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domingo, 12 de diciembre de 2021

BUDA: Amor Y Odio

 



Este post es un pequeño extracto de un libro de  “La Ira, El Dominio Del Fuego Interior”  escrito por Thich Nhat Hanh que enseña como convertir el odio en amor. A continuación un trocito de este imperdible libro:


En mi opinión, ser feliz es sufrir menos. Si no fuéramos capaces de transformar el dolor que hay dentro de nosotros, no podríamos ser felices.


Muchas personas buscan la felicidad en el exterior, pero la verdadera felicidad ha de surgir del propio interior. Nuestra cultura nos dice que la felicidad se obtiene poseyendo grandes cantidades de dinero, mucho poder y una elevada posición social; pero si observas atentamente, verás que muchas personas ricas y famosas no son felices. Muchas de ellas se

suicidan.


El Buda y los monjes y monjas de su tiempo tan sólo poseían tres hábitos y un cuenco, pero eran felices porque tenían algo sumamente precioso: la libertad.


Según las enseñanzas del Buda, la condición básica para ser feliz es la libertad. No me refiero a la libertad política, sino a estar libre de formaciones mentales como la ira, la desesperanza, la envidia y la ignorancia. Estas formaciones mentales fueron descritas por el Buda como ponzoñas. Mientras estos venenos estén presentes en nuestro corazón, no podremos ser felices.


La ira


Para liberamos de la ira hemos de practicar, seamos cristianos, musulmanes, budistas, hindúes o judíos. No podemos pedir al Buda, Jesús, Dios o Mahoma que quite la ira de nuestro corazón en nuestro lugar, sino que hay unas instrucciones concretas acerca de cómo transformar el deseo vehemente, la ira y la confusión de nuestro interior. Si seguimos estas instrucciones y aprendemos a cuidar de nuestro sufrimiento, podremos ayudar a los demás a hacer lo mismo.

Cambiar para superarse Supón que hay una familia en la que el padre y el hijo están enojados el uno con el otro. No son capaces de comunicarse. El padre sufre mucho y el hijo también. No quieren quedar atrapados en la ira que sienten, pero tampoco saben cómo superarla.

Una buena enseñanza es aquella que puedes aplicar directamente a tu vida, para transformar tu sufrimiento. Cuando estes enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno.
Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno. Debes ir a ver a un amigo que practique y preguntarle qué puedes hacer para transformar la ira y la desesperanza que hay en ti.

Escuchar compasivamente alivia el sufrimiento

Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla.

Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto.

Hay un Bodhisatva – un Gran Ser o un Despierto que es capaz de escuchar profundamente y con una gran compasión. Se llama Kwan Yin o Avalokitésvara, el Bodhisatva de la Gran Compasión. Todos debemos aprender a escuchar atentamente como hace este Bodhisatva. Así podremos orientar de forma muy concreta a los que acuden a nosotros para pedirnos ayuda para restablecer la comunicación perdida.

Si escuchas con compasión a una de esas personas, quizá alivies un poco el sufrimiento que siente; sin embargo, aunque lo hagas con la mejor intención del mundo, no podrás escucharla profundamente hasta que no hayas practicado el arte de escuchar compasivamente. Si eres capaz de sentarte en silencio y escuchar con compasión a esa persona durante una hora, podrás aliviarla de mucho sufrimiento. Escúchala con un único objetivo: para que pueda desahogarse y sufra menos.
Durante todo el tiempo que la escuches, mantén viva tu compasión….


martes, 16 de febrero de 2021

Jiddu Krishnamurti

 


Rodrigo Córdoba. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza. rcordobasanz@gmail.com.        Página Web: www.rcordobasanz.es          Instagram: @psicoletrazaragoza


COMPASIÓN

Compasión significa pasión por todo

¿Cuál es la relación de una mente que ha comprendido el sufrimiento y, que por tanto, ha puesto fin al sufrimiento? ¿Cuál es la cualidad de una mente que ya no teme el fin, a saber la muerte? Cuando no se disipa la energía a través de algún escape, entonces esa energía se convierte en la llama de la pasión. Compasión significa pasión por todo. Compasión es pasión por todo.

«Cuando hay atención total, cuando uno observa, escucha y aprende con todos sus sentidos despiertos, no hay un centro».

