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Paz y Ciencia
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lunes, 31 de mayo de 2021

Nietzsche Vitalista

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo, Psicoterapeuta, Psicoanalista. Zaragoza. Teléfono: (+34) 653 379 269 rcordobasanz@gmail.com Gran Vía Y Online Website: www.rcordobasanz.es


Vitalismo

Se llama vitalista a toda teoría filosófica para la que la vida es irreductible a cualquier categoría extraña a ella misma.

      Este término es poco preciso pues con él nos referimos a teorías filosóficas muy distintas, con el único elemento común de reivindicar la vida como una realidad singular que no puede ser entendida en términos ajenos a ella. Aunque algunos autores señalan la presencia de teorías vitalistas anteriores al siglo XIX, es más común situar estas doctrinas en la segunda mitad de ese siglo y primeras décadas del XX. Centrándonos en este período, podemos establecer dos grandes líneas del vitalismo:

1)  El vitalismo en la ciencia: con el triunfo de las ciencias naturales, a partir de la Edad Moderna, muchos autores consideraron que los fenómenos vitales podían ser explicados en términos materiales; el punto de vista mecanicista dominante sugería que podemos entender a los seres vivos a partir de la comprensión de los fenómenos fisico-químicos y que la vida no representa un nivel de realidad cualitativamente distinto de la realidad inorgánica. Frente a este punto de vista, algunos biólogos creyeron que existe una diferencia esencial entre los seres orgánicos y los no orgánicos y que los primeros no pueden ser reducidos a los segundos. Estos científicos postularon la existencia de un principio propio en los seres vivos, principio responsable de su comportamiento finalista y de las distintas actividades vitales, por lo que consideraron que los fenómenos vitales no pueden explicarse mediante las leyes de la física y la química. Este principio irreductible a términos mecánicos y fisico-químicos recibió distintos nombres: “fuerza vital” (Claude Bernard, 1813-1878), “fuerza dominante” (Johannes Reinke, 1849-1931), “entelequia” (Hans Driesch, 1867- 1941).

2) El vitalismo en la filosofía: en la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX encontramos importantes filósofos que desarrollan toda su filosofía a partir de la reflexión relativa a la vida. Dentro de esta línea del vitalismo se suelen distinguir también diversas corrientes en función de su concepto de vida. Es habitual señalar al menos dos formas de entender la vida: la vida en el sentido biológico y la vida en el sentido biográfico e histórico:

  • la vida en el sentido biológico: este concepto subraya el papel del cuerpo, los instintos, lo irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia. El vitalismo de Nietzsche se incluye en este grupo;

  • la vida en el sentido biográfico e histórico: pero también podemos referirnos a la vida como conjunto de experiencias humanas dadas en el tiempo, tanto en su dimensión personal o biográfico como en su dimensión social o histórica. La filosofía de Ortega y Gasset se incluye en este grupo. Ortega utilizará las categorías de la vida entendida de este modo (vivencia, teoría de las generaciones, perspectiva) para el desarrollo de su filosofía.

      El vitalismo en filosofía se presenta como una doctrina contraria al racionalismo. Los conceptos más importantes alrededor de los que gira la filosofía vitalista son: temporalidad, historia, vivencia, instintos, irracionalidad, corporeidad, subjetividad, perspectiva, valor de lo individual, cambio, enfermedad, muerte, finitud... 

