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viernes, 14 de noviembre de 2014

De cómo el ser humano no es un ser social



De cómo el ser humano no es un ser social

 El ser humano –en su origen- no es un ser social. Guarda en su núcleo psíquico una profunda y radical asociabilidad. Ese núcleo autístico odia todo lo que lo contradiga, todo lo que instaure una diferencia. Nada quiere saber del otro, y todo lo que provenga de este es incorporado por la psique como creación propia. Las tendencias más profundas del psiquismo humano ignoran y rechazan toda alteridad. Es la sociedad, a través del semejante materno, quien abre brechas en esa tendencia. Y ese semejante que es también otro surgirá precisamente en el lugar del odio. La unidad quebrada del mundo autista originario, implica la creación de una zona obscura del mismo, que será alojada en el otro para preservar imaginariamente dicha unidad: la cosa incognoscible. El lazo con el semejante quedará para siempre afectado por la ambivalencia. Esa ambivalencia lo es también porque para la supervivencia el infans necesita de ese otro, y al mismo tiempo, porque si bien lo aleja de su beatitud -lo arroja fuera de ella- le da a cambio amor, abrigo, alimento, y, sobre todo: sentido. Y es por amor a ese otro y para recibir amor y sentido de éste (y luego de su superyó) que depondrá –relativamente- sus tendencias asociales – y alrededor de ese otro y del llamado complejo edípico creará instancias que son las interfaces con la sociedad: el superyó y los ideales del yo. Entonces, este ser que no es social, se hace humano en sociedad. Así, el otro es integrado a la vida psíquica por imposición social. Lo cual lo instala al infans en lo que conocemos como malestar en la cultura, siendo justamente ese otro la mayor fuente del mismo. Entonces, no es natural la sociabilidad humana, no está dado desde el origen el lazo con el semejante. Sin la intervención del otro –representante de la sociedad ante el infans- este no lograría superar el estado de exterioridad respecto de los otros: la exterioridad recíproca (Castoriadis) que caracteriza al mundo animal. Esa exterioridad impide toda comunicación, intercambio, empatía: es producto del reinado absoluto del narcisismo. La especie no sobreviviría si no fuera superada. Y, como decíamos, lo hace a costa del malestar que produce la presencia del semejante, pero gracias al placer que también provoca esa presencia. La significación y la superación de la exterioridad recíproca Así, la sociedad crea a los sujetos que la habitan, y estos a su vez crean a la sociedad. ¿Y cómo son creados? A través de las significaciones que están presentes en el discurso del otro, que viajan en sus palabras. El lenguaje (que es más que las palabras, e incluye el lenguaje corporal) transmite las significaciones que dan el sentido a una sociedad. Sentido que el sujeto necesita tanto para amar, odiar o transformar a esa sociedad que le aporta un “nosotros”. Ese “nosotros” es marca de la superación de la exterioridad recíproca entre los sujetos. Pero esa superación de la exterioridad se quiebra con frecuencia, está alimentada por el odio radical de la psique, y la vemos en su plenitud en el racismo, la xenofobia, las guerras, el femicidio, la opresión de las minorías, la explotación… Hechos muchos de ellos que originados en cuestiones relativas a lo político, en su realización satisfacen ese núcleo monádico de la psique humana, exterminando a quien sea una muestra de la alteridad. Es la significación lo que se encuentra entre los sujetos y lo que posibilita el lazo entre estos. Ahora bien, la forma de ese lazo está instituida por la sociedad. Esto quiere decir que –ya alejados de los lazos familiares, y tratándose de los lazos sociales- es la sociedad la que intenta formatear el tipo de lazo predominante. Así, no es lo mismo el lazo en una sociedad en la que impera el totalitarismo, que en otra que tiene a la religión como núcleo, en una dominada por el capitalismo, o en una de régimen democrático. Dios, economía, justicia, libertad, fraternidad, igualdad, mercado, desarrollo, progreso, hombre, mujer, niñez… y un sinnúmero de etcéteras son las significaciones que aportan sentido a la vida de los sujetos y que mantienen unida a la sociedad. Si estas significaciones pueden ser interrogadas, o si son sagradas o fijadas de una vez por todas por el poder totalitario, generarán distintos tipos de lazo entre los sujetos, afectando además de modo variado su psiquismo. Freud y los lazos entre los sujetos En psicoanálisis ha predominado una visión sobre los lazos entre los sujetos que se origina en Freud, y que en general da una mirada muy parcial sobre ellos, sobre la conformación del colectivo social y su incidencia en el psiquismo de los sujetos. Freud ubica el origen del lazo entre semejantes en la alianza fraterna. La Revolución Francesa ubicaba entre sus ideales a la fraternidad: pero se trataba de una superación del lazo fraterno intra-familiar (que por otra parte no necesariamente significa algo bueno, ya lo sabemos: los celos y el odio están allí presentes), una superación que llevaba al campo social la solidaridad, la igualdad y la libertad que lo debían acompañar obligadamente para aportarle su profundo sentido. Pero en Freud hay permanentes deslizamientos entre lo familiar y lo social que es necesario interrogar: una importante familiarización del espacio social ha caracterizado a buena parte de los desarrollos psicoanalíticos. Freud señalará que los lazos entre los sujetos tienen un origen sexual/libidinal, desviado de su fin y coartado en el mismo: sublimado. Para subrayar el origen de los lazos en la sexualidad, y oponerse a todo ocultamiento de dicho origen comenta: "Se empieza por ceder en la palabras y se acaba a veces por ceder en la cosas" [1]. Mucho se ha cedido en el psicoanálisis justamente en este punto. El origen de los lazos fraternos se remonta a un “mito científico” (Freud): el de la Horda Primitiva. El mismo relata la existencia de un Jefe-Padre, despótico y tiránico, poseedor de todos los bienes y mujeres, dueño así del poder de modo absoluto. Un día -ese famoso día-, los hermanos se unieron y le dieron muerte. A partir de allí y luego de un tiempo, instauran una ley -en parte por la culpa, también para evitar la repetición – que sostiene que nadie debía ocupar nuevamente ese lugar. Se erige así la alianza fraterna y su ley, superadora de la ley del padre despótico. Una ley, la que reinaba en la horda -que era imposibilitadora del lazo entre los sujetos- es superada por otra que produce un ordenamiento de estos y la exogamia al instalar la prohibición del comercio sexual con las hermanas (prohibición del incesto), así como el asesinato intra-clánico. El origen social de la prohibición del incesto y del asesinato intra-clánico es –al mismo tiempo- el origen de la sociedad, en este caso de la sociedad de iguales. Lazos fraternos, o sea, que se producen en una fratría –o comunidad de hermanos- son el modelo de los lazos libidinales de los cuales hablará Freud al referirse al lazo de los sujetos en la sociedad. Recordemos, se trata –como decíamos y es bueno no olvidarlo - de un "mito científico", así denominado por Freud, recogido de la antropología de su época (Darwin, Atkinson, McDougall), y que le sirve para decir algo no del todo tomado en consideración en la teorización psicoanalítica: que en dicho acto puede apreciarse la creación/institución social de instancias de la psique humana: el superyó, ni más ni menos, y los ideales. Mirado desde este punto, el mito se transforma simplemente en una excusa/medio para transmitir tanto cuestiones metapsicológicas -el origen edípico tanto de instancias psíquicas como de modos de funcionamiento de la psique humana: la sublimación, la identificación- como el lugar del otro en la vida psíquica y la impronta del Otro vía su ley y significaciones para el ordenamiento social. Así, es en el encuentro con la sociedad que surgen instancias de la psique que a su vez son la condición de la vida social, tanto como lo es la sublimación, así como la sociedad al ofrecer un sentido es la condición para la psique de abandonar su estado autístico al proveerle un bienestar mínimo. Una lectura parcial y tendenciosa de Psicología de las masas El tema será trabajado en diversos textos por Freud, y señala una instancia en lo colectivo que permite o impide el lazo entre los sujetos, lazo que además puede tener diversas variantes: desde la planteada en la Horda Primitiva -que es más bien disolvente y, como veíamos, imposibilidatora del lazo- pasando por modos de lazo más ordenados por identificación a un líder -pero a costa de la alienación de los sujetos al mismo- hasta arribar a un modo de lazo que procede de otra manera. Así, Freud tratará de las llamadas masas artificiales, y asimila la Iglesia y el Ejército a masas en la cuales es el amor del jefe el que mantiene unida a la masa y permite los lazos entre sus integrantes, por identificación en el amor al líder: asimilará así a Cristo y al General. Acabada su presencia en el ejército surge el pánico. Ahora bien, Freud aclara –en Psicología de las masas análisis del Yo- que "sólo se estudian en él (texto) algunos puntos de tan vasta materia". Pero ocurre –como tantas veces ha ocurrido con Freud- que se ha tomado esta opinión como taxativa, así como buena parte del texto. De este modo se ha generalizado la necesidad de las masas en lo relativo a poseer un jefe. Sin embargo, ya en su mito científico se puede observar claramente que los hermanos no lo necesitaron: es más, lo erradicaron y no lo sustituyeron. Acerca de los efectos y defectos de masa Freud insiste en que es el caudillo (ubicado en lugar ideal del yo) el que permite la identificación mutua de los sujetos. El objeto devora al yo por la idealización del mismo (lugar