Hagan esto en su vida cotidiana, en la relación que establecen con la esposa, con el vecino, con la naturaleza. Relación significa estar en contacto. Uno sólo puede estar relacionado de ese modo con alguien si no tiene una imagen de sí mismo o del otro; entonces hay una relación directa.

De esto surge la compasión, o sea, la pasión por todo. Eso solamente puede ocurrir cuando existe este perfume, esta calidad de amor que no es deseo, que no es placer, que no es la acción del pensamiento. El amor no es algo producido por el pensamiento, por el ambiente, por la sensación. El amor no es emocionalismo ni sentimentalismo. Amor significa amor por las rocas, por los árboles, significa amar a un perro perdido, amar los cielos, la belleza, la puesta de sol, amar al prójimo... amar sin toda la sensación de la sexualidad con que ahora identificamos al amor. El amor no puede existir cuando somos ambiciosos, cuando buscamos poder, posición, dinero.

¿Cómo puede un hombre amar a su esposa cuando toda su mente está concentrada en llegar a ser alguien, en tener poder en el mundo?

Él podrá dormir con ella, tener hijos, pero eso no es amor. Es lujuria, con todas sus desdichas. Y sin amor no podemos tener compasión. Cuando hay compasión, hay claridad, que es la luz que emerge de la compasión. Todos los actos son entonces claros, y de esa claridad viene la destreza, destreza en la comunicación, en la acción, destreza en el arte de escuchar, de aprender, de observar.

La meditación es el despertar de esa inteligencia que nace de la compasión, de la claridad y de la destreza que la inteligencia utiliza. Esa inteligencia no es personal, no puede ser cultivada; surge sólo de la compasión y la claridad. Todo esto y mucho más es la meditación, y lo más adviene cuando la mente es libre y, por lo tanto, se halla completamente quieta. No puede estar quieta si no hay espacio. De igual manera, el silencio puede llegar, no mediante la práctica o el control, no como el silencio entre dos ruidos o como la paz entre dos guerras; el silencio llega sólo cuando la mente y el cuerpo están en completa armonía y sin fricción alguna. Entonces, en ese silencio hay un movimiento total que es la terminación del tiempo. Eso significa que el tiempo ha llegado a su fin.

Hay mucho más en la meditación, y consiste en descubrir aquello que es lo más sagrado. No lo sagrado de los ídolos que hay en los templos, iglesias o mezquitas; esas cosas están hechas por el hombre, las fabrican la mano, la mente, el pensamiento. Existe lo sagrado que no ha sido tocado por el pensamiento. Ello puede llegar con naturalidad, fácil y gozosamente sólo cuando hemos creado un orden completo en nuestra vida cotidiana. Cuando hay un orden semejante en nuestra vida de todos los días ‑orden significa ausencia de conflicto-, entonces desde ese orden surge esta calidad de amor, compasión y claridad. Y la meditación es todo esto, no un escaparle a la vida, a nuestro vivir. Y bienaventurados son aquellos que conocen la calidad de esta meditación.

PENSAMIENTO COMPASIVO

Si el pensamiento está activo, ¿puede haber compasión?

¿Qué significa ser compasivo, no sólo verbalmente, sino realmente? ¿Es la compasión una cuestión de hábito, de pensamiento?, ¿es la compasión cuestión de repetir mecánicamente debo ser amable, educado, gentil, tierno? ¿Puede una mente que está atrapada en la actividad del pensamiento que es condicionamiento, repetición mecánica, ser realmente compasiva? Puede hablar de ello, puede apoyar una reforma social, ser bondadosa con el pobre pagano, etc., ¿pero es eso compasión? Si el pensamiento dicta, si está activo, ¿puede haber algún lugar para la compasión? Compasión es acción sin motivo, sin interés propio, sin sensación de miedo, sin sensación de placer.

La compasión no es suya o mía

Puede que sea inteligente en sus estudios, en su trabajo, que sea capaz de argumentar de manera muy astuta y razonable, pero eso no es inteligencia. La inteligencia va junto con el amor y la compasión, y como individuo, no puede alcanzar esa inteligencia. La compasión no es suya o mía, al contrario del pensamiento que es suyo y mío. Cuando hay inteligencia no existe el «yo» ni el «usted», y esa inteligencia no subsiste en su mente o en su corazón; esa inteligencia, que es suprema, está en todas partes. Esa es la inteligencia que mueve la tierra, los cielos y las estrellas, porque eso es compasión.

