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Paz y Ciencia
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lunes, 27 de junio de 2022

SUGERENCIA: NUESTRO LADO OSCURO

 


Rodrigo Córdoba Sanz. @psicoletrazaragoza. Consulta Online y Zaragoza. Teléfono: +34 653379269.  

Sobre mí: http://www.rcordobasanz.es


Descripción


¿Dónde empieza la perversión y quiénes son los perversos? Desde la aparición del término en la Edad Media, se considera como tal a aquel que goza con el mal y con la destrucción de sí mismo o de otro. No obstante, cada época la juzga y la trata a su manera. La historia de los perversos en Occidente se narra aquí a través de sus grandes figuras emblemáticas, desde la época medieval (Gilles de Rais, los místicos, los flagelantes) hasta nuestros días (el nazismo en el siglo XX, los tipos complementarios del pedófilo y el terrorista en la actualidad), pasando por el siglo XVIII (Sade) y el XIX (el niño masturbador, el homosexual, la mujer histérica). Nuestra época, que cada vez cree menos en el hecho de que cada uno de nosotros encierra su lado oscuro, finge suponer que la ciencia pronto nos permitirá acabar con la perversión. Sin embargo, ¿quién no ve que al pretender erradicarla corremos el riesgo de destruir la idea de una posible distinción entre el bien y el mal, que se halla en la base misma de la civilización? «Una historia extraordinaria de la transgresión, un ensayo apasionante» (Jean-Marie Durand, Les Inrockuptibles).

miércoles, 6 de abril de 2022

MARIHUANA

 



Soy psicólogo y psicoterapeuta, por lo que he visto en la clínica, el cannabis produce estragos en cerebros no maduros. Hay riesgo de brote psicótico y descompensaciones de un trastorno mental. 

También es justo decir que un uso mínimo puede ayudar a que la persona este más relajada y duerma mejor -cannabis índica-. La sativa tiene más riesgos.

Les dejo un buen trabajo para profundizar. Rodrigo Córdoba Sanz


Los consumidores de cannabis medicinal y recreativo tienen dos opciones principales en su selección de cannabis. Pueden elegir variedades sativa o índica. Las semillas de cannabis sativa tienden a producir cogollos con un subidón cerebral vigorizante y estimulante. Las semillas índica producen plantas con cogollos que pueden dar efectos físicamente sedantes más fuertes los cuales son perfectos para descansar, dormir y relajarse. Por supuesto, hay variedades híbridas que pueden dar una combinación de estos efectos.

Sigue leyendo para obtener más información sobre las variedades de cannabis índica, sativa o híbrida y cuáles son las más adecuadas para ti. También puedes leer sobre el movimiento que ha aparecido detrás del controvertido argumento que dice que no hay ninguna diferencia entre índica y sativa.

Indica frente sativa: orígenes, usos y efectos

Los consumidores de cannabis medicinal y recreativo tienen dos opciones principales en su selección de cannabis. Pueden elegir variedades sativa o índica. Las semillas de cannabis sativa tienden a producir cogollos con un subidón cerebral vigorizante y estimulante. Las semillas índica producen plantas con cogollos que pueden dar efectos físicamente sedantes más fuertes los cuales son perfectos para descansar, dormir y relajarse. Por supuesto, hay variedades híbridas que pueden dar una combinación de estos efectos.


Sigue leyendo para obtener más información sobre las variedades de cannabis índica, sativa o híbrida y cuáles son las más adecuadas para ti. También puedes leer sobre el movimiento que ha aparecido detrás del controvertido argumento que dice que no hay ninguna diferencia entre índica y sativa.


Resumen:

● Sativa frente Indica frente Ruderalis frente cannabis híbrida

● Orígenes del cannabis sativa frente a los de índica

● Apariencia de índica frente sativa

● Cultivo índica frente sativa

● Terpenos y cannabinoides de índica frente a los de sativa

● Efectos de índica frente Sativa

● ¿Clasificación precisa o completa tontería?

● Las mejores semillas de cannabis índica y sativa

Sativa frente Indica frente Ruderalis frente cannabis híbrida 

Muchos conocedores del cannabis clasifican el tipo de cannabis en 4 categorías principales. Se trata de índica, sativa, híbrida y ruderalis. Las variedades índica, sativa e híbrida son bien conocidas por la mayoría de los cultivadores de cannabis. La genética está ampliamente disponible en semillas autoflorecientes y semillas de cannabis feminizadas. La genética Ruderalis es la base original de las autoflorecientes modernas. Es nativa de algunas regiones donde se ha adaptado a un ciclo de vida rápido para sobrevivir a temporadas de crecimiento cortas.


Cuando se analizan las variedades sativa frente índica frente ruderalis, los niveles de THC suelen ser mucho más altos en sativa e índica. Cuando la genética ruderalis se utilizó inicialmente para producir las primeras variedades autoflorecientes, los niveles de THC no eran particularmente altos. Los mejores proveedores de semillas de cannabis han trabajado muy duro para asegurarse que las mejores semillas autoflorecientes estén ahora totalmente a la par con las mejores semillas de cannabis feminizadas.

Se cree que la genética índica ha evolucionado en respuesta a las duras condiciones en lugares más fríos / altitudes más altas. Florecen más rápidamente que una sativa. Eso es porque una sativa tiene condiciones tropicales más cálidas con temperaturas con un promedio más alto y otoños más largos. De hecho, en las regiones realmente ecuatoriales no hay diferencias significativas en las estaciones. Las condiciones de luz suelen estar muy cerca de las condiciones 12/12 durante todo el año con temperaturas cálidas y pequeñas variaciones estacionales.


La índica, a menudo de áreas más montañosas como Afganistán, etc., debe terminar de florecer antes del cercano otoño. Para los cultivadores de interior, esta genética índica que ha evolucionado en climas más fríos es una opción excelente para aquellos que desean una cosecha de interior rápida con solo 7-8 semanas de floración.


La genética sativa, que se extendió por África y las regiones tropicales de Asia, América del Sur y Central, se ha adaptado con cogollos aireados y abiertos para ser más resistente al moho en las condiciones húmedas. Por lo general, tarda más en florecer, ¡pero a los fanáticos de la sativa no les importa la espera!


