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Paz y Ciencia
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miércoles, 20 de abril de 2022

BARUCH SPINOZA


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. Salud Mental. Gran Vía 32, 3I al Tfno: +34 653 379 269
Página Web: Contacta!! O en @psicoletrazaragoza

Excomunión de Spinoza...

En julio de 1656 se celebró una gran ceremonia de excomunión y Spinoza fue expulsado de la comunidad judía con toda solemnidad. Se tocó el gran cuerno, las velas fueron apagadas una a una, y se proclamó en alta voz la maldición: « Con ayuda del juicio de los ángeles y los santos, excomulgamos, execramos y anatemizamos a Baruch de Spinoza. Maldito sea de día y de noche, maldito al acostarse y maldito al levantarse, maldito al salir y maldito al entrar. El Señor borrará su nombre bajo el sol y le apartará por su desmán de las tribus de Israel. Nadie podrá comunicarse con él ni de palabra, ni por escrito; ni mostrarle favor alguno, ni estar bajo el mismo techo con él; ni acercarse a menos de cuatro codos de él, ni leer ningún documento escrito o dictado por él» . Con semejante recomendación, no es de extrañar que los escritos de Spinoza hayan sido buscados afanosamente por judíos y gentiles hasta el día de hoy.

martes, 11 de enero de 2022

ARISTÓTELES: Ciencia

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Psicoterapeuta Zaragoza Gran Vía Y Online.                        Teléfono: 653379269                                Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: www.rcordobasanz.es

El problema de Aristóteles con el pensamiento de la inteligencia divina es si su objeto es compuesto habrá división y su esencia divina se perderá.

  • El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
  • Los que saben, hacen. Los que entienden, enseñan.
  • Mercaderes e industriales no deben ser admitidos a la ciudanía, porque su género de vida es abyecto y contrario a la virtud.

EL PENSAMIENTO DE ARISTÓTELES


En las adversidades sale a la luz la virtud.


Aristóteles decía«La ciencia es respecto del alma lo que es la luz respecto de los ojos y así como los ojos de los murciélagos se ofuscan a la luz del día, de la misma manera a la inteligencia de nuestra alma la ofuscan las cosas evidentes».


Si deseas comprender a Aristóteles, no necesitas ningún cambio en tu ser esencial, sino algo de información. Una escuela puede ofrecer información sobre la lógica y la filosofía, y con algo de conocimiento intelectual es posible comprender el pensamiento de la sabiduría Aristóteles. No es necesario cambiar para comprenderlo, solamente añadir algunas cosas más al conocimiento. El ser no se transforma. No necesita estar en un plano diferente de consciencia; no es un requisito. El pensamiento de Aristóteles es claro. Basta un pequeño esfuerzo para comprenderlo.


Aristóteles se limita a informar las cosas tal como son. No posee doctrina alguna sobre la vida, no fabrica sistemas. No es más que un espejo que refleja la vida tal como es. Si tu rostro cambia, así te lo muestra el espejo; si eres cariñoso, el espejo lo refleja; si al siguiente segundo odias, el espejo también lo refleja. El espejo no habla con acertijos, refleja la verdad. Para Aristóteles, la mente debe ser clara, sistemática, racional; la lógica debe ser el objetivo de la vida y no se deben mezclar los opuestos.


Los sabios siempre han hablado en paradojas. Hay algo importante en eso. No es que se dediquen deliberadamente a hacer acertijos, sino que en realidad son muy simples. ¿Qué pueden hacer? Si la vida misma es paradójica, ¿qué pueden hacer? Para evitar las paradojas, se pueden crear teorías claras y lógicas pero que a la postre son falsas porque no reflejan la verdad de la vida. Aristóteles es muy claro y lógico; parece un jardín cuidado por la mano del hombre.


Veamos los pensamientos de Aristóteles sobre la inteligencia.

LA INTELIGENCIA DIVINA

La naturaleza de la inteligencia divina suscita algunos problemas.

La inteligencia parece ser la más divina de las cosas que aparecen como divinas. Pero ¿cómo debe ser, para tener este carácter? Aparecen aquí algunas dificultades. O bien no piensa nada, pero, ¿en qué queda entonces su dignidad? Es como el que duerme. O bien piensa, pero su pensamiento depende de otro principio, ya que su esencia no es el acto del pensamiento sino potencia, no es la substancia suprema, pues su dignidad consiste en pensar.

Además, tanto si su esencia es la inteligencia en potencia, como el pensamiento en acto, ¿qué piensa? En efecto, o se piensa a sí misma o piensa algo de otro. Si piensa otra cosa, o es siempre la misma, o son cosas diversas. ¿Hay o no una diferencia si el objeto de su pensamiento es el bien, o cualquier cosa? ¿O seria absurdo que ciertas cosas fuesen objeto de su pensamiento? Es pues evidente que piensa lo que hay más divino y más digno y que no cambia de objeto, porque sería un cambio para lo peor, y una cosa así seria ya un movimiento.

En primer lugar pues, si la inteligencia divina no es el pensamiento en acto, sino una potencia, es lógico suponer que la continuidad del pensamiento es una fatiga para ella. Además es claro que habrá algo superior a la inteligencia, a saber, lo pensado. Ya que el pensar y el acto del pensamiento pertenecerán igualmente al que piensa lo peor, de suerte que, si debe evitarse esto, y debe evitarse pues hay cosas que es mejor no ver que verlas, el pensamiento no será lo mejor que hay.

La inteligencia divina se piensa pues a sí misma, ya que ella es lo más excelente que hay, y su pensamiento es el pensamiento del pensamiento. Sin embargo la ciencia, la sensación, la opinión y el pensamiento discursivo parecen tener siempre un objeto diferente de sí mismos, sólo accesoriamente se ocupan de sí mismos.

Por otra parte, si pensar y ser pensado son cosas distintas ¿a cuál de las dos se referirá la excelencia del pensamiento? Ya que no es lo mismo ser un acto de pensamiento y lo pensado. Pero en algunos casos ¿no se confunde la ciencia con su objeto? En las ciencias prácticas el objeto es la substancia sin materia y la esencia del objeto; en las ciencias teóricas, el objeto lo constituyen el concepto y el pensamiento. Y puesto que no hay diferencia entre lo pensado y el pensamiento para los objetos inmateriales, el pensamiento divino y su objeto serán idénticos, y el pensamiento será lo mismo que el objeto del pensamiento.

Queda aún una dificultad: si el objeto del pensamiento divino es compuesto. En este caso cambiaría al pasar de una parte del todo a otra, habrá división. O ¿no deberíamos decir más bien que todo lo que no tiene materia es indivisible? Así como el pensamiento humano conoce las cosas compuestas en un cierto tiempo, ya que no tiene su bien en esto o en aquello, sino que su supremo bien es un todo que es algo distinto, así también se conduce el pensamiento divino respecto de si mismo durante toda la eternidad.

LA INTELIGENCIA DIVIDE

Pensamientos de Osho sobre la inteligencia que divide.


La inteligencia dice: O esto o lo otro. ¡Elige!. Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir.


Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el «a favor» entra, el «en contra» le sigue como una sombra. Cuando aparece el «en contra», el «a favor» aparece también; oculta o abiertamente.


Cuando eliges, divides. Entonces dices: «Esto está bien, esto está mal». Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo «unísono». Es unidad. Si dices: «esto es bonito y esto es feo», la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una línea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello.


El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vida.


Se necesita un gran valor para vivir sin elegir, porque la mente dice: ¡Elige!. La mente dice: ¡Di algo! Esto está mal, esto está bien. Esto es bonito, esto es feo. Amo esto, odio aquello. La mente dice: ¡Decídete!.


La mente tiene la tentación de dividir. Una vez que divides, la mente se encuentra a sus anchas. Si no divides, si dices: No voy a decir nada. No voy a juzgar, la mente se siente como en su lecho de muerte. Aristóteles dice que A es A y nunca puede ser no-A; los opuestos no se pueden encontrar. Sosan dice que no hay opuestos; que ya se han encontrado, que siempre han estado encontrándose.


Esta es una de las verdades más fundamentales de las que uno tiene que darse cuenta: que los opuestos no son opuestos. Tú eres el que dice que lo son, pero no lo son. Míralo existencialmente y sentirás que son la misma energía. TODO es como debería ser; sólo tienes que serenarte, tú eres lo único que está inquieto. Todo es como tendría que ser..., nada falta y nada sobra.


¿Puedes imaginarte un Universo mejor que este?


Si eres sabio no podrás, si eres un tonto sí que podrás. Nada puede ser mejor que esto, tal como es. El único problema es que no estás a gusto con ello. Deja que tu energía se repose y el Camino es perfecto, como el espacio infinito donde nada falta y nada sobra. Todo está en equilibrio. Tú eres el único problema; el mundo no es en absoluto el problema. Esta es la única diferencia entre una mente política y una mente espiritual. La mente política piensa: Yo estoy perfectamente bien, todo lo demás está mal.


