de la creación permiten ir hacia los mecanismos de la creatividad y sus difusas fronteras hacia la patología. Entre la profusa bibliografía psicoanalítica me detendré en dos autores que trabajaron en nuestro país.
Enrique Pichon Rivière se ocupó de estudiar las relaciones entre arte y locura. Pichon escribió sobre Isidoro Ducasse, el Conde de Lautréamont, un texto publicado luego póstumamente. Era tanta la información de Pichon Rivière sobre el poeta, que cuando visitó a Jacques Lacan él fue quien le informó que en el edificio donde vivía, había vivido el tutor de Isidoro Ducasse muchos años antes, ante la sorpresa de Lacan. Las hipótesis de Pichon sobre el arte se concentraron también en una serie de trabajos compilados en El Proceso Creador y en sus Conversaciones… con Vicente Zito Lema. Resumidamente, hipotetiza que el creador es quien logra transformar lo siniestro interior (la vivencia de muerte) a lo maravilloso en su obra (la vivencia estética). Por supuesto, la locura residiría en quedarse simplemente atrapado en la desintegración de siniestro. Aunque la diferenciación nunca es tajante. Es que las aguas de la creación artística nunca son calmas. El problema es si alguien crea por su patología o a pesar de su patología. Para Pichon, “Artaud no es poeta por su demencia. El es poeta pese a su demencia”.
Años después, Eduardo Pavlovsky avanzó en esta línea, desde su doble pertenencia como psicoanalista y autor-actor de teatro. En varios textos como “Reflexiones sobre el proceso creador” e “Historia de un espacio lúdico” criticaba el reduccionismo de algunos abordajes psicoanalíticos que intentaban explicar toda la creación a partir de la patología. Por el contrario, siguiendo a Winnicott, retomaba la importancia de la revisión de la teoría sobre el juego para entender los procesos creativos. Por esto, “el creador, hombre de teatro no repite en sus obras sólo los gestos de su infancia, sino que su obra es también la superación de ese pasado condicionado”.Años después Pavlovsky incorporó las visiones de Deleuze y Guattari (de el Antiedipo a Mil Mesetas) para seguir oponiéndose a la miopía de considerar solamente a la creación como expresión de conflictos y desestimar su potencia creadora.
Luego de este viaje regresemos a la bipolaridad. La pretensión de exclusividad sobre la creación parece estrecha, a pesar de las estadísticas que relacionan poetas y bipolaridad. Porque sólo nos confirman algo que surge con esta historia. La descripción sintomática de cambios de humor de los poetas y otros creadores es simplemente evidente. Uno puede preguntarse lo contrario: ¿existe siquiera la posibilidad de que alguien cree estando eutímico durante ese proceso? ¿Qué creador no pasa por momentos de caos y fragmentación subjetiva que pueden llevar a una hipomanía o a una depresión temporaria?
La cuestión, siguiendo a Pichon y a Pavlovsky, es cómo salir de una visión reductora de la creación, sea psiquiátrica o psicoanalítica. Y así poder pensar sobre el arte y la creación y sus relaciones con diferentes patologías. Una complejidad que nos lleva hasta la noción misma de subjetividad con la que operamos.


Sobre arte y locura. Alejandro Vainer

martes, 3 de septiembre de 2013

Dalí: "El Angelus"

El método paranoico-crítico de interpretación, conjunción de pensamiento e imagen, es llevado a su máxima expresión a través de una obsesión: El Angelus (1857-1859) de Jean-François Millet.
La idea fija de Dalí convierte su obra pictórica y teatral en una performance de su interpretación.
Nos explica Salvador Dalí: El Angelus de Millet se convierte "de súbito" para mí en la obra pictórica más turbadora, la más enigmática, la más densa, la más rica en pensamientos inconscientes que jamás ha existido.
En la interpretación que hace DalI de dicha obra, la mujer se convierte en una mantis religiosa que, tras el apareamiento, está a punto de comerse al macho. La figura masculina, justo antes de ser devorada, utiliza el sombrero para proteger sus genitales.
Es muy difícil "saber" con exactitud por qué El Angelus está presente, de forma tan intensa en el pensamiento paranoico-crítico de Dalí. Un hombre muy críptico, de ideas abigarradas y crípticas, con motivaciones que trataron de ser exploradas desde fuera de su microcosmos sin mucho éxito.

Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta

Bibliografía: Material del Museo Reina Sofía. 2/8/2013

lunes, 2 de septiembre de 2013

Muchacha en la Ventana

Obra de 1925, es una representación precisa y realista del mundo que es familiar para Dalí: una muchacha, en este caso su hermana, acodada en la ventana ante un paisaje marítimo. Las formas del cuerpo remiten al estilo neoclásico de Picasso [...] Por otro lado, Dalí lleva la voluntad miniaturista a sus últimas consecuencias, lo cual, paradójicamente, lo empuja a crear una realidad enigmática ligada a una visión del espíritu.

