PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Inseguridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inseguridad. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de septiembre de 2021

Mundo Líquido

 

  • El propósito principal de Modernidad líquida es tratar de responder las preguntas que la sociedad moderna nos plantea, una tarea nada fácil. Zygmunt Bauman realiza un valioso análisis sociológico.
  • Uno de los puntos relevantes del texto es que nos encontramos ante la disolución del sentido de pertenencia social del ser humano para dar paso a una marcada individualidad.
  • Cuando el ser humano tiene posibilidades reales de ser independiente, la sociedad ya no es aquella suma de individualidades sino el conjunto de las mismas.

La modernidad líquida -como categoría sociológica- es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados.

La metáfora de la liquidez -propuesta por Bauman- intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones.

Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante -incierta- y cada vez más imprevisible, es la decadencia del Estado del bienestar.

La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta; la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro.

Modernidad Líquida ¿Qué es?

En Modernidad Líquida Zygmunt Bauman explora cuáles son los atributos de la sociedad capitalista que han permanecido en el tiempo y cuáles las características que han cambiado.

El autor busca remarcar los trazos que eran levemente visibles en las etapas tempranas de la acumulación pero que se vuelven centrales en la fase tardía de la modernidad. Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles.

La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”.

Zygmunt Bauman desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término correspondiente.

De la peligrosa extrañeza de los otros a la sociedad incierta

“El otro” tipificado como extraño por desconocido es un portador innato de incertidumbre, de potencial peligro, siendo, tal vez, su mayor amenaza, el atentar contra la clasificación misma que sostiene el orden del espacio social en el que se inscribe mi mundo.

Justamente, los extraños irritan, desagradan, desconciertan porque tienden con su sola presencia a ensombrecer y eclipsar la nitidez de las líneas fronterizas clasificatorias que ordenan el mundo en el que vivo, y de éste modo, cuestionar de manera radical la presunta comprensión recíproca que el “Yo” tiene con el “Otro”.

El extraño, como cuestionador implacable del orden al que ingresa desde tierras ignotas, ha sido a menudo tipificado con el estigma de ser portador de suciedad, puesto que la suciedad es el caos contaminante que el orden existente pretende expulsar, o bien, portador de ambivalencia, puesto que ésta los hace irregulares e impredecibles en sus reacciones.

Es el caso de los marginados sociales que, como una categoría o tipificación de una clase de extraño contemporáneo, reciben sobre sí los rasgos sobresalientes de la ambivalencia y la suciedad: a ellos se les atribuye la falta de confiabilidad por lo errático de su rumbo, su laxa moralidad y promiscua sexualidad, su deshonestidad comercial, etc.

“Dicho de otra manera, los marginados son el punto de reunión de riesgos y temores que acompañan el espacio cognitivo. Son el epítome del caos que el espacio social intenta empeñosamente sustituir por el orden”.

Estados transitorios y volátiles de los vínculos humanos; desvinculación

Bauman se refiere al miedo a establecer relaciones duraderas y a la fragilidad de los lazos solidarios que parecen depender solamente de los beneficios que generan.

El se empeña en mostrar cómo la esfera comercial lo impregna todo, que las relaciones se miden en términos de costo y beneficio -de “Liquidez” en el estricto sentido financiero .

Bauman se vale de conceptos tan provocadores como el de “Desechos humanos” para referirse a los desempleados, que hoy son considerados “Gente superflua, excluida, fuera de juego”.

Hace medio siglo los desempleados formaban parte de una reserva del trabajo activo que aguardaba en la retaguardia del mundo laboral una oportunidad. Ahora, en cambio,

“Se habla de excedentes, lo que significa que la gente es superflua, innecesaria, porque cuantos menos trabajadores haya, mejor funciona la economía”.

Hay que cultivar el arte de truncar las relaciones, de desconectarse, de anticipar la decrepitud, saber cancelar los contratos a tiempo.

Zygmunt Bauman ​​ fue un sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales.

Desterritorialización; adicción a la seguridad y miedo al miedo

Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior.

Nos hemos convertidos en ciudadanos “Adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella”8, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “Normalizar el estado de emergencia”.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto.

