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Paz y Ciencia
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martes, 8 de marzo de 2022

PARANOIA Y MARIHUANA

 



Incluso las personas usuarias de cannabis sienten algo de paranoia inducida por marihuana de vez en cuando. Gracias a la leyenda del rock and roll Neil Young, conocemos una solución súper simple para ese asunto.

No, Neil Young no soltó ningún dato relacionado con la paranoia en sus sabias y narrativas letras. En vez de eso, fue durante una entrevista del 2014 con Howard Stern. Stern expresó que no fuma yerba porque lo “pone paranoico”.

Neil Young, relajado y echado sobre el respaldar, respondió sugiriendo que intentase “masticar granos de pimienta negra si te sientes paranoico.” Indicó mascar dos o tres unidades en esos casos, “lo descubrí yo mismo. Inténtalo.” Pero: ¿cómo algo tan simple como un condimento que todo el mundo tiene en su casa puede calmar la ansiedad y paranoia inducida por cannabis?

Resulta que Neil Young estaba 100% en lo correcto, la ciencia lo avala. Cuando uno consume una flor de cannabis, hay una reacción compleja entre varios cannabinoides como el THC y CBD. Estos se mezclan con otros componentes de la planta como los terpenos para producir aquello que se denomina “efecto séquito”.

En términos sencillos, el efecto séquito ocurre cuando diferentes elementos de la planta funcionan juntos para potenciar sus efectos. Es por ello que el CBD aislado no tiene tanto efecto como el de espectro-completo, que contiene porcentajes de THC y otros cannabinoides presentes en la planta de cannabis.

Otros componentes de la planta que juegan un rol sobre los efectos son los terpenos, que le dan a cada cepa de cannabis su aroma y sabor único. Los terpenos no están solo en la cannabis, si no, en miles de especies de plantas alrededor del planeta. Según el artículo de “Taming THC” del 2011 publicado en la British Journal of Pharmacology: Cannabinoides en Biología y Medicina, Parte 1, científicos han descubierto más de 100 terpenos en la planta de cannabis.

El reporte establece que estos terpenos “podrían contribuir de manera significativa en los efectos séquito de extractos medicinales basados en cannabis.” Esto significa que mientras los terpenos afectan el sabor y aroma de una cepa, también afectan las sensaciones fisiológicas y efectos que obtenidos de la cannabis.

Según el Chicago Tribune, comer un mango entre 45 y 60 minutos previo a una sesión prolongará tu elevada, manteniendo los efectos del THC intactos por más tiempo de lo usual. Esto se debe a que el mango contiene un terpeno llamado mirceno que también se encuentra en la cannabis. Este terpeno expande los niveles de saturación máximo en nuestros receptores endocannabinoides.

De acuerdo con el Cannabis Digest, el terpeno alfa-pineno es “alerta,” lo que significa que es un potente inhibidor que ralentiza la reacción química que segrega nuestro cerebro al momento de estresarse, ponerse ansioso o paranoico. Pero: ¿dónde consigues un poco de alfa-pineno? En la pimienta negra, por supuesto. La próxima vez que sientas que esos pensamientos intrusivos empiezan a aparecer, mastica un poco de pimienta negra y experimenta los resultados por ti mismo.

sábado, 29 de enero de 2022

Thich Nhat Hanh: CLÁSICO TRABAJO

 




La utilidad del sufrimiento

Sin lodo no hay loto

La víctima número dos

¿Qué nos hará estar a salvo?

viernes, 10 de diciembre de 2021

El Arte de Cuidar a tu Niño Interior

 


Los Cinco Recordatorios

“Buda dijo que todos tenemos la semilla del miedo, pero la mayoría la reprimimos y lo encerramos en la oscuridad. Para ayudarnos a identificar, abrazar y examinar en profundidad las semillas del miedo, nos ofreció una práctica llamada los «Cinco Recordatorios», que son los siguientes:

1.-Por mi naturaleza estoy destinado a envejecer. No hay forma de huir del envejecimiento.

2.-Por mi naturaleza estoy destinado a caer enfermo. No hay forma de huir de la enfermedad.

3.-Por mi naturaleza estoy destinado a morir. No hay forma de huir de la muerte.

4.-Todo cuanto quiero y las personas a las que amo tienen la naturaleza del cambio. No hay forma de evitar tener que separarme de todo ello. No puedo retener nada. Vengo con las manos vacías y me voy con las manos vacías.

5.-Mis acciones son lo único que realmente me pertenece. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son la base que me soporta.

