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Paz y Ciencia

viernes, 22 de mayo de 2009

El Mito de la Caverna


República VII

-Ahora, imagínate nuestra naturaleza, por lo que se refiere a la ciencia, y a la ignorancia, mediante la siguiente escena. Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por encima de las cuales muestran sus prodigios.



--Ya lo veo, dijo.

--Piensa ahora que a lo largo de este muro unos hombres llevan objetos de todas clases, figuras de hombres y de animales de madera o de piedra, y de mil formas distintas, de manera que aparecen por encima del muro. Y naturalmente entre los hombres que pasan, unos hablan y otros no dicen nada.

--Es esta una extraña escena y unos extraños prisioneros, dijo.

--Se parecen a nosotros, respondí. Y ante todo, ¿crees que en esta situación verán otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado que unas sombras proyectadas por la luz del fuego sobre el fondo de la caverna que está frente a ellos.



--No, puesto que se ven forzados a mantener toda su vida la cabeza inmóvil.

--¿Y no ocurre lo mismo con los objetos que pasan por detrás de ellos?

--Sin duda.

--Y si estos hombres pudiesen conversar entre sí, ¿no crees que creerían nombrar a las cosas en sí nombrando las sombras que ven pasar?

--Necesariamente.

--Y si hubiese un eco que devolviese los sonidos desde el fondo de la prisión, cada vez que hablase uno de los que pasan, ¿no creerían que oyen hablar a la sombra misma que pasa ante sus ojos?



--Sí, por Zeus, exclamó.

--En resumen, ¿estos prisioneros no atribuirán realidad más que a estas sombras?

--Es inevitable.

--Supongamos ahora que se les libre de sus cadenas y se les cure de su error; mira lo que resultaría naturalmente de la nueva situación en que vamos a colocarlos. Liberamos a uno de estos prisioneros. Le obligamos a levantarse, a volver la cabeza, a andar y a mirar hacia el lado de la luz: no podrá hacer nada de esto sin sufrir, y el deslumbramiento le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras antes veía. Te pregunto qué podrá responder si alguien le dice que hasta entonces sólo había contemplado sombras vanas, pero que ahora, más cerca de la realidad y vuelto hacia objetos más reales, ve con más perfección; y si por último, mostrándole cada objeto a medida que pasa, se le obligase a fuerza de preguntas a decir qué es, ¿no crees que se encontrará en un apuro, y que le parecerá más verdadero lo que veía antes que lo que ahora le muestran?



--Sin duda, dijo.

--Y si se le obliga a mirar la misma luz, ¿no se le dañarían los ojos? ¿No apartará su mirada de ella para dirigirla a esas sombras que mira sin esfuerzo? ¿No creerá que estas sombras son realmente más visibles que los objetos que le enseñan?

--Seguramente.

--Y si ahora lo arrancamos de su caverna a viva fuerza y lo llevamos por el sendero áspero y escarpado hasta la claridad del sol, ¿esta violencia no provocará sus quejas y su cólera? Y cuando esté ya a pleno sol, deslumbrado por su resplandor, ¿podrá ver alguno de los objetos que llamamos verdaderos?



--No podrá, al menos los primeros instantes.

--Sus ojos deberán acostumbrarse poco a poco a esta región superior. Lo que más fácilmente verá al principio serán las sombras, después las imágenes de los hombres y de los demás objetos reflejadas en las aguas, y por último los objetos mismos. De ahí dirigirá sus miradas al cielo, y soportará más fácilmente la vista del cielo durante la noche, cuando contemple la luna y las estrellas, que durante el día el sol y su resplandor.

--Así lo creo.

--Y creo que al fin podrá no sólo ver al sol reflejado en las aguas o en cualquier otra parte, sino contemplarlo a él mismo en su verdadero asiento.



--Indudablemente.

--Después de esto, poniéndose a pensar, llegará a la conclusión de que el sol produce las estaciones y los años, lo gobierna todo en el mundo visible y es en cierto modo la causa de lo que ellos veían en la caverna.

--Es evidente que llegará a esta conclusión siguiendo estos pasos.