Escenarios dalinianos

Dalí se considera a sí mismo como un artista eminentemente teatral. Esta afirmación no sólo es propia de su histrionismo, sino también en la concepción de su obra.
Colaboró con Luis Buñuel, Alfred Hitchcok o Walt Disney, pasando por decorados para ballet y teatro.
Éste mundo, que no le era propio, se rinde ante el talento de Dalí.
No sólo se queda en los decorados sino que se expande hacia la escritura de guiones cinematográficos, el diseño de decorados y vestuario.
Aunque su genio no siempre fue entendido y aceptado por una industria conservadora, sus múltiples colaboraciones le pusieron en contacto con el gran público.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza.
Museo Reina Sofía. Madrid.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Dalí en la Residencia de Estudiantes

La formación artística en Madrid (1922-1936) y su estancia la Residencia, sitúan al artista en el núcleo de la vorágine cultural europea.
Dalí descubre y colabora en los medios de difusión, como revistas. Sentía respeto y amor por Luis Buñuel, otras geandes figuras eran Federico García Lorca.
Poco a poco, va virando del color en función de lo percibido hacia privilegiar las construcciones mentales y representarlas en el lienzo haciendo uso del dibujo.
Preconiza una percepción visual sometida al rigor del pensamiento. Así, se convierte en un maestro del dibujp para dar cuenta de esta mirada espiritual.
Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y psicoterapeuta. Zaragoza (España)

Ver o no Ver: Dalí

"Ser o no ser", decía Shakespeare en Hamlet.
"Ver o no ver", dijo Dalí.
Lejos de ser una simple boutade, la reformulación por parte de Dalí del dilema Shakesperiano apunta al objetivo que el catalán le asigna a la actividad creativa a lo largo de toda su vida: aprender a "ver". Convencido, como Heráclito de que "a la naturaleza le gusta esconderse", Dalí concibe al creador a aquél capaz de revelar múltiples facetas de una naturaleza que no deja de camuflarse.

sábado, 31 de agosto de 2013

Exposición de Salvador Dalí

perfomance, hizo de sí mismo obras de arte y también diseñó detalles para grandes famosos. Se manejó en un amplio espectro del arte. Les iré contando. Un fuerte abrazo, un abrazo. RAE: bizarro, rra. (De it. bizzarro, iracundo). 1. adj. valiente (‖ esforzado). 2. adj. Generoso, lucido, espléndido

Exposición de Salvador Dalí

perfomance, hizo de sí mismo obras de arte y también diseñó detalles para grandes famosos. Se manejó en un amplio espectro del arte. Les iré contando. Un fuerte abrazo, un abrazo. RAE: bizarro, rra. (De it. bizzarro, iracundo). 1. adj. valiente (‖ esforzado). 2. adj. Generoso, lucido, espléndido

sábado, 10 de agosto de 2013

Imágenes múltiples y ecos morfológicos

Ejemplo paradigmático de la visión paranoica, la imagen doble se transforma a lo largo de la década de 1930 en imagen múltiple: "Mujer Dormida, caballo y león invisibles", de 1930, se anuncia a priori como un caos del que surgen, bajo una mirada atenta o distraída (he aquí la ambigüedad de la mirada paranoica), figuras que estaban camufladas. De la deformidad central emergen la mujer dormida, el caballo o el león, según las líneas y las formas que tomen relevancia sobre otras. Los azares del destino provocan también la aparición de otras figuras recurrentes en su obra, como la pareja en postura de felación, que se multiplica en primer plano.
Rodrigo Córdoba Sanz
Recomiendo la exposición de más de 300 obras del Reina Sofía de Madrid.

martes, 2 de julio de 2013

Escritura Psicótica

 

Una de las cosas más excitantes, interesantes y apasionantes de esta profesión son los escritos psicóticos. Cuando no existe una cobertura medicamentosa, a menudo, la lectura de una "ensalada de palabras" se convierte en un jeroglífico que se escribe desde el proceso más primario. Sin embargo, en la gran parte de los casos, podemos paladear una forma de ver el mundo distinto y eso no me parece patológico, me parece creativo y brillante en muchas ocasiones. Lo psicótico debe ser reinvindicado como una forma de ser que hay que intervenir siempre que lo demande la persona. Sin paternalismos ni tutela de una persona "discapacitada". He conocido a personas "discapacitadas" psicóticas con muchas más herramientas en la vida que supuestos sujetos normales. Ahora bien, el monto de angustia psicótica hace que la vida se haga muy cuesta arriba. Rodrigo Córdoba Sanz.
Los escritos de los sujetos psicóticos han ocupado a generaciones de psiquiatras y a diversos movimientos literarios de principios del siglo XX, como es el caso del  Surrealismo y el Dadaísmo. La fascinación de las producciones literarias que no estarían siempre regidas por la racionalidad, la coherencia gramatical o semántica o una clara intencionalidad de ser leídas por otros,  hizo que estos movimientos pensaran en los escritos de los psicóticos como  producidos por lo “involuntario” que, igualándolo a lo inconsciente buscaban descubrir la verdad, serían como la expresión, sin censura, del inconsciente del sujeto entendido como lo mas auténtico.

