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Paz y Ciencia

miércoles, 2 de junio de 2021

Hugo Bleichmar: Homenaje

 

DESCANSE EN PAZ

Rodrigo Córdoba Sanz
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El modelo modular de Hugo Bleichmar, fuente de herramientas en el psicoanálisis contemporáneo

Hugo Bleichmar

Autor: Winograd, Bruno

Para citar este artículo

Winograd, B. (junio, 2018). El modelo modular de Hugo Bleichmar, fuente de herramientas en el psicoanálisis contemporáneo. Aperturas Psicoanalíticas, 58. Recuperado de: http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001022#contenido

Para vincular a este artículo

http://aperturas.org/articulo.php?articulo=0001022#contenido


Resumen

La tesis central de este trabajo es que la obra de Hugo Bleichmar constituye un aporte trascendente en una perspectiva global del psicoanálisis contemporáneo. Se utiliza como argumento un examen de contenidos de diversas producciones del autor. Se postula que textos de diferentes épocas contienen núcleos conceptuales articulables en áreas enfocadas por el psicoanálisis, básicamente los textos Introducción al estudio de las perversiones, La depresión, El narcisismo, Angustia y fantasma y Avances en psicoterapia psicoanalítica. También se incluyen menciones a artículos publicados en revistas, intervenciones en paneles, congresos y otros. Se considera que las contribuciones abarcan los planos teórico, psicopatológico-clínico y de abordaje del psicoanálisis que solo mencionaremos brevemente: desarrollo de múltiples niveles de las problemáticas del narcisismo; estudio de alternativas clínicas psicopatológicas y abordajes de las problemáticas depresivas; complejización y variaciones del concepto de inconsciente en psicoanálisis; introducción de la diversidad causal motivacional a través de la propuesta de un modelo modular; propuesta de intervenciones terapéuticas diferenciadas, articulando modelos de abordaje con especificidades clínico-psicopatológicas; examen de diversos aportes interdisciplinarios vinculados a neurociencias y disciplinas lingüísticas. Tales enumeraciones y algunas más, presentes en la comunicación, argumentan a favor del valor de las perspectivas mencionadas y su potencial para generar discusiones críticas en nuestro ámbito disciplinario.
 

Abstract

The central thesis of this work is that the work of Hugo Bleichmar constitutes a transcendent contribution in a global perspective of contemporary psychoanalysis. It is used as an argument content examination of various productions of the author. It is postulated that texts from different periods contain conceptual nuclei that can be articulated in areas focused on psychoanalysis, basically the texts Introducción al estudio de las perversiones, La depresión, El narcisismo, Angustia y fantasma y Avances en psicoterapia psicoanalítica. Mentions to articles published in journals, interventions in panels, congresses and others are also d. It is considered that the contributions cover the theoretical, psychopathological-clinical and psychoanalysis approaches that we will only mention briefly: development of multiple levels of the problems of narcissism; study of psychopathological clinical alternatives and approaches to depressive problems; complexity and variations of the concept of the unconscious in psychoanalysis; introduction of motivational causal diversity through the proposal of a modular model; proposal of differentiated therapeutic interventions, articulating models of approach with clinical-psychopathological specificities; examination of various interdisciplinary contributions linked to neurosciences and linguistic disciplines. These enumerations and some others, present in the communication, argue in favor of the value of the mentioned perspectives and their potential to generate critical discussions in our disciplinary field.
 

Palabras clave

Articulacion teorico clinica, Complejidad inconsciente, Modelo modular, Procesos identificatorios, Recursos interdisciplinarios.

Keywords

Modular model, Unconscious complexity, Interdisciplinary resources, Clinical theoretical articulation, Identification processes.


En esta comunicación me propongo aportar reflexiones sobre los desarrollos del psicoanálisis en los últimos 20 años y particularmente los de Hugo Bleichmar en este lapso de nuestra historia.

El placer y estímulo de tal posibilidad excede ampliamente lo personal, pues tengo la convicción que se trata de una obra que generó y proveyó muchos recursos trascendentes en la disciplina en conjunto y en la herramienta teórico-clínica de cada uno de nosotros, sus colegas de diferentes generaciones.

Si pretendemos ubicar tales consideraciones en un contexto más general, caben algunas reflexiones.

a)        Si en algunos ámbitos de discusión se plantean cuestiones sobre posibles desarrollos y progresos de una disciplina tan peculiar como el psicoanálisis, surgen algunos factores variables, dependiendo de las posturas y registros de cada opinante. Podemos incluir laxamente entre estos factores: los aportes de los grandes creadores, los de la producción de pequeños grupos e instituciones, conocimientos interdisciplinarios y de ámbitos culturales que permiten nuevos conocimientos del psiquismo y la conducta humana.

b)        Intentaré priorizar el primer factor por resultar el más específico para los objetivos de la presente comunicación. A saber, en cuanto a las contribuciones de los grandes creadores, si bien quedan claros los atributos y riesgos de una influencia subjetiva en la elección que puede relativizar la relevancia de los criterios de selección, si logramos recortar “datos” compartibles, tal riesgo de arbitrariedad puede atenuarse.    

También queda claro que la valoración y selección, en una disciplina con tal variedad de contenidos y posturas, variará según lo que cada opinante privilegie desde sus convicciones ideológicas y experiencias personales. En este contexto, es relevante la argumentación que utilicemos para posibilitar un debate interesante.

En mi caso personal resulta convincente la hipótesis de la influencia determinada de los grandes creadores en la generación de nuevos e interesantes recursos teórico-clínicos. En mi tarea como analista, podría sostener que a veces el impacto fue o es tal que, ulteriormente ya no me sentía el mismo que antes de conocer tal aporte.

Al hablar de grandes creadores, trataría de proponer una breve mención histórica muy personal. Sostendría que mi ECRO -concepto de Pichón Rivière (1985) que me resulta muy ilustrativo de la resultante multiexperencial que hallamos en nuestro interior como postura global en relación al psicoanálisis- se fue construyendo con mi experiencia como paciente, la lectura de la obra de Freud y posteriores contactos con los textos y obras de influencia irregular pero frecuentemente muy relevante en la captación de problemáticas y funcionamientos emocionales.

Si quisiera una mención aproximada y no rígida o rigurosa, señalaría que a partir de Klein (1936) se abrieron panoramas sobre nexos entre lenguajes adultos y juegos infantiles, sobre poder concebir mundos internos y fantasmagóricos en el psiquismo de los niños o que, desde Ferenczi (1946) se registra el invento significativo de un método terapéutico, sus múltiples posibilidades en la historia de la disciplina, o con versiones de Reich (1945/1965) y Fenichel (1945). El mismo Ferenczi y el propio Freud a lo largo de su obra, planteanlas zonas congeladas y rígidas de nuestro funcionamiento llamadas carácter. También, con notorios límites por razones de síntesis, la captación de las distancias y ausencias en nuestro desarrollo infantil o la función lúdica en nuestro funcionamiento desde las propuestas de Winnicott (1975).

Podría agregar sólo a modo de ejemplo la “despatologización” de conceptos como “narcisismo” y su transformación en problemática humana por Heinz Kohut (1971) o por las múltiples perspectivas de Lacan (1974)y el psicoanálisis francés, incluyendo diferencias y cuestionamientos y enfatizando el impacto que me produjo la obra de Piera Aulagnier (1977) que examina la influencia de los enunciados discursivos parentales en el funcionamiento de los niños. Tampoco podría dejar de incluir los aportes del psicoanálisis rioplatense en la conceptualización y desarrollo del campo clínico y método terapéutico. Mencionaré solo panorámicamente las nociones de vínculo de Pichón Rivière (1985), campo y proceso de M y W. Baranger y J. Mom (1982), los modelos comunicacionales de David Liberman (1962) o la dramática de José Bleger (1969) para jerarquizar el intercambio en el método terapéutico y la clínica psicoanalítica.

Este muy limitado e incompleto pantallazo pretende argumentar a favor de cómo los aportes de relevantes creadores moldean y construyen mis modos de registrar e instrumentar la disciplina psicoanálisis que reconozco y practico como núcleo de identidad profesional.

Ubicación de la obra de Hugo Bleichmar en el psicoanálisis

Surge un interrogante central, eje de mi objetivo en esta comunicación.

¿Cómo se ubica la obra de Hugo Bleichmar en este contexto de aportes relevantes? Diría que teniendo en cuenta las perspectivas múltiples que abarcan los planos significativos de nuestra disciplina (teoría sobre el psiquismo, modos de investigar en psicología y método terapéutico), la obra de Hugo Bleichmar (e insisto en que se trata de una obra por razones que examinaremos) aporta e impacta en los tres planos.

Pero para tratar de fundamentar argumentativamente tal propuesta, cabe proponer un desarrollo expositivo que facilite un registro global de la misma.

a) En cuanto al autor, creo que en ámbitos como el psicoanálisis es difícil aislar las contribuciones significativas de la trayectoria, experiencia, ámbitos de indagación y capacidades varias en territorios que no se limiten a los estudios del psiquismo y la conducta. Las experiencias biológicas, su extensa ilustración cultural e intercambio con pensadores relevantes de su época, en el caso de Freud, las inquietudes sociales y políticas de Ferenczi, los 50 mil niños que examinó Winnicott como psiquiatra infantil, las múltiples inquietudes de Bleger y muchos otros, resultan datos de cierto grado de afirmación de la extensión de intereses.

En el caso de Hugo Bleichmar, creo que poseen no poca influencia, su historia como investigador en ciencia básica en la Universidad de Buenos Aires. Sus estudios epistemológicos con Klimovsky (2004), su participación en el servicio de psiquiatría del Hospital Lanús de Buenos Aires, o sus estudios y exámenes de sistemas referenciales complicados como el Lacaniano y la claridad y casi familiaridad con el que describe funcionamientos variados como el de M. Klein, H. Kohut, Ego Psychology o las distintas vertientes intersubjetivistas. Debe quedar claro que pretendo enfatizar una peculiar capacidad, interés y dedicación por recoger conocimientos y luego sintetizarlos críticamente, implicando una notoria posibilidad de incorporación para los interlocutores que puedan funcionar como receptores de los mismos.

b) En cuanto a la obra, esta peculiar versatilidad y extensión de intereses contribuyen a considerar los aportes bibliográficos y recorridos conceptuales de Hugo Bleichmar, como una obra en la cual las distintas partes y diferentes períodos de producción presentan una continuidad conceptual registrable y procesable por un lector interesado.

Propondré una sinopsis diacrónica procesal que incluirá un intento de localizar referentes conceptuales de cada aporte que considero de valor universal, en el sentido de que su articulación cuidadosa en el ECRO de cada operador psicoanalítico amplía discriminadamente sus horizontes y recursos teórico clínicos.

Para tal objetivo, propondré una limitada esquematización solo con fines de ordenamientos.