¿Es eso compasión?

¿Cómo puede tener compasión si pertenece a una religión, si sigue a un gurú, si cree en algo, en las escrituras, etc., o si está apegado a una conclusión? Aceptar a un gurú significa llegar a una conclusión y si creen firmemente en Dios o en un salvador, en esto o aquello, ¿puede haber compasión? Puede que desempeñe trabajos sociales, que ayude a los pobres por piedad, por lástima o por caridad, pero todo esto no es amor ni compasión.

Compasión… para todas las cosas de la tierra

Es completamente e irrevocablemente posible eliminar todas las heridas, y por tanto, amar y tener compasión. Ser compasivo significa tener pasión por todas las cosas, no sólo entre dos personas, sino por todos los seres humanos, por todas las cosas, los animales, los árboles, todo lo que contiene la tierra. Cuando seamos compasivos, no saquearemos la tierra como lo hacemos ahora y no habrá guerras.

INTELIGENCIA COMPASIVA

La compasión actúa a través de la inteligencia

La naturaleza misma de la inteligencia es sensibilidad y la sensibilidad es amor. Sin inteligencia, no puede haber compasión. La compasión no consiste en actos de caridad o reformas sociales; está libre del sentimiento, del romanticismo y de la emoción del entusiasmo. Es tan fuerte como la muerte; es como una gran roca inamovible en medio de la confusión, de la desdicha y de la ansiedad. Sin compasión no puede existir ninguna nueva cultura o sociedad. La compasión y la inteligencia van juntas, son inseparables. La compasión actúa a través de la inteligencia, nunca puede actuar a través del intelecto. La compasión es la esencia de la totalidad de la vida.

PASIÓN

La pasión está libre del «yo»

La pasión nada tiene que ver con la lujuria, el interés o el entusiasmo. El interés puede ser muy profundo, y uno puede utilizar ese interés para su beneficio y poder, pero ese interés no es pasión. Un objeto o una idea pueden estimular el interés. El interés es satisfacción propia. La pasión, en cambio, está libre del «yo». El entusiasmo siempre es en relación con algo. La pasión es en sí misma una llama. Otra persona, alguien externo a usted puede despertarle el entusiasmo. Sin embargo, la pasión es la suma de energía, no es el resultado de ninguna clase de estímulo. La pasión está más allá del «yo».

Pasión sin causa

La pasión es algo que muy pocos han sentido realmente. Han sentido entusiasmo, lo cual significa estar atrapado en un estado emocional con alguna cosa. Nuestra pasión es por algo: por la música, la pintura, la literatura, un país, una mujer o un hombre, siempre es la consecuencia de una causa. Cuando se enamora de alguien, se encuentra en un estado de emoción que es la consecuencia de una causa concreta. De lo que les estoy hablando es de una pasión sin causa, de la pasión por todo, no por una sola cosa, mientras que la mayoría están apasionados por una cosa o una persona en particular. Es importante ver esa distinción con claridad.

«En ese estado de pasión sin causa, hay una intensidad libre de todo apego, pero si la pasión tiene causa, entonces hay apego, y el apego es el principio del sufrimiento».

Sufrimiento y pasión

Si permanece sin un sólo movimiento del pensamiento, se produce una transformación en eso que llaman sufrimiento, lo cual se convierte en pasión. La raíz etimológica de «sufrimiento» es pasión. Cuando huyen del sufrimiento, pierden esa cualidad que surge del sufrimiento, a saber la pasión completa, que nada tiene que ver con la lujuria y el deseo. Cuando tienen una percepción directa del sufrimiento y permanecen con ello completamente, sin un sólo movimiento del pensamiento, de ahí surge esa extraña llama de la pasión. Y es necesario tener pasión, de lo contrario no puede crear nada.

