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Paz y Ciencia

lunes, 24 de agosto de 2015

Mente de Amor

¿Cómo tener una mente de amor?

MEDITACIÓN “AMOR INCONDICIONAL”
Cierren sus ojos y relájense. Mantengan sus espaldas derechitas y pueden colocar sus manos a manera de oración con las palmas juntas a la altura del pecho. Concéntrense en la respiración, con tranquilidad, inhalen y exhalen profunda y lentamente.
Comiencen a sentir que dentro  de sus corazones hay una semilla de amor que está allí para crecer, riéguenla con bondad, verdad, rectitud, paz, no violencia. Ahora observen con los ojos de su interior cómo ésta semilla crece más y más, hasta llenarlos el cuerpo entero de puro amor. Ámense a sí mismos, sean felices.
Piensen lo siguiente:
Me amo. Que pueda estar libre de enojo. Que pueda estar libre de tristeza. Que pueda estar libre de dolor. Que pueda estar libre de dificultades. Que pueda estar libre de sufrimiento. Que pueda estar sano. Que mi cuerpo pueda estar sano y fuerte. Que pueda estar lleno de amor incondicional. Que pueda ser realmente feliz. Que pueda estar en paz.
Empiecen a ver que ese amor que creció como una plantita adentro de ustedes, sale por sus corazones y por sus manos, y envíenlo a todas aquellas personas que ustedes quieran. Extiendan este amor incondicional y piensen:
Envío amor a mi familia, a mi papá, mi mamá, mis hermanos, mis abuelos. Que ellos puedan estar libres de dificultades, de dolor y tristeza. Que puedan estar libres de enojo. Que puedan estar sanos y felices. Completamente sanos y felices. Que estén en paz.
Envío amor incondicional a mi maestra y a mis compañeritos del taller y de la escuela (incluso los que no conozco). Que puedan estar libres de tristeza, sufrimiento y enojo. Que sean felices. Que puedan estar en paz.
Envío amor incondicional ahora a todas las personas de la tierra. Que todos los seres en este planeta puedan estar libres de sufrimiento, pena y desesperación. Que puedan ser felices. Verdaderamente felices. Que puedan estar en paz.
Que todos los seres de todos los universos, en todos lados, puedan estar libres de sufrimiento.  Que puedan estar bien y felices. Que puedan estar en paz.
Por encima y por debajo, cerca y lejos, alto y bajo. Todos los tipos de seres. Humanos y no humanos. Visibles e invisibles. Todos los animales, pájaros y peces. Todos los seres y criaturas sin excepciones. Que todos puedan ser felices. Que puedan ser libres.
Abro mi corazón y acepto el amor incondicional de cada ser y criatura a cambio. Dejo entrar ese amor en mi corazón.
Que todos los seres, de todos los mundos, sean eternamente felices. Que todos los seres, de todos los mundos, seamos eternamente felices.
Para terminar, regresa todo ese amor de nuevo a mi corazón y doy gracias por eso. Movemos el cuello, hombros y cabeza, después las manos y las piernas… Cuando puedan, abran los ojos.
Por Selene Ricart Asencio. Maestra de Educación en Valores Humanos para niños y un ser muy hermoso.
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OSHO: EL VerDADero AmOR


Sobre Osho y el devenir del self...

-El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega.
Un hombre sin amor nunca conocerá qué música ha estado llevando dentro de su corazón. Es sólo a través del amor que la música comienza a tomar vida, se despierta y deja de ser un potencial para convertirse en realidad.
-Preguntas: “¿Qué es amor?” Es una profunda necesidad de ser uno con el todo, una profunda necesidad de disolver en una unidad el tú y el yo. El amor es así porque estamos separados de nuestra propia fuente. De esa separación surge el deseo de volver al Todo y de unificarse con El. ”
-Tu ego se ha convertido en una barrera entre tú y tu tierra: el Todo. El hombre se asfixia, no puede respirar, ha perdido sus raíces. Ya no es alimentado. El amor es un deseo de nutrición; el amor es enraizarse en la existencia.
-El amor en uno mismo es valioso: no tiene ningún propósito, no tiene ningún fin.
Tiene una inmensa significación; una gran alegría; un éxtasis en sí mismo, pero estos no son fines. El amor no es un negocio donde importan los propósitos, las metas. Siempre hay una cierta locura en el amor…. El amor no tiene razón alguna. Simplemente puedes decir : “No sé . Todo lo que sé es que amar es experimentar el espacio más hermosos dentro de uno mismo.” Pero eso no es un propósito. Ese espacio no es mental. Ese espacio no puede ser convertido en una comodidad. Este espacie es como un capullo de rosa con una gota de rocío sobre sí brillando como una perla. Y con la primera brisa de la mañana y al sol, el capullo está bailando.
El amor es la danza de tu vida.
Amor es el encuentro, el encuentro orgásmico de la vida y la muerte .… Para alcanzarlo, hay cuatro pasos que deben recordarse.
El primero: estar aquí y ahora, porque el amor sólo es posible en el “aquí-ahora”. No puedes amar en el pasado.
El segundo paso hacia el amor es: aprende a transformar tus venenos en miel…
El tercer paso hacia el amor es compartir tus cosas positivas, compartir tu vida, compartir todo lo que tengas. Todo lo bello que tengas, no lo escondas.
Y la cuarta: sé la nada. Una vez que comienzas a pensar que eres alguien, te estancas. Entonces el amor no fluye. El amor sólo fluye de alguien que no es nadie. El amor mora sólo en la nada.
Cuando estás vacío, hay amor.
Cuando estás lleno de ego, el amor desaparece.
El amor y el ego no pueden converger.
-Es muy fácil amar a la gente en lo abstracto, el verdadero problema surge en lo concreto. Y recuérdalo, si no amas a los seres humanos concretos, reales, seres humanos, todo tu amor por los árboles y los pájaros es falso, pura habladuría.
-El amor es una flor muy frágil. Tiene que ser protegido, tiene que ser reforzado, tiene que ser regado; sólo entonces se fortalece.
-Ama como algo natural, tal y como respiras. Y cuando ames a alguien, no empieces a exigir; si no desde el principio mismo estarás cerrando las puertas. No tengas ninguna expectativa. Si algo aparece en tu camino, siente gratitud. Si nada viene, no es necesario que venga, no lo necesitas, no puedes mantener esa expectativa.
El amor no es un negocio, así que deja de tratarlo como tal. Sino, malograrás tu vida, el amor y todo lo que hay de hermoso en ello, porque todo lo que es bello no es en absoluto negociable. El negocio es la cosa más fea del mundo, un mal necesario. Pero la existencia no sabe acerca de negocios. Los árboles florecen, no es un negocio; las estrellas brillan, no es un negocio y no tienes que pagar por ello y nadie te exige nada. Un pájaro viene y se posa en tu puerta, te canta una canción y no te pide un certificado o algo así. Ha cantado su canción y luego, muy contento se va volando, sin dejar huellas. Así es como el amor crece. Da y no esperes a ver cuánto puedes conseguir.
-Conviértete en un individuo, eso es lo primero. Lo segundo: no esperes perfección, no pidas y no exijas. Ama a la gente común. No hay nada de malo en la gente común. La gente común es extraordinaria ¡Cada ser humano es tan único!
Ten respeto por ese ser único.
Tercero: da y da sin ninguna condición, y sabrás qué es el amor. No lo puedo definir. Puedo enseñarte la forma en que crece. Te puedo enseñar cómo plantar un rosal, cómo regarlo, cómo fertilizarlo, cómo protegerlo. Luego un día, inesperadamente, aparece la rosa, y tu casa se llena de fragancia. Así es como ocurre el amor.
-La palabra “amor” puede tener dos significados absolutamente diferentes; no sólo diferentes, sino diametralmente opuestos. Un significado, es el amor como relación de pareja; el otro es el amor como un estado del ser.
En el momento en que el amor se vuelve una relación de pareja, se convierte en esclavitud, porque hay expectativas, hay exigencias y hay frustraciones, y un esfuerzo de ambos lados para dominar. Se convierte en una lucha por el poder….
…. el amor como un estado del ser es una palabra totalmente diferente. Significa que tú simplemente amas; no estás estableciendo una relación de pareja. Tu amor es como la fragancia de una flor. No crea una relación; no te pide que seas de una forma determinada, que te comportes de cierta manera, que actúes de cierta forma. No exige nada. Simplemente comparte. Y en este compartir, tampoco existe el deseo de recibir una recompensa. El mismo compartir es la recompensa.
-Cuando el amor se convierte para ti en una fragancia, tiene una tremenda belleza y posee algo que está muy por encima de la mal llamada humanidad. Tiene algo de divino.
Quiero que sepas que el amor llega de improviso. No como una consecuencia de algún esfuerzo de tu parte, sino como un regalo de la naturaleza. En ese momento no lo hubieras aceptado si hubieses estado preocupado porque algún día, de pronto, pudiera terminar. Así como viene se va.
Pero no hay necesidad de preocuparse, porque si una flor se ha desvanecido, otras flores llegarán. Las flores siempre seguirán naciendo, pero no te aferres a una flor, de lo contrario, pronto te encontrarás aferrado a una flor muerta. Y esa es la realidad: la gente se aferra a un amor muerto, que alguna vez estuvo vivo.
Si tienes algo, algo que te proporciona alegría, paz, éxtasis, compártelo. Y recuerda que cuando compartes hay un motivo. No te estoy diciendo que por compartir llegarás al cielo. No te estoy dando meta alguna.
Te estoy diciendo, que con sólo compartir estarás tremendamente satisfecho. En el compartir mismo está la satisfacción, no hay ninguna meta; no está orientado hacia ningún fin. Es un fin en sí mismo.
-Cuando no tienes amor, le pides al otro que te lo dé. Eres un mendigo. Y el otro te está pidiendo que se lo des a él o a ella. Ahora bien, dos mendigos extendiendo sus manos uno al otro y ambos con la esperanza de que el otro lo tenga… Naturalmente ambos se sienten derrotados y ambos se sienten engañados.
Esta es la paradoja: aquellos que se enamoran no tienen amor, por eso se enamoran. Y porque no tienen amor, no pueden darlo. Y algo más : una persona inmadura sólo se enamora de otra persona inmadura, porque sólo ellas pueden comprender el lenguaje de la otra. Una persona madura ama a una persona madura. Una persona inmadura ama a una persona inmadura.
El problema básico del amor es madurar primero, entonces encontrarás una pareja madura; entonces la gente inmadura no te atraerá para nada. Es sencillamente así.
…cuando dos personas maduras están enamoradas, ocurre una de las más grandes paradojas de la vida, uno de los fenómenos más bellos: están juntos y sin embargo tremendamente solos; están tan unidos que casi son uno. Pero su unión no destruye su individualidad, de hecho, la realza: se vuelven más individuos. Dos personas maduras enamoradas se ayudan mutuamente a ser más libres.
Yo te amo. No puedo evitarlo. No es cuestión de que pueda amarte o no, simplemente te amo. Si no estuvieses aquí, este auditorio estaría lleno de mi amor, no habría ninguna diferencia. Estos árboles todavía recibirían mi amor, estos pájaros lo seguirían recibiendo. E incluso si todos los árboles y los pájaros desaparecieran, eso no haría ninguna diferencia: el amor seguiría fluyendo. El amor es, así que el amor fluye.
Así como la luz rodea a la llama, el amor te rodea. Tú eres amoroso, eres amor.
Entonces tiene eternidad. No está dirigido a nadie. Cualquiera que se acerque beberá de él. Cualquiera que se acerque a ti estará encantado con él, enriquecido por él. Un árbol, una roca, una persona, un animal, no importa. Incluso si estás sentado, solo… Buda, solo, sentado bajo su árbol está irradiando amor. El amor está constantemente lloviendo a su alrededor. Eso es eterno y ése es el verdadero anhelo del corazón.

