Desde que Freud escribiera "Duelo y Melancolía" han aparecido muchos aportes desde diferentes escuelas, el constructivismo, la psicología cognitiva, el psicoanálisis, la psicología transpersonal y otras.
Worden es un autor relevante actualmente que propone el trabajo del duelo de otro modo distinto a como Elisabeth Kübler-Ross propone, que es un esquema de fases que la persona tiene que atravesar hasta llegar a la aceptación de la pérdida, pasando por la depresión, la negociación y la rabia.
Worden habla de ciertos autores psicoanalíticos, entre ellos Freud, resaltando que quizá se equivocaron al asumir que el duelo es un proceso donde la pérdida supone una caída del objeto en el yo, una sombra que se vuelca sobre la persona y que trunca los proyectos y vivencias que había tenido ese sujeto con la persona fallecida. Resulta ser un autor bastante operativo, crítico con otros modelos y novedoso por la forma de sus aportes. Aquí voy a exponer un breve resumen de su pensamiento en procesos acumulativos de tareas del duelo.
La resolución del duelo
Desde hace varios años diversos autores han defendido la idea de que para superar el duelo es necesario pasar por varias fases o etapas. No obstante, y siguiendo el planteamiento propuesto por J.W. Worden, el hecho de hablar de fases y/o etapas puede colocar a la persona en una posición pasiva frente a su dolor, donde no sea posible hacer nada más que esperar que se vayan sucediendo gradual o progresivamente dichas etapas. Por este motivo, este autor prefiere hablar de TAREAS DEL DUELO, lo que sitúa al sujeto en una postura más activa de cara a la elaboración del mismo. Hablar de tareas implica que la persona puede hacer algo para manejar su dolor. Aunque esas tareas requieren un cierto esfuerzo.
Es importante aclarar que no se trata de técnicas o trucos a los que agarrarse para que el duelo pase antes o para que duela menos, ya que el control de la experiencia subjetiva del dolor es algo que está fuera de nuestro alcance. Las tareas ayudarán a que la persona que ha sufrido la pérdida aprenda a abrirse a las emociones que experimenta, sin juzgarlas ni luchar contra ellas y a darlas sentido, para ir poco a poco asumiendo la pérdida, recolocándola en su vida y continuar avanzando en el camino que le marquen sus valores.
Aunque las tareas no siguen necesariamente un orden específico, en su definición se sugiere un cierto ordenamiento. No obstante, pueden darse en cualquier momento. Las tareas propuestas por Worden serían las siguientes:
Tarea I: aceptar la realidad de la pérdida
Esta tarea consiste en afrontar el hecho de que la persona ya no está. El autor distingue entre aceptación intelectual y aceptación emocional. El primer término hace referencia al conocimiento que se tiene de una muerte o pérdida, mientras que el segundo término va más allá del hecho de ser consciente de que alguien se ha ido, siendo necesario reconocer y vivir las emociones que han generado la pérdida.
Hay personas que niegan que se haya producido una pérdida o el significado que ésta supone para ellas, lo que dificultaría esta tarea. Cuando la pérdida no es por una muerte, como puede ser el caso de una ruptura de pareja, la esperanza de que la persona un día vuelva puede alargar en el tiempo esta tarea, dificultando la elaboración del duelo. Por eso es preciso aceptar la realidad de la pérdida y de las emociones que genera.
Tarea II: trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.
Para poder trabajar las emociones que surgen durante el período de duelo, es necesario que la persona sea consciente de qué emociones se están experimentando y permitirse sentirlas. Algunas de ellas son más evidentes, como la ira o el enfado, pero puede que no esté dejando salir a la superficie otras emociones más difíciles de afrontar, pero que también es necesario manejar, como es el caso del dolor, la angustia, o el sentimiento de soledad.
Durante el duelo, la persona experimentará tanto emociones negativas como positivas, sin responder a ninguna lógica ni orden establecido. Se puede sentir cualquier emoción en cualquier momento. Lo importante es aceptar en todo momento los sentimientos, nos parezcan lógicos o no, demasiado dolorosos o demasiado poco. Muchas personas, de manera consciente o inconsciente, no se permiten sentir ciertas emociones, bien por evitar el sufrimiento, por miedo al rechazo social, etc.; pero es necesario reconocer y trabajar todo sentimiento experimentado. La negación de esta segunda tarea es no sentir, lo cual se puede hacer de muchas maneras: evitando pensamientos dolorosos, idealizar a la persona perdida, evitar las cosas que le recuerdan la pérdida, usar drogas o alcohol…
La sociedad actual hace más difícil completar la tarea II, ya que abandonarse al dolor está considerado como negativo e insano.
Tarea III: adaptarse a un medio en el que la persona está ausente
Worden habla de tres áreas de adaptación que se deben abordar tras la pérdida:
1.Adaptaciones externas: cómo influye la pérdida en el día a día de la persona, es decir, qué roles desempeñaba.