El comercio humano / agricultura, que ha florecido entre comunidades distantes durante miles de años, también ha dado lugar a la propagación de semillas de cáñamo y cannabis. Los primeros constructores de barcos habrían utilizado cáñamo para hacer cuerdas y bien podrían haber llevado semillas con ellos en sus primeras aventuras. Las semillas se intercambiaron entre los primeros agricultores del mismo modo que todas las semillas de cultivos útiles se compraron, vendieron, cambiaron e intercambiaron.


También se cree que la esclavitud humana ha influido en la propagación de las semillas de cannabis. Si bien la esclavitud probablemente siempre ha existido, durante el siglo XVII y en adelante, la esclavitud comercial facilitó un mayor movimiento de semillas de cannabis hacia el exterior desde la región india/africana a todo el mundo.


Apariencia de índica frente sativa

Muchos cultivadores de cannabis se enorgullecen de poder distinguir fácilmente una índica pura de una sativa pura. Pero con poca disponibilidad hoy en día de semillas de índica pura o sativa pura, eso significa más híbridas. Se necesita más habilidad para discernir los signos sutiles de una ligera dominancia sativa o índica en una variedad híbrida.


Para complicar aún más las cosas, los criadores de Dutch Passion han producido variedades de cannabis únicas que se disimulan perfectamente como Frisian Duck y Auto Duck, con una forma de hoja deliberadamente mutante. Esto hace que estas variedades de camuflaje natural sean más difíciles de identificar como cannabis; son variedades de exterior ideales para el cultivador que busca inclinar las probabilidades de una cosecha exitosa a su favor.

La apariencia sativa si la comparamos con índica muestra ligeras diferencias. Estas pueden ser menos evidentes cuando la planta es joven, pero se vuelven un poco más claras a medida que la planta madura. Cuando se lucha por identificar a una sativa frente a una índica, a veces la respuesta es simplemente esperar una semana o dos. Las diferencias de color entre sativa e índica no son tan pronunciadas, aunque la genética índica a menudo produce hojas ligeramente más oscuras.


Aquellos con cuartos de cultivo más altos podrán cultivar semillas de cannabis índica o sativa. Aquellos con un espacio de crecimiento vertical limitado pueden preferir quedarse con semillas índicas.


Algunos cultivadores de SCROG prefieren las variedades sativa (o sativa dominante) ya que los finos folíolos de las hojas permiten una gran penetración de luz. Las características de apariencia sativa frente indica que se muestran en el gráfico (arriba) son válidas para las plantas autoflorecientes, así como para las plantas cultivadas a partir de semillas feminizadas. Ten en cuenta que incluso si estás cultivando semillas índica (o índica dominante), la madre naturaleza ocasionalmente te dará una sativa inesperada.


Puedes identificar las plantas con dominancia sativa por la apariencia, los brotes y las hojas. El cultivador experimentado también tendrá en cuenta el hecho de que su planta de tendencia sativa necesitará, quizás, una o dos semanas más de floración y también puede intentar crecer a una altura más alta. Ser capaz de detectar la diferencia entre las plantas de cannabis índica y sativa le da al cultivador la oportunidad de planificar con anticipación y prepararse en consecuencia.

Cultivo índica frente sativa

Las semillas feminizadas modernas y las autoflorecientes garantizan que el cultivo de tu propia marihuana nunca haya sido tan rápido, fácil o conveniente. Puedes cultivar semillas de cannabis en interior, exterior o en invernadero. Puedes cultivar en tierra, fibra de coco, sistema hidropónico o cualquier otro sistema/estilo de cultivo. A muchas personas no les importa demasiado la diferencia entre sativa e índica siempre y cuando sientan el subidón y se sientan felices.


Pero para algunas personas que cultivan su propio cannabis, la elección específica de la variedad es realmente fundamental. Es la diferencia entre un buen cigarrillo y una experiencia verdaderamente memorable. Es por eso que algunas personas prefieren cultivar semillas de cannabis índica, mientras que otras solo cultivan sativa.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Psicología Transpersonal

 



A sus mentes les falta algo. Les produce miedo y les preocupa. Por eso buscan en los demás su parte perdida. Fundirse y complementarse es el proyecto de la espiritualidad. Deben vivir en comunidad. Nadie puede vivir solo. Aunque todos son únicos.

Por eso la vida es difícil. Por eso es triste, por eso buscas afecto y compañía de otros. Por eso desean unificarse. Porque el alma humana es débil y frágil. Y el cuerpo y la mente aún son más frágiles.

A través de la complementación, los humanos deben realizarse. Porque es la única forma de existir. ¿Por qué vives tú? ¿No lo sabes? Quizás para saber porque existes. Entonces, vives para ti.

Pero, no estás satisfecho de vivir, porque odias sentirte triste, odias el sufrimiento. Está mal huir de lo que odias, no debes escapar porque eso también es doloroso, aunque escapes de algo mucho más doloroso.

Si sabes qué produce el sufrimiento puedes soportarlo. Si el sufrimiento es demasiado puedes escapar, tu puedes evadirte de lo que realmente aborreces. Pero no lo hagas, ya estas cansado de escapar, no debes hacerlo más, porque evadirte trae sufrimiento. Sabes que es mucho peor.

Por eso no debes hacerlo. Porque si siempre escapas nadie te respetará. Pides que te dejen solo y que no te abandonen. Haces lo que los demás dicen y esa es una triste forma de sobrevivir. Porque temes ser herido, tratas de convencerte de que es mejor huir que ser abandonado.

Pero no eres el único, ya que todos están sufriendo. No solo tu fuiste herido. Pero es más fácil pensar que es la verdad. Pides silencio. Piensas que no te comprenden, que nadie se preocupa por ti, que nadie te entiende, porque tienes que suplicar aprobación para poder vivir.

Abandonas toda sensación de autoestima. Sientes que no tienes nada. Pero, ¿Crees que por no poseer nada no serás lastimado? Piensas que nadie te acepta como eres, pero esa es una mentira, solo crees que es así.

Desde el principio tratas de convencerte que no vales nada, pero no tienes que poder hacerlo. El que se convenció de eso fuiste tú. Solo te lo imaginas para no arriesgarte a sufrir nuevamente. Y como estas convencido, los demás también lo están. 

¿Eres feliz? ¿Qué sientes en realidad? Si le das tanta importancia a lo externo, este se apropiará de tu personalidad, tu yo real desaparecerá y no quedará nada de él. 