  • Una secuencia de obras o textos que contienen zonas de cierta continuidad procesal y otras propias en diferentes períodos, me refiero a Introducción al estudio de las perversiones (1976), La depresión, un estudio psicoanalítico (1974), El narcisismo, estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente (1981), Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer  (1986) y Avances en psicoterapia psicoanalítica, hacia una técnica de intervenciones específicas (1997)
  • Trabajos y artículos en publicaciones de diversas instituciones psicoanalíticas varias (Aperturas Psicoanalíticas, International Journal of Psychoanalysis, etc.)
  • Participación en Simposios y Paneles de diferentes ámbitos psicoanalíticos, Congresos y Jornadas sobre psicoanálisis, etc.
Otros aportes en textos compartidos y reuniones científicas.

Textos con continuidad procesal

Por obvios motivos de síntesis, privilegiaré el examen de las obras que me resultan adecuadas para una lectura procesal que resalte algunos emergentes conceptuales y significativamente articulables en su aporte a nuestra disciplina.

La Teoría del Edipo, en Freud y Lacan, introducción al estudio de las perversiones (1976). En esta obra muestra un ordenamiento metodológico y epistemológico difícil y necesario en nuestra disciplina. Tal intento ha sido realizado interesantemente por especialistas externos a la disciplina como obra de J.O. Wisdom (1967), Paul Ricoeur (1983), Adolf Grünbaum (1983) o Gregorio Klimovski (2004). Pero, en el caso deHugo Bleichmar, implica una tarea epistemológica por un intee del campo disciplinario que logra esclarecer términos y conceptos de versiones referenciales diferentes, con una claridad y discriminación conceptual que abren la comprensión del lector.

La depresión, un estudio psicoanalítico (1974). Surge como núcleo disparador de aportes variados en tiempos y espacios de producción, que por su relevancia, sólo podremos mencionar aunque sea con síntesis notoria. En primer lugar: la temática, podemos plantear que las opiniones de numerosos examinadores de los sufrimientos de nuestra contemporaneidad, ubican las problemáticas depresivas en un lugar relevante. Pero los que nos interesamos en tal problemática podemos consensuar en la relevancia de tres aportes a lo largo del período mencionado, opinión que supone cierta injusticia por lo esquematizado. Me estoy refiriendo a los trabajos de Freud sobre Duelo y melancolía” (1915-1917) e Introducción al narcisismo (1914-1916) dos capítulos sobre identificación en Psicología de las masas y análisis del yo (1921), a los aportes del estadounidense Sidney Blatt (1998) y a la variada y multiprocesal obra de Hugo Bleichmar, que arranca con el texto mencionado y algunos artículos y se desarrolla y complejiza en tiempos ulteriores y variados ámbitos de discusión. Mencionamos muy esquemáticamente tales ámbitos y algunos núcleos conceptuales que confluyeron al armado de las contribuciones a la comprensión y abordaje de las problemáticas depresivas.

Mencionemos el texto sobre El narcisismo, estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente (1981) (modelo explicativo relevante de dicha problemática y que comentaremos específicamente). La publicación sobre subtipos de depresión en el International Journal of Psychoanalysis (1996), la inclusión de las problemáticas depresivas en el modelo modular formulado en Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997), y como un epílogo jerarquizado de los aportes psicoanalíticos a la problemática. También la Conferencia J. Sandler de Londres de 2003 (Dio Bleichmar, 2003), que pretendía ofrecer una versión significativa de las contribuciones psicoanalíticas para lo cual posibilitó un debate entre Sidney Blatt (2003) Hugo Bleichmar (2003) y la noruega Gullestad (2003), considerados pensadores de máxima relevancia en tal campo problemático.

En cuanto a los aportes conceptuales de Hugo Bleichmar, la formulación de los subtipos de depresión permite desencializar y desabsolutizar la depresión, enfocando las múltiples combinatorias a través de las cuales puedan surgir este tipo de sufrimientos, y tal enfoque está mucho más cerca de lo que sucede en las complejas vicisitudes del campo clínico y explica la razón por la que muchos colegas jóvenes, cuando se conectan con estas perspectivas, expresan que las ven muy articuladas con lo que registran en su ámbito de tareas. En cuanto al modelo modular, señalemos que en el campo de las depresiones, así como en las otras condiciones clínico-psicopatológicas, permite ampliar el campo motivacional. Diversidad nueva más conectada con lo registrado en el campo clínico-empírico, es decir, que los monopolios o unificaciones motivacionales pueden haber caracterizado a períodos en que las problemáticas consideradas por el psicoanálisis eran más limitadas (neurosis, conflictos sexualidad-cultura, situaciones traumáticas etc.).

Pero al variar las problemáticas (narcisismo, fronterizos, pánico, psicosomáticas, adicciones, etc.), también surge la consideración de otros conflictos motivacionales, evitando el reduccionismo mono causal o mono motivacional, llámese pulsionalidad, narcisismo, apego o función paterna. Creo casi redundante subrayar el impacto de los modelos multi funcionales o multi motivacionales en la ampliación de los recursos comprensivos y terapéuticos de los psicoanalistas de “nuestros” tiempos.

El narcisismo, estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente (1981). Podemos ubicarlo como tercer texto en esta esquemática cronología, que además presenta el sugestivo subtítulo acerca de la enunciación y la gramática inconsciente (1981).

Cabe reiterar que la temática introducida por Freud (1914), ha presentado un desarrollo relevante. A partir de funcionar como modelo explicativo de las problemáticas depresivas abarcó perspectivas emocionales variadas diferentes a las vicisitudes de la psicosexualidad, núcleo inicial de los aportes de Freud. Tal extensión se puede ubicar en la continuación de la propia obra de Freud (nuevas versiones sobre el concepto de identificación en Psicología de las masas y análisis del yo (1921), o el diseño de un modelo de mayor alcance intersubjetivista como es la segunda tópica en El yo y el ello (1923). Pero también impregna un sector del psicoanálisis postfreudiano y, sobre todo, la comprensión de problemáticas emocionales diferentes a las neurosis que refieren  a las cuestiones emocionales valorativas, identificatorias y vinculares intersubjetivas. En este contexto, surgieron contribuciones anglosajonas a veces polémicas entre sí, como las de Rosenfeld (1976), Kohut (1971) y Kenberg (1979); franceses como Green (1986), Grunberger (1971), Bergeret (1976), Widlocher (1986) y otros, con una muy elocuente ilustración por parte de Girard y Kapsambelis (2014), los cuales incluyen sus trabajos en un número de la Revue Francaise de Psychanalyse, dedicada a los cien años del narcisismo. Menciono estos detalles para enfatizar el aporte rioplatense, especialmente la citada obra de Hugo Bleichmar. Puedo afirmar que no se trata de privilegiar localías o amistades, sino que en mi opinión (argumentativa) los contenidos del texto que analizo y sus desarrollos ulteriores (culminando en Avances en psicoterapia psicoanalítica [1997]) contienen aportes de una originalidad tal que sería interesante que integren los estantes conceptuales de cualquier operador psicoanalítico. Para no quedar en la enunciación general, intentaré mostrar cómo, debido a lo que sostuve en la introducción referido a la versatibilidad y cultura extra disciplinaria de Hugo Bleichmar, tales recursos impregnan su análisis de las cuestiones del narcisismo en el texto inicial y sus aportes progresivos.

Me refiero a la realización de variadas conexiones entre narcisismo, temática de valores y vínculos intra e intersubjetivos, con otros funcionamientos y estructuras emocionales que desarrollo a continuación.

Hugo Bleichmar realiza una interesantísima articulación entre enunciados identificatorios aportados por Piera Aulagnier (1977), con sus contenidos lingüísticos propios y específicos de los funcionamientos psíquicos emocionales humanos en el campo del narcisismo, de donde surgen distintos tipos de discursos y sus modalidades. Habla de la transposición categorial, implicando que un suceso concreto de un sujeto (un pequeño fracaso académico, por ejemplo) es adjudicado discursivamente por los personajes significativos (con la siguiente apropiación del sujeto) a su identidad global: “soy como…” (adjetivo descalificativo global). Por razones de síntesis, no puedo enfatizar la frecuencia de tal modalidad en la clínica y psicopatología cotidiana contemporánea y el valor de la interferencia terapéutica por parte del psicoanalista.

Un valor no menor lo hallaremos en los desarrollos propuestos por Hugo Bleichmar a las alternativas de los proceso identificatorios. En efecto, la versión de los mismos introducidos por Freud en sus estudios sobre el narcisismo (1914), implicando la influencia de los aportes de los personajes significativos sobre la estructura y funcionamiento psíquico del sujeto recibe un agregado taxonómico y discriminativo cuando se proponen variantes posibles en las alternativas identificatorias.

Se trata del producto de tres redes intersubjetivas -el vínculo de los personajes significativos entre sí, el vínculo de cada personaje significativo con el sujeto y los vínculos intersubjetivos en el proceso existencial del sujeto sobre el funcionamiento del mismo- relacionado con una modalidad discursiva que influye fuertemente en los rasgos identificatorios y tiene marcada relevancia en las alternativas psicopatológicas de las variantes abarcadas por el término y concepto narcisismo. Solo cabe insistir en que tales aportes de Hugo Bleichmar son sumamente valorados por los colegas jóvenes que acceden a su conocimiento, pues sostienen que les proporcionan instrumentos prácticos para abordar sufrimientos muy frecuentes en las conductas cotidianas contemporáneas. También, se debe reiterar que debido a los límites espaciales pudimos no ser justos con las distintas vías adoptadas por los aportes de Hugo Bleichmar a esta problemática, de los que he querido ofrecer una introducción panorámica que despierte el interés de los que aún no han frecuentado esta obra, que tengo la certeza se verá recompensado en conocimientos y revelaciones inéditos.

De todos modos, no puede omitirse que los aportes sobre narcisismo no se limitaron a este muy valioso texto. En Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997), nueva creativa y múltiple propuesta de Hugo Bleichmar, surge un capítulo sobre psicoterapia de los trastornos narcisistas que extiende y articula en distinta dimensión de comprensión y abordaje, las problemáticas que intentaremos examinar.

Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer   (1986). En La depresión, un estudio psicoanalítico (1974) y El narcisismo, estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente (1981), fueron examinadas y desarrolladas problemáticas psicopatológicas siempre intentando articularlas con los planos explicativos y de abordaje clínico. Pero caben mínimas consideraciones sobre lo que llamamos planos explicativos. Si bien podría sostenerse que en el modelo del método hipotético-deductivo de la epistemología de las ciencias duras, lo que se ubica en los niveles altos de explicación (los enunciados de nivel teórico general) lo podemos trasladar al psicoanálisis solo de modos esquemáticos y metafóricos, sin embargo, puede afirmarse que Freud, por su notoria formación científica, incluía estos niveles tan generales de teorización cuando formulaba el término y concepto metapsicología (Freud, 1915) cuyo eje consistía en el diseño ya iniciado en el capítulo VII de La interpretación de los sueños (1901), conocido como primera tópica, y entre cuyos contenidos y funcionamientos se hallan intentos explicativos de los dinamismos inconscientes. En Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer  (1986) se introduce un giro en los campos explicativos a los ejes meta psicológicos que mencionábamos. Debe quedar claro que no se trata de un reemplazo, sino de una extensión del campo explicativo que se centra en uno de los núcleos paradigmáticos del psicoanalista: las teorías sobre funcionamientos inconscientes del psiquismo y la emocionalidad humana.