2.Adaptaciones internas: cómo influye la pérdida en la imagen que la persona tiene de sí misma, fundamentalmente en la definición que hacen de sí mismas y en su sensación de eficacia personal.
3.Adaptaciones espirituales: cómo influye la pérdida en las creencias, valores y los supuestos sobre el mundo que tiene la persona.
Para completar esta tarea, la persona tendrá que aprender a asumir los roles a los que no está acostumbrada, desarrollar habilidades que nunca había tenido y seguir adelante con un nuevo sentido de sí misma y del mundo.
Tarea IV: recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.
Esta última tarea consiste en encontrar un lugar para la persona que se ha ido que le permita a la persona estar vinculada con ella, pero de forma que no le impida continuar con su vida. Debemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos que han fallecido llevándolos con nosotros, pero sin que ello nos impida seguir viviendo (Worden, 2004). No consiste en renunciar al fallecido, sino en encontrar un lugar adecuado para él en su vida emocional.
La complicación del duelo: la intervención terapéutica
La mayoría de la gente no necesita ayuda para elaborar su duelo. El problema viene cuando alguien no resuelve adecuadamente alguna de estas tareas y siente que no consigue seguir con su vida sin que la pérdida interfiera en ésta de manera significativa. Al principio del proceso de duelo es normal que ocurra esto, pero mantenido en el tiempo puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto, que podría definirse como “la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución” (Horowitz, 1980).
En este sentido, una de las clasificaciones que más consenso ha adquirido establece cuatro subtipos de duelo complicado:
1.Duelo crónico. Pasa un año y la persona siente que nunca acaba. No termina de amoldarse a su nueva vida y sigue sin aceptar el dolor, la angustia o la ansiedad que siente al recordar la pérdida. La persona se detiene en alguna de las tareas descritas anteriormente sin llegar a su finalización.
2.Duelo retrasado o pospuesto. Tras la pérdida la persona experimenta ciertas emociones, pero no todas las que existían, o con su verdadera intensidad y, pasado un tiempo, vuelve a experimentar una fuerte carga emocional ante algún acontecimiento que reabre la herida.
3.Duelo exagerado: la persona se siente desbordada de dolor y trata de evadirse mediante ciertas conductas de evitación, como consumo excesivo de alcohol o drogas, centrarse obsesivamente en el trabajo, en salir o en cualquier conducta que le permita sobrellevar el dolor, lo cual puede llevar, en última instancia, a desarrollar algún trastorno psicopatológico, como problemas de ansiedad o depresión. Puede ser que la persona sea consciente de que hace todo esto para evitar el dolor que la pérdida implica, pero no sepa cómo afrontarlo.
4.Duelo enmascarado: la persona presenta problemas físicos o realiza conductas que le causan dificultades, pero sin darse cuenta de que éstas tienen que ver con la pérdida no superada. Por ejemplo, puede experimentar síntomas físicos similares a los del fallecido antes de morir o desarrollar problemas psicopatológicos (ansiedad, trastornos alimentarios, etc.), sin ser consciente de que su malestar tiene que ver con el duelo no resuelto.
martes, 12 de julio de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
Angustia II
En el anterior post daba alguna idea sobre el concepto de la angustia, más conocido el término como ansiedad, son ideas diferentes que vienen de modelos y sistemas de pensamiento distintos.
Hablaba de psicofármacos, se me olvidó mencionar el Anafranil o el Tryptizol, por citar sólo dos. Estos medicamentos son un tratamiento más de fondo para lo obsesivo.
Sin embargo en psicología y en psiquiatría dinámica lo importante no es tapar el síntoma porque las estructuras patológicas mutan, tienen sentido dentro de su contexto, los diagnósticos son contextuales.
Existe mucha plasticidad en la evolución de las psicopatologías y si ponemos un ejemplo, la obsesividad puede ser una defensa que produzca angustia pero que signifique una evolución de un cuadro que pudo originarse con descompensación a nivel de pensamiento. Tratar los síntomas tiene eso inconveniente, que puede virar la patología hacia una patología más grave, la evolución de un problema psíquico pasa por momentos en los que la persona tiene que aprender a tolerar el dolor, ése es uno de los papeles del psicoterapeuta.
Hablaba de psicofármacos, se me olvidó mencionar el Anafranil o el Tryptizol, por citar sólo dos. Estos medicamentos son un tratamiento más de fondo para lo obsesivo.
Sin embargo en psicología y en psiquiatría dinámica lo importante no es tapar el síntoma porque las estructuras patológicas mutan, tienen sentido dentro de su contexto, los diagnósticos son contextuales.
Existe mucha plasticidad en la evolución de las psicopatologías y si ponemos un ejemplo, la obsesividad puede ser una defensa que produzca angustia pero que signifique una evolución de un cuadro que pudo originarse con descompensación a nivel de pensamiento. Tratar los síntomas tiene eso inconveniente, que puede virar la patología hacia una patología más grave, la evolución de un problema psíquico pasa por momentos en los que la persona tiene que aprender a tolerar el dolor, ése es uno de los papeles del psicoterapeuta.
domingo, 10 de julio de 2011
Angustia
Freud matizó distintos tipos de angustia, él perfiló mucho de lo que ahora se conoce sobre la psicopatología de la angustia. No obstante la escuela de Kraepelin se dedicó a la psicopatología con interés y con una perspectiva basada en la sintomatología no tanto en las causas subyacentes, como intentaba realizar el maestro del psicoanálisis.
