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Paz y Ciencia

jueves, 17 de enero de 2008

La Niña de los Sueños (VI)

El joven caminaba con la incertidumbre de cómo sería recibido pero con la determinación y la fuerza que proporciona la ilusión de querer ver a la única persona que había sido capaz de hacerle reaccionar, de motivarlo, de proporcionarle el deseo de querer cambiar su desdichada realidad cotidiana. Sus pasos sonaban firmes sobre el empedrado mientras pensaba qué íba a decirle cuando la viese e incluso se preguntaba si sería capaz de dirigirle la palabra.La muchacha, lleno de gozo su corazón, le vió avanzar y no podía dar crédito a las múltiples ideas que se agolpaban en su cabeza, ¿A qué vendría? ¿La buscaba a ella o tal vez sólo deseaba un trabajo? ¿Cómo explicar a sus padres que ya le conocía, cómo justificar el haber hablado con él a solas? De repente tuvo una idea su "ama" le ayudaría, era la única persona a quien podía contarle "su historia".El "ama" no entendía muy bien lo que la joven le decía con nerviosismo y precipitación pero, intentando calmarla, le dijo que podía contar con ella. Salió al encuentro del joven y sin que nadie les viese le condujo a los aposentos de la muchacha. Una vez allí le preparó el baño con sales y perfumes tan relajantes que nuestro protagonista pensó que soñaba, como le había ocurrido otras veces. Tras un corte de pelo y con las nuevas y lujosas ropas que le proporcionaron nada quedaba de aquel enfermizo y errante vagabundo. Bueno, nada no, quedaban sus libros, sus anotaciones y observaciones en su cuaderno y su forma de ver y entender la vida.Con esta nueva situación fue fácil presentarlo a los padres y familiares como hijo de alguien importante socialmente y también como persona inteligente y culta. El camino hacia la unión de ambos jóvenes no resultó complicado.Se complementaron, se entregaron sus diferencias y si él ganó en salud, seguridad, y bienestar. Ella encontró equilibrio, libertad y conocimiento. Ambos encontraron el AMOR.
Por Eugenia.

martes, 15 de enero de 2008

La niña de los Sueños (V)

El muchacho partió rumbo a Palacio, sorteando borrachos y peleas en la angosta penumbra de los callejones malolientes repletos de tascas y de esas mujeres que resaltaban sus pechos amenazantes. Su vida había tenido, a pesar de todo, un reducto de vida, de agilidad y vitalidad. El refugio en su mundo interno le había proporcionado un reducto inexpugnable para sortear las acuciantes demandas del exterior. Hambre, mugre, pobreza y una dignidad mellada día tras día, arrastrada por una sensación de sentirse solo, sin nadie con quien hablar, ningún referente y nadie de confianza. Un niño huérfano, carterista y amigo de los ancianos, las únicas personas que le proporcionaban algo de sostén, de cariño y dignidad. Sus consejos, sus trozos de pan e incluso en ocasiones algo de pollo le proporcionaban los nutrientes suficientes como para engañar al cuerpo con esos caldos y arroces. La vida era hermosa cuando cerraba los ojos, bestial cuando los abría y cruel cuando alguien se le acercaba. Había desarrollado un sexto sentido para huir de los ataques de la gente peligrosa, mucha en aquellos días de necesidad. Armado con su libro de notas y su bolsa de patatas seguía caminando hacia la sede del imperio, a lo lejos atisbaba los fastuosos jardines, ricos en colores y aromas, cercando ese paraje se levantaban unas columnas de piedra, antiguas y alambicadas, con motivos florales en su capitel y fuste helicoidal. Le fascinaba ese mundo opulento, de libertad -pensaba-, de tranquilidad y sobre todo, de seguridad y apacible descanso ininterrumpido por beodos y putas.
Se adentró en el camino de fina piedra blanca, tratando de disfrutar de cada contacto con el suelo, intentando gozar al máximo esa experiencia en la que se aproximaba a aquello que siempre había construido en sus sueños. Después de ese camino estaba la incertidumbre, la inseguridad y la idea de no ser suficientemente bueno para poder entrar, aunque sólo fuese en los jardines reales, repletos de estatuas, fuentes y laberintos.
Dedicado a T.L.M.