No puedes saber cuál es tu realidad. ¿La realidad son las cosas que percibimos? La verdad está dentro de ti. Los hechos que permanecen en tu memoria se convierten en tu realidad. Y la realidad puede cambiar de vez en cuando. Esta no es la realidad, esta es una de muchas verdades.  

Como una bestia que grita "yo" en el corazón del mundo, no solo sufres, también comienzas a definir tu realidad a través del sufrimiento. 

viernes, 27 de agosto de 2021

Byung-Chul Han quiere ser Puigdemont

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta. Zaragoza Gran Vía Y Online. Teléfono: 653 379 269.                              Website: www.rcordobasanz.es.              Instagram: @psicoletrazaragoza

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) hizo en el CCCB lo que normalmente no hace en sus libros, acudir a la ironía. El pensador coreano, experto en Heidegger, y un auténtico best seller gracias a títulos como La sociedad del cansancio, comenzó su conferencia haciendo referencia a la situación política catalana. Más tarde, sin dejar de utilizar el humor ante un auditorio entregado, dijo querer ser Carles Puigdemont para declarar un estado independiente y cumplir, así, su sueño, ejercer el poder (como Platón pedía a los filósofos) y ordenar, como presidente de la nueva república, que se cierren los aeropuertos del país. Todos los turistas quedarían relegados en la frontera. El aplauso del público, hastiado por los efectos de plataformas como Airbnb y de los cruceros que llegan cada día a la Ciudad Condal, no se hizo esperar. Como nuevo mandatario, insistió el ensayista, declararía el derecho de los ciudadanos a ser vagos e improductivos.

La caricatura que hizo de él mismo Byung-Chul Han es, paradójicamente, un fiel retrato de lo que ofrece, en realidad, el pensador. Sin duda se ha convertido en un excelente entomólogo, con una mirada lúcida que pone nombre y apellidos a las contradicciones de la sociedad contemporánea, denunciando el falso mito de la transparencia, la auto-explotación del supuesto emprendedor, la muerte del Eros y el infierno de lo igual. En sus libros hay todo un campo semántico que describe y disecciona con incuestionable acierto la actual globalización y sus altas y bajas tecnologías. Pero el poco espacio que deja para la duda (en sus libros encontrarán afirmaciones, casi nunca preguntas) y su nostalgia por lo que un día fue un mundo mejor (anterior a lo que llama psicopolítica) nos presenta más una retórica del lamento que una oportunidad de encontrar brechas para las pequeñas e imprescindibles resistencias cotidianas.

Han reconoció en el Centre de Cultura Contemporània que detesta viajar. “No viajar es una misión política para mí”, llega a decir. Aceptó la invitación para venir a Barcelona, según sus propias palabras, para escapar unos días del frío de Berlín. Una especie de justicia poética le esperaba en la capital catalana en forma de tormentas encadenadas.

Y fue así, bajo la lluvia, cuando el autor de La sociedad del cansancio consiguió sentirse en Barcelona, por un instante, como algo diferente a un turista. Sin nadie alrededor, gracias a la evidente inclemencia, visitó el parque del laberinto de Horta y, por azar, se topó con la gruta en la que la ninfa Eco se enamora de Narciso. Narciso en el laberinto, piensa Byung-Chul Han, es la imagen que siempre ha perseguido para describir las patologías  de este enjambre digital en el que vivimos. El miedo, el vacío y la vergüenza son consecuencias, según el ensayista, de una libido que ya únicamente se alimenta del yo, del ego.

Herder

“Para ser libres necesitamos al otro”, insistirá Han, quien entiende la alteridad como la posibilidad que ofrece aquello aún no transitado. El pensador acude a la imagen bíblica del naufragio para hablar del mar de algoritmos que parece ordenar nuestra vida, a lo que llama giro dataístico.

“La información se desplaza en un mundo sin umbrales”, denuncia. Mientras en la Ilustración la realidad sustituye al mito, en el dataísmo el dato sustituye a la realidad. A lo digital le falta el peso, y accedemos a la realidad, según un empirismo actualizado por Han, a través del cuerpo. La transparencia, nos dice, no es un sinónimo de la luz, símbolo de la Ilustración, sino todo lo contrario. El homo digitalis deja de ser soberano y responde tan sólo a la hoja de cálculo.

Byung-Chul Han no dejó de utilizar sarcásticamente el tópico (“pensaba que lo que más les gusta a los españoles es la siesta y el vino”) para aludir el animal original que un día fuimos antes de esclavizarnos nosotros mismos, y convertirnos en el animal consumista que hoy representamos. Esa “obligación sistémica” del trabajo permanente es el triunfo de un neoliberalismo que ha conseguido que ya no sea necesario ningún panóptico para que nunca baje nuestro estado de alerta.

Esas imágenes, sin duda, son con las que Han mejor conecta con sus lectores. Otra cosa es cuando ha de abandonar el lamento. Las imágenes que entonces aparecen son imágenes que nacen muertas (“todo el mundo lleva un cáncer dentro”, “la sociedad necesita una quimioterapia radical”, etcétera). El pensador, sin embargo, vuelve a mostrarse honesto cuando arriesga, y ensaya lecturas comparadas. Sean o no aceptadas. Especialmente interesante es la que vincula el botón que posibilita el selfie con el botón que activa la bomba del terrorista suicida. Ambos casos, que aparentemente no tienen relación entre sí, son para Han efectos del vacío que siente el narcisista, una búsqueda del propio cuerpo en una instantánea. Lo que las diferencia es, claro, la pulsión de muerte.

El Narciso en el laberinto que encuentra Byung-Chul Han en Barcelona le lleva a explicar cómo ha trabajado, durante tres años, en una suerte de jardín secreto. De allí nace un libro que pronto llegará a España, Elogio de la tierra. El pensador descubre el enigma que esconde la naturaleza cuando la excavas. Las raíces mantienen un diálogo propio en un mundo subterráneo. Ésa es su actual constelación metafórica. Lo que parece olvidar Han es que un jardín no deja de ser la domesticación urbana de un bosque salvaje. Si tenemos que convocar al animal original que el coreano dice perseguir, último testigo de la auténtica belleza, quizá sea mejor buscarlo en la frondosidad de lo desconocido que en el patio trasero de una zona residencial alemana.

jueves, 29 de julio de 2021

Fritz Perls: Cómo se enraizó

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta Zaragoza Presencial Y Online Teléfono: 653 379 269 Website: www.rcordobasanz.es.                Instagram: @psicoletrazaragoza

Para conocer y comprender la Terapia Gestalt es importante contemplar sus orígenes, sus influencias y sus fundadores, es decir, su historia. Con la finalidad de evitar escribir un artículo excesivamente largo y denso, he optado por fraccionar en tres entregas la biografía de Friedrich Salomon Perls (1893-1970), más conocido como Fritz Perls y considerado junto a su esposa Laura Perls como el creador y fundador de la Terapia Gestalt.