Nuestro punto de partida no es este. Nuestra interrogación nos orienta hacia intentar dar cuenta de una evidencia: que no todos los escritos de los sujetos psicóticos son iguales y que ello es porque tienen “funciones” distintas para cada sujeto. Intentaremos una cierta partición en dos grandes grupos, cuestión que para algunos de los escritos puede resultar un tanto artificiosa pero, que en otros es muy clara y nos  orienta en nuestra investigación. Queremos aclarar que nuestro interés en este campo no es estético sino pragmático. Pragmático en cuanto que en nuestra práctica clínica la pregunta sobre la función que tiene la escritura en estos sujetos es fundamental para orientar nuestra acción. ¿Debemos animar a ese sujeto a escribir? ¿Qué cambios debemos atribuir a su actividad de escritura? ¿Para qué escribe? ¿Qué lugar darle a sus escritos y a su actividad de escritura en la cura? Son algunas de las cuestiones ineludibles a las que nos vemos confrontados en estos casos. Es como ven, una investigación con consecuencias
Es evidente que no podemos generalizar los escritos y hablar de  una escritura propia de las psicosis, hay variaciones en sus formas y contenidos y por consiguiente en la función que para el propio sujeto en la medida en que también varía el momento subjetivo en el que emerge la producción escrita y la intencionalidad que la promueve.
Puntuaremos algunas de las cuestiones que nos permiten introducir dos modalidades de escritura que, sin que deba ser tomadas, como ya dijimos con un sentido universalizante, nos remiten a dos formas de psicosis: paranoia y esquizofrenia

No vamos a detenernos, ya no es el tema de este coloquio en el que queremos mostrar los ejes de nuestra investigación en curso, con las distinciones clínicas de una y otra mas allá de lo que nos va a servir para nuestra exposición. Retomar esta distinción nos permite aproximarnos, siguiendo a Gérard Wajcman en su artículo “El arte, el psicoanálisis, el siglo”, a poner en relación una con  el arte representativo y la otra con el arte abstracto. Los remitimos al artículo citado publicado en el libro Lacan: el escrito, la imagen de editorial Siglo XXI en el que también encontraran otros artículos de pensadores que, orientados por el psicoanálisis, estudian distintas formas artísticas. No vamos a ahondar en lo expuesto allí, valga la referencia para mostrar que las reflexiones desde el psicoanálisis de orientación lacaniana aportan un nuevo punto de partida para el estudio de la creación artística.

Para Lacan, igual que para Freud, no se trata de creer que por la vía de una obra se llegaría a la verdad del autor, en el sentido clásico de  una patografía. Entonces, no se trata de analizar la obra de arte, en el caso que nos ocupa, un escrito, entendiendo por analizar interpretar su sentido oculto o encontrar este sentido en relación a la biografía del artista lo que nos llevaría a una psicobiografia, que pensamos carece de interés. Ustedes saben que Freud y en esto no es el único, considera que sólo se puede considerar a un objeto como obra de arte si éste tiene una circulación social es decir si hace lazo social en un sentido amplio, es decir entre el autor y el “público” o entre el público y los estudiosos. Las funciones sociales de una obra pueden ser también múltiples. Estructura de la obra y función de lazo social son los dos ejes que traemos al debate para el análisis de los escritos en la psicosis.

Estarán de acuerdo con nosotros en que estos dos ejes son distintos en, por ejemplo, autores como Althusser en su ultimo libro El porvenir es tan largo o Joyce también en su ultima obra Finnegans wake. Podemos poner al lado de Althusser a autores como Rousseau, el Presidente Schreber y Aimée y al lado de Joyce a Raymond Roussel entre otros.  Son sólo algunos de los ejemplos posibles, los más conocidos y que tienen la ventaja de ser de sujetos excepcionales cuya calidad de producción esta fuera de duda lo que nos facilita la tarea. Al elegir a estos autores para mostrarles nuestra orientación de investigación no pretendemos decir que la producción de cualquier otro sujeto psicótico no pueda ser objeto de nuestro estudio sino al contrario.

Nos vamos a referir  en primer lugar a la relación entre paranoia y escritura, es decir  a la escritura  producto de la actividad delirante. En este sentido cabe destacar que contrariamente a lo que ocurre con los sueños, que deben ser interpretados, el delirio es en sí mismo una actividad interpretativa. Otra de las cuestiones a considerar es que las concepciones delirantes tienen siempre cierto valor de realidad, cuestión  que  aparece comprensible cuando se articula  a la historia del sujeto. Por último un carácter fundamental en la paranoia es el sentimiento persecución a pesar de la certeza de inocencia: en el delirio el Otro acusa al sujeto supuestamente inocente colocándose así en posición de acusador del Otro supuestamente maligno.