Uno de los aportes de mucho interés del texto consiste en plantear polémicas con otras posturas, nociones y desarrollo del psicoanálisis, así como proponer nuevas perspectivas en un campo tan relevante como resultan las conexiones, contenidos y funcionamientos inconscientes.

Intentando un limitado pero necesario resumen de las polémicas, mencionaremos, por ejemplo, que en relación a posturas psicoanalíticas varias, Hugo Bleichmar cuestiona que no se hayan desarrollado modelizaciones del funcionamiento psíquico que incluyan los aportes de Más allá del principio del placer (1920), en cuanto a la importancia de la compulsión repetitiva como productora de sufrimientos y síntomas variados, que no dependen del principio del placer y no funcionan como defensa para tal finalidad. Esta limitación es planteada particularmente en el campo clínico psicopatológico, en el cual se remiten los síntomas a una búsqueda o defensa ante algún producto. Por supuesto que Bleichmar propone mantener el principio de placer como sistema explicativo, pero cuestiona el uso monopólico y exclusivo (lo cual también se planteará en otros campos).

Un segundo ámbito polémico lo constituyen algunas posiciones del psicoanálisis lacaniano. Si bien Hugo Bleichmar expresa una valoración explícita de logros e innovaciones de esta producción (el énfasis de la intersubjetividad, los distintos juegos simbólicos en el psiquismo, la jerarquización del lenguaje y sus vínculos con las funciones psíquicas), cuestiona posturas que considera limitantes en la disciplina, como por ejemplo ciertos tonos en trabajos que parecen descalificar a las posturas diferentes. Cuestiona, también, las posturas que señalan la primacía del significante, minimizando la importancia y valor de los significados tanto en la obra de Freud, como en el desarrollo del psicoanálisis. Entre los variados argumentos que no podemos detallar, se incluye una cierta limitación en los aportes lingüísticos que incorporó Lacan (se refiere a los escasos desarrollos de la semántica, y también de la gramática generativa de Chomsky (1984).

Otro cuestionamiento interesante consiste en la crítica al abandono de la indagación empírica, a las vicisitudes particulares de las defensas y pequeñas unidades afectivas reemplazadas por categorías generales a veces más propias de un discurso, abstracto o filosofante (El ser, La mujer, etc.).

Si bien resultan muy interesantes las polémicas mencionadas porque la posibilidad de generar procesamientos y debates conceptuales son relevantes, surgen aportes y desarrollos originalmente propuestos en las concepciones sobre los funcionamientos inconscientes, cuestión básica y trascendental en los sistemas explicativos de la disciplina psicoanálisis. Veamos muy sucintamente tales propuestas:

  • Se sostiene la complejidad del inconsciente implicando diferentes operatorias, la del principio del placer y también las repeticiones automáticas expresando una doble realidad, lo de lo deseado y lo temido.
  • A partir del estudio de las pesadillas de persecución se introduce como hipótesis la existencia de unidades más extensas que las clásicas representaciones contenidas formuladas en los trabajos sobre metapsicología; se propone así la existencia de creencias matrices pasionales en el inconsciente, matrices transtemáticas que generan las variantes del fantasma.

Este original modelo (se mencionan resonancias con algunos planteos de Freud en el capítulo 6 de Lo inconsciente [1915]), obviamente tendrá implicancia en todos los planos de psicoanálisis. Citemos dos párrafos del texto Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer   (1986):

Creencias matrices que también reconoceremos impulsando otro tipo de pesadillas, las de imposibilidad, y organizando las interdicciones que funcionan en el inconsciente. Ambos tipos de pesadillas nos ayudan para reexaminar la relación entre la creencia y la imagen –la subordinación de esta a aquella-. Para una crítica al asocianismo, para caracterizar algunas reglas de transformación desde el inconsciente a la conciencia y para revisar una organización privilegiada del inconsciente –la Hilflosigkeit (impotencia, desamparo) Freudiana que en tanto matriz abierta puede recibir múltiples imaginarizaciones. (p.16) 

En otro párrafo de la misma página se afirma:

Creencias a su vez subsidiarias de la representación del yo ideal, que no es una imagen, sino un discurso que teoriza sobre los atributos que se deben poseer para ocupar un lugar de privilegio, discurso marcado por el placer o el dolor narcisista en relación al reconocimiento por el otro (Bleichmar, 1986, p.16).

Creemos que ambas citas podrán engendrar en el lector la conexión con algunas complejidades de los sufrimientos contemporáneos, términos y conceptos como creencias, matrices, mallas o redes interconectadas pueden aludir a la multiplicidad de las combinatorias que desbordan las categorías   psicopatológicas habituales.

En este contexto, las ampliaciones y complejizaciones en la concepción del funcionamiento introducido con este texto se articula con vicisitudes del campo estructural, psicopatológico y clínico. En el propio texto surgen, así, desarrollos vinculados a las creencias transtemáticas o vicisitudes del placer ideal y la agresión como, también, a la hipótesis de un doble inconsciente, a las muy interesantes formulaciones de redes conceptuales en el inconsciente, las defensas y conflictos en el interior del propio inconsciente. Culmina el texto con una ilustración de cómo a través de distintas transformaciones discursivas y vicisitudes de distinto tipo (pérdidas, trastornos narcisistas, identificaciones, etc.) puede llegarse a condiciones psicopatológicas ejemplificables por la hipocondría o sea que los múltiples alcances de la complejización de lo inconsciente, permitiría sistemas explicativos de las variantes clínico psicopatológicas humanas.

Pero sosteníamos que habría que agregar a los alcances del estudio de los funcionamientos inconscientes que propone Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer   (1986), los distintos aportes ulteriores, en un texto nodal como Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997) y otros trabajos, si se considera una perspectiva de desarrollo temporal diacrónico.

            Avances en Psicoterapia Psicoanalítica (1997). En este tratado, como señalábamos, pueden hallarse resultantes y consolidaciones de propuestas surgidas en los textos comentados anteriormente. Los cuales abarcan planos teóricos, otros psicopatológicos y clínicos, así como abordajes articulados con los mismos.

Lo destacable es que dicho texto incluye los varios planos de sectores del psicoanálisis, con peculiar énfasis en los procesos de articulación. En el contexto de considerar esta obra como una consolidación y procesamiento de múltiples aportes previos, tal postura se ilustra muy elocuentemente con la propuesta de un modelo modular para metaforizar funcionamientos psíquicos, introducidos por el psicoanálisis. Tal modelo se ubica en la perspectiva de un cuestionamiento a los reduccionismos ya iniciado en textos anteriores, pero en la introducción a Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997) adquiere un interés y coherencia que psicoanalistas de mi generación y otros más jóvenes, podríamos suscribir como declaración de principios metodológicos para nuestra disciplina que articula aperturas moderadas a nuevos hallazgos, discusiones críticas y una marcada valoración del método terapéutico y las articulaciones teórico psicopatológico clínico. ¿En qué consiste el interés en el modelo modular? Elaborando unos mínimos intentos de fundamentación podríamos decir que, en primer lugar, surge del cuestionamiento, a partir del campo clínico contemporáneo, de los determinismos motivacionales causales únicos o monopólicos. En efecto, a partir del desarrollo de la disciplina surgen nuevas propuestas de núcleos problemáticos que no parece operativo subordinarlas a los que ya existen.

Un mínimo ejemplo, cuando Freud (1914) hace más de cien años, introdujo la temática del narcisismo fue resultando convincentemente que considerarla consecuente con la problemática psicosexual o Edípica implicaba no solo forzamientos teórico metodológicos, sino también reduccionismo en sus abordajes clínicos con consecuencia de desajustes que solo podemos mencionar. Es decir, si aceptamos la extensión y ampliación de las problemáticas emocionales que fue abordando el psicoanálisis en su desarrollo histórico (inicialmente las cuestiones del erotismo o la psicosexualidad); luego las construcciones valorativas y su impacto en sistemas relacionales intra e intersubjetivos a través de la introducción y desarrollo del término y concepto narcisismo; las cuestiones de los déficits en el desarrollo infantil, los desajustes estructurales y organizativos, patología del borderline o psicosis, las problemáticas impulsivas y sus múltiples variantes, las vulnerabilidades somáticas y sus correlatos psíquicos implicaron la necesidad de modelos explicativos diferentes a los que se ubicaban en las variantes de sufrimientos neuróticos. Estos cambios fueron surgiendo irregular y no sistemáticamente por tratarse de una disciplina que no posee estándares exactos al abordar matices afectivos, conductuales o vinculares de seres humanos en su heterogeneidad y singularidad. Fueron surgiendo aportes al psiquismo, desarrollo infantil y sus interferencias (Klein (1936), A. Freud (1961), Winnicott (1975) y muchos otros) al abordaje del narcisismo (Kohut (1971), Kernberg (1979), Bleichmar (1981) y otros) a la problemáticas fronterizas (Kernberg, 1979); Green, 1986 y otros), o las cuestiones llamadas psicosomáticas (Marty, 1963; Mc Dougall, 1987 y otros).

Lo que se pretende resaltar es que estos diferentes autores, escuelas o algunas reflexiones del propio Freud junto a su consideración de las variantes funcionales implicados en cada temática o vicisitud clínica diferente, quizás suponían un abordaje congruentemente articulado con la misma llámese renarcisización, reconstrucción de la autoestima, o intento de una reorganización de funciones yoicas. Se trata de mínimos ejemplos que argumenten a favor de que la diversificación de problemáticas y sus variantes explicativas implique una extensión y complejización de los sistemas motivacionales.

Tal extensa enumeración pretende agregar argumentos en cuanto al valor del modelo modular como jalón productivo relevante en el desarrollo de la disciplina. Frente al interrogante de cómo se articula tal valoración con la extensión de problemática cabe señalar la noción de módulo que Hugo Bleichmar ubica originariamente en autores del campo del lenguaje como Chomsky (1984) y que puede ser laxamente entendida como núcleo temático con capacidad de producir efectos en los sistemas y relaciones del psiquismo humano con cierta especificidad.

Tal intento conceptualizado laxamente, podría derivar en síntesis organizativas en por lo menos dos planos: uno micro, singular, el del ECRO (sistema referencial) de cada operador psicoanalítico, permitiéndole acudir al módulo más articulable con las inferencias del campo clínico que realiza; otro macro, más global, que permita articulaciones de distintos aportes de creadores evitando sumatorias acríticas o eclecticismos forzados. Por supuesto, tales posturas suponen considerar los distintos desarrollos post freudianos como aportes integrables tras discusión crítica, sin adjudicarse a ninguno un monopolio o valor de superioridad modelística

Esta postura necesita cierta discusión argumentativa, que surge nítidamente en la obra que pretendemos examinar. Se trata de postular que una serie de aportes en la historia del psicoanálisis han permitido abordar problemáticas diferentes, como lo hemos sostenido. Pero sucede que tal atributo, cuando tiende a la hiperexplicación o se transforma en exclusivo o monopólico, genera dificultades metodológicas y epistemológicas para delimitar los campos y alcances de la disciplina y más aún discutir las variantes de la articulación teórica clínica. En este contexto, el modelo modular, al permitirle al psicoanalista contemporáneo construir un sistema referencial interno que contenga ingredientes variados, producto de aportes relevantes que no lo fuerzan a buscar determinismos o causalidades únicas. Pero además de la herramienta singular posibilitada, el modelo modular puede implicar un recurso de notorio interés en el campo sincrónico estructural de la disciplina, se trata de articular contribuciones variadas como modelos de problemáticas que no compiten por exclusividades, sino que coexisten ante las complejidades de los funcionamientos psíquicos, emocionales y conductuales humanos con los que se enfrenta el psicoanálisis en su campo psicopatológico clínico.