Psiquiatría-Psicología Clínica y Realidad

Utilizo una partícula copulativa a sabiendas que es la escisión lo que predomina en la formación académica. La manera de enseñar en las ciencias "psi" es la heredada del sistema educativo tradicional, fundamentalmente el modelo médico. Dicho formato defiende a ultranza un sistema nosológico (de categorías diagnósticas) para clasificar, en la práctica para definir, diagnosticar, hacer un pronóstico y tratamiento. Modelo apuntalado por la industria farmacéutica. En realidad, y gracias a Dios, la diversidad de las personas no se ajusta a los criterios diagnósticos propuestos por la American Psychiatric Association. Eso es lógico desde un punto de vista de las humanidades. No podemos decir que todos los vascos son abertzales, que los catalanes son tacaños o que los aragoneses son rudos. Este sistema de estereotipos sirve como heurísticos que consiguen unir criterios de profesionales también muy diversos en su estructura caracterial y modelo teórico-técnico de intervención.
Por tanto, el DSM, Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders y su compañera la CIE-10, Clasificación Internacional de las Enfermedades en su décima edición, han hecho un esfuerzo de "cientificidad" diseñando un modelo multiaxial, de distintos planos concéntricos con eje en la persona, para diagnosticar los problemas psicológicos o, como dicen, los trastornos mentales. Generalmente las categorías no dicen mucho del sujeto afectado, sin embargo es útil para conducir la cura. Fundamental es saber lo que le sucede al consultante y transmitírselo en términos pragmáticos, para que se le ofrezca la posibilidad de cambiar sin ajustarse ni creerse lo que por convenio se ha diseñado para el beneficio de la ciencia, no del consultante. Nunca llueve a gusto de todos.
Hace poco leía el texto: Océano Borderline, de Luigi Cancrini, ed. Paidós. Allí, en el prólogo hay un diálogo imaginado de un estudiante de psiquiatría con el mismísimo Freud. Imagínense la admiración y el sentimiento de importancia del afortunado médico. El psiquiatra le comenta a Freud que debe estudiar unos compartimentos estancos a modo de trastornos, sin embargo eso no concuerda con la praxis, ni con el acuerdo unánime de los miembros de la comunidad científica. El estudiante, con relación al Trastorno Límite del DSM (Organización Borderline según Kernberg e Inestabilidad Emocional según la CIE) dice lo siguiente:
- Estoy totalmente de acuerdo. Lo que más me inquieta es que en lo referente a este punto es imposible tomarse en serio los libros con los que tengo que preparar mis exámenes de psiquiatría.
Luigi Cancrini es psiquiatra y psicoterapeuta, autor de varios libros, fundador y director de Centros de entrenamiento y formación psicoterápica. Ha recibido premios como psicoterapeuta por su labor como investigador y su ejercicio profesional.
El estudiante continúa:
- Porque todos se basan en la identificación de los síntomas y porque el punto de vista estructural anula casi totalmente la posibilidad de hacer diagnósticos desde ese punto de partida. Por otra parte, quienes afirman que debe utilizarse el punto de vista estructural tampoco emplean una terminología unívoca ni ofrecen suficientes herramientas de orientación. A veces me siento (suspira) como un explorador que desea adentrarse en un continente desconocido. No existen guías que me ayuden realmente a explorarlo, sencillamente porque todos sus visitantes regresaron con descripciones parciales y emotivas.
El prólogo termina así: El examen fue bien. Aunque el estudiante no tuvo la necesidad de recordar a Freud para responder a las preguntas de un profesor mucho más interesado en los efectos del Prozac sobre la "felicidad" que en la estructura de la personalidad de sus pacientes.
Seguiremos traduciendo la confusión de esta Torre de Babel. Un abrazo.

sábado, 12 de enero de 2008

La niña de los sueños (IV)