Veremos como a pesar de la confluencia de los caracteres propios de la paranoia en los escritos de los autores que hemos tomado como referencia, Schreber y Rousseau, hay diferencias destacables entre la función que cumple para cada uno de ellos. En  todo caso sí tienen en común la intencionalidad de dirigirse a un Otro y por tanto el intento inequívoco de ser comprendidos lo cual testimonia de un modo de creación literaria más frecuente en los casos de paranoia  y que cumplen, lo adelantamos, una función fundamental respecto al lazo social, que es por otro lado una dificultad a veces imposible de lograr por otros medios de expresión.

Siguiendo a Lacan podemos afirmar que “entre todas las producciones literarias del tipo del alegato, entre todas las comunicaciones de quienes, habiendo pasado más allá de los límites, hablan de la extraña experiencia que es la del psicótico, la obra de Schreber es ciertamente una de las más llamativas”. Añadiremos que no menos importante para el tema que nos ocupa son Las confesiones de J. Rousseau

En 1932, en su tesis “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad”,  Lacan insistía en la calidad de los escritos de Aimée (caso princeps analizado por Lacan como “paranoia de autocastigo”, de una mujer que apuñala a una artista muy conocida a la entrada de un teatro). La pregunta sobre “la comunicabilidad del pensamiento psicótico y del valor de la psicosis como creadora de expresión human”  es el problema que deja planteado Lacan al final de su tesis doctoral  tras un exhaustivo análisis de la escritura del caso en el que subraya, entre otras cuestiones que su mayor y mejor producción literaria son producto su momento más agudo y bajo la influencia directa de sus ideas delirantes y parece ser que la caída de la psicosis es la causa de la esterilidad de su pluma en momentos posteriores.  La falta de “ayuda social” y de “una instrucción adecuada”, fueron según testimonia Lacan lo que impidió a Aimee llevar a cabo una obra válida. Hará allí una comparación con Rousseau para poner de manifiesto que contrariamente a lo que el discurso psiquiátrico intenta demostrar, no se puede hablar de la psicosis en términos de déficit. Su capacidad creadora lo desmiente.
Veamos ahora la función  de la escritura  en Schreber y Rousseau  a partir de los caracteres señalados antes como fundamentales en la paranoia: relación con su historia, apoyo en la realidad, producción delirante y el intento de ser comprendido. Dos autores, dos modos de testimoniar mediante la escritura de su inocencia con la clara intención de comunicabilidad. He aquí sus modos de hacer lazo social mediante la escritura
Schreber a  sus  cincuenta y un años, acaba de recibir el nombramiento para ocupar la presidencia del Senado y unos días después,  insomne, fue sorprendido por la intrusión de un fenómeno notable. Este fenómeno es el que contiene y anticipa con claridad el carácter amenazador que habría de adquirir su psicosis. Se trataba de un crujido que se repetía a intervalos más o menos largos, un ruido que le despertaba cada vez que estaba a punto de dormirse. Su primera interpretación fue que podía tratarse de un ratón. Años después, estando su psicosis plenamente desencadenada, cuando  Schreber sabía muy bien que aquello no era obra de un simple ratón, he aquí entonces su interpretación: Pero después de haber oído esos ruidos infinitas veces, y por seguir escuchándolos actualmente noche y día, me di cuenta de manera indiscutible que eran efecto de milagros divinos. A partir del ruido (fenómeno elemental) y su interpretación encarna la figura del Otro en Dios que se transforma en su perseguidor en tanto atenta contra el orden del Universo: “Dios exige un estado constante de goce; es entonces mi deber ofrecerle este goce, en la medida de lo posible en las condiciones actuales atentatorias contra el orden del Universo, y ofrecérselo en forma del mayor despliegue posible de voluptuosidad del alma”. Durante uno de sus internamientos su delirio pasará por toda una serie de fases de las que da un relato extremadamente seguro y extraordinariamente compuesto, escrito en los últimos meses de su internación. El libro aparecerá inmediatamente después de su salida. Nunca disimuló ante nadie, en el momento en que reivindicaba su derecho a salir, que informaría a la humanidad entera de su experiencia, a fin de comunicar las revelaciones capitales. Schreber no niega su enfermedad, pero afirma que las revelaciones de las voces no fueron producidas por la enfermedad, sino a pesar de la misma “Para hacerme entender” -argumenta Schreber- “voy a tener que utilizar muchas figuras y comparaciones que quizás, en ocasiones, solamente logran aproximarse a lo correcto, pero las comparaciones con los elementos conocidos de la experiencia humana es el único camino por el cual el hombre puede hacer comprender algunas cosas hasta un cierto grado, ya que en su ser más íntimo siempre quedan incomprensibles..”.