      Se puede entender la totalidad de la filosofía de Nietzsche como el intento más radical de hacer de la vida lo Absoluto. La vida no tiene un fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma. Y la vida entendida fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. La vida como creación y destrucción, como ámbito de la alegría y el dolor. Por esta razón, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la ética a partir de su oposición o afirmación respecto de la vida.


miércoles, 14 de abril de 2021

Nietzsche: Nihilismo Activo

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza -Gran Vía 32- Presencial y Online. IG: @psicoletrazaragoza Página Web: Contacta 

Está el nihilismo ruso, ejemplificado por Turgueniev en un relato mediante un soldado que dice ¿para qué?, arroja la bayoneta, se tira en el suelo y dice: que le den a la Madre Rusia, al Zar, y a mí mismo, no hay nada que hacer. Es un nihilismo deprimido y deprimente: la conciencia de la ausencia de Dios, la sospecha de que Dios es un error que ha cazado nuestra conciencia (y por lo tanto ya no nos podemos dejar engañar por sus seducciones) abate al individuo. Pero también está el nihilismo activo, el que trae Nietzsche con prosa indomable y martillazos: es el que dice, no hay Dios, eso está claro, pero ¿quién ha dicho que nos hace falta para algo? ¿quién ha dicho que no es más que suficiente todo este manantial lleno de vida? Y lo que se propone es dejar de preguntarse por el ser, para proclamar el vivir. No se deprime porque no haya nada al otro lado del tiempo -es más, es capaz de inventarse la bonita fábula del eterno retorno-, sino  que muy al contrario encuentra que esa nada es un impulso adorable para la celebración del vivir, hasta el punto de que le da la vuelta a todos los molestos conceptos que fueron encapsulándolo -reglas morales, costumbres, blablablás- y transforma el cuento en canto. Es un poeta, y sabe bien que fue un poeta (Lucano, Farsalia) el que escribió: No necesito a los dioses, pero los dioses me necesitan a mí.

Ilustración: Óscara Sarramia

Nietzsche es tan grande que le pasa lo que sólo le pasa a los grandes: puede tener de discípulos a escritores que no sólo no tienen nada que ver unos con otros, sino que se dirían antónimos. A Cervantes le pasa: Julián Ríos, y su chorro de juegos de palabras, puede reclamar su ascendencia tanto como Andrés Trapiello. Se diría que su fuerza y su pensamiento eran tan totales que bajo sus alas cabe lo mismo el nazi que entiende que el vaticinio del superhombre le está exigiendo que se arme hasta los dientes y empiece a estudiar genética, como el epicúreo que, saltándose los párrafos más feos y los más violentos, encuentra en sus martillazos un sensacional canto del mundo, una celebración constante. De él, en fin, podría decirse lo que se dijo de Platón: que toda la filosofía posterior no era más que una serie de notas a pie de página de su obra.

Tras muchos años buscando su manera particular de enfrentarse a la realidad como filósofo, como poeta, Nietzsche encontró su género: el aforismo. Escribía en mármol, aunque harían falta muchas canteras para contener todo su pensamiento, sus felices hallazgos, sus colosales imprudencias, sus decisivas impresiones. La editorial Renacimiento acaba de recuperar, con un excelente y limpísimo prólogo de Manuel Neila, la vieja edición de Luis Pietrafesa de los Aforismos de Nietzsche. Es un libro inagotable. Pietrafesa dice en su nota preliminar, en la que subraya el anticristianismo de Nietzsche, que no hubo hombre más parecido a Cristo que el propio Nietzsche. Cristo, nos dice, prometía un cielo tras la estancia en la tierra, Nietzsche aspiraba que la vida en la tierra fuera puro cielo: "Sintiéndose dios quiso que el hombre, transformándose en superhombre, fuese su propio dios, es decir, hacer de cada hombre un Jesús. Perseguía el ideal de un  mundo mejor, con una moral nueva para un hombre excelso".

 En el prólogo Neila resume bien el pensamiento trágico: consiste como primer movimiento en una afirmación -o aprobación- de lo real con conocimiento de causa, es decir, con conocimiento del carácter único, insignificante, azaroso y cruel de cuanto existe. El segundo rasgo es la crítica del doble -o de los ídolos-: "La intolerancia afectiva frente a la crueldad de lo real conduce de manera inevitable a la sustitución de la realidad por los productos derivados del pensamiento, el deseo, la ilusión o la naturaleza". De manera que una crítica trágica no se proponga la negación de lo real, sino más bien la reducción al absurdo -a ser posible a carcajadas- de cualquier sustituto irreal, cualquier simulacro que venga con una respuesta entre los dientes. No necesitamos respuestas porque el mundo es la sola respuesta que nos necesita. Nietzsche no expone una visión totalizadora ni ansía un saber absoluto, sino que se limita a amar y  conocer la condición trágica de la existencia.