del ideal). La identificación enriquece, la idealización empobrece y a su vez, falsea el juicio. Presente en el enamoramiento, no es muy diferente de la hipnosis. El jefe pasa a ser una suerte de hipnotizador de la masa. Para Freud el hombre es un animal de horda: la masa produce así un efecto retrógrado en los sujetos, es regresiva. En este punto podemos decir que ciertamente, la presencia de ese núcleo monádico de la psique impulsa al sujeto a encontrar en la escena de la realidad –en su pensamiento, en sus lazos, en la sociedad- una unidad, un sentimiento oceánico que satisfaga ese núcleo: el dogma, la religión, la pasión amorosa, ciertas manifestaciones del arte, los estados místicos, etc. son muestra de ello. Salvo en el caso de las artificiales, "la masa quiere ser dominada por un poder ilimitado". De este modo Freud diferencia masa primaria de masas artificiales: "tal regresión caracteriza especialmente a las masas ordinarias, mientras que en las multitudes más organizadas y artificiales pueden quedar, como ya sabemos, considerablemente atenuados tales caracteres regresivos". La masa puede ser tomada y orientada por una ilusión (ahí tenemos los trabajos de Anzieu y de Bion orientados en ese sentido). El propio Freud lo deja establecido, pero también dice (y tampoco esto ha sido recogido en su notable importancia y consecuencias) que dicha ilusión se mitiga ante una organización "superior" (tomándolo a Mc Dougall): "así desaparecen los defectos psíquicos de la formación colectiva". Muchos autores (sobre todo a partir de Lacan) en defectos han leído efectos, asimilándolos. O sea, han leído que todo efecto es un defecto, y por lo tanto habría que encontrar una manera de evitar los efectos. Así han propagado una especie de fobia a lo colectivo. Porque si todo efecto es un defecto… De este modo se ha hablado de tener que evitar los efectos de la masa. Evidentemente, si hay que evitarlos es porque son negativos. Sin embargo, estamos viendo que no hay sujeto sin otros, que estos siempre están integrados al psiquismo, y que sus efectos pueden ser tanto positivos como lo contrario. Nada dicen los que sostienen esa postura de los efectos positivos de la masa, para el sujeto y para el colectivo. Freud sostendrá que “La masa restringe el narcisismo mediante el enlace libidinoso”. Y abre la posibilidad de “El amor como el principal factor de civilización”. Ya que "el amor que nace en el trabajo común" . No hay sociedad sin Otro: también lo hay en esta época Quiero decir con esto que la formación colectiva puede orientarse tanto hacia lazos entre iguales que al mismo tiempo son distintos al estar instalada la alteridad, o tender a una homogenización por la vía del totalitarismo, y con variantes múltiples entre esos polos. En este punto es necesario remarcar lo siguiente: los lazos sociales pueden ser a predominio narcisista u objetal (Freud), puede o no estar instalada la alteridad (como superación de la exterioridad recíproca). Pero siempre es necesario el ordenamiento, la ley que viene de Otro que es el lugar e instancia colectiva del discurso del conjunto, que transmite las significaciones imaginarias sociales producto del imaginario social instituyente, creación del colectivo anónimo. Discurso que lejos de ser homogéneo muestra heterogeneidades, conflictos, incoherencias. Pero sin el cual los lazos serían imposibles. Ese Otro que habló desde la Iglesia, desde el Führer (que instaló un lazo de iguales en su utopía de la raza aria y el exterminio de quienes no lo fueran: se abre aquí la cuestión de que lo fraterno no es per se sinónimo de lo bueno, ver en este número de El Psicoanalítico mi texto So gehen die Deutschen) o Mussolini, desde las corporaciones mediáticas del capitalismo actual, que habita en regímenes populistas, de democracia liberal o socialista; en una tribu perdida en el Amazonas o en la ciudad de Buenos Aires, en la tribu de los watusi o en Japón. No hay sociedad sin Otro, así como no hay psiquismo sin sociedad. Quienes sostienen que esta es una época en la cual el Otro no existe, no podrían fundamentar sus dichos desde la tópica freudiana (psíquica pero también social), y dan muestras de querer alentar una vuelta a un “capitalismo humano”, con su supuesta añoranza y nostalgia por tiempos mejores [2]. El Otro es una creación del colectivo social, al cual al mismo tiempo, lo crea como tal. No es un delegado de ningún dios, de alguna civilización extraterrestre, o de la historia: pero el colectivo puede crear un dios y la creencia de que dicho Otro es su creación. Nunca será suficiente la insistencia en cómo se ha tendido a la exclusión de la sociedad, la historia y la creación en el psicoanálisis, y que el futuro del mismo depende de volver a instalarlas en su núcleo. El Otro, la Ley y los lazos, hoy Dicho esto, los lazos sociales –tal como imperan en una época, tal como quieren ser impuestos por el Otro- están sometidos a cambios socio-culturales, pero si el Otro dejara de existir, ellos también. En todo caso, esta es una época que sorprende por el modo de lazo que tiende a predominar, y por lo que el discurso del Otro transmite, sus ideales y prohibiciones. No es lo mismo la prohibición del goce sexual que la prohibición de no gozar: esto habla de dos morales sexuales culturales diferentes y por lo tanto de dos nerviosidades también diferentes. Haciendo la salvedad de que por otra parte está sometido a variaciones notables dependiendo en mucho de las instituciones en las cuales los sujetos participen. Volveremos sobre esto más adelante. Así, en general en psicoanálisis el efecto de la masa sobre el psiquismo ha quedado reducido a la alienación, nunca pensado como un lazo más allá de una identificación alienante y que permite así la lucidez colectiva, sea en una institución, sea a nivel generalizado. Debe establecerse una gran diferencia entre aquellas colectividades, grupos o instituciones que logran tener una posición de interrogación en relación a la ley, de aquellas a las cuales simplemente les es dada. Posición infantil, de sometimiento, que empobrece los lazos y a los sujetos. Diferenciada no sólo de la interrogación de la ley como posición del colectivo, sino de ser la ley una significación creada por el mismo. Del mito de la Horda al mito del Desarrollo Para finalizar, si el mito científico de Tótem y Tabú orientó –y lo sigue haciendo- a buena parte de los desarrollos psicoanalíticos, hoy lo podemos situar como un mito perteneciente a un orden social claramente situado en el patriarcado, cuestión solo recientemente advertida por algunos autores, que han fatigado a lectores, analistas en formación y pacientes -y lo siguen haciendo- con conceptos como Ley del padre, metáfora paterna, función paterna, etc. No es que estuvieran equivocados: pero a esta altura atrasan incluso cuando hablan de declive de dicha función. Han sido conceptualizaciones que no han hecho honor a la idea de Freud de que el psicoanálisis no es una cosmovisión, transplantando al terreno de lo histórico-social aquello que ha crecido en otro suelo, como lo es el de la psique. Ya no es suficiente la lectura hecha por Freud en su texto sobre el malestar en la cultura. Nuestra época ha quedado cada vez más subsumida en lo que está más allá de ese malestar, por haber quedado capturada por la significación correspondiente a otro mito: el del desarrollo. He desarrollado en diversos números de El Psicoanalítico y en Más allá del malestar en la cultura el estado del Otro en esta época, los estados de la psique que puede inducir, la patología creada a partir de ello, y el tipo de lazos que tiende a instituir. Solamente me detendré para señalar que el mito del desarrollo es la significación que ha capturado a occidente en los últimos 500 años, y que indica que siempre más es mejor, que las fuerzas productivas no tienen tope (cuestión que fue adoptada ingenuamente por Marx, pretendiendo que solamente de manos del proletariado están alcanzaría su cenit), y que ha empujado a la creación del consumo como significación central: lo cual es garantía de más capitalismo. Y como tantos han ya señalado, se ha pasado de ser un ciudadano a ser un consumidor, como inclusive está establecido en la Constitución Argentina de 1994. Eso ha alterado considerablemente el lazo entre los sujetos, cayendo en declive lo fraterno de los mismos, para ser llevados hacia una cada vez más salvaje competencia, carrera por la adquisición y exhibición de objetos, fetichizándose (tanto en el sentido marxista como freudiano) los lazos sociales. Este Otro garantiza que la falta puede ser abolida. Este Otro que sí existe –porque, insisto, si el mismo no hay sociedad, y sin ella no hay lazos ni sujetos- empuja a lo ilimitado. Si bien debemos ser prudentes y no hacer una generalización absoluta de estos efectos en los lazos y en la psique, dada la heterogeneidad del campo de lo histórico social, es una presencia innegable aun en su coexistencia con formas de épocas previas o de aquellas que son reacción y diferenciación frente a lo que intenta ser impuesto. Debemos señalar que buena parte de los males clínicos de época han quedado girando alrededor de ello: más allá del malestar en la cultura. Del síntoma neurótico se ha pasado a la proliferación de lo psicosomático, las depresiones, las adicciones, los pasajes al acto, las turbulencias a nivel del orden de sexuación, la crisis de los proyectos y procesos identificatorios, la angustia por no estar a la altura de la exigencia de goce, padecimientos que muchas veces conviven con formaciones clínicas sintomáticas… Finalmente: la crisis de los lazos sociales en su función de contener lo indiscriminado de la psique (Bleger) en lo cual anida la pulsión de muerte, deja a esta el campo abierto para dominar sobre la vida en común, cada vez más solitaria. Que no es lo mismo que soledad.