El esfuerzo es el camino, la relajación la meta;

La relajación es el medio y la relajación es el fin.

El primer paso es el último; con él no hay distinción entre los medios y los fines.

Aceptamos o rechazamos, es por eso que no podemos ver la verdadera naturaleza de las cosas. Entonces metes tus ideas, tus opiniones, tus prejuicios, y lo coloreas todo. Sólo tienes que ver; de una forma pura, con una mirada sin ideas, con una mirada sin ningún rechazo o aceptación.

Entonces no hay ningún problema que resolver, entonces la vida ya no es un dilema. Es un misterio que vivir, que gozar, una danza que bailar. Entonces no estás en ningún conflicto con ella, entonces no hay nada que tengas que hacer aquí. Entonces simplemente disfrutas, eres feliz.

Esto es lo que significa el cielo: un lugar en donde no se espera de ti que hagas nada, en donde no tratas de conseguir felicidad. Ser consciente es difícil, porque para ti nunca ha sido un hábito.

Eliges fácilmente; condenas y aprecias fácilmente; rechazas y aceptas con mucha facilidad. Dices: Esto está bien, o esto está mal, con demasiada facilidad, porque se ha convertido en un hábito a través de miles de vidas; siempre has estado eligiendo. Es un fenómeno mecánico.

Sin ninguna consciencia, en el momento en que ves algo, ya lo has juzgado y decidido. Ves una flor y dices: Es hermosa, o: No es hermosa. Inmediatamente entra el juicio (con la percepción, entra el juicio) entonces nunca serás capaz de permanecer en el medio, siempre estarás dividido.

«El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos». Aristóteles

martes, 4 de enero de 2022

RUMI. Historia

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza Gran Vía y Online. Webmaster: www.rcordobasanz.es.            Instagram: @psicoletrazaragoza


Místico, poeta y maestro sufí, es uno de los mayores exponentes de la poesía mística y de la espiritualidad universal. Su mensaje trasciende fronteras: sin límites ni etiquetas, es un faro de luz para todos los buscadores de la verdad.

Rumi nace en Persia en 1207, en Balk, actualmente Afganistán y vive en Turquía, en Konya, lugar de peregrinación desde su muerte el 17 de Diciembre de 1273. Originador de la orden sufí de derviches giróvagos, los Mevlevi, cuya práctica central es la meditación en movimiento o sema.

Su obra es ingente, más de 40.000 versos; cualquiera de sus poemas produce un vuelco en el corazón y hace que sientas el fuego que impregna toda su creación. Su poesía sintetiza sus enseñanzas, la unión con la fuente, el regreso a la unidad. Rumi estaba embargado de Dios, de Amor, de gozo espiritual, la poesía lo poseía y la dejaba manar en sus versos.

Ibn Arabí (1165, 1240) nacido en Murcia y quizá el mayor sabio y místico musulmán español, fue coetáneo de Rumi y visitó Konya, así que es probable se produjera un encuentro entre estos dos maestros. Es curioso también que Dogen (1200,1253), monje japonés autor de los más exquisitos versos Haiku, vivió en la misma época. Es como si la poesía y la mística se hubieran concentrado en este momento histórico. Los poemas de Rumi transmiten el mismo fuego espiritual que los cánticos al Amado de Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz trescientos años después

lunes, 22 de noviembre de 2021

Nietzsche y el Superhombre



Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900)

La muerte de dios para Nietszche indica el progreso en la cultura del hombre moderno de todas aquellas filosofías, religiones e ideologías, que en el pasado cumplían la tarea de ilusionarle y consolarlo.
Subraya más allá de la comercialización que se ha hecho de los símbolos, y la consiguiente des-humanización de nuestra sociedad de consumo.
La filosofía de Nietszche esta expresada en los principios de una nueva valoración, que comprende la subordinación del conocimiento a la necesidad vital, a la formación de una lógica para la vida (vitalismo), a un nuevo criterio de verdad donde el sentimiento de dominio, la negación de lo universal y necesario, la lucha contra todo lo metafísico y absoluto es lo que realmente vale.
Las virtudes cristianas que eran paradigmas tales como la humildad, la resignación, la obediencia, la abnegación, la caridad, deben ser cambiados, transmutados a favor de la moral del superhombre, es decir, por el orgullo, el poder, la fuerza, el dominio, la valentía, la audacia, la virilidad y todo aquello que fomente o desarrolle la sed de vivir.
Enfrentarse al nihilismo decadente o pasivo, origina una nueva manera de ver el nihilismo: en nihilismo positivo y activo que señala la capacidad del superhombre para aceptar la dimensión de la nada, de la falta de objetivos y de sentidos como esencia de la vida terrena, la única con la que se cuenta.

Se habla de que la doctrina del eterno retorno es un sustituto de la religión, San Agustín en su obra La Ciudad de Dios anunciaba una ciudad eterna y como fuente de salvación, este queda derrumbado por Nietszche pero no del todo, al hombre terreno le queda aferrarse a esta vida y repetirla una y ora ves por siempre, esto es el eterno retorno, en mi opinión no es sustituto de la religión, solo habla de un punto de esta y en dado caso que lo sustituyera solo sería en este punto de la reencarnación y el purgatorio.

miércoles, 14 de abril de 2021

Nietzsche: Nihilismo Activo

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza -Gran Vía 32- Presencial y Online. IG: @psicoletrazaragoza Página Web: Contacta 

Está el nihilismo ruso, ejemplificado por Turgueniev en un relato mediante un soldado que dice ¿para qué?, arroja la bayoneta, se tira en el suelo y dice: que le den a la Madre Rusia, al Zar, y a mí mismo, no hay nada que hacer. Es un nihilismo deprimido y deprimente: la conciencia de la ausencia de Dios, la sospecha de que Dios es un error que ha cazado nuestra conciencia (y por lo tanto ya no nos podemos dejar engañar por sus seducciones) abate al individuo. Pero también está el nihilismo activo, el que trae Nietzsche con prosa indomable y martillazos: es el que dice, no hay Dios, eso está claro, pero ¿quién ha dicho que nos hace falta para algo? ¿quién ha dicho que no es más que suficiente todo este manantial lleno de vida? Y lo que se propone es dejar de preguntarse por el ser, para proclamar el vivir. No se deprime porque no haya nada al otro lado del tiempo -es más, es capaz de inventarse la bonita fábula del eterno retorno-, sino  que muy al contrario encuentra que esa nada es un impulso adorable para la celebración del vivir, hasta el punto de que le da la vuelta a todos los molestos conceptos que fueron encapsulándolo -reglas morales, costumbres, blablablás- y transforma el cuento en canto. Es un poeta, y sabe bien que fue un poeta (Lucano, Farsalia) el que escribió: No necesito a los dioses, pero los dioses me necesitan a mí.

Ilustración: Óscara Sarramia

Nietzsche es tan grande que le pasa lo que sólo le pasa a los grandes: puede tener de discípulos a escritores que no sólo no tienen nada que ver unos con otros, sino que se dirían antónimos. A Cervantes le pasa: Julián Ríos, y su chorro de juegos de palabras, puede reclamar su ascendencia tanto como Andrés Trapiello. Se diría que su fuerza y su pensamiento eran tan totales que bajo sus alas cabe lo mismo el nazi que entiende que el vaticinio del superhombre le está exigiendo que se arme hasta los dientes y empiece a estudiar genética, como el epicúreo que, saltándose los párrafos más feos y los más violentos, encuentra en sus martillazos un sensacional canto del mundo, una celebración constante. De él, en fin, podría decirse lo que se dijo de Platón: que toda la filosofía posterior no era más que una serie de notas a pie de página de su obra.

Tras muchos años buscando su manera particular de enfrentarse a la realidad como filósofo, como poeta, Nietzsche encontró su género: el aforismo. Escribía en mármol, aunque harían falta muchas canteras para contener todo su pensamiento, sus felices hallazgos, sus colosales imprudencias, sus decisivas impresiones. La editorial Renacimiento acaba de recuperar, con un excelente y limpísimo prólogo de Manuel Neila, la vieja edición de Luis Pietrafesa de los Aforismos de Nietzsche. Es un libro inagotable. Pietrafesa dice en su nota preliminar, en la que subraya el anticristianismo de Nietzsche, que no hubo hombre más parecido a Cristo que el propio Nietzsche. Cristo, nos dice, prometía un cielo tras la estancia en la tierra, Nietzsche aspiraba que la vida en la tierra fuera puro cielo: "Sintiéndose dios quiso que el hombre, transformándose en superhombre, fuese su propio dios, es decir, hacer de cada hombre un Jesús. Perseguía el ideal de un  mundo mejor, con una moral nueva para un hombre excelso".

