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Paz y Ciencia
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jueves, 1 de diciembre de 2016

Historia Zen.



Tragarse la Serpiente

Un día, en un monasterio zen, se presentó de improviso un gran maestro. El jefe de cocina tuvo que prepararle al punto una comida. Se apresuró a coger unas legumbres en el huerto, a cortarlas y a hacer con ellas una suculenta sopa. La saboreó hasta el momento en que se encontró una cabeza de serpiente  en la cuchara. Hizo venir al cocinero para pedirle una explicación. Éste, al ver la cabeza de serpiente, alargó el brazo, la cogió y se la tragó de golpe ante la mirada atónita de los presentes. Acto seguido, muy digno, se dio media vuelta y volvió a la cocina sin decir palabra.

Tragándose en seguida la serpiente, fue de hecho su error lo que el cocinero se tragó. En general, no estamos dispuestos a hacer lo mismo.
En una ocasión, mientras le echaba un tarot a Ejo Takata, le dije:
- Escucha, Ejo, perdóname que te lo diga, eres monje, eres un maestro, pero, según este tarot, tienes problemas sexuales. 

No se puso a la defensiva, no tergiversó las cosas ni trató de justificarse, se tragó inmediatamente la cabeza de la serpiente: alzó su puño exclamando: "¡Los tengo!" y, al día siguiente, partió en busca de una mujer al Japón.

Alejandro Jodorowsky: "El dedo y la luna".
Historias zen y japonesas. Cuentos Zen, Haikus y Koans

domingo, 27 de noviembre de 2016

El sonido esencial del vacío



El discípulo se acerca al maestro y le pregunta:
- ¿Cuál es el sonido esencial del vacío?
El maestro le responde: ¿Cuál es el sonido esencial del vacío?
- ¿Cuál es el sonido esencial vacío?
- El maestro eres tú, yo no conozco la respuesta, ¡Por eso te lo pregunto!
El maestro le da un golpe en la cabeza. El discípulo se ilumina.

El maestro ha dejado de identificarse con su ego, se ha entregado al vacío, al silencio interior. El único ruido que en ese instante resuena en su vacuidad es la pregunta del discípulo. Éste confunde la respuestas del maestro con una pregunta dirigida al intelecto, sin darse cuenta de que no hace sino imitarle.

"El maestro eres tú, yo no conozco la respuesta,
¡por eso te lo pregunto!"

Respuesta absurda: el maestro no ha querido hacerle una pregunta, ha imitado el ruido de sus palabras desponjándolas de todo contenido. El discípulo quiere  obtener conceptos, no renuncia a su búsqueda intelectual. El maestro, dándole un golpe en la cabeza, interrumpe el flujo verbal. En cuestión de un instante, el espíritu queda vacío de palabras.
   Por fin el discípulo comprende.
   El maestro ya no es nadie.
   Lo otro, el mundo, es el sonido esencial de su vacío. En cuanto el yo deja de existir, el mundo existe.

Alejandro Jodorowsky: "El dedo y la luna"

En 1961 Jodorowsky recibió las enseñanzas en México del maestro zen Ejo Takata. Este maestro contaba cuentos e historias que Jodorowsky recogía en su diario. Haikus y Koans, son historias para sorprender y para admirar la luna.