“Miedo” es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla.

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo. Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales.

El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.

Mundo globalizado y policéntrico

Nuestras ciudades, afirma Bauman, son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior.

Nos hemos convertidos en ciudadanos “Adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella”8, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a “Normalizar el estado de emergencia”.

El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto.

“Miedo” es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que no se puede hacer para detenerla o para combatirla.

Los temores son muchos y variados, reales e imaginarios un ataque terrorista, las plagas, la violencia, el desempleo, terremotos, el hambre, enfermedades, accidentes, el otro Gentes de muy diferentes clases sociales, sexo y edades, se sienten atrapados por sus miedos, personales, individuales e intransferibles, pero también existen otros globales que nos afectan a todos, como el miedo al miedo. Los miedos nos golpean uno a uno en una sucesión constante aunque azarosa, ellos desafían nuestros esfuerzos de engarzarlos y seguirles la pista hasta encontrar sus raíces comunes, que es en realidad la única manera de combatirlos cuando se vuelven irracionales.

El miedo ha hecho que el humor del planeta haya cambiado de manera casi subterránea.

Mundo globalizado y policéntrico

El dominio económico y militar europeo no tuvo rival los cinco últimos siglos, de manera que Europa actuaba como punto de referencia y se permitía premiar o condenar las demás formas de vida humana pasadas y presentes, como una suerte de corte suprema.

Bastaba con ser europeo para sentirse dueño del mundo, pero eso ya no ocurrirá más: pueblos que hace sólo medio siglo se postraban ante Europa muestran una nueva sensación de seguridad y autoestima, así como un crecimiento vertiginoso de la conciencia de su propio valor y una creciente ambición para obtener y conservar un puesto destacado en este nuevo mundo multicultural, globalizado y policéntrico.



martes, 16 de marzo de 2021

Disociación

 


Rodrigo Córdoba. Psicólogo y Psicoterapeuta. Página Web: www.rcordobasanz.es  rcordobasanz@gmail.com Tfno.: 653 379 269

Disociación y trastornos disociativos

La disociación o los trastornos disociativos tienen mayor relación que otros trastornos psicológicos con el trauma en la infancia, es decir, con situaciones de abuso (incesto y otros tipos de abuso sexual, físico o emocional) y de negligencia (abandono o descuido emocional y físico).

Algunos psicólogos consideran que la disociación, además de estar presente en un grupo específico de trastornos (los trastornos disociativos y otros relacionados con trauma) puede acompañar a casi todos los problemas psicológicos, influyendo sobre su respuesta al tratamiento y actuando como un factor de confusión en la realización del diagnóstico y la planificación de la terapia.

Según la Sociedad Internacional para el Estudio del Trauma y la Disociación (International Society for the Study of Trauma and Dissociation – ISSTD), el término disociación hace referencia a desconexión o falta de conexión entre elementos que habitualmente están asociados entre sí. La disociación puede afectar a la conciencia, a la memoria, a la identidad o a la percepción, que habitualmente suelen estar integradas.

disociación

Algunos ejemplos de disociación pueden darse cuando:

  • La persona, tras vivir un acontecimiento traumático que le impactó gravemente, no tiene ningún sentimiento cuando piensa en ello. Esto se denomina “embotamiento emocional” y es una de las características principales del trastorno por estrés postraumático.
  • La persona tiene pensamientos, sentimientos o comportamientos que parecen salir “de la nada”, que no se viven como propios o que se experimentan como si fueran controlados por algo ajeno a uno mismo.
  • La persona se siente dominada por emociones que parecen no tener sentido en ese momento, por ejemplo, sentirse tremendamente triste o alegre sin razón aparente. Cuando esto ocurre el sentimiento suele desaparecer de la misma manera en que apareció.
  • La persona se encuentra haciendo algo que normalmente no haría, casi como si se viera forzado a hacerlo.
  • La persona tiene la experiencia de ser un “pasajero” en su propio cuerpo en lugar del “conductor”.

Síntomas disociativos:

Los síntomas disociativos se pueden clasificar en cinco grupos: amnesia, despersonalización, desrealización, confusión de identidad y alteración de identidad.