Cabe reiterar que no se trata de sumatorias acríticas ni de eclecticismos, sino de posibilitar campos de articulación en los cuales el intercambio entre psicoanalistas de orientación diferente es fundamental, sobre todo, si consensuamos en el notorio desarrollo contemporáneo del método terapéutico psicoanalítico.

Una vez intentada una descripción y fundamentación muy globales del valor del modelo modular, cabe mencionar otros aportes muy relevantes del texto Avances en psicoterapia psicoanalítica.

En efecto, se trata de un texto eje nodal en la obra de Hugo Bleichmar por lo ya señalado, la construcción de un modelo sintetizador y fuente de nuevos desarrollos, pero, también, por contribuciones en núcleos teóricos psicopatológico-clínicos y de abordaje.

En el plano teórico, el texto examina una complejización de funcionamientos inconscientes ya mencionados en textos anteriores pero que aquí adquieren una complejización y consistencia notorias. Queda claro que lo inconsciente en psicoanálisis no se limita a las consecuencias de los procesos represivos que mantienen su valor explicativo en un área de problemáticas, sino que surgen y se describen otros generadores de inconsciente como variados procesos identificatorios que no resultan consecuentes a procesos represivos. También se conectan los funcionamientos variados inconscientes con diferentes perspectivas psicopatológicas y de abordaje, algunas ya planteadas en Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer, como las creencias matrices. Aparece, así, una concepción de lo inconsciente con múltiples conexiones y funcionamientos que incluyen distintos planos psicopatológicos como los sistemas deficitarios descritos por el noruego Bjorn Killigmo (1989, 1995), las variantes de la angustia, las variantes identificatorias y las relaciones con la conciencia que se plantean en alternativas más variadas y complejas que los desarrollos iniciales en esta temática.

En lo referente a perspectivas psicopatológicas clínicas y de abordaje, si bien en el texto hay una preocupación permanente por sostener una articulación entre los tres planos, realizaremos una división por necesidades de síntesis y esquematización. Así, lo que fue denominado plano psicopatológico, proviene dominantemente de los glosarios psicoanalíticos y hay limitada modelización de “cuadros” psiquiátricos.

Hallamos capítulos dedicados a problemáticas y vicisitudes de la agresión, el masoquismo o la conexión entre el modelo modular y los subtipos de depresión, que ya fueron mencionados al examinar las problemáticas depresivas.

En relación a las cuestiones vinculadas con los abordajes, cabe diferenciar dos sectores que podrían ilustrar un viraje altamente significativo en los aportes psicoanalíticos. Me refiero, por un lado, al capítulo denominado “Intervenciones terapéuticas diferenciadas” que marca, en mi criterio, un jalón diferenciado en el desarrollo del psicoanálisis. En efecto, el término intervenciones puede ilustrar un cambio significativo en el instrumento psicoanalítico por excelencia: la interpretación. En este contexto, considero que intervención permite una referencia a los múltiples modos discursivos en el psicoanálisis contemporáneo, que amplían el modelo interpretación “A Vd. le pasa A a causa de B”, incluyendo este modelo causal múltiples alternativas (historia, pulsiones, traumas infantiles, etc.). Otros modos, como las afirmaciones que proponía Killingmo (1989, 1995), quedan fuera de dicho modelo causal interpretativo, pero pueden ser abarcadas por intervención que resultaría el instrumento del psicoanálisis contemporáneo ampliado.

El otro énfasis terapéutico en el texto -también de notorio valor actual y también muy específico de los modelos psicoanalíticos- está referido al abordaje de tres situaciones específicas de mucha relevancia en la clínica cotidiana contemporánea y se refiere a la psicoterapia de los trastornos narcisistas, a la terapéutica de los trastornos superyoicos y la del duelo patológico.

Podría parecer redundante sostener que duelo patológico es uno de los aportes universales más consensuado en distintos grupos psicoanalíticos, que el cambio del superyó, ha sido uno de los modelos terapéuticos iniciales, recordemos el trabajo de Strachey (1948) pero que ha mantenido su vigencia a través de las transformaciones culturales de la sociedad. En cuanto a los trastornos narcisistas, podemos consensuar que integran los sufrimientos habituales de nuestros tiempos históricos. Para concluir las menciones a este tan creativo producto que resulta Avances en Psicoterapia Psicoanalítica (1997), mencionaremos dos atributos del modelo modular: el primero, se refiere a sus contenidos, que en el aporte de Hugo Bleichmar incluyen un núcleo sensitivo sexual referido a la temática del erotismo, la sexualidad, el placer, el narcisistico vinculado a los valores, la autoestima, vicisitudes de la autoestima, el del apego referido a los vínculos íntimos en el curso del desarrollo infantil y existencial, incluyendo distancias y ausencias; el segundo se refiere a la auto y hetero conservación en el cual se agrega a lo que se llamaba conservación en lo instintivo pulsional, una perspectiva vinculada intersubjetiva. Por último, el módulo referido a las regulaciones neurobiológicas. Cabe tan solo agregar que el autor y los conocedores del modelo plantean que podemos recibir agregados que resulten significativos para quien los propone.

Observación peculiar y curiosa, los distintos aportes y escuelas postfreudianas han sido identificadas con los nombres de los autores (kleiniano, anafreudianos, winnicotianos, lacanianos, etc.) pudiendo exceptuar, tal vez, las psicologías del yo y del self. Pero si en las contribuciones que presentamos han adquirido un término más conceptual (modular) y menos personalizado (Hugo Bleichmar) se trata nada más que una peculiaridad que no pretende minimizar el valor y el papel del creador del modelo.

Trabajos y artículos en publicaciones de diversas instituciones psicoanalíticas

Intentaremos evitar una exégesis multiabarcativa, pero es necesario incluir contribuciones que se consideran relevantes y significativas.

Volviendo a la taxonomía  inicial, se mencionarán algunos trabajos que me resultan particularmente interesantes; elección vinculada al recorrido personal, teniendo claro que por lo extenso de la producción y para evitar los mencionados excesos, habrá inevi omisiones. Tan solo cabe agregar que en las diferentes revistas psicoanalíticas en las que ha publicado sus trabajos Hugo Bleichmar, especialmente Aperturas Psicoanalíticas, se muestra el intento del autor de articular perspectivas psicoanalíticas con aportes de las neurociencias, postura que no resultó enfatizada en mis comentarios anteriores.

En cuanto a la mención de artículos se incluirán dos trabajos publicados en Aperturas Psicoanalíticas:

       "El cambio terapéutico a la luz de los conocimientos actuales sobre la memoria y los múltiples procesamientos inconscientes" (2001). Comentaremos inicialmente:

Las variantes en la construcción de funcionamientos inconscientes, temática presente a lo largo de la obra enfocada, con reformulaciones en Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer (1986) y extensiones y complejización en Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997). En este texto se propone:

  • Considerar un inconsciente originario, producto de las interacciones con figuras significativas, en cuya constitución intervienen factores varios, que incluyen la memoria procedimental.
  • Al inconsciente originario por identificación con las figuras significativas relacionadas con los múltiples funcionamientos de tales personajes.
  • Inconsciente, efecto de procesos defensivos que correspondería al modelo inicial freudiano producto de procesos represivos.
  • Inconsciente surgido de múltiples combinatorias, representaciones sensoperceptivas elementales, representaciones semánticas de atribución de sentido y representaciones combinando expresiones de funcionamientos varios lingüísticos, neurovegetativos y otros.
  • Inconsciente desactivado correspondiente a sectores que corresponden a la untergang freudiana (Freud, 1924) implicaría desvitalización e inhibición de las fuerzas deseantes.   

Esta enumeración -que por motivos obvios solo representa títulos orientadores- es desarrollada en el texto, permitiéndole al lector un panorama extenso sobre lo que podríamos llamar “modalidades y funcionamientos inconscientes en perspectivas del psicoanálisis contemporáneo”.

En un segundo plano del texto citado cabe ubicar un intento de síntesis expositiva de varias contribuciones de escuelas o esquemas referenciales relevantes al psicoanálisis.

Resultaron muy llamativos el rigor, claridad, respeto por los aportes, pero también a las limitaciones de cada esquema teórico. Se trata de una tarea muy difícil y poco habitual en nuestra disciplina por obvias dificultades informativas y epistemológicas en relación con modelos que representan coherencia propia y léxicos específicos.

Pero la tarea ha sido posible gracias a la versatilidad e instrumentos metodológicos que posee el autor.

Para limitar el examen solo genérico, ejemplificaré con uno de los autores, Heinz Kohut, con quien tuve un intercambio en Chicago, en 1979, cuando solo se habían traducido pocos trabajos al español, él estaba interesado y pudo concretarse unos años después, pero me interesó introducir su estudio en APA. Podría sostener convencido que sostendría íntegramente la síntesis que realiza Hugo Bleichmar, articulando sus valores e innovación con sus límites.

En cuanto a los límites, puede señalarse que no parecen resultar intrínsecos a la obra, sino que -tanto en el caso de Kohut como en los otros autores examinados, con algunos matices diferentes- en general se produce cuando una obra o esquema de autor pretende un alcance universal y puede volverse monopólica o multiexplicativa. Un ejemplo interesante lo plantea el propio Hugo Bleichmar en Avances en psicoterapia psicoanalítica (1997) cuando sostiene que cierta polémica entre Kohut y Kernberg sobre la clínica, desarrollo y psicopatología del narcisismo, no se debe a una incompatibilidad conceptual que podría ser legítima, sino que ambos universalizan sus hipótesis a una problemática y población que presenta matices diferentes y las posturas de ambos son parcialmente interesantes, pero no universalizables.

El tercer núcleo conceptual del trabajo examinado que pretendo enfocar se refiere a las ilustraciones clínicas. Resulta notoriamente significativo y elocuente. La descripción de cinco viñetas con diferentes problemáticas sintomáticas dominantes (desvitalización, angustias globales, grandiosidad y optimismo invasor, destructividad, narcisismo paranoide o queja y malhumor como rasgos de carácter) se examina en el contexto de las posturas conceptuales del trabajo, particularmente en sus funcionamientos inconscientes y las redes causales que derivan en sus problemáticas y exigen abordajes diferenciales congruentes con lo específico de cada modalidad sintomática y dinamismos de producción.

Concluida esta muy condensada síntesis, espero compartir con los lectores la valoración ya mencionada del texto examinado.