Friedrich Salomon Perls, nació el 8 de julio de 1983 en un gueto judío de las afueras de Berlín. Fue el tercero y último hijo después de dos niñas —Else  y Grete—. Su padre, Nathan, era fraccionador (distribuidor) de vinos, viajante de comercio y masón. Pasaba mucho tiempo fuera de casa y siempre mantuvo una mala relación con Fritz. Amalia, su madre, judía practicante, provenía de la pequeña burguesía y logró despertar en su hijo un interés por el arte y en especial por la ópera y el teatro, que perduraría a lo largo de toda su vida.

Perls pasó su época inicial como estudiante en el Mommsen-Gymnasium de Berlín, un centro escolar que con el transcurrir del tiempo recordaría con el desagrado propio de una nefasta experiencia, debido al exceso de disciplina y al ambiente antisemita que se respiraba en el centro del que, pese a ser un alumno brillante, fue expulsado a los trece años de edad por mala conducta. Como consecuencia, el padre de Perls le obligó a trabajar como aprendiz en una bombonería.

sábado, 17 de julio de 2021

Psicología de Oriente

 



Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Y Psicoterapeuta. Psicoanalista Humanista. Teléfono: +34 653 379 269 Zaragoza Online Y Presencial. Website: www.rcordobasanz.es. Instagram: psicoletrazaragoza

La causa y la cura de la ilusión de separatividad que nos impide abrazar la riqueza de la vida.

The Book on the Taboo

Durante las décadas de 1950 y 1960, el filósofo y escritor británico Alan Watts comenzó a popularizar la filosofía oriental en Occidente, ofreciendo una perspectiva completamente diferente de la totalidad interior en la era de la ansiedad y lo que realmente significa vivir una vida con propósito. Gran parte de la adopción actual de prácticas como el yoga y la meditación se la debemos a la influencia de Watts. En The Book On the Taboo Against Knowing Who You Are (El Libro del Tabú), originalmente publicado en 1966 y sobre la base de su imprescindible obra anterior, Watts argumenta con igual convicción y compasión que "la sensación prevaleciente de ser un ego separado encerrado en un saco de piel es una alucinación que no concuerda ni con la ciencia occidental ni con la filosofía-religiones experimentales de Oriente", explorando la causa y la cura de esa ilusión de una manera que parte de una profunda inquietud al enfrentar nuestro condicionamiento cultural hacia una profunda sensación de ligereza mientras nos rendimos al misterio reconfortante y a la interconexión del universo. Concebido como un paquete de consejos esenciales que un padre podría transmitir a su hijo en el umbral de su edad adulta como iniciación al misterio central de la vida, este manual existencial está enraizado en lo que Watts llama "una fertilización cruzada de la ciencia occidental con una intuición oriental".

Aunque estrictamente no religioso, el libro explora muchas de las investigaciones básicas que las religiones históricamente han intentado abordar ― los problemas de la vida y el amor, la muerte y la aflicción, el universo y nuestro lugar en él, lo que significa tener un "yo" en el centro de nuestra experiencia, y cuál podría ser el significado de la existencia. De hecho, Watts comienza poniendo en duda lo bien equipadas que pueden estar las religiones tradicionales para responder esas preguntas:

Las religiones corrientes ―la Cristiana, la Judía, la Hindú, el Islam o el Budismo― se parecen en su forma actual a minas exhaustas: son difíciles de ahondar. Con alguna rara excepción, sus ideas sobre el hombre y el mundo, sus ritos e imágenes, así como la vida que nos recomiendan, no encajan en el universo tal como lo conocemos hoy en día, ni con un mundo humano que está cambiando tan velozmente que mucho de lo que se aprende en la escuela está obsoleto el día de la graduación.

Watts considera a la singular ansiedad de la era, quizás incluso más resonante hoy en día, medio siglo y un aumento maníaco de ritmo más tarde:

Pues existe la creciente sensación de que nuestra vida es tan significativa como el correteo de un ratón en su trampa: los organismos vivientes, incluyendo a las personas, son simples tubos a los que se introducen cosas por un extremo para que ellos lo despidan por el otro. Lo cual los mantiene ocupados pero a la larga los desgasta.

Él considera que la filosofía podría aliviar esta preocupación central contribuyendo con una hermosa adición a las definiciones de lo que es la filosofía y al reconocer el papel esencial de la duda en la experiencia humana:

Numerosos problemas filosóficos son esquivados haciéndole creer a uno que preguntas como: "¿Por qué este universo?" son una especie de neurosis intelectual, un abuso verbal mediante el cual la pregunta "suena" sensata pero es en realidad tan absurda como preguntar "¿Dónde está el Universo?" cuando las únicas cosas que están en algún lado lo están dentro del Universo. La tarea de la Filosofía es curar a la gente de esas tonterías... Pero, a pesar de todo, el asombro no es una enfermedad. El asombro, y su expresión en las artes y la poesía, figura entre esas cosas importantes que parecen distinguir a los hombres de otros animales y a los hombres inteligentes y sensibles, en particular, de los deficientes mentales.

En el corazón de la condición humana, argumenta Watts, hay una ilusión central que alimenta nuestro sentido de soledad profundamente arraigado mientras más nos adherimos al mito del ego único, reflejado en el lenguaje más básico que usamos para darle sentido al mundo:

Sufrimos una alucinación, una sensación falsa y distorsionada de nuestra propia existencia como organismos vivientes. La mayoría de nosotros tiene la idea de que "Yo mismo" es un centro separado de sensación y acción, que vive dentro del cuerpo físico y está limitado por él; este centro "enfrenta" un mundo "exterior" de gentes y cosas, toma contacto por medio de sus sentidos con un universo ajeno y extraño. Algunas frases de uso diario reflejan esta ilusión: "Vine a este mundo...". "Debes enfrentar la realidad". "La conquista de la naturaleza".