  • La amnesia disociativa:

    Tiene que ver con la imposibilidad de recordar información personal importante, sin que ésta se pueda atribuir a un olvido ordinario. Puede afectar a un acontecimiento importante de la vida de la persona, como por ejemplo el día de su boda, o a un periodo de tiempo que puede ir de minutos a años.

    También existen micro amnesias en las que no se recuerda por ejemplo, una discusión en la que se participó o se olvida de un momento a otro el contenido de una conversación.

    Pueden darse fugas disociativas y micro fugas, en ellas la persona puede irse de viaje o encontrarse en un lugar y de repente darse cuenta de que está desorientada y no sabe dónde está ni cómo llegó allí.

  • La despersonalización:

    Hace referencia a experiencias corporales, sentimientos de extrañeza o falta de familiaridad respecto al yo o al propio cuerpo. En ocasiones puede ser un síntoma leve y puntual, como les ocurre a muchas personas en momentos de ansiedad, sin embargo en otras situaciones puede convertirse en algo más serio e incapacitante.

    Algunos ejemplos de despersonalización son la sensación de no sentirse “conectado” al cuerpo, de no estar en el cuerpo, de observarse a uno mismo desde fuera, o de no reconocerse a uno mismo en el espejo. Otros ejemplos tienen que ver con sentirse desconectado de las propias emociones, sentir que se está viviendo como en un sueño, flotando, volando o dividido en dos personas. Además se puede experimentar la despersonalización como la sensación de que falta alguna parte del cuerpo o como la percepción de que algunas partes del cuerpo están cambiando de tamaño.

  • La desrealización:

    Tiene que ver con la percepción de extrañeza del entorno. Puede implicar la sensación de que lugares conocidos, como la propia casa o el lugar de trabajo, o personas conocidas, como familiares o amigos, son extraños, desconocidos o irreales.

    Las personas que tienen episodios de desrealización a veces describen el mundo como si se sintieran desconectadas de él, percibiéndolo como falso, lejano, como si lo observaran a través de una niebla o como si lo estuvieran viendo en una película.

  • La confusión de identidad:

    Se define como una sensación subjetiva de incertidumbre, perplejidad o conflicto sobre la propia identidad. La persona suele tener dificultades para saber cómo es realmente, qué quiere hacer o qué decisiones debe tomar.

    La confusión de identidad también puede darse en la adolescencia y en otros trastornos psicológicos, pero en estos casos se caracteriza más por la dificultad para encontrar un rol estable en la sociedad. La confusión de identidad disociativa suele ser más grave y afecta al núcleo de la identidad. En casos de trastorno de identidad disociativo (TID) a menudo se relaciona con personalidades en conflicto.

  • La alteración de identidad:

    Tiene que ver con la sensación de ser marcadamente diferente respecto de otra parte de sí mismo. La persona muestra comportamientos objetivos que indican que asume distintas identidades o estados del yo en determinados momentos.

    La persona puede referirse a sí misma con distintos nombres o en plural, puede darse cuenta de que posee una habilidad aprendida con la que no contaba, descubrir que tiene objetos que no es consciente de haber adquirido, puede ocurrir que otras personas le llamen por un nombre diferente al suyo o que le cuenten que ha estado actuando como una persona totalmente diferente.

Tratamiento de la sintomatología disociativa

Los síntomas disociativos aparecen como consecuencia de la ruptura o desconexión que se produce durante el trauma. El objetivo fundamental del tratamiento se centra en lograr la integración de los elementos disociados de modo que la persona consiga vivir de una forma más sana y adaptativa. Para ello se lleva a cabo un abordaje específico basado en la estabilización, que incluye psicoeducación, consolidación y/o desarrollo de recursos psicológicos, autocuidado y trabajo con las partes disociadas; el tratamiento del trauma y la integración final de la personalidad.

viernes, 25 de octubre de 2013

Inseguridad y Miedo

La vida es inseguridad. Cada nueva situación nos lleva a una nueva situación qie requiere que el psiquesoma se integre y movilice todos sus recursos. El no saber cuál es nuestro próximo paso es el atractivo de la vida. Si fuera predecible no valdría la pena quemar las naves. No seríamos humanos sino máquinas, ya que solo para ellas todo es seguro y cierto.
El hombre vive en libertad. La libertad necesita inseguridad e incertidumbre.
Osho interpretado al bajo por Rodrigo Córdoba Sanz.