«De la pasión surge la compasión, y compasión significa pasión por todas las cosas, por todos los seres humanos».

miércoles, 22 de abril de 2020

Dalai Lama: Amor y Compasión



Amor y compasión es lo que debemos esforzarnos por cultivar en nosotros, ampliando sus actuales límites hasta lo ilimitado. Es posible sentir compasión y amor espontáneos, ilimitados y no discriminatorios incluso por alguien que nos ha hecho daño, un enemigo. Y su poder es asombroso.

El budismo nos enseña a ver todos los seres sensibles como nuestra madre querida y a mostrar gratitud a nuestra madre amando a todos los seres sensibles. Una de las primeras cosas que hacemos en nuestra vida es mamar del pezón de nuestra madre, y la leche materna es el símbolo del amor y la compasión. Estudiando el comportamiento de los simios, los científicos han comprobado que los hijos a los que se les separa de la madre durante un período prolongado son más nerviosos y bruscos y son incapaces de expresar cordialidad hacia sus semejantes, mientras que los que crecen con la madre son más juguetones, lo que implica que son más felices. Según la visión budista, nacemos y volvemos a nacer incontables veces, lo que significa que cabe la posibilidad de que cada ser sensible haya sido nuestro padre o nuestra madre en algún momento. Por consiguiente, todos los seres comparten lazos familiares. Desde el momento en que gozamos de los cuidados y la bondad de nuestros padres; después, cuando nos enfrentamos a las enfermedades y a la vejez, dependemos una vez más de la bondad de otras personas.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. N° Col.: A-1324
Teléfono: (+34) 653379269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es


lunes, 13 de abril de 2020

Thich Nhat Hanh: Reencarnación



En principio, podríamos pensar en la reencarnación como en un alma entrando en un cuerpo. El cuerpo es visto como impermanente y el alma como permanente, y cuando nos deshacemos de un cuerpo, volvemos a entrar en otro. Puede que les sorprenda saber que la gente del Asia budista no le tiene mucho cariño a la reencarnación. Desean que finalice el ciclo de nacimiento y muerte porque saben que representa sufrimiento sin fin. En el budismo popular, la reencarnación es aceptada literalmente, sin demasiado examen, pero a medida que estudiamos y practicamos, la idea de un alma inmortal da paso a otra idea más cercana a la realidad. Si estudiamos las enseñanzas de Buda y observamos nuestra propia mente, hallaremos que no hay nada permanente dentro de lo que constituye lo que llamamos nuestro "sí-mismo". Buda enseñó que la denominada "persona" está constituida por cinco elementos (skandhas) que se unen durante un período limitado de tiempo: nuestro cuerpo, sensaciones, percepciones, estados mentales y consciencia. Estos cinco elementos están, de hecho, cambiando continuamente. Ni uno solo de ellos permanece igualen dos momentos consecutivos. No sólo es impermanente nuestro cuerpo, sino que lo que denominamos nuestra alma también es impermanente. También ella está conformada sólo por elementos como sensaciones, percepciones, estados mentales y consciencia. Cuando la idea de un alma inmortal es puesta en su lugar, nuestra comprensión de la reencarnación se acerca más a la verdad. En cierto modo, la idea de la reencarnación sigue ahí, pero nuestra compresión es diferente. Vemos que sólo se trata de contribuyentes que cambian rápidamente.

Lo cierto es que en el budismo no utilizamos la palabra "reencarnación". Hablamos de "renacer". Pero incluso renacer resulta problemático. Según las enseñanzas de Buda, ni siquiera existe el "nacer". Nacer generalmente significa que de la nada nos convertimos en algo, y la muerte suele significar que de algo nos convertimos en nada. Pero si observamos las cosas que nos rodean, nos daremos cuenta de que no hay nada que provenga de la nada. Antes del denominado nacimiento, esta flor ya existía en otras formas: nubes, luz de sol, semillas, tierra y muchos otros elementos. Más que nacer y renacer, sería más exacto decir "manifestación" (vijñapti) y "remanifestacion". El llamado día del nacimiento de la flor es en realidad el día de su remanifestación. Ya había estado aquí bajo otras formas y ahora ha realizado un esfuerzo para remanifestarse. Manifestación significa que sus constituyentes siempre han estado aquí bajo alguna forma y que ahora, como las condiciones son las suficientes, son capaces de manifestarse a sí mismos como una flor. Cuando las cosas se han manifestado, solemos decir que han nacido, pero de hecho no es así. Cuando las condiciones dejan de ser suficientes, y la flor cesa de manifestarse, decimos que la flor ha muerto, pero eso tampoco es correcto. Lo que ocurre es que sus constituyentes se han transformado en otros elementos, como abono y tierra. Hemos de trascender nociones como nacimiento, muerte, ser y no ser. La realidad está libre de toda noción.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Teléfono: (+34) 653 379 269
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martes, 17 de marzo de 2020

Naturaleza Sufriente



Mientras hablaba el Dalai Lama, empecé a percatarme de que reflexionar sobre nuestra "naturaleza sufriente" podía ayudarnos a aceptar las inevitables penas de la vida, que podía ser incluso un método valioso para situar nuestros problemas cotidianos en la debida perspectiva. Empecé así a ver el sufrimiento dentro de un contexto más amplio, como parte de un camino espiritual más grande, sobre todo si se tiene en cuenta la doctrina budista, que reconoce la posibilidad de purificar la mente y, en último término, alcanzar un estado en el que no hay más sufrimiento. Pero, alejándome de estas grandiosas especulaciones filosóficas, sentí gran curiosidad por saber cómo afrontaba el Dalai Lama el sufrimiento, cómo abordaba la pérdida de un ser querido, por ejemplo.

La primera vez que visité Dharamsala, hace muchos años, pude conocer al hermano mayor del Dalai Lama, Lobsang Samden. Le llegué a tomar cariño y me entristeció mucho su muerte. Sabedor de que él y el Dalai Lama habían estado muy unidos, comenté:
- Imagino que la muerte de su hermano Lobsang debió de ser muy dura para usted...
- Sí.
- Me preguntaba cómo la afrontó.
- Naturalmente, me sentí muy triste al enterarme de su muerte -contestó con serenidad.
- ¿Y cómo asumió ese sentimiento de tristeza? ¿Hubo algo en particular que le ayudara a superarlo?
- No lo sé -contestó, pensativo-. Experimenté ese sentimiento de tristeza durante algunas semanas, pero luego, gradualmente, fue desapareciendo. Había, sin embargo, un sentimiento de pesar.
- ¿De pesar?
- Sí. Yo no estaba presente cuando murió y creo que si hubiera estado allí, quizá podría haber hecho algo para ayudar. De ahí procede ese sentimiento de pesar.

Mientras veamos el sufrimiento como un estado anormal que tememos y rechazamos, nunca lograremos desarraigar sus causas y llevar una vida feliz.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
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viernes, 24 de agosto de 2012

Madre Teresa de Calcuta: AMOR


Madre Teresa de Calcuta (1910-1997)
 
Beatificación: 19 Octubre, 2003
"Hagamos algo bello para el Señor"
Beatificación: 19 Octubre, 2003
"ñBeatificación: 19 de Octubre de 2003
 
"HAGAMOS ALGO BELLO PARA EL SEÑOR"
 
LA FAMILIA"La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisamos que toda familia viva feliz." -Madre Teresa, M.C
 
LA MAYOR ENFERMEDAD"La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad." -Madre Teresa, M.C.
 
"Haz las cosas pequeñas con gran amor" -Madre Teresa, M.C
"Dios no pretende de mi que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel." Madre Teresa de Calcuta
 
AUTENTICIDAD
"Nosotros predicamos un Dios bueno, comprensivo, generoso y compasivo. Pero, ¿lo predicamos también a través de nuestras actitudes? Si queremos ser coherentes con lo que decimos, todos deben poder ver esa bondad, ese perdón y esa comprensión en nosotros." 

UNA GOTA EN EL OCEANO
"Sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo." -Madre Teresa, M.C.
 
EL AMOR
"No basta con que digamos: Yo amo a Dios pero no amo a mi prójimo. San Juan dice que somos mentirosos si afirmamos que amamos a Dios y no amamos a nuestro prójimo. Es muy importante para nosotros darse cuenta de que el amor para que sea auténtico tiene que doler."
-Madre Teresa, M.C., al recibir el Premio Nobel de la Paz.
 