En relación a  Rousseau la cuestión hay que plantearla en otros términos. En primer lugar hay que destacar de este autor dos tipos de escritos: los políticos y los literarios. Son estos últimos los que interesan a nuestro tema y  entre ellos  podemos citar La nueva Eloisa, Emilio, y las Confesiones.  No se trata en este caso de la interpretación de un fenómeno elemental  de las características del ruido del que nos habla Schreber, sino de otro tipo de “ruido”. Se siente empujado  a escribir Las confesiones por el tormento que le produce un acontecimiento que él mismo tildaría de crimen, cuando en realidad  se trata de un robo cometido a los 16 años y no confesado en su momento, y por entonces  acusa a una doncella de tal acto:” puedo asegurar que el anhelo de liberarme de esto en cierto modo, ha contribuido a la resolución de escribir mis confesiones. Difícil es discernir cuanto de realidad hay en algunas de las persecuciones de la que dice haber sido objeto, pero lo que si se constata, gracias a diversos testimonios, son sus estados de persecución paranoica: “El suelo que piso tiene ojos, las paredes que me rodean tienen oídos: cercado de espías y vigilantes malévolos  dan cuenta de la certeza de que se ha tramado un complot y que ello ha conducido a que se haya organizado  la más negra, la más horrenda trama que jamás se haya formado contra la memoria de un hombre”.
Es  importante destacar que Rousseau ha cometido una  falta real, reconocida incluso por él como un error de juicio, lo cual lo exime de reconocerlo como  error de voluntad. Nos referimos al abandono de sus cinco hijos. Es esta una de las cuestiones fundamentales  que lo lleva a una producción escrita y argumentativa a fin de demostrar su inocencia. He aquí una rasgo fundamental en la paranoia defenderse de la supuesta amenaza. Pionero de la pedagogía moderna fracasa como padre y como preceptor, Su recurso como defensa fue la de mostrar su excepcionalidad como hombre. Su ternura y su bondad  aparecen reiteradamente en sus textos: “Sabía –dice– que me pintaban en público con unos rasgos tan deformes, que pese a lo malo de mí mismo que no quería silenciar, sólo podía salir ganando mostrándome tal como era”. Su posición  es muy original: es culpable ante sí mismo e inocente a los ojos de Dios: “El sabe que yo soy inocente”. A diferencia de Schreber, se puede decir que  Rousseau era un perseguido resignado
Vayamos ahora  a lo que se puede presentar como el polo opuesto a los autores antenriores: Joyce y su Finnegans Wake o el libro de Raymond Roussel Cómo escribi algunos de mis libros en el que da cuenta de su proceso mismo de escritura. Ambos autores no se pueden clasificar tan fácilmente ni siquiera desde el punto de vista clínico. No encontramos en ellos un delirio constituido como en los autores anteriores. Sin embargo, en sus vidas la actividad de escritura, el proceso creativo mismo, fue central y podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la actividad creativa los sostuvo de un modo muy fundamental.
Si tomamos a Joyce y su última obra, a la que Jacques Lacan le dedicó todo un año de su Seminario, el destinatario de ella tiene una función muy particular. Joyce dijo que su obra haría trabajar a generaciones de universitarios y no cabe duda que lo consiguió. No obstante, no podemos decir que los universitarios futuros fueran propiamente los destinatarios, los interlocutores a los que Finnegans Wake se dirige. Más bien hemos de poner este deseo de Joyce en la cuenta de la ironía del que sabe que, por no tener interlocutor, se ofrece como enigma. Es el uso de la ironía como solo el sujeto psicótico puede hacerlo. Cuando nos enfrentamos a su lectura, lo habrán experimentado si han hecho el ejercicio, nos deja indiferentes respecto a sus resonancias. La intención de significación del texto se pierde. Lacan dice que al hacer resonar cada palabra en diversas lenguas hace  estallar la significación en mil pedazos. No hay vector de la significación. No podemos hacernos representar por el texto, no nos sentimos identificados. El efecto de aburrimiento, por la máxima extrañeza, aparece muy rápidamente. Nuestro inconsciente no está convocado, no lo “comprendemos”. Y ello porque el inconsciente mismo, entendido como saber supuesto, como saber articulado y a descifrar, está rechazado, no está en función. Lacan nombra este efecto diciendo que Joyce está “desabonado del inconsciente”. No hay pues nada a interpretar. En su caso, además eso le trae sin cuidado, de ahí su ironía.