 Apunta Neila que Nietzsche no tardó en darse cuenta de que la interpretación de la realidad no tenía más remedio que ser "cuestión de palabras", y ello le llevó a abrir el discurso filosófico a la nueva problemática del lenguaje.  Pero el lenguaje humano es esencialmente retórico, pues sólo pretende transmitir opinión (doxa) y no conocimiento (episteme). Pero a pesar de esos límites, ("¡Las palabras nos estorban en el camino!") Nietzsche no podía renunciar a sus servidumbres. Otros filósofos y escritores pensaron que podían exorcisar el lenguaje tradicional -la escritura sagrada- dislocándola. Nietzsche alcanzó otra salida: la escritura fragmentaria.

"El aforismo, la sentencia, de los que soy el primer maestro en lengua alemana, son formas de la eternidad", dirá en El crepúsculo de los ídolos. Su ambición quedó declarada en otra sentencia de ese libro: "Mi ambición: expresar en 10 frases lo que otros dicen en un libro -lo que los otros no llegan a decir en un libro".

 Acaba Neila su prólogo diciendo que si hubiera que presentar a Nietzsche de forma convincente habría que hacerlo así: "Un filósofo prendado de la vida, pero atrapado desde muy pronto en las redes del lenguaje, lo que le predispuso al rechazo del discurso tradicional, el lenguaje del todo, en favor del discurso fragmentado, el lenguaje de las partes". Lo que viene luego, la amplísima selección de aforismos de Nietzsche, es uno de los más evidentes monumentos de la poesía y del pensamiento.

Friedrich Nietzsche. Maestro de la sospecha

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Online y Presencial. Gran Vía. Página Web: Conóceme. Contacta  Instagram:psicoletrazaragoza rcordobasanz@gmail.com

0510-Friedrich-NietzscheA pesar de la recurrente imagen de Nietzsche como un pensador pesimista, la defensa en torno a la vida de su filosofía refuta esta visión angosta de su pensamiento. Esta apología vital buscaba ser una replica a la tradición filosófica cuyos conceptos buscaban ser un fundamento inamovible de lo real: las ideas platónicas, el sujeto cartesiano, la razón kantiana, el motor móvil de Aristóteles y un largo etcétera. En otras palabras, Nietzsche criticaba a sus antecesores de buscar un cimiento  sólido de todo aquello cuya naturaleza era lo diverso y múltiple: el cuerpo, la naturaleza, los sentidos, la apariencia. La vida para Nietzsche era una contradicción. Pero sin esta lucha de fuerzas contrarias no podría haber existencia alguna. Por esa razón, no habría que escapar de la multiplicidad, el error, la diversidad de nuestros sentidos, sino aceptar como una realidad la contradicción en la que constantemente vivimos. No hay vida sin contradicción.

            Dentro de esta perspectiva de la vida, el conocimiento no podría salir ileso.  La verdad es atravesada por la pugna de fuerzas de la vida. Los remanentes de esta colisión de fuerzas son la ilusión de la Verdad: la verdad es una interpretación de perspectivas. Si bien Dios fungió durante siglos como un centro de pensamiento filosófico y científico, cuando la pléyade de hombres ilustrados de la modernidad arribo a la tribuna crítica, ahora fue el concepto y la razón los portadores de ese optimismo y fe: un dogma ciego en la razón exacerbado por los ideales de eternidad y certeza de los hombres. Pero todo cae y nada permanece: después de la crítica de Nietzsche hacia la verdad como fundamento, no se podría hacer filosofía de la misma forma. Una conciencia crítica subyace la filosofía hecha en el siglo XX: se murieron las ideologías, los ismos, las verdades eternas. La culpa no fue entera de Nietzsche. Pero su pensamiento echo luz sobre una perspectiva dogmática de nuestras certezas. Su crítica no fue un martillo sin miramientos hacia la tradición, sino la visión de la aurora: ¿para qué hacer filosofía si se decide no ver nuestros propios huecos de pensamiento?