El Psicoanalítico -Yago Franco-

domingo, 20 de enero de 2013

Wilhelm Reich: Aporías e interrogantes

Aporías e
interrogantes en la obra de Wilhelm Reich
Por Yago Franco
 
TEXTO EXTRAIDO DE LA PAGINA EL PSICOANALITICO CUYA DIRECCIÓN ES:
Se ha eliminado por resaltar y acortar el texto, la introducción contextual que realiza el autor referente a lo acaecido en Argentina en los años de auge del pensamiento de Wilhelm Reich, un autor que fue muy perseguido y expulsado de grupos comunistas y psicoanalíticos por hacer un importante énfasis en la sexualidad. Rodrigo Córdoba Sanz.
 
Dubrozcynica, Galitzia, 1897
Reich nace en una familia judía asimilada, de buena posición económica. Fue educado al margen de cualquier tradición religiosa. Su madre, Cecilia Roniger, se suicidó cuando él tenía catorce años. Su padre - Léon Reich - muere dos años después, y Wilhelm lo sucedió a la cabeza de la granja familiar. Luchó en la Primera Guerra, siendo ascendido a oficial. Luego de esta, junto con su hermano caen en la pobreza extrema.
Dice Elisabeth Roudinesco: “El itinerario atormentado del mayor disidente de la segunda generación freudiana … ha sido narrado de manera caricaturesca por la historiografía oficial, y sobre todo por su principal representante, Ernest Jones, responsable, junto con Max Eitingon, Anna Freud y Sigmund Freud, de su exclusión de la International Psychoanalytical Association (IPA)”.(Roudinesco, Diccionario de psicoanálisis)

En 1928 le escribía Freud a Lou Andreas-Salomé:

“Tenemos aquí a un Dr. Reich, un joven valiente, un poco impetuoso, que ahora saluda en el orgasmo genital al antídoto para todas las neurosis” (Rodrigué, 1996, pág. 228)

Austria, Viena, 1919: “¡Es el orgasmo, Dr. Freud!”
Estudia medicina en Viena, participa del seminario de sexología de Otto Fenichel y toma contacto con Freud en 1919. En 1921 (a los 22 años), siendo miembro adherente de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, comienza a trabajar como psicoanalista. También dirige un exitoso seminario sobre sexología. Se acerca a la obra de Marx y Engels en 1924, y se interesa en el origen social de la patología psíquica, adhiriendo a las ideas de Freud, referidas al papel de la represión de la sexualidad en el origen de las neurosis, como lo hace por ejemplo en La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna (1909). Irá disintiendo con Freud por su conceptualización de la pulsión de muerte.
Elisabeth Roudinesco dice que para ese entonces Reich “Acusó a los psicoanalistas de haber abandonado la libido y de querer domesticar el sexo, aceptando el principio de una adaptación del individuo a los ideales del capitalismo burgués. En un primer momento, aunque no compartía las opiniones del joven, Freud lo encontró más bien simpático: esa simpatía duraría poco, y Freud no tardó en detestar a Reich, al punto de querer eliminarlo del movimiento psicoanalítico” (Roudinesco, Diccionario de psicoanálisis).
En 1924 introdujo el concepto de "potencia orgástica", que es la capacidad de abandono completo al espasmo involuntario del organismo y la descarga completa de la excitación en la culminación del acto sexual. En 1927 publica la primera versión de La función del orgasmo, que Roudinesco tilda (equivocadamente) de texto de sexología. También publica la primera versión de Análisis del carácter, que revoluciona la técnica analítica: está fundamentado en el Seminario de Terapia Psicoanalítica que entre 1924 y 1930 dictó en la Sociedad Psicoanalítica de Viena.
“Un análisis no se puede considerar completo – sostiene allí - mientras el paciente no libere su genitalidad del sentimiento de culpa, retirándola del objeto incestuoso, superando de ese modo su nivel de organización pregenital. Los criterios de estos cambios se encontrarán en las fantasías y en los sueños transferenciales” (Rodrigué, 1996). Su técnica está basada en el análisis de la transferencia negativa, indicando que no debe realizarse ninguna interpretación de contenido sin antes analizar la resistencia. Así, hablará de resistencia de carácter, entendiendo al carácter neurótico como la base de la neurosis. Las defensas no han de considerarse separadas de la personalidad – una posición diferente a la de los psicoanalistas de entonces - , ya que impregnan todos los aspectos de ésta: son una coraza caracterial.
Rodrigué dice que“Los analizandos que viajaban a la meca psicoanalítica de Viena recibían de los analistas didactas de Nueva York, y de Ferenczi, el consejo de que realizaran sus análisis personales con Reich” (Rodrigué, 1996, Pág. 282)
Paralelamente, realiza una tarea en la que confluían la militancia política y el psicoanálisis. Adhiere al Partido Comunista Alemán en 1928, y luego viaja a Rusia.
Sus tesis sobre la función del orgasmo no fueron bien aceptadas por Freud, quien responde negativamente al pedido de análisis que le hace Reich. En 1930 – por sugerencia de Freud – lo hará con Sandor Rado, en Berlín.
En 1928 funda en Viena – con 4 psicoanalistas y ginecólogos - la Asociación Socialista de Asesoramiento e Investigación sexual, en colaboración con el PCA. Abren 6 consultorios de asesoramiento psicológico gratuito, en barrios proletarios de Viena. Para él esta experiencia le permitió verificar el origen social de las neurosis.

Luego creó la Asociación para una Política Sexual Proletaria, o SEXPOL, a través de la cual desarrolló una política de higiene mental dirigida a la juventud. Asimilaba la lucha sexual a la lucha de clases, y desafiaba las costumbres tanto del conformismo burgués como del comunismo. La SEXPOL pasa a tener de 20 mil a 40 mil miembros entre 1931 y 1932. La SEXPOL “sostenía que el matrimonio es la institución que mantiene y regula a la familia patriarcal … ejerciendo la represión genital del niño, el que cuando adulto será aprensivo, obediente e incapaz de desarrollar una acción transformadora respecto de las contradicciones en que vive” (Reich, A., 1975). Estas consideraciones iban acompañadas de numerosas reivindicaciones.
El Comité Central de la Juventud Comunista había admitido su texto La lucha sexual de los jóvenes, pero no se publicó por oposición de la organización cultural del partido, molesta por su texto Psicología de las masas del fascismo, en el que hablaba del fracaso de la clase obrera alemana al ascender el nazismo.
Decía Reich que el “anclaje caracterológico del orden social explica la tolerancia de los oprimidos ante el dominio de una clase superior, tolerancia que algunas veces llega hasta la afirmación de su propio sometimiento”, adhiriendo y reproduciendo la ideología de la clase dominante. (Reich, 1975, Págs. 21-22)
Reich será expulsado del Partido Comunista Alemán. Ese texto lo puso también en la mira del nazismo.
Para Roudinesco “(todo) ello comenzó a irritar al ambiente psicoanalítico (muy conservador en política) y a los comunistas estalinistas (opuestos a sus tesis libertarias). Excluido del PCA en el momento mismo en que Hitler tomaba el poder, se exilió en Dinamarca (en 1933), donde debió enfrentar una campaña de difamación que continuaría en Noruega” (Roudinesco, ob. cit.).

1933, Viena-Berlín-Londres: Análisis del carácter de ciertas formas institucionales psicoanalíticas, o “¡Líbreme de Reich!”
Volvamos a Análisis del carácter, dado que alrededor de su publicación se producirá la expulsión de Reich de la IPA. En este texto, dice Roudinesco “(Reich) adoptó posiciones idénticas a las de Sandor Ferenczi con respecto a la técnica activa. Esta obra debía ser editada por la Internationaler Psychoanalytischer Verlag, pero Freud se opuso a ello, en razón del compromiso político del autor” (Roudinesco, ob. cit).
Constantin Sinelnikoff sostiene con respecto a El carácter masoquista (que formaría parte de Análisis del carácter), que “este artículo apareció en Internationale Zeitschrift bajo la condición de que lo siguiera una refutación”. (Reich, 1971, Pág. 23) Freud había querido aclarar que Reich era miembro del partido bolchevique, pues éste es un partido que “pone límites a la libertad de la investigación científica, tal como la Iglesia”. Reich sabía que Freud tenía razón; pero no era ese el verdadero problema. Reich respondió que los trabajos de Kolnau, Pfister o Laforgue habían aparecido sin comentario alguno, aun cuando presentaban “hipótesis filosóficas de un patente signo burgués y reaccionario”. Ese mismo año se le solicitó a Reich que no aceptase postulantes analistas en su seminario técnico”. “De esa época – dice Rodrigué - data la infeliz frase de Freud dirigida a Boehm: “Líbreme de Reich!” (Rodrigué, 1976).
El traductor al inglés de Análisis del Carácter sostiene que:
“Ciertos psicoanalistas berlineses opuestos a este desatino (de Freud) sugirieron otro procedimiento: el artículo de Reich se publicaría conjuntamente con una réplica. Así se hizo. (pero) Bernfeld … en un artículo de 30 páginas, no se ocupaba del problema del masoquismo de manera alguna, sino de las contribuciones de Reich a la sociología marxista … como los descubrimientos clínicos y las formulaciones de Reich no podían refutarse, se intentó desacreditar su teoría del masoquismo imputándole motivos políticos y emocionales”. (Reich, 1975, Pág. 220)

A comienzos de 1933 la Internationales Psychoanalystischer Verlag decidió no publicar el libro Charakter Analyse, ya en prensa, como publicación de la IPV, sino bajo la responsabilidad del Sexpol Verlag (las ediciones de política sexual de Reich). Díjosele a Reich que la situación política no permitía publicar oficialmente su nombre, ya comprometido (…). Después de diversas presiones para que se retirase espontáneamente, Reich fue excluido de la asociación psicoanalítica en 1934".
(Reich, 1971, Pág. 24)
El relato que sobre esta exclusión hace Rodrigué es el siguiente:
“Luego de las leyes de Nuremberg, de 1933, hay un significativo intercambio de cartas entre Anna Freud y Jones. Reich estaba en el grupo de alto riesgo, por judío y comunista. “Todo el mundo sabe ya lo que las actividades políticas de Reich pueden significar para la comunidad psicoanalítica. Aquí estamos muy dispuestos a asumir riesgos por el psicoanálisis, pero ciertamente no por las ideas de Reich, que nadie suscribe”, dice Anna. Esto último no era cierto: entre sus seguidores y amigos estaban Ferenczi y Fenichel. “Como mi padre bien dice, si el psicoanálisis debe ser prohibido, debe serlo por lo que es, y no por la mezcla de política y psicoanálisis encarnada en Reich”. (Rodrigué, ob. cit.)
Señala Roudinesco:
“Debido a su anticomunismo y su conservadurismo, Jones no advirtió con claridad suficiente el peligro que el nazismo representaba para el freudismo. En 1933-1935, con el respaldo tácito de Freud, aceptó sostener una política "de salvamento" del psicoanálisis en Alemania, que gravitaría pesadamente sobre la IPA. Ahora bien, Reich, por el contrario, pensaba que había que luchar a ultranza contra el nazismo, y preconizaba, contra esa política de supuesto salvamento, la disolución pura y simple de la Deutsche Psychoanalytische GeselIschaft (DPG) desde 1933”. (Roudinesco, ob. cit.)
Relata Rodrigué que Anna pide el juicio de Jones sobre Reich, pero este intenta alguna defensa, por ser considerarlo un buen analista didacta. Al mismo tiempo le recomienda a Anna revisar el reglamento de la IPA. Dice que si ha habido aceptación en excluir a los judíos, también lo habrá con los comunistas. Reich es interrogado en Londres, por Jones, Melanie Klein y Joan Rivière, y deciden que decida la Sociedad del país de origen. Jones dice: “El comunismo de Reich no es tanto económico; él se aferra esencialmente a la convicción de que el comunismo procuraría mejores oportunidades para la reforma sexual, que es la gran concepción de su vida”. Y concluye diciendo:“Parece profundamente honesto y de extrema seriedad”. Dice Rodrigué que para ese entonces“La suerte de Reich estaba echada. No renunció, como señala Jones, sino que fue “semiexpulsdado” (Rodrigué, ob. cit., Pág. 385), tal como figura en una carta llena de ambigüedad de Muller-Braunschweig del 1 de agosto de 1934, en la que se le pide que comprenda que su nombre debe ser eliminado, exigiéndole una respuesta inmediata. Reich le escribe a Anna:“Para la gente la omisión de mi nombre significará que he sido expulsado o que he renunciado. Pero como no tengo la intención de hacer lo segundo y como, según tengo entendido, no se trata de lo primero, la actual tentativa de resolver la dificultad no puede tener éxito" (Rodrigué, ob. cit., Pág. 386). A continuación le pide que transmita al Comité Ejecutivo su “protesta contra tal medida y solicito una vez más que las actuales dificultades y cuestiones litigiosas se discutan, como es de práctica, ante la amplia tribuna de nuestros miembros y lectores”. Anna miente como respuesta, diciendo que no está al tanto del tema.
Sostiene Roudinesco que “En el Congreso de Lucerna de 1934 fue excluido de las filas de la IPA en un momento en que era imposible reprocharle su bolcheviquismo, puesto que ya no era miembro del Partido Comunista”. “En vísperas de dicho congreso, Eitington le comunica que tenía prohibido el ingreso al Instituto, por temor a que fuera arrestado en el lugar. Le advierte que ha sido expulsado. Es el primer expulsado del movimiento psicoanalítico. Esto será recibido con perplejidad por los asistentes al mismo”. (Roudinesco, ob. cit.) Los analistas escandinavos se opusieron.
“No cabe duda de que la expulsión fue una decisión política y no científica … dictada por justificables reflejos de pánico ante una situación de gran riesgo real”, opina Rodrigué (ob. cit., Pág. 386)
Y Roudinesco sostiene que “De modo que el movimiento freudiano, el propio Freud y también Jones, que al principio había sentido simpatía por Reich, persiguieron a este último en razón de su adhesión al comunismo, y no por un desacuerdo técnico y doctrinario”. (Roudinesco, ob. cit.)