--Y al acordarse entonces de su primera habitación y de sus conocimientos allí y de sus compañeros de cautiverio, ¿no se sentirá feliz por su cambio y no compadecerá a los otros? Ciertamente.

--Y si en su vida anterior hubiese habido honores, alabanzas, recompensas públicas establecidas entre ellos para aquel que observase mejor las sombras a su paso, que recordase mejor en qué orden acostumbran a precederse, a seguirse o a aparecer juntas y que por ello fuese el más hábil en pronosticar su aparición, ¿crees que el hombre de que hablamos sentiría nostalgia de estas distinciones, y envidiaría a los más señalados por sus honores o autoridad entre sus compañeros de cautiverio? ¿.No crees más bien que será como el héroe de Homero y preferirá mil veces no ser más «que un mozo de labranza al servicio de un pobre campesino» y sufrir todos los males posibles antes que volver a su primera ilusión y vivir como vivía?



--No dudo que estaría dispuesto a sufrirlo todo antes que vivir como anteriormente.

--Imagina ahora que este hombre vuelva a la caverna y se siente en su antiguo lugar. ¿No se le quedarían los ojos como cegados por este paso súbito a la oscuridad?

--Sí, no hay duda.

--Y si, mientras su vista aún está confusa, antes de que sus ojos se hayan acomodado de nuevo a la oscuridad, tuviese que dar su opinión sobre estas sombras y discutir sobre ellas con sus compañeros que no han abandonado el cautiverio, ¿no les daría que reír? ¿No dirán que por haber subido al exterior ha perdido la vista, y no vale la pena intentar la ascensión? Y si alguien intentase desatarlos y llevarlos allí, ¿no lo matarían, si pudiesen cogerlo y matarlo?



--Es muy probable.

--Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra condición.

La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible. Esto es lo que yo pienso, ya que quieres conocerlo; sólo Dios sabe si es verdad. En todo caso, yo creo que en los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que percibimos con dificultad, pero que no podemos contemplar sin concluir que ella es la causa de todo lo bello y bueno que existe. Que en el mundo visible es ella la que produce la luz y el astro de la que procede. Que en el mundo inteligible es ella también la que produce la verdad y la inteligencia. Y por último que es necesario mantener los ojos fijos en esta idea para conducirse con sabiduría, tanto en la vida privada como en la pública. Yo también lo veo de esta manera, dijo, hasta el punto de que puedo seguirte. [. . .]



--Por tanto, si todo esto es verdadero, dije yo, hemos de llegar a la conclusión de que la ciencia no se aprende del modo que algunos pretenden. Afirman que pueden hacerla entrar en el alma en donde no está, casi lo mismo que si diesen la vista a unos ojos ciegos.

--Así dicen, en efecto, dijo Glaucón.

--Ahora bien, lo que hemos dicho supone al contrario que toda alma posee la facultad de aprender, un órgano de la ciencia; y que, como unos ojos que no pudiesen volverse hacia la luz si no girase también el cuerpo entero, el órgano de la inteligencia debe volverse con el alma entera desde la visión de lo que nace hasta la contemplación de lo que es y lo que hay más luminoso en el ser; y a esto hemos llamado el bien, ¿no es así?



--Sí.

--Todo el arte, continué, consiste pues en buscar la manera más fácil y eficaz con que el alma pueda realizar la conversión que debe hacer. No se trata de darle la facultad de ver, ya la tiene. Pero su órgano no está dirigido en la buena dirección, no mira hacia donde debiera: esto es lo que se debe corregir.

--Así parece, dijo Glaucón.



Radiante entre el murmullo del soñante
despliegas los afluyentes de la noche
desde donde acuden al despertar
los productos de tu rico apetito
allá moran recogidos y protegidos
los señores pequeñitos
grupúsculos encerrados que liberas sin querer
y salen retozando dispuestos a reconquistar la mañana perdida
así que cierra los ojos y prepara las huestes
que ya llega la noche.