Esta impresión de no ser más que visitantes solitarios y bastante fugaces, en el universo, está en lisa y llana contradicción con todo lo que las ciencias saben sobre el hombre y otros organismos vivientes. Nosotros no "venimos a" este mundo; más bien surgimos de él, como las hojas a un árbol. Así como el océano genera olas, el universo produce gente. Cada individuo es una expresión de todo el reino natural, una acción única del universo total. Pocas veces, o nunca, los seres humanos pueden experimentar concretamente este hecho. Aun aquellos que teóricamente lo dan por cierto suelen ser incapaces de sentirlo "sensorialmente", y continúan actuando como "egos", aislados en sus bolsas de piel.

(Una curiosa acotación para los aficionados a la música y fanáticos de la serie de televisión Weeds: Watts usa la frase "little boxes made of ticky-tacky" (pequeñas cajas hechas igual de horteras) para describir el efecto homogeneizador y peligroso de la búsqueda estadounidense por el dominio sobre "la naturaleza, el espacio, las montañas, los desiertos, las bacterias e insectos en lugar de aprender a cooperar con ellos en un orden armonioso". El año siguiente, Malvina Reynolds utilizó la frase en la letra de su canción "Little Boxes", que satiriza los suburbios y el desarrollo de la clase media. La canción se convirtió en un éxito para Pete Seeger in 1963 y fue utilizada por Showtime como el tema de los créditos de inicio para las primeras tres temporadas de Weeds de Jenji Kohan.)

Las religiones, señala Watts, trabajan para reforzar en lugar de liberarnos de este sentimiento de separación, porque en su corazón subyace una intolerancia básica a la incertidumbre ― el estado mismo que es fundamental para nuestra felicidad, como lo ha indicado la psicología moderna, y crucial para el proceso creativo, como Keats ha expresado elocuentemente. Watts escribe:

Las religiones producen divisiones y reyertas. Son, ellas también, una forma de esa ilusoria "separatividad" porque proceden a separar justos y pecadores, creyentes y herejes, propios y extraños... Toda creencia es fervorosa esperanza, y por lo tanto un disfraz para la duda y la incertidumbre.

En consideración a lo que Alan Lightman repetiría más de medio siglo después en su notable meditación sobre la ciencia y lo que realmente significa la fe, Watts agrega:

El compromiso irrevocable con cualquier religión no es sólo un suicidio intelectual: también un signo de profunda falta de fe, pues cierra la mente a cualquier nuevo enfoque sobre el mundo. La Fe es, por sobre todo, apertura ― un acto de confianza hacia lo desconocido.

[...]

Ningún Dios tendría tan poca consideración, destruyendo la mente humana, convirtiéndola en algo tan rígido e inadaptable como para que un solo libro, la Biblia, respondiera a todas sus preguntas. Pues la gracia de las palabras ―y por lo tanto de un libro― reside en que señalan más allá de sí mismas, hacia un mundo de vida y experiencia que no consiste en meras palabras, ni siquiera en ideas. Del mismo modo que el dinero no es verdadera riqueza consumible, los libros no son vida. Idolatrar escrituras es como ingerir billetes de banco.

En su lugar, Watts propone que necesitamos "un nuevo dominio, no solo de ideas, sino de experiencia y percepción", algo que sirva como "un punto de partida, no un punto de referencia perpetuo" y no ofrece una nueva Biblia sino una nueva forma de entender la experiencia humana, "un nuevo sentido de lo que es ser un «yo»". Al reconocer y vivir plenamente ese sentido, argumenta, se desenmascara el mayor tabú de la cultura humana:

No necesitamos una nueva religión, ni una nueva Biblia. Lo que precisamos es una nueva experiencia, una nueva sensación de lo que es «yo». La percepción ―es decir, la visión profunda y secreta― de esta vida descubre que nuestra normal sensación de uno-mismo es una trampa o, en el mejor de los casos, un papel temporario que estamos jugando, o que hemos sido persuadidos de jugar, con nuestro tácito consentimiento, del mismo modo que toda persona hipnotizada está, básicamente, deseando que la hipnoticen. El tabú más firmemente establecido de todos los que conocemos es ese que le impide a Ud. saber quién o qué es, detrás de la máscara de su ego aparentemente separado, aislado e independiente.

Y sin embargo, argumenta, la sensación de "yo" y la ilusión de su separación del resto del universo es tan penetrante y está tan profundamente arraigada en la infraestructura de nuestro lenguaje, nuestras instituciones y convenciones culturales que somos incapaces de "experimentar nuestro sí-mismo más que como algo superficial en el esquema del universo" El antídoto radica en reconocer no solo que pertenecemos a y con el resto del universo, sino que, en primer lugar, no hay "resto" ― somos el universo.

Aun así, Watts advierte que esto no debe confundirse con la idea de desprendimiento promovida por muchas religiones e ideologías, "que es el esfuerzo por identificarse con los otros y sus necesidades, estando aún bajo la fuerte ilusión de no ser más que un ego en una envoltura de piel":

Tal "desprendimiento" es más bien un egoísmo altamente refinado, comparable con aquel grupo que juega al juego de "somos-más-tolerantes-que-ustedes".

Haciéndose eco del consejo que da C.S. Lewis a los niños acerca del deber y el amor, Watts escribe:

El amor genuino proviene del conocimiento, no del sentido del deber o de la culpa. [...]

Todo nuestro conocimiento del mundo es, en cierto sentido, autoconocimiento. Porque el conocimiento es una traducción de eventos externos al interior de los procesos corporales, y especialmente a estados del sistema nervioso y el cerebro: conocemos el mundo en términos del cuerpo y de acuerdo con su estructura.

Una cosa que refuerza nuestra sensación aislada del yo, argumenta Watts, es nuestro cableado biológico para errar siempre en cada lado de la ilusión figura-fondo, siendo solo capaces de ver la mitad del todo y permanecer ciegos al resto. Él ilustra esto con una bella analogía:

Todos nuestros cinco sentidos son formas diferentes de un sentido básico, digamos el tacto. La vista es tacto de alta sensibilidad. Los ojos tocan, o sienten, ondas luminosas, y de ese modo nos permiten tocar cosas que están fuera del alcance de nuestras manos. Del mismo modo, los oídos tocan ondas sonoras en el aire, y la nariz pequeñas partículas de polvo y gas. Pero los complejos circuitos nerviosos que constituyen estos sentidos están compuestos de neuronas que son capaces de registrar solamente dos estados: «on» y «off». Para el cerebro central, la neurona individual señala sí o no, eso es todo. Pero, como ocurre con las computadoras que emplean aritmética binaria, cuyas cifras únicas son 0 y 1, estos simples elementos pueden ser ordenados según las más complejas y maravillosas estructuras.