En la actualidad se prescribe con facilidad ansiolíticos, desde el bromacepam (Lexatín) hasta el alprazolam (Trankimazín), pasando por otros como el famoso lorazepam (Orfidal). Estos probablemente son los más populares y lo prescriben desde los médicos de atención primaria hasta los psiquiatras.
Existe un largo número de antidepresivos que también ayudan a combatir las señales de angustia, uno de los más sedativos es la trazodona (Deprax).
Estos fármacos producen mucha sedación y pueden ser un grave problema para conducir, pero esto no es lo más grave, las benzodiacepinas, citadas entre los ansiolíticos, producen adicción, es decir existe un fenómeno llamado tolerancia que supone el aumento progresivo del fármaco para producir el mismo efecto.
Esta es una de las razones por las que los psiquiatras van cíclicamente cambiando de medicación en según que casos.
Los problemas relacionados con la angustia pueden ser de tipo reactivo por algún acontecimiento vital estresante o traumático. A veces, la angustia se manifiesta de manera cognitiva en lugar de con inquietud, en ese caso otros fármacos son más pertinentes, por ejemplo para los problemas obsesivos se prescriben inhibidores selectivos de serotonina, que tienen el inconveniente, entre otros, de producir problemas en el plano sexual.
La quintaesencia de lo que proponía Freud, que es con quien empezaba, es explicar que la etiología de la angustia, en sus nomenclaturas, a mi parecer ya pasadas de moda, es que la raíz del sufrimiento de la angustia está en la infancia. Poco interés tiene que poner un profesional de la salud mental para realizar una patobiografía y no darse cuenta de lo importante que ha resultado el medio ambiente donde ha crecido, no me refiero al environment en un sentido darwiniano sino winnicottiano. Normalmente se tiende a atribuir toda la responsabilidad a los padres, que de hecho son quienes dan un nombre, un espacio y una crianza al bebé y después al niño o niña. Bowlby realizó un enfoque basado en el psicoanálisis pero más abierto a otras disciplinas como la etología para explicar lo fundamental que resulta el tipo de apego, por ejemplo ansioso o ambivalente en el desarrollo de patologías. El tener unos padres inconsistentes o agresivos genera heridas que no se cicatrizan con los fármacos.
La psicoterapia trata de, prescindiendo o no de fármacos, según proceda, se pueda reescribir la narrativa biográfica de la persona afectada, se pueda cambiar el modo de pensarse, de conceptualizarse, el modo de percibir la realidad y de habitar su psiquesoma. Por esto, una psicoterapia es el tratamiento fundamental, que lamentablemente ofrecen muy pocos psiquiatras del servicio público de salud en España y, por otro lado, sabemos que los psicólogos son deficitarios en número y tienen encomendadas tareas menos ambiciosas.
Existen lugares donde funciona bastante bien el psicólogo del servicio público de salud pero es basicamente en Madrid y Barcelona donde se ha desarrollado esto mejor.
En otras ciudades, como desde donde escribo, el recorrido habitual es derivar al psiquiatra y éste prescribir una serie de fármacos tras hacer una breve historia clínica. Los impedimentos de tiempo y saturación de pacientes dificultan la labor.
La psicoterapia es el tratamiento fundamental de este tipo de sufrimiento y las pastillas taponan el síntoma sin solucionar el problema. Una psicoterapia es algo complicado, tanto para el terapeuta como para el paciente, que tienen que pasar de ser desconocidos a compartir un espacio intersubjetivo donde entrelazar su imaginario.
La angustia, más conocida como ansiedad tiene muchas vertientes y en algunas casos puede confundirse con síntomas psicóticos, trastornos del pensamiento y angustia psicótica. En estos casos está indicada la medicación, incluso para un purista del psicoanálisis pero esto no exime de la responsabilidad del terapeuta de realizar un trabajo terapéutico que pueda sostener el paciente para tratar su patología e ir alcanzando retos y metas más elevados. Una psicoterapia no acaba con la desaparición de los síntomas, eso puede darse relativamente pronto pero el trabajo arduo consiste en cambiar el modo de estar en el mundo.
En la actualidad se prescribe con facilidad ansiolíticos, desde el bromacepam (Lexatín) hasta el alprazolam (Trankimazín), pasando por otros como el famoso lorazepam (Orfidal). Estos probablemente son los más populares y lo prescriben desde los médicos de atención primaria hasta los psiquiatras.
Existe un largo número de antidepresivos que también ayudan a combatir las señales de angustia, uno de los más sedativos es la trazodona (Deprax).