Una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón,
conserva nuestro buen humor,
guarda nuestra alma en paz,
vigoriza la salud,
embellece nuestro rostro
e inspira buenas obras.
Sonriamos a los rostros tristes,
tímidos, enfermos, conocidos,
familiares y amigos.

Sonriámosle a Dios con la aceptación
de todo lo que El nos envié y
tendremos el merito de poseer
la mirada radiante de su rostro
con su amor por toda la eternidad.

Las palabras de Cristo son muy claras,
pero debemos entenderlas como una
realidad viviente, tal como El las propuso.
Cuando El habla de hambre,
no habla solamente del hambre de pan,
sino hambre de amor, hambre de ser
comprendido, de ser querido.

El experimentó lo que es ser rechazado porque
vino entre los suyos y los suyos no lo quisieron.
Y El conoció lo que es estar solo,
abandonado, y no tener a nadie suyo.

Esta hambre de hoy, que esta rompiendo vidas en todo el mundo destruyendo
hogares y naciones, habla de no tener hogar, no solamente un cuarto con
techo, pero el anhelo de ser aceptado, de ser tratado con compasión, y que
alguien abra nuestro corazón para recibir al que se sienta abandonado.

-Madre Teresa, M.C.
Las personas son irrazonables, ilógicas y centradas en si mismas,
AMALAS DE TODAS MANERAS
Si haces el bien, te acusarán de tener motivos egoístas,
HAZ EL BIEN DE TODAS MANERAS
Si tienes éxito ganarás falsos y verdaderos enemigos,
TEN EXITO DE TODAS MANERAS
El bien que hagas se olvidará mañana,
HAZ EL BIEN DE TODAS MANERAS
La honestidad y la franqueza te hacen vulnerable,
SE HONESTO Y FRANCO DE TODAS MANERAS
Lo que te tomó años en construir puede ser destruido en una noche,
CONSTRUYE DE TODAS MANERAS
La gente de verdad necesita ayuda pero te podrían atacar si lo haces,
AYUDALES DE TODAS MANERAS
Dale al mundo lo mejor que tienes y te patearán en los dientes,
DALE AL MUNDO LO MEJOR QUE TIENES DE TODAS MANERAS
-De un letrero en la pared de Shishu Bhavan. La casa para niños en Calcutta.
 
 

 



 

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mi para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas” .

Esta mensajera luminosa del amor de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y Drane Bojaxhiu, recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió la Confirmación en noviembre de 1916. Desde el día de su Primera Comunión, llevaba en su interior el amor por las almas. La repentina muerte de su padre, cuando Gonxha tenía unos ocho años de edad, dejó a la familia en una gran estrechez financiera. Drane crió a sus hijos con firmeza y amor, influyendo grandemente en el carácter y la vocación de si hija. En su formación religiosa, Gonxha fue asistida además por la vibrante Parroquia Jesuita del Sagrado Corazón, en la que ella estaba muy integrada.

Cuando tenía dieciocho años, animada por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928 para ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí recibió el nombre de Hermana María Teresa (por Santa Teresa de Lisieux). En el mes de diciembre inició su viaje hacia India, llegando a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de profesar sus primeros votos en mayo de 1931, la Hermana Teresa fue destinada a la comunidad de Loreto Entally en Calcuta, donde enseñó en la Escuela para chicas St. Mary. El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpétua convirtiéndose entonces, como ella misma dijo, en “esposa de Jesús” para “toda la eternidad”. Desde ese momento se la llamó Madre Teresa. Continuó a enseñar en St. Mary convirtiéndose en directora del centro en 1944. Al ser una persona de profunda oración y de arraigado amor por sus hermanas religiosas y por sus estudiantes, los veinte años que Madre Teresa transcurrió en Loreto estuvieron impregnados de profunda alegría. Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora, vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría.

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicadas al servicio de los más pobres entre los pobres. Pasaron casi dos años de pruebas y discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar. El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado de azul y atravesó las puertas de su amado convento de Loreto para entrar en el mundo de los pobres.

Después de un breve curso con las Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas.

