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Paz y Ciencia

sábado, 28 de diciembre de 2013

Filosofía Perenne: Ken Wilber



Filosofía Perenne
por Ken Wilber
La Filosofía Perenne es esa visión del mundo que comparten la mayor parte de los principales maestros espirituales, filósofos, pensadores e incluso científicos del mundo entero. Se la denomina “perenne” o “universal” porque aparece implícitamente en todas las culturas del planeta y en todas las épocas. Los mismo lo encontramos en India, México, China, Japón y Mesopotamia, que en Egipto, el Tíbet, Alemania o Grecia. Y dondequiera que la hallamos presenta siempre los mismos rasgos fundamentales: es un acuerdo universal en lo esencial. Para nosotros, los hombres contemporáneos, que somos prácticamente incapaces de ponernos de acuerdo en nada, esto es algo que se nos hace difícil de creer. Como lo resumió Alan Watts: “Apenas somos conscientes de la extraordinaria singularidad de nuestra propia postura, de modo que nos resulta muy difícil de admitir el hecho evidente de que haya existido un consenso filosófico  único, de amplitud universal, que ha sido sostenido por muchos (hombres y mujeres) que han compartido las mismas experiencias y han transmitido esencialmente la mismas enseñanzas, hoy o hace seis mil años, y desde Nuevo México en el Lejano Oeste hasta Japón en el Lejano Oriente. Esto es realmente muy notable. Creo que estas verdades de naturaleza universal constituyen fundamentalmente el legado de la experiencia universal del conjunto de la humanidad, que en todo tiempo y lugar ha llegado a un acuerdo sobre ciertas profundas verdades referidas a la condición humana y sobre cómo acceder a lo Trascendente Esta es una forma de describir lo que es la  Philosophia perennis. TKW: Dices que la filosofía perenne es esencialmente la misma en culturas muy diversas. Pero modernamente se afirma que es el lenguaje y la cultura lo que modela todo nuestro conocimiento. En caso de ser esto cierto, y dado que las diversas culturas y lenguajes son muy diferentes entre si, cabría la posibilidad de que apareciera alguna verdad universal o colectiva sobre la condición humana. Desde este punto de vista no existe una condición humana, como tal, sino tan sólo historia humana; y esa historia es muy diferente en cada caso ¿Qué opinas respecto de toda esta noción de relatividad cultural? KW: Hay mucha verdad en ello. Existen , sin duda, una diversidad de culturas que poseen un diferente “conocimiento local”, y la investigación de esas diferencias constituye un actividad muy interesante. Pero si bien es cierta la existencia de una relatividad cultural, ello no es toda la verdad. Además de las diferencias culturales evidentes, como son el tipo de alimentación, las estructuras lingüísticas o las costumbres de apareamiento, por ejemplo, existen también muchos otros fenómenos en la existencia humana que son, en gran medida, universales o colectivos. El cuerpo humano, tiene por ejemplo doscientos ocho huesos, un corazón y dos riñones, tanto si se trata de un habitante de New York como de Mozambique, y tanto hoy día como hace miles de años. Estas características universales constituyen lo que se denomina “estructuras profundas” porque son esencialmente las mismas en todas partes.
Sin embargo, para que las diversas culturas utilicen esas estructuras profundas de maneras muy diversas, como los chinos que vendaban los pies de sus mujeres o los de Ubangi que estiraban sus labios, o bien el uso de tatuajes y de prendas de verter, los juegos, el sexo y el parto, todo lo cual varía considerablemente de una cultura a otra. Todas estas variables reciben el nombre de “ estructuras superficiales”, porque son locales  en vez de universales. Esto mismo ocurre también en el ámbito de la mente humana. La mente humana posee estructuras superficiales que varían entre las distintas culturas, y estructuras profundas que permanecen esencialmente idénticas independientemente de la cultura considerada. Aparezca donde aparezca, la mente humana tiene la capacidad de formar imágenes, símbolos, conceptos y reglas. Las imágenes y símbolos particulares pueden variar de una cultura a otra, pero lo cierto es que la capacidad de formar esas estructuras mentales y lingüísticas- y las propias estructuras en si- es esencialmente las misma en todas partes. Del mismo modo que el cuerpo humano produce pelo, la mente humana produce símbolos. Las estructuras mentales superficiales varían considerablemente entre sí, pero las estructuras mentales profundas son, por su parte, extraordinariamente similares.
Ahora bien, al igual que el cuerpo humano produce universalmente pelo y que la mente  produce universalmente ideas, el espíritu humano también produce universalmente intuiciones sobre lo Divino. Y esas intuiciones y vislumbres configuran el núcleo de las grandes tradiciones espirituales del mundo entero. Y una vez más, aunque las estructuras superficiales de las grandes tradiciones de sabiduría sean, desde luego, muy diferentes entre si, sus estructuras profundas, por el contrario, son muy similares y algunas veces idénticas.