Zaragoza, Viernes 22 de Mayo de 2009. 0:31 horas.

jueves, 21 de mayo de 2009

Robert Graves: Dioses y Héroes de la Antigua Grecia

Perseo
XXIII
Un oráculo advirtió a Acrisio, rey de Argos, que su nieto lo mataría.
—Este vaticinio significa que debo asegurarme de no tener nietos —gruñó Acrisio.
De vuelta a casa, pues, Acrisio encerró a Dánae, su única hija, en una torre con puertas de bronce, custodiada por un perro feroz, y le llevó siempre la comida con sus propias manos.
Pero Zeus se enamoró de Dánae cuando la vio, desde lejos, apoyada con tristeza en las almenas. Para evitar que Hera lo descubriera, Zeus se convirtió en lluvia de oro y cayó sobre la torre, acercándose hasta la chica. Luego, recuperó su forma habitual.
—¿Quieres casarte conmigo? —le preguntó Zeus a Dánae.
—Sí —contestó ella—. Me siento muy sola aquí. Y ambos tuvieron un hijo, que se llamó Perseo. Cuando Acrisio oyó el llanto del bebé tras las puertas de bronce, se enfureció.
—¿Quién es tu marido? —le preguntó Acrisio a su hija.
—El dios Zeus, padre. ¡Atrévete a tocar a tu nieto y Zeus te matará de un golpe!
—Entonces, os apartaré a los dos y os pondré fuera de su alcance.
Acrisio encerró entonces a Dánae y a Perseo en un arca de madera, con una cesta de comida y una botella de vino, y la lanzó al mar.
—Si se ahogan, será culpa de Poseidón, no mía —dijo Acrisio a sus cortesanos.
Zeus ordenó entonces a Poseidón que tuviera un cuidado especial con esa arca. Así que Poseidón mantuvo el mar en calma y, poco después, el arca fue recogida por un pescador de la isla de Sérifos, que la vio flotando. El pescador la cogió con su red y la llevó a tierra; luego, abrió la tapa y Dánae salió ilesa de dentro, con Perseo en sus brazos.
El amable pescador los acompañó a ver a Polidectes, rey de Sérifos, que enseguida se ofreció para casarse con Dánae.
—No puede ser —contestó ella—. Ya estoy casada con Zeus.
—Quizá sí, pero si Zeus puede tener dos esposas, ¿por qué no puedes tener tú dos esposos? —respondió Polidectes.
—Los dioses hacen lo que se les antoja. Pero los mortales sólo podemos tener un esposo o una esposa a la vez.
Polidectes intentó constantemente que Dánae cambiara de opinión, pero ella siempre negaba con la cabeza, diciendo:
—Si me caso contigo, Zeus nos matará a los dos.
Cuando Perseo cumplió quince años, Polidectes lo llamó y le dijo:
—Ya que tu madre no quiere ser mi reina, me casaré con una princesa de la península de Grecia. Estoy pidiendo un caballo a cada uno de mis súbditos, porque el padre de la princesa quiere cincuenta caballos como pago por la boda de su hija. ¿Me complacerás también tú?
Perseo contestó:
—No tengo ningún caballo, majestad, ni dinero para comprar uno. Pero si me prometes casarte con esa princesa y dejar de molestar a mi madre, te daré lo que quieras, cualquier cosa del mundo, incluso la cabeza de Medusa.
—La cabeza de Medusa estaría muy bien —dijo Polidectes.
Medusa había sido una hermosa mujer, a quien Atenea había descubierto una vez besando a Poseidón en su templo. Atenea se enojó tanto por sus malos modales, que convirtió a Medusa en una gorgona: un monstruo alado, de mirada feroz, enormes dientes y serpientes en lugar de cabellos. Cualquiera que la mirara, se convertiría en piedra.
Atenea ayudó a Perseo, dándole un escudo pulido para que lo utilizase como espejo cuando cortase la cabeza de Medusa y, así, el héroe evitaría convertirse en piedra. Hermes, por su parte, también ayudó a Perseo, dándole una afilada hoz. Pero Perseo todavía necesitaba el casco de la invisibilidad del dios Hades, un zurrón mágico en el que meter la cabeza una vez cortada y un par de sandalias aladas. Todo ello estaba custodiado por las náyades de la laguna Estigia.