En otro tipo de cuestiones parece de interés resaltar el trabajo publicado en la revista Aperturas Psicoanalíticas titulado “La esclavitud afectiva: clínica y tratamiento de “la sumisión” (Bleichmar, 2008). Aunque no pueda encuadrarse en un marco nosográfico delimitado y preciso, se trata de una problemática que con alcances, magnitudes y vicisitudes muy variadas no es poco habitual en nuestras experiencias clínicas. Podría conectarse con cierto zeitgeist, espíritu de época, en cuanto a la minusvalía vincular, la limitación valorativa de la intimidad o ciertos privilegios del consumo, el exitismo y las aceleraciones en múltiples planos existenciales. Pero el trabajo mencionado, a la par de un examen de tal problemática con una lente psicoanalítica, también resulta una posibilidad del enfoque terapéutico en el ámbito del método psicoanalítico.

Si bien fue publicado en la revista Aperturas Psicoanalíticas, un trabajo sobre “Las crisis de pánico y el enfoque modular” (1999) desearía agregar el complemento y las precisiones ejemplificadora formulados en una conferencia la Asociación de Epistemología del Psicoanálisis (ADEP) (1997).

Intentemos una descripción muy somera del modelo. En las perspectivas psicopatológicas se plantean tres vías y dinamismos diferentes que confluyen en tal sintomatología: los motivos de la angustia, que son examinados por el psicoanálisis clásico; la activación neurobiológica de los mismos, que no es uniforme y presenta notorias variantes individuales; y la captación inconsciente de ambos factores convergentes que también presenta múltiples variantes en función de las historias traumáticas o identificatorias, las creencias matrices pasionales y los dinamismos fantasmáticos de cada sujeto. La convergencia de estos tres factores más cierta configuración cultural (se sostiene una mucho mayor incidencia actual de tales problemáticas) determina las múltiples variantes en la exteriorizaciones clínicas.

En cuanto al abordaje, se sostiene que la utilización de psicofármacos dependerá de las combinatorias sintomáticas.

El tratamiento de las crisis de pánico y el enfoque modular-transformacional (1999). Articulado con las conceptualizaciones mencionadas se formulan enfoques correlativos en el campo terapéutico. Sus propuestas básicas son:

  • Se consideran inadecuados algunos procedimientos del psicoanálisis clásico como la espera de asociaciones, el diván o las modalidades que pueden incrementar la ansiedad.
  • Se propone un clima afectivo participativo con énfasis en las formas tranquilizantes y relativizante de los tremendismos, sobre todo en las primeras épocas.
  • Se cuestionan las modalidades discursivas que introducen vaguedades y ambigüedades -ejemplos: “Y… habría que ver…”  “Esto parece incierto”.
  • Se considera operativo que el terapeuta contrarreste una de las creencias básicas de la problemática panicosa, la noción de self en peligro. En este contexto, puede ser relevante que el terapeuta advierta y señale fortalezas que la persona posee pero no registra.

Aportes en Paneles, Jornadas o Congresos.

De las múltiples participaciones y exposiciones he optado por dos que presencié y me resultaron de notorio interés.

  • El debate con un colega cognitivista sobre un material clínico en el Congreso IPA de New Orleans del año 2004 y que, posteriormente, se publicó en la revista Aperturas psicoanalíticas (Bleichmar, 2004). En un campo tan complejo, con múltiples variantes y posibilidades, que dos colegas de diferente pertenencia referencial pudieran mostrar enfoques congruentes con los mismos sin forzar polémicas ni acuerdos, resultó muy esclarecedor para los asistentes. Además, al generarse un clima de cordialidad y respeto, pudieron clarificarse eventuales diferencias y coincidencias de dos perspectivas conceptuales (con desarrollos propios en los tiempos contemporáneos). El seguimiento de ambos interrogatorios nos resultó complementario de los enfoques de colegas de cada uno de tales campos que plantean el interés de algunos intercambios como puede ser el caso de Irma Bucci (2000) en el campo cognitivo y Westen y Gabbard (2002) en el psicoanalítico.
  • Exposición sobre una reformulación de los trastornos borderline (2014). Se trata de un o de una desgravación de una reunión  en APA, en la que Hugo Bleichmar fue invitado a exponer sobre reformulación de los trastornos bordeline, en el año 2014. Obviamente, solo se pretende una mínima síntesis por el interés del tema y las limitaciones de la versión transcrita. En esta presentación, Bleichmar consideró de interés poner el énfasis en la desregulación emocional, factor que ha sido más descuidado en los exámenes psicoanalíticos. Autores que han estudiado estas cuestiones pusieron el acento en los contenidos temáticos, las defensas o las fantasías inconscientes. La propuesta de Bleichmar incluye la evaluación que llama nivel de operatorias psíquicas, que van más allá de los contenidos procesados. Se trata de registrar una anomalía en el nivel representacional asociativo, consistente en que los estados afectivos se suceden los unos a los otros.

A nivel del abordaje terapéutico, insiste (como en las situaciones de pánico) en la representación del self en peligro, implicando entre los funcionamientos border, sentirse en peligro y expuesto a angustias incoercibles. Las estrategias terapéuticas incluirían crear relaciones de confianza básica, control y contención emocional.

También, mencionó nuevas alternativas que llamó reconsolidación de la memoria (en la reunión se citó el texto Memory reconsolidation de Alberini [2013]).

Se resaltó en el abordaje intentar disminuir el clima de super excitación y posibilitar cambio de conducta en ámbitos sin presencia del analista.

Un importante consenso se ubicó en el aporte actual de las neurociencias. Se sostuvo que las neurociencias pueden iluminar ciertos procesos como aportes, pero no como ciencia piloto, papel que corresponde al psicoanálisis, quien da cuenta de la subjetividad.

Algunas propuestas actuales.

Solo se mencionarán títulos para evitar desbordes o dispersiones informativas.

  • “Una reformulación del duelo patológico, múltiples tipos y enfoques terapéuticos” (2010).
  • “Hacer consciente lo inconsciente para modificar los procesamientos inconscientes,  algunos mecanismos del cambio terapéutico” (Bleichmar, 2006). En este trabajo examina modos del cambio terapéutico diferente pero complementario a las explicaciones tradicionales. Podríamos ubicarlas como indagaciones a nivel micro del vínculo terapéutico en psicoanálisis.

Algunas consideraciones a manera de conclusión provisoria

Creemos que, claramente, podemos concluir que una obra con los contenidos, desarrollos y variantes temáticas y conceptuales como intentamos abordar, no puede resultar sintetizada o esquematizada a la manera de una condensación limitada. Tan solo se trata de mencionar algunos desarrollos de alta potencialidad generativa en el panorama del psicoanálisis contemporáneo. Mencionemos algunos.

Desde una perspectiva global habremos concluido en el modelo modular como ilustración de un sector del funcionamiento psíquico que le permite al operador psicoanalista:

  • Poseer un diseño de variantes motivacionales acordes a los desarrollos actuales de la disciplina, evitando los monopolios causales limitantes.
  • Incluir en los contenidos (módulos) temáticas emocionales específicas abordadas diferencialmente por creadores como Freud y pensadores postfreudianos.
  • Incluir en los módulos variantes psicopatológicas y combinatorias personales más propias de la contemporaneidad.

El modelo enfatiza la necesidad de que las estrategias terapéuticas se articulen con las variantes psicopatológicas, examinadas por el psicoanalista, introduciendo la noción de intervenciones diferenciadas.

  • Psicoterapia de los problemas depresivos (énfasis de los subtipos).
  • Psicoterapia de los trastornos narcisistas.
  • Psicoterapia y evaluación de las cuestiones del masoquismo.
  • Examen y psicoterapia de los funcionamientos agresivos.
  • Psicoterapia de los trastornos superyoicos.
  • Psicoterapia del duelo patológico.

Como podemos registrar, se trata de categorías semiológicas, marcadamente introducidas por los análisis psicoanalíticos, evitando lo que pensadores relevantes (Bleger, 1969) cuestionaban: la absorción por categorías psiquíatricas.

El enfoque modular ha contribuido relevantemente al examen, discriminación metodológica y variantes funcionales de lo que se llama inconsciente en psicoanálisis a partir de Freud y aportes postfreudianos.

  • Extendiendo lo orígenes del inconsciente a zonas y funcionamientos diferentes a los procesos represivos.
  • Introduciendo como originadores del sistema inconsciente estructuras y funcionamientos diferentes, tales como los variados procesos identificatorios.
  • Cuestionando la primacía del significante frente a la relevancia de los significados.
  • Cuestionando la no contradicción como atributo de lo inconsciente en la totalidad.
  • Introduciendo como contenidos inconscientes a estructuras más complejas que las representaciones de cosa y palabra, a las que otorga el status de creencias matrices.
  • Cuestionando el sistema explicativo único del predominio del principio del placer, en distintas posturas psicoanalíticas, que no incorporan lo aportado por Freud (1920): la compulsión a la repetición como sistema causal primario. Así, afirma en su trabajo Angustia y fantasma. Matrices inconscientes en el más allá del principio del placer (1986):

Es aquí donde aparece un punto clave del trabajo, la compulsión a la repetición si está más allá del principio del placer, no es que lo contradiga, sino, porque abarcándolo, lo desborda porque comprende tanto las experiencias que producen placer como las que producen displacer (p.32)

Cuestiona el reduccionismo en nuestra disciplina en múltiples planos.

  • En relación a los esquemas referenciales al examinar y valorar sus aportes, cuando  tienden al unicato explicativo.
  • En relación a la homologación estructura psicológica persona (“la histérica”, “el obsesivo”)

Valora aportes interdisciplinarios en distintos sectores y espacios de producción, pero con énfasis del cuestionamiento a transformarlos en ciencias piloto, para enfatizar su papel de iluminadores de ciertos campos psicoanalíticos.

  • Este papel puede inferirse del texto sobre el narcisismo (Bleichmar, 1981), cuyo subtítulo se plantea como lógica y gramática inconsciente. Ahí, solo para ejemplificar, citemos la conexión entre los enunciados identificatorios introducidos por Piera Aulagnier (1977) en funcionamientos concretos en los sufrimientos depresivos y narcisistas. En general, recordemos solo la interesante mención de la transposición categorial en la que una modalidad singular que sufre un sujeto es trasladada al registro de su identidad global. En el texto citado afirma:

La transposición categorial  que permite entender los enunciados identificatorios de los que habla Piera Auglanier, tiene consecuencias no: como la categoría a la que son transportadas las acciones y atributos que forman parte de las mismas, pero que originalmente intervienen en la transposición (p. 33).

  • En los últimos tiempos, se han hecho menciones, en el caso de las neurociencias, a las teorías sobre la memoria, a los circuitos que reaccionan en las sintomatologías del pánico, a las cuestiones del arousal y la desregulación afectiva en problemática fronteriza.

En cuanto a ciertos funcionamientos de la disciplina que limitan su  desarrollo teórico clínico, mencionamos los límites que imponen los excesos “nosografistas” y la posibilidad de  introducir el término y concepto “dimensión” que resulta más articulable con las variantes de los funcionamientos psíquicos humanos.