La filosofía perenne se ocupa fundamentalmente de las estructuras profundas del encuentro humano con lo Divino. Porque aquellas verdades sobre las cuales los hindúes, los cristianos, los budistas, los taoístas y los sufíes se hallan en completo acuerdo, suelen  referirse a algo profundamente importante, algo que nos habla de verdades universales y de significados últimos, algo que toca la esencia fundamental de la condición humana. TKW: A primera vista, resulta difícil ver en que podrían estar de acuerdo el budismo y el cristianismo. ¿Cuáles son, pues, los principios fundamentales de la filosofía perenne? ¿Podrías postular sus tópicos fundamentales? ¿Cuántas son esas verdades profundas y esos puntos de acuerdo fundamentales? KW:  Son muchos, pero veamos los siete que considero más importantes.
1º-  el espíritu existe.
2º-  el espíritu está dentro de nosotros.
3º- a pesar de ello, la mayor parte de nosotros vivimos en un mundo de ignorancia, separación y dualidad, en un estado de caída ilusorio, y no nos percatamos de ese Espíritu  interno.
4º- hay una salida para ese estado de caída, de error o de ilusión; hay un Camino que conduce a la liberación.
5º- si seguimos ese camino hasta el final llegaremos a un Renacimiento, a una Liberación Suprema.
6º- esa experiencia marca el final de la ignorancia básica y el sufrimiento.
7º- el final del sufrimiento conduce a una acción social amorosa y compasiva hacia todos los seres sensibles. TKW: ¡Has dicho muchas cosas! Vayamos paso a paso. Dices que el espíritu existe. KW: El Espíritu existe, Dios existe, existe una Realidad Suprema, ya sea que se le de el nombre de Brahman, Dharmakaya, Yahwel, Atón, Kether, Tao, Allah, Shiva, : “Muchos son los nombres que recibe lo Uno”. TKW: Pero ¿Cómo sabes que el Espíritu existe? Los místicos dicen que existe pero ¿en que basan esa afirmación? KW: En la experiencia directa. Sus afirmaciones no se basan en meras creencias, ideas, teorías o dogmas, sino en la experiencia directa, en la experiencia espiritual Real.
Esto es lo que diferencia a los verdaderos místicos de los religiosos dogmáticos. TKW: Pero ¿qué hay del argumento de la experiencia mística no es un conocimiento  válido porque es inefable y por consiguiente incomunicable?. KW: Ciertamente la experiencia mística es inefable y no puede traducirse enteramente en palabras, pero lo mismo ocurre con cualquier otra experiencia, ya se trate de una puesta de sol, el sabor de un trozo de tarta o la armonía de una fuga de Bach. En cualquiera de estos casos debemos haber tenido la experiencia real para saber de que se trata. Pero no por ello se debe concluir que la puesta de sol, la tarta o la música no existen o son experiencias no válidas. Además, aunque la experiencia mística sea, en gran medida, inefable, puede ser comunicada o transmitida. Así, por ejemplo, de la misma manera que la danza se puede enseñar aunque no se pueda transmitir con palabras, también es posible aprender una determinada práctica espiritual bajo la tutela de un determinado maestro espiritual. TKW: Pero esa experiencia mística que tan verdadera le parece al místico bien podría estar equivocada. Los místicos pueden afirmar que están fundiéndose con Dios pero ésa no es ninguna garantía de que lo que dicen es lo que ocurre en realidad. Ningún conocimiento es absolutamente seguro. KW: Estoy de acuerdo en que la experiencia mística no es más cierta que cualquier otra experiencia directa. Pero ese argumento, lejos de echar por tierra las afirmaciones de los místicos, los eleva, en realidad, al mismo estatus que yo definitivamente  acepto. En otras palabras, el mismo argumento que se puede aducir en contra del conocimiento místico puede aplicarse, en realidad, a cualquier otra forma de conocimiento basado en la experiencia evidente, incluida la experiencia empírica. Creo que estoy mirando la luna, pero bien pudiera estar errado; los físicos creen en la existencia de los electrones, pero podrían estar equivocados; los críticos consideran que Hamlet fue escrito por un personaje histórico llamado Shakespeare, pero podrían estar en un error, etc.
¿Cómo podemos estar seguros de la veracidad de nuestras afirmaciones?
Mediante más experiencias.
Pues bien, eso es precisamente lo que han estado haciendo históricamente los místicos a lo largo de décadas, siglos y milenios: comprobar y refinar sus experiencias, un récord de constancia histórica que hace palidecer incluso a la ciencia moderna. El hecho de que este argumento, lejos de echar por tierra las afirmaciones de los místicos, lo que hace es conferirles de una manera sumamente adecuada – a mi juicio- el  estatus de auténticos expertos e informados sobre su especialidad y, por consiguiente, los únicos verdaderamente capacitados para establecer aseveraciones al respecto. TKW: Muy bien. Pero a menudo he escuchado que la visión mística bien podría tratarse de una patología esquizofrénica ¿Cómo contestarías a esa acusación? KW: No creo que nadie ponga en duda que ciertos místicos presentan rasgos
esquizofrénicos y aun que haya esquizofrénicos que experimentan intuiciones místicas. Pero desconozco a cualquier autoridad en la materia que crea que las experiencias místicas son básicas y primordialmente alucinaciones esquizofrénicas. Está claro que también conozco a muchas personas no cualificadas que así lo piensan, y que resultaría difícil convencerlas de lo contrario en el breve espacio de este entrevista. Diré, tan solo, que las prácticas espirituales y contemplativas utilizadas  por los místicos- como la oración contemplativa o la meditación- pueden ser muy poderosas pero no lo suficiente como para atraer a un montón de hombres y mujeres normales, sanos y adultos y, en el curso de unos pocos años, convertirlos en esquizofrénicos delirantes. El Maestro de Zen Hakuin transmitió su enseñanza a ochenta y tres discípulos que se encargaron de revitalizar y organizar el Zen japonés. Ochenta y tres esquizofrénicos alucinados no podrían ponerse de acuerdo ni siquiera para ir al baño...¿Qué habría pasado con el Zen japonés si éste hubiera sido el caso? TKW: (Risas) Una última objeción ¿No es acaso posible que la noción de “ser uno con el espíritu” no sea más que un mecanismo de defensa regresivo para proteger a una persona contra el pánico ante la muerte y lo impermanente? KW:  Si la “unidad con el Espíritu”  fuese simplemente  algo más en lo que uno cree y se tratara, por lo tanto, de una idea o  una esperanza, entonces ciertamente suele formar parte de la “proyección de inmortalidad” de una persona, es decir, de un sistema de defensa diseñado- como he intentado explicar en mis libros “Después del Eden” y “Un Dios sociable”- para protegerse mágica o regresivamente de la muerte bajo la promesa de una prolongación o continuación de la vida.
Pero la experiencia de unidad atemporal con el Espíritu no es una idea o un deseo; es una aprehensión directa. Y sólo podemos considerar esa experiencia directa de tres maneras diferentes:
-afirmar que se trata de una alucinación, a lo cual acabo de responder;
-asegurar que es un error, cosa que también he rebatido,
-o aceptarla como lo que dice ser: una experiencia directa de nuestro Ser Espíritual. TKW: Por lo que dices, el misticismo genuino, a diferencia de la religión dogmática, es científico, porque se basa en la evidencia y la comprobación experimental directa ¿Es así? KW: efectivamente. Los místicos te piden que no creas absolutamente en nada y te ofrecen un conjunto de experimentos para que los verifiques en tu propia conciencia.
El laboratorio del místico es su propia mente y el experimento es la meditación.
Tu mismo puedes verificar y comparar los resultados de tu experiencia con los resultados de otros que también hayan llevado a cabo el mismo experimento. A partir de ese conjunto de conocimiento experimental, consensualmente validado, llegas a ciertas leyes del espíritu, o a ciertas “ verdades profundas” si prefieres llamarlo así. TKW:  Y esto nos lleva de nuevo a la filosofía perenne, a la filosofía mística y a sus siete grandes principios.  El segundo principio era: el espíritu está dentro de ti. KW:  El espíritu está dentro de ti, hay todo un universo en tu interior. El asombroso mensaje de los místicos es que en el centro mismo de tu ser, tú vives la divinidad. Estrictamente  hablando Dios no está dentro ni fuera- ya que el Espíritu trasciende toda  dualidad- pero uno lo descubre buscando fuertemente adentro, hasta que ese “adentro” termina convirtiéndose en “más allá”. El Chandogya Upanishad nos ofrece la formulación más conocida de esta verdad inmortal cuando dice.
“En la misma esencia de tu ser no percibes la Verdad, pero en realidad está ahí.
En eso, que es la esencia sutil de tu propio ser, todo lo que existe Es.
Esa esencia invisible es el Espíritu del universo entero.
Eso es lo Verdadero, eso es el Ser. ¿Y tú ? Eso eres tú”.
Tat Tuam Asi, tú eres Eso. Es innecesario decir que el “tú” que es “Eso”, el tú que es Dios, no es tu identidad individual y separada, el ego, ésta o aquella identidad, el Sr. o la Sra.  de Tal. De hecho, el yo individual o ego es precisamente lo que impide que tomemos conciencia de tu Identidad Suprema. Ese “tú”, por el contrario, es nuestra esencia más profunda, o si lo preferimos, nuestro aspecto más elevado, la esencia sutil- como lo describe el Upanishad- que trasciende nuestro ego mortal y participa directamente de lo Divino. En el judaísmo se le llama el Ruach, el espíritu divino y supraindividualidad que se halla en cada uno de nosotros, y que se diferencia del nefesh, el ego individual.
En el cristianismo, por su parte, es el pneuma, el espíritu que mora en nosotros y que es de la misma naturaleza que Dios, y no la psique o alma individual que, en el mejor de los casos, solo puede adorar a Dios. Como dijo Coomaraswamy, la distinción entre el espíritu inmortal y eterno de una persona y su alma individual y mortal (el ego) constituye un principio fundamental de la filosofía perenne. TKW: San Pablo dijo: “Vivo. Pero no soy yo, sino Cristo, quien vive en mi”. ¿Estás diciendo que San Pablo descubrió su verdadera Identidad, que era uno con Cristo y que éste sustituyó a su antiguo y pequeño ego, su alma o psique individual? KW: Así es. Tu Ruach  o fundamento es la Realidad  Suprema, no tu nefesh, tu ego. Si crees que tu ego individual es Dios estás evidentemente en un gran aprieto. De hecho, estarías padeciendo una psicosis, una esquizofrenia paranoide. No es eso, por cierto, lo que conciben los más grandes filósofos y sabios del mundo. TKW: Pero entonces ¿por qué no hay más gente que sea consciente de eso? Si el espíritu está  realmente en nuestro interior ¿por qué no es evidente para todo el mundo?. KW: Muy bien . Entremos ahora en el tercer punto. Si realmente soy uno con Dios ¿por qué no me doy cuenta? Algo me está separando del espíritu ¿Por qué esta Caída? ¿Cuál ha sido el error?.
Las diferentes tradiciones dan diferentes respuestas a este asunto, pero todas ellas concluyen fundamentalmente en lo siguiente:
“no puedo percibir mi Verdadera Identidad, mi unión con el Espíritu, porque mi conciencia está obnubilada y obstruida por alguna actividad; aunque recibe muchos nombres diferentes, es simplemente la actividad de contraer y centrar la conciencia en mi yo individual, en mi ego personal. Mi conciencia no se halla abierta, relajada y centrada en Dios, sino cerrada, contraída y centrada en mí mismo. Y es precisamente la identificación con esa contracción en mi mismo y la consiguiente exclusión de todo lo demás lo que me impide encontrar o descubrir mi identidad anterior, mi verdadera identidad con el Todo”. Mi naturaleza individual “el hombre natural” ha caído y vive en en el error, separado y alienado del Espíritu y del resto del mundo. Estoy separado y aislado del mundo de “ahí afuera”, un mundo que percibo como si fuera completamente externo, ajeno y hostil a mi propio ser. En cuanto a mi propio ser en sí, desde luego que no parece ser uno con el Todo, con todo lo que existe, uno con el Espíritu Infinito, sino que, por el contrario, permanece encerrado y aprisionado dentro de las paredes limitadoras de este cuerpo mortal. TKW: Esta situación suele llamarse “dualismo” ¿no es así? KW: Así es. Me divido a mí mismo en un “sujeto” separado del mundo de los “objetos” ubicados ahí fuera y, a partir de ese dualismo original, sigo dividiendo el mundo en todo tipo de opuestos en conflicto: placer y dolor, bien y mal, verdad y mentira, etc. Según la filosofía perenne, la conciencia que se halla dominada por el dualismo sujeto-objeto, no puede percibir la realidad tal como es, la realidad en su totalidad, la realidad como Identidad Suprema. En otras palabras: el error es la contracción de uno mismo, la sensación de identidad separada, el ego. El error no descansa en algo que hace el pequeño yo, sino en algo que es. Y aún más: ese ser contraído, ese sujeto aislado “aquí dentro”, al no reconocer su verdadera identidad con el Todo experimenta una aguda sensación de carencia, de privación, de fragmentación. En otras palabras: la sensación de estar separado, de ser un individuo separado, da nacimiento al sufrimiento, da nacimiento a la “caída”.
El sufrimiento no es algo que ocurre al estar separado, sino que es algo inherente a esa condición. “Pecado”, “sufrimiento” y “yo” no son sino diferentes nombres para un mismo proceso que consiste en la contracción y fragmentación de la conciencia.
Por eso es imposible rescatar al ego del sufrimiento. Como dijo Gautama el Buda: para poner fin al sufrimiento debes abandonar al pequeño yo o ego; pues ambas cosas nacen y mueren al mismo tiempo. TKW: Así que este mundo dualista es el mundo de la caída y el pecado original, es la contracción del ser, la autocontracción en cada uno de nosotros. ¿Y estás diciendo que no son sólo los místicos orientales sino también los occidentales quienes definen el pecado y el Infierno como algo inherente al estado de identidad separada? KW: Al yo separado y a su codicia, deseo y huída carentes de amor. Si, desde luego. Es cierto que Oriente- y en especial el budismo y el hinduismo- hacen  mucho incapié en equiparar al Infierno – o Samsara- con el ego separado e individualista. Pero en los escritos de los místicos católicos, de los gnósticos, de los cuáqueros, de los cabalistas y de los místicos islámicos también nos encontramos con los mismos tópicos. Al respecto, mi escrito favorito pertenece al extraordinario William Law, un místico cristiano inglés del siglo XVIII. Te lo leeré “He aquí la verdad resumida. Todo pecado, toda muerte, toda condenación y todo infierno no son sino el reino del yo, del ego. Las diversas actividades del narcisismo, del amor propio y del egoísmo que separan el alma de Dios y abocan a la muerte y al infierno eterno”. O las palabras del sufí Abi l-Khayr:
“ No hay Infierno sino individualidad, no hay Paraíso sino altruismo”. También encontramos este mismo tipo de declaraciones entre los místicos cristianos, como nos lo demuestra la afirmación de la Theología germánica de que “ lo único que arde en el infierno es el ego”. TKW: Sí, entiendo. Así que la trascendencia del “pequeño yo”  conduce al descubrimiento del “ gran Yo”. KW: En efecto. En sánscrito, este “ pequeño yo” o alma individual se denomina ahamkara, que significa “nudo” o “contracción”; y es este ahamkara, esta contracción dualista o egocéntrica de la conciencia, lo que constituye la raíz misma del estado de caída.
Llegamos así al cuarto gran principio de la filosofía perenne: hay una forma de superar la Caída, una forma de cambiar este estado de cosas, una forma de desatar el nudo de la ilusión y el error básico. TKW: Tirar al tacho al ego individualista. KW: (risas). Así es. Rendirse o morir a esa sensación de ser una identidad separada, al pequeño yo, a la contracción sobre uno mismo. Si queremos descubrir nuestra identidad con el Todo debemos abandonar nuestra identificación errónea con el ego aislado. Pero esta Caída se puede revestir instantáneamente comprendiendo que, en realidad, nunca ha tenido lugar, ya que solo existe Dios y, por consiguiente, el yo separado nunca ha sido más que una ilusión. Sin embargo, para la mayor parte de nosotros, esa situación debe ser superada gradualmente paso a paso.
En otras palabras, el cuarto principio de la filosofía perenne afirma que existe un Camino y que, si lo seguimos hasta el final, terminará conduciéndonos desde el estado de caída hasta el estado de iluminación, desde el Samsara hasta el Nirvana, desde el Infierno hasta el Cielo TKW: ¿Es la meditación ese Camino? KW: Bien. Podríamos decir que hay diversos “caminos” que constituyen lo que estoy llamando genéricamente “ el Camino” y nuevamente se trata de diferentes estructuras superficiales que comparten todas ellas la misma estructura profunda. En el hinduísmo, por ejemplo, se dice que hay cinco grandes caminos o yogas. “Yoga” significa sencillamente “unión”, la unión del alma con la Divinidad. La palabra inglesa yoke, la castellana yugo, la hitita yugan, la latina jugum, la griega zugon y muchas otras proceden de la misma raíz.
En este sentido, cuando Cristo dice: “Mi yugo es leve”,
está queriendo decir “Mi yoga es fácil”.
Pero quizá podamos simplificar todo esto diciendo que todos esos caminos, ya sean hinduístas o provenientes de cualquier otra tradición de sabiduría, se dividen en dos grandes caminos.  A este respecto se me ocurre otra cita para ilustrar este punto. Es de Swami Ramdas: “Hay dos caminos, uno de ellos consiste en expandir tu ego hasta el infinito y el segundo en reducirlo a la nada”; el primero es una vía de conocimiento mientras que el segundo, por el contrario, es una vía devocional. Un Jnani (sabio hindú) dice: “Yo soy Dios, la Verdad universal”. Un Devoto, por su parte, dice: “Yo no soy nada ¡Oh Dios! Tú lo eres todo”. En ambos casos desaparece la sensación de identidad separada”.
La clave del asunto es que cualquiera de estos dos casos el individuo que recorre el Camino trasciende o muere al pequeño yo y redescubre, o resucita, a su Identidad Suprema con el Espíritu universal. Y eso nos lleva al quinto gran principio de la filosofía perenne, es decir, el del Renacimiento, la Resurreción o la Iluminación. El pequeño yo debe morir para que dentro de nuestro ser pueda resucitar el gran Yo.
Las distintas tradiciones describen esa muerte y nuevo renacimiento con nombres muy diversos. Así, por ejemplo, en el cristianismo recibe los nombres de Adán – a quien los místicos llaman el “Hombre Viejo” u “Hombre Externo” y del que se dice que abrió las puertas del Infierno – y de Jesús- el “Hombre Nuevo” u “Hombre Interno” que abre las puertas del Paraíso-.En opinión de los místicos, la muerte y resurrección de Jesús constituye el arquetipo de la muerte del yo separado y la resurrección a un destino nuevo y eterno dentro de la corriente de la conciencia, a saber, el Ser Divino o Crístico y su Ascensión.Como dijo San Agustín:
 “Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios”.
En el cristianismo, este  proceso de retorno desde la condición “humana” a la condición “Divina”, de la persona externa a la persona interna, se denomina “Metanoia”, una palabra que significa tanto “arrepentimiento” como “transformación”. En tal caso, nos arrepentimos del pequeño yo (el ego individualista) y nos transformamos en el Ser
(o Cristo), de modo que, como afirmaba San Pablo, “no soy yo sino Cristo quien vive en mí”. De manera similar, el islam denomina tawbah ( que significa “arrepentimiento”) y también galb (que significa “transformación”) a esa muerte y resurrección que Al-Bistami resume del siguiente modo:” Olvidarse de sí es recordar a Dios”.
Tanto en el hinduísmo como en el budismo se describe esta muerte y resurrección siempre como la muerte del alma individual (jivatman) y el despertar a esa verdadera naturaleza de la persona que los hindúes describen metafóricamente como Totalidad del Ser (Brahman) y los budistas describen como Apertura Pura (Shunyata). El momento en que tiene lugar esa ruptura o renacimiento se denomina iluminación o liberación (Moksha o Kaivalya). El Lankavatara Sutra describe la experiencia de la iluminación como “una transformación completa en la misma esencia de la conciencia”. Esta “transformación” consiste simplemente en desactivar la tendencia habitual a crear un yo separado y substancial donde, de hecho, sólo existe una conciencia clara, abierta y amplia. El Zen denomina Satori o Kensho a esta transformación o Metanoia.
“Ken” significa verdadera naturaleza y “sho” significa “ver directamente”.
Ver directamente nuestra verdadera naturaleza es convertirse en un Ser totalmente autorrealizado. Y como dijo el Maestro Ekhart:
 “En esta transformación he descubierto que Dios y yo somos lo mismo”. TKW: ¿La iluminación se experimenta realmente como una muerte real o esto no es más que una metáfora? KW:  En realidad esto se refiere a la muerte del ego individualista.
 Los relatos de esa experiencia, que pueden ser muy dramáticos pero también muy sencillos y nada espectaculares; afirman claramente que de repente te despiertas y descubres que, entre otras cosas, y por más extraño que pueda parecer, tu verdadero ser es todo lo que has estado mirando hasta ese momento, que literalmente eres uno con todo lo manifestado, uno con el universo y que, en realidad, no te vuelves uno con Dios y el todo, sino que entonces tomas conciencia de que eternamente has sido esa unidad sin haberte percatado antes  de ello. Pero junto a ese sentimiento, junto al descubrimiento del Ser que todo lo impregna, se experimenta también la sensación muy concreta de que tu pequeño ego ha muerto, que ha muerto de verdad. El Zen llama al Satori “la Gran Muerte”.Eckhart era igual de categórico. “El alma-dijo- debe darse a sí misma”. Coomaraswamy dice: “Solo cuando nuestro ego muere comprendemos finalmente que no hay nada con lo que podamos identificarnos y entonces podemos transformarnos realmente en lo que ya somos”. TKW: ¿Al trascenderse el pequeño ego se descubre la eternidad? KW (Larga pausa). Sí, siempre que no consideremos que la eternidad es un tiempo que no acaba nunca sino un momento sin tiempo, el presente eterno, el ahora atemporal.
El SER no mora para siempre en el tiempo sino en el presente atemporal previo al tiempo, previo a la historia, al cambio, a la sucesión.
El espíritu, el Ser , está presente en el sentido de ser Pura Presencia, no en el de estar en un ahora interminable que es una noción más bien espantosa.
En cualquiera de los casos, el sexto gran principio fundamental de la filosofía perenne afirma que la iluminación o liberación pone fin al sufrimiento.
Lo que causa el sufrimiento es el apego y el deseo de nuestra identidad separada; y lo que pone fin al sufrimiento es el camino meditativo que trasciende al pequeño yo y al deseo y el apego. El sufrimiento es inherente a ese nudo o contracción llamado ego y la única forma de acabar con el sufrimiento es trascender el ego. No se trata que después de la iluminación, o después de la práctica espiritual en general, ya no sientas dolor, angustia, miedo o daño. Todavía sientes eso, si. Lo que simplemente ocurre es que esos sentimientos ya no amenazan tu existencia y, por tanto, dejan de constituir un problema para ti. Ya no te identificas con ellos, ya no los dramatizas, ya no tienen energía, ya no te resultan amenazadores. Por una parte, ya no hay ningún ego fragmentado que pueda sentirse amenazado y, por otra, nada puede amenazar a ese gran Yo del Ser original y auténtico, puesto que, siendo el Todo, no hay nada ajeno a él que pueda hacerle daño. Esta situación produce una profunda relajación y distensión del corazón. Por más sufrimiento que experimente ahora el individuo, su verdadero Yo no se siente amenazado. El sufrimiento puede presentarse y puede desaparecer, pero ahora la persona está firmemente asentada y segura en “la paz que sobrepasa el entendimiento”.
El sabio experimenta el sufrimiento, pero éste no le hace “daño”.
Y como es consciente del sufrimiento, se siente motivado por la compasión y el deseo de ayudar a quienes sufren y creen en la realidad del sufrimiento. TKW: Lo cual nos lleva al séptimo punto, la motivación del iluminado. KW:  Si. Se dice que la verdadera iluminación deriva en una acción social inspirada por la misericordia y la compasión, en un intento de ayudar a todos los seres humanos a alcanzar la Liberación Suprema. La actividad iluminada no es más que un servicio desinteresado. Como todos somos uno en el mismo Ser, entonces, al servir a los demás estoy sirviendo a mi propio Ser.

http://www.yogakai.com/wilber1.htm

El gran riesgo del azar



El gran riesgo del azar: El azar se mide por su grado de improbabilidad. Su improbabilidad proviene de la ignoranciade sus causas o de la ausencia de las mismas, como en el caso de un suceso acausal sincronístico. Un suceso improbable puede aportar mucha información sobre el cuestionamiento que nos induce  a efectuar en nuestra vida. Como señala Kundera: Solo el azar puede manifestarse como un mensaje que llega por necesidad, que se espera y se repite cotidianamente no dice apenas nada. Sólo el azar habla. Tienta a ser leído como las gitanas leen el fondo de una taza las marcas que ha dejado el poso del café.
El azar es ese juego de la vida que puede volver a poner en movimiento a la persona que llega a inscribirlo en un relato. "El azar no favorece más que a los espíritus bien preparados", decía Pasteur.

La falta de recuerdos

 
 
LA CONCIENCIA DEL SILENCIO

Si el individuo no tiene recuerdos es porque las experiencias han sido suficientemente dolorosas como para relegarlas, sin duda alguna, a la sombra. Por lo tanto, tendremos que nombrar esas vivencias de un modo diferente de como han sido nombradas en la infancia. Por ejemplo, si una madre desligada emocionalmente solo era capaz de nombrar sus propias necesidades, la niña que escuchaba traducía: "Mi madre necesita que le cuide". Al mismo tiempo, había una vivencia de abandono en su condición de niña real, sin embargo, nadie decía: "Qué abandonada está esta niña". Quiero decir, si nadie nombra el abandono de esta niña, porque tiene una madre que sólo se mira a sí misma, ese abandono no existe para la conciencia.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Ken Wilber: Espiritualidad



Ken Wilber: Sobre espiritualidad integral
Uno de los autores que actualmente se encuentran desarrollando interesantes perspectivas dentro del campo de la psicología transpersonal es Ken Wilber, autor de varios libros en los que trata temas relacionados con el desarrollo psicológico y espiritual del ser humano, dentro de un marco epistemológico integral. Su modelo tiene sustento en la Filosofía Perenne, la cual es representada gráficamente por Wilber en lo que se ha llamado La Gran Cadena del Ser.
Su modo de comprender la experiencia y el desarrollo de la espiritualidad, en tanto que núcleo esencial de toda religión más allá de las formas, nace a partir de lo que él ha llamado el modelo AQAL (o modelo integral), el que no es sino un mapa sobre el desarrollo de todo cuanto existe que intenta integrar la mayor cantidad de dimensiones de existencia posible. En este modelo, tanto lo cuantitativo como lo cualitativo tiene un lugar, sin que se tenga que optar necesariamente por una forma de indagar sobre la realidad. Todo cuanto existe se presenta en la realidad de distintas maneras, con diversas facetas que han de ser tomadas en cuenta si no se quiere caer en reduccionismos o sesgos que no hacen más que entorpecer la vía del conocimiento. Y la espiritualidad, en sus más diversas formas, es uno de esos "objetos" de los que se hace cargo la teoría integral.
En su esfuerzo por promover la investigación sobre espiritualidad y religiones, así como por inculcar en las personas un interés por desarrollar verdaderamente su espiritualidad, Wilber y su equipo han fundado el Integral Spiritual Center (Centro de Espiritualidad Integral), como uno de los componentes del Integral Institute (Instituto Integral) que busca aplicar el modelo integral al ámbito de la espiritualidad humana. El siguiente video muestra a Ken Wilber junto al Padre Thomas Keating, un monje benedictino que forma parte del staff que trabaja en el Integral Spirituality Center, en una de las reuniones del Instituto en 2006. El autor expone algunos conceptos clave de su teoría integral aplicada a la espiritualidad, tal y como se ha desarrollado gracias a los esfuerzos de todo su equipo conformado por personas provenientes de todo el mundo, pertenecientes a las más variadas disciplinas tanto académicas y científicas como espirituales.

Aldous Huxley y la Psicología Perenne

Aldous Huxley. La Filosofía Perenne. Libro publicado 2011.
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Huxley presenta la Filosofía Perenne como el sustrato común que tienen todas las tradiciones religiosas y espirituales que se han desarrollado a lo largo de la historia. Sería la metafísica, psicología o ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo ser – que puede ser llamada Dios, Atman, Budeidad, Tao, o de muchas otras formas -.
Huxley no es un iluminado, sino un intelectual inquieto abierto a explorar terrenos poco firmes para la racionalidad como los estados alterados de conciencia, los fenómenos psíquicos o el misticismo. Para ilustrar su exposición sobre la Filosofía Perenne investiga en escritos de maestros espirituales de tradiciones tan distintas como el Cristianismo, el Budismo o el Hinduismo, y acompaña cada argumento suyo con fragmentos de éstos. En muchas ocasiones deja claro que un mismo concepto es expresado a través distintos lenguajes por autores muy lejanos temporal, espacial y culturalmente.
La teoría de Huxley es que todas las tradiciones religiosas y espirituales, en sus vertientes místicas, apuntan en la misma dirección: el conocimiento del Yo más profundo, la divina Base o simplemente Dios. De este modo invita a superar barreras dogmáticas y a encontrar esa Verdad que subyace no sólo en la tradición religiosa de la cultura del lector, sino en la de cualquier manifestación espiritual auténtica de cualquier territorio del globo.