Así que Perseo fue a preguntar a las tres hermanas grayas la dirección secreta de las náyades. Encontrar a las tres grayas, que vivían cerca del jardín de las hespérides, y tenían un sólo ojo y un sólo diente para las tres, fue difícil para Perseo. Pero el héroe llegó, finalmente, al lugar donde estaban y se situó con sigilo detrás de ellas, mientras éstas se pasaban el ojo y el diente de una a otra. Luego, les arrebató estos dos tesoros y se negó a devolvérselos, hasta que no le dijeran dónde encontrar a las náyades, cosa que hicieron. Perseo, pues, halló a las náyades en un lago, bajo una roca cerca de la entrada del Tártaro, y las amenazó con contar a todo el mundo dónde estaban y el aspecto que tenían, si no le prestaban el casco, las sandalias y el zurrón. Las náyades no soportaban que alguien pudiera saber que, aunque por lo demás resultaban atractivas, tenían rostros caninos, de manera que le prestaron a Perseo lo que solicitaba.
Perseo, ahora con el casco, el zurrón y las sandalias, voló hasta Libia sin ser visto. Allí, encontró a Medusa durmiendo, miró el reflejo de la gorgona en el escudo y le cortó la cabeza con la hoz. El único accidente desgraciado fue que la sangre de Medusa, que goteó del zurrón donde había guardado la cabeza, se convirtió en serpientes venenosas al caer al suelo. Esto convirtió a Libia, para siempre, en una tierra peligrosa. De regreso, cuando Perseo se detuvo para dar las gracias a las tres hermanas grayas, el titán Atlas le llamó para decirle:
—Dile a tu padre Zeus que, a menos que me libere pronto, dejaré que la bóveda celeste se desplome, lo que significará el fin del mundo.
Perseo, entonces, le mostró la cabeza de Medusa a Atlas, que de inmediato se petrificó y se convirtió en el gran macizo del Atlas.
En su vuelo a Palestina, Perseo vio a una hermosa princesa, llamada Andrómeda, encadenada a una roca en Jopa, y a una serpiente marina, enviada por el dios Poseidón, nadando hacia ella con las mandíbulas abiertas. Los padres de Andrómeda, Cefeo y Casiopea, rey y reina de los filisteos, habían recibido la orden de un oráculo de encadenar a su hija, para que se la comiera el monstruo. Parece ser que Casiopea les había dicho a los filisteos:
—Yo soy más hermosa que todas las nereidas del mar.
Y que esa arrogancia enojó al orgulloso padre de las nereidas, el dios Poseidón.
Perseo buceó hacia la serpiente marina y le cortó la cabeza. Después, desencadenó a Andrómeda, la llevó a su palacio y pidió autorización para casarse con ella. El rey Cefeo le respondió:
—¡Insolente! Ya está prometida con el rey de Tiro.
—Entonces, ¿por qué no la salvó el rey de Tiro?
—Porque tenía miedo de ofender a Poseidón.
—Pues yo no tengo miedo de nadie. Maté al monstruo. Andrómeda es mía.
Mientras Perseo hablaba, el rey de Tiro llegó al frente de su ejército y gritó:
—¡Fuera de aquí, extranjero, o te cortaremos en pedazos!
Perseo le dijo entonces a Andrómeda:
—Por favor, princesa, cierra bien los ojos.
Andrómeda obedeció y Perseo sacó la cabeza de Medusa de la bolsa y transformó a todo el mundo que miraba en piedra.
Cuando Perseo regresó volando a Sérifos, con Andrómeda en brazos, descubrió que Polidectes, después de todo, le había engañado, y que, en lugar de casarse con aquella princesa de la península, seguía molestando a su madre Dánae. Así que Perseo convirtió a Polidectes y a su familia en piedra y nombró rey de la isla a su amigo pescador. Luego, le dio la cabeza de Medusa a Atenea y le pidió amablemente a Hermes que devolviera el casco, el zurrón y las sandalias a las náyades de la laguna Estigia. De esta manera, demostró tener mucho más sentido común que Belerofonte, que continuó usando el caballo alado Pegaso después de matar a Quimera. Los dioses decidieron que Perseo se merecía una vida larga y feliz, y le permitieron casarse con Andrómeda, convertirse en el rey de Tirinto y construir la famosa ciudad de Micenas cerca de allí.
En cuanto al rey Acrisio, Perseo se lo encontró una tarde en una competición atlética:
—¡Saludos, abuelo! Mi madre Dánae me pide que te perdone. Si la desobedezco, las furias me azotarán, así que estás a salvo de mi venganza —le dijo.
Acrisio se lo agradeció; sin embargo, cuando Perseo participaba en un concurso de lanzamiento de discos, un golpe de viento desvió el disco que había lanzado y le rompió el cráneo a su abuelo Acrisio, cumpliéndose así el oráculo. Más tarde, Perseo y Andrómeda se convirtieron en constelaciones, así como los padres de Andrómeda, Cefeo y Casiopea.