El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en la Archidiócesis de Calcuta la nueva congregación de las Misioneras de la Caridad. Al inicio de los años sesenta, Madre Teresa comenzó a enviar a sus Hermanas a otras partes de India. El Decreto de Alabanza, concedido por el Papa Pablo VI a la Congregación en febrero de 1965, animó a Madre Teresa a abrir una casa en Venezuela. Ésta fue seguida rápidamente por las fundaciones de Roma, Tanzania y, sucesivamente, en todos los continentes. Comenzando en 1980 y continuando durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba.

Para mejor responder a las necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad en 1963, en 1976 la rama contemplativa de las Hermanas, en 1979 los Hermanos Contemplativos y en 1984 los Padres Misioneros de la Caridad. Sin embargo, su inspiración no se limitò solamente a aquellos que sentían la vocación a la vida religiosa. Creó los Colaboradores de Madre Teresa y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, personas de distintas creencias y nacionalidades con los cuales compartió su espíritu de oración, sencillez, sacrificio y su apostolado basado en humildes obras de amor. Este espíritu inspiró posteriormente a los Misioneros de la Caridad Laicos. En respuesta a las peticiones de muchos sacerdotes, Madre Teresa inició también en 1981 el Movimiento Sacerdotal Corpus Christi como un“pequeño camino de santidad” para aquellos sacerdotes que deseasen compartir su carisma y espíritu.

Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel de la Paz en 1979, hicieron honra a su obra. Al mismo tiempo, los medios de comunicación comenzaron a seguir sus actividades con un interés cada vez mayor. Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención “para gloria de Dios y en nombre de los pobres”.

Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior. La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a una siempre más profunda unión con Dios. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.

Durante los últimos años de su vida, a pesar de los cada vez más graves problemas de salud, Madre Teresa continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los pobres y de la Iglesia. En 1997 las Hermanas de Madre Teresa contaban casi con 4.000 miembros y se habían establecido en 610 fundaciones en 123 países del mundo. En marzo de 1997, Madre Teresa bendijo a su recién elegida sucesora como Superiora General de las Misioneras de la Caridad, llevando a cabo sucesivamente un nuevo viaje al extranjero. Después de encontrarse por última vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad. Su tumba se convirtió rápidamente en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa (ricos y pobres indistintamente). Madre Teresa nos dejó el ejemplo de una fe sólida, de una esperanza invencible y de una caridad extraordinaria. Su respuesta a la llamada de Jesús, “Ven y sé mi luz”, hizo de ella una Misionera de la Caridad, una “madre para los pobres”, un símbolo de compasión para el mundo y un testigo viviente de la sed de amor de Dios.

Menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de la fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.


FUENTES:
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20031019_madre-teresa_sp.html
http://www.corazones.org/santos/teresa_calcuta.htm
 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Compasión


Sentir compasión significa trascender la dualidad entre el TU y el YO, sentir que somos parte de todos los seres vivientes, de la naturaleza. La compasión no entiende de credos, es amor genuino, ganas de colaborar y respeto.

Arthur Schopenhauer escribió que todo amor que no incluya compasión es solo egoísmo.
El filósofo, que se definía como ateo, decía que la compasión es "mística práctica": la experiencia a través de la cual el "yo" y el "tú" se difuminan y constituyen una totalidad, de modo que el sufrimiento del otro se experimenta como propio.
La compasión hace que nos sintamos unidos al otro, a su situación vital, hasta el punto de querer ayudarlo.

Cultivar la compasión requiere receptividad. Vaciarnos, en cierto modo. Saber escuchar al otro -sin olvidarnos de nosotros-. La compasión también la tenemos que cultivar hacia nosotros. Si somos muy autocríticos, no somos compasivos con nosotros mismos.
Un científico como Einstein, un profundo humanista, habló de la compasión. Respondiendo a la carta de un rabino, que le había pedido consejo sobre el modo más adecuado de explicar a su hija la muerte de su hermana, Einstein escribió:

"El ser humano forma parte de una totalidad llamada por nosotros 'universo', una parte limitada en el espacio. Pero, en una especie de ilusión óptica de la conciencia, se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto. Esta ilusión constituye una especie de prisión que nos circunscribe a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas cercanas. Nuestra tarea debe apuntar a liberarnos de esta prisión ampliando el círculo de nuestra compasión hasta llegar a abrazar a toda criatura viva".