1934: Wilhelm Reich: de Berlín a Oslo, y de la libido al orgón
Esta exclusión será seguida de cambios y profundizaciones en su obra.
Dice Roudinesco:
“A partir de 1933, y sobre todo después de su doble exclusión de la IPA y el movimiento comunista, Reich comenzó a sentirse terriblemente perseguido. En 1936, tratado de esquizofrénico por la comunidad freudiana, Reich se alejó definitivamente del psicoanálisis (este es un juicio equivocado de Roudinesco: Reich sigue sosteniendo por lo menos hasta 1950 el lugar del psicoanálisis en su obra y en su terapéutica - YF), creando en Oslo un instituto de investigaciones biológicas de economía sexual (…) Paralelamente desarrolló un nuevo método, la vegetoterapia, futura orgonterapia (aquí Roudinesco no aclara que la llamada vegetoterapia no reemplaza al análisis del carácter, sino que se realiza paralelamente a éste, y la orgonterapia abarcará las dos terapéuticas - YF). Él vinculaba la cura por la palabra con la intervención sobre el cuerpo, y presentaba la neurosis como una rigidez o una constricción del organismo que había que atender con ejercicios de distensión muscular, para hacer aparecer "el reflejo orgástico". (Roudinesco, ob. cit.)
Dice Sinelnikoff: “Cree descubrir la energía física, que él llama orgón” (palabra que combina «organismo» y «orgasmo»). Para Reich, es la energía vital de todo organismo, es la fuerza motora del reflejo del orgasmo,” para lo cual se vale del electroscopio, del contador Geiger-Muller, etc. (…) Y deja de tener contacto con los analistas” (lo correcto sería decir, como veremos, que los analistas dejaron de tener contacto con él - YF) después de su emigración a los EEUU en 1939”(Reich, 1971, Pág. 55)

1939: New York: Einstein, Malinowski y el FBI. “¡Es el orgón, idiotas!”
En 1939 Bronislaw Malinowski – el antropólogo - (con quien Reich había trabado relación desde su libro Irrupción de la moral sexual) estaba realizando trámites para lograr que éste pudiera ser admitido en alguna Universidad de New York. Le escribe: "Otro inconveniente lo constituye el hecho de que muchos psicoanalistas no quieren saber nada con UD. (…) La cosa no iría tan mal si los psicoanalistas americanos no estuvieran tan dominados por gente de Viena o Berlín. Pero a cualquier sociedad psicoanalítica que vayas te encuentras en los puestos clave a Rank, H. Sachs, o Alexander". Consigue que Reich sea invitado como docente, viajando a EEUU en septiembre de 1939. En ese mes los nazis habían invadido Polonia.
Chemana sostiene que “Allí da comienzo … a sus investigaciones sobre el orgón, o energía vital cósmica, cuyo estancamiento en el organismo sería responsable de afecciones psíquicas y somáticas como el cáncer”. (Chemana, Diccionario de psicoanálisis)
Roudinesco a su vez escribe que:
“Instalado en un chalet en Maine … experimentó con sus "acumuladores de orgón", verdaderas máquinas destinadas a almacenar la famosa energía. En diciembre de 1940 Reich le solicitó una entrevista a Albert Einstein, quien lo recibió y conversó con él durante cinco horas, maravillándose por sus "descubrimientos", al punto de ir a presenciar en persona el funcionamiento de un acumulador (inexacto o parcial: Reich le entrega a Einstein un acumulador, y este encuentra otras explicaciones para lo que Reich observaba en los mismos - YF). Un mes más tarde, sin embargo, envió un veredicto negativo sobre la experiencia. Reich quiso protestar, y Einstein no respondió a sus cartas (en realidad respondió negativamente, desentendiéndose del tema - YF). Una nueva decepción”.(Roudinesco, ob. cit.)
Roudinesco sostiene que “a partir de enero de 1942, atacado desde todos lados, tratado de charlatán por los psiquiatras y de esquizofrénico por el ambiente psicoanalítico norteamericano, Reich se hundió en la locura”. (Roudinesco, ob. cit.)
Roudinesco no cita el siguiente episodio:
En la introducción de La función del orgasmo (segunda versión de 1942) Theodore Wolfe escribió: "A las dos de la madrugada del 12 de diciembre de 1941, Reich fue sacado de la cama por agentes de la FBI (Federal Bureau of Investigation) y llevado a Ellis Island. Del expediente de Reich, así como de las investigaciones efectuadas antes y después de su detención resultaba del todo evidente que nada permitía situar a Reich bajo los preceptos de la Enemy Alien Act. Hasta el 5 de enero de 1942 no se dictó su libertad condicional. Aunque se había utilizado contra la obra de Reich el procedimiento de denuncias a la policía ya antes en Europa, nunca hasta entonces había sido detenido".(Citado en Wikipedia, en la entrada Wilhelm Reich). Reich tenía en su poder, entre otros textos utilizados como bibliografía de sus libros – Psicología de las masas del fascismo, e Irrupción de la moral sexual -, un ejemplar de Mi lucha, y diversos textos de Marx y Engels.

1942-1957: “¡Líbrennos de Reich!”
Reich continuará sus experimentaciones sobre la energía orgónica, sobre todo trabajando con pacientes con cáncer terminal, informando permanentemente a la Food and Drug Administration, y solicitando que los resultados de las mismas fueran verificados y controlados. En 1952 es juzgado por estafa por haber comercializado sus acumuladores de energía orgónica, y se prohíbe la venta de sus libros: “Reich fue encarcelado después de un proceso lamentable” (Roudinesco, ob. cit.), en el que se le diagnosticó esquizofrenia, retirándosele su matrícula de médico, y siendo lanzados sus manuscritos a la hoguera en el Incinerador Gansevoort de Nueva York el 23 de octubre de 1956. Reich murió en la penitenciaría de Lewisburg, Pensilvania, el 3 de noviembre de 1957 (luego de unos meses de encierro), de un ataque al corazón, un día antes de apelar su sentencia.
Años antes, Freud lanzaba su humorada (ante la quema de su obra a manos de los nazis) referida a que algo se había avanzado: en la época de la Inquisición lo habrían quemado a él. Reich no tuvo tanta suerte.

II
Ha sido lo más frecuente descalificar de plano la obra de Reich y/o parcializarla, por considerarlo psicótico, haciendo sobre todo hincapié en la última parte de la misma. Leyendo a quienes dicen haberlo leído, y lo cuestionan o intentan recuperarlo, me he encontrado con notables simplificaciones y parcializaciones. Inclusive las críticas que pueden realizarse a sus conceptualizaciones y desarrollos siguen ese mismo destino. Es notable también la divergencia en torno a sus datos biográficos.
Retomemos las concepciones fundamentales de Reich: producto de la socialización del sujeto es un estancamiento libidinal, consecuencia de un exceso de represión sobre la sexualidad (lo que en Freud aparece como neurosis actual, combinado con la fantasmática edípica, que a su vez es efecto del poder político); la importancia del reflejo del orgasmo, su represión socialmente instituida a través del sometimiento al complejo de edipo; un estado de frustración que genera agresividad que es vuelta contra el sujeto (carácter masoquista), desechando así la existencia de la pulsión de muerte; procediendo el análisis a trabajar sobre el carácter, sobre las defensas que lo sostienen conformando una coraza, en sucesivas capas, defendiendo una de la otra. Con el análisis y penetración de la coraza se libera la energía vegetativa. Esto se manifestará en la aparición del reflejo del orgasmo.
Ciertamente, uno de los cuestionamientos que puede hacerse a su obra es la búsqueda de una solución total al padecimiento, yo diría que más que eso: una explicación total y absoluta, finalmente cósmica; también es cuestionable y empobrecedor para la misma su rechazo de la pulsión de muerte.
Se puede apreciar cómo su búsqueda de dar una fundamentación materialista hace pié en lo pulsional, pero casi degradado a la dimensión de lo instintual, degradando a su vez el deseo a la necesidad, no apareciendo por lo tanto las dimensiones del deseo y el fantasma, ni el lugar del otro y de su deseo fundando el mundo pulsional y deseante – sólo reprimiéndolo negativamente - , ni la dimensión inconsciente de ese otro, su intromisión-seducción (explicitada por Freud en Tres ensayos), y tampoco aparece la idea de transformación-metabolización de lo recibido: parece como si la socialización produjera sujetos autómatas. Por lo que no permite entender cómo cambian los sujetos más allá de que pueda cambiar la sociedad, ni permite entender la historia, siendo los sujetos una suerte de epifenómeno de la sociedad, totalmente socializados. A lo sumo el cambio se plantea como resultado de la liberación de la energía reprimida.
Pero al mismo tiempo permite sostener e inaugura cuestiones fundamentales para el psicoanálisis. Por ejemplo, su trabajo sobre el Edipo y el superyó como instancias de anclaje del poder, y su efecto sobre el registro pulsional, relativos a la vez a su modo de abordar el principio de realidad, no pueden dejarse de lado:

“El principio de realidad es, con la forma que hoy por hoy reviste para nosotros, el principio de la sociedad capitalista, de la sociedad basada en la economía privada … Muchas son las desviaciones idealistas en psicoanálisis respecto de la manera de concebir el principio de realidad, y así es como a menudo se lo presenta como un dato absoluto”. (W. Reich, 1971, pág. 79)
“La manera en que un sistema social se reproduce estructuralmente en los hombres sólo puede captarse concreta, teórica y prácticamente si se pone en claro la manera en que las instituciones, la ideología, las formas sociales de vida, etc., moldean el aparato pulsional”(W. Reich, 1971., pág. 81)
La coraza caracterial es el resultado del conflicto sexual infantil, y sus modos de resolverlo, pero es al mismo tiempo allí donde incide el modo social imperante, que en el caso del capitalismo impide su resolución, fijando al sujeto a la fase edifica, ya que el sometimiento al padre favorece el sometimiento social. “Reich ve en el Edipo una función de sujeción del individuo, primero en interés de los patriarcas y en seguida en interés de las clases dominantes y del Estado”. (Reich, 1971, 36)
Avancemos un poco más: Reich arrastra una especie de creencia en el mito del buen salvaje de Rousseau: sin la molesta presencia de la coerción social sobre lo natural de la sexualidad humana, el hombre alcanzaría la libertad y la felicidad. Esto va de la mano del rechazo de la pulsión de muerte: desaparecida la coerción social, los sujetos serían buenos. La idea de coraza que debe ir perforándose hasta llegar a la liberación de la potencia orgástica da a entender la existencia de una supuesta verdad o naturalidad del sujeto. Una suerte de “buen salvaje” interior.
Con respecto a la cuestión del lugar otorgado al orgasmo: recordemos que pretende que a través del mismo puede obtenerse una descarga total, y que eso resolvería el estancamiento libidinal, recuperando así el sujeto su capacidad orgástica. Esto será así hasta el final de su obra. Nos encontramos con que el eje en la obra de Reich es la dimensión de lo económico y lo energético y por lo tanto, de lo afectivo, tal como fuera expresado por Freud en innumerables textos: desde el Proyecto (texto en clave energética: quantum de cantidad que debe cualificarse - de hecho, el afecto es energía libidinal cualificada - pasando por La interpretación de los sueños. Por otra parte, Freud nunca abandonó la idea de que dicha energía pudiera medirse.
Reich sostiene que “El problema de la cantidad … residía en la base somática, el “núcleo somático” de la neurosis, o la neurosis actual (neurosis estásica) que se desarrolla a partir de la libido contenida. Vale decir, el problema económico de la neurosis, y asimismo de la terapia de la neurosis, pertenecía en gran medida al dominio somático y no era accesible sino a través de los contenidos somáticos del concepto de libido”. (Reich, 1975, 37) “Eliminando la neurosis actual (neurosis estásica), el núcleo somático de la neurosis, se elimina también la superestructura neurótica”. (Reich, 1975, 37)
Con respecto a cómo piensa a la sexualidad, podríamos decir que Reich desconoce - parafraseando a Castoriadis - que la sexualidad humana está desfuncionalizada, en ella se ha producido un estallido de la sexualidad animal. Que no está más acá o allá de los juegos del deseo y el fantasma. No hay normalidad ni naturalidad, cosa que Reich no entendió. Pero no debe perderse de vista que él señala algo que solamente Abraham rescata: la función psíquica de la sexualidad genital, del orgasmo.
Sus últimos trabajos son sobre lo que denomina biopatías, y entiendo que dejó abiertas líneas para pensar aún hoy, sobre la cuestión de la llamada psicosomática:
Traduciendo su obra a otra terminología – incluyendo sus últimos trabajos en orgonterapia, sobre todo cuando pretende sostener la simultaneidad del análisis del carácter con la vegetoterapia - , se puede considerar que el problema psicosomático es un problema del afecto: mejor dicho, de un quantum de energía que no llega a ser afecto, es decir, que algo falla en el salto hacia lo pulsional, y/o de lo pulsional a tener representantes en la psique. ¿Se podría pensar la cuestión de lo psicosomático como un no-destino de la pulsión?, ¿o como un destino en el soma de lo que no llega a adquirir el status de pulsión?
Hay en Reich un reduccionismo biologicista, hasta cósmico finalmente: pero tal vez haya allí un señalamiento de que para lo psicosomático la respuesta está en otra parte. Ni en el cuerpo, ni en la psique, sino en un entre, un accidente de lo que debiera haber devenido en pulsión y queda sin traducción a ese nivel, y que se necesitaría otro tipo de trabajo analítico para favorecerla (si es que esto fuera posible). O que habiendo devenido en pulsión debiera haber encontrado un lugar en la psique, mediante sus embajadores en ella: el afecto y la representación, pero no lo ha logrado. Exigencia de trabajo y al mismo tiempo efecto sobre ella del trabajo de la psique. Tal vez esto tenga que ver con lo que, para Reich era la clave de la enfermedad somática: la energía no liberada, la estasis de energía.
En general en psicoanálisis hay un hiperdesarrollo de teorizaciones sobre la representación, no ocurriendo lo mismo con el afecto. En el lacanismo es una dimensión casi inexistente. Reich liga el afecto al cuerpo, con un sustrato energético que determina el dominio económico-libidinal-erótico en la psique, energía situada por fuera de la ésta, pero siendo – según él mismo lo señala – su problema más importante.
Con respecto a su denuncia de que la sociedad coarta la sexualidad de los sujetos, es lo que Freud sostenía abiertamente, por ejemplo en La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna. Hoy podríamos decir más que eso: la sociedad crea la sexualidad humana. Y también la sociedad (capitalista, pero no solamente la capitalista) exige postergaciones también para que sus integrantes produzcan. ¿Cuál es la medida de la renuncia, hay una medida ideal? Eso no es un dato natural tampoco. ¿Cuántas horas hay que trabajar? ¿Qué lugar tienen el placer y el ocio?
Reich no toma en consideración que la sociedad también debe controlar la agresividad – tesis central en El malestar en la cultura - . Por lo que si debe considerarse la estasis libidinal, debiera pensarse en la pertinencia de considerar la agresiva.
Lo cierto también es que Reich no entendió – al desconocer su existencia - que la sociedad utiliza la pulsión de muerte para sujetar al sujeto al orden dado (aunque da más que interesantes señalamientos acerca de cómo hace introyectar la agresividad, sobre todo en Psicología de las masas del fascismo). La suya es en ese sentido una teoría simplista, pero que – como vimos y sería fundamental en este punto recorrer sus tesis en ese texto - muestra las profundidades del accionar social sobre la psique, de un modo simplificado a como podemos entenderlo hoy en que podemos sostener que la sociedad reprime impulsos vitales, extrayendo energía, valiéndose de la pulsión de muerte, de instancias y elementos de la psique que ayudan al sojuzgamiento del sujeto, como el superyó y el sentimiento inconsciente de culpabilidad. También sabemos que ese sojuzgamiento es lo que permite la existencia de la sociedad misma. Pero Reich es quien también nos ha permitido pensar en estas cuestiones.

2009, Epílogo, sin incienso
Pienso que Reich quiso terminar de abrir con vehemencia puertas entreabiertas por Freud en el momento en que este comenzaba a entornarlas.
Dice Roland Chemana que “En 1952 Kurt Eissler realizó para los Sigmund Freud Archives una notable entrevista con Reich, que fue publicada en 1967, con el título de “Reich habla de Freud”. Pero, sin ninguna explicación, Ernst Freud, impulsado por Eissler, le negó a Mary Higgins, responsable de la publicación, el derecho a citar las cartas que Freud le había escrito a su ex discípulo. Incluso se prohibió consultarlas en la Library of Congress”.
(…) “Es casi seguro que de la publicación de esas cartas surgiría una imagen del padre fundador poco compatible con la hagiografía oficial. En efecto, a través de algunos resúmenes se conoce el contenido probable de esos textos, que demuestran que Freud tenía miedo de Reich: temía su locura, su celebridad, su compromiso político. Los discípulos, por su parte, hicieron todo lo posible para desembarazarse de un hombre que los molestaba en su conformismo, hacía vacilar sus convicciones y restablecía los vínculos con los orígenes "fliessianos" de la doctrina freudiana, orígenes cuya importancia ellos trataban de borrar”. (Chemana, ob. cit.)
Roudinesco a su vez sostiene que“Reich sentía por Freud una admiración sin límites, mientras que Freud demostró respecto de Reich una ferocidad desmesurada”. (Roudinesco, ob. cit.)
Y dijo Reich en esa entrevista, previa al proceso que lo llevaría a la cárcel:
“Yo fui demasiado lejos. Desplegué un entusiasmo excesivo desde el primer momento. Al mismo tiempo, me gané muchos enemigos. ¿Freud?, no lo sé. No creo que Freud estuviera contra mí. Los psicoanalistas, socialistas, comunistas y nazis, sí. Y los liberales también. Todos estaban en contra”(Rodrigué, 1996, Pág. 383)

lunes, 16 de abril de 2012

Las Servidumbres del Sujeto, por Yago Franco

Les dejo con varias delicias, una es la de Yago Franco de la página amiga: elpsicoanalitico.com.ar, otra es la 1ª Sinfonía de Beethoven. Además nos acompaña un detalle del "Juicio Final" de Miguel Ángel.
Disfruten la hermosa música mientras leen: http://youtu.be/T7ED7TqsIy0 y también http://youtu.be/f3O12X08DpY




La práctica psicoanalítica persigue, como una de sus más importantes finalidades, que el sujeto pueda trabajar sobre sus diversas servidumbres: entre ellas y sobre todo, las que ignora que lo habitan, tanto sean identificaciones, tiranía superyoica, compulsividad pulsional (que incluye las tendencias mortíferas de la pulsión de muerte), etc. Trabajo que parte de la siguiente consideración: todo sujeto está habitado por un discurso que lo antecede y lo instituye como tal, que vive en su Inconsciente, en sus identificaciones, en sus modos de conducir su mundo pulsional. Que en los orígenes el sujeto se encuentra (y es necesario que así sea) alienado al mismo. Dicho discurso, proveniente de sus otros primordiales, es transmisor de enunciados identificatorios concernientes a su prehistoria y porvenir, los deseos y anhelos con los que llega a este mundo, y lo es también del sentido común de la sociedad, de sus expectativas, valores, ideologías, creencias, etc., y da un basamento de certeza indispensable hasta para llevar a cabo su cuestionamiento. Para ello el sujeto debe poder realizar una operación de desdoblamiento – un mirar-se – que es lo que debería producirse en un tratamiento psicoanalítico. Una mirada sobre todas sus instancias, tomando contacto con sus tendencias en juego, sus incoherencias y contradicciones, y sin intentar llegar a una unidad. La apuesta analítica – para el caso de las significaciones individuales - es que pueda adquirir otra relación con dicho discurso, sin pretender eliminarlo: hacerlo sería eliminar su propia base de apoyo, sus identificaciones originarias. Con respecto a las significaciones colectivas, su cuestionamiento será posible mediante la práctica política, el arte, el pensamiento, etc.