Eric Laurent


“ La entrada en análisis se produce sólo cuando se instala un espacio que permita que el síntoma sobre el que se fundamenta la queja se aloje en un nuevo espacio subjetivo”

Eric Laurent


ANTONIO GONZÁLEZ – MADRID –
19/11/2007 20:00


Eric Laurent (París, 1945) es el máximo responsable de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, entidad que promueve esta disciplina siguiendo la orientación que marcó el psiquiatra francés Jacques Lacan, quien defendió, a su vez, un retorno a las ideas del creador de este método de exploración del inconsciente, Sigmund Freud.

Laurent aboga por un psicoanálisis más accesible y más adaptado a los problemas actuales. El experto promueve los llamados “centros de psicoanálisis aplicado”, presentes ya en Barcelona, Madrid, Málaga y Bilbao, que pretenden hacer llegar esta disciplina a personas que, por razones sociales o económicas, no pueden accedera un psicoanalista.

– Al hablar de psicoanálisis, a todo el mundo le viene a mente Sigmund Freud y su diván… ¿Ha cambiado mucho la disciplina?


Sigmund Freud descubrió el psicoanálisis en la época victoriana, cuando las manifestaciones de la sexualidad eran reprimidas y ni a las mujeres ni a los niños se les atribuía una sexualidad. Freud constató que los trastornos generados por esta prohibición producían síntomas, que eran las grandes manifestaciones histéricas, sobre todo en mujeres.

En nuestra época es justo al revés, hemos pasado de la prohibición a un empuje a tener una vida sexual activa, y casi desde la niñez hasta la vejez hay una presencia de la sexualidad en todos los ámbitos.

La primera consecuencia es que se desplazaron los síntomas histéricos, que hoy casi han desaparecido. El psicoanálisis debe ahora, con un diván modernizado, abordar las patologías contemporáneas con los instrumentos derivados de la revelación freudiana.

– ¿El diván sigue haciendo falta, se utiliza siempre?


La presencia de la imagen es crucial en la sociedad actual; el diván representa el mundo sin imágenes. Freud, que era de tradición judía, conocía la oposición entre el enfoque sobre el texto y el enfoque sobre la imagen, de forma que la representación de la imagen está prohibida para dar la importancia no al cuerpo, sino al inconsciente.

El diván desconecta el sujeto del cara a cara, de la mirada, de todo lo que puede suponer enfatización con los gestos, para pasar al enfoque de la razón inconsciente.


– ¿Quién puede beneficiarse del psicoanálisis?


Empezó en la época de Freud con todo el campo de las neurosis, la histeria o las neurosis obsesivas, pero después ha habido una extensión a patologías infantiles y a las psicosis, que antes condenaban al paciente al internamiento en un hospital psiquiátrico.

Cuando surgió, tras los años cincuenta del siglo XX, la medicación, fue mucho más fácil mantener un diálogo con el sujeto psicótico, y ahora hay una cierta extensión del psicoanálisis a una serie de patologías que incluyen las adicciones en general.


– Otra de las ideas que existen sobre esta terapia es su extraordinaria duración (muchas veces, incluso, puede tratarse de años), y la poca información que recibe el paciente sobre cómo marcha su tratamiento.