Resumiendo, la necesidad de aperturas como estrategia instrumental disciplinaria caracteriza al modelo que pretendemos valorar, así como a su autor e iniciador. Aperturas a lo interdisciplinario, sin monopolios y como aportes a los distintos autores sin universalizar sus contribuciones a lo específico del psicoanálisis indagando la intimidad, interioridad y singularidad emocional humana. 

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Westen, A; Gabbard, G. (noviembre, 2002). Desarrollos en la neurociencia cognitiva. Implicaciones para las teorías de la transferencia. Aperturas Psicoanalíticas, 12. Recuperado de http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000214&a=Desarrollos-en-la-neurociencia-cognitiva-II-Implicaciones-para-las-teorias-de-transferencia
Widlocher, D. (1986). Las lógicas de la depresión. Barcelona, España: Herder Editorial.
Winnicott, D. W. (1975). El proceso de maduración en el niño, estudios para una teoría del desarrollo emociona. Barcelona, España: Editorial Laia.
Wisdom, J. O. (1967). Puesta a prueba de una interpretación en el curso de una sesión”. Revista de Psicoanálisis, 24(2),403-423.

Castilla del Pino. Homenaje

 

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Psicoterapeuta. Psicoanalista. Zaragoza. Gran Vía Y Online. Instagram: @psicoletrazaragoza Website: www.rcordobasanz.es            Teléfono: (+34) 653 379 269