domingo, 20 de enero de 2013

Desamparo e Inseguridad



Hilflosigkeit: así denomina Freud al estado originario del sujeto. Lo conocemos como desamparo. Palabra que a su vez designa un estado de abandono, de desvalimiento, de falta de recursos. También de desnudez: el infans se halla ante la imposibilidad de sobrevivir sin asistencia ajena, siendo que en su vida intrauterina no conocía pausa entre necesidad y satisfacción; su piel, sus sentidos son impactados por cantidades que provienen tanto del interior de su cuerpo como del exterior del mismo. Una unidad psiquesoma cuya tranquilidad ha sido desalojada por el nacimiento. Que será apenas recuperada a través de la experiencia de satisfacción, posible solamente mediante la asistencia del otro.

Así, los tiempos iniciales de vida del humano oscilan entre el desamparo provocado por su prematurez, que lo ubica en un estado de dependencia absoluta del otro para la supervivencia, y el amparo que este puede ofrecerle. Amparo que va trascendiendo los cuidados corporales, que será también amoroso, identificatorio, y significante. En el lazo con el otro se generará la matriz de los sentimientos de amparo y desamparo que acompañarán al sujeto a lo largo de su vida. Pero las marcas que deja el desamparo originario serán imperecederas. Ese estado de desamparo toma la forma de angustia automática, que se hará presente ante cada situación traumática. Es una angustia diferente de la que conocemos como angustia señal -que antecede la aplicación de defensas psíquicas-, que está ligada al complejo de castración, y que – en un sentido– oficia de tope a la aparición de aquella otra angustia: la ligada al desamparo es una angustia que no tiene representación. Es desnudez, desamparo, desvalimiento, abandono, estar sin recursos. Hilflosigkeit.
Si el otro primordial es el agente que proporcionará amparo, en el devenir del sujeto humano los lazos, la sociedad instituida, la creencia religiosa, para muchos la ciencia, y los diversos grupos de pertenencia e instituciones, ocuparán ese lugar. Todos ellos impregnados por un mundo simbólico que aporta sentido al sin-sentido de base que habita en la psique humana. Todo lo cual proporciona un bienestar mínimo necesario para el investimiento de la vida. El sentido socialmente instituido transmite consigo el patrimonio común de certeza (Aulagnier). Es decir, puntos cardinales de significación que sólo podrán modificarse mediante transformaciones colectivas, y que se ofrecen como puntos de anclaje para que el sujeto teja su propia significación, y sobre los cuales también podrá cuestionar lo instituido.
Toda experiencia de sinsentido podrá adquirir dimensiones traumatizantes y desencadenar angustia automática.

La inseguridad
Así, la función de amparo que cumplen estos diversos lugares, proporcionan consistencia simbólica (que le hace sentir seguridad al Yo) por permitir y proporcionar sentido. Asimilaremos la sensación de inseguridad a un modo de manifestación a nivel del Yo del estado de desamparo, producido por falta de sentido: falta de significación, de consistencia en lo simbólico, el estar frente a una experiencia que queda fuera del sentido causando imposibilidad de hallar un sentido propio. Pero, veremos más adelante, que este estado de desamparo puede producirse por otras causas.
Veíamos entonces que el patrimonio común de certeza ofrece ciertas garantías fundamentales de sentido, de sentido que ampara. Que ampara al sujeto -lo protege- de la irrupción de angustia de desamparo o automática: prototipo de la reacción frente a lo traumático. Y esto es fundamental: sea por el avance no ligado de la pulsión, o por acontecimientos del mundo exterior. Como señala Piera Aulagnier para el discurso materno, y ampliándolo nosotros para el mundo socio-cultural: el patrimonio común de certeza contenido en el discurso del conjunto es un para-fantasma: ofrecen de freno a la emergencia de fantasmas ligados al desamparo, y a la angustia que los acompañan. También, agregamos, son un freno a los movimientos pulsionales de desligadura, y a la descarga pulsional sin ligadura.
Extendiendo lo sostenido por Freud en Psicología de las masas y análisis del Yo, diremos que caído el lugar de certeza del grupo social, este tiende a disgregarse. También si propone un sentido imposible de ser investido por los sujetos: una suerte de patrimonio común de certeza que contiene la paradoja de arrojar a los sujetos a la incerteza. Lo que implica algo fundamental: se rompe la alianza simbólica que liga (aun en el conflicto) a los integrantes del mismo. Y esto es central para lo que aquí queremos desarrollar.
Esto puede producirse por distintos caminos: alteración del orden político (dictaduras por ejemplo), diversos tipos de catástrofes sociales, crisis profundas económicas, guerras, etc. Pero debemos agregar un modo de ser de la sociedad que hemos venido desarrollando en El Psicoanalítico, que coincide con la forma que el orden económico, social y cultural ha tomado en estas últimas décadas, acompañado y sostenido por los medios masivos de comunicación y el lugar central que estos ocupan en la conformación del discurso dominante en una sociedad, y por la tecnología sobre la cual estos están instalados.