FUENTE:

Osho, “Vida, Amor, Risa”
Fuente: http://www.oshogulaab.com/OSHO/VISION/delamor.htm

domingo, 23 de agosto de 2015

Entrevista a Ken Wilber


Ken Wilber es un erudito en muchas facetas, desde la psicología, lo místico y las filosofías comparadas. Todo lo articula con un arte y saber verdaderamente sorprendente. Es un hombre con un cuerpo musculado, cultivándolo día a día y haciéndose cargo de lo que promueve en primera persona. 
Su trabajo es tan extenso que sería difícil explicar someramente de qué trata. Sugiero "Psicología Integral" como introducción a su obra. Abrazos y disfruten de la entrevista. Rodrigo Córdoba Sanz.
Psicólogo y Psicoterapeuta. Teléfono: 653 379 269



R:           Hola Ken, es estupendo tenerte con nosotros de nuevo para la Pre-Conferencia de las duodécimas Jornadas Integrales Españolas, que se celebrarán en Madrid en Octubre. Muchas gracias por aceptar mantener esta entrevista con nosotros. Y por supuesto lo primero que siempre deseo preguntarte es sobre tu salud. ¿Ha habido algún avance en las investigaciones sobre tu enfermedad? ¿Cómo te sientes?
K:           Estoy encantado de poder estar con vosotros. Me encuentro bastante bien, aunque no haya habido ninguna novedad en cuanto a tratamientos. Lo voy llevando mejor porque he vuelto a mis antiguos horarios de trabajo. Empecé a escribir cuando tenía 23 años, y desde entonces me levanto sobre las 3 o las 4 de la mañana y, medito como una hora o así, y luego me siento a escribir durante 4 o 5 horas. Por eso mi día comienza como a las 8 o 9 de la mañana. Así cuando el día comienza yo ya llevo 4 o 5 horas escribiendo. He vuelto a ese programa hará como unos seis meses, y ya tengo varios libros como consecuencia de ello.  Shambala ya está por publicarlos. Uno de ellos ya está en forma de E-Book: “La Cuarta Vuelta del Budismo”, y publicará dos más el año que viene.
R:           Eso es fantástico, Ken, porque si has regresado a tu antiguo programa de trabajo, es que estás sintiendote mejor y eso son muy buenas noticias, además del resultado editorial del que nos beneficiaremos todos. Lo que es inconcebible es que no haya más avances en el tratamiento de tu condición médica.
K:           Así es. Al principio cuando surgió el problema en el norte del Lago Tahoe en 1984, no se tuvo en cuenta, a pesar de que mucha gente, más de 300 personas, de una pequeña población se vieron afectadas. Yo fui una de esas 300 personas. Y no se le dio importancia porque fue tomado como algo psicosomático, ya que las pruebas habituales de laboratorio daban resultados dentro de lo normal.  Y aunque había otro tipo de pruebas que hubieran dado con el problema, como no son los habituales los médicos no los pedían.  Por eso, nadie sabía lo que estaba pasando.   En cambio la enfermedad continuaba. Hijos e hijas, mujeres y maridos de los propios médicos se veían afectados. Lógicamente tuvieron que ponerse manos a la obra, cambiando de opinión sobre el asunto. Incluso el Centro de Control de Enfermedades en Atlanta tomó cartas en el asunto, y declaró que se trataba de una enfermedad debilitadora, que afectaba a los adultos. Estimaron que unos 500.000  norteamericanos la padecían. Ahora se estima que son 2 millones. Se han realizado numerosos estudios sobre la fisiología  del trastorno, que presentan como “Síndrome de fatiga crónica” y se recomiendan tratamientos con hormonas, antibióticos antibacterianos, antivíricos, y cualquier cosa que pueda mejorar el sistema inmunológico. El problema es que todo eso es para paliar los efectos secundarios de la enfermedad y regresar a una mejoría en la Calidad de Vida, pero  aún no se ha encontrado nada que cure por completo el trastorno en sí.  Yo mismo he tenido esto desde hace 30 años y aunque no me ha matado, sí que es una molestia continua, además de haberme dado varios sustos graves. La buena noticia es que puedo vivir con ello, y llevar una vida, ahora, bastante aceptable.
R:           Esperemos, Ken, que pronto descubran algo que te libere a ti y a todos los que padecen la enfermedad para que podáis recuperar la salud y vivir en paz. Continuando con la entrevista, cuéntanos, cómo ves tú la situación que estamos viviendo en la actualidad con tantos desastres, no sólo provenientes de los humanos (guerras, crisis de todo tipo, terrorismo salvaje, corrupción política) sino también de la Naturaleza (tsunamis, terremotos, huracanas, especies que desaparecen o que están en vías de extinción como las abejas, por ejemplo).  ¿Encuentras alguna correlación entre ambos mundos, el de los Humanos y el de la Naturaleza? ¿Somos nosotros los responsables de lo que ocurre en la Naturaleza? ¿Son los desastres ecológicos los que están influyendo en nuestra locura? ¿Hay algo que podamos hacer?
K:           Parte de la dificultad, proviene de que la humanidad aún no reconoce y tiene en cuenta las dimensiones interiores, los cuadrantes izquierdos (Conciencia Individual y Cultura).  En cambio estamos volcados en todo lo exterior: sistemas materiales, cuestiones ambientales, problemas legales o económicos.  Todos estamos sistemas y conductas exteriores, y como comenzaron y se desarrollaron.  Llegan los investigadores y se ponen a buscar las causas del calentamiento global, y dicen que la razón es que los humanos estamos produciendo grandes cantidades de monóxido de carbono, así como otros gases que producen el efecto invernadero, y bla, bla, bla.  Pero la cuestión es que todos esos son problemas, se encuentran en los cuadrantes derechos, con sus causas derechas, y lo que aún no han mirado, no han tenido en cuenta (y esto también lo digo para los temas relacionados con las guerras y crisis humanas) son los cuadrantes interiores.  El problema con el calentamiento global, por ejemplo, es que el 70% aproximadamente se encuentra en el nivel etnocéntrico de desarrollo, o incluso menor.  Y el nivel etnocéntrico, teniendo en cuenta la escala desde lo egocéntrico, etnocéntrico, mundicéntrico y kosmocéntrico, no puede tener en cuenta una visión global auténtica, pues eso sólo ocurre cuando se alcanza el nivel mundicéntrico. De ahí que muchas de las personas que se encuentran en este nivel etnocéntrico, ni siquiera cree en el calentamiento global.  No piensan que sea real. No pueden pensar en términos del mundo entero porque el nivel etnocéntrico no es capaz de ver más allá de su propio etnia, país, grupo. E incluso aunque la Ciencia diga que existe (99% de los científicos están de acuerdo en cuál es la causa), y reconozca que aún no se ha realizado ninguna acción conjunta a nivel del colectivo humano, las personas con nivel de desarrollo etnocéntrico no pueden ver o creer semejante cosa.  De hecho el nivel de extracción de los combustibles fósiles sigue creciendo. El problema de esto es que el 70% de la humanidad piensa que hacer eso no es un problema. Y por eso se sigue haciendo. De modo que hasta que no empecemos a tener en cuenta estos cuadrantes interiores, no vamos a acercarnos a las verdaderas causas de esta situación en la que nos encontramos a todos los niveles.   Lo mismo ocurre con las cuestiones relacionada con la guerra.  Alguien que se encuentre en un nivel mundicéntrico, un nivel moral de 5, que tiene ya valores universales, hace el bien y  siente compasión por todas las personas en el mundo, no se va a involucrar en ataques y crímenes contra otros seres humanos, sólo porque no piensan de la misma forma. En cambio las personas que se encuentran en el nivel etnocéntrico, sobre todo creyentes religiosos fundamentalistas, se enrolan en la Yijad, la guerra santa, y quieren  matar a todos aquellos que no creen en la religión en la que ellos creen. Dicen que los demás somos infieles, no tenemos alma, y por lo tanto debemos morir en el nombre de Dios. Por eso todas las guerras entre los sijs y los hindúes en Sri Lanka, entre budistas,  hindúes y chinos; muchos de los musulmanes que están en contra de los cristianos, de los judíos, del mundo occidental, son debidas a que el 70% de la población está en el nivel etnocéntrico. Y eso es lo que hacen por estar en ese nivel de desarrollo de la conciencia.  Etno signífica eso: mi grupo, la gente que yo elijo, mis correligionarios, y todos los que piensan como yo, porque todos los demás están equivocados.  Lógicamente así no podemos obtener la paz mundial. Por eso claro que todas estas cosas están relacionadas, aunque no lo veamos. La humanidad está así porque no tiene en cuenta las dimensiones interiores de la existencia.  Y éstas crecen y se desarrollan, e incluso pueden aprenderse. Pero no se enseñan porque ni siquiera sabemos que están ahí. Sólo miramos los cuadrantes derechos, todo lo exterior, el mundo sensorio-motor, ignorando lo interior, ignorando la identidad, la conciencia, los valores, la cultura, y es esta ignorancia la que continúa creando problemas de maneras que ni siquiera podemos reconocer.  La solución a todos esos problemas reside en el hecho de tener en cuenta los dominios interiores, pero no sabemos nada sobre esas soluciones porque no reconocemos esos dominios.  Por lo tanto diríamos que esto es así porque se está tomando un acercamiento integral.  No estamos mirando a los cuatro cuadrantes, ni a todos los niveles, ni líneas, ni tipos, ni estados.  Estamos tomando la realidad de una manera parcial, fragmentada y a trozos, y es por eso que nuestros problemas siguen teniendo soluciones parciales, gi