Creo que Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz, 1922), pasará a la historia por su obra de carácter autobiográfico. Sus libros de ensayos y científicos, lúcidos, claros, valiosos, me atrevo a pensar que serán asimilados en otros sobre los mismos temas que sin duda, en muchas ocasiones, aprovecharán sus rigurosas aportaciones. También como médico y profesor ha dejado su huella en multitud de profesionales, contribuyendo a la creación en España de una neuropsiquiatría con criterios científicos e intelectuales novedosos. No es poco. En realidad es mucho. Muy pronto, Castilla, que leyó a Freud en su adolescencia y continuó con otras aportaciones alemanas y francesas, se interesó por las investigaciones norteamericanas en psiquiatría, especialmente en su dimensión psicosocial (George H. Mead, Gordon Allport), y por autores como Durkheim, el joven Marx, Simmnel, Max Weber, Karl Mannheim y otros, cuyas huellas son visibles en varias de sus obras primeras, como Un estudio sobre la depresión (1966), La culpa (1968) y La incomunicación (1970). En 1954 había comenzado, de manera paralela a la dirección del dispensario, a pasar consulta como psicoterapeuta. Estas memorias permiten una lectura plural de diversas disciplinas: historia de la Guerra Civil Española, historia social, historia moral, médica, académica, etcétera. Me detendré sólo en algunos aspectos tanto de la obra como del personaje con el fin de trazar un posible perfil, una visión sin duda parcial, de esta memoria y su autor.
     Castilla del Pino quiere recordarlo todo. Quiere recordar a la persona, el lugar, la indumentaria, lo que se dijo, y la concatenación de cosas y procesos de esto y lo otro. Sin memoria no hay vida humana, de hecho somos porque recordamos. Los hindúes relacionan acertadamente el olvido con la muerte. Ahora bien, la memoria individual (no la memoria depositada en las bibliotecas y en los bancos de datos) está construida, moldeada, por el olvido. Para caminar hay que dejar los senderos que se abren hacia los lados. Castilla del Pino tuvo, desde muy joven, una clara conciencia de que iba hacia algún lugar, de que vivir su vida era cumplir un proyecto, el suyo, el de ser: un devenir marcado por el empeño. Era orteguiano antes de leer a Ortega y Gasset, y cuando en 1996 terminó el primer volumen de sus memorias, Pretérito imperfecto (1997)1, cumplió con la preceptiva biográfica de trazar los rasgos y los desafíos de una fuerte vocación. Es evidente que Castilla del Pino no ha recordado todo en los dos gruesos volúmenes de sus memorias; no me refiero a todo lo que ha conformado su vida, sino a lo que ha seleccionado. Hay personas o aspectos de su vida a las que voluntaria o involuntariamente ha dedicado una atención mínima, esquemática; aunque también es cierto que no creo que haya dejado nada importante de lado. Su memoria es rigurosa, valiente, seria, asistida por un vocabulario muy exacto y rico. La presencia mayor, en el orden histórico, es la de la Guerra Civil y sus consecuencias, y la recurrencia más honda, el número y las circunstancias de los asesinados desde el comienzo del alzamiento en 1936 hasta los años de posguerra, de los que —como ha insistido el historiador británico Paul Preston— aún desconocemos las cifras exactas, mayores de las que hasta hace pocos años se conjeturaban. Pero no sólo la estadística, sino los aspectos biográficos y morales de esas muertes y de los que estuvieron implicados en ellas, ha formado parte de su preocupación constante. En el orden personal —quiero decir, en el de la construcción del sujeto—, destaca, y casi con la misma intensidad que lo mencionado, su vocación médica, unida ésta insoslayablemente a su dimensión social, política y académica.
     Quiero añadir algo sobre el ejercicio de memoria de Carlos Castilla: por un lado, al haber procedido a lo largo de su vida como un historiador que ha guardado minuciosamente (en su memoria y fijados en documentos) datos relevantes y, también, banales, ha contribuido, con esta biografía (que considero de las dos o tres más importantes que se han publicado en España en cualquier época, y en principio, aunque de otro orden, sólo pienso en Los Baroja, de Julio Caro), a la historia política, a la sociología, al estudio de las costumbres de un determinado periodo histórico español, además de a los entresijos académicos y clínicos de la psiquiatría española, sin olvidar que son, también, el retrato de un personaje.2 En otro extremo, abunda en ocasiones en datos que sólo sirven a la psicología del autor (quiero decir, quizás, a la manía del autor) y que una buena narración biográfica ha de dejar a un lado. ¿Qué importancia puede tener dentro de la obra que uno de sus profesores tomara un café con leche con "tres galletas María"? Pongo un ejemplo entre muchos: Castilla del Pino lo escribe porque lo recuerda (estoy seguro de que fueron tres y no dos), y ese tic dice algo de su psicología, pero el dato es prescindible. En el segundo volumen, Casa del olivo (2005), que cuenta fundamentalmente su vida en Córdoba, ya establecido como médico y luchando por el acceso a la cátedra, ese tipo de recuerdos continúa y quizá se justifiquen por el tipo de narración propia de un realismo minucioso. Creo entender que esos excesos mnemotécnicos, que caracterizan al autor por el uso que hace de ellos, están dinamizados por los sucesos traumáticos que contaré enseguida.
     Dos hechos son centrales en la formación de la psicología y la vida de Castilla en esta primera etapa: siendo todavía niño, su padre enfermó de un grave enfisema cuya insuficiencia respiratoria le afectó el corazón. En vez de compartir su esposa la habitación con él y atenderlo, ésta hizo que el niño durmiera en la misma habitación de su padre; en definitiva: lo forzó a ser testigo de la enfermedad y agonía paternas (su padre muere en 1933 mientras él reside, desde 1932, como estudiante en un internado en Ronda). Castilla no analiza con detenimiento esta decisión materna, pero es obvio que marcó su vida. A esto hay que añadir que su padre tenía claros proyectos para él: que fuera arquitecto y que se desentendiera de la música, a la que era aficionado (como su madre). Pero ha sido y es neuropsiquiatra y melómano. Y en contra de su pasión por conservar papeles y cosas, el joven Castilla del Pino fue deshaciéndose de todas las cartas que recibía de su padre, hecho difícil de interpretar, como él mismo advierte, pero apunto una hipótesis, quizás no del todo descabellada: su padre, desde su enfermedad y sobre todo desde que le obliga su madre a ser testigo de ella en su propio cuarto, acentúa su conciencia de la pérdida, de la muerte, del muerto que alguna vez, muy pronto, va a ser su padre. De alguna forma, guardar sus cartas (que tratan de aleccionarlo, entre otras cosas, en otro proyecto personal) era seguir compartiendo la memoria de su agonía. En cuanto a la relación de su madre con la muerte, hay otro dato relevante que enriquece lo mencionado. A petición de su hijo, de doce años y con gran vocación ya entonces por la medicina (había leído un poco antes La historia de San Michele, de Axel Munthe, y sobre todo las memorias de Ramón y Cajal, Recuerdos de mi vida, que fueron claves en su decisión), intercedió con un médico de San Roque para que le dejara presenciar las autopsias. Estamos en un pueblo de España en 1934, y no es necesario que me detenga en detalles (que sí se encuentran en la obra de Castilla) sobre lo que supone asistir a esas escenas. Piénsese que ese niño no había visto aún a ninguna persona mayor desnuda, pero que pronto va a contemplar sus vísceras y va a ayudar a abrir algunos cráneos. El segundo acontecimiento traumático, ahora de orden personal tanto como histórico, sucede el 27 de julio de 1936: al iniciarse la sublevación franquista, dos tíos suyos y un primo fueron fusilados en la calle, casi en presencia suya, por milicianos pertenecientes a la CNT y a la FAI. Uno de sus tíos era su tutor desde la muerte de su padre. El muchacho oyó los tiros y logró salir de la casa materna y ya en la calle contempló los cuerpos de sus familiares desangrándose. Apenas si habla de su reacción anímica; de hecho, el autor apenas si se detiene a lo largo de su vida, y acaso éste sea uno de los rasgos de su personaje. Distanciamiento de lo afectivo y enorme capacidad clasificatoria, dominio de sí, apuesta irrenunciable por razonarlo todo. No hace mucho, con motivo de la salida de su segundo volumen, Casa del olivo, le oí entrevistado por la radio, y ante una pregunta un tanto escéptica de por qué nos equivocábamos tanto, Castilla del Pino respondió enseguida: "Porque sentimos", atribuyendo tal vez al ejercicio de la razón una actividad de tipo lógico despegada de los afectos (en su sentido profundo), algo que quizá sólo sea posible en ciertas investigaciones científicas. Creo que el filósofo y también memorialista Julien Benda (1867-1956) no hubiera dicho otra cosa. De hecho, Benda rectifica el famoso adagio de Pascal sobre las razones del corazón de la siguiente forma —que tal vez el autor de Teoría de los sentimientos3 encuentre acertada—: "El corazón tiene sus motivos que la razón desconoce". Pero en este mismo libro citado encontramos en realidad una concepción que lo aleja de Benda y de lo que dijo improvisadamente: "En el orden psicológico, hay muchas diferencias en la esfera cognitiva de los seres humanos, que se traducen en variaciones de nuestras aptitudes y capacidades intelectuales, pero los sentimientos son los que nos distinguen en tanto que sujetos para una relación irrepetible." ¿Somos irrepetibles por nuestros errores? Tal vez en esta tensión hay una confesión inadvertida: la necesidad contradictoria de poner a buen recaudo los sentimientos y, al mismo tiempo, de darlos razonablemente razonados. En el segundo volumen de sus memorias, Castilla cuenta algo significativo que tiene que ver con el bloqueo emocional ante la muerte de sus familiares. Había heredado de su tutor una pluma fuente que utilizó durante sus estudios en Ronda, luego en sus tiempos universitarios de Madrid, y siguió usándola en su trabajo. Un día, al poco de casarse, a su mujer de entonces, Encar, tras pedirle la pluma para firmar algo, ésta se le desprendió de la mano y cayó a una estufa, donde se derritió al instante. Todavía cuando escribe, con ochenta años, dice: "Fue un trauma tan doloroso que aún no me he recuperado de él". Parece obvio que hubo un desplazamiento afectivo, pero ¿por qué?
     De cualquier forma, este amor por el razonamiento crítico y la clasificación, así como la indiscutible inclinación moral de Castilla (amor por la justicia y por la verdad), le llevan muy pronto a distanciarse del régimen franquista, de hecho antes de que acabara la guerra. Castilla lo explica no como una reacción política sino "estética, intelectual", visto el fenómeno desde la madurez del narrador. Dicho con otras palabras, la retórica franquista le pareció indefendible, a pesar de que él no era por entonces republicano y de que gente de la República había asesinado, casi ante sus ojos, a tres familiares muy cercanos. De aquí surge una línea que luego trataré de enriquecer con los datos que aporta nuestro autor, y que me lleva a ver a Castilla del Pino como un superviviente empeñado en no dejarse arrebatar su vida ni, sobre todo, lo que esa vida quiere, lo que quiere ser. De esa fecha, cuando tenía doce años, es la fantasía de tener un estudio-vivienda bajo tierra, una especie de sótano muy profundo al que se descendía por una escala que podía retirar, y en cuya sala habría una gran biblioteca, una mesa y un sofá. Posteriormente y durante treinta años, el autor tuvo su biblioteca y cuarto de trabajo en el sótano de su casa, y actualmente (la metáfora se invierte) en el tercer y último piso de una casa de campo. Ese sótano es una tumba, un lugar que no se comparte con nadie, totalmente aislado, pero es, por otra parte, el lugar —gracias a los libros— a través del cual accede al mundo, o más bien: desde donde lo estudia. Por un lado: una verdadera pasión por la historia, casi exclusivamente por la historia de España en el periodo que le ha tocado vivir, y dentro de ella por la Guerra Civil y sus consecuencias; a lo que hay que añadir una alta sociabilidad y un interés grande, no sé si por amigos muy particularizados e íntimos o por una amplia variedad de seres humanos, en la que se incluyen muchos de sus pacientes. Por el otro, la necesidad de aislamiento, manifestada incluso por una fantasía recurrente: tener su habitación a quince metros bajo tierra. En una presentación en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, alguien citó el segundo volumen, no intencionadamente, como Casa del olvido, rectificando enseguida. ¿Podría tener ese espacio de la memoria una dimensión de olvido? ¿Una búsqueda de olvido? ¿Una abolición de la muerte? Quizás no: Castilla se aísla, o quiere aislarse, tal vez como de niño se acercaba a los cuerpos, convirtiéndolos en objetos para neutralizar su pregunta emocional. A veces, como veremos, las respuestas personales que da a las muertes de sus cinco hijos carecen de emoción, aunque no de valor y de reflexión moral; también son expresión de su sincera perplejidad, en la que no deja en ningún momento de confesar su limitación como educador y padre. Informaré al lector que una de sus hijas se suicidó, dos hijos murieron de sida (tras algunos años de excesos alcohólicos y heroína), uno más por accidente de tráfico y el quinto, su hija mayor, a causa de un cáncer de colon del que no quiso intentar curarse. En ningún momento, que yo recuerde, reflexiona sobre el hecho de que su ausencia de deseo de tener hijos, que afecta también a su mujer, Encar, quizás fuera algo que sus propios hijos percibieran desde muy pronto. Más que las explicaciones sociopsicológicas que aduce —sin duda pertinentes, pero parciales—, creo que lo que cualquier hijo siente es si es querido o no, y Castilla mismo dice que sus actividades con ellos no eran espontáneas, sino que las realizaba por puro deber. De hecho, aunque dos de ellos viven aún —por un extraño amor a la verdad, cuya semejanza con Benda, de nuevo, es evidente—, no recuerdo que dé noticias de ellos, y no duda en declarar a la prensa que no quiso tener hijos, que eran un obstáculo para su plan de vida, pero que tardó en darse cuenta. Sin embargo, a pesar de que no quisieron tener hijos, entre 1952 y 1958 tuvieron siete. Curiosamente, Castilla ha conseguido realizar también ese deseo primero, aunque no haya querido que ocurriera así: en la actualidad está nuevamente casado, no ha tenido hijos con su segunda mujer y vive tal como había proyectado. Pero dejemos ese tema, por lo delicado, a pesar de que no es precisamente algo anecdótico en su biografía. Pocas cosas relacionadas con el empeño de ser se le han resistido a este hombre, pero ¿es verdad, como afirma, que la felicidad estriba en cumplir lo que se quiere ser? Tengo mis dudas. Creo que es una afirmación excesivamente racionalista; porque nadie sabe del todo lo que quiere ser y tampoco si, una vez conseguido, le va a resultar tan placentero. Hay que añadir que el cumplimiento de nuestros deseos a veces significa la negación de los del otro. Uno quiere ser, qué duda cabe, y Spinoza afirmó de manera memorable la perseverancia de todo lo que es, pero la historia cambia (nuestra historia cambia). El que desea no es una criatura prístina, aunque es cierto que nos pasamos la vida tratando de responder las preguntas iniciales. De cualquier forma, parece evidente que Castilla del Pino ha logrado, a pesar del periodo histórico que le ha tocado vivir (las tensiones sin cuento de la República, la guerra y la interminable dictadura franquista), conducir su vida hacia su proyecto intelectual y emocional, queriendo su querer y luchando por transformar el medio que le ha tocado en suerte.
     La sociopsiquiatría de Castilla del Pino es muy coherente con su psicología y con las inclinaciones de sus preocupaciones intelectuales. Para Castilla, lo ocurrido durante la Guerra Civil e inmediatamente después alcanza no sólo a los ejecutores sino, desde un punto de vista moral tanto como psicológico, a los que permitieron que esos crímenes pudieran darse, a los cómplices en un grado u otro. No es posible, afirma, ser impune. De hecho, su primer libro, Un estudio sobre la depresión, es en alguna medida el resultado de esa reflexión, de cómo la culpa social (resultado de ese periodo histórico) influye en la vivencia anímica, biográfica, del individuo. Su extensa experiencia médica le hizo pensar en la responsabilidad que los poderes políticos (y religiosos) tenían en los padecimientos personales. Al fin y al cabo no hay individuo sin sociedad, aunque algunas sociedades pretendan acabar con sus individuos (en aquello que tienen de irreducibles precisamente). De aquí su politización, cercana en un principio al Partido Comunista (sin creer en la URSS primero ni en la Cuba de Castro después) y, más tarde, al PSOE. En otro sentido, Castilla se ha desvelado porque la memoria de los que sufrieron tales atrocidades no se desvanezca sin dejar testimonio de las mismas. Hace poco escribió Jorge Semprún un bello texto sobre los campos de concentración nazi (él estuvo, como se sabe, en Buchenwald hasta 1945) en el cual era evidente su temor a que en breve ya no quedaría nadie vivo que pudiera ser memoria de aquel horror. Castilla sabe que la memoria también se hereda (es una educación, una moral) y lo importante es mantenerla viva aunque no sea uno el testigo de lo recordado.
     El mundo de Castilla del Pino (el que aparece en sus memorias, no excluyo que pueda haber otros), es un mundo español, y me atrevería a decir que con sólo personajes españoles. Es cierto que aparecen nombres de colegas extranjeros, pero forman parte de repasos curriculares. Los retratos, hechos con agudeza y sentido del equilibrio, corresponden a López Ibor, Sarró, Pedro Laín, Castellet, Sacristán, Jesús Aguirre, Ricardo Gullón, José Luis Aranguren, Rafael Alberti, Juan Bernier, Julio Aumente, Javier Pradera, Luis Martín Santos, Felicidad Blanc, a los que hay que sumar otros esbozos o perfiles, no menos importantes, de personas menos conocidas, o desconocidas del todo, del mundo social. Vale la pena citar algunas líneas, que, obviamente, deforman la visión total, pero son veraces en su parcialidad: Benet: "tenía una imperiosa necesidad de exhibir su displicencia [...] un gran y casi permanente actor (lo digo sin ninguna connotación peyorativa)". Pradera: "Como víctima de su carácter, Javier Pradera ha sido un dilapidador de afectos. Si se le quiere, muchas veces es a pesar suyo". Aguirre: "en Jesús podía uno detectar actitudes de seriedad y entrega y, poco después, en un grupo más amplio, aparecer como un exhibicionista compulsivo". Blanc: "Probablemente, el infierno de su relación con Panero y con sus hijos acabó endureciéndola. Nunca usó su sufrimiento para justificarse. Y pagó con el desprecio, aunque tardío, a quienes se lo provocaron". Además de su evidente interés por su disciplina profesional, la historia social de España tiene una presencia central. Y dos artes: la música y la literatura, aunque lamentablemente nos ha dejado aquí muy poco sobre sus gustos y opiniones literarios (¿por qué no decirnos en siete u ocho páginas lo que le gusta, no le ha parecido importante en la construcción biográfica?). Es evidente su amor por la tradición novelística de tipo realista que va de Balzac a Tolstoi. Así como su amor por Proust y Thomas Mann. Hace unos meses declaró a Juan Cruz: "ya no impactan tanto los libros... Eso fue hasta los 18 años, Goethe, Dostoyevski". Quizá sea otra de sus frases contundentes, pero alguna significación tendrá lo dicho: ¿Ya estaba formado su gusto entonces? ¿Y su sensibilidad había dejado de ser impactantemente receptiva en cuanto a lecturas? Es extraño, porque, a pesar de su pasión lectora, estoy seguro de que a esa edad no había leído a muchos de los grandes clásicos. En fin, entre los españoles del siglo XX, un nombre va y viene, Pío Baroja. Las ausencias son la poesía y la pintura. En cambio está su amor por la naturaleza, especialmente por los árboles. También por algunos animales, sus perros, hacia los que expresa sentimientos intensos. En algunas líneas en las que habla de árboles (algunos plantados por él mismo) se transparenta una nostalgia interesante, no del pasado sino —acéptese la paradoja— del futuro, y también es fácil constatar en ese ánimo la vislumbre de la soledad humana en contemplación de un mundo (el natural) que ignora precisamente ese vínculo.
     Castilla del Pino detesta la impostura. Su decidida apuesta moral ha marcado su vida, y creo que se puede deducir de sus memorias que es un hombre honesto y valiente. En este sentido, la imagen que la lectura de sus memorias me deja es la de alguien a quien se puede mirar de frente y de quien —en cualquier circunstancia, pero también en las difíciles— uno se podría fiar. Quizás porque, hasta donde le ha sido posible —y nadie es transparente ni para los otros ni para sí mismo— ha sabido pensar su vida. Creo que su reflexión es un ejemplo algo inusual en la literatura intelectual española, asistidos como estamos por la tendencia al compadreo y a disculparnos, cínicamente, nuestras debilidades. Si nuestro pensamiento crítico es débil, nuestra memoria no lo ha sido menos. Pero la memoria crítica de Castilla del Pino corrige esta ausencia. Al mostrarnos lúcidamente su vida y una parte de la vida social y política del siglo XX español, Carlos Castilla del Pino también permite vernos mejor a nosotros mismos, saber lo que hemos sido y, así, lo que podemos ser.-

martes, 1 de junio de 2021

Winnicott. El brillante pediatra juguetón

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía y Online. Teléfono: (+34) 653 379 269.                    Instagram: @psicoletrazaragoza.                Website: www.rcordobasanz.es

Winnicott al igual que todos los psicoanalistas teóricos y clínicos, está interesado en conocer los procesos y fenómenos involucrados en la constitución, desarrollo y funcionamiento que ocurren en el aparato psíquico de un individuo, así como también sus posibles patologías (Stutman, 2017).