Estos fármacos producen mucha sedación y pueden ser un grave problema para conducir, pero esto no es lo más grave, las benzodiacepinas, citadas entre los ansiolíticos, producen adicción, es decir existe un fenómeno llamado tolerancia que supone el aumento progresivo del fármaco para producir el mismo efecto.
Esta es una de las razones por las que los psiquiatras van cíclicamente cambiando de medicación en según que casos.
Los problemas relacionados con la angustia pueden ser de tipo reactivo por algún acontecimiento vital estresante o traumático. A veces, la angustia se manifiesta de manera cognitiva en lugar de con inquietud, en ese caso otros fármacos son más pertinentes, por ejemplo para los problemas obsesivos se prescriben inhibidores selectivos de serotonina, que tienen el inconveniente, entre otros, de producir problemas en el plano sexual.
La quintaesencia de lo que proponía Freud, que es con quien empezaba, es explicar que la etiología de la angustia, en sus nomenclaturas, a mi parecer ya pasadas de moda, es que la raíz del sufrimiento de la angustia está en la infancia. Poco interés tiene que poner un profesional de la salud mental para realizar una patobiografía y no darse cuenta de lo importante que ha resultado el medio ambiente donde ha crecido, no me refiero al environment en un sentido darwiniano sino winnicottiano. Normalmente se tiende a atribuir toda la responsabilidad a los padres, que de hecho son quienes dan un nombre, un espacio y una crianza al bebé y después al niño o niña. Bowlby realizó un enfoque basado en el psicoanálisis pero más abierto a otras disciplinas como la etología para explicar lo fundamental que resulta el tipo de apego, por ejemplo ansioso o ambivalente en el desarrollo de patologías. El tener unos padres inconsistentes o agresivos genera heridas que no se cicatrizan con los fármacos.
La psicoterapia trata de, prescindiendo o no de fármacos, según proceda, se pueda reescribir la narrativa biográfica de la persona afectada, se pueda cambiar el modo de pensarse, de conceptualizarse, el modo de percibir la realidad y de habitar su psiquesoma. Por esto, una psicoterapia es el tratamiento fundamental, que lamentablemente ofrecen muy pocos psiquiatras del servicio público de salud en España y, por otro lado, sabemos que los psicólogos son deficitarios en número y tienen encomendadas tareas menos ambiciosas.
Existen lugares donde funciona bastante bien el psicólogo del servicio público de salud pero es basicamente en Madrid y Barcelona donde se ha desarrollado esto mejor.
En otras ciudades, como desde donde escribo, el recorrido habitual es derivar al psiquiatra y éste prescribir una serie de fármacos tras hacer una breve historia clínica. Los impedimentos de tiempo y saturación de pacientes dificultan la labor.
La psicoterapia es el tratamiento fundamental de este tipo de sufrimiento y las pastillas taponan el síntoma sin solucionar el problema. Una psicoterapia es algo complicado, tanto para el terapeuta como para el paciente, que tienen que pasar de ser desconocidos a compartir un espacio intersubjetivo donde entrelazar su imaginario.
La angustia, más conocida como ansiedad tiene muchas vertientes y en algunas casos puede confundirse con síntomas psicóticos, trastornos del pensamiento y angustia psicótica. En estos casos está indicada la medicación, incluso para un purista del psicoanálisis pero esto no exime de la responsabilidad del terapeuta de realizar un trabajo terapéutico que pueda sostener el paciente para tratar su patología e ir alcanzando retos y metas más elevados. Una psicoterapia no acaba con la desaparición de los síntomas, eso puede darse relativamente pronto pero el trabajo arduo consiste en cambiar el modo de estar en el mundo.
viernes, 8 de julio de 2011
Planteamientos sobre la transferencia
Del pensamiento psicoanalítico clásico u ortodoxo hasta ahora hay un largo recorrido de variaciones en la técnica. Se puede decir que nadie es neutral, tal y como promovía el padre del psicoanálisis, que la idea relacionada con que el terapeuta es una pantalla en blanco donde se proyectan las ideaciones y sentimientos del paciente es una realidad de facto. Quisiera comentar que estos principios nucleares en un tratamiento psicoanalítico deben ser conocidos, estudiados y practicados pero no creo que se deba hacer con la rigidez y formalismo teórico con la que se enseñan en las escuelas de psicoanálisis. Todo el mundo sabe que las carreras sirven para adquirir un lenguaje técnico y unos conocimientos básicos de una profesión. Una formación postgraduado en psicoanálisis enseña lo que han aportado pensadores desde Freud, Lacan, Doltó, André Green, Piera Aulagnier, Melanie Klein o Anna Freud, pasando por Otto Rank, Fenichel y otros muchos que tienen trabajos interesantes en distintas facetas. Existen estudiosos muy meticulosos al respecto.
Pero el mundo de la psicoterapia no es el de aplicar, a mi parecer, una teoría o modelo a la práctica, sino que consiste en ayudar del mejor modo posible a una persona que no tiene porque encasillarse en el modelo interiorizado del analista. Se ven casos con frecuencia de terapeutas en los que su mirada psicoanalítica les aleja de la realidad del caso con teorizaciones e interpretaciones que agotan y desconciertan al paciente. Yo soy partidario de aquel "teorema" del que participa Winnicott que dice que "la mejor interpretación es la que el paciente realiza", el terapeuta por tanto debe facilitar esa interpretación, sin la injuria y la violencia de "penetrar" en el psiquismo bajo el auspicio de la ciencia y el oficio. Hay que ser más flexibles para conocer otros modelos, diversos sistemas de pensamiento, Painceira es un pensador actual de Argentina que muestra lo dicho, aun adscribiéndose al pensamiento fundamental del psicoanálisis y siendo formador de psicoanalistas.
Como he podido decir otras veces, la cultura psicoanalítica en España dista mucho de la de Argentina, las experiencias que han tenido los pacientes previamente son de tipo cognitivo-conductual o farmacológicas, pocas veces acuden tras un tratamiento previo psicoanalítico por razones que costaría tiempo y espacio explicar. Lo obvio es que la aceptación de este método por los profesionales de la salud pública es muy tenue y que la formación reglada en muchos cursos de postgrado se vuelcan hacia otras enseñanzas más "oficiales". El ejemplo está en la formación de las Universidades, donde se enseña básicamente la orientación cognitivo-conductual con alguna asignatura de psicoterapia dinámica.
Existen muchas diferencias entre un terapeuta cognitivo y uno psicodinámico, desde la manera de leer la clínica hasta la forma de intervenir. Pero también hay que mencionar su formación, el terapeuta psicodinámico tiene supervisión de casos donde analiza sus puntos ciegos y desarrolla ciertas habilidades así como un análisis didáctico donde trata sus problemas personales e interioriza un modelo de trabajo. Esto hace que la persona con formación psicodinámica no realice tantas proyecciones y no haga burradas técnicas con el paciente. En la clínica nos "sorprendemos" diariamente de experiencias que han tenido los pacientes que poco o nada le han ayudado, por ejemplo, por no controlar la contratransferencia, elemento fundamental en la psicoterapia dinámica. Una cualidad difícil de manejar por otra parte.
Pero el mundo de la psicoterapia no es el de aplicar, a mi parecer, una teoría o modelo a la práctica, sino que consiste en ayudar del mejor modo posible a una persona que no tiene porque encasillarse en el modelo interiorizado del analista. Se ven casos con frecuencia de terapeutas en los que su mirada psicoanalítica les aleja de la realidad del caso con teorizaciones e interpretaciones que agotan y desconciertan al paciente. Yo soy partidario de aquel "teorema" del que participa Winnicott que dice que "la mejor interpretación es la que el paciente realiza", el terapeuta por tanto debe facilitar esa interpretación, sin la injuria y la violencia de "penetrar" en el psiquismo bajo el auspicio de la ciencia y el oficio. Hay que ser más flexibles para conocer otros modelos, diversos sistemas de pensamiento, Painceira es un pensador actual de Argentina que muestra lo dicho, aun adscribiéndose al pensamiento fundamental del psicoanálisis y siendo formador de psicoanalistas.
Como he podido decir otras veces, la cultura psicoanalítica en España dista mucho de la de Argentina, las experiencias que han tenido los pacientes previamente son de tipo cognitivo-conductual o farmacológicas, pocas veces acuden tras un tratamiento previo psicoanalítico por razones que costaría tiempo y espacio explicar. Lo obvio es que la aceptación de este método por los profesionales de la salud pública es muy tenue y que la formación reglada en muchos cursos de postgrado se vuelcan hacia otras enseñanzas más "oficiales". El ejemplo está en la formación de las Universidades, donde se enseña básicamente la orientación cognitivo-conductual con alguna asignatura de psicoterapia dinámica.
Existen muchas diferencias entre un terapeuta cognitivo y uno psicodinámico, desde la manera de leer la clínica hasta la forma de intervenir. Pero también hay que mencionar su formación, el terapeuta psicodinámico tiene supervisión de casos donde analiza sus puntos ciegos y desarrolla ciertas habilidades así como un análisis didáctico donde trata sus problemas personales e interioriza un modelo de trabajo. Esto hace que la persona con formación psicodinámica no realice tantas proyecciones y no haga burradas técnicas con el paciente. En la clínica nos "sorprendemos" diariamente de experiencias que han tenido los pacientes que poco o nada le han ayudado, por ejemplo, por no controlar la contratransferencia, elemento fundamental en la psicoterapia dinámica. Una cualidad difícil de manejar por otra parte.
jueves, 7 de julio de 2011
Formación y Actitud
Mi formación ha sido con la Universidad de Alcalá de Henares en Psicología de ámbito clínico y psicoterapia. He realizado cursos de psicoanálisis con la Asociación Aragonesa para la Investigación Psíquica del Niño y del Adolescente (AAPIPNA). He realizado cursos en psiquiatria.com, tengo supervisiones de vez en cuando, me he analizado y he leído mucho. Ahora estoy en un momento de metabolización de la clínica y la teoría y de centrarme en mi trabajo. Hay un lector que se ha empeñado en que si me he formado con un señor que desconocía hasta que él me lo ha presentado en sus recurrentes mensajes. Parece que es un sujeto extraño y algo perturbado.
Creo que este es un espacio abierto y que hay que dejar que cada cual se manifieste como quiera, ésa es la riqueza de un blog. Mi formación es más extensa que lo mencionado, pero no procede ahora comentarla, creo que lo verdaderamente importante es hacer bien el trabajo. Mi perspectiva es integradora, con un molde psicoanalítico y una actitud humanista, de ahí mi gusto por Winnicott, Maslow, Rogers o Binswanger.
En este trabajo hay que formarse constantemente, cada día aparecen lecturas que abren horizontes distintos, desde artículos hasta libros, ampliar las miras hacia otros enfoques me parece enriquecedor porque de ese modo se aumenta la caja de herramientas, un psicoanalista que se rige por los principios del psicoanálisis está muy limitado para según que pacientes aunque hay variaciones de la técnica para casos especiales.
Es la personalidad y la actitud del analista o terapeuta lo que resulta ser definitivo para que las cosas vayan bien en una psicoterapia, siempre y cuando el paciente se muestre con un mínimo de colaboración. Con el tiempo habrá que llevarlo a ese espacio de "juego" que menciona Winnicott en "Playing and Reality" para poder distender y abrir el campo reflexivo de una manerea profunda, venciendo las resistencias y la censura.
Creo que este es un espacio abierto y que hay que dejar que cada cual se manifieste como quiera, ésa es la riqueza de un blog. Mi formación es más extensa que lo mencionado, pero no procede ahora comentarla, creo que lo verdaderamente importante es hacer bien el trabajo. Mi perspectiva es integradora, con un molde psicoanalítico y una actitud humanista, de ahí mi gusto por Winnicott, Maslow, Rogers o Binswanger.
En este trabajo hay que formarse constantemente, cada día aparecen lecturas que abren horizontes distintos, desde artículos hasta libros, ampliar las miras hacia otros enfoques me parece enriquecedor porque de ese modo se aumenta la caja de herramientas, un psicoanalista que se rige por los principios del psicoanálisis está muy limitado para según que pacientes aunque hay variaciones de la técnica para casos especiales.
Es la personalidad y la actitud del analista o terapeuta lo que resulta ser definitivo para que las cosas vayan bien en una psicoterapia, siempre y cuando el paciente se muestre con un mínimo de colaboración. Con el tiempo habrá que llevarlo a ese espacio de "juego" que menciona Winnicott en "Playing and Reality" para poder distender y abrir el campo reflexivo de una manerea profunda, venciendo las resistencias y la censura.
miércoles, 6 de julio de 2011
Transferencia-Contratransferencia
En relación al fenómeno de la transferencia-contratransferencia se puede decir que es un fenómeno universal que se palpa de manera mucho más intensa en los consultorios. Parte del éxito de una psicoterapia reside en manejar la contratransferencia, es decir, manejar las reacciones emocionales del terapeuta o analista en el tratamiento. Existe un fenómeno especialmente delicado, la transferencia erótica. Existe un artículo muy bueno de Gabbard: "Erotic Impasse" en el que se habla muy claro y con un caso clínico sobre este tema tan delicado. Cuando trabaja el terapeuta con el paciente surgen emociones diversas, ya Freud habló del amor de transferencia, otros terapeutas de orientaciones más conductuales lo atribuyen a la dependencia emocional que se genera en los encuentros terapéuticos de corte dinámico.
Hay que aceptar que aparezcan emociones en el paciente, el terapeuta, en cierto modo, es un referente y cada paciente, unos más que otros, pueden fantasear con relación al vínculo que existe en la psicoterapia.
Este artículo que les presento es un fragmento que habla sucintamente de la relación transferencia-contratransferencia, conceptos fundamentales en la clínica, que hay que conocer muy bien y manejarlos con decisión y sensibilidad.
Algunos terapeutas consideran que si el paciente se enamora de su terapeuta la psicoterapia se complicará la psicoterapia, otros consideran que puede ser una palanca movilizadora de cambio y que tratando en sesión ese tipo de emociones el paciente puede avanzar en su tratamiento. Yo pienso que hay que trabajar todo lo que acontece en el espacio terapéutico y en la fantasía del paciente, eso forma parte del tratamiento, nunca hay que dejar por fuera del tratamiento aspectos nucleares como los comentados aquí.
MONOGRAFÍA: "La transferencia en el acompañamiento terapeutico".
AUTORAS: Norma Turcuman y Alejandra Torres
Introducción
Los seres humanos se conectan entre sí a través del encuentro.
Luego con la interacción, que es la primera forma de comunicación, se va a ir estableciendo un vínculo.
En el vínculo participan dos o más personas, necesitándose una a la otra en la misma forma, y surgiendo en un campo común en el que tiene que haber reciprocidad.
Investigaciones diversas han demostrado que desarrollar un vínculo cálido y empático con el paciente, permite fomentar cambios más rápidos. Y ésta es un poco la clave del Acompañamiento Terapéutico: al establecer un buen vínculo, ligazón, unión o lazo, se van a generar más logros terapéuticos.
Transferencia y Contratransferencia
La transferencia no pertenece exclusivamente al vocabulario psicoanalítico, sino que refiere al transporte, traspaso o traslado de valores, de poder, de derechos, de propiedad, etc.
La transferencia es una actualización de emociones, actitudes, vivencias y conductas inconscientes que se vinculan con el pasado, las cuales se transfieren al otro. Es una repetición en el sujeto de modalidades de relaciones vividas durante la infancia, en especial con objetos primarios. Muestra la influencia del pasado sobre el presente y cómo los vínculos tempranos tienen una repetición en la vida psíquica.
Conceptualización de la transferencia
Existen dos grandes orientaciones en la conceptualización de la transferencia. La primera la considera un fenómeno universal, que se da a diario en la vida cotidiana con cualquier persona con la que nos relacionamos; consistiría en el desplazamiento de emociones y conductas que originalmente se experimentan en relación a personas significativas de la infancia, sobre ciertos objetos actuales. Desde una perspectiva Kleiniana, la transferencia se explicaría por la constante necesidad de los seres humanos de contactarse con otros y, al ser la relación primera la establecida con la madre, todo fenómeno transferencial sería un revivir de este tipo de relación objetal primaria.
La segunda forma de conceptualizar la transferencia, cual es la que normalmente se utiliza dentro de los textos de teoría y técnica psicoanalítica, hace referencia a los procesos de transferencia dentro de la relación terapéutica. Dentro de este contexto, Anna Freud definió a la transferencia como todos los impulsos que experimenta el paciente en relación con el psicoanalista, que no son creación nueva de la situación analítica objetiva, sino que se origina en relaciones primitivas con los objetos y ahora simplemente se reviven. El paciente inviste al analista con un monto de carga que no tiene nada que ver con él. El paciente proyecta sus ideas rechazadas o rechazantes sobre el terapeuta; estos objetos internos rechazados y rechazantes son en el fondo los padres introyectados, lo que explicaría la intensidad de la transferencia en la relación analítica, debido a que estos mismos objetos rechazados son a la vez los objetos necesitados, por los cuales siente amor.
Actualmente, se considera que en la transferencia no sólo se debe considerar la aparición de emociones y pensamientos del paciente en relación directa al terapeuta, sino todo aquello que surge en la relación entre ambos, en la llamada transferencia de situaciones totales. De este modo, también debe considerarse en el análisis de transferencia el modo en el cual el paciente trata de comunicarse con el terapeuta, el modo en el cual intenta aplicar sus sistemas defensivos al terapeuta y su concepción de mundo.
Transferencia positiva y transferencia negativa.
En términos generales podemos decir que la transferencia positiva surge cuando el analizado siente ciertas gratificaciones por parte del analista y se dispone hacia él con una actitud de amor, distinta a la cooperación consciente producto de la alianza terapéutica. Por otra parte, también podemos hablar de una transferencia negativa, la cual se produce cuando el paciente revive en la transferencia conflictos que vivió en su infancia en la figura del terapeuta; normalmente, el terapeuta va a frustrar los intentos del paciente por actualizar los impulsos, de manera tal que éste active sus defensas, respondiendo con hostilidad y agresión.
La transferencia positiva se compone de todos los sentimientos afectuosos infantiles que se actualizan en la persona del analista. Dentro de esta encontramos una transferencia erótica y otra de sentimientos tiernos. La transferencia negativa serian aquellos sentimientos hostiles. Tanto éstos últimos como los eróticos funcionarían como resistencia en e tratamiento. Mientras que los sentimientos tiernos serían el motor de la cura psicoanalítica.
La transferencia positiva es el móvil más importante para superar las resistencias, o sea, hacer consciente lo inconsciente. Cuando la transferencia se vuelve negativa o sexual, se convierte en una resistencia y su análisis y disolución adquieren una importancia esencial para poder continuar el trabajo. Mientras la transferencia resulta de este modo un gran peligro para el tratamiento, se constituye al mismo tiempo en su instrumento más importante, pues la vuelta de los procesos infantiles en la transferencia hace de ella el mejor medio para hacer recordar aquellas vivencias reprimidas. De este modo, el hablar de resistencia positiva o negativa tiene, actualmente, una connotación más bien técnica que valórica, en tanto el análisis y la elaboración de ambas son útiles para el trabajo terapéutico.
La Transferencia y su relación con la resistencia.
Si en el curso de la terapia psicoanalítica la transferencia se vuelve negativa, está se transforma en una resistencia; en general, se consideran resistencias todas aquellas conductas, emociones, pensamientos, impulsos y fantasías que entorpecen el análisis, dificultando los procesos de recuerdo e insight, impidiendo el cambio.