Los tratamientos del psicoanálisis siempre han tenido todo tipo de duraciones. Por ejemplo, el mismo Freud publicó el análisis del músico Gustav Mahler, que duró sólo una sesión.

Hay casos que pueden durar unas sesiones y no se necesita más, otros en los que hay una duración determinada, como en los centros de psicoanálisis aplicado abiertos al público, donde es de cuatro meses, pero también hay análisis de larga duración. Pero sea de corta o de larga duración, hay un final, y es cuando el sujeto llega a estar lo bastante satisfecho con su vida.

– Cuándo el paciente identifica lo que motivó su problema, ¿es el momento de acabar el análisis?


Precisamente eso es abierto. Hay un momento en el que se descubre el motivo del problema, y hay sujetos que con esto saben suficiente y lo dejan, pero otros quieren conocer más sobre ellos mismos y sobre la interrogación existencial de la condición humana. Pero siempre hay variaciones y cortes; el psicoanálisis no es un proceso continuo.


– ¿Cree que el psicoanálisis debería formar parte de las prestaciones de la sanidad pública?


Creo que sí; estamos haciendo un esfuerzo para tratar de encontrar un modo de ofrecer una cierta aplicación del psicoanálisis para que los pacientes interesados por esta terapia se puedan tratar dentro de la sanidad pública. También se pueden cerrar acuerdos con los centros de psicoanálisis aplicado, donde con un tratamiento de duración fija podemos ofrecer servicios que son muy apreciados por los pacientes.


– ¿Cómo valora la asistencia psiquiátrica que ofrecen los sistemas sanitarios públicos en la actualidad? ¿No hay un exceso de medicación?


La ultramedicación es hoy en día un problema fundamental, pero al mismo tiempo es una de las consecuencias de los avances de la medicina. Hay que usar los fármacos, sin ninguna duda, pero la distribución de antidepresivos, con protocolo de administración de tres o seis meses sin hablar con el paciente, tiene consecuencias. Hay que evitar los protocolos estrictos de prescripción o la extensión de los fármacos a todos los pacientes, ya que los medicamentos no son una panacea.


– ¿Qué queda por investigar en el campo del psicoanálisis?


Mucho; todo está por saber. Lo que sabemos es una mínima parte del misterio. Creemos que sabemos cómo pensamos, pero queda conocer cómo se articula esto con los afectos y lo que siempre queda en nuestro interior.


– Usted representa al psicoanálisis de orientación lacaniana. ¿Cuáles son sus características principales?


Hay un debate entre los postfreudianos y los lacanianos sobre si el inconsciente se puede considerar como sólo lo que no es consciente. Nosotros creemos que, aunque hay muchas cosas que no son conscientes, como los movimientos involuntarios que impiden caerse al ir en bicicleta, este no es el inconsciente freudiano. La idea es que el inconsciente se estructura como un lenguaje que influye en todo el cuerpo. La orientación lacaniana trata de investigar esto.


– En las facultades, la mayoría de los alumnos aprenden psicología desde la orientación cognitivo-conductual… ¿Está marginado el psicoanálisis?


La psicología experimental trata de marginar o dejar de lado el viejo modelo experimental para inventar nuevas terapias. Creo que esto es producto del momento y que el peso volverá a estar en el otro lado de la balanza.

– ¿Puede tener utilidad el psicoanálisis en personas sanas?

No sé lo que es una persona sana. La gente no va a un psicoanalista si no sufre de algo. El psicoanálisis, como curiosidad, sólo está en los libros.


– ¿Hace falta un psicoanálisis más accesible?


Este es precisamente el objetivo que nos hemos marcado para el siglo XXI, conseguir democratizar el psicoanálisis para que sea más accesible. Creemos que hace falta un psicoanálisis renovado que pueda responder a esta realidad.