A lo largo de su carrera, Winnicott desarrolla un pensamiento propio de gran relevancia en el ámbito psicoanalítico, a partir de diversos conceptos provenientes tanto de la influencia kleiniana como de posturas más ortodoxas dentro de la obra psicoanalítica. Concuerda con que gran parte de los trastornos psicoemocionales de los niños encontraban su origen en la primera infancia. No obstante, su explicación acerca de la causa de estos trastornos no la localizó en el complejo de edipo; su explicación al respecto se basa en las experiencias vinculares de los primeros meses de vida (Naxete, 2017).

Uno de los grandes aportes de Winnicott es profundizar en el conocimiento sobre el desarrollo psíquico del bebé. Su teoría queda expuesta en su publicación de 1945, “Desarrollo emocional primitivo”.

Su obra se centra en la relación diádica madre-hijo, considerando al padre un sostén para el mantenimiento del núcleo familiar. La madre es una figura fundamental en el desarrollo psicológico del menor, siendo la conducta emocional de ésta la que va a determinar si el el bebé puede alcanzar su verdadero self al servirle de yo auxiliar (Castillero, 2017).

“no existe bebe sin su madre”

Su teoría contempla varios aspectos:

a. No-integración y dependencia absoluta

Esta emocionalidad primitiva correspondería al estado del niño al nacer, encontrándose en un estado de no integración y de dependencia absoluta con la madre o figura sustituta, de quien requiere sus cuidados para sobrevivir. Winnicott explica que el individuo al nacer se encuentra en una relación de dependencia absoluta con su madre y en la medida que va creciendo se dirigirá hacia una forma de ser personal con características únicas. Esto último ocurrirá en la medida que la madre-ambiente lo facilite y lo haga posible (ambiente facilitador).

b. “Madre suficientemente buena”

Continuando con su teoría del desarrollo, Winnicott reflexiona acerca de lo fundamental de la existencia de un ambiente facilitador y de una madre suficientemente buena. Serían estos dos conceptos cruciales al intentar explicar los requisitos necesarios para que el bebé se desarrolle saludablemente. Lo suficientemente buena implica fallos y pequeños lapsos de ausencia inevitables en un comienzo, que frustrarán mínimamente al bebé, pero que contribuirán a su desarrollo psíquico. Las ausencias muy breves (no poder recurrir automáticamente a la satisfacción inmediata del bebé) o los fallos pequeños (no siempre conocer la razón del llanto o demanda de su hijo) progresivamente permitirán que se incorpore la continuidad existencial del objeto y del sí mismo, es decir, poco a poco el bebé logra tolerar estos fallos y ausencias sin la sensación de desgarramiento inicial, pues va incorporando el hecho de que la madre siempre estará y él no se desintegrará ante la frustración (Naxete, 2017).

La ruptura o interrupción de la continuidad existencial puede conllevar grave psicopatología en el futuro, por lo que el exceso de frustración (falla o ausencia exagerada de la madre) resulta nocivo para la continuidad indemne del desarrollo. En otras palabras, es la madre la que otorga la continuidad del existir, de lo contrario surge una angustia insoportable, una angustia de carácter psicótica. Son las defensas a esta angustia lo que da lugar a distintas patologías, impidiendo el gradual aumento de la integración del sujeto, la que como ya dijimos surge desde el estado de dependencia absoluta, si la madre-ambiente así lo permite.

c. Funciones maternales

Holding y Handling

Otro aspecto que toma muy en cuenta es el holding o conducta de sostenimiento de la madre hacia el bebé, que permite que este adquiera seguridad y que se siente amado permitiendo que integre la representación de sí mismo y de los demás (Castillero, 2017).

En la medida que esto ocurre, el psiquismo del bebé va alcanzando mayores niveles de integración y personalización. En la medida que transcurre el tiempo y se van dando los requisitos mencionados, el bebé va percibiéndose como una unidad cada vez más diferenciada de la madre, comprendiendo además que su cuerpo le pertenece, lo cual implica la integración además de su propio esquema corporal, reconociendo que hay sensaciones que son sólo de él. Para esto último, es esencial el handling de la madre, es decir la manipulación que hace del cuerpo de su bebé al bañarlo, cambiarlo, vestirlo, entre otros lo cual responde a la correspondencia entre fantasía y realidad, en la medida que la madre pueda adaptarse a las necesidades bio-emocionales del bebé. Poco a poco devendrá la desadaptación gradual que permitirá el ingreso del principio de realidad al psiquismo del bebé (Naxete, 2017).

Presentación objetal

Es el modo de presentación del objeto, accesibilidad, disponibilidad, posibilidades de manipulación y utilización, que determinan cómo se le presenta la realidad al bebé (Riveros, 2013):

· El bebé (siempre posibilitado por la madre) comienza a relacionarse con el mundo a través de determinados objetos.

· La madre provee al bebé los elementos de la realidad con qué construir la imagen psíquica del mundo externo (juguetes y objetos de apego).

d. Ilusión de Omnipotencia

Una vez que se dan las variables anteriores y el niño logra la integración del sí mismo y se apropia paulatinamente de su esquema corporal, desarrolla una ilusión de omnipotencia. El niño por tanto fantasea con que él es capaz de crear a los objetos que lo satisfacen. En este proceso necesario marcado por la ilusión de omnipotencia, el bebé cree que la madre siempre estará o aparecerá cuando él lo necesite. Esto último también es fundamental para el desarrollo de un psiquismo sano, es decir, el bebé debe estar en una posición de satisfacción tal, que le permita fantasear con su omnipotencia en relación a los objetos.

Será por tanto esta ilusión de omnipotencia la que creará el objeto (pecho-madre que aún no están diferenciados de la unidad psique-soma del bebé) al que luego con el tiempo y la personalización podrá amar como objeto diferenciado. Lo cual compete a la fantasía y realidad, en la medida que la madre pueda adaptarse a las necesidades bio-emocionales del bebé, poco a poco devendrá la desadaptación gradual que permitirá el ingreso del principio de realidad al psiquismo del bebé.

Fases del desarrollo psíquico

Winnicott establece que a lo largo del desarrollo el ser humano pasa por diferentes fases, existe en un primer momento una dependencia absoluta del bebé hacia los progenitores en la que no es capaz de contener la angustia, para a partir de los seis meses empezar a ser consciente de la necesidad de éstos y sus cuidados y a expresar su necesidad, hasta que finalmente se va avanzando hacia una independencia cada vez mayor (Castillero, 2017).

lunes, 31 de mayo de 2021

Nietzsche Vitalista

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo, Psicoterapeuta, Psicoanalista. Zaragoza. Teléfono: (+34) 653 379 269 rcordobasanz@gmail.com Gran Vía Y Online Website: www.rcordobasanz.es


Vitalismo

Se llama vitalista a toda teoría filosófica para la que la vida es irreductible a cualquier categoría extraña a ella misma.

      Este término es poco preciso pues con él nos referimos a teorías filosóficas muy distintas, con el único elemento común de reivindicar la vida como una realidad singular que no puede ser entendida en términos ajenos a ella. Aunque algunos autores señalan la presencia de teorías vitalistas anteriores al siglo XIX, es más común situar estas doctrinas en la segunda mitad de ese siglo y primeras décadas del XX. Centrándonos en este período, podemos establecer dos grandes líneas del vitalismo:

1)  El vitalismo en la ciencia: con el triunfo de las ciencias naturales, a partir de la Edad Moderna, muchos autores consideraron que los fenómenos vitales podían ser explicados en términos materiales; el punto de vista mecanicista dominante sugería que podemos entender a los seres vivos a partir de la comprensión de los fenómenos fisico-químicos y que la vida no representa un nivel de realidad cualitativamente distinto de la realidad inorgánica. Frente a este punto de vista, algunos biólogos creyeron que existe una diferencia esencial entre los seres orgánicos y los no orgánicos y que los primeros no pueden ser reducidos a los segundos. Estos científicos postularon la existencia de un principio propio en los seres vivos, principio responsable de su comportamiento finalista y de las distintas actividades vitales, por lo que consideraron que los fenómenos vitales no pueden explicarse mediante las leyes de la física y la química. Este principio irreductible a términos mecánicos y fisico-químicos recibió distintos nombres: “fuerza vital” (Claude Bernard, 1813-1878), “fuerza dominante” (Johannes Reinke, 1849-1931), “entelequia” (Hans Driesch, 1867- 1941).

2) El vitalismo en la filosofía: en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX encontramos importantes filósofos que desarrollan toda su filosofía a partir de la reflexión relativa a la vida. Dentro de esta línea del vitalismo se suelen distinguir también diversas corrientes en función de su concepto de vida. Es habitual señalar al menos dos formas de entender la vida: la vida en el sentido biológico y la vida en el sentido biográfico e histórico:

  • la vida en el sentido biológico: este concepto subraya el papel del cuerpo, los instintos, lo irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia. El vitalismo de Nietzsche se incluye en este grupo;

  • la vida en el sentido biográfico e histórico: pero también podemos referirnos a la vida como conjunto de experiencias humanas dadas en el tiempo, tanto en su dimensión personal o biográfico como en su dimensión social o histórica. La filosofía de Ortega y Gasset se incluye en este grupo. Ortega utilizará las categorías de la vida entendida de este modo (vivencia, teoría de las generaciones, perspectiva) para el desarrollo de su filosofía.

      El vitalismo en filosofía se presenta como una doctrina contraria al racionalismo. Los conceptos más importantes alrededor de los que gira la filosofía vitalista son: temporalidad, historia, vivencia, instintos, irracionalidad, corporeidad, subjetividad, perspectiva, valor de lo individual, cambio, enfermedad, muerte, finitud... 

      Se puede entender la totalidad de la filosofía de Nietzsche como el intento más radical de hacer de la vida lo Absoluto. La vida no tiene un fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma. Y la vida entendida fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. La vida como creación y destrucción, como ámbito de la alegría y el dolor. Por esta razón, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la ética a partir de su oposición o afirmación respecto de la vida.