La crítica era hacia el nihilismo desvalorizante culpable de  1505623enfermar la vida; de todos esos valores como afrenta para nuestros instintos vitales. Era necesario buscar la verdad en lugares ajenos al ideal socrático de la verdad y belleza. Habría que buscar en el arte. La voluntad de poder se impone como una fuerza imparable de valorizaciones a través de la historia: unas impuestas sobre otra en un lucha eterna de perspectivas. No hay verdad, sino interpretación, pues la humanidad valora por inercia aquello que considera bueno o malo. A veces Dios, a veces el concepto y otras el arte. El pensamiento de Nietzsche no se reduce a una crítca burda de la religión, sino a una huella profunda dentro de la conciencia de la filosofía. La muerte de Dios no es su culpa, pero si lo es su develamiento; apartar a la vida por un afan de eternidad en ideas es rechazar la naturaleza misma de nuestra existencia.  La vida es una contradicción pero hay que vivirla.

Por supuesto siempre hay mucho que decir de Nietzsche y esta no será la última idea en torno a él. ¿Dónde quedó Zaratustra? ¿Dónde quedó el superhombre?


lunes, 16 de octubre de 2017

Interioridad humana

Nietzsche: "La genealogía de la moral"

"Yo considero que la mala conciencia es la profunda dolencia a que tenía que sucumbir el hombre bajo la presión de aquella modificación, la más radical de todas las experimentadas por él, de aquella modificación ocurrida cuando el hombre se encontró encerrado en en el sortilegio de la sociedad y de la paz [...] Pero con ella se había introducido la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy: el sufrimiento del hombre por el hombre.

Friedrich Nietzsche: La geneaología de la moral.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo. Zaragoza. Psicoterapeuta.
653 379 269