Todos los días tenemos que recitar esos cinco recordatorios, dedicando unos momentos a contemplar cada uno de ellos mientras seguimos atentamente la respiración. Practicamos los Cinco Recordatorios para que la semilla del miedo pueda circular. Debemos invitarla a subir para que pueda ser reconocida, para que pueda ser abrazada. Y entonces, cuando regrese de nuevo abajo, se hará más pequeña.

Cuando invitemos de ese modo a la semilla del miedo, estaremos mejor preparados para cuidar de la ira. El miedo da vida a la ira. No tenemos paz cuando está presente el miedo, por eso se convierte en el suelo en el que puede crecer la ira. El miedo se basa en la ignorancia. La falta de comprensión es también una de las principales causas de la ira.”

THICH NHAT HANH,
en “El arte de cuidar a tu niño interior”

sábado, 7 de agosto de 2021

Bakunin

 


"Nada es más peligroso para la moral privada de una persona que el hábito de mandar. La mejor persona, la más inteligente, desinteresada, generosa, pura, infaliblemente y siempre se malogrará en este oficio...."  -  Mijaíl Bakunin                             

Texto del  teórico político, filósofo y sociólogo ruso Mijaíl Bakunin publicado en el año 1867. 

El Estado no es mas que la dominación y explotación regularizada y sistematizada. Hemos de de intentar demostrarlo examinando la consecuencia del gobierno de las masas del pueblo por una minoría, al comienzo tan inteligente y dedicada como se guste, en un Estado ideal, fundado sobre el libre contrato.

Supongamos que el gobierno está confinado solo a los mejores ciudadanos. En un comienzo estos ciudadanos son privilegiados no por derecho, sino por hecho. Han sido elegidos por el pueblo porque son los más inteligentes, ingeniosos, sabios, y valientes y comprometidos. Tomados desde las masas de ciudadanos, quienes son considerados todos iguales, aún no conforman una clase aparte, sino un grupo de privilegiados solo por naturaleza y por esa razón señalados por la elección del pueblo. Su número es necesariamente muy limitado, pues en todos los tiempos y países el número de personas dotadas de cualidades tan destacables que automáticamente comandan el respeto unánime de una nación es, como nos lo enseña la experiencia, muy reducido. Por lo tanto, bajo la pena de tomar una mala opción, el pueblo siempre estará forzado a escoger sus líderes de entre ellos.

Aquí, entonces, la sociedad se divide en dos categorías, si es que aún no decimos dos clases, de las cuales una, compuesta por la inmensa mayoría de los ciudadanos, se somete libremente al gobierno de sus líderes elegidos, la otra, formada por un número pequeño de naturalezas privilegiadas, reconocidas y aceptadas como tales por el pueblo, y encargados por ellos para que les gobiernen. Dependientes de la elección popular, al comienzo se distinguen de la masa de ciudadanos solo por las mismísimas cualidades que les recomendaron para su elección y son naturalmente, los más dedicados y útiles de todos. No se asumen aún para sí mismos ningún privilegio, ningún derecho particular, excepto el de ejercer, en tanto el pueblo lo desee, las funciones especiales con las que han sido encargados. Para el resto, por su manera de vivir, por las condiciones y medios de su existencia, no se separan en modo alguno de todos los demás, de modo que una igualdad perfecta sigue reinando entre todos. ¿Puede esta igualdad ser mantenida por largo? Nosotros afirmamos que no puede y nada es más fácil que probarlo.

Nada es más peligroso para la moral privada de una persona que el hábito de mandar. La mejor persona, la más inteligente, desinteresada, generosa, pura, infaliblemente y siempre se malogrará en este oficio. Dos sentimientos inherentes al poder nunca fallan en producir esta desmoralización; estos son: el desprecio por las masas y la sobreestimación de los méritos propios.

“Las masas,” una persona se dice a sí misma, “reconociendo su incapacidad de gobernar por su propia cuenta, me han elegido a mí como su jefe. Mediante ese acto han proclamado públicamente su inferioridad y mi superioridad. Entre esta multitud de personas, reconociendo difícilmente algún igual a mí, solo yo soy capaz de dirigir los asuntos públicos. El pueblo tiene necesidad de mí; ellos no pueden arreglárselas sin mis servicios, mientras que yo, por el contrario, puedo arreglármelas muy bien por mí mismo; ellos, por lo tanto, deben obedecerme por su propia seguridad, y al condescender en obedecerles, les estoy haciendo un buen favor.”

¿Acaso no hay algo en todo ello como para hacer que una persona pierda su cabeza y su corazón también, y que se desquicie de orgullo? Es así que el poder y el hábito de mandar se vuelven incluso para el más inteligente y virtuoso, una fuente de aberración, tanto intelectual como moral.