No es el caso de Raymond Roussel quién, sufre una transformación subjetiva radical en una experiencia de juventud que fue relatada por Pierre Janet, que fue su psiquiatra, en su trabajo De la angustia al éxtasis. A partir de ese momento, el trabajo de escritura comandó su vida hasta su suicidio el año 1933. “Yo era igual a Dante y a Shakespeare, sentía  lo que Víctor Hugo sintió a los sesenta años, lo que Napoleón sintió en 1811, lo que Tannhauser soñaba en Venusberg: sentía la gloria. No, la gloria no es una idea, una noción que adquirimos constatando que vuestro nombre hace acrobacias sobre los labios de los hombres. No, no se trata del sentimiento de su valor, del sentimiento de que merecemos la gloria: no, yo no experimentaba la necesidad, el deseo de gloria, ya que yo no pensaba antes en ella para nada. Esa gloria era un hecho, una constatación, una sensación, yo tenía la gloria.” Bajo este estado no podía para de escribir lo que le surgía como radiaciones: “cerraba las cortinas –dirá-, ya que tenía miedo que la menor fisura dejara pasar hacia fuera los rayos luminosos que salían de mi pluma”. De la experiencia de escritura en ese estado que duró cinco o seis meses, añadirá: “Cada línea era repetida por millones de ejemplos y yo escribía con miles de puntas de plumas que flameaban. Sin duda, con la aparición del volumen, ese foco que enceguece se habría develado de entrada y habría iluminado el universo, pero él no habría sido creado, yo lo llevaba ya en mí”. En esa creación literaria, no encontramos intención de significación ni tampoco interlocutor al que Roussel se dirige. No intentaba convencer a nadie ni siquiera pedía, como señala Janet, que fuera reconocida, esa sensación de gloria que él experimentó. Su certeza de la experiencia  le bastó.
Sin embargo, posteriormente dedicó a intentar dar la lógica del proceso de su escritura, no de lo que significaba sino de “cómo fue escrita”, su último libro que puede considerarse su testamento literario. En él se ve bien que lo que él se impone es la producción artística con unas normas muy severas que están guiadas por la homofonía, pero no por el sentido. De ahí su dificultad para poder hacer un relato como es por ejemplo el caso de un cuento. Recordemos un ejemplo ya clásico en los estudios sobre el autor pero muy clarificador: “Yo elegía dos palabras casi iguales. Por ejemplo billard (billar) y Pillard (ladrón). Luego adjuntaba allí palabras parecidas pero tomadas en dos sentidos diferentes, y obtenía así dos frases casi idénticas. A partir de estas dos frases encontradas, se trataba de escribir un cuento pudiendo comenzar por la primera y terminar por la segunda. Ahora bien, era en la resolución de ese problema que yo agotaba todos mis materiales.” La elisión de los nombres propios, la búsqueda de la lógica en las combinaciones de palabras, el tomar como punto de partida de su creación literaria fragmentos del lenguaje lo mas insignificantes posibles son algunas de las particularidades que nos muestran también el uso especial que Roussel hace del lenguaje y cómo por la lógica intenta matar la significación particular que pudiera aparecer es decir las resonancias posibles a las significaciones comunes.
Podemos decir que Cómo escribí alguno de mis libros es su modo de hacer pasar sus escritos a la función de lazo social para “facilitar” el trabajo al posible estudioso.
Joyce y Roussel nos ofrecen en sus últimos escritos obras que no son una representación del mundo en ningún sentido. Tampoco son un alegato con una demanda de reconocimiento como en el caso del presidente Schreber, Rousseau o Althusser. Más bien son un intento, y de ahí el posible correlato propuesto por Wajcman con el arte abstracto, de poner palabras a lo irrepresentable, a lo que no tiene imagen posible, a lo que está fuera de toda significación: Joyce por el lado de la fragmentación de todos los sentidos posibles. Roussel en su obra y en la explicitación posterior de descubrir, de dar cuenta, de cómo encontrar una ecuación de lo irrepresentable seria posible aunque el trabajo se revela infinito. Esta es una función diferencial importante en uno y otro autor.
Para concluir diremos que los distintos modos de circulación social de la obra y la función de la misma para cada unos de los autores así como la estructura misma del modo de escritura están articulados a una problemática, que sólo dejamos apuntada, que no es en absoluto vana. Se trata del sostenimiento del sujeto en su mundo, de la creación de un mundo que pueda ser habitable para él y muy en particular de la posible función de la escritura en la regulación de los síntomas en el cuerpo que muy frecuentemente acompañan a los sujetos psicóticos y que es imprescindible para ellos poder localizar, entender y regular para que la invasión de un goce fragmentado pueda apaciguarse. Recordemos sólo a modo de ejemplo las estrictas condiciones para poder alimentarse de Roussel, los síntomas visuales de Joyce o los problemas de fragmentación corporal el Presidente Schreber que le dificultaban las funciones vitales más básicas.
 