viernes, 13 de febrero de 2009

Friedrich Nietzsche: El Nihilismo

• [...] El hombre es una multiplicidad de «voluntades de poder»,
cada una con una multiplicidad de medios de expresión y formas.
Las pretendidas «pasiones» singulares (por ejemplo: el hombre es
cruel) son tan sólo unidades ficticias en la medida que lo que llega
a la conciencia como homogéneo desde los diferentes instintos
fundamentales es compuesto conjunta y sintéticamente en un
«ser» o «capacidad», en una pasión. Igual que el «alma» misma es
una expresión para todos los fenómenos de la conciencia, pero
nosotros la interpretamos como la causa de todos esos fenómenos
(¡la «autoconciencia» es ficticia!).
11581
• El «yo» (¡que no es idéntico a la dirección unitaria de nuestro
ser!) es tan sólo una síntesis conceptual. Por tanto no existe
ninguna acción por «egoísmo».
1[87]
• ¡Pertenecemos al carácter del mundo, sin ninguna duda! ¡No
tenemos ningún acceso a él sino a través de nosotros; todo lo
elevado y bajo en nosotros tiene que ser comprendido como
necesariamente perteneciente a su ser!
1 [89]
• Las palabras permanecen: ¡Los hombres creen que también
sucede lo mismo con los conceptos designados!
1 [98]
• El carácter interpretativo de todo acontecer.
No hay ningún suceso en sí. Lo que acontece es un grupo de
fenómenos seleccionados y resumidos por un ser interpretador.
1[115]
• Negar el mérito, pero hacer lo que está por encima de toda
alabanza, incluso por encima de toda comprensión.
[130]
• Cada vez es necesaria menos fuerza física: con inteligencia se
hacen trabajar las máquinas, el hombre deviene más poderoso ymás espiritual.
1[133]
• ¡Cuán traidores son todos-los partidos! Sacan a la luz algo de
sus líderes que neaso éstos habían escondido con gran cuidado
bajo siete llaves.
1[160]
• Lavados más limpios y más pulcramente vestidos, diestros
gimnastas, con un candado en la boca maldiciente, adiestrados en
el mutismo, incluso con un autodominio en las cosas de Venus (y
no, como muy habitualmente, libertinos y depravados desde la infancia):
podemos verlos muy pronto «europeizados» en este
sentido.
1[1921
• Amo el soberbio alborozo de una fiera joven, que juguetea
grácilmente y que desgarra mientras juega.
1[193]
• El pesimismo moderno es una expresión de la inutilidad del
mundo moderno-no del mundo y de la existencia.
1[194]
• Cada vez más me parece que no somos ni tan chatos ni tan
pánfilos para cooperar con esa patriotería de latifundistas de la
marca y cantar a coro su grito cretinizante y rabioso de odio
«Alemania, Alemania por encima de todo».
1[195]
• «De frente golpean las águilas». La distinción del alma no
estriba en lo más mínimo en la soberbia y orgullosa estupidez con
la que ataca-«de frente».
2 [20]
• [... ] Interpretación, no explicación. No hay ningún estado de
hecho, todo es fluido, inaprensible, huidizo; lo más duradero
todavía son nuestras opiniones. Proyectar sentido en la mayoría de
los casos: una nueva interpretación sobre una vieja interpretación
devenida incomprensible, pero que ahora es tan sólo un signo. [...]
P s i K o l i b r o El Nihilismo: Escritos Póstumos Friedrich Nietzsche 4
2[82]
• [...] «Atraer» y «repeler», en un sentido puramente mecánico, es
una completa ficción: una palabra. No podemos representarnos un
atraer sin una intención. La voluntad de apoderarse de una cosa o
de oponerse contra su poder y repelerla, eso sí que lo
«comprendemos» y sería una interpretación que podríamos usar.
Brevemente: la necesidad psicológica de una creencia en la
causalidad estriba en la irrepresentabilidad de un acontecer sin
intenciones. Pero con ello naturalmente no se dice nada sobre la
verdad o falsedad (justificación) de una tal creencia. La creencia en
causae cae con la creencia en téle (contra Spinoza y su causalismo).
2 [83]
• ¿Qué es lo que únicamente puede ser el conocimiento?
«Interpretación», no «explicación».
2 [86]
• Ilusión de que algo sería conocido al tener una fórmula
matemática para el acontecer: tan sólo está designado, descrito,
¡nada más!
2[89]
• Ironía frente a aquellos que creen que el cristianismo ha sido