 En el prólogo Neila resume bien el pensamiento trágico: consiste como primer movimiento en una afirmación -o aprobación- de lo real con conocimiento de causa, es decir, con conocimiento del carácter único, insignificante, azaroso y cruel de cuanto existe. El segundo rasgo es la crítica del doble -o de los ídolos-: "La intolerancia afectiva frente a la crueldad de lo real conduce de manera inevitable a la sustitución de la realidad por los productos derivados del pensamiento, el deseo, la ilusión o la naturaleza". De manera que una crítica trágica no se proponga la negación de lo real, sino más bien la reducción al absurdo -a ser posible a carcajadas- de cualquier sustituto irreal, cualquier simulacro que venga con una respuesta entre los dientes. No necesitamos respuestas porque el mundo es la sola respuesta que nos necesita. Nietzsche no expone una visión totalizadora ni ansía un saber absoluto, sino que se limita a amar y  conocer la condición trágica de la existencia.

 Apunta Neila que Nietzsche no tardó en darse cuenta de que la interpretación de la realidad no tenía más remedio que ser "cuestión de palabras", y ello le llevó a abrir el discurso filosófico a la nueva problemática del lenguaje.  Pero el lenguaje humano es esencialmente retórico, pues sólo pretende transmitir opinión (doxa) y no conocimiento (episteme). Pero a pesar de esos límites, ("¡Las palabras nos estorban en el camino!") Nietzsche no podía renunciar a sus servidumbres. Otros filósofos y escritores pensaron que podían exorcisar el lenguaje tradicional -la escritura sagrada- dislocándola. Nietzsche alcanzó otra salida: la escritura fragmentaria.

"El aforismo, la sentencia, de los que soy el primer maestro en lengua alemana, son formas de la eternidad", dirá en El crepúsculo de los ídolos. Su ambición quedó declarada en otra sentencia de ese libro: "Mi ambición: expresar en 10 frases lo que otros dicen en un libro -lo que los otros no llegan a decir en un libro".

 Acaba Neila su prólogo diciendo que si hubiera que presentar a Nietzsche de forma convincente habría que hacerlo así: "Un filósofo prendado de la vida, pero atrapado desde muy pronto en las redes del lenguaje, lo que le predispuso al rechazo del discurso tradicional, el lenguaje del todo, en favor del discurso fragmentado, el lenguaje de las partes". Lo que viene luego, la amplísima selección de aforismos de Nietzsche, es uno de los más evidentes monumentos de la poesía y del pensamiento.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Freud. Lacan. Dios.

 

Jacques Lacan

Dr. Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta
+34 653 379 269

La verdadera fórmula del ateísmo no es que Dios esté muerto; incluso al basar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre; la verdadera fórmula del ateísmo es que Dios está inconsciente.

El ateo moderno cree que sabe que Dios está muerto; lo que no sabe es que, inconscientemente, sigue creyendo en Dios. Lo que caracteriza a la modernidad ya no es la figura estándar del creyente que secretamente alberga dudas íntimas sobre su creencia y se involucra en fantasías transgresivas; hoy, por el contrario, tenemos un sujeto que se presenta como un hedonista tolerante dedicado a la búsqueda de la felicidad, y cuyo inconsciente es el lugar de las prohibiciones: lo que se reprime no son los deseos o placeres ilícitos, sino las prohibiciones en sí mismas.

 “Si Dios no existe, entonces todo está prohibido” significa que cuanto más te percibes a ti mismo como ateo, más su inconsciente está dominado por prohibiciones que sabotean tu disfrute. (Uno no debe olvidar complementar esta tesis con su opuesto: si Dios existe, entonces todo está permitido: ¿no es esta la definición más concisa de la difícil situación del fundamentalista religioso? Para él, Dios existe plenamente, se percibe a sí mismo como su instrumento, por lo que puede hacer lo que quiera, sus actos son redimidos de antemano, ya que expresan la voluntad divina…)

En lugar de traer libertad, la caída de la autoridad opresora da lugar a nuevas y más severas prohibiciones. ¿Cómo vamos a dar cuenta de esta paradoja? Piense en la situación que la mayoría de nosotros conocemos de nuestra juventud: el desafortunado niño que, el domingo por la tarde, tiene que visitar a su abuela en lugar de poder jugar con sus amigos. El mensaje del padre autoritario pasado de moda al niño reacio habría sido: “No me importa cómo te sientes. ¡Solo cumpla con su deber, acuda a la abuela y compórtese adecuadamente! ”En este caso, la situación del niño no es mala en absoluto: aunque obligado a hacer algo que claramente no quiere, conservará su libertad interior y la capacidad de (más tarde) rebelde contra la autoridad paterna.

Mucho más complicado habría sido el mensaje de un padre no autoritario “posmoderno”: “¡Sabes cuánto te ama tu abuela! Pero, no obstante, no quiero obligarte a que la visites, ¡ve allí solo si realmente quieres! “Todo niño que no sea estúpido (y, como regla, definitivamente no lo es) reconocerá de inmediato la trampa de este permiso. actitud: debajo de la apariencia de libre elección hay una demanda aún más opresiva que la formulada por el padre autoritario tradicional, es decir, un mandato implícito no solo para visitar a la abuela, sino para hacerlo voluntariamente, por propia voluntad del niño. . Una elección libre tan falsa es el obsceno recurso del superyó: priva al niño incluso de su libertad interior, ordenándole no solo qué hacer, sino qué querer hacer. “Todo niño que no sea estúpido (y, como regla, definitivamente no lo es) reconocerá inmediatamente la trampa de esta actitud permisiva: debajo de la apariencia de una elección libre hay una demanda aún más opresiva que la formulada por el autoritario tradicional.

Uno de los temas estándar de la crítica cultural conservadora de hoy es que, en nuestra era permisiva, los niños carecen de límites o prohibiciones firmes. Esta falta los frustra, llevándolos de uno a otro exceso. Es solo un límite firme establecido por alguna autoridad simbólica que puede garantizar la estabilidad y la satisfacción, la satisfacción provocada por la violación de la prohibición, la transgresión del límite.

Tradicionalmente, se esperaba que el psicoanálisis le permitiera al paciente superar los obstáculos que le impedían acceder a la satisfacción sexual normal: si no puede “obtenerlo”, diríjase al analista que le permitirá deshacerse de sus inhibiciones. . Hoy, sin embargo, estamos bombardeados desde todos los lados por diferentes versiones del mandato “¡Disfruta!”, Desde el disfrute directo en el desempeño sexual hasta el disfrute en el logro profesional o en el despertar espiritual. Goce hoy en día funciona efectivamente como un extraño deber ético: los individuos se sienten culpables no por violar las inhibiciones morales al participar en placeres ilícitos, sino por no poder disfrutar. En esta situación, el psicoanálisis es el único discurso en el que se le permite no disfrutar, no está prohibido disfrutar, solo se libera de la presión de disfrutar.

Fuente: http://www.lacan.com/essays/?p=184

martes, 29 de octubre de 2013

Dios y peluche: Osho

... Aunque un hombre adulto pueda pensar que no tiene ositos de peluche, se equivoca. ¿Qué es su Dios? Un osito de peluche. Debido a su miedo en la infancia, el hombre ha creado una figura paternal que lo sabe todo, que está presente en todas las partes, si tienes la fe suficiente en él, te protegerá. Pero la propia idea de protección, la propia idea de que se necesite un protector, es infantil en sí misma. Entonces aprendes a rezar, que no es más que una parte de tu coraza psicológica; el fin de la oración es recordarle a Dios que estás aquí, solo, en medio de la noche.
Osho: "Miedo"

domingo, 13 de octubre de 2013

Los suplantadores de Dios

Las cosas solo dejan de existir cuando se deja de creer en ellas. Gonzalo Torrente Ballester

La palabra "secta" viene del sequo, sequi, sequere latino, que quiere decir "seguir".

Como muestra de su amenazante poder e influencia en la sociedad sirven estas palabras del papa Juan Pablo II, dichas en Estados Unidos en el año 1993: <<Mientras sigue avanzando la secularización de muchos aspectos de la vida, hay una nueva demanda de espiritualidad, como lo muestra la aparición de muchos movimientos religiosos y terapéuticos, que pretenden dar una respuesta a la crisis de valores de la sociedad occidental.>>

lunes, 8 de abril de 2013

Un Dios imaginado

Estamos convencidos de la existencia de un mundo mejor. Creemos que debe haber una alternativa al aquí y ahora que, por lo visto, no nos basta. Pedimos una creación totalmente diferente, la actual está cuajada de imperfecciones. Hablando claramente, es la obra de un chapucero. ¿No podría habernos ofrecido algo mejor esa Realidad primera que los occidentales llamamos desde hace unos miles de años Dios?

Willigis Jäger: "La vida no termina nunca"

Me resulta curioso que el autor en este fragmento dice algo muy parecido a Freud. Y, precisamente, no son dos autores que conjugen bien.

viernes, 15 de febrero de 2013

Dios y Darwin

La antigua visión del mundo ya no vale y las personas se desesperan porque no saben realmente por qué viven.


[...] A esa fuerza la puedo llamar vida de Dios. También se le puede llamar, como hace Charón, "amor", pero por supuesto no el amor personal sino amor en el sentido de una apertura absoluta hacia todo y todos, pues en este sentido el amor es el principio estructural de la evolución: la disposición del átomo a unirse a otro átomo para convertirse en molécula, la disposición de esta, a su vez, a formar una célula y la disposición de las células a convertirse en un organismo mayor. En el cosmos entero se encuentra esta disposición a la autotrascendencia. Constituye la fuerza impulsora de la vida y de la evolución. En el proceso de la evolución, tal solo tiene la posibilidad de sobrevivir quien sea capaz de mantener su propia identidad y, al mismo tiempo, ir más allá de sí mismo.

[...] Hoy en día sabemos que en la evolución no solamente cuenta la fuerza sino también la capacidad de adaptación y cooperación. No solamente se han impuesto los que estaban provistos de la dentadura más grande o del aguijón más venenoso, sino también los biotopos, o sea, los sistemas vivos que se armonizan perfectamente entre sí y son capaces al mismo tiempo de apertura y autotrascendencia. En cambio, los sistemas cerrados en sí mismos perecen, como se desprende de la enfermedad del cáncer y de los grupos endogámicos.

[...] Dios es inseparable de la evolución. Dios es el ir y venir. Dios es el nacer y morir. Es el bailarín que danza la evolución. No tiene sentido un bailarín sin danza, y tampoco se puede pensar en una danza sin bailarín. De esa manera, Dios y evolución forman un conjunto; lo uno es impensable sin lo otro. O tomemos el ejemplo de la sinfonía: el cosmos es una sinfonía y lo que llamamos Dios suena como sinfonía. Todo lugar, todo momento, todo ser es una nota muy concreta que es imprescindible para el todo, aunque será sustituida por otra nota diferente en el instante siguiente. Todas las notas forman el todo, todas las notas son el todo, y lo que constiuye la integridad del todo es Dios, que suena como esa totalidad.

Dios se encarna en el cosmos. Este y sus encarnaciones están inseparablemente unidos. El no está en su encarnación, sino que se manifiesta como encarnación. En el árbol se revela como árbol, en el animal como animal, en el ser humano como ser humano y en el ángel como ángel. Estos no son, pues, seres a cuyo lado existe un Dios que se introduce, por así decir, en ellos sino que es cada uno de estos seres y, al mismo tiempo, no lo es, puesto que jamás se agota en uno de ellos, ya que siempre es también todos los demás. Precisamente en esto radica la experiencia de la persona mística: cae en la cuenta de que el cosmos es la manifestación llena de sentido de Dios. En cambio, algunas personas se comportan frente al cosmos como analfabetos frente a un poema: contemplan los diferentes signos y palabras que lo componen, pero son incapaces de entender el sentido que da forma al poema.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Willigis Jäger: La Vida no termina nunca



Somos formas divinas

Siempre intento expresar mi experiencia en la terminología cristiana. Los Padres eran mucho más valientes en las formulaciones de sus experiencias. Hemos agrandado demasiado la fosa divisoria entre Dios y mundo Clemente de Alejandría escribe: "El logos divino se ha hecho hombre, para que podamos aprender de un hombre cómo puede un hombre ser divinizado. Se trata, escribe, de "convertirnos ya en esta realidad terrenal en Dios y andar como un Dios en la carne". Y un Doctor de la Iglesia, Basilio, se atreve a decir a los fieles: "Se nos ha encomendado igualarnos a Dios según la capacidad de la naturaleza humana". Y Eckhart predica: "Él (Jesús) se ha hecho hombre por el motivo de que Él (Dios) te alumbre como su hijo unigénito y no como menos... Porque entre tu naturaleza humana y la de él (Jesucristo) no hay ninguna diferencia.

Dios se delimita en nuestra naturaleza humana

La unidad con Dios supone un proceso dinámico existencial dirigido a una comprensión cada vez más profunda de lo que llamamos Dios. Eckhart diría: Tenemos que "dejar a Dios ser Dios en nosotros". De la experiencia de Dios ha de darse una "Vida Dios".
De esta manera la figura del hombre divino Jesucristo recobra un significado nuevo. En él, igual que en todos nosotros, el Principio Originario divino se hizo hombre. Jesús, ese predicador ambulante, me recuerda en muchas cosas a los sabios de Oriente. Inspirados por ellos deberíamos intentar interpretarlo para nosotros de una forma nueva. Pero para ello habrúa que conducirlo fuera del punto de vista estrecho de la Iglesia y de la teología. Quizás de esta forma seria también posible que el cristianismo se liberara de una hebraización y helenización unilaterales. Y los sucesos centrales, como su concepción por el Espíritu, el bautismo, la transfiguración, la crucifixión y la resurrección cobrarían otra vez importancia para nuestra razón educada en la ciencia y dejarían de parecerles a la gente de hoy residuos de tiempos pasados. Siendo aún estudiante de teología aprendí del Dr. Eberhard Nestle, según cuya traducción se nos introdujo en el Nuevo Testamento, que en nuestro cristianismo abunda más el pablismo que el jesuismo. Tradiciones milenarias, tal como son conocidas por las religiones de Oriente, aparecen en la vida de Jesús y siguen teniendo aún hoy día la misma importancia salvífica.
Me vienen a la mente las palabras que pronunció Tomás de Aquino poco antes de morir, después de su experiencia mística en la Iglesia de Vosa Nova: "Todo lo que he escrito me parece paja en comparación con lo que he visto y con lo que se que se me ha revelado". Según Tomás, Dios no puede estar presente con una parte de sí mismo, porque en Dios no hay partes. Esta con su esencia en todas las cosas. Por ello Eckhart puede decir: "Si no existiera yo, Dios no existiría".
Teresa de Ávila y Juan de la Cruz hablan de sus experiencias místicas de la unidad. Teresa, en su libro Las Moradas, describe dos clases de unidad vacía. La primera clase de unidad se disuelve cuando el ser humano vuelve a la conciencia cotidiana, igual que dos velas de cera, cuyas llamas se juntaban y se vuelven a separar. La auténtica unidad la describe con las siguientes palabras: "Acá es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no pondrán ya dividir ni apartar cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo; o como si un arroyico pequeño entra en la mar, no habrá remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz; aunque entra dividida se hace todo una luz".
En muchas poesías, Juan de la Cruz dice lo mismo. Pero aquí vale lo que Eckhart dijo una vez al final de uno de sus sermones: "Quien no comprenda este discurso, no debe afligirse en su corazón. Pues, mientras el hombre no se asemeje a esta verdad, no habrá de comprender este discurso; porque se trata de una verdad no velada que ha surgido inmediatamente del corazón de Dios". Eckhart habla de esa unidad vacía cuando se refiere a lo más íntimo de la persona: "Dios mismo nunca mirará ahí adentro ni por un solo momento y nunca lo ha hecho en cuanto existe al modo y en la cualidad de sus personas.
Esto es fácil de comprender, pues ese Uno único carece de modo y cualidad. Y por eso: si Dios alguna vez ha de mirar adentro, debe ser a costa de todos sus nombres divinos y de su cualidad personal; todo esto lo tiene que dejar afuera si alguna vez ha de mirar adentro. Antes bien, en cuanto Él es un Uno simple, sin ningún modo ni cualidad, en tanto no es, en este sentido, ni Padre ni Hijo ni Espíritu Santo y, sin embargo, es un algo que no es esto ni aquello" (Sermón 2). Y también predica: "Pues bien, mi querido hombre, ¿qué daño te hace si le permites a Dios que sea Dios dentro de ti?" (Sermón 6).
Después de tiempos de "crisis de Dios" (en palabras de Metz) y de "eclipse de Dios" (según Buber) hay ahora otra vez algo así como hambre de Dios. Ese hambre existencial y surge desde la profundidad de nuestra condición de humanos. Buscamos una interpretación de nuestra vida. Queremos que Dios sea persona en nosotros. A estas experiencias nos quieren conducir los caminos espirituales.

Willigis Jäger: "La vida no termina nunca". Desclée de Brouwer

jueves, 7 de febrero de 2013

Muerte y resurrección de Dios



En 1880, en su obra Así habló Zaratustra, Nietzsche hace proclamar al "hombre loco" la muerte de Dios: "¿Adónde fue Dios? ¡Os lo diré! Le hemos matado, vosotros y yo. Somos sus asesinos".
Al principio la gente se rió. Pero esa risa poco a poco les hizo comprender que estaban realmente matando a Dios. De repente, se dieron cuenta de las alarmantes proporciones que estba adquiriendo este proceso. Cayeron en la cuenta de que ya no sabían adónde pertenecían. Entonces comprendieron hasta qué punto la ética y el orden mundial obligatorio estaban ligados al concepto de Dios.

Nietzsche supo que había presentado a su "hombre loco" demasiado pronto. En una ocasión dijo: "Se me podrá leer hacia el año 2000". La "muerte de Dios" podría depararnos hoy una comprensión completamente nueva de la religión. Nietzsche buscó una realidad que tuviera un carácter místico. Buscó lo que denominó la "sabiduría dionisíaca". Nietzsche era un buscador de Dios y le interesaba una percepción que trascendiera el conocimiento racional. Su búsqueda de pistas le condujo a lo que está detrás de todo nombre, aquella realidad a partir de la que vivimos todos nosotros, el origen del que nos hace conscientes, la mística. "La persona cuyo pensamiento haya atravesado alguna vez el puente a la mística, llevará para siempre su huella en todos sus pensamientos, anotó en su diario.

Su Zaratustra temía que llegara una época en la que "el último ser humano" ya no tuviera una luz que le aclarara el sentido de su existencia. Esta época ha llegado. Muchas personas están en búsqueda del fondo verdadero, del que todo brota. La creencia sola ya no se sostiene. Las personas buscan la experiencia de aquello que se les obliga a creer.

sábado, 2 de febrero de 2013

A una niña que se muere

Una mujer de una hija muribunda escribe un poema titulado: "A MI MADRINA"

¿Qué es una madrina?
Sé que eres muy especial.
Has esperado muchos meses mi llegada.
Tú estabas ahí y me viste cuando solo tenía unos minutos de vida,
y me cambiaste los pañales cuando llevaba ahí solo unos días.
Tenías sueños para tu primera ahijada.
Sería precoz como tu hermana.
La verías ir a la escuela, a la universidad y al matrimonio.
¿Cómo saldría? ¿Sería un honor para quienes me han tenido?
Dios tenía otros planes para mí. Yo soy solo.
Nadie ha usado nunca la palabra precoz para referirse a mí.
Algo no ha encajado bien en mi mente.
Seré hija de Dios para todos los tiempos.
Soy feliz. Amo a todos y ellos me aman a mí.
Son pocas las palabras que puedo decir,
pero sé comunicar y comprender el afecto, el calor, la suavidad y el amor.
En mi vida hay personas especiales.
A veces me siento y sonrío, y otras veces lloro.
Me pregunto por qué.
Soy feliz y mis amigos especiales me aman.
¿Qué más podría pedir?
Sí, claro, nunca iré a la universidad, ni me casaré.
Pero no estés triste. Dios me hizo muy especial.
No puedo sufrir. Solo amar.
Y quizá Dios necesite algunos niños que solo pueden amar.
¿Te acuerdas de cuando me bautizaron?
Tú me sostenías, deseando que no llorara y yo no me cayera.
No sucedió ni lo uno ni lo otro y fue un día muy feliz.
¿Es por eso que eres mi madrina?
Yo sé que eres suave y cálida, que me das tu amor,
pero hay algo muy especial en tus ojos.
Veo tu mirada y siento ese amor en otras personas.
Debo ser especial para tener tantas madres.
No, nunca seré un éxito a los ojos del mundo.
Pero te prometo algo que muy pocos pueden prometer.
Ya que lo único que conozco es amor, bondad e inocencia,
la eternidad será nuestra, madrina mía, para compartir.

Extraído de un texto de Elisabeth Kübler-Ross: "Conferencias"

miércoles, 30 de enero de 2013

El poder y control de la iglesia

"LA INSTITUCIÓN DE LA IGLESIA TEME PERDER EL CONTROL"

Ya es hora de que admitamos una comprensión nueva de Dios, del ser humano y del mundo. Nunca estamos fuera de la corriente divina. No somos personas que de vez en cuando hacen una experiencia no física (mística), somos más bien consciencia no material que temporalmente hace una experiencia humana. Expresado en la terminología cristiana: somos vida divina que hace la experiencia humana. Somos vida divina que se ha encarnado, que se ha hecho persona.

El verdadero mundo está presente de forma atemporal. Experimentamos separados del mundo es el tributo que tenemos que pagar por haber devenido seres humanos. Aún no sabemos cómo tratar con ese don que es el "yo". Nos ha condenado al aislamiento. Erigimos vallas y decimos "mi", defendemos nuestro patrimonio o queremos quitarle algo a los demás. Seguimos ignorando que no estamos separados, que solo tenemos que superar esa limitación que supone el "yo". No se trata, pues, de perpetuar el yo, sino de eliminar la limitación, y entonces entraremos en la dimensión más allá del tiempo y espacio, en el Vacío. La muerte del yo significa entrar en una nueva forma de ser. Somos ese fondo divino que crea constantemente algo nuevo.

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WILLIGIS JÄGER. TEÓLOGO, BENEDICTINO Y MAESTRO ZEN

-¿A qué monasterio benedictino pertence?

-En el siglo XX se mataron mutuamente cien millones de personas y ninguna moral sirvió»
Ratzinger me prohibió hablar en público, pero no le hice caso por motivos de conciencia
Con un gran número de seguidores tras sus conocimientos sobre mística de las religiones, el alemán Willigis Jäger habló ayer en el Ateneo Jovellanos de Gijón sobre «La irrupción a nuestro ser verdadero». Monje benedictino, maestro zen y maestro de contemplación, abarrotó el aula. Lo entrevista Javier Morán en La Nueva España.
ce usted?

-Vivo fuera del monasterio porque estoy exclaustrado. Benedicto XVI, cuando aún no era Papa, sino en su anterior puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo el nombre de Ratzinger, me prohibió hablar en público.
-¿Por qué?
-Pensó que yo ya no interpretaba correctamente el catolicismo.
-¿Se defendió usted?
-Le escribí una carta diciéndole que no iba a hacerle caso por motivo de conciencia y por motivos pastorales.
-¿Por qué un benedictino acude a la espiritualidad oriental?
-En la Iglesia católica no se enseñó la oración contemplativa y aún hoy día sigue habiendo dificultades con esa enseñanza.
-¿Conoció al jesuita Anthony de Mello, también amonestado por la Santa Sede?
-Parecido problema al mío.
-Le acusaron de panteísta.
-A mí me acusan de monista, pero lo que yo enseño no tiene nada que ver con ello.
-¿Es compatible la espiritualidad oriental con el credo católico?
-Existe una espiritualidad transconfesional y a ésa me dedico. Pero eso no significa que yo tenga que dejar la confesión católica.
-El teólogo Rahner decía que el siglo XXI, o es místico, o no será nada.
-Yo también creo eso, porque, o bien hacemos experiencias en el espacio transpersonal, o no vamos a poder sobrevivir como especie humana.
-¿Qué significa experiencia transpersonal?
-Nuestra personalidad es un logro de la evolución, pero al mismo tiempo significa una limitación. Nuestra conciencia tiene que ampliarse. Nos hemos desarrollado desde una conciencia prehomínida y de allí evolucionamos hacia una conciencia mágica, luego mítica, luego mental racional, pero no podemos quedarnos ahí.
-¿Qué es ese ahí?
-Provenimos de un paraíso en el que alguna vez nos sentimos en una unidad simbiótica con la naturaleza, y lo que llamamos pecado original no es otra cosa que el haber desarrollado la conciencia individual fuera de esa simbiosis. Pero, apenas salimos de ella y pudimos decir tú y yo, empezó a matar Caín a Abel. Desde entonces nuestra especie no ha hecho otra cosa que matarse mutuamente y eso se ha agravado muchísimo. Hemos llegado a un punto donde no sabemos cómo va a seguir esto. En el siglo pasado se mataron mutuamente cien millones de personas y ninguna moral surtió efecto.
-¿Por qué?
-Esas frases de «debes hacer», o «tienes que», no han hecho adelantar a nuestra especie humana para nada. Los grandes profesores y sacerdotes del mundo fueron un fracaso en este sentido. No estoy en contra de los profesores o de los sacerdotes, pero sus enseñanzas no han ayudado a los hombres.
-¿Alternativas?
-Tenemos en nuestro interior posibilidades para comprender la realidad de un modo que no puede abordarse con la razón. Nuestra conciencia personal supone un gran logro de la evolución, pero al mismo tiempo supone una limitación. Caer en la cuenta de esa limitación es esencial para nuestra especie.
-¿Cuál es esa limitación?
-Creemos que la conciencia del «yo» supone la única posibilidad de comprender. Pero eso es igual de tonto que cuando creíamos en el pasado que la Tierra era el centro del universo. Con esa concepción nos hemos orientado hacia un gran egocentrismo, que es la fuente de todos los males que conocemos en el mundo. El egocentrismo nos ha llevado al borde de la desaparición.
-¿Cómo superarlo?
-Para salir de esa limitación hay que entrar en el nivel de la unidad. Entonces vemos que somos uno con todo y que sólo existe uno. Una red de pescador consiste en muchas mallas y una malla sola no tiene sentido. Cada uno tiene sentido en la totalidad.
-Pero algunas religiones ya predican el amor al prójimo.
-Las religiones predican el amor y dicen «debes amar a tu prójimo igual que a ti mismo», pero no nos han ayudado las religiones para dar ni un paso hacia adelante. Decimos «mi religión», «mi confesión», …egoísmo, …y los que no estaban de acuerdo fueron quemados. Eso sigue igual en el presente: sunnitas y chiitas, judíos y musulmanes, fundamentalistas en la Iglesia católica. Todos dicen «yo, yo, yo…». Todos los problemas del mundo resultan de ese egocentrismo.
-¿Nada han contribuido las religiones?
-Sólo cambiaremos si entramos en un nivel nuevo de conciencia, en el espacio transpersonal. Superar las limitaciones del yo es algo que la mística de Oriente y de Occidente siempre han sabido hacer, pero se puede hacer en las religiones y también fuera de las religiones. La mayoría de las personas buscan fuera de sus religiones.
-Las religiones también han evolucionado.
-Las reformas en las religiones han sido como cambiar los muebles de un mismo piso. Lo hemos hecho muchas veces y no ha servido de nada. Lo que tenemos que hacer es subir un piso más arriba en la experiencia de lo religioso.
-¿Qué hay en ese piso?
-Un nuevo nivel de la conciencia. Se trata de ser más plenamente humano. Hay que preguntarse qué sentido tienen esos pocos decenios de mi vida en un universo de miles de millones de años. Ese sentido es que debo ser plenamente ser humano, y ahora lo voy a decir en la manera cristiana: Dios quiere ser persona en mí, tal como soy en este momento, con esta figura que tengo. Es el único motivo por el que existimos. Por eso bailo esa danza de la vida, pero no soy yo el que está bailando, sino que estoy bailado. Dios se baila a sí mismo en mí. El maestro Eckart dice que Dios se saborea a sí mismo en las cosas. Ése es el motivo de mi existencia.
-¿Y lo transpersonal?
-Yo tengo una importancia sin igual. Por eso dice Eckart que si no estuviera yo, Dios no sería. Por eso tengo un significado único con mi vida, con esos pocos decenios en medio del universo. Mi ser verdadero no es la conciencia del yo, sino algo que no nace y no muere. Lo que soy en lo más intimo es algo que seguirá cuando mi cuerpo físico haya muerto. Y no soy el único que está bailando, sino que bailan conmigo muchas personas, que tienen la misma importancia que yo. Cuando experimento esto, mis actuaciones serán diferentes.
-¿Cómo se hace uno místico?
-La mística es una forma de oración, un camino de oración. Existen diferentes formas de oración y la mística es uno de esos caminos. Y muchos cristianos llegan a una frontera con su oración verbal dirigida hacia un Dios personal y entonces entran en una nueva forma de oración, y esa oración es una nueva experiencia de lo que llamamos Dios.
-Esa oración, ¿es la contemplación?
-Eso es lo que la tradición llama oración contemplativa, y lo conocemos de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, de Francisco de Osuna… Hay un camino donde se enseña esa religión mística. Todas las religiones conocen dos formas de oración, una esotérica y otra exotérica. Las religiones, como el budismo, cristianismo, judaísmo, hinduismo e islamismo, tiene sus sagradas escrituras, sus dogmas, ritos, liturgias y esa forma de religiosidad se reza de forma exotérica. «Exoteros», en griego, quiere decir «desde fuera», y el rezo verbal o meditar sobre un texto serían la oración exotérica. En esa forma lo que hago es activar mis potencias psíquicas, como intuiciones, pensamiento…
-¿Y la oración esotérica?
-Todas las religiones también tienen una forma esotérica de oración. El budismo ha desarrollado las formas del zen y del Vipassana; el hinduismo ha desarrollado las diferentes formas del yoga; en el islamismo conocemos el sufismo, y en el cristianismo tenemos la mística, que también es la contemplación. «Esoteros» significa «desde dentro» y en la forma de oración esotérica hago lo contrario: voy sosegando toda actividad mental, intento sosegar las potencias psíquicas, como memoria, voluntad y entendimiento, para que pueda irrumpir lo que está detrás de ello.
-¿Por qué se perdió en el catolicismo la contemplación?
-La Iglesia católica dice que esa forma de oración contemplativa es una oración privada y no le gusta. Quiere que todos tengan la misma práctica que la Iglesia ha fijado. Todas la religiones teístas, como el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, tienen problemas con lo que es la mística.
-¿Miedo a que la persona entre en contacto directo con Dios?
-La institución de la Iglesia teme perder el control.

sábado, 19 de enero de 2013

Willigis Jäger: SU OBRA



El Amor es la quintaesencia de mi vida

El 7 de marzo del 2010 cumplí 85 años. ¿Cuál es la quintaesencia de mi vida? Desde mi infancia he buscado el Fondo originario detrás de todas las palabras, formulaciones y declaraciones teológicas, ese Fondo al que los cristianos llamamos Dios.

A los seis años salí por primera vez de la limitación racional. Entonces no supe lo que me pasaba, pero esa experiencia me dio la seguridad de que detrás de todas las palabras me espera un amor absoluto. Fui un niño normal. No en vano me dieron el apodo “f y f” – “frech und fromm”, “pillo y devoto”. Pasé una niñez maravillosa con mis seis hermanos. Pero el anhelo hacia ese Fondo originario, del que tan pronto percibí una idea, no me soltó más, ni siquiera en la adolescencia. Fui un buscador apasionado. Ya en la juventud mi oración se asemejaba a un abrirse amoroso a ese Fondo originario divino.

Tampoco en el tiempo que como soldado tuve que pasar en la guerra me abandonó ese anhelo. Gracias a Dios nunca tuve que disparar. Ese anhelo hizo que después de la guerra entrara en el monasterio. Allí esperaba encontrar la realización de mi anhelo.

Como todos mis compañeros de la Orden recibí una formación espiritual de seis años en filosofía y teología. Pero la teología no me trajo la realización de lo que anhelaba. En aquel tiempo la lectura de los libros de Friedrich Schleiermacher me interesaba más que las clases de teología, igualmente Friedrich Nietzsche, cuya experiencia mística en la roca de Surley me impresionó profundamente. De Arthur Schopenhauer me interesaba más su experiencia mística que su interpretación pesimista del mundo. Me impresionó en especial una experiencia suya y me sentí reflejado en ella:

“Pero yo digo, en este mundo temporal, sensual y comprensible, hay personalidad y causalidad, sí, son incluso necesarias. –Pero una consciencia superior en mí me alza a un mundo en el que ya no hay ni personalidad ni causalidad, ni sujeto ni objeto.” Entonces él intenta describir el mundo como se muestra a esa “consciencia superior”: “Tranquilo y sonriente vuelve la mirada hacia los espejismos de este mundo que una vez fueron capaces de conmover y atormentar su ánimo, pero que ahora le resultan tan indiferentes como las piezas de ajedrez después de terminada la partida, o por la mañana los disfraces tirados cuyas figuras nos gastaron bromas y nos inquietaron en la noche de carnaval. La vida y sus formas flotan ante él como un fenómeno pasajero, como ante el que está medio despierto flota el ligero sueño matutino a través del cual brilla ya la realidad y que no puede así engañarle.”

Siempre busqué con gran pasión lo inconcebible de lo divino, lo que estaba detrás de todas las afirmaciones teológicas. Todo lo que la teología y la metafísica ofrecían eran sólo indicaciones hacia un Fondo originario mentalmente inconcebible. La pregunta central que me guiaba era siempre: ¿Cuál es el significado de estos cuantos decenios, en los que voy de un lado para otro sobre esta mota de polvo insignificante en medio de este universo ilimitado? Mientras el ser humano no encuentre respuesta a esta pregunta, filosofamos y teologizamos en un espacio hipotético.

Sólo una experiencia en el campo de la consciencia transpersonal me dio una respuesta satisfactoria a ello: Aquí y ahora, en este tiempo limitado, soy una manifestación única, incomparable e inconfundible de ese Fondo originario que he experimentado y experimento como amor. Ese Fondo originario, al que hemos dado nombres como Divinidad, Vacío o Brahma, se festeja a sí mismo, se celebra a sí mismo como esta forma que yo soy. Únicamente en ello encuentro el significado de mi existencia. Y por eso doy un sí absoluto a este tiempo de mi vida, estando completamente convencido que la vida continúa. ¿En qué forma de existencia?, no lo sé.

Mi decisión de ir al convento fue todo menos huir del mundo, más bien fue la forma más radical de un amor apasionado. Ese amor incluye a todos y a todo, y salva a todo el mundo con su benevolencia. Durante mis estudios encontré en la biblioteca los escritos de Teresa de Ávila, Juan de la Cruz y las de un místico inglés, cuyo nombre no conocemos, que nos ha dejado “La nube del no-saber” y “El libro de la orientación particular”. El autor aconseja dirigir la mente hacia una palabra-guía o un foco, tales como, Dios o Amor.

Se trata de usar esa palabra como lanza y foco para entrar en capas más profundas del alma. Aconseja parar de pensar en Dios para enterrar el entendimiento, la memoria y los sentimientos bajo la nube del olvido. En esa palabra-guía se recoge la consciencia y actúa como un compás que lleva la dirección en la oscuridad.

También el místico Juan de la Cruz fue un maestro importante que dejó tras de sí toda imagen e idea intelectual de Dios. La palabra “Dios”, que saqué como foco de “La nube del no-saber”, se unió a mí de forma muy natural con la respiración.

Seguí unos años por este camino y de repente llegué a una experiencia profunda, que en occidente llamamos experiencia mística. Ésta me condujo más allá del concepto “Dios”. Esta experiencia no se diferenció en nada de la que hice más tarde en el camino del Zen, y que mi maestro Yamada Kôun Roshi me confirmó como kensho.

Hay un nivel humano-general, independiente del origen, sexo y confesión. Es el nivel que en todas las experiencias espirituales lleva a la no-dualidad transpersonal del Ser, que en el Zen se llama Vacío. El Zen tiene la ventaja sobre los demás caminos espirituales de ser radical y absoluto. Pero la profundidad de la experiencia es la misma en cada persona que irrumpe en ella, la misma que Teresa de Ávila muestra en las “Moradas Séptimas” de la descripción de su vida: “Es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo.”

Después de la ordenación sacerdotal llevé durante dos decenios una vida pastoral muy activa. Trabajé siete años como profesor de Instituto de Bachillerato y como monitor de jóvenes en un internado. A continuación trabajé en las obras eclesiales para la ayuda al desarrollo Missio y Misereor y cuatro años en la Sede de la Juventud Católica de Düsseldorf. Aún con toda mi actividad sentí como interiormente cada vez estaba más vacío y así empecé a ir de nuevo por el camino descrito anteriormente.

A pesar de la actividad pastoral, que me llevaba mucho tiempo, empecé con la práctica contemplativa cada mañana de seis a siete y media y entonces volvió la experiencia. Poco a poco apareció de nuevo lo que en el Budismo se denomina samadhi, o lo que Teresa de Ávila llama oración de quietud. Es la experiencia del Fondo originario permanente que juega un papel fundamental en todas las decisiones.

En 1971 asistí a un cursillo de Zen del Padre E. Lassalle que se impartió en mi convento de Münsterschwarzach. Entraba por primera vez en contacto con el Zen, e inmediatamente vi claro que ese era el camino que tenía que seguir y que me llevaría a mi profundidad y con ello al Fondo originario divino de todo ser.

Empecé de nuevo a sentarme en silencio con regularidad y pronto percibí que iba por la pista correcta. Dos sesshin con Brigitte D’Ortschy Roshi me enseñaron que sólo una gran decisión y una última consecuencia podían proporcionarme una apertura nueva. Cuando mi Orden me ofreció la posibilidad de ir a Japón, a fundar un nuevo monasterio, vi en ello la providencia divina. Dejé mi trabajo de Missio en su punto culminante, bajo la incomprensión de muchos de mis amigos, para vivir en una comunidad benedictina nueva de Kamakura y practicar Zen con Yamada Kôun Roshi, al que había conocido en 1971 en Múnich. ¿Casualidad o destino?, el monasterio debía ser fundado en la misma ciudad que Yamada Kôun Roshi tenía su centro.

Practiqué tres años con el “Mu”, como lo indica la práctica Zen. Este ejercicio apenas se diferenciaba de mi ejercicio anterior con la palabra “Dios”. Pero esta vez tenía un guía experto que me libraba de algunos rodeos. Poco a poco volvieron mis experiencias profundas anteriores. Con cada sesshin sentí el progreso. Era como el abrirse vacilante y paulatino de una flor, hasta que una noche después de un sesshin desperté y los últimos pétalos de la flor se abrieron de golpe como impulsados por una fuerza interior. Sólo había Vacío, la “Nada, Nada, Nada…” de Juan de la Cruz. Del Vacío brotaba el momento: sólo esta respiración, y al ponerme en pie, sólo este paso. Yamada Roshi reconoció esta experiencia como kensho.

Cuando después de unos días me senté a articular lo que había experimentado, escribí algunas palabras: amor, vacío, plenitud, unidad, felicidad. Cuando más tarde leí estas palabras, estaba conmovido. Si alguien cualquiera me hubiese preguntado ¿Qué entiendes tú por “Dios”?, le hubiera contestado en terminología occidental: “lo que llamamos Dios es el Vacío absoluto, que se muestra como amor, plenitud, unidad y felicidad absolutos”. Eso es lo que había experimentado.

Cada día practicaba de seis a ocho horas Za-Zen, trabajaba dos horas en el área del templo y escribía un libro durante algunas horas. También pasé seis meses en una ermita aislado. Mi visión del mundo y mi comprensión cristiana habían cambiado. Me percibía completamente dispuesto al Fondo originario del ser divino, al que ahora prefería llamar Vacío y Nada. Estaba libre de todas las ideas sobre ese Fondo originario. Permanecer en la quietud absoluta, en samadhi, no me parecía ni lujo ni pasatiempo, sino una fuerza transformadora que sirve a toda la humanidad. El caminar consciente me llevaba al aquí y ahora y a la certeza de que el sentido de la vida sólo se encuentra en el momento presente.

¿Cuál es entonces ese nivel de nuestro ser humano? Con Juan de la Cruz puedo responder: “Y éste es el deleite grande de este recuerdo: conocer por Dios las criaturas y no por las criaturas a Dios; que es conocer los efectos por su causa y no la causa por los efectos, que es conocimiento trasero, y esotro esencial”.

Traducido al lenguaje del Zen sería: “Reconocer la forma a través del Vacío y no a través de la forma el Vacío” En otro lugar Juan dice: “Porque el alma en ese estado se une y siente con Dios, como todas las cosas son Dios.” Todas las cosas son Vacío y forma. Como seres humanos estamos siempre a ese nivel pero nuestro yo nos lo tapa. Me sorprendió como el lenguaje de Juan de la Cruz y del Maestro Eckhart expresan la misma experiencia que el Zen. El Maestro Eckhart dice: “Cuando yo llego al Fondo y al Lecho, al Riachuelo y a la Fuente de la Deidad, nadie me pregunta de dónde vengo, ni dónde he estado. Allí, nadie se ha percatado de mi ausencia, pues es allí donde “Dios” desaparece.” Pero como el entendimiento no lo comprende, el Maestro Eckhart sigue: “Si alguien ha comprendido este sermón, lo celebro por él. Si no hubiese habido nadie aquí, tendría que haberlo predicado a este cepillo de las ofrendas.” Y este conocimiento me volvió a la vida a impartir cursillos.

El amor que no puede excluir a nadie ni nada es la fuerza motriz en el camino, que forzosamente también tiene que llevar por la duda y el sufrimiento, hasta que al fin hemos llegado. La “noche oscura” de Juan de la Cruz informa de la necesidad de una experiencia de crisis que retire toda la seguridad y el autoengaño, que nos vacíe y abra a la entrega y amor absolutos. En el caos se halla la fuerza ordenadora para lo nuevo. La flor de loto crece del barro. Ambas cosas son inseparables. Del sufrimiento muchas veces crece lo nuevo.

En este camino también aprendí a tratar mis emociones. La cólera, que nos quiere poseer como un huracán, no es reprimida sino simplemente percibida y experimentada como “mi cólera”, que no tiene nada que ver con él que la provoca. Entonces la cólera recibe otra cualidad y podemos reconocer el verdadero motivo sin ser dominados por ella. Algo semejante es la aceptación del sufrimiento que no se puede evitar. Si conseguimos aceptar lo doloroso, al final se transforma en serenidad y sabiduría.

Practiqué el volver siempre a mi respiración en situaciones difíciles. Cuando en el trabajo estaba con prisas, siempre me concedía unos minutos de tranquilidad y relajación. Esto no es una pérdida de tiempo sino, más bien, concentración de fuerzas para el trabajo que nos espera.

Una experiencia cercana a la muerte dio a mi vida un acento decisivo. Mi corazón se paró un tiempo debido a la intolerancia de un medicamento. De repente me encontré en un nivel nuevo de experiencia. Aquí ya no había un yo, únicamente amor, estar completamente acogido y unidad. Cuando volvió mi yo, quise volver a toda costa a esa unidad amorosa y estaba dispuesto a morir. Pero un amoroso, benevolente y alegre ser en frente de mí me aclaró: “No puedes querer, tienes que esperar hasta ser llamado.” Durante dos días permanecí en esa unidad y amor racionalmente incomprensibles. Desde entonces ha desaparecido mi miedo a la muerte. No se me informó como será después de la muerte. Pero algo me quedó claro: la vida no acaba nunca. Con esa seguridad escribí el libro “La vida no termina nunca” y grabé el CD “La muerte no existe”.

Después de esa experiencia me quedó la certeza: cuando muera volveré a ese amor infinito, sin ninguna limitación del yo. Y ese amor es el Fondo originario de todo ser. Nuestro yo, con todas sus costras y cuños egoístas, lo tapa continuamente. Entendí que como personas no avanzaremos si no conseguimos crecer en ese nivel de la experiencia del amor incondicional.