Sociedad actual, psique e inseguridad
Esta breve introducción nos permitirá ahora abordar la llamada inseguridad, que como tema circula de modo persistente entre los sujetos, y que tiene una presencia mayúscula en los medios masivos de comunicación. Como se resalta en diversos textos de este número (Entre la dicha y la inseguridad, Algunos aportes respecto de la Inseguridad, El otro amenazante. Reflexiones acerca del sentimiento de inseguridad): la inseguridad de la que se habla es habitualmente la delincuencial. Podemos cuestionar sin temor a equivocarnos que se reduce a este tipo de violencia el tema de la inseguridad. Tampoco nos equivocaremos en que haciendo foco en ella quedan ocultas otras violencias, otro tipo de ilícitos. Como por ejemplo los manejos que las grandes corporaciones hacen de la economía, dejando como efectos colaterales fenómenos como los vistos en estos últimos tiempos en EEUU, Grecia y España, y que hemos padecido en Argentina, en la que aún están presentes sus efectos. Pero también, es evidente que dichas corporaciones cuentan con la colaboración de muchos Estados que se ocuparán de resarcirles de sus pérdidas (pérdidas que se dan en ese casino que para Weber se había convertido la economía) mediante planes de ajuste. Este es un tipo de ilícito que perjudica a la mayor parte de la sociedad. Pero no es denunciada como tal ni por los Estados (obviamente porque son sus ejecutores), o lo es de manera parcial y acotada, ni por los medios masivos (que están controlados o son propiedad de las mismas corporaciones que cometen los ilícitos).
Así, podemos mencionar varios factores que pueden desencadenar inseguridad en los sujetos, entendiéndola como un modo de expresión del desamparo:
Un factor es el que proviene de la crisis de instituciones de la sociedad, cuya confianza ha disminuido considerablemente, como por ejemplo la escuela y la justicia; otro factor – ya citado - es el que producen las grandes corporaciones al sumir cíclicamente en el desamparo económico a buena parte de la población – llegando a quedar excluida parte de la misma -, acompañado esto por acciones y omisiones del aparato estatal; y finalmente, tenemos la que proviene del incremento de la delincuencia, su forma y su frecuencia. En Argentina nos encontramos con algunos de los factores citados precedentemente, acompañados de incertidumbre económica, la dependencia de una parte de la población de planes asistenciales, el nivel de desocupación que existe sobre todo entre los jóvenes y que afecta su proyecto identificatorio; también los pueblos afectados directamente por la Megaminería están expuestos a experiencias de desamparo, pero su organización en asambleas ambientales seguramente es un tope al mismo (ver textos en este número de Germán Ciari y María Cristina Oleaga). Por supuesto que esto no es uniforme en toda la sociedad, no afecta a las clases altas ni a muchos de los que participan del proyecto político imperante a nivel estatal, ya que este proyecto les ofrece garantía de sentido, y otros sectores de la población se benefician de planes asistenciales sin advertir la espada de Damocles que los mismos significan, pero también porque han recuperado su modo de vida luego de la crisis de los años 2001/2002; pero es cierto también que la masa de excluidos por la crisis de esos años y anteriores, no ha dejado de estar presente, y no es fácil de mensurar. De todas maneras, todo lo aquí mencionado lejos está de agotar la temática de la inseguridad.