superado por las modernas ciencias de la naturaleza. Los juicios de
valor cristianos no han sido en absoluto superados por ellas.
«Cristo en la cruz» es el símbolo más sublime-todavía hoy.
2[96]
• Pobreza, humildad y castidad.-Ideales peligrosos y difamadores,
pero, como los venenos, remedios útiles en ciertas enfermedades,
por ejemplo en la época imperial romana.
Todos los ideales son peligrosos porque rebajan y estigmatizan
lo real, todos son venenos, pero imprescindibles como remedio
provisional.
2 [98]
• En Platón, como en un hombre de sensualidad e imaginación
exacerbadas, la fascinación del concepto se hizo tan grande queinvoluntariamente veneró y divinizó el concepto como una forma
ideal. Ebriedad de la dialéctica, como la conciencia de ejercer con
ella un dominio sobre sí-como instrumento de la voluntad de poder.
2[104]
• NB. Las religiones se hunden por la fe en la moral. El Dios moral
cristiano no es sostenible. En consecuencia, «ateísmo»-como si no
pudiera haber ningún otro tipo de Dioses.
La cultura se hunde igualmente por la fe en la moral: pues cuando
se han descubierto las condiciones necesarias bajo las cuales
puede únicamente desarrollarse,, ya no se quiere más: budismo.
2[107]
• Impregna mis escritos que el valor del mundo reside en nuestra
interpretación (que quizás en alguna parte son posibles todavía
otras interpretaciones que las meramente humanas); que las
interpretaciones tradicionales son apreciaciones perspectivistas,
gracias a las cuales podemos mantenernos con vida, es decir con
voluntad de poder, de crecimiento del poder; que toda elevación del
hombre comporta la superación de interpretaciones más limitadas;
que todo refuerzo conseguido, toda extensión de poder, abre
nuevas perspectivas y significa creer en nuevos horizontes. El
mundo que nos es un poco tolerable es falso, es decir: no es
ningún hecho, sino una invención poética y el redondeo a partir de
una pequeña suma de observaciones; está «en flujo», como algo
en devenir, como una falsedad siempre perpetuamente removida y
que nunca se acerca a la verdad, pues no hay «verdad» alguna.
2 [108]
• El «sinsentido del acontecer»: tal creencia es la consecuencia
del descubrimiento de la falsedad de las interpretaciones
tradicionales, es una generalización del desánimo y de la debilidadno
es ninguna creencia necesaria.
Inmodestia de la humanidad: ¡allí donde no ve el sentido, lo
niega!
2 [109]
• Un romántico es un artista que hace creativo el gran
P s i K o l i b r o El Nihilismo: Escritos Póstumos Friedrich Nietzsche 6
descontento en sí- que aparta la vista de sí y de su mundo cercano,
que mira detrás.
2 [112]
• [...] Qué es verdad? (inercia, la hipótesis de donde brota el
contentamiento, el menor consumo de fuerza espiritual, etc.)
2[126]
• El nihilismo está ante la puerta: ¿de dónde nos viene éste, el
más siniestro de todos los huéspedes?
1. Punto de partida: es un error aludir como causa del
nihilismo a «calamidades sociales», a «degeneraciones
fisiológicas» o incluso a la corrupción. Éstas siempre
permiten interpretaciones totalmente diferentes. Al
contrario, el nihilismo se enraíza en una interpretación muy
determinada, en la cristianomoral. Es la época más
honesta y compasiva. La pobreza, la pobreza espiritual,
física, intelectual, no es en sí totalmente capaz de producir
el nihilismo, es decir: el rechazo radical del valor, del
sentido, de la deseabilidad.
2. La decadencia del cristianismo, víctima de su moral (que
le es inseparable) que se revuelve contra el Dios cristiano.
El sentido de la veracidad, altamente desarrollado por
medio del cristianismo, se convierte en repugnancia ante
la falsedad y la mendacidad de toda interpretación
cristiana del mundo y de la historia. Retroceso desde
«Dios es la verdad» hasta la creencia fanática «todo es
falso». Budismo de la acción...
3. El escepticismo en la moral es lo decisivo. La decadencia
de la interpretación moral del mundo, que ya no tiene
ninguna sanción después que ha intentado refugiarse en
un más allá, termina en nihilismo. «Todo carece de
sentido» (la inviabilidad de Una interpretación del mundo,