Esa experiencia no se consigue con la voluntad o la acción, sino únicamente entrando en nuestro siempre presente Ser auténtico, que significa lo mismo que Amor. Ello se celebra a sí mismo como lo que somos. A fin de cuentas no se nos pide más que un sí al momento presente de esta vida que vivimos.

Esa experiencia significa un sí al cuerpo, que en el ascetismo cristiano muchas veces se humilló y despreció. La verdadera vida se traspasó a una existencia después de la muerte. Pero ese Fondo originario Amor se celebra como lo que somos en este momento. Con esta experiencia este par de decenios de vida reciben su verdadero sentido. Cada momento es una manifestación, un rito en el que ese Fondo originario racionalmente incomprensible se celebra a sí mismo.

La vejez nos ofrece la última posibilidad para nuestro proceso de maduración humano. Es la última etapa y por ello una fase decisiva en la vida, una ocasión de crecer una vez más, de madurar y abrazar todo con amor. Todavía estamos deviniendo. Se trata de consumar nuestro nacimiento. Ese tiempo es sobre todo un camino hacia dentro. El papel que he tenido como persona - como profesor, sacerdote, ponente, escritor, Maestro Zen - se hace relativo. Como figura de juego del jugador grandioso “Dios” pronto seré sacado del tablero. La vida no termina nunca. Yo suelto creyendo en la promesa de Jesús, que en casa del Padre hay muchas moradas. No sé si puedo llevar algo de esta estructura personal. Tampoco es importante. En este universo hay miles de millones de posibilidades de existencia. Y seguro que también hay miles de millones de posibilidades de transformación. De momento nadie se puede imaginar que de una crisálida poco vistosa se haga una mariposa espléndida. ¿Por qué no podría traer una resurrección algo completamente nuevo? La vida no termina nunca.

El Amor es la quintaesencia de mi vida, a la que paso revista lleno de agradecimiento. Pero no es el amor del “te amo” y “me amas”. Es el Amor que no excluye al asesino y al criminal. Deleite, ternura y sensación de bienestar son sólo sucesos que señalan hacia un nivel de experiencia mucho más amplio. Ese nivel es como el océano al que siempre puedo volver de nuevo. Aquí me siento en casa, aún cuando como ola me quieran acometer los problemas, la duda, el enfado y el miedo. Es mi lugar de refugio y punto de partida. No necesito buscarle, simplemente miro hacia dentro. En ese Fondo originario siempre estoy en casa. Allí el miedo y la duda me abandonan. Es el lugar que el maestro Eckhart ha descrito tan maravillosamente. Por eso quiero citarle de nuevo como final: “Cuando yo llego al Fondo y al Lecho, al Riachuelo y a la Fuente de la Deidad, nadie me pregunta de dónde vengo, ni dónde he estado. Allí, nadie se ha percatado de mi ausencia, pues es allí donde ‘Dios’ desaparece.” De ahí recibe la vida su último sentido.

Lo que al final de nuestra vida
tendremos en las manos,
no serán nuestros méritos y obras.
Primeramente y sobre todo
nos haremos la pregunta sobre
cuánto hemos amado.

Willigis Jäger



jueves, 17 de enero de 2013

La Ola es el Mar: Wiligis Jäger

WILLIGIS JÄGER: "LA OLA ES EL MAR"
 

[...] La persona que haya perdido su patria o bien es capaz de aceptar esta pérdida y convertirla en motivo para la búsqueda de una "patria" muy distinta, su identidad auténtica, o bien se busca una patria sustitutiva en forma de determinados grupos y comunidades que le prometen apoyo y salvación. De esta última actitud surge la ideología del fundamentalismo, que en el fondo no es otra cosa que la búsqueda desesperada de la patria, por parte de personas que se han quedado sin orientación. Seduce con promesas simples de salvación según la divisa: "si haces esto y aquello, y sigues fiel y religiosamente a la comunidad, entrarás en el cielo". Las sectas deben sus éxitos a esta estrategia, pero a las personas se les ayuda bien poco con ella.

Hay una religiosidad muy ingenua y simple, por ejemplo como la que se da en África o Ámerica Latina, donde los creyentes piden ayuda a su Dios y no se preocupan mucho de cuestiones teológicas o existenciales. El número de este tipo de creyentes está creciendo debido al aumento de nacimientos en el hemisferio sur. Esta religiosidad ingenua la han perdido en gran medida las personas del mundo occidental debido al triunfo de la moderna cosmovisión científica, lo que ocasiona crisis de orientación que, a su vez, favorecen el mencionado movimiento retrógado hacia el fundamentalismo y el sectarismo. Pero en esta vuelta a a atrás ya no se recupera la religiosidad originaria e ingenua, esta se ha perdido sin remedio.

No se trata de adaptaciones al espíritu de la época sino de la disposición a tomarse en serio los conocimientos de las ciencias modernas que interpelan a la teología; tomárselos en serio hasta el punto de estar dispuestos incluso a pasar de los dogmas antiguos, insostenibles por más tiempo o, por lo menos, a reinterpretarlos. Pero esto no es más que un primer paso, porque otro problema de las Iglesias consiste en que la idea de Dios que propagan está influenciada por un concepto anticuado del mundo. Con el fin de llegar a las personas actuales, influidas por las ciencias modernas, las Iglesias deberían revisar sus ofertas teológicas sin exigir demasiadas acrobacias intelectuales. Tendría que cambiar la manera de hablar sobre Dios. Pero falta valor para salirse de una vez de la vieja estructura interna del sistema de fe e intentar un comienzo nuevo. Me gustaría que hubiera teólogos más valientes.

Que no se agarren a un concepto intelectual y dual de Dios, como hace la mayoría de sus colegas. Cerrar la puerta de acceso a la mística, como hace la mayoría de los teólogos, es una de las consecuencias de una teología de miras estrechas.
Otra, y no menos importante, consiste en dejar de lado la dimensión corporal de la vida humana. La religiosidad del ser humano no se limita a su intelecto, pues también es posible tener experiencias religiosas a través del cuerpo y de la psique y, de hecho, las buscamos realmente a través de ellos. Piense tan solo en la moda actual del bienestar o en el entusiasmo de muchas personas por el deporte. Ya sea, haciendo patinaje acrobático, parapente o deslizándose en una tabla sobre la nieve, en todas esas modalidades deportivas se consiguen vivencias físicas tremendas que resultan mucho más fascinantes que lo que las Iglesias pueden ofrecer.

Repetiré aún muchas veces una frase que representa el fondo de la espiritualidad que intento transmitir: La religión es nuestra vida, y el proceso de la vida es nuestra religión verdadera. Dios no quiere ser adorado, quiere ser vivido. Soy consciente de que esta formulación encontrará oposición, pero nuestro cuerpo es más íntimo a nuestra naturaleza verdadera que nuestra razón. El cuerpo encierra una religiosidad de la que carece la cultura religiosa eclesial. Debería darse en ella una dimensión corporal y, por eso, me preguntó cómo podría enriquecerse la vida de la fe cristiana con un componente corporal. En este sentido, tengo puesta cierta esperanza en las mujeres.

domingo, 11 de noviembre de 2012

DIOS


Pensar que una mano mueve el mundo no es más que una superstición. Las manos de Dios son nuestras manos. Dios, podríamos decir, es una actitud, no es un señor con barbas. Los cristianos tenemos que llevar a Dios donde hace falta, porque Dios es Amor.

El espíritu de Dios es el vínculo que pasa a través de todos los seres, conectándolos, constituyéndolos. A ti, a mí, a nosotros y a todos nosotros.

...

No recuerdo quién fue el que dijo que la casualidad es el pseudónimo de Dios cuando no firma. Por eso no es casual que nos encontremos aquí.

Estoy convencido profundamente de que no es nuestra vida la que vivimos, sino la vida de esa realidad que llamamos el Espíritu de Dios.

Nosotros, los humanos, buscamos durante mucho tiempo en el exterior, en la pareja, en el mundo, en las cosas... hasta que caemos en la cuenta de que todo ello no es más que una llamada de lo eterno que está dentro de nosotros.

El anhelo más profundo, consciente o inconsciente, de toda persona es experimentar su naturaleza más honda.

Quien la experimenta sabe que morir es solamente un cambio de la forma. Cambiaremos nuestra forma, pero permanecerá lo que somos en lo más profundo: somos vida de Dios.

Lo inefable se revela en nosotros igual que se reveló en Cristo. La realidad del Espíritu es una potencia dormida que debe desplegarse. Ésa es la tarea.

La vida humana es relación. Somos personas en la medida que hemos encontrado en nosotros mismos, en nuestro propio yo, el primer Tú con quien relacionarnos. No hay yo sin tú.

Ahora os invito a todos a recogeros. A entrar en vosotros mismos y meditar. He venido de lejos, porque me lo pidió Carlos, para hacer silencio con vosotros durante una semana. No poseo nada más que este misterio de esperanza.

Y ahora, por favor. Silencio. Sentid vuestra respiración y entrad en vosotros.

Mercedes Nasarre Ramón: "Un psiquiatra se pone a rezar". Ed. Pirineo, Huesca.