Freud se percató prontamente de esta relación entre las resistencias y ya en su escrito de 1912, "La dinámica de la transferencia", señala la aparición de patrones infantiles de relación que entorpecían el análisis y estableció que la transferencia era una forma de resistencia, en la cual se repiten formas de actuar defensivas para no recordar hechos pasados. Posteriormente, comprendió que la transferencia era un fenómeno mucho más amplio, en el cual se podía incluir tanto los sentimientos infantiles positivos como los negativos actualizados en el terapeuta. De este modo, en "Más allá del principio del placer" (1920), Freud manifiesta que también se puede considerar como transferencia el contenido resistido; el Ello canalizaría transferencialmente sus impulsos hacia el terapeuta y el Yo repetiría las defensas que ocupó en la infancia para protegerse de éstos, oponiéndose ambas instancias reviviendo el conflicto que causó la neurosis.
Contratransferencia
La Contratransferencia sería el conjunto de actitudes, sentimientos y pensamientos que experimenta el terapeuta en relación con el paciente. Al igual que el concepto de la transferencia, la contratransferencia ha poseído distintas implicancias: desde una connotación negativa para Freud, que obligaba a considerarla un proceso a dominar por completo, hasta la actual valoración de este proceso como una importante herramienta terapeútica necesaria para comprender los procesos transferenciales del paciente. La contratransferencia da cuenta de un hecho generalmente olvidado en otro tipo de terapias: tanto el paciente como el terapeuta se encuentran dentro de una relación que es interactiva, por lo que el paciente se verá influido por el terapeuta, tanto como éste por el paciente.
Al igual que la transferencia positiva, la contratransferencia positiva le ofrece al terapeuta la energía necesaria para comprender el inconsciente del paciente. La contratransferencia negativa, por su parte, interferiría en la motivación y en la "objetividad" del terapeuta para realizar sus intervenciones y sería resultado de la adopción de objetos negativos del paciente, aunque también podría ser consecuencia de una falsa comprensión debida la desintegración de los propios objetos del analista. Así, se distinguen dos tipos de contratransferencia: la resultante de la identificación concordante, o sea, con el Yo y el Ello del paciente y la complementaria que resulta cuando el terapeuta se identifica con objetos internos del paciente. En este último caso nos encontraríamos frente a neurosis contratransferencial, la cual es producto de la neurosis del propio analista, que en la situación analítica revive sus conflictos estableciendo una transferencia negativa con el paciente.
Para evitar los efectos perjudiciales de la contratransferencia, el analista debe tener una actitud activa, que le permita sublimar su contratransferencia y mantenerla positiva, o sea, debe mantener una actitud de amor hacia el paciente, a pesar de las agresiones que éste le infiera. Esto responde a un principio fundamental "sólo Eros origina Eros"; vale decir, sólo el amor que entregue el analista será capaz de producir amor en su paciente, de modo tal de transformar las resistencias de éste en la transferencia positiva sublimada que permite el trabajo terapeútico. Por lo tanto, el consejo que Freud daba para dominar la contratransferencia, "la actitud de cirujano", no se refiere mostrarse inhumano y frío, sino que a la conveniencia de no contestar a una transferencia negativa.
De lo anteriormente expuesto, se deduce que el terapeuta no puede actuar los papeles que espera el paciente que asuma, situación de gran importancia cuando los pacientes tienden a ser manipuladores y difícil de controlar cuando tienen personalidad limítrofe. Sin embargo, puede hacerlo cuando las interpretaciones no surjan efecto, y luego de esta actuación se analiza lo sucedido, convirtiéndose la actuación en un medio consciente para lograr una interpretación.
Si bien las recomendaciones que se puedan hacer al terapeuta son muchas, no hay que olvidar que es un ser humano y muchas veces puede olvidar tales recomendaciones porque, al igual que sus pacientes, tiene inconsciente y deseos infantiles. No es realista creer que todo terapeuta es un super-hombre o una super-mujer que puede manejar con total facilidad la transferencia negativa del paciente y ser capaz de brindarle amor y mantener una contratransferencia positiva, cuando el paciente lo agrede continuamente. Es un deber ético para el psicoterapeuta el someterse a una terapia para conocer sus conflictos y limitaciones, tanto por su propio bien como para el propio paciente.
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Transferencia
martes, 5 de julio de 2011
Ojala, Silvio Rodríguez
http://www.youtube.com/watch?v=u80ocuvZxmY
Esta canción tiene un componente político importante, Silvio es un luchador pero también es una canción de amor-desamor. De aquello que se puede sentir cuando una persona se aleja. Por ello es una canción conmovedora e interesante.
Les pongo la letra.
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin tí.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de tí,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Esta canción tiene un componente político importante, Silvio es un luchador pero también es una canción de amor-desamor. De aquello que se puede sentir cuando una persona se aleja. Por ello es una canción conmovedora e interesante.
Les pongo la letra.
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin tí.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de tí,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
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