R:           ¿Podríamos decir que existe alguna correlación entre los problemas que afectan a los seres humanos y la Naturaleza, que NO tenga que ver, directamente,  con el desarrollo de la conciencia humana? Es decir, ¿existe algo de lo que el ser humano no sea responsable?
K:           Hasta donde yo sé, todos los problemas ecológicos están causados por actividades criminales.  La cantidad de daño ambiental producido por los humanos en el planeta, anterior a la Revolución Industrial, era relativamente poco.  Se decía que las tribus tenían conciencia ecológica y que vivían de acuerdo a las leyes naturales, y por lo tanto en armonía con la Naturaleza, pero hay estudios recientes que muestran que las tribus no tenían mucho cuidado con la Ecología, porque quemaban toda clase de cosas, y producían extinción de especies, y muchas otras cosas.  Ahora bien, la cantidad de daño producido por estas tribus, no puede ser más grande que lo que su tecnología e individuos habían avanzado.  No se puede hacer mucho daño ambiental con un arco y una flecha. Tampoco puedes inflingir mucho daño con un molino de agua. En cambio, cuando llegamos a la era industrial y empieza la extracción masiva de carbón, la quema salvaje de petróleo, los motores de combustión interna y todo eso, los seres humanos empiezan a tener un impacto tan grande en el medio ambiente, que ahí sí que empieza a ser considerable.  Mientras esas interacciones sean dañinas con el medio ambiente, entonces empezamos a tener problemas ecológicos graves.  No conozco ningún problema ecológico que se deba exclusivamente a la acción de la Naturaleza sobre sí misma, bien sea la degradación de los bancos de corales, o la polución marina, o el aumento del nivel del agua, las sequías, o el incremento de tornados y huracanes. Todas estas cuestiones nos llevan directamente  a la mano del hombre.  Los seres humanos no nacemos viendo o conociendo cómo funcionan los sistemas de interacción.  Nacemos viendo y comprendiendo cuestiones individuales, y luego sólo muy lentamente nuestra capacidad cognitiva va aumentando para tener en cuenta mayor cantidad de grupos, sistemas y relaciones con mayor y mayor profundidad ¡¡¡  De modo que la evolución nos lleva desde ser capaces de ver árboles a ser capaces de ver bosques.  Lo que pasa es que esto es algo que nadie nos ha enseñado a hacer.  Requiere de una conciencia educativa novedosa que nos enseñe que no son unos seres individuales que viven solos y aislados en este planeta.  Son parte de una red de conexiones integrales y sistemas de interacción con todas las cosas y eventos en el mundo de lo manifiesto.  Y esto es algo que tenemos que aprender, de la misma manera que tendremos que aprender sobre las dimensiones interiores, ya que no es algo con lo que nazcamos ya sabido.  Todo esto nos lleva a la creación de un sistema educativo reformulado que reconozca que hay muchas cosas que no ha estado enseñando a los seres humanos, que necesitamos saber para poder vivir en este planeta de una manera sana y armónica. Muchas personas es que ni siquiera tienen la información para poder hacerlo.  Y por eso no lo hacen.
R:  ¿Y qué podrías decirnos sobre tu nuevo libro, “El cuarto viraje del Budismo”?, ¿Ha sido ya publicado ?¿ Cuáles son las similitudes y diferencias con el cuarto giro de Neil Howe? Porque me da la impresión que él habla más sobre los virajes sociales, mientras que tú tratas más sobre los giros religiosos o espirituales.  ¿Es así?
K:           Si, de lo que estamos hablando es un ejemplo del hecho de que los seres humanos tenemos, por lo menos dos caminos diferentes en su propio crecimiento y desarrollo.  Uno de estos caminos, el que  involucra “estados de conciencia”, ha sido comprendido desde hace mucho, yendo hacia atrás en el tiempo a hace miles y miles de años, hasta encontrarnos con el tiempo de los primeros chamanes, quizás 50.000 años atrás.  La mayoría de los sistemas meditativos y de contemplación, en todo el mundo, se relacionaron con el crecimiento a través de los estados de conciencia, comenzando desde el nivel más denso, egóico, contraído  y material hasta niveles más y más sutiles y hasta lo que llamamos Iluminación, o Despertar, o la Gran Liberación, o la Identidad Suprema, o lo que es conectar la realidad de la propia alma con la existencia de todos los seres.  Eso es lo que llamamos el Camino del Despertar desde hace más de 7.000 años.  Sólo hace 100 años, hemos descubierto otro camino, y es el que tiene que ver con las estructuras (o niveles) de conciencia.  Mientras los estados son las experiencias inmediatas en primera persona, y si estás en cualquiera de ellos te das cuenta o no (tanto si es en un estado meditativo, iluminado, feliz, somnoliento, alterado, etc.), las estructuras o niveles son como las reglas gramaticales, que diríamos, por ejemplo, que tiene cada idioma: español, inglés, alemán.  Hemos crecido en cierto ambiente que nos ha llevado a poner los sujetos, verbos, adverbios y demás, de manera correcta para entender y ser entendidos.  En cambio, si a cualquiera de esas personas les pides que te escriban cuáles son esas reglas de la Gramática que están utilizando, muy muy pocos te sabrán decir cuáles son. Es decir, que estamos todos siguiendo una serie de elaboradas normas gramaticales que en realidad no tenemos ni idea acerca de ellas. Y no puedes mirar nada alrededor, en tu realidad diaria,  que te diga cuáles son esas reglas, y cómo seguirlas. Con la estructura que siguen las reglas de desarrollo psicológico ocurre lo mismo.  Y además no fueron descubiertas hasta hace unos 100 años.  De modo, que ningún sistema meditativo en todo el mundo ha definido o contemplado estos niveles de crecimiento.  Donde sí lo encontramos es en la Psicología Moderna que nos habla de los distintos estadios por los que pasamos desde que nacemos hasta que somos adultos y después seres maduros.  Piaget, Kholberg, Loevinger, o Kegan, miran todos hacia el mismo punto, es decir hacia las reglas ocultas que las personas tienen en el desarrollo de sus muchos tipos de inteligencia.  Tenemos varias “inteligencias múltiples”, como por ejemplo la cognitiva, la emocional,  la inteligencia moral, interpersonal, matemática, kinestésica, la inteligencia estética, y así.  Y por muy estupendas o diferentes que sean estas inteligencias, todas pasan, como mínimo por 6 u 8 niveles de desarrollo.  Y esa es la estructura, las reglas gramaticales ocultas de nuestro crecimiento.  Uno de los pioneros que antes se dio cuenta de estos estadios que todos los seres humanos atravesamos fue Jean Gebser, y se refirió a estos niveles como:  arcaico, mágico, mítico, racional, pluralístico e integral.  Hay muchísimos nombres con los que podemos designar estas estructuras o niveles.  Maslow, por ejemplo las distinguió como “necesidades”: las fisiológicas, las de seguridad, las de pertenencia, la necesidad de autoestima, la necesidad de actualización y la necesidad de trascendencia.  Lo mismo ocurre con las reglas morales, o el desarrollo cognitivo de Piaget, y así en adelante.  Todos tienen básicamente los mismos niveles de desarrollo o crecimiento.  Y aunque lo miren desde diversas perspectivas, todos acuerdan que existen de 6 a 8 niveles de  desarrollo.  No olvidemos que todos estos niveles se dan en cualquier campo de desarrollo que estemos mirando.  Desarrollo espiritual, social, político, psicológico, religioso, etc.  Es decir, en todos aquellos campos en los que el ser humano crece. El problema es que no existe en ningún lugar del mundo un sistema, una Teoría, que haya unido ambas dimensiones:  los estados y los niveles. Sólo la Visión Integral.Tenemos ya suficiente evidencia, a nivel de investigación académica o científica que afirma que existen dos caminos de crecimiento, y son caminos independientes. Puedes estar muy desarrollado en uno y muy poco en el otro.  