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Paz y Ciencia
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martes, 1 de febrero de 2022

BAKUNIN

 



Bakunin es un personaje fundamental en la Historia. En este artículo intentaremos abordar sus ideas, aunque sea de forma aproximada.

Mijail Bakunin (1814-1876) procedía de una familia aristocrática rusa. Abandonó su carrera militar y se instaló en Berlín para estudiar. La Revolución de 1848 le sorprendió en Praga donde fue detenido por las autoridades austriacas, siendo enviado a Rusia y desterrado a Siberia. Consiguió escaparse y vivió en varias ciudades europeas, instalándose en Suiza. Bakunin se destacó por su enfrentamiento con Marx en la Primera Internacional.

Bakunin defendía la libertad del individuo, pero concebida socialmente. El hombre no podría ser verdaderamente libre sino lo era el resto de seres humanos. Otra de las ideas fundamentales de Bakunin era su rechazo total a la Iglesia como institución, aunque admitía la pluralidad de cultos, ya que la religión era una cuestión del ámbito de las conciencias individuales. La educación era contemplada como un instrumento de cambio social. Esta idea caló en el anarquismo. Entre los anarquistas siempre hubo destacados pedagogos, que defendieron un nuevo modelo de educación basado en las ideas libertarias, abriendo escuelas, editando libros y revistas pedagógicas. En relación con esto estaría, también, la preocupación que los activistas anarquistas dieron al desarrollo de la propaganda oral hacia los obreros, muchos de ellos analfabetos.

Bakunin perseguía la eliminación del Estado por considerarlo un instrumento represivo, la desaparición del ejército, innecesario una vez que ya no había Estado; y la creencia en la revolución campesina, hecha desde abajo, por las masas, de forma espontánea, sin participación de partidos políticos de ningún tipo. Estos postulados se basaban en el rechazo radical de Bakunin y del anarquismo, en general, hacia la política y cualquier tipo de autoridad. El anarquismo no consideraba a los obreros industriales como protagonistas exclusivos de la revolución. Bakunin apostaba por los campesinos, mientras que otros anarquistas valoraron también la importancia de otros sectores oprimidos, como los estudiantes y los jóvenes.

Una vez que triunfase la revolución, surgiría una sociedad sin Estado, sin poderes institucionales, que se articularía en torno a comunas autónomas, especie de pequeñas células organizadas en régimen de autogestión. Mediante el sufragio universal masculino y femenino se elegirían a quienes dirigirían las comunas. Éstas podrían federarse o separarse libremente de otras comunas, hasta constituir regiones o naciones, pero manteniendo siempre la capacidad de abandonar la federación en la que se habrían integrado. En las comunas la propiedad sería colectiva.

El ideal anarquista sería, en conclusión, el de una sociedad de hombres y mujeres absolutamente libres, que no obedecerían más que a su razón. Las comunas eran la constatación del rechazo anarquista hacia las grandes concentraciones fabriles y de población, resultado de la Revolución Industrial, ya que, se pensaba que en estas concentraciones era imposible el ejercicio constante de la soberanía verdaderamente popular.

Bakunin ingresó en 1868 en la Internacional, protagonizando un duro enfrentamiento con Marx en el Congreso de Basilea de 1869. La polémica giró en torno a la participación obrera en la política, rechazada frontalmente por Bakunin. Pero Marx consiguió que la mayoría del Congreso se declarara a favor de la organización de un partido obrero. En el Congreso de La Haya (1872) los anarquistas fueron expulsados de la AIT, aunque éstos convocaron otro congreso en Saint-Imier para rechazar los postulados marxistas.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Coronavirus y Democracia

 


En condiciones normales, el aserto churchilliano de que la democracia es la mejor forma de gobierno posible una vez ensayadas todas las demás nos parece solo una fina y brillante ironía de ese político heterodoxo que fue Winston Churchill. Pero en circunstancias como las actuales, cuando las democracias luchan por sobrevivir a una crisis sanitaria global, la pregunta de si son más o menos eficaces que los sistemas autoritarios cobra toda actualidad.

Tomemos el caso de China. Su respuesta inicial fue lenta porque a pesar de tener un gran aparato estatal y mucha autoridad, no sólo dejó pasar la crisis de largo sino que incluso sancionó por difundir falsedades a los médicos que dieron la alarma. Con ello, confirmó algo que Amartya Sen había ya demostrado hace tiempo sobre por qué las hambrunas tendían a ser más agudas en los regímenes autoritarios: la ausencia de medios de comunicación, opinión pública y elecciones regulares hacía menos responsables y más lentos en reaccionar a políticos y funcionarios. Es algo que vimos también en la URSS con motivo del accidente nuclear de Chernóbil: las dictaduras despojan de autoridad a técnicos y profesionales y a cambio les infunden temor hacia los políticos, lo cual tiende a empeorar las crisis por el miedo a las represalias.

«En Europa, pese a tener sistemas democráticos y recursos económicos, no teníamos una experiencia anterior a la que referirnos»

Sin embargo, tampoco podemos decir que las democracias hayan reaccionado mejor. EE.UU. y el Reino Unido, cunas de la democracia liberal, están siendo caóticos y desorganizados en su reacción, y España e Italia han reaccionado tarde y mal, no anticipando con tiempo ni el impacto sanitario, ni el social ni económico. Los chinos taparon los casos al principio, pero una vez que se movilizaron lo han hecho con una eficacia demoledora –incluso atemorizadora–, en cuanto al nivel de control social que han demostrado ser capaces de ejercer gracias a la tecnología. Mientras, muchas democracias están demostrando haber perdido un tiempo precioso para reforzar sus sistemas sanitarios cuando aún estaban a tiempo.

Muy probablemente, la conclusión sea que, en una crisis sanitaria de este tipo, no importa tanto el régimen político como la eficacia del Estado y la administración pública. China, Singapur y Japón, con sistemas que varían mucho entre sí –autoritario, iliberal y liberal– han reaccionado bien por dos razones: tienen estados que funcionan y ya había pasado por una crisis similar, el SARS, que les había dejado una serie de lecciones y protocolos de actuación. En Europa, por el contrario, pese a tener estados capaces, sistemas democráticos y recursos económicos, no teníamos una experiencia anterior a la que referirnos así que no solo se ha improvisado, sino que se ha aplicado una respuesta inicial de normalidad pensada para ataques terroristas cuando la situación era exactamente la contraria. Así que el jurado no ha dado todavía su veredicto sobre quién es más eficaz.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicoterapeuta.

Psicólogo Clínico. Tfno.: 653 379 269

Zaragoza. Gran Vía 32. 3° Izquierda

Instagram: @psicoletrazaragoza

Página Web: Página Rodrigo Córdoba Psicólogo