Servidumbre y alienación

Entonces, hay una suerte de servidumbre del infans en relación al otro y a través de este, al Otro, servidumbre que es estructurante y que ofrece una base de sentido sobre la cual el sujeto podrá edificar el propio. Pero de perpetuarse dicho estado de servidumbre, nos encontraremos con estados de alienación (que no equivalen a la psicosis, diferenciación lúcidamente establecida por Piera Aulagnier). Podemos observar también que en diversos momentos de la vida, determinadas circunstancias pueden desencadenar dichos estados, en los cuales el sujeto pierde por lo menos en buena medida su condición de tal, para devenir objeto del deseo de otro. Entonces, dentro de la serie de las servidumbres es necesario incluir una que no es solamente intrapsíquica: las relaciones de alienación. Es decir, el estado de servidumbre en relación a otro sujeto, que puede producirse debido a las condiciones de origen del humano – sobre las que volveremos más adelante -. Es también el caso de un discurso social impuesto -como en el caso de los totalitarismos- bajo amenaza y terror que puede desencadenar en un estado de alienación, de servidumbre en relación a un régimen; también es el caso de grupos de los que las sectas son un claro ejemplo. Así, la servidumbre puede ser en relación a instancias del aparato psíquico, a un régimen, a una formación grupal, y también en relación a otro sujeto. Nos ocuparemos aquí de los estados de alienación, tanto sean referidos a otro sujeto, a un régimen, o al que puede producirse en un tratamiento psicoanalítico.


Sobre la servidumbre voluntaria

Hace ya mucho tiempo, fue Etienne de La Boetie [1] quien se preguntó – refiriéndose al sujeto en tanto formando parte del colectivo – acerca de qué es lo que permite que se produzca la servidumbre voluntaria. Servidumbre voluntaria: servir a un amo sin protestar, es más, voluntariamente. Inclinarse ante otro que somete, sin conflicto alguno: sometimiento voluntario. Pero también, servidumbre no reconocida como tal.
También Freud – en Psicología de las masas y análisis del Yo - se ocupó de tratar de entender aquellos mecanismos colectivos que llevan al sujeto a estados de alienación en relación a un líder – inaugurando una reflexión sobre le presencia en la psique del poder instituido -, elevado al lugar de su Ideal del yo, desplazando al Yo del sujeto. Wilhelm Reich inauguró una serie de reflexiones sobre las condiciones que permitieron el sometimiento de los sujetos y su participación en el nazismo – para ampliar esta visión a la socialización misma de los sujetos [2]. Se abrirían, luego, diversos desarrollos que llevarían a pensar los modos de establecerse el poder en la psique de los sujetos, realizados por la Escuela de Frankfurt (sobre todo Adorno y Marcuse); también encontramos las obras de Piera Aulagnier y Cornelius Castoriadis, quienes avanzaron en formalizar los mecanismos de la socialización de la psique, las interfaces entre esta y la sociedad, incluyendo los modos específicos de ataque a la autonomía del sujeto y por lo tanto, la caída en estados de alienación. Y en nuestro medio León Rozitchner y Fernando Ulloa – entre otros – hicieron desarrollos sobre la temática de la subordinación al poder y el quedar a merced de la perversidad de otro sujeto o a un poder político.

Estas reflexiones sobre las servidumbres del sujeto, han permitido pensar tanto en las cuestiones propias de la psique misma – de su estructuración - , como así también en vicisitudes de los lazos, o de un colectivo.
Así, podemos establecer condiciones tanto desde la psique como desde la sociedad que favorecen los estados de alienación, o como hemos preferido denominarlos en este texto: de servidumbre.


Del lado del sujeto: la servidumbre originaria

Ahora bien, la pregunta es ¿cómo es posible la existencia de una servidumbre voluntaria? Retomando lo expuesto al inicio de este trabajo: sabemos del estado de desamparo e inermidad en el que se encuentra el humano en sus primeros tiempos de vida, y de su dependencia en relación a quienes se hacen cargo de él. La psique del sujeto se encuentra en un estado originario que es vivido por este como de completud (mónada psíquica la denomina Castoriadis). Ese estado es también el prototipo de todo sentido. Y es cerrado, total, totalitario. Sabemos que, perdido el estado originario de completud, el infans deviene en un buscador de sentido para escapar del horror al vacío de sentido (la psicosis es la última defensa). Tuvo un sentido originario, ya perdido, e intentará recobrarlo a través de la proyección de la omnipotencia originaria en las figuras parentales, y en las que vengan a ocupar ese lugar. El infans necesita creer que hay un dueño de la significación, alguien no alcanzado por la castración, que sea dueño de un discurso que oficie de certeza, incuestionable. Los adultos que lo rodean deben poder transmitir lo imposible de esa búsqueda, a la que previamente deben haber renunciado. A la finalización del complejo edípico el sujeto quedará ubicado entre las demandas de renuncias y amenazas de castigo del superyó, su masoquismo originario, y el sentimiento inconsciente de culpabilidad, uno de los residuos del final del Edipo. Esto permite el anclaje del sentido social en la psique –dado a cambio del abandono de la situación edípica, efecto del complejo de castración-. En sucesivas fases, se habrá pasado de la incorporación de un sentido de uno (mónada psíquica), a uno de dos (el lazo con la madre), a otro de tres (con la incorporación de la figura paterna), y finalmente al sentido colectivo; los primeros nunca son plenamente abandonados, permanecen en diferentes estratos, y pueden ser activados por algún desencadenante o formar parte de la neurosis del sujeto. De ellos es el primero el que más nos interesa en lo relativo a los estados de alienación. Con respecto al sentido del colectivo social, para poder ser cuestionado será fundamental el encuentro con una instancia del poder que no pretenda imponer el sentido social por medio del terror, o de un dogma religioso. Como comentario al margen: vemos aquí la importancia fundamental de una educación democrática, y de una crianza que acentúe valores de autonomía, para mitigar esto que llamaremos el aspecto psicogenético que permite entender qué es lo que favorece desde la psique del sujeto el estado de servidumbre voluntaria: una suerte de falla propia del psiquismo humano.


Servidumbre voluntaria: del lado del otro

Y como hemos sostenido en otro lugar [3]: el poder se vale del malestar en la cultura para abrirse espacio en la psique de los sujetos; de ese malestar originado en las renuncias pulsionales (comenzando por la exigencia de abandono del estado monádico originario) exigidas para vivir en sociedad, renuncias a cambio de las cuales ofrece su propio sentido social. Este sentido es el que le permite al poder reproducirse como tal, produciendo subjetividades acordes con sus objetivos [4], y al sujeto le permite sobrevivir al abandonar paulatinamente el lecho mortífero monádico. Pero cuando se trate del caso de una alienación secundaria (ejercida sobre el Yo: violencia secundaria denominada por Piera Aulagnier), se satisfará la tendencia a volver a ese estado oceánico, de completud y reposo, descrito por Freud en El malestar en la cultura.

La alienación es un estado a-conflictivo, entre el Yo, sus deseos y los de los otros catectizados, que no necesariamente supone patología previa. Cualquier sujeto podría caer en un estado tal cuando se trata de lo colectivo, cuestión – por cierto -sumamente inquietante. Aulagnier señalará así que puede no ser un fenómeno singular, y requerir de otros que también idealicen y estén alienados (vemos aquí la presencia del esquema de Psicología de las masas). Se apoya en un deseo previo presente en el sujeto de anular el pensamiento, su interrogación, por lo tanto, de eludir la incompletud a nivel del Yo: es el deseo de volver al estado originario de reposo psíquico. Y en la realidad, se tratará del encuentro con el deseo de una instancia que puede ser la de quienes detentan el poder político, o más ampliamente, la de quienes dominan el espacio de poder de una sociedad, y mantienen dominado al resto. Así, este estado de servidumbre puede producirse por adhesión o por amenaza. Con respecto a la adhesión (mecanismo habital en las sociedades teocráticas), podemos sostener que en la actualidad es posible pensar la misma como consecuencia de la promesa de lo ilimitado que produce la sociedad capitalista actual. Se le ofrece al sujeto, mediante maniobras cuasi hipnóticas (hiperpresencia en los medios videoelectrónicos combinada con aceleración de la temporalidad [5], la posibilidad de llegar a ese estado de completud; y veladamente (y a veces no tanto) se blande la amenaza de exclusión, de no pertenecer si no se adhiere. La absoluta e insidiosa presencia de un discurso monolítico referido al consumo, a la posesión ilimitada de objetos, y la negación, que ese discurso hace de los efectos devastadores de esa producción y consumo ilimitados, habría hallado en el Inconsciente de los sujetos un aliado perfecto. La idealización ya no es la de algún sujeto entronizado en el poder, sino que es la de una idea, la del bien encarnado en el consumo, en la acumulación, y en que eso no tendría límites. Y que para pertenecer a la sociedad, es necesario participar de dicha idea. La clínica va demostrando día a día las consecuencias destructivas para la psique de tal servidumbre del sujeto, en un estado que hemos situado más allá del malestar en la cultura [6].


Servidumbre y relación analítica: la cuestión del abuso de transferencia

Finalmente aparece la cuestión de la servidumbre que puede producirse en un tratamiento analítico. Es también Piera Aulagnier quien ha señalado y descrito minuciosamente esta cuestión, que denomina abuso de transferencia.
La situación de asimetría que tiene lugar en la práctica analítica, remeda la situación originaria del sujeto, favoreciendo la instalación de una ilusión que permite el inicio del análisis, pero que de perdurar generará un estado de alienación. Lo que debiera haber sido el encuentro con un analista a quien se le supone un saber sobre el sujeto, se transforma en la certeza de haber hallado una fuente de saber absoluto, que se impone sobre su propio pensamiento, sobre su Yo, quedando éste a la sombra del saber del analista. Esto colma el deseo de no tener que pensar más, presente tanto en el analizando como en el analista. Así, el abuso de transferencia es “toda práctica y toda conceptualización teórica que amenacen confirmar al analizado la legitimidad de la ilusión que le hace afirmar que lo que se tiene que pensar sobre el sujeto y sobre este sujeto, ya fue pensado de una vez para siempre por UN analista y, por lo tanto, que el analista no puede esperar ni oír nada nuevo de y en el discurso que se le ofrece” [7]. La causa de este abuso es el displacer que para el analista sería pensar nuevos pensamientos y renunciar a otros, el temor a dudar sobre lo que él mismo ha tomado como certeza, en lo que podemos hallar además perniciosos efectos de pertenencia institucional o grupal. Este estado de abuso de transferencia cursa con la permanencia indefinida de un amor de transferencia y de contratransferencia, que señala en realidad que la relación analítica ha dejado de ser tal. El paciente se transformará en una suerte de seguidor de su analista, de su estilo, de su teoría, inhibiéndose de toda crítica, generalmente tratada por aquél como resistencia.
Funesto destino del Psicoanálisis en estos casos, aquello que debiera haber estado al servicio de permitirle al sujeto tomar contacto con sus servidumbres para cambiar su relación con ellas, se transforma en una más poderosa que ellas, incuestionable e invisible.


Servidumbre y dignidad

Finalmente: hemos visto así que tanto los estados de alienación a otro o a la sociedad tienen mecanismos en común, que se asientan en las condiciones de subjetivación de la psique humana. Y que también es necesario que en ese otro, grupo o instancia del poder social, exista un deseo de dominio sobre el pensamiento del sujeto.

En todos los casos un sujeto sometido a servidumbre ha perdido su dignidad: ha sido rebajado en su condición de sujeto, ha advenido un objeto de otra instancia que habita en la escena de la realidad. Indignarse es un paso hacia recobrar la condición de sujeto, saliendo de una posición pasiva, de objeto.
Es instituirse o rescatarse como sujeto, instancia que pudo haberse perdido o no haberse adquirido. Accidente identificatorio al que todos los sujetos están expuestos. La educación, la práctica política, la psicoanalítica, la creación artística, el pensamiento, muchas veces los lazos amorosos, están al servicio (potencial) de que el sujeto se rescate de dichos estados, ya que permiten crear brechas en el muro de sentido producido en las diversas instancias de socialización del sujeto, destituyendo sentidos pretéritos, y creando nuevas significaciones, individuales o sociales.

[1] de La Boetie, Etienne. Sobre la servidumbre voluntaria.
[2] Franco, Yago. Aporías en interrogantes en la obra de Wilhelm Reich
[3] Franco, Yago. Nadie nos somete, Revista Topía N° 31, Buenos Aires, 2000.
[4] No está de más aclarar que esto ocurre en toda sociedad, y que lo que produce una diferencia es la existencia o no en ésta del dominio de una parte del colectivo social sobre otra, tanto como la de significaciones como las de libertad, justicia, igualdad, búsqueda de la verdad, etc.
[5] Ver Número 3 de El psicoanalítico.
[6] Franco, Yago. Más allá del malestar en la cultura. Psicoanálisis, subjetividad, sociedad, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2011.
[7] Aulagnier, Piera. “A propósito de la transferencia: el riesgo del exceso y la ilusión mortífera”. En El sentido perdido, Ed. Trieb, Buenos Aires, 1980, Pág. 132.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Puede morir el psicoanálisis?

EL PSICOANALÍTICO
¿Puede morir el psicoanálisis?[1]
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar



¿Podría terminarse el psicoanálisis, dejar de ser, de existir? Una primera respuesta es – haciendo un paralelo con lo expuesto previamente con respecto a la práctica del análisis – que esto va a depender en gran medida de su capacidad de autoalteración, de transformación, de creación de teorizaciones y prácticas ligadas a lo que la subjetividad y la sociedad presenten, a su vez, como alteración. No me voy a extender en este punto. Simplemente quiero decir que es posible – no sabemos si probable – que el psicoanálisis deje de ser. De hecho vemos los embates constantes a los que es sometido, sea por la psicofarmacología, las llamadas neurociencias, el denominado cognitivismo, etc., y sus tendencias a negarlo y desecharlo, tanto como la pregnancia de un estado de la cultura que hace un culto del individuo en detrimento del lugar del sujeto; pero también y sobre todo debemos apreciar y estar alertas a las resistencias al interior mismo del psicoanálisis que impiden el surgimiento de lo nuevo, aislándolo de otras disciplinas o de la sociedad en tanto esta es historia y por lo tanto, alteración.
El psicoanálisis ha cambiado muchas veces, no ha sido siempre el mismo, y tenemos que rendirnos ante la evidencia de que la práctica se ha modificado notablemente en las últimas décadas. Puede seguir cambiando. Pero claro, es necesario aclarar que no toda creación es sinónimo de lo bueno, de una buena creación. Muchas creaciones al interior del psicoanálisis han estado al servicio de las resistencias al psicoanálisis. Tampoco vale para el psicoanálisis la idea de progreso.

Parafraseando a Castoriadis en su texto Transformaciòn social y creación cultural [2]: No intentamos postular que esta flor, como las otras, se marchitará, se marchita o se marchitó. Intentamos comprender qué es lo que muere en el psicoanálisis, cómo muere y, de ser posible, por qué. También intentamos encontrar qué es lo que, quizás, está naciendo.

Entiendo que lo que muere, y lo que de no ser reconocido como caduco puede llevarlo a su final inexorable, es toda posición que niegue los efectos de lo histórico-social en la psique, su enraizamiento en los estratos más profundos, la creación social de destinos obligados para el mundo pulsional y de modelos identificatorios, orientando entre ambos tanto el registro pulsional como el identificatorio. Está muriendo el psicoanálisis que no considera las consecuencias psíquicas de la aceleración de la temporalidad, las del reinado de lo digital sobre lo analógico; puede ser el final del psicoanálisis si este no se ocupa de las consecuencias de la destrucción del sentido socialmente instituido a causa de la crisis de las significaciones que ponen en crisis a su vez la posibilidad de creación de los mundos propios de sentido; también muere el psicoanálisis aislado de otras disciplinas y del mundo de la cultura y el arte.

Si el psicoanálisis es creación, si es actividad práctico-poiética 3, de lo que hoy se trata, es de la puesta en práctica de un dispositivo que ayude a los sujetos a hallar condiciones para que tenga lugar la figurabilidad psíquica. Que es lo mismo que decir que puedan crearse representantes representativos de la pulsión, cuya ausencia se observa cotidianamente en el empobrecimiento tanto del mundo afectivo como representacional de buena parte de los sujetos que consultan – no solo de ellos, nos abarca a todos - , más allá de sus diagnósticos.
Puede que lo que esté naciendo a tientas, sea otro psicoanálisis, que integre en sí formas anteriores pero bajo el signo de lo nuevo, que a la tríada del recuerdo, la repetición y la elaboración, sume la creación. Puede que esté naciendo un psicoanálisis ocupado, también, en cada proceso analítico, en la creación de un lazo, más que en el análisis de la repetición del mismo, ya que no puede repetirse lo que no ha sido construido. Hablamos así de déficits. Que no lo son solo de origen: hoy las neurosis actuales seguramente necesitarían de una redefinición, que no las liguen solamente a vicisitudes libidinales, sino de tánatos.

La roca dura contra la que podría partirse la nave del psicoanálisis y este hundirse es - tanto como para la psique - la de su propia castración no aceptada, la de la dificultad o resistencia de los psicoanalistas y sus instituciones, a reconocer y enfrentar la muerte de sus formas previas, la imposibilidad de continuar alterándose, la creencia en un pensamiento terminado, la detención de la interrogación. La alteración en el ser es, para Castoriadis, sinónimo de tiempo, ya que tiempo y creación van de la mano. La no aceptación de la mortalidad, también a este nivel, lo puede llevar – de modo paradójico – a su propia muerte como disciplina. Vemos así la profunda conjunción entre la aceptación de la mortalidad y Eros, válida tanto para un sujeto, como para una sociedad, y también para el psicoanálisis.


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Notas
[1] Fragmento de la exposición realizada en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires el 17-08-2010.
[2] en Insignificancia y autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis. Comp: Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti. Ed. Biblos, Buenos Aires, 2007.
[3] Ver seminario virtual El psicoanálisis como actividad práctico-poiética: www.magma-net.com.ar/virtualcastoriadisclinica.htm

jueves, 22 de julio de 2010

Enfermos, todos. (Reflexiones sobre el DSM-V) por Yago Franco







Enfermos, todos

Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar

El “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (de eso se trata esta sigla, traducida al español) encierra – como veremos seguidamente - en su propio nombre las claves de lo que es. ¿Por qué el DSM? ¿Para qué? ¿Para quién?