Diríamos que uno es el camino del “Crecimiento”  el otro es el camino del “Despertar”.  Esto significa que una persona puede alcanzar un mítico/etnocéntrico, o cualquier otro estado; puede incluso haber llegado a ser un maestro zen.  Haber pasado por todos los estados del despertar, y en cambio seguir en un nivel mítico o racional en los niveles de crecimiento. Es decir que ese maestro zen, iluminado que ha llegado a incluir todos los otros estados y por lo tanto está iluminado en su realidad. Incluye a todo lo que existe… en su mundo.  ¡¡¡Ahora bien, su mundo se reduce ó incluye, sólo, los niveles arcaico, mágico y mítico de crecimiento ¡¡¡  Eso se convierte en un problema, porque eso termina siendo una plenitud incompleta, porque esta persona aún a pesar de tener acceso a estados (o estadios espirituales) muy elevados de conciencia, su nivel de desarrollo no incluye más que hasta el nivel mítico. Por ello, el mundo racional, pluralístico e integral están por encima de él, y por tanto no los incluirá en su toma de conciencia del mundo total.  Estos niveles de crecimiento, no han emergido aún en su conciencia. No puede ser uno con esos niveles porque no existen.  Sí que conoce la experiencia de plenitud y de unidad, aunque no de manera completa en su Ser. De ahí que sea importante combinar ambos caminos, el de Despertar con el de Crecimiento. Por ejemplo, James Fowler, que habla de los estadios de crecimiento en el mundo espiritual.  Sabemos cuáles son los estadios del Despertar.  Si miramos los sistemas de meditación en todo el mundo, siempre nos hablan del nivel más denso/material/físico, después el nivel sutil y después el nivel causal, turiya (el testigo) y turiyatita o el nivel No-Dual, la Conciencia de Unidad. Esos son los estados más representativos de los mismos niveles del camino del Despertar. Encontramos eso en Oriente y Occidente, en el libro sobre Mística de Evelyn Underhill en el que habla de los diversos estadios por los que pasan o han pasado los místicos occidentales, que tiene que ver con un tremendo período de purificación, iluminación sutil, una noche oscura del alma o abismo profundo en el nivel causal, y ya la conciencia no-dual.  Y son los mismos estadios del Despertar que encontramos en Oriente.   Fowler encontró que los seres humanos pasamos por siete niveles de crecimiento espiritual, que son los mismos que hemos dicho antes: arcaico, mágico, mítico, racional, pluralístico e integral . Por eso es que digo que tenemos estos modos de crecimiento totalmente diferentes, y nunca nunca antes, ni en Oriente, ni en Occidente ha existido ningún sistema de conocimiento o Teoría que haya puesto estos caminos juntos.   No existe ningún modelo evolutivo occidental  que nos hable de los estados del Despertar. Ninguno.  Ni Piaget, ni Loevinger, ni Kholberg, ni Keagan.
R:           ¿Y qué fue lo que te llevó a escoger el Budismo para hacer este libro, hablarnos de los dos caminos  y hacer una correlación entre ellos?
K:           Originalmente ya presenté esto como parte de la Teoría Integral.  Por ejemplo en el libro “Espiritualidad Integral”, ya hablo sobre la necesidad de combinar ambos caminos.  Ya hay escritos varios libros sobre este tema, tratando las grandes religiones tradicionales.  Sobre Cristianismo Integral hay como seis o siete libros.  En ellos se habla de la necesidad de incluir las estructuras o niveles de crecimiento a lo largo de los distintos estados o estadios del Despertar.  Ahora bien, es necesario incluir también los cuatro cuadrantes de la realidad, el trabajo con la sombra, las líneas y etc., Esto ya lo he dicho en Espiritualidad Integral, y en numerosos artículos sobre Teoría Integral. He participado en debates sobre Cristianismo moderno, en Conferencias sobre Vida Integral, en donde se hablaba del Cristianismo Integral. Durante su celebración varias personas me pidieron que escribiera sobre budismo, y lo he hecho.  Me preguntaron cómo sería un Budismo Integral y he escrito este libro para contestarles.  Al escribirlo no estoy  diciendo que el budismo sea la respuesta, ni tampoco el cristianismo, ni ninguna otra religión, puesto que cada una tiene sus puntos fuertes y débiles. Cualquiera puede iluminarse utilizando su propia religión, siempre y cuando tenga en cuenta sus limitaciones y las supla con su propia conciencia. El budismo también puede quedarse en su zona de confort y no evolucionar, por ejemplo.  Simplemente ocurre que hay muchos maestros budistas que están aplicando la Teoría Integral en sus enseñanzas y me pidieron escribir este libro.
Lo interesante aquí es que el Budismo, en sí, ha tenido ya tres  grandes giros o virajes en sus propias enseñanzas. Se da cuenta de que su saber, también crece y evoluciona. La primera vuelta, el primer viraje, se produce cuando Gautama Buda introduce el budismo Theravada, que hoy en día se sigue practicando, el término más común sería Jinayana o vehículo pequeño.  Así se practicó e budismo durante 800 años, hasta que el genio Nagarjuna introduce la noción de “Vacio”, la doctrina del Sunyata. Y esto representó la Revolución del Budismo. Mientras el budismo anterior hablaba del vacío del yo (el vehículo pequeño), el budismoMahayana. que significa el Gran Vehículo de Nagarjuna, veía el Vacio en toda la Realidad.  Por eso se trataba de una realización más completa.  Y mientras que el budismo original separaba Nirvana y Samsara, separaba vacio y forma, y guiaba la salida del Samsara hacia el Nirvana, este nuevo budismo fue nombrado No-Dual, y así se unió el Nirvana y el Samsara, reconociendo entonces, que tanto uno como otro son dos aspectos de una Realidad mayor.  Así se unieron la forma y el vacío, puesto que todo vacío es forma y toda forma es vacío.  En vez de una versión dualista del Espíritu, teníamos una concepción No-Dualista del Espíritu; una verdadera plenitud, una verdadera unidad.  Esa fue la que se dio en llamar “La segunda gran vuelta del Budismo”.  El tercer giro surge varios siglos después con dos hermanos que introdujeron el Yoga-Chara, que ilustraba sobre una intensificación de la comprensión de la unión entre Nirvana y Samsara.  Decían que todo el mundo manifiesto, todo lo que existe, en cualquiera de los reinos de manifestación, era un ornamento de la verdadera Realidad, la naturaleza búdica; o bien la manifestación pura del Espíritu.  Esta visión, introdujo el Tantra, porque así como antes veíamos algo sucio y material en el sexo, por ejemplo;  algo que tenía que reprimirse o controlarse, ahora podíamos iluminarnos a través de la sexualidad.  Es decir que podemos alcanzar la Iluminación a través de cualquier aspecto de la materia, o del cuerpo. Esto es así porque es radicalmente No-Dual.  Es sólo nuestra percepción que así lo interpreta.  El cuerpo y el espíritu no son dos. El sexo y el espíritu no son dos.  El Espíritu y toda la manifestación no son dos. Por lo tanto, comenzaron a referirse a la forma como Luminosidad, para reconocer que la Forma está irradiando el Espíritu-  Ya no hablában de Vacío y Forma, sino de Vacío y Luminosidad. Esa fue la tercera gran vuelta del Budismo.
Lo que decimos ahora, es que, aun a pesar del tercer gran giro del Budismo y que el Tantra fue parte importante de ese giro, el Tantra fue introducido entre los siglo 7º al 11 de nuestra Era, sobre todo en la Universidad Milande en la India.  Aún así han transcurrido ya mil años desde que se produjo la última gran vuelta, revolución o viraje del Budismo. En cambio el Espíritu ha continuado evolucionando.  La Humanidad ha continuado aprendiendo cosas acerca de su propia condición y conciencia.  Sobre todo los recientes descubrimientos de la Psicología Evolutiva Occidental, cuando descubrieron, o reconocieron las estructuras de la conciencia, o niveles de desarrollo.  Esto es totalmente desconocido para las tradiciones anteriores.  Ni una sola tradición meditativa o religiosa en todo el mundo, se ha referido antes a estos niveles en el proceso de crecimiento.  Por ello, la Teoría Integral, puede representar esta Cuarta Vuelta, este Cuarto gran Viraje que hace falta para integrar la combinación de estas estructuras con los conocidos estados del Despertar.  Y además, queremos que esta realización se aplique, no sólo a la Espiritualidad, sino a cualquier otro campo del saber humano.  A todas las disciplinas, puesto que esto va a traer luz a muchos asuntos que ahora no están claros. Queremos ver:  Leyes Integrales, Empresas Integrales, Medicina Integral, Política Integral, Cristianismo Integral, Judaísmo Integral, porque estamos viendo esto en ciertos aspectos de la Kábala, en ciertos movimientos del Islam, etc.  ¡¡¡Está empezando a coger forma¡¡¡