jueves, 8 de diciembre de 2011

Daligramas

En el verano de 1929 Salvador Dali encuentra a su musa. Gala entra en escena y su vida puede comenzar. La vida es una locura. En su Gadiva, su victoria, su mujer. Dali dedica un lenguaje, un alfabeto amoroso, los Daligramas. En 1970 la casa Lancel interpreta los Daligramas creando un bolso dedicado a Gala, "El Dalí". La colección Daligrama cuenta esta declaración de amor.
Este es un retrato de la parte de las "boutiques" de París. París, la Ciudad del Amor, es polifacética y también ofrece muchos guiños culturales.

viernes, 18 de febrero de 2011

La miel es más dulce que la sangre

Existe más diferencia entre un hombre y otro hombre que entre dos animales de diferente especie (Michel de Montaigne)



Un estudio del pintor bate todos los récords al ser vendido por casi cinco millones de euros.


'La miel es más dulce que la sangre', un estudio previo para un cuadro homónimo de Salvador Dalí, fue vendido en Londres por la casa de subastas Christie's por la suma de 4.794.215 euros, batiendo el record de venta para un cuadro de Dalí.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Salvador Dalí desde el psicoanálisis




"En el juego, y sólo en él, pueden el niño o el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona sólo cuando se muestra creador." Winnicott

"[...]la única diferencia entre un loco y yo es el hecho de que yo no estoy loco!" Dalí


Además de la pajarita de papel hay otro objeto todavía en el cuadro daliniano de mi infancia: una muleta, que descubrí en el granero de nuestros amigos los Pichot. Al ver aquel instrumento por primera vez, lo elegí como mascota. Su extraña funcionalidad me sedujo y los materiales que la componían me atrajeron a ella. Me gustaba el trapo sucio que recubría la horquilla que sirve de soporte para la axila. Esta muleta encarnó para mí la autoridad, el misterio y la magia, y me confirió una verdadera voluntad de poder. Me parecía que con ella iba a conocer la voluptuosidad de nuevos caprichos. La muleta ocupa todavía hoy en mi obra, en mi mitología, un lugar particular. Todo daliniano debería poseer su muleta personal como una varita mágica. Dalí.




Quizá haya llegado el momento en que la imaginación esté próxima a volver a ejercer los derechos que le corresponden. [...] SURREALISMO, sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar [...] el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral [...] EL surrealismo se basa en la creencia de la realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, [en la omnipotencia del sueño], y en el libre ejercicio del pensamiento. Breton


EL MÉTODO PARANOICO-CRÍTICO:
"Actividad paranoico-crítica: método espontáneo de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativa-crítica de los fenómenos delirantes". Dalí.




Uno de los mecanismos de defensa más frecuentes en la paranoia es la proyección, por la que los propios pensamientos y miedos, con frecuencia inconscientes, son atribuidos a alguien o algo distinto de uno mismo. Es en virtud de la proyección que la realidad interior se ve como realidad exterior. El paranoico vive en un mundo poblado por sus propios fantasmas, creando una realidad llena de significado simbólico, que refleja sus delirios. La paranoia es la enfermedad mental más "racional", dado que su delirio consiste en una explicación intrincada y muy lógica del mundo en torno a la clave de una idea obsesiva. Las explicaciones de causa y efecto del paranoico son tan sólidas que un observador poco avezado podría fácilmente tomarlas por válidas. Ana Iribas Rudín.


Dalí entró en contacto con Lacan y con Freud, dicen que la perspectiva de Dalí influyó en la obra de Lacan "De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad", en 1932.

Dalí se convirtió en un freudiano acérrimo desde que, en sus tiempos de estudiante en Madrid leyera "La Interpretación de los sueños", "uno de los descubrimientos capitales de mi vida", diría Dalí. Tras muchos esfuerzos infructuosos de Dalí por ver a Freud en Viena, Stefan Zweig medió finalmente y los presentó en el exilio londinense del analista, el 19 de julio de 1938, un año antes de la muerte de Freud. El catalán le mostró su Metamorfosis de Narciso (1937) y, durante el encuentro, dibujó un retrato sintético del analista y se lo entregó a Zweig para que se lo enseñara a Freud, Zweig no lo hizo porque parecía presagiar su muerte...
Dalí recordó las palabras del psicoanalista: "En las pinturas clásicas, busco lo inconsciente; en una pintura surrealista, lo consciente".
Dos días después del encuentro de Freud con Dalí, el primero escribió: "hasta entonces, los surrealistas, que al parecer, me han elegido como su santo patrón, me parecían unos locos al ciento por ciento (o mejor dicho, como el alcohol, al noventa y cinco por ciento). Este joven español, con sus cándidos ojos de fanático y su innegable maestría técnica, me ha incitado a reconsiderar mi opinión". Sin embargo en la carta apostilló: "Sin embargo se trata de serios problemas psicológicos".