Asimismo, Huxley considera que una sociedad es buena cuando permite que sus miembros practiquen técnicas contemplativas que lleven a advertir esta Totalidad. De hecho, llega a afirmar en varias ocasiones que el fin de la vida humana es la práctica contemplativa.
Huxley es rotundo en sus opiniones políticas. Considera que tanto los reaccionarios como los revolucionarios están obcecados con su búsqueda de la utopía -para los unos en el pasado, para los otros en el futuro- y esto les lleva a ejercer la violencia contra otros seres humanos y contra la naturaleza, alejándolos por completo de la la Verdad. Por eso, afirma que la política de los sabios es siempre pacífica, pues éstos tienen sus metas en lo que está más allá del tiempo. El modelo político de quienes siguen la Filosofía Perenne estaría basado en el pacifismo, el respeto a la naturaleza, la compasión hacia otros seres humanos y la generación de unas condiciones sociales, políticas y económicas que permitan a las personas conocerse a sí mismas.
Como técnica para conocer la divina Base, Huxley propone la contemplación en cualquiera de sus diferentes formas, que no es más que esa oración en silencio, no verbal, en la que el contemplativo observa tanto el mundo externo como su interior sin juzgar, ni elegir, ni identificarse. El autor da a entender que este método ha sido compartido por maestros tan distantes como San Juan de la Cruz, Buda Gautama o Lao Tse. No obstante, Huxley ve también la práctica de una vida ética y la dedicación intensiva como elementos necesarios para llegar a buen puerto.
Este ensayo me parece muy aconsejable para dos tipos de personas: aquellas interesadas en la espiritualidad que estén cansadas del pensamiento blando de la new age y los racionalistas ateos o agnósticos que deseen escuchar la opinión de un racionalista heterodoxo. Tras leerlo, no he podido evitar pensar lo bueno que sería que las religiones institucionalizadas y aquellos que se identifican con ellas abriesen sus miras y escuchasen voces como la de Huxley, un antídoto contra el fundamentalismo y la intolerancia, una llamada al diálogo intercultural en la búsqueda de la Verdad.
Fuente: http://bibliotecadeleter.wordpress.com/
Philosophia Perennis: el término fue acuñado por Leibniz, pero el concepto es inmemorial y universal. Es la metafísica que reconoce una realidad divina en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la realidad divina; la ética que pone la finalidad última del hombre en el conocimiento de la base inmanente y trascendente de todo ser.
Pueden hallarse rudimentos de la Filosofía Perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las partes del mundo. Las primeras versiones escritas de este factor común de todas las teologías datan de hace veinticinco siglos, y desde entonces el tema ha sido tratado una y otra vez por todas las tradiciones religiosas. Aldous Huxley ha recogido en este volumen los escritos que ilustran mejor la idea de Filosofía Perenne, pero también los más destacables por su belleza y memorabilidad.
Descargar:
Aldous Huxley – La Filosofía Perenne.pdf (1.6 MB)
https://mega.co.nz/#!ER8zXY7D!eC9sjVhCcXkPVR8dUwB9sQKQcN1GvFx9SQcJpm3nuPE
http://c0ntracultura.wordpress.com/2013/09/09/la-filosofia-perenne-aldous-huxley-libro-pdf/

















jueves, 26 de diciembre de 2013

Las puertas de la percepción

 
 
LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN: ALDOUS HUXLEY

Desde la puerta me dirigí a una especie de pérgola cubierta en parte por un rosal trepador y en parte por listones de una pulgada de ancho, con media pulgada de espacio entre ellos. Brillaba el sol y las sombras de los listones formaban un dibujo de cebra en el piso y en el asiento y el respaldo de la silla de jardín que se hallaba al fondo de la pérgola. Esta silla... ¿La olvidaré alguna vez? Allí donde las sombras caían sobre la lona de la tapicería, las franjas de un añil a la vez profundo y brillante alternaban con otras de una incandescencia tan intensa que era difícil creer que no estuvieran hechas de fuego azul. Durante un lapso que pareció inmensamente largo, miré sin saber, incluso sin desear saber, lo que tenía delante. En cualquier otro momento hubiera visto una silla con alternadas franjas de luz y de sombra. Hoy, el precepto se había tragado al concepto. Yo estaba tan completamente absorbido por el mirar, tan fulminado por lo que realmente veía, que no podía darme cuenta de ninguna otra cosa. Muebles de jardín, listones, luz solar, sombras... Todas estas cosas no eran más que nombres y nociones, meras verbalizaciones, para propósitos utilitarios y científicos, después del suceso...

Amor, vida, muerte



El amor no es una teoría ni es un ideal. O amamos o no amamos. El amor no puede enseñarse. No podemos tomar clases de cómo amar, ni existe un método que practicado diariamente nos permita saber qué es el amor. Pero pienso que uno puede dar con el amor de manera natural, fácil y espontánea, cuando comprende de verdad el significado del tiempo, la profundidad extraordinaria del dolor y la pureza que llega con la muerte. Por lo tanto, quizá podamos considerar - de hecho, no teóricamente o en abstracto- la naturaleza del tiempo, la cualidad o estructura del dolor y la cosa extraordinaria que llamamos muerte. Estas tres cosas no están separadas.

Krishnamurti: "Sobre la vida y la muerte"