En tal inventario, originalmente como Eyberg Behavioral Child Inventory: ECBI, se administran preguntas a los padres sobre su conducta. Los padres tienen que puntuar 36 aspectos del tipo "Tiene malos modales en la mesa"; "Lloriquea o gimotea"; "Se niega a obedecer hasta que se le amenaza con castigos"...
El padre o la madre han de valorar la frecuencia en la que el niño realiza tales atrocidades en una escala de Likert (gradual), y también deben valirar si la conducta es un problema en el hijo.
Hay que explicar los resultados: el profesional para dar su veredicto no ve al hijo o hija.
Se administró en Cantabria en niños de entre dos y trece años. El resultado fue que el 17% tenían trastornos de conducta, esto es, que según el DSM eran enfermos mentales. Es decir, pacientes de psicólogos y psiquiatras.
En el peor de los casos, algunos de estos muchachos acudirían al psiquiatra y éste les recetaría algún medicamento. Los padres serían "benditos" por su preocupación y nunca se hablaría de la pedagogía.
Por ejemplo, ante la frase "se niega a obedecer hasta que se le amenaza con castigos"; la respuesta normal de unos padres normales debería ser: "No lo sé, nunca hemos amenazado a nuestro hijo". En el Código Penal existe un delito de amenazas. Pensemos qué pasa si un marido hace tal cosa. Pero si se lo hacen a un niño es "problemático".
Se concluyó que dicho cuestionario es muy útil para los pediatras.
Como decía mi abuela: "Que Dios nos pille confesados".
Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo y Psicoterapeuta
domingo, 25 de agosto de 2013
Inventario de Eyberg
sábado, 10 de agosto de 2013
El complejo del padre de Edipo
Un oráculo anunció a Layo, rey de Tebas, que los dioses le castigarían por sus pecados. Si algún día tenía un hijo, este mataría a su padre y se casaría con su madre. Layo intentó durante un tiempo no tener hijos, pero el único método anticonceptivo era una férrea disciplina..., y no se pudo aguantar.
En una borrachera, dejó embarazada a su esposa Yocasta. Ni corto ni perezoso, entregó a su pequeño Edipo a un pastor para que lo abandonara en el bosque. El pastor se apiadó, lo entregó a unos padres adoptivos y Edipo se hizo hombre. Ignorante de su origen, mató a su padre y se casó con su madre.
Rodrigo Córdoba Sanz: Curiosa lectura del mito por parte de Carlos González. He de reconocer que he esbozado una sonrisa.
Esta historia sirvió a Freud para dar nombre a su teoría: el complejo de Edipo es el deseo que supuestamente tienen todos los niños pequeños de matar a su padre y de casarse con su madre.
Pero eso no es lo que dice la tragedia griega. Edipo no tuvo ningún deseo de matar a su padre ni de casarse con su madre. Lo hizo por error, porque no sabía que eran sus padres. Cuando finalmente se enteró de la terrible verdad, quedó tan horrorizado que se arrancó los ojos, mientras su madre y esposa se suicidaba.
El mito de Edipo nos habla de todo lo contrario, el temor irracional que tienen algunos padres a verse suplantados por su hijo en el amor de la madre...
Los celos del padre pueden dirigirse en los dos sentidos: le gustaría ser la madre del niño, y le gustaría ser el bebé de la madre. Como si intentase abrirse paso a codazos entre madre e hijo.
Carlos González en "Bésame Mucho" comenta unas anécdotas curiosas: 1) Un padre que necesitaba un bebé y 2) Un padre de 32 años que se quejaba de que su mujer llevara a su hijo a la cama. Carlos González formula esta pregunta: ¿Si usted no puede dormir solo como espera que lo haga su hijo?
En el psicoanálisis el colecho está vetado. Actualmente hay que decir que los bebés en esa situación están sujetos a mucho menos estrés. Los bebés que duermen solos tienen más secreción de catecolaminas y cortisona.
Basado en el texto de Carlos González: "Bésame Mucho"
domingo, 2 de junio de 2013
Bésame Mucho: Cómo criar a tus hijos con amor
Se dice que "hacen comedia solo para llamar la atención", que son "lágrimas de cocodrilo", como si el niño no sintiera el dolor que manifiesta y fingiese llorar solo para "manipularnos". Tal vez es comprensible que lo crean así la madre y su amiga, que ven al niño sonriendo y diciendo "ajo", apartan la vista un minuto y lo siguiente que ven es un bebé llorando que parte el alma. Parece un cambio demasiado brusco, y es fácil sospechar que sea un cambio "artificial". Pero usted, observadora de niños, ha visto reflejada en el rostro de la criatura una angustia profunda y genuina; una expresión de angustia que no ha sido "teatro" porque el bebé la ha mostrado precisamente en esos segundos en que no tenía público. Hace un tiempo tuve ocasión de ver esa expresión en una película científica rodada por psicólogos. Se le dieron instrucciones a la madre para colocarse frente a su hijo, y sonreírle y hablarle ni hacer el menor gesto durante otros dos minutos. Una cámara enfocaba a la madre y otra al hijo, y en la película habían montado las dos imágenes una junto a la otra. La angustia del bebé ante la falta de respuesta era palpable, y también era evidente que ninguna madre hubiera sido capaz de soportar el experimento más de unos minutos.
1. Debemos hacer a nuestros hijos todo el caso que nos sea posible. Nunca será demasiado. No se puede provocar ningún "trauma psicológico" por sonreírle demasiado a un niño, o por decirle demasiado "cuchi, cuchi".
2. Cuando nuestro hijo llora o se "porta mal" reclamando nuestra atención, no debemos pensar que lo hace por maldad o capricho, sino por necesidad y por amor.
3. Una sonrisa de vez en cuando, una caricia ocasional, una palabra aunque sea desde lejos, pueden ayudarle a tranquilizarse en los momentos en que no podemos prestarle nuestra plena atención. Siempre será mejor que seguir el tan manoseado consejo de "no permitas que te tome el pelo; déjalo que llore hasta que se canse".