En este sentido, nuestro sistema nervioso y las computadoras 0-1 se parecen mucho a todo lo demás, pues el mundo físico es básicamente vibración. Podemos concebir esta vibración en términos de ondas o partículas, o tal vez ondículas, pero nunca encontraremos la cresta de una ola sin el consiguiente valle, o una partícula sin un intervalo, o espacio, entre sí misma y las demás. En otras palabras, no existe algo así como una media ola, o una partícula por sí sola, sin espacio alrededor. No hay on sin off, no hay arriba sin abajo.

[...]

Mientras los ojos y oídos registran y responden realmente a ambos picos de estas vibraciones, la mente, esto es, nuestra atención consciente, nota sólo el pico superior. El oscuro, silencioso, o intervalo off, es ignorado. Resulta casi un principio general que la conciencia ignora los intervalos, pero sin embargo no puede notar ningún pulso de energía sin ellos. Si usted pone la mano en la rodilla de una chica atractiva y simplemente la deja ahí, ella tal vez no lo note. Pero si usted insiste en darle golpecitos en la rodilla, ella sabrá que usted está muy en la cosa, e interesadísimo. Pero ella percibe y, con un poco de suerte, valora más el on que el off. A pesar de lo cual, las únicas cosas que (creemos) existen son siempre on-off. No existen, separados, el pico positivo o el negativo.

De hecho, él argumenta que el condicionamiento general de la consciencia es ignorar los intervalos. (Hemos visto la manifestación cotidiana de esto en la fascinante exploración de Alexandra Horowitz de lo que no vemos.) Registramos el sonido pero no el silencio que lo rodea. Pensamos en el espacio como la nada en la que cuelgan ciertas cosas: objetos, cuerpos planetarios, nuestros propios cuerpos. Y aun así:

Los sólidos y los espacios van juntos y son tan inseparables como los adentros y los afueras. El espacio es una relación entre los cuerpos, y sin él no puede haber energía ni movimiento.

Lo que alimenta aún más esta confianza miope en los intervalos es la forma en que nuestra atención ―que acertadamente llamamos "un discriminador intencional y descarado"― funciona dividiendo el mundo en partes procesables, luego uniéndolas en un collage pixelado de fracciones que entonces aceptamos como una representación realista del todo que estaba allí en primer lugar:

La atención es una percepción restringida, un modo de mirar la vida trozo a trozo, usando la memoria para unir los trozos, como cuando examinamos un cuarto oscuro con una linterna de foco muy pequeño. La percepción así limitada tiene la ventaja de ser aguda y brillante, pero debe enfocar una zona del mundo después de otra, y una forma después de la otra. Cuando no hay formas, sino sólo espacio o superficies uniformes, de algún modo se aburre y busca nuevas formas. La atención es, por lo tanto, algo así como el mecanismo perfilador del radar o la televisión… Pero un proceso que perfila el mundo pedazo a pedazo pronto persuade a su usuario de que el mundo es una gran colección de pedazos, y a estos él llama cosas o eventos. A menudo decimos que uno sólo puede pensar en una cosa a la vez. La verdad es que, mirando el mundo por pedazos, nos convencemos a nosotros mismos de que consiste en cosas separadas, y por lo tanto nos creamos el problema de averiguar cómo esas cosas están conectadas, y cómo se "causan" y "efectúan" unas a otras. El problema no habría surgido si hubiéramos advertido que solamente nuestra forma de mirar el mundo lo había desmenuzado en pedacitos: cosas, eventos, causas y efectos.

La naturaleza y la educación conspiran en la arquitectura de esta ilusión de separación, la cual, según argumenta Watts, comienza en la infancia cuando nuestros padres, maestros y toda nuestra cultura "nos ayudan a ser falsificaciones genuinas, que es lo que precisamente significa «ser una persona real»". Él ofrece una etimología fascinante del concepto en el cual anclamos el ego separado:

La persona, del latín Persōna, era originalmente esa máscara de boca megafónica que usaban los actores en los teatros al aire libre de la antigua Grecia y Roma, la máscara a través (per) de la cual fluía el sonido (sonus).

De hecho, esta bisección es tal vez más poderosa y dolorosa no en nuestro sentido de separación del universo, sino en nuestro sentido de estar divididos dentro de nosotros mismos ― un sentimiento particularmente pronunciado entre personas creativas, una especie de relación "diamagnética" entre persona y personaje. Mientras que la metáfora frecuentemente citada del conductor y el elefante podría explicar el procesamiento dual del cerebro, también es una dicotomía peligrosa que solo perpetúa nuestra sensación de estar separados de y dentro de nosotros mismos. Watts escribe:

El mecanismo de alimentación autoconsciente del cortex nos facilita la alucinación de que somos dos almas en un solo cuerpo, el alma racional y el animal, un jinete y un caballo, un buen sujeto con buenos instintos y mejores sentimientos y un canalla con sensualidad rapaz y pasiones indebidas. He aquí esas hipocresías maravillosamente entretejidas de la culpa y la penitencia, las temerosas crueldades del castigo, el auto-tormento que proviene de tomar partido por el alma buena, contra la mala. Cuanto más se alía consigo misma, más revela el alma buena su inseparable sombra, y cuanto más se despoja de su sombra, más se convierte en ella.

Así es que por miles de años la historia humana ha sido un conflicto magníficamente fútil, un bello panorama de triunfos y tragedias basados en el rotundo tabú que prohíbe admitir que el negro implica al blanco.

Volviendo a nuestra incapacidad de entender los intervalos como el tejido básico del mundo e integrar el primer plano con el fondo, el contenido con el contexto, Watts considera cómo el mismo lenguaje con el que nombramos las cosas y eventos ―nuestro sistema de notación para lo que nuestra atención percibe- refleja este sesgo básico en torno a la separación:

Hoy, los científicos están más y más atentos al fenómeno de que lo que son las cosas, y lo que están haciendo, depende de dónde y cuándo lo están haciendo. Si, entonces, la definición de una cosa o evento puede incluir una descripción de su ambiente, advertimos que cualquier cosa dada co-implica un ambiente dado, tan íntima e inseparablemente que es más que difícil trazar un límite claro entre la cosa y su entorno.