sábado, 22 de agosto de 2015

Pablo Pineda: Superación Personal. Tú también puedes

https://youtu.be/JmPG8dT5thU


Juicio a la Psiquiatría


Maravillosa entrada de blog externo. Verdades y datos, con algo de opinión. Muy interesante. Disfruten. Rodrigo Córdoba Sanz 


JUICIO A LA PSIQUIATRÍA

by nmurcia
LIBRO
En el 2010, el Centro Edmond J. Safra de Ética de la Universidad de Harvard, puso en marcha un laboratorio para estudiar la corrupción institucional (nosotros hemos preferido traducir este importante concepto político como “deriva institucional”). El objetivo de este proyecto, en palabras de su primer director Lawrence Lessing, “no es detectar malas personas haciendo malas cosas”. La corrupción que se quiera estudiar es más ordinaria, más regular, más frecuente:
El producto de una serie de influencias que debilitan la efectividad de una institución, especialmente, disminuyendo la confianza social en ella”.
La profesora Lisa Cosgrove de la Universidad de Massachusetts y el periodista Robert Whitaker han escrito la historia de la corrupción institucional que ha asolado la psiquiatría como disciplina médica. En el recientemente publicado libro, “Psychiatry Under the Influence: Institutional Corruption, Social Injury, and Prescriptions for Reforms” relatan en detalle como en esta deriva institucional ha habido dos fuerzas motrices fundamentales: los intereses económicos de la industria farmacéutica y los propios intereses corporativos de la especialidad.
El despliegue de datos, la profunda re-lectura crítica de las evidencias científicas consideradas hitos de la investigación farmacológica psiquiátrica hasta este momento, y los ricos argumentos filosóficos, sociales y políticos utilizados en la reflexión, hacen de esta obra una referencia indiscutible para abordar, no solo la corrupción institucional que ha afectado a la psiquiatría en los últimos 35 años sino, también, para comprender la deriva de la propia medicina (como muestra, merece la pena leer uno de sus capítulos, publicado previamente como trabajo independiente, traducido el el blog postpsiquiatría). Por ello vamos a dedicar varias entradas a analizar el texto que posee muchas de las claves que nos parecen esenciales en la búsqueda de soluciones a los conflictos de interés que amenazan no solo a la psiquiatría sino a la medicina en su conjunto.
El libro se divide en tres partes: “Semillas de corrupción”, “Ciencia corrupta” y “La búsqueda de soluciones”. La psiquiatría, según los autores, “está en el epicentro de la crisis de credibilidad en la que se encuentra la medicina”:
La sociedad piensa que la medicina tiene nobles fines y, por ello, asume que la profesión médica estará por encima de influencias económicas. Los ciudadanos esperan que los investigadores médicos serán objetivos en el diseño de los estudios y el análisis de los datos; que los resultados serán comunicados de una manera fiel y equilibrada; y que la profesión médica pondrá, en definitiva, los intereses de los pacientes en primer lugar. Sin embargo, en los últimos años ha habido un continuo flujo de informes, tanto en los medios de comunicación convencionales como en las revistas científicas, que detallan la influencia corruptora que el dinero de la industria farmacéutica ha tenido en la moderna medicina
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Pero, además de los conocidos conflictos que derivan de los intereses económicos, existe otra fuente de corrupción, no menos importante, a la que se le suele prestar menos atención: los intereses corporativos (“guild interest”). La American Psychiatric Association (APA) es una asociación científica y también una organización profesional y, por tanto, con interés en proteger y potenciar la propia especialidad:
Así, la APA puede sentir la necesidad de promover la confianza social en los tratamientos prescritos por los psiquiatras, incluso aunque la ciencia ponga en duda algunas de estas terapias… Los intereses corporativos de la APA pueden entrar en conflicto con su misión de promoción de la salud pública, creándose un terreno fértil para la corrupción institucional
Las preguntas fundamentales, para los autores, son:
En los últimos 35 años, la psiquiatría organizada (representada por la APA y los miembros de la psiquiatría académica) ¿Ha cumplido con su obligación social de conducir investigación objetiva? ¿Ha difundido toda la información existente relevante sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos psiquiátricos? ¿Ha sido capaz de producir Guías de Práctica Clínica sustentadas en el mejor conocimiento científico? Y si no ha sido capaz de alcanzar estos objetivos éticos profesionales ¿Cuáles han sido las consecuencias negativas para la sociedad?
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La psiquiatría norteamericana ha tenido una influencia que va mucho más allá de los EE.UU:
La psiquiatría ha cambiado nuestra visión de la infancia y de lo que se espera sea normal en esa edad, de tal forma que hoy en día más del 5% de los niños en edad escolar toma algún medicamento psicotrópico; ha cambiado nuestro comportamiento como adultos, en particular, la manera cómo nos enfrentamos a las dificultades emocionales y a los problemas en nuestras vidas; ha cambiado la filosofía del bienestar y ha conseguido que nos veamos a nosotros mismos como menos responsables cuando tenemos un problema emocional ya que nos han trasladado la idea de que se debe a alteraciones neurobioquímicas; la utilización de medicación psiquiátrica nos acompaña ahora desde el nacimiento a la tumba…
El texto no pretende perseguir y denunciar a médicos o a organizaciones corruptas.
La teoría de la corrupción institucional asume que todos los individuos y organizaciones son inocentes pero que la “economía de la influencia” en la que han aceptado desenvolverse no lo es.

Maria Louise von Franz



Maria Louise von Franz, doctora en filosofía y psicoterapeuta jungiana, falleció en Zúrich el pasado 17 de febrero.Nacida el 4 de enero de 1915, con 19 años conoció a su maestro C. G. Jung y comenzó a colaborar con él en el estudio de los Textos alquímicos.
Fue pionera en la investigación de la psicología de los cuentos y, después de la muerte de Jung, la principal continuadora de su obra, destacando sus estudios sobre sincronicidad y sobre las relaciones que existen entre las estructuras arquetípicas de la psique y las estructuras que la física moderna ha detectado en la profundidad de la materia.
Paralelamente a esta extensa actividad investigadora desarrolló una gran labor como psicoterapeuta, analizando sueños de multitud de personas de todas las naciones y culturas.
Es autora de numerosos libros, traducidos a muchos idiomas, entre los que destacan Introducción a la alquimia y sus símbolos, Mitaos de creación, Sueños y muerte, Número y tiempo, Simbología de los cuentos, Los opuestos a la renovación en los cuentos, Puer aeternus, Individuación en los cuentos de hadas, El asno de oro, La leyenda del Grial, El problema de lo femenino en los cuentos de hadas, Motivos de redención en los cuentos de hadas, Sombra y demonio en los cuentos de hadas, Tiempo, ritmo y reposo, etcétera.
Sus obras completas empezaron pronto a ser publicadas en Estados Unidos en la editorial Shambala. También han sido publicados sus artículos y conferencias impartidas en distintos países bajo los títulos de Sueños, Psicoterapia, Psique y materia y Dimensión arquetípica de la psique.
En sus últimos años sufrió una larga enfermedad, que soportó con toda entereza y lucidez, sin perder nunca su sentido del humor y mostrando siempre una cálida simpatía a los amigos que la visitaban. La muerte la liberó de este gran sufrimiento el martes 17 de febrero, en su casa de Künsnacrt, sobre el lago de Zúrich (Suiza).- (Grupo de Psicología de Venecia).

Fuente: EL PAIS

viernes, 21 de agosto de 2015

Poesía y Gestalt


Y de pronto...la belleza.
Me ha pasado algunas veces. Ocurre de pronto, sin esperarlo realmente. Me sorprende. Lo siento en todo el cuerpo, pero sobre todo en el pecho, y cuando lo siento me reafirmo, me digo que vale la pena dedicarme a esto y que vale la pena estar aquí para contemplarlo.

Me ha pasado viendo trabajar a Robine, a Latner, a Delacroix, a Philpson, a Hausner, a Carmen Vázquez. También lo he sentido viendo a Guy Pierre, a Carola, a Ana Duckles y a otros, igual de cercanos. Y algunas veces, solo algunas, lo he sentido en mi propio trabajo. Entonces, lo tomo, lo gozo, lo agradezco. Y se me queda adentro, en algún lugar profundamente mío durante mucho tiempo.

Me refiero a ciertos momentos terapéuticos, a algunas intervenciones, a una forma de estar del terapeuta, a veces, a sesiones casi enteras. Ocurren de repente y me siento vibrando, muy abierto, conmovido. Y es entonces cuando pienso que la palabra que mejor describe lo que estoy contemplando es: belleza. Eso me pasa. Me descubro diciendo o pensando: “Qué bello”. No digo “Qué acertado” o “interesante” o “agudo” ni siquiera “terapéutico”. La palabra es belleza. No tengo duda.

Pero, ¿hablar de belleza ante una experiencia terapéutica? ¿lo que experimento  ante  esos  momentos  terapéuticos  se asemeja a  lo que  me ocurre ante alguna pintura, alguna sinfonía, el vuelo o la quietud de un bailarín, algún paisaje, algún poema, algunas personas? Si. Sin duda es semejante.

Luego, durante el IX Congreso Internacional de Psicoterapia Gestalt escuché a Margherita Spagnuolo hablando sobre los valores estéticos como parte fundamental de la terapia. “No cambiamos lo que está mal –dijo en su conferencia- sino acrecentamos la belleza que vemos”. Y aún más: “La belleza es nuestra normalidad”.

Allí estaba lo que había sentido aquellas veces. La belleza en la terapia. La belleza en la persona que está buscándose y descubriéndose frente al terapeuta. La capacidad del terapeuta para descubrir esa belleza, o mejor, desde la visión relacional de la Gestalt, la belleza que sólo se revela ante el otro porque ese otro la mira, que existe porque es contemplada. La belleza que es una creación de ambos, paciente y terapeuta y que surge en un momento específico, aquí y ahora, que es el único espacio-tiempo donde algo real puede surgir.

Esa es la belleza que he contemplado, ni más ni menos.

Pero, entonces, ¿cómo decir esa belleza? Resulta difícil. Y recuerdo las veces que en el grupo de supervisión hablamos de eso: lo difícil que es poner en palabras lo que ocurre en ciertos momentos terapéuticos. Tan difícil como poner en palabras lo que sucede ante una obra de arte o ante un paisaje o ante un cuerpo desnudo que nos conmueve profundamente. Resulta que el lenguaje cotidiano no basta para expresar ciertas cosas, y en terapia no basta para expresar lo relacionalporque, como dice Wheeler (2005, pag.47), nuestro lenguaje está dentro del paradigma individualista, es parte de él, no puede escaparse.

Pero, ¿ y el lenguaje poético?, ¿puede decir lo que no se expresa de otra forma?, ¿puede decir lo relacional? El mismo Wheeler responde: “Podríamos argumentar que la función básica del artista, y particularmente del poeta, no es sólo expresarse, sino enunciar en forma específica las verdades que se encuentran fuera del paradigma imperante, y que precisamente por eso no se pueden expresar en prosa”. (Wheeler 2005, pag.72)

Y en palabras de un poeta, Octavio Paz: “...ver cómo la imagen (poética) puede decir lo que, por naturaleza, el lenguaje es incapaz de  decir”. (Paz 1956, pag.106)
                                        
Polster escribe que “Toda vida merece una novela” y creo que es cierto, pero también creo que en muchas ocasiones, la prosa no basta para expresar lo sucedido entre paciente y terapeuta; al menos no lo que sucede en esos momentos terapéuticos –de belleza- de los que he hablado.


Terapia en prosa y terapia poética.

Me parece que la terapia Gestalt, a diferencia de otras corrientes psico- terapéuticas, está más cerca del lenguaje poético que de la prosa. Más próxima al poema que al ensayo o la novela, por ejemplo.

“Valéry ha comparado la prosa con la marcha y la poesía con la danza (...) la figura geométrica que simboliza la prosa es la línea: recta, sinuosa, espiral, zigzagueante, más siempre hacia delante y con una meta precisa”. (Paz 1956, pag.69)

En la novela, al menos en la novela más clásica, hay dos elementos importantes: la creación de personajes con un mundo interno propio y el transcurrir del tiempo. La novela se mueve en el tiempo, no siempre lineal, es cierto, pero de cualquier forma hay pasado, presente y futuro. Hay eventos que ocurren, sucesos, dentro de los personajes o fuera de ellos y que los involucran. Hay una historia.

Me parece entonces que en la novela tradicional hay un mayor enfoque en el contenido, en el QUÉ y en el transcurrir del tiempo. Una terapia en prosa exploraría en estos mismos aspectos: cómo es este paciente-personaje que está frente a mí, cuáles son los sucesos determinantes en su historia, cuál es esa historia, qué tendría que reconstruir de esa historia, qué papel juego yo terapeuta en esa historia. Estamos hablando de una terapia centrada en el QUÉ, en el contenido y en lo intrapsíquico.

La poesía nos permite una visión distinta. En la poesía el CÓMO es tan importante como el QUÉ, o aún más, el QUÉ y el CÓMO son lo mismo, se funden, no es posible uno sin el otro.

“El poema no explica ni representa: presenta (...) Por lo tanto la poesía es un penetrar, un estar o ser en la realidad” (Paz 1956, pag.112) ¿No es eso lo que pretendemos hacer en psicoterapia Gestalt?

En la poesía, el tiempo es diferente al tiempo real, más que transcurrir, se centra en el instante, un fragmento de tiempo que no por ser fragmento está incompleto, por el contrario, ese instante es una totalidad en toda su riqueza y complejidad. El lenguaje poético es ideal para expresar lo que ocurre –o mejor, lo que es- en la intemporalidad, en el más radical aquí y ahora, en esa realidad inaprensible que llamamos presente. La poesía dice o intenta decir lo inexpresable.

Para Octavio Paz, en la poesía “El tiempo cronológico –el tiempo común, la circunstancia social o individual- sufre una transformación decisiva: cesa de fluir, deja de ser sucesión, instante que viene después y antes de otros idénticos, y que se convierte en comienzo de otra cosa (...) ese tiempo está vivo, es un instante henchido de toda su particularidad irreductible (...) tiempo único, arquetípico que ya no es pasado ni futuro sino presente”. (Paz 1956, pag.187) También en esto coinciden poesía y terapia Gestalt.

Así, una terapia “poética” está centrada en el presente, no en el contenido o en la historia como se construyó (lo que llamamos función personalidad), sino  en el proceso tal y como se va desplegando, con todas sus posibilidades, aquí, ahora y entre nosotros (funciones ello y yo). Es imposible que el terapeuta se excluya o que sea mero observador porque ya forma parte del instante y ese instante es resultado de lo que está pasando entre su paciente y él/ella.
Una terapia en donde QUÉ y CÓMO se entrelazan y que por lo tanto es relacional y tiene su sentido en el encuentro mismo.

“Las palabras en una poesía no remiten a ningún sentido ulterior; tienen relieve en sí mismas, valen y significan en cuanto se pronuncian (...) La relación terapéutica, lo hemos visto no tiene otro sentido salvo el que ella se da en su hacerse, y, con el que, en definitiva,  en este hacerse, coincide” (Sichera, Antonio en Spagnuolo 2002, pag.48)



La mirada, la atención y la palabra



¿Qué es lo que considero que puede hacer que mi trabajo terapéutico sea poético?

Fundamentalmente tres elementos: hacia dónde veo, cómo atiendo a eso que veo y cómo expreso aquello que veo.

Para hablar de lo poético quiero recurrir a los poetas y su visión de lo que es la poesía y he preferido citar a poetas que me son cercanos. Quizá ninguno ha hecho una profunda teoría acerca del tema (con excepción de Paz), pero eso no me importa demasiado ahora. Cito a poetas que me conmueven y que hablan un lenguaje que me es accesible y cercano.  Son poetas que dicen, como Nicanor Parra:

“Y perdonen si me he expresado
en lengua vulgar.
Es que es la lengua
de la gente”

O como Sabines:

“Hay dos clases de poetas modernos, aquellos sutiles y profundos, que adivinan la esencia de las cosas y escriben: Lucero, luz Eros, la garganta de la luz pare colores coleros, etcétera; y aquellos que tropiezan con una piedra y dicen: pinche piedra”

O como Neruda:

“... y entonces, otra vez
junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz,
y en el amor unieron
relámpago y anillo.
Y ahora perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla”.

Porque me parece que justo esa es la magia: que usan palabras simples, cotidianas, sencillas, palabras que tu y yo usamos todos los días y con ellas expresan lo más profundo.

La mirada, tanto en la poesía como en la psicoterapia es central. De hecho, me parece que el poeta y el terapeuta se distinguen por su particular forma de mirar.

Dice Eliseo Alberto, escritor e hijo del poeta cubano Eliseo Diego: “O para decirlo con palabras de mi padre, el poeta nos invita a prestar atención a lo en apariencia insignificante, convencido que en la minúscula verdad del detalle radica o puede radicar la mayúscula representación del mundo. El sello de distinción de un escritor es su mirada. Ni más ni menos” (Eliseo Alberto 2004, pag.301)

¿Hacia dónde miro como terapeuta? ¿Hacia dónde miras tú? Si pretendemos un trabajo verdaderamente centrados en la relación, nuestra mirada tendría que estar allí, en ese espacio que co-creamos y conformamos ambos. Miramos al paciente, nos miramos a nosotros mismos, pero sobre todo miramos hacia lo que sucede, a lo que está sucediendo entre nosotros.

Y entonces no podemos más que preguntarnos acerca de ese encuentro: ¿Puedo establecer una relación de auténtica intimidad con esta persona?, ¿qué me acerca a ella, qué me aleja?, ¿qué la acerca a mí, qué la aleja?, ¿cuándo establecemos contacto y cuándo lo evitamos?, ¿dónde están mis límites y los de el otro?, ¿los ponemos claramente?, ¿puedo expresar abiertamente lo que me pasa ante ella?, ¿puedo compartir mi cariño y empatía lo mismo que mi enojo y distancia?, ¿cómo hacemos, cómo estamos haciendo ésto juntos?

Sin duda, no es una tarea fácil, pues en ella estamos implicados totalmente. Al observar la frontera del otro necesariamente contemplamos la nuestra, al ver sus heridas tocamos las nuestras. Y a veces ocurre: nos encontramos allí, en ese espacio que somos ambos y al mismo tiempo no es ninguno.

Al ser terapeutas, miramos, como dice Eliseo Diego, lo que en apariencia es “insignificante”, lo que está allí todos los días, en mi vida y en la vida de mi paciente, aquello en donde muchas miradas pasan sin quedarse, o reaccionan ante ello sin detenerse a observar y a explorar lo que realmente sucede. Nosotros miramos allí en donde puede parecer que no hay nada y sin embargo ocurre todo.

Miramos, en muchas ocasiones, algún aspecto del paciente que muy pocos, o acaso nadie ha mirado antes,  quizá porque genera mucho dolor o vergüenza. Nos volvemos, como dice Wheeler, testigos íntimos del otro. El sólo hecho de mirar dejándonos afectar ya es terapéutico. La sola presencia de otra persona que ve – porque hay algo digno de ser visto-  y que se asoma a  conocer el mundo del otro desde dentro e intenta comprender lo que pasa, es terapéutico. “Solamente eso. Ni siquiera alguien que los ayudara o rescatara. Lo único que hace esa persona- a quien llamaremos testigo íntimo- es ver” (Wheeler 2005, pag.177)

¿Y no es eso la poesía?, ¿no podría definirse al poeta como testigo íntimo del mundo? Así lo expresa Octavio Paz en un poema que siempre me conmueve:

“Pido,
no la iluminación:
mirar, tocar el mundo
con mirada de sol que se retira”

Esa es la mirada del poeta que mira lo cotidiano: la sopa de pescado (Neruda), la tía soltera (Sabines), las hormigas (Pacheco), el gato que se lava (Diego); pero lo mira de una forma nueva. Con una especial atención, siendo “testigo íntimo” de aquello, contemplando “... con mirada de sol que se retira”.

Este es el segundo aspecto en terapia. No sólo hacia dónde miro, sino cómo atiendo a eso que miro.

A la pregunta ¿para qué sirve un libro de poemas?, el poeta Eliseo Diego escribe en el prólogo de su poemario Por los extraños caminos: “Servirá para atender, les respondería. Maestros mayores les dirán en palabras más nobles o más bellas, qué es la poesía. Básteles si les enseño que para mí es el acto de atender en toda su pureza” (Alberto 2004 pag.332)


Cuando Neruda, Sabines, Pacheco o Diego miran a la sopa, la tía, las hormigas o al gato lamiéndose, lo miran de una forma distinta y nueva, como muy pocos se han permitido verlo: descubren lo que es único, lo que nos distingue o hermana con aquello que ven. Miran –y creo que eso es lo esencial- con asombro, con auténtico asombro ante la novedad escondida en lo cotidiano. Eliseo Alberto nos invita a intentarlo:

“Ahora mismo, miren sus zapatos. Regálense un minuto, un instante apenas, y traten de descubrir lo que su imagen esconde, vean los caminos que han pisado con esos cómodos zapatos (los viejitos, los ricos, de domingo), recuerden los tropiezos, las metidas de pata que junto a ellos han sufrido, vean que ese doméstico y domesticado zapato de cuero fue una vaca, una vaca que se aburría cómo solo pueden aburrirse las vacas sin toro, allá en el rancho de las reses solteronas y flacas, mírenla con qué inocencia sube al camión que habrá de llevarla al matadero  (...) con un pedacito de ella, un par de tiras de la panza, ya tenemos mocasín para el domingo (...) Toquen entonces sus zapatos, así, suave, como masturbándolos,  y dejen que rumie la vaquilla entre sus dedos”. ( Alberto 2004, pag.333)

Como terapeuta ¿me permito el asombro o finjo saberlo todo?, ¿con qué frecuencia me abro a la posibilidad de “atender en toda su pureza”?

El poeta –y también el terapeuta- miran más que lo aparente, miran cada cosa y de algunas cosas se asombran, están absortos y se dejan afectar y descubren la belleza, esa que dice Margherita Spagnuolo que es nuestra normalidad. Y no se trata de inventar nada o de agregar algo a lo que ya existe, sino de mirar lo que hay, ni más ni menos, pero con una mirada capaz de captar lo sagrado de lo cotidiano.

Octavio Paz cita el breve poema de Buson, poeta japonés (Paz 1956, pag.154):

“Ante los crisantemos blancos
las tijeras vacilan
un instante”

Las flores y las tijeras se transforman por la particular atención del poeta. Es también lo que Jean Marie Robine nos invitaba a hacer en el taller que impartió en el instituto utilizando la obra de Marcel Duchamp como ejemplo: si vemos lo cotidiano de otra forma (incluso un mingitorio) es posible que se transforme en una obra de arte. Si logramos atender así a la vida de nuestros pacientes, si nos permitimos el asombro ante aquello que juntos creamos y si sabemos expresarlo, puede ocurrir eso que Delacroix llama “lo maravilloso”:

 “Entender que uno es coautor de este proceso que conduce a la maravilla y compartir esta experiencia con el cliente, es hacerle saber que él también es coautor de este hecho inesperado que es el surgimiento de lo maravilloso. Es, por ende, reubicarlo en su dignidad de ser humano, capaz de ser partícipe cocreador de lo bello y de lo bueno que hay en la relación”. (Delacroix  2004, pag. 27)

Así llegamos al tercer elemento: no basta con mirar y con atender, en terapia es necesario expresar aquello, ponerlo en palabras, ayudar a que el paciente vea y luego a que ponga en sus palabras esta experiencia.

“Quien “hace” experiencia se siente profundamente cambiado por ella, y esto quiere decir esencialmente tener palabras para expresar y comunicar el cambio del Self que se ha percibido en el acontecimiento. Vista en la totalidad de su desarrollo, la experiencia de contacto, por lo tanto, no puede prescindir del lenguaje (...) No hay cambios que sean de verdad nuestros hasta que no tengamos palabras para ellos” (Sichera en Spagnuolo 2002, pag.45-46)

Así que además de la mirada y la atención del poeta, el terapeuta requiere un lenguaje poético porque de ninguna otra forma puede decirse aquello que ocurre en la relación. Esto es algo que ya decían Perls, Hefferline y Goodman en nuestro libro fundador y que retoma Antonio Sichera:

“El opuesto al verbalizar neurótico es el lenguaje creativo y variado; no es ni la semántica científica ni el silencio; es la poesía” (PHG, 130) La relación terapéutica no es, por lo tanto una zona neutra donde haya que desterrar el hablar común, sino un contexto en el cual devolver la vida a la comunicación, dando espacio a la poesía. El acto del contacto en su hacerse espontaneo y en su cumplirse no renuncia nunca al poder de la palabra, sino que le devuelve una frescura y un sabor que a menudo, en la cotidianeidad, se pierde de vista”  (Sichera en Spagnuolo 2004, pag.47)

Esta poesía de la que hablan no supone expresar la experiencia con un falso lirismo o buscando palabras grandilocuentes. Ya dijimos que, por el contrario, los poetas usan las palabras más comunes y sencillas, y con ellas expresan lo profundo. Poesía es, entonces y en nuestro contexto terapéutico, dar peso a cada palabra, llenar a las palabras de sentido, elegir cuidadosamente lo que queremos decir y cómo decirlo, de modo que la palabra recupere su fin original que es el de comunicar lo que somos. Esta es la palabra que se contrapone al hablar vacío y deflector,  al hablar para evitar el contacto y no para producirlo. El lenguaje poético requiere elegir las palabras, quitar lo que sobra, estorba o entorpece; y decir lo esencial.


“Hay, también, el silencio...”


Me parece que este lenguaje poético, esta forma de expresar en que cada palabra tiene peso y sentido, solo puede surgir en el silencio.

En la poesía, los espacios en blanco son tan importantes como las palabras. Los espacios son pausas necesarias sin las cuales las palabras pierden su fuerza o su sentido. Hay palabras que resuenan con un poder especial entre otras cosas porque aparecen entre dos silencios sabiamente colocados. “El poeta vuelve palabra todo lo que toca, sin excluir al silencio y los blancos del texto”. (Paz 1956, pag.282)

Los silencios, los espacios en blanco, además, crean el ritmo necesario para que exista la poesía. Y así como el ritmo es esencial para el poeta, también lo es para el terapeuta. La psicoterapia supone un ritmo que no siempre es fácil descubrir. “Así la función predominante del ritmo distingue al poema de todas las otras formas literarias (...) el ritmo provoca una expectación, suscita un anhelar. Si se interrumpe sufrimos un choque. Algo se ha roto. Si continúa esperamos algo que no acertamos a nombrar. Nos coloca en una actitud de espera”. (Paz 1956, pag.57)

Me parece que cuando he presenciado situaciones terapéuticas que me parecieron bellas, el ritmo era un aspecto importante. El ritmo entre ir al cliente y venir hacia mí, el ritmo para llevar mi mirada de lo intra, a lo inter, a lo grupal; el ritmo entre la frustración y el apoyo, entre el acercarse y alejarse físicamente, entre la palabra y el silencio. Un ritmo que, efectivamente, suscitaba expectación y anhelo.

Quizá todos hemos presenciado –o hemos sido parte- de sesiones en que las cosas parecen apresurarse demasiado o por el contrario, transcurrir exageradamente lentas. ¿Cómo podemos percibir esta prisa o lentitud si no es porque hay un ritmo que puede intuirse? Y ese ritmo depende de cada sesión –así como cada poema tiene su propio ritmo-, de cómo están ocurriendo las cosas, del tiempo que ese terapeuta y ese paciente tienen de trabajar juntos. De nuevo recurro a mis notas de la conferencia de Margherita Spagnuolo: “Una sesión de terapia es una danza, una combinación co-creada de movimientos con diferentes niveles de riesgo (...) Cómo el baile, tiene un inicio y un fin y nos movemos según eso (...) Las mismas palabras tienen diferente significado según la fase de la sesión en que nos encontramos”.

Así,  en la terapia como en la poesía, ponemos una especial atención al ritmo, y en ello, el silencio, los silencios, nos permiten percibir y construir ese ritmo necesario.

Me parece que con frecuencia, en la psicoterapia olvidamos esos silencios. A veces me sorprendo tratando de llenar esos vacíos por suponer que en ellos no hay nada. No es así. Muchos de esos silencios están llenos de preguntas, de elecciones, de dudas. “El silencio humano es un callar, y por tanto, es implícita comunicación, sentido latente”. (Paz 1956, pag.56) Necesito de esos silencios para volver a enfocar mi mirada, para atender a lo que me pasa ante el otro, para dejar que algo me afecte, para saborear lo que está sucediendo. Necesito los silencios para elegir las palabras que tengan más sentido.

Recuerdo ahora el trabajo de Stephen Hausner, que hace Constelaciones Familiares. Lo que más me impactó fue su capacidad de silencio. Podía pasar varios minutos completamente callado, llevando su mirada hacia el paciente y hacia sí mismo. No dejaba de haber contacto, por el contrario, a veces era un contacto profundo. Entonces, tras largos minutos, decía algo. Y lo que decía era exacto, con la intensidad justa, en una palabra, bello. Y conmovía al paciente. Y yo me daba cuenta de que esas palabras tan adecuadas, tan agudas, tan bellas, solo habían podido surgir de ese largo silencio que él se permitía.

“Un silencio que es como un lago, una superficie lisa, compacta. Dentro, sumergidas, aguarda las palabras. Y hay que descender, ir al fondo, callar, esperar. La esterilidad precede a la inspiración, como el vacío a la plenitud” (Paz 1956, pag.148)

Me gusta el silencio. Me parece útil y creativo. Algunas veces, los alumnos o algún paciente me dicen que les gustó algún silencio mío. Y yo les contesto que en mí hay dos silencios: uno es el elegido, el que decido hacer para acompañar, porque me parece que cualquier palabra sobraría, un silencio-contacto.

Otras veces hago silencio... porque no tengo la menor idea de para donde seguir. Y aunque son diferentes, creo que ambos son importantes. Del primero es clara su riqueza. El segundo también me parece importante y creo que es un silencio al que los terapeutas nos enfrentamos muchas veces, ese silencio en que nos preguntamos: “¿Y ahora?” Creo que  entonces lo mejor es callar y esperar... volver a poner mi mirada en lo que está ocurriendo, fijarme en cómo está mi atención, quizá preguntarme hacia dónde no estoy mirando. Y a veces, basta con compartir con el paciente justo eso: mi no saber hacia donde seguir.

 “...Hay, también, el silencio.  El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan”. (Saramago 1999, pag.52)



Estando iguana


Y nos encontramos con la dificultad, ya mencionada, de decir la experiencia terapéutica. Aunque las palabras son importantes  muchas veces podemos tener la sensación de que no alcanzan para expresar determinada experiencia.

El lenguaje nos permite expresar pero también nos limita, y si el lenguaje es limitado, puede empezar a ser una barrera en lugar de un puente. Me parece que en este sentido, parte de nuestro trabajo terapéutico es enriquecer nuestro lenguaje, ampliarlo, darle colores y matices.

En palabras de Octavio Paz:

“las palabras son inciertas
y dicen cosas inciertas.
Pero digan esto o aquello,
                                        nos dicen”

Cuando una persona solo conoce la palabra “triste” para expresar lo que le sucede, quizá está limitada para decir con más claridad su experiencia. Puede sentirse no exactamente triste sino nostálgica, o melancólica, o aislada, o incomprendida o frustrada o añorando algo. Pero si ante toda esta gama de sentimientos sólo puede decir que se siente triste, empobrece su expresión. El paciente habla como habla, y está bien, pero es importante que el terapeuta pueda ayudar –desde un lenguaje más rico- a explorar estas vivencias.

Más aún, me pregunto si esa pobreza de lenguaje solo limita la expresión de la experiencia o si limita también la experiencia misma. Nuestro lenguaje, dicen, es el reflejo de nuestras representaciones del mundo; mis experiencias, mi historia, “crean” mi lenguaje. ¿Pero es posible que también ocurra al revés? ¿La pobreza o riqueza de mi lenguaje pueden empobrecer o enriquecer mi experiencia del mundo?, ¿si solo conozco los nombres de siete u ocho colores, puedo en realidad “ver” más que esos colores?

“No sabemos en donde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y nuestras obras también es inseguro” (Paz 1956, pag.29)

No tengo una respuesta clara, pero en mi propia experiencia me parece que el tener más palabras enriquece mi visión del mundo y de mí mismo.

Además, en la poesía, las palabras pueden usarse de formas menos tradicionales, pueden re-crearse para expresar algo nuevo. Cuando el poeta Carlos Pellicer dice que está “...todo lo iguana que se puede estar”, o cuando Nicanor Parra dice que era su corazón “... ni más ni menos que el olvidado quiosco de una plaza” re-crean las palabras para decir algo que quizá no puede decirse de otra forma, o si se dice de otra forma pierde su verdadero sentido. 

¿No te has sentido iguana alguna vez?, ¿o piedra con musgo, o ventana, o humo de incienso?, ¿no ha sido tu corazón ese quiosco olvidado? Posiblemente sí, y aunque pueda decirse de otro modo, quizá estas palabras, éstas imágenes,  sean la mejor forma de decirlo.

Juan Gelman, poeta argentino, re-crea el lenguaje al preguntarse si...

“...los rostros los oleajes la ternura
alguna vez apenan apenumbran
olvidan arden escarnecen astran
politizan solean pájaramente
plumean se arrepienten memorizan maran
enróstranse olean o enternecen”

¿Podemos “astrar”, “solear pájaramente”, “plumear”, “marar”, “olear”?  ¿es posible “deshablar” o “destener”, como dice en otros poemas?

“Ellaba mucho esa mujer” nos cuenta de la persona a la que amaba, y con profundo dolor le dice a su hijo muerto:


“Me penás el mientras,
la dulcísima recordación donde se aplaca el siendo
...rostro o noche donde brillás astrísimo de vos,
hijo que hijé contra la lloradera”

Son palabras que no existen pero que posiblemente expresan mejor que las que existen. Y esto solo es posible en el lenguaje poético, que sin duda podríamos incluir en la terapia para enriquecer la expresión de lo que somos, o mejor, de lo que vamos siendo a cada instante con el otro y que difícilmente podría decirse de otra manera.

De nuevo, Octavio Paz: “La pobreza de nuestro lenguaje psicológico y filosófico contrasta con las expresiones o imágenes poéticas. Recordemos la Música callada de San Juan o el Vacío es plenitud de Lao Tse (...) Mi corazón está brotando flores en mitad de la noche, dice el poema azteca (...) Las imágenes poéticas crean su propia lógica, dicen algo sobre el mundo y sobre nosotros mismos y ese algo, aunque parezca disparatado, nos revela de veras lo que somos”. (Paz 1956, pag.38)

No es lo mismo estar brisa que estar llovizna o aguacero o tormenta. No es igual estar agua que estar aireestar fuego que estar tierra. Una cosa es ser otoño y muy diferente es ser primavera. Hay una enorme diferencia en estar recta o espiral, sol o luna, piedra o flor ¿Podemos como terapeutas salir del lenguaje más limitado y conservador para re-crear junto con nuestros pacientes uno más lúdico, creativo y nuevo?


“Tú Eres Aquello”.

En psicoterapia Gestalt trabajamos para integrar las diferentes partes que nos constituyen, aún las que parecen más ajenas y distantes. Este es un aspecto central de lo que hacemos. También en esto coincidimos con la poesía. “El acto de escribir poemas se ofrece a nuestra mirada como el nudo de fuerzas contrarias, en el que nuestra voz y la “otra” voz se enlazan y confunden”. (Paz 1956, pag.159)

En el lenguaje poético, el hielo puede arder y el fuego helarnos. Los contrarios se tocan y a veces se enredan, se mezclan, se aparean para volverse uno. “El cielo anda en la tierra” dice el poeta.  Y algo parecido decimos al paciente y esperamos que él descubra: eres fuerte y débil, suave y duro, valiente y cobarde, poderoso e impotente. De nuevo, esta idea está expresada en la poesía, en este caso, en el antiguo Upanishad:

“Tu eres mujer. Tú eres hombre. Tú eres el muchacho y también la doncella. Tú como un viejo, te apoyas en un cayado... Tú eres el pájaro azul oscuro y el verde de ojos rojos... Tú eres las estaciones y los mares... Tú eres aquello”. (Paz 1956, pg.102)

No sólo eso. A través del lenguaje poético podemos decir o intentar decir eso que ocurre “entre”, el modo medio, lo verdaderamente relacional, porque, entre otras cosas, la poesía es algo que ocurre en ese justo lugar: el poeta crea el poema, pero de alguna forma, al escribirlo, el poema revela algo al poeta, a veces –y en eso coinciden varios poetas- algo que el poeta mismo no sabía.  No deja de sorprenderme que cuando Paz intenta expresar qué es lo poético, lo hace casi con las mismas palabras que en psicoterapia usamos para intentar expresar qué es el Self y cómo solo existe en el contacto:

“Lo poético no es algo que está fuera, en el poema, ni dentro, en nosotros, sino algo que hacemos y que nos hace (...) Antes de la creación, el poeta, como tal, no existe. Ni después. Es poeta gracias al poema. El poeta es una creación del poema tanto como éste de aquel”. (Paz 1956, pag.168)


En resumen: la belleza puede –debe- estar presente en la psicoterapia, y me atrevería a decir, que sólo cuando hay belleza hay verdadera terapia.

Es posible hacer terapia –o intentar hacerla- con una perspectiva poética, es decir, centrada en el instante y en el proceso, y en donde QUE y COMO sean inseparables.

Para tener esta perspectiva es importante estar conscientes de hacia donde miramos, con qué atención, respeto y asombro miramos, y cómo expresamos eso que contemplamos.

El lenguaje poético en psicoterapia implica dar a cada palabra su peso y sentido. Requiere también un especial ritmo y la presencia del silencio. Este lenguaje poético, además, nos permite re-crear el habla cotidiana para expresar de formas nuevas lo que no pueda decirse de otra forma, nos permite integrar lo que en apariencia está separado y decir o intentar decir lo relacional, el modo medio, el Self en acción.

“Cuando la palabra se re-encuentra, hablar no sirve ya para huir o aislarse, sino para sostener el encuentro. La terapia se puede describir como un largo camino de búsqueda de una palabra: lo que empuja al paciente, del mismo modo que a los poetas, es el deseo de la palabra que sea correcta para decir-se, para decir la unicidad de la propia experiencia “ (Sichera 2002, pag.49)

Poema y poesía no son lo mismo, dicen Eliseo Alberto y también Octavio Paz. El poema queda escrito y forma parte de la literatura. La poesía, en cambio, no se limita a la escritura. Puede haber poesía en la profundidad  o en la luz de una pintura, en los ángulos y sombras de una escultura, en el Adagio de una sinfonía, en un solo de violoncello, en la lentitud y misterio de una danza, en el teatro, en un objeto, en una mirada, en una relación.

Entonces, puede haber poesía en la psicoterapia, y saberlo quizá nos permita mirar nuestra labor con una mirada distinta.  En el fondo, la razón de ser de la poesía y de la psicoterapia se encuentran:

“La poesía pone al hombre fuera de sí y, simultaneamente,  lo hace regresar a su ser original: lo vuelve a sí. El hombre es su imagen: él mismo y aquel otro. A través de ella, el hombre –ese perpetuo llegar a ser- es. La poesía es entrar en el ser”.  (Paz 1956, pag.113)




ALBERTO, Eliseo (2004) DOS CUBALIBRES. Oceano. México
GELMAN, Juan (2001) VALER LA PENA. Era. México
NERUDA, Pablo (1978) ANTOLOGIA ESENCIA. Losada. Argentina
PARRA, Nicanor (1993) POEMAS PARA EVITAR LA CALVICIE. Fondo de Cultura Económica. México
PAZ, Octavio (1956) EL ARCO Y LA LIRA. Fondo de Cultura Económica. México.
PAZ, Octavio (1989) EL FUEGO DE CADA DIA. Seix barral. México,
SABINES, Jaime (1968) NUEVO RECUENTO DE POEMA., Lecturas Mexicanas. México.
SARAMAGO, José (1999) EL EQUIPAJE DEL VIAJERO. Alfaguara. México
SPAGNUOLO LOBB, Margherita, et.al. (2002) PSICOTERAPIA DE LA GESTALT. HERMENÉUTICA Y CLÍNICA. Gedisa. España.
WHEELER, Gordon  (2005) VERGÜENZA Y SOLEDAD. Cuatro Vientos. Chile.
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