Fuente: Publico.es

Las Botas de Agua


Las botas de agua

Esta es la historia de una niña que pisaba charcos y se lo pasaba pipa. Un buen día la maestra en la guardería le dijo que eso no se hacía, así que la castigó. Ella siguió pisando los charcos porque la verdad es que queda gracioso y es divertido mojarse y ver el agua chapotear, además, qué narices, quién esa señorita para decirle a una niña si puede o no pisar charcos. La verdad es que la niña tiene su derecho de ser algo incauta y poco precavida, la “seño” hacía su papel. La verdad es que dicha “seño” quedó en la memoria como un poco brujilla, sin embargo el tiempo ha contribuido a entender que hay ciertas cosas que no se hacen… pero de eso a no poder pisar charcos.
La niña creció y un buen día paseando por la ciudad en la que vive hizo un gran descubrimiento. Se encontró con unas botas de pisar charcos. Eran unas botas de plástico que deben de dar un calor tremendo en fechas veraniegas pero que están preparadas para pisar charcos, son las botas que el tiempo le ha prestado a la niña: “Aquí tienes tus botas de pisar charcos”. Unos cuantos años después pero siempre, buscando se encuentra la reparación. Así que ahora, con esas botas de pisar charcos, de plástico con florecitas pintadas puede acudir a clase, al trabajo o salir con sus amigas sin miedo a que la “seño” le castigue por pisar charcos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Historia Crítica de la Psiquiatría en el Siglo XX. Una mirada crítica.



Si Nabokov hacia digresiones por la clasificación de mariposas, Castilla del Pino los hizo pero "mi (su) mundo fue la psiquiatría".
Castilla del Pino como maestro de ceremonias. Para curiosos de las ciencias "psi". Y para conocer a este caballero español.
La biografía de cada uno de nosotros está en nuestro cerebro. Los temas del delirio van cambiando. Las mismas estructuras de los delirios de infidelidad. El delirio de infidelidad es una certeza, los celos es una sospecha.
Como el descenso de la capacidad de abstracción que tiene el deterioro esquizofrénico. Los cerebros de la catatonía aguda mortal los estudiaba yo en el Ramón y Cajal.
Una de las enfermedades de la psiquiatría fue el nacionalismo. Esto convirtió a la psiquiatría en el gran escándalo de la medicina del momento.
El segundo punto serio sería el estancamiento de la investigación biológica. Sordera frente a conocimientos que no son de la psiquiatría pero que pueden derivar en psiquiatría. Ese cierre... y se piensa que los psiquiatras son cultos entre los médicos. La sociología y la lingüística son ignorados. El desajuste del medio genera más brotes psicóticos...Uno de los primeros trabajos de sociología de psiquiatría es de Jaspers. El aumento de la tasa de delirios de infidelidad en la población de inmigrantes en Alemania. Perplejidad frente a la percepción de la realidad. Otro error de la psicopatología era que se hizo al margen de la psicología Los conocimientos de psicología del psiquiatra se han marcado por su abstinencia. Veíamos al enfermo psicótico como un experimento de la naturaleza. La psicopatología tiene una impronta psicoanalítica que se convierte en una barrera. EL invento de la clorpromazina tiene que ver con la capacidad de crítica del paciente, la clorpromazina facilita la asistencia mental. Hay una ventaja indiscutible y es que los nacionalismos hayan sido sido superados...con las nuevas clasificaciones. La patología que le concierne es la del sujeto para relacionarse con los demás. Es el sujeto el que padece, cualquier cosa que suceda fuera de esa parte del organismo es un acontecimiento. Mi manera de ser es mi característica. La patología del sujeto se refiere a la modificación de esas características. Les pido una nueva atención al sujeto. La atención en un sentido distinto, cualquier alteración de nuestras características es misión...comprender al sujeto y abordarlo con un instrumento psicopatológico del que hoy se está carente. Una autobiografía no tiene el propósito de saber quien es uno. Pero cuando uno la inicia y la culmina uno aparece de otra manera para sí mismo a como me veía antes y resulta que la escritura autobiográfica ha resultado tener un objetivo no esperado: saber quién se es, cómo se es, para qué se es...Cuando ya es innegable que el tiempo que nos queda por vivir ha adelgazado tanto para que ya no nos queda ni un sólo engaño en nuestra existencia...ya sé quién he sido y ya sé quien soy. He sido psiquiatra y soy psiquiatra, uno más, como todos ustedes (FIN)


http://www.youtube.com/watch?v=wZr9Bowrq3I

Javier Lacruz: "Carlos Castilla del Pino. Un Maestro Indeleble"