Al muchacho le costaba respirar, esa dolencia le hacía tomar aire muy mal, como en angosta penumbra, durante esas crisis, temblaba y se asustaba por una inminente muerte. La gente solía pasar al lado sin mostrar ni un mínimo atisbo de compasión. El muchacho no podía diferenciar qué era lo que más pena o dolor le daba, si esa indiferencia propia de aquellos que se creen mejores o esa sensación mortífera de punzamiento. Durante esas crisis tendía a pensar en otra cosa, habitualmente dejaba volar su imaginación, cuando se lo permitía el dolor, y pensaba en un prado lleno de flores de todos los colores, un aroma embriagador que le aturdía y aliviaba al menos en su poderosa imaginación. Durante esos leves momentos, él aparecía bien vestido, limpio y vigoroso, saltando y jugando con las breznas. Su cuerpo se deslizaba entre la vegetación en un recíproco rito de caricias. Después acababa, a veces, en el suelo, frotándose a conciencia con la alfombra verde.
Por momentos podía oler, ver las montañas nevadas al fondo y sentirse en ese campo amplio, magnífico y soleado, en libertad y amplitud. En realidad, era la única medicina que se podía permitir. La vida no debía haber sido justa en cuanto a lo material, pero afortunadamente, había construido una alternativa más que adecuada donde ajustarse y poder sobrevivir con dignidad y mucho más, con magia, casi diría.
Terminó la crisis y agotado procuró hacer un intento de levantar sus riñones. A su alrededor, el bullicio, el olor a pollo y a grasa. Lejos queda atrás la montaña, la vida, el prado y la sensación de libertad y autonomía. Cogió su bolsa de patatas, lugar donde residían sus pertenencias y caminó rumbo a Palacio.

Toss The Feathers -The Corrs-

Para los nostálgicos, The Corrs es una banda irlandesa formada por cuatro hermanos que practican una combinación entre la música tradicional irlandesa y el pop contemporáneo. Durante su carrera han grabado éxitos como Runaway, Only when I sleep, What can I do?, I never loved you anyway, Radio, Breathless o Summer Sunshine, con los que han vendido más de 50 millones de discos. Tienen el título de miembros de la Orden del Imperio Británico.

http://www.thecorrswebsite.com

viernes, 11 de enero de 2008

La niña de los sueños (III)

La muchacha miraba a su alrededor con extrañeza, buscaba para sí con desasosiego, sentíase aturdida, extrañada. En Palacio las cosas no eran lo que parecían, la vida le resultaba tediosa, fútil, aburrida. Pasó una temporada meditabunda, reflexionando sobre una posible huida. Ese muchacho harapiento le había enseñado muchas cosas con muy pocas palabras. El cielo y el infierno sólo se ven separados por un invisible tejido por el que respiramos. Esa manera de tender la mano al cielo, desde la tierra, le hizo cerrar los ojos e imaginar cómo sería su vida fuera de esos muros que cercaban vegetación, opulencia y falsedad. Vivir un teatro en la vida es agotador, significaba para ella renunciar a su verdadera identidad. Estaba dejándose llevar por un elocuente ímpetu subversivo. Una forma de escapatoria al menos en su fantasía, un recurso que venía precedido de las súplicas hacia los reyes, de escapadas nocturnas y de paseos oficiales a caballo. El muchacho, un francés de gustos sensibles, con el caballo largo, mal cortado y un aroma de mezclas procedentes del mercado le había fascinado. Quizá fuera más preciso hablar de mutua fascinación. Sin embargo, el chico detestaba, al menos esa era la tendencia, a la realeza. Le daba mucha rabia que él, huérfano de padre y madre, tuviera que vivir en la calle, mendigando, robando y haciendo trabajos mal pagados. No consideraba que su ciudad se distribuyera con equidad. Ese mismo motor de fuerza, vigor, vitalidad, le impulsaba persistentemente a buscar un refugio, un mendrugo de pan y a tener siempre un libro y una libreta donde ir poco a poco hilvanando aquello que sólo existía en su imaginación. Una gran casa llena de lujos, comida por doquier, quizás una compañera que le ayudara a ducharse, que deslizase la mano por su espalda para darle jabón, que masajeara su cuerpo, tan pronto tullido como amoratado. Un día decidió compartir todo ello con esa curiosa muchacha procedente del castillo. Algunas señoras del mercado decían que era la heredera más linda que jamás hubo tenido el Reino. En honor a la verdad, si no fuera por proceder de Palacio, la muchacha era aquella figura élfica con la que había soñado tantas veces, despierto y dormido. -Uhmmmm, exquisito-. Se decía el muchacho, mientras pensaba acurrucado en una pequeña y húmeda grieta en las periferias de la ciudad. Allí sólo se oía el canto de las aves, el murmullo del viento hablando con las hojas y la entrecortada respiración del autor de esas páginas que buscaban alcanzar a estar, aunque sólo fuera una vez, con la muchacha. Sabía que la había despreciado, esa era su manera habitual de responder, estaba acostumbrado a que le tocaran la cabeza y le dieran una moneda pequeña o un coscorrón, la gente de la Ciudad no parecía muy agradable para él, le resultaba un circo de seres errantes, sin principio, fin, ni raíces, ni uniones...