FUENTE: "A Psychoanalytical view of Salvador Dalí". Ana Iribas Rudín

domingo, 29 de noviembre de 2009

sábado, 28 de febrero de 2009

Reportaje EL PAIS: Un icono codiciado (Dalí)

















REPORTAJE: Un icono codiciado
Todos quieren ser Dalí
De Pacino a Banderas, varias estrellas de Hollywood persiguen el bigote del genio
CATALINA SERRA - Barcelona - 28/02/2009



¿Qué tendrá Dalí para que, de repente, estalle una fiebre en Hollywood para llevar al cine la surrealista vida del pintor de Port Lligat? A mediados de abril se estrenará el biopic Sin límites, en el que Robert Pattinson (famoso por su papel de vampiro en Crepúsculo) interpreta al artista, pero otros nombres del cine -mucho más ilustres- quieren ponerse sus bigotes: Antonio Banderas, Al Pacino, Johnny Depp e incluso Peter O'Toole. Tema hay, desde luego, y anécdotas suculentas como para llenar horas y horas de metraje.

La fundación que protege los derechos del artista rechaza casi todos los guiones
Pero el caso es que todos estos otros proyectos topan con la oposición de la Fundación Gala-Salvador Dalí, propietaria de los derechos de las obras del artista. Sus responsables velan para que ninguna de estas hipotéticas películas dé al traste con 15 años de esfuerzos por recolocar al pintor en la historia "seria" del arte del siglo XX más allá de escándalos, líos y leyendas de todo tipo, algunos de ellos relativos a las falsificaciones de obra gráfica que salpicaron sus últimos años.

"Lo último que le hace falta ahora a Dalí es una mala película que tenga éxito", comenta Joan Manel Sevillano, gerente de la fundación, que explica cómo en los últimos seis años han pasado por sus manos hasta 11 guiones para llevar a la gran pantalla la vida del artista. Exceptuando Sin límites (Little Ashes, en su versión inglesa), ninguno ha conseguido el visto bueno de la fundación. "La vida de Dalí ya es lo suficientemente interesante como para que no sea necesario inventarse cosas. No es nuestra intención censurar, pero velamos para que se aborde su figura de forma respetuosa sin esconder nada, pero sin banalizar ni contar cosas que no son. Hollywood puede cambiar la historia, y por eso somos estrictos".

Sín límites, una modesta producción hispano-británica que ha costado en torno a tres millones de euros, se centra en la juventud de Dalí y en la relación que el artista estableció en la Residencia de Estudiantes con Federico García Lorca (que interpreta Javier Beltrán) y Luis Buñuel (Matthew McNulty). El filme, producido en España por Factotum Barcelona, cuenta con un guión de Philippa Goslett que no rehúye escenas escabrosas, como la supuesta relación homosexual entre Lorca y Dalí. La fundación, comenta Sevillano, no ve inconveniente en que se hable de este asunto, abordado por varias biografías, "siempre que se mantenga el tono ambiguo en el que Dalí habló siempre de esta relación".

Por lo que no pasa la fundación es por el proyecto de Andrew Niccol (director de películas como Gattaca o El show de Truman) de llevar al cine el polémico libro Dalí y yo. Una historia surreal, de Stan Lauryssens, que tendría como protagonista a Al Pacino.

El libro es una supuesta autobiografía de Lauryssens en la que confiesa cómo falsificó dalís sin escrúpulos y explica imposibles diálogos con amigos y colaboradores del artista de visita en Cadaqués, amigos que le "desvelan" sus supuestas perversiones sexuales y su connivencia en falsificaciones. La Fundación Dalí, a través del bufete Roca Junyent Abogados Asociados, ha iniciado ya en el juzgado de Figueres los trámites de la querella por difamación e injurias contra Lauryssens "que podría ampliarse a la editorial o a quien sea necesario", señala Sevillano.

El gerente de la fundación, que ha viajado varias veces a Los Ángeles para reunirse con distintos productores, llegó a mandar una carta al agente de Al Pacino explicándole la situación y pidiéndole que "no se rebaje" a entrar en esta producción. De hecho, cuando estuvo el pasado año en Madrid, el actor comentó su interés por interpretar a Dalí, aunque añadió: "Hasta ahora no he leído un guión redondo, y mientras no haya un libreto férreo no la haré".

El que finalmente ha dado el sí para ponerse en la piel del artista es Antonio Banderas, que ha anunciado que en breve comenzará el rodaje de Dalí, dirigida por Simon West (realizador de Tomb Raider) y que abarcará toda la vida del artista introduciendo escenas de animación de sus cuadros. Tampoco este guión cuenta con el permiso de la fundación.

"He hablado varias veces con West y les he explicado nuestra posición", añade. "Lo único que pedimos es que modifiquen el guión. Claro que pueden intentar rodarlo de todas maneras, pero cualquiera que haga una película sobre Dalí sin los permisos tendrá serios problemas con nosotros. Y hasta ahora no hemos perdido ningún juicio".

Sobre los otros dos proyectos anunciados hace tiempo, no hay nada seguro por el momento y sí mucha dosis de rumorología. De la película con Peter O'Toole, titulada Goodbye Dalí, no se tienen muchas noticias sólidas. En cuanto a Johnny Depp, que en principio dirigiría la película e interpretaría al pintor, parece ser que aún busca guión. Documentación no va a faltarle.