[...]

"Individuo" es la forma latina del griego "átomo", esto es: lo que ya no puede ser cortado o dividido en partes separadas. Nosotros no podemos cortar la cabeza de una persona, o sacarle su corazón, sin matarla. Pero también podemos matarla separándola de su ambiente propio. Esto implica que el único átomo verdadero es el universo, el sistema total de "cosas-eventos" independientes, que sólo pueden ser separados los unos de los otros en el plano verbal. Porque el individuo humano no se construye como se construye un automóvil. No se forma ensamblando partes, atornillando una cabeza en un cuello, conectando un cerebro a un juego de pulmones o soldando venas a un corazón. Cabeza, cuello, corazón, pulmones, cerebro, venas, músculos y glándulas son nombres separados pero no eventos separados, y estos eventos son simultáneos e interdependientes. Exactamente de la misma manera, el individuo está separado de su entorno universal solo por su nombre. Cuando esto no se reconoce, es que usted ha sido engañado por las palabras. Confundiendo los nombres con la naturaleza usted termina creyendo que, por tener un nombre separado, es un ser separado. Esto es, literalmente, estar hechizado.

Entonces, ¿cómo debemos despertar del trance y disolver la paradoja del ego? Todo se reduce a la ansiedad fundamental de la existencia, nuestra incapacidad de abrazar la incertidumbre y aceptar la muerte. Watts escribe:

La alucinación de separatividad nos impide ver que aferrarse al ego es abrazarse a la miseria. No advertimos que nuestro llamado amor o preocupación por el individuo es sólo la otra cara de nuestro propio temor a la muerte y al rechazo. ¡En su excesiva evaluación de la identidad separada, el ego personal está cortando la rama sobre la cual está sentado, y por lo tanto poniéndose más y más ansioso acerca del terrible golpe que le espera!

Y así volvemos al núcleo de la filosofía de Watts, la base de su trabajo anterior, que extiende una invitación urgente para comenzar a vivir con presencia ― un mensaje oportuno en nuestra era de adoración a la productividad, que por definición está dirigida a una recompensa futura y así nos saca del momento presente. Watts escribe:

A menos que uno sea capaz de vivir plenamente en el presente, el futuro es una engañifa. No tiene sentido hacer planes para un futuro que uno nunca podrá disfrutar. Cuando sus planes maduren, usted estará viviendo aún en función de otro futuro, más allá. Nunca podrá sentarse con satisfacción total y decir, "¡Ahora, he llegado!"

Tradicionalmente, la humanidad ha manejado esta paradoja de dos maneras, ya sea retirándose a las profundidades de la consciencia, como lo hacen los monjes y ermitaños en su intento de aceptar la impermanencia del mundo, o la servidumbre, en aras de una recompensa futura, como muchas religiones alientan. Ambas, argumenta Watts, son estrategias contraproducentes:

Simplemente, porque es una trampa desde el principio, el ego personal sólo puede dar una vaga respuesta a la vida. Pues el mundo es un escurridizo espejismo burlón, desde el punto de vista del que se pone fuera de él, como frente a otro que sí mismo, y entonces trata de aferrarlo. Sin nacimiento y muerte, y sin la perpetua transmutación de todas las formas de vida, el mundo sería estático, arrítmico, momificado.

Pero hay una tercera respuesta posible. Ni retirada, ni servidumbre en la hipótesis de una recompensa futura, sino la más plena colaboración con el mundo en tanto que sistema armonioso de conflictos restringidos, basada en la convicción de que el único "Yo" real es todo el infinito proceso. Esta convicción está ya en nosotros, en el sentido de que nuestros cuerpos lo saben: nuestros huesos, nervios y órganos sensoriales. Sólo lo ignoramos en el sentido de que el fino rayo de la atención consciente ha sido amaestrado para ignorarlo, y tan concienzudamente que nos hemos vuelto verdaderos fraudes.

La falla en reconocer esta interacción armoniosa, argumenta Watts, ha desencadenado una cantidad lamentable de conflicto entre naciones, entre individuos, en la humanidad y en la naturaleza y en el individuo mismo. Una y otra vez, él regresa a la idea de figura y fondo, de un todo cohesivo que se disfraza como partes separadas bajo la lente de nuestro ojo condicionado por la separación:

Nuestros proyectos mundanos han caído en la confusión una y otra vez a causa del fracaso en percibir que la gente, las naciones, los animales, insectos y plantas, no existen en o por sí mismos. Esto no implica solamente que las cosas existen en relación unas con otras, sino que lo que llamamos "cosas" no son más que vistazos de un proceso unificado. Este proceso tiene distintos aspectos que pueden atraer nuestra atención, pero debemos recordar que distinguir no es separar. Brillante y clara, la cresta de la ola "coexiste" necesariamente con el suave y menos conformado valle de la ola... En la teoría de la Gestalt sobre la percepción, esto es conocido como relación entre figura y fondo.

Al observar "nuestra dificultad para notar tanto la presencia como la acción del trasfondo", Watts ilustra esto con un ejemplo, que Riccardo Manzotti reiteró casi textualmente medio siglo después. Watts escribe:

Un ejemplo de la existencia como relación es la producción de un arco iris. Pues éste aparece solamente cuando hay una cierta relación triangular entre tres componentes: el sol, la humedad en la atmósfera y un observador. Si los tres están presentes, si la relación angular entre ellos es correcta, entonces, y sólo entonces, existirá el fenómeno "arco iris". Tan diáfano como es, el arco iris no constituye una alucinación subjetiva. Puede ser verificado por cualquier número de observadores, aunque cada uno lo verá en una posición levemente distinta.

Al igual que el arco iris, todos los fenómenos son interacciones de elementos de la totalidad, y la relación entre ellos siempre implica y refuerza esa totalidad:

El universo implica al organismo, y cada organismo implica al universo, solo que la "ojeada única" de nuestra atención restringida, como enfocada, que ha sido adiestrada para confundir sus vistazos con "cosas" separadas, debe ser abierta, de algún modo, a esta visión total.