a la cual se ha consagrado una fuerza enorme, despierta
la sospecha de que todas las interpretaciones del mundo
son falsas). Rasgo budista, anhelo de la nada. (El budismo
hindú no tiene detrás de sí un desarrollo fundamentalmente
moral, porque en él-en [su] nihilismo-tan sólo
hay una moral insuperada: existencia como castigo,
existencia como error, combinadas, y por consecuencia elP s i K o l i b r o El Nihilismo: Escritos Póstumos Friedrich Nietzsche 7
error como castigo-una valoración moral.) Los intentos
filosóficos de superar el «Dios moral» (Hegel, Panteísmo).
Superación de los ideales populares: el sabio, el santo, el
poeta. Antagonismo de «verdadero», «bello» y «bueno».
4. Contra la «absurdidad»-por una parte-, contra los juicios
de valor morales-por otra-: ¿en qué medida toda ciencia y
filosofía han estado hasta hoy bajo los juicios morales? ¿Y
no se ha obtenido en contrapartida la hostilidad de la
ciencia? ¿O la anticientificidad? Crítica del espinocismo.
Los juicios cristianos de valor han reaparecido por todas
partes en los sistemas socialistas y positivistas. Falta una
crítica de la moral cristiana.
5. Las consecuencias nihilistas de la actual ciencia natural
(juntamente con sus intentos de escapar hacia el más
allá). De sus esfuerzos resulta finalmente una
autodestrucción, un volverse contra sí, una
anticientificidad. Desde Copérnico el hombre rueda fuera
del centro hacia X.
6. Las consecuencias nihilistas de la manera de pensar
política y económica, donde todos los «principios» acaban
perteneciendo a la comedia: el hálito de la mediocridad, de
la mezquindad, de la insinceridad, etc. El nacionalismo, el
anarquismo, etc. Castigo. Falta la clase y el hombre
liberadores, los justificadores.
7. Las consecuencias nihilistas del saber histórico y de los
«historiadores prácticos», es decir, de los románticos. La
posición del arte: falta absoluta de originalidad de su
posición en el mundo moderno. Su oscurecimiento. El
pretendido olimpismo de Goethe.
8. El arte y la preparación del nihilismo. Romanticismo
(conclusión de los Nibelungos de Wagner).
2[127]
• [...] Periclita la oposición entre el mundo que veneramos y el
mundo que vivimos, que somos. Solamente falta eliminar, ya sea
nuestras veneraciones ya sea a nosotros mismos. Lo último es el
nihilismo. [...]
2[131]
• [...] La disociación entre «acción» y «agente», entre lo que
P s i K o l i b r o El Nihilismo: Escritos Póstumos Friedrich Nietzsche 8
acontece y algo que hace acontecer, entre el proceso y algo que no
es proceso sino que es duradero, substancia, cosa, cuerpo, alma,
etc.; la tentativa de comprender el acontecer como una especie de
desviación y permutación del «ente», de lo perdurable; esta vieja
mitología ha fijado la creencia en «causa y efecto» después que
hubo encontrado una forma fija en las funciones gramaticales del
lenguaje.
2[1391
• Brevemente, también la esencia de una cosa es tan sólo una
opinión sobre la «cosa». O más bien el -«eso vale» es el auténtico
«eso es», el único «eso: es».
2[150]
• No debemos preguntarnos: «¿quién interpreta pues?», al
contrario, el interpretar mismo, como una forma de la voluntad de
poder, tiene existencia (pero no como un «ser», sino como un
proceso, un devenir) como una afección.
2[151]
• Profunda repugnancia a reposar de una vez por tochis en
cualquier visión general del mundo; hechizo de la manera de
pensar contrapuesta; no dejarse robar el aliciente de lo que tiene
carácter enigmático.
2[155]
• Historia psicológica del concepto «sujeto». El cuerpo, la cosa, el
«todo» construido por el ojo, inspira la distinción entre un hacer y
un hacedor; el hacedor, la causa del hacer, concebido cada vez
más sutilmente, finalmente ha dejado un resto: el «sujeto».
2[158]
• [...] Aplicación a la moral específicamente cristiano-europea:
nuestros juicios morales son signos de decadencia, de falta de
creencia en la vida, una preparación del pesimismo.. [ ..]
Mi mayor principio: no hay fenómenos morales, sino solamente
una interpretación moral de estos fenómenos. Esa interpretación
misma es de origen extramoral.