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Paz y Ciencia
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miércoles, 26 de febrero de 2020

Fobia específica



La fobia específica equivale a sentir un miedo exagerado e irracional frente a un objeto o una situación que no implican peligro real. A diferencia de los miedos infantiles -que disminuyen a medida que el niño o niña madura-, las fobias aumentan, y es muy difícil que se vayan por sí solas. Es el trastorno de ansiedad más habitual entre los menores de edad: se calcula que aproximadamente un cinco por ciento de los niños y un dieciséis por ciento de los adolescentes tendrán una fobia específica. Su prevalencia es mayor entre las mujeres,

Tanto el DSM-IV como el DSM-V clasifican las fobias en cinco tipos:

- Fobia animal: miedo a que te ataque, pique o contagie un animal.
- Fobia ambiental: miedo a los fenómenos naturales, como las tormentas o la oscuridad, que es la fobia más habitual en la infancia.
- Fobia a la sangre, a las inyecciones o al daño: miedo a procedimientos que implican el uso de agujas o a procedimientos médicos invasivos.
- Fobia situacional: miedo a lugares cerrados, a viajar en avión, coche o transporte público.
- Fobias inclasificables: como al ruido, a las personas disfrazadas -como los payasos o Papá Noel- y a atragantarse.

Las fobias pueden ser debidas a factores genéticos (que nos hacen más vulnerables a ellas) o adquiridas por imitación o por una experiencia traumática. Y también pueden estar causadas por razones que, como toda buena ansiedad, no puede ser explicadas.

La infancia es un momento muy susceptible a ellas: de nuestros padre aprendemos nuestras primeras impresiones de peligro y, si te repiten hasta la saciedad que los perros son peligrosos, por ejemplo, es muy probable que así lo creas.

Curiosamente, tanto niños como adultos tenemos más predisposición a temer cosas y situaciones que representaban una amenaza para nuestros ancestros (como las serpientes, las tormentas o los espacios abiertos) que aspectos de la vida cotidiana que, objetivamente, son más peligrosos, como los coches.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

sábado, 25 de enero de 2020

Los miedos




El miedo es una emoción innata en los seres humanos. Representa un mecanismo de impulsión que les incita a respirar a fin de evitar la asfixia y, por otra parte, constituye un proceso de frenado que les impide precipitarse en situaciones peligrosas que podrían causar la muerte. El miedo forma parte integral del instinto de supervivencia y si estamos vivos, es gracias al papel que el miedo ha desempeñado.

El Miedo: un mecanismo de adaptación

La vida está constituida por cambios continuos que exigen adaptación. Desde su nacimiento, el bebé se ve proyectado a un entorno totalmente diferente del que ha conocido hasta entonces. A partir de ahora deberá respirar solo, vivir con dolores de estómago, retortijones de tripas, con  sensaciones de frío y calor, y percibir relámpagos luminosos y ruidos directos, que ya no son filtrados por la cavidad uterina. Debe adaptarse rápidamente. Cada una de las etapas posteriores de la vida del niño exige igualmente una adaptación: descubrimiento del entorno físico, alimentación, conciencia del cuerpo, comunicación, andar, hablar, jugar... Ninguna de esas situaciones se establece automáticamente y por ello debe adaptarse a cada una de ellas a través de diversos aprendizajes.

Sí, claro, el niño no reflexiona acerca de las situaciones por las que pasa, pero si pudiera, sin duda se haría ciertas preguntas:

- ¿Dónde estoy?
- ¿Qué ocurre?
- ¿Quién es ése?
- ¿Por qué me duele?
- ¿Cómo lo hago?
- ¿Qué es eso?
- ¿Cómo lo digo?
- ¿Cómo puedo llegar hasta ahí?
- ¿Qué hago con esta cosa?
- ¿Qué es ese ruido?
- ¿Por qué es tan intensa la luz?

Mediante la adaptación y los aprendizajes descubre soluciones a sus preguntas inconscientes. No obstante, antes de obtener respuestas, pasa por períodos en los que debe hacer frente a una sensación de incomprensión y de impotencia, es decir, a un vacío.

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