miércoles, 9 de enero de 2008

Psiquismo Nómada

El psiquismo nómada es aquella tendencia propia del ser humano consistente en cambiar los elementos de su mundo externo para encontrar una reorganización de su mundo interno.

Nos puede ayudar el pensar en aquellas tribus que cambian de ecosistema una vez que las condiciones climatológicas, el terreno y la caza del espacio han sido explotadas.

Podemos continuar pensando que la organización interna sería el equilibrio de la tribu, la figuración de unas relaciones objetales, una forma de comunicación intragrupo, en nuestro ejemplo intrapsíquico. Quizás nosotros seríamos los chamanes. Podemos entender lo importante de estos componente ambientales como necesarios (Nurture) paradójicamente en metáfora con guiño winnicottiano. Por tanto el sistema de relaciones entre los miembros del grupo pertenecería más a la Nature.

En caso de sesgo, y en situaciones de conflicto el paciente tiende a cambiar las variables ambientales como pensamiento mágico, esto es, considera que eso le cambiará por dentro. Obviamente esto no es así. El cambio de zona donde recolectar patatas es fundamental pero se necesitan semillas y abono, lo que sería la psicoterapia psicoanalítica es la semilla, el abono la medicación.

Quizás el reto terapéutico consista en que los pacientes se den cuenta de esta recíproca interrelación de elementos en permanente cambio llevados por un conflicto de fuerzas. Interno-Externo; Nature-Nurture.

El psiquismo nómada tiende a atribuir a lo externo lo interno, es el elemento princeps de la resistencia.

Winnicott nos prepara un terreno donde existe un método de contención, soporte y apoyo afectivo, un espacio de fértil terreno para que entre los dos miembros de esa diada asimétrica se pueda abonar y puedan crecer los elementos potenciales (de salud).

De esa manera el sostén sirve de urdimbre afectiva (Rof Carballo) para que se de la interpretación del paciente (J.Hold).

Espero que esto sirva para pensar en lo maniqueo del mundo interno, mundo externo como dos terrenos que se entrelazan tejiendo la realidad del que imagina, del que desea.

La tribu y su espacio de sustento. Por eso, DWW fue un antropólogo inocente de los pobladores del mundo interno. Conociendo la organización y el significado de esas relaciones connotativas, figurativas y finalmente, poéticas.

Esos primitivos seres corresponden con isomorfismo a aquellas relaciones primigenias y paradigmáticas que contribuyen a edificar unas chozas con una determinada organización, coherencia, límites, sistemas de defensa del enemigo, formas de relacionarse con otras tribus, rituales mágicos-religiosos, sanadores, cazadores, cultivo y preparación del alimento. Hay que pensar que esa manera de vivir, ese mundo interno guarda cierta forma con cómo se construyó en la imaginación a esos seres tribales, fantasías y fantasmas. En lo relacional estará lo vincular, en cómo ha sido la biografía, la historia de esas relaciones. Por lo tanto, hay que prestar atención a un sinfín de variables que tienen que ver con la organización de los miembros de la tribu, los clanes y, por otro lado, las condiciones del ecosistema.