Para inaugurar el post número 500 de esta página quiero compartir con ustedes en este momento fugaz de interin una pieza que ayer salió publicada en el Heraldo de Aragón. Se trata de una contribución de Javier Lacruz Navas, quien fue ilustrado en sus actitudes por Carlos Castilla del Pino, Lacruz dice: él solía decir que un maestro no es el que enseña; ése es un profesor. Un maestro es el que trasmite con su actitud, con su modo de comunicar (un pensamiento, una idea, etc.), en suma, quien ofrece una disposición ética ante la vida. Os agradezco poder compartir mi dolor con vosotros.

Les dejo con Castilla del Pino, interpretado por un compañero y amigo, in memoriam:


Carlos Castilla del Pino, un maestro indeleble

Carlos Castilla del Pino, uno de los psiquiatras españoles más insignes, quizá el único con pensamiento propio; uno de los intelectuales más rigurosos y profundos, cuyo saber abarcaba diversas y dispares disciplinas hasta completar un “saber oceánico”; un científico e investigador pertinaz y laborioso, que ya a los 14 años disponía de un laboratorio a la manera de su admirado Ramón y Cajal y había leído las obras completas de Freud; un humanista de una probidad moral sin tacha, siempre atento al dolor humano y solidario con los sectores más débiles de la sociedad; un ciudadano de compromiso político, pugnaz e irreductible frente a la dictadura de Franco y su secuela, la anomia cultural franquista; un hombre, en suma, amante de la música, de la literatura y de los viajes, siempre como vías de conocimiento; un sujeto dialogante y dialéctico, de curiosidad ilimitada por la vida y de preocupación constante por el tiempo –no en vano tenía distribuidos por las paredes de su despacho una amplia colección de relojes de bolsillo–, de un tiempo que se acaba para quien ha vivido con un objetivo preciso: construir un proyecto de vida. Sí, don Carlos, ese hombre ejemplar ha muerto.

Desde muy joven, Castilla del Pino tuvo conciencia de que tenía que forjarse su proyecto de vida y de que éste no estaría exento de dolor y sufrimiento. Eligió la psiquiatría, una disciplina truncada en dos por la Guerra Civil (con un antes: la escuela de Ramón y Cajal, Lafora y Llopis; y un después: manejada por López Ibor y Vallejo Nájera, ambos franquistas y padres de sagas familiares). En este contexto, a este pionero de los estudios de la depresión, de la represión sexual femenina, de la incomunicación y del cuestionamiento de la enfermedad mental como algo ajeno al entorno sociofamiliar, le fue negada –aún siendo un referente internacional– varias veces la cátedra de psiquiatría por su declarada militancia antifranquista. Su intento de servir de eslabón entre los avances de la disciplina durante la República, y las nuevas corrientes como la antropología social, el marxismo, la teoría de la comunicación y el psicoanálisis, le llevaron a forjar un modelo personal del análisis de la conducta humana. Castilla del Pino, fundamentalmente, era un estudioso de la psico(pato)logía. Y dentro de éste ámbito su máximo campo de interés era la psicosis, esto es la locura. Su ‘Teoría del sujeto’, pergeñada desde el análisis del discurso del hablante, es una de sus aportaciones más brillantes.

Su pasión por la investigación y la enseñanza de la psiquiatría le llevaron a escribir más de veinte libros de referencia clínica, así como sus memorias recogidas en dos libros: “Pretérito imperfecto” y “Casa del Olivo”. Como docente, sus clases estaban abarrotadas de alumnos y de gentes dispuestas a aprender escuchándole. Para los que tuvimos no sólo la suerte de conocerlo, sino de formarnos y de trabajar con él en la Cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Córdoba y en el Dispensario de Higiene Mental, puedo decir, sin ambages, que fue un maestro indeleble. Nos dejó escrito: “Uno vive en la memoria de los demás. No hay inmortalidad. Hay memoria”.



Javier Lacruz Navas Psiquiatra
18.5.2009