Podremos responder a estas cuestiones partiendo de circunscribir su existencia al histórico-social actual. El capitalismo, cuya significación es la que ordena la vida de la mayor parte de las sociedades del planeta, se presenta a sí mismo como un sistema racional. No sabemos al respecto si esto mismo guarda, realmente, alguna racionalidad: ocurre que, autoinstituido como un régimen racional, el capitalismo se justifica a sí mismo. La pregunta está respondida antes de poder ser formulada. De acuerdo a esta racionalidad, pretende medir, clasificar, ordenar, cuantificar, controlar por lo tanto, todo lo existente (la producción, la naturaleza … el ser humano). Con la finalidad de optimizar recursos y ganancias, hacer de los procesos de producción (producción de lo que sea) aquello que permita obtener la mayor ganancia. Para ello necesita incrementar la velocidad de producción. Cuanto menos tiempo se necesite para producir (desde un neumático hasta una prestación médica, pasando por la construcción de un edificio, etc.), mayor la utilidad de la empresa y de sus dueños. Empresas que van desde una destinada a la educación, o las que fabrican caramelos, termómetros, películas, salud … todo lo que existe.
A esto debe agregarse que desde hace un tiempo, la producción es acompañada y superada por el capitalismo financiero, que pretende que el dinero se reproduzca sin que medie producción alguna. Esto hace que todo se acelere aún más. La tecnología digital ha acelerado permanentemente las comunicaciones e intercambios, de los que depende en mucho la reproducción del sistema, ya que debe acompañar la aceleración de la producción y la financiera. El truco es sencillo: más rápido se fabrica un producto (manteniendo en igual nivel los salarios y honorarios, o en la medida de lo posible, haciendo que disminuyan), más plusvalía se obtiene, para lo que además es necesario que los objetos caduquen rápidamente (cada vez duran menos, como puede apreciarse en los electrodomésticos, los automóviles: pero también las noticias, que han devenido en una preciada mercancía que de paso ordena la vida política). Más velozmente voy cambiando el dinero de lugar, de acuerdo al rendimiento, más rápido este se reproduce. Claro que con la salvedad de que hay humanos de por medio, que sufren los avatares de estos movimientos, sin obtener beneficio alguno, pero corriendo con sus costos.
La tecnología actual intenta acompañar esta aceleración, a la que contribuye.
Franco Berardi señala que hay un desfasaje entre los emisores digitales y la psique. Esta no puede traducir semejante invasión y velocidad de estímulos. Claudine Haroche señala la imposibilidad de pensar o sentir en estas condiciones de existencia.
Esto es insoportable y pernicioso para el psiquesoma humano. Pero hay que aguantar porque hay sostener el sistema, estando presente además la amenaza de la exclusión, en tiempos de flexibilización laboral. El lector habrá podido observar la notable aparición de publicidades de medicamentos que prometen y han sido creados para no interrumpir el ritmo cotidiano: no hay que enfermarse. El DSM ha decretado la existencia de los trastornos en lugar de las neurosis y los síntomas de estas. Categoría blanda (Roudinesco), toma el relevo de los diagnósticos psicoanalíticos y psiquiátricos, y se dedica a recopilar síntomas que terminan siendo defectos (tal la idea de trastorno), alejados de la lógica del deseo, la defensa, las determinaciones inconscientes, el Edipo, la castración, etc. De esta manera, el camino para el reinado de los psicofármacos se ha facilitado, ya que se aplican para solucionar dichos trastornos (de los cuales muchos son en realidad la consecuencia de vivir en esta sociedad). Un camino también allanado para tratamientos “científicos”, centrados en la conducta. De ahí a prescribir tratamientos como si fueran fármacos hubo solo un paso: bastan 30 sesiones de psicoterapia para resolver los padecimientos, cuestión decretada por las empresas de medicina prepaga en Argentina. Así el DSM es algo que apunta “fundamentalmente a demostrar que el trastorno del alma y del psiquismo debía ser reducido al equivalente de una avería en el motor” (Roudinesco, Elisabeth, ¿Por qué el psicoanálisis?, Paidos, Buenos Aires, 2000, Pág. 41)
El sistema es insoportable, y no es posible dejar que alguien se salga del molde en el que debe estar inserto. El DSM, que trata de objetos humanos y no de sujetos, intenta poner orden en las conductas, y también en el sentir. “Por qué estamos contentos de tener psicotrópicos? Porque la sociedad en que vivimos es insoportable. La gente ya no puede dormir, está angustiada, tiene necesidad de ser tranquilizada, sobre todo en las megápolis. A veces me reprochan haber inventado la camisa química (…) (pero) Sin los psicotrópicos, se hubiera producido tal vez una revolución en la conciencia humana que clamara: ‘ Esto no se soporta más!’ , mientras, seguimos soportando gracias a los psicotrópicos”. Esto lo dijo Henri Lavorit, creador de la psicofarmacología. (Roudinesco, Elisabeth, Ob. Cit., Pág. 23).

Volvamos a la significación del capitalismo. Ella simpatiza con aquello de lo real que responde a la lógica denominada por Cornelius Castoriadis como conjuntista-identitaria. Esta se aplica sobre aquello que en lo real puede ser clasificado, ordenado, medido … Ordenar, clasificar, jerarquizar, sumar, restar, dividir, multiplicar, combinar, principio del tercero excluido, principio de no contradicción, principio de identidad, cuantificar, formalizar en ecuaciones …
Pero, Ud., querido lector, ¿ha intentando alguna vez ordenar, clasificar, medir, un sueño, o un fantasma, o un deseo? ¿Las representaciones y afectos y deseos actuantes en estos? ¿O las que intervienen en un síntoma? ¿Cuántas representaciones, cuál es su orden? ¿Y los afectos? ¿Hay un medidor para la angustia, para el complejo edípico, para un síntoma obsesivo, una fobia, la inestabilidad de fronteras entre la psique y el mundo y sus propias instancias? Resulta que en la psique – en el inconsciente de esta sobre todo, pero también en el yo cuando, por ejemplo, ejercitamos la asociación libre - no hay principio de no contradicción, ni de identidad, ni de tercero excluido: se resiste a la lógica formal. Una representación puede ser muchas, muchas pueden conducir a una, no existe un elemento aislado, su significación adviene del lugar ocupado en una cadena de significaciones … hay desplazamiento, condensación. Se puede amar y odiar al mismo tiempo, desear lo que se teme, tener sueños de angustia, actuar contra sí mismo … El DSM está edificado sobre la negación del modo de ser de la psique, y transmite la creencia de que sus elementos, representaciones, afectos, deseos, fantasmas, síntomas, etc. pueden seguir un destino cuantificable, ordenable, jerarquizable, por lo tanto, controlable. De acuerdo a esto, el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” indicará una metodología (no psicoanalítica) para volver todo a su cauce.
El DSM supone la existencia de patologías por fuera de los sujetos. Es el sueño cumplido de la paloma de Kant: Ahora, sin el aire que le hace resistencia, puede, ¡por fin!, volar libremente. No es de extrañar: esto responde a la absurda y peligrosa pretensión de dominar lo real (pseudo dominio, pseudo racional, dijo incisivamente Castoriadis), y confirma el pasaje de una sociedad de vigilancia y castigo a una de control (Foucault), que se completa con el pasaje del foucaultiano panóptico al sinóptico (Bauman). Todos mirando el mismo hipnotizante punto.
El DSM ha sido adoptado/canonizado por la Organización Mundial de la Salud …


De la psicopatología de la vida cotidiana, a la psicopatologización de la vida. No va a quedar ninguno sano.

En su evolución desde 1952, el DSM llega al paroxismo de su versión N° V, que avanza claramente hacia una normativización psicológica de la vida, expulsada – finalmente – la subjetividad.
Décadas atrás el DSM no ocupaba el lugar que ocupa ahora: directamente no ocupaba ninguno. Los psicoanalistas y los psiquiatras manteníamos un diálogo – no exento de tensiones – que permitía la elaboración de diferentes miradas, posiciones, el disenso, la discusión, el acuerdo. No necesitábamos una lengua común: ¿por qué debíamos tenerla, si los objetos eran en buena medida diversos, y terminábamos hablando un dialecto a través del cual nos entendíamos? Era en todo caso una tarea productiva la de traducirnos, un trabajo de la subjetividad. Podíamos trabajar de todos modos, y salir adelante de muchos atolladeros clínicos. En la psiquiatría existía una clara diferencia (que hoy no lo es tal) entre la psiquiatría dinámica (aquella rica disciplina ligada a H. Ey y vinculada con el psicoanálisis) y la biológica, que parece haber triunfado finalmente. De hecho, el psicoanálisis y la psiquiatría dinámica ocupaban un lugar central en las primeras versiones del DSM. Pero esto fue siendo dejado de lado, abandonándose – como señaláramos - categorías como neurosis, síntomas, inconsciente … para pasar a hablar de trastornos y a realizar una obsesiva e imposible catalogación de estos.
Por supuesto que detrás de toda esta cuestión hay dinerillos en juego, por partida doble. Por un lado, obviamente, el avance de la industria farmacológica. Poner orden, que nadie salga del molde, es, además, un excelente negocio. Consumir un antidepresivo hace más tolerable lo intolerable, permite sostener el sistema incrementando además su eficiencia al disminuir ausentismos, rebeldías y protestas, mal desempeño, etc., pero además permite seguir edificando una industria que está entre las que más utilidades dejan, junto con el tráfico de armas y de personas.
Así, se produce el pasaje de la psicopatología de la vida cotidiana freudiana, que mostraba la presencia del sujeto aún en las cuestiones más irracionales en apariencia (lapsus, sueños, accidentes de la vida cotidiana) confirmando su carácter de sujeto trágico (traccionado por la culpa, el deseo, los ideales, etc.), a psicopatologizar la vida cotidiana de los ciudadanos. Un niño inquieto por la estimulación constante a la que es sometido por la TV, los videojuegos; una mujer que pierde el sueño junto con el amor de su vida, o quien lo sufre por la muerte de un ser querido; un oficinista angustiado por la competencia laboral; un profesional que debe trabajar gratuitamente en hospitales y siente profunda tristeza; un operario que sabe que en la empresa en la que trabaja (y cuyo sueldo no le alcanza) está elaborando una lista de despidos y siente confusión, desesperanza, angustia: ¡todos en la misma bolsa, todos enfermos!
Y al mismo tiempo, se abandonan las categorías de la psicopatología: se tratan los daños colaterales que produce esta sociedad, y se crea una confusión generalizada acerca de lo que es un padecimiento del sujeto. No se toleran los duelos, la tristeza: se solicita e indica indiscriminadamente, medicación o tratamiento, el que sea. No se toleran las pasiones del alma.

Hay en este momento, en algún lugar del planeta, “científicos” “serios” decidiendo qué es normal y que es patológico, en todos nosotros, en todas las edades.

Al DSM-V hay que oponérsele, denunciándolo, desenmascarándolo, discutiéndolo en cada reunión del staff de psicopatología de las empresas prestadoras de medicina, en los equipos asistenciales de las obras sociales, en los hospitales.

Las pesadillas expuestas en Farenheit 451 (Bradbury) y en Un mundo feliz (Huxley) están a la vuelta de la esquina. Pastillas para poder seguir en pie mientras el boxeador contrario nos sigue pegando. No hay knock out, se puede seguir y seguir, hasta que la psique quede vaciada de subjetividad y nos transformemos en patéticas marionetas sacudidas por los golpes y siempre sonrientes.