En el reconocimiento de esto se encuentra la cura para la ilusión del ego separado ―pero este reconocimiento no es algo que voluntariamente pueda provocarse, ya que la voluntad misma es parte del ego:

Así como la ciencia superó su visión puramente atomística y mecánica del mundo a través de más ciencia, el engaño del ego debe superarse a través de la autoconciencia reforzada. Porque no hay forma de deshacerse del sentido de separación mediante el llamado "acto de voluntad", tratando de olvidarse de uno mismo o de ser absorbido por algún otro interés. Esta es la razón por la que la predicación moralista es un fracaso: genera hipócritas astutos ― personas sermoneadas con vergüenza, culpa o miedo, que se sienten obligadas a comportarse como si realmente amaran a los demás, de tal forma que sus "virtudes" son a menudo más destructivas, y despiertan más resentimiento, que sus "vicios".

Al considerar cómo un organismo podría realizar este sentido de implicar al universo y cómo podemos sacudirnos la ilusión del ego en favor de un sentido más profundo de pertenencia, Watts expresa cierto escepticismo en torno a prácticas como el yoga y la meditación cuando se realizan con esfuerzo más que con la aceptación total ― un escepticismo aún más conmovedor en medio de nuestra era repleta de estudios de yoga y retiros de meditación, rebosante de yoguis y meditadores competitivos:

Una experiencia de este tipo no puede ser obligada a suceder por acto alguno de su ficticia "voluntad", excepto en el sentido de que los repetidos esfuerzos por ser uno y alguien en el universo revelan su propia futilidad. No trate de deshacerse de la sensación de ego. Tómela, mientras dure, como un aspecto o juego del proceso total, como una nube, como sentir calor o frío, algo que sucede por sí mismo. ¡Librarse del propio ego es el último programa del invencible egoísmo! Simplemente, esto confirma y refuerza la realidad del sentimiento. Pero cuando este sentimiento de separatividad es enfocado y aceptado como cualquier otra sensación, se evapora como espejismo que es.

Por eso no soy demasiado entusiasta en cuanto a los distintos "ejercicios espirituales" de meditación o yoga, que algunos consideran esenciales para librarse del ego. Pues cuando se los practica con el objeto de "obtener" alguna clase de iluminación espiritual o despertar, refuerzan la falacia de que el ego puede eliminarse a sí mismo, tirando de los cordones de sus zapatos.

Al afirmar que el ego es "exactamente lo que pretende no ser" ―no es el epicentro de lo que somos sino una falsa construcción condicionada desde la infancia por la convención social― Watts se hace eco de Albert Camus sobre nuestras prisiones auto-impuestas y nos recuerda:

No hay destino a menos que exista algo, o alguien, para ser destinado. No hay trampa sin una presa que pueda caer en ella. Tampoco hay compulsión, por supuesto, a menos que exista libertad de elección, pues la sensación de conducirse involuntariamente sólo se distingue en comparación con la de comportarse voluntariamente. Esto es: cuando la línea divisoria entre yo mismo y lo que me ocurre se disuelve, y no hay ya rincón alguno donde pueda refugiarse el ego, ni siquiera como testigo pasivo, ya no me siento en un mundo sino como un mundo, lo cual no es ni compulsivo ni caprichoso. Tampoco automático, ni arbitrario: simplemente ocurre, y todo lo que ocurre es mutuamente interdependiente en una forma que resulta increíblemente armoniosa. Todo esto va con todo aquello. Sin otros no hay yo-mismo, y sin algún otro lugar no hay aquí, de modo que ―en este sentido― yo-mismo soy otro y aquí es allá.

(Quizás esto es lo que Gertrude Stein realmente quiso decir cuando escribió "no hay allá allá")

Y ahí radica la esencia de lo que Watts está proponiendo: no una negación de lo que somos, sino el hecho de abrazar nuestra totalidad al despertar del trance zombi de separatividad; no en resignación, sino en una entrega activa a lo que Diane Ackerman llamó tan memorablemente "la evidente todalidad de todo, en confabulación con la todalidad de todo lo demás", ese reconocimiento inmutable de la suma que se enmascara como partes:

Como contraste inmediato, usted cree sentir una cierta pasividad, como si fuera una hoja que lleva el viento, hasta que descubre que usted es la hoja y el viento. El mundo fuera de su piel es tan usted como lo que está dentro; se mueven inseparablemente unidos, y en un principio se siente usted algo descontrolado, porque el mundo de fuera es tanto más grande que el de dentro. Sin embargo, descubre pronto que puede seguir con sus actividades ordinarias, trabajar y tomar decisiones como es habitual, sólo que, de algún modo, le resulta menos oneroso. Su cuerpo ya no es un cadáver que el ego tiene que animar y arrastrar. Usted experimenta la sensación de que el suelo lo sostiene, de que las colinas lo elevan cuando camina cuesta arriba. El aire se respira a sí mismo, entrando y saliendo de sus pulmones; en lugar de mirar y escuchar, vienen a usted, por su voluntad, la luz y el sonido. Sus ojos ven y sus oídos oyen, del mismo modo que sopla el viento y fluye el agua. Todo el espacio es su mente. El tiempo lo conduce a usted, como un río, pero nunca desagua fuera del presente; cuanto más avanza, más se queda, y usted ya no tiene que matar el tiempo, ni luchar contra él.

[...]

Una vez que usted ha visto esto, puede volver al mundo de los asuntos prácticos con un espíritu nuevo. Usted ha comprendido que el universo es, básicamente, una ilusión mágica y un juego fabuloso, y que no hay "usted" separado que pueda obtener algo de él, como si la vida fuera un banco que podemos asaltar. El único "usted" real es el que entra y sale, se manifiesta y se retira a sí mismo, eternamente, en y como todo ser consciente. Pues "usted" es el universo mirándose a sí mismo desde billones de puntos de vista, que vienen y van, de modo que la visión es siempre nueva.

Usted no pregunta qué valor, o qué utilidad, tiene esta sensación. ¿Para qué sirve el universo? ¿Cuál es la aplicación práctica de un millón de galaxias?

Watts termina con un maravilloso verso del infinitamente inspirador James Broughton:

Esto es Ello
y Yo soy Ello
y Tú eres Ello
y así es Eso
y Él es Ello
y Ella es Ello
y Ello es Ello
y Eso es Eso.

No hay palabras para describir cuán profundamente cambia la perspectiva en su totalidad El Libro del Tabú, y con qué exquisita fortaleza se queda contigo para toda la vida