El Otro y la inseguridad
Estos serían factores externos, “objetivos”. Vamos a decir que todos ellos están alimentados por las significaciones de época, transmitidas por el Otro, esa instancia inmanente del colectivo social, creación anónima y colectiva, heredero de las figuras de amparo originarias. Decimos que son factores externos y “objetivos” porque se trata de hechos de la realidad que impactan sobre el Yo de manera traumática. Pero hay otros, que no le van a la zaga, y que también tienen su origen en el Otro. Que no debemos olvidar que es una instancia que también actúa desde el interior de la psique del sujeto, y en el caso en cuestión, produciendo efectos a nivel del registro pulsional. Porque tanto lo identificatorio como lo pulsional se ven afectados por ese Otro que sostendremos que es el principal promotor de inseguridad.
Las significaciones que transmite el Otro en nuestro históricosocial– ya mencionadas en muchos textos de esta publicación – alientan a lo ilimitado, a un supuesto control racional de la naturaleza y la sociedad, ubicando como institución central a la economía.
Como hemos mencionado en otras ocasiones: el Otro realiza una demanda permanente de consumo de objetos y actividades, produciendo un estado de insatisfacción constante. Exige la presencia de un sujeto siempre joven, saludable, on line, consumiendo como fin de su vida, y siempre feliz, proponiendo un modelo identificatorio por excelencia, como lo es el winner. Modelo imposible. Tal como resulta imposible cuanto más se desciende en la escala socioeconómica acceder a los bienes que el Otro exige que se consuman, para pertenecer. Esto se deriva en un estado de hiperconexión e hiperactividad que genera stress por imposibilidad de ligadura pulsional, pero también estados de frustración y desinvestidura. También fragiliza los lazos sociales, o los transforma en riesgosos: el otro devenido en enemigo potencial. Porque además, entre los objetos de consumo está lo que ofrecen los medios masivos de comunicación, que en una maquiavélica maniobra alientan el consumo a la par que difunden de modo permanente hechos de violencia que significan al otro como enemigo. También la dificultad en establecer lazos deviene por lo efímero instalado por la temporalidad y la superficialidad, ya que estos quedan afectados por la aceleración del tiempo causada por el aumento del ritmo de producción y consumo.
Diremos que todo esto trasciende en buena medida las discusiones políticas habituales, por estar en el núcleo de un modo de ser de la sociedad que no ha sido criticado ni desenmascarado. El Estado de Bienestar, los gobiernos populistas actualmente presentes en Latinoamérica, han sido y parecen ser intentos de cambiar este estado de cosas, pero lo cierto es que lo proclaman pero dejan intacto el núcleo de la problemática –tal la característica de este modo de gobierno -. La falta de una mirada verdaderamente crítica a nivel del colectivo –un colectivo avasallado por todos los factores que hemos citado -permite la persistencia de este estado de cosas. La falta de participación colectiva con real conocimiento de causa de los problemas de la sociedad, la idealización de ciertos liderazgos que impide una mirada crítica, una concepción de la política anclada en que las decisiones vienen “de arriba”, o en que quien está en el poder debe tomar en cuenta lo que el pueblo necesita y dárselo… son todas formas alejadas de la política pensada como una participación directa de los sujetos en los problemas que les incumben. Formas ligada al imaginario de la delegación y la representación.

El Otro: Hilflosigkeit
Para terminar: podemos decir entonces que el Otro es el principal factor de inseguridad, por lo tanto de desamparo. Otro que no debe confundirse con el aparato estatal: este en todo caso lleva a cabo sus dictados, lleva adelante – y en los modos de gobierno citados, de modo contradictorio y conflictivo – su significación central. Claro que el magma de significaciones que habitan al Otro es heterogéneo, y como se ha resaltado en otros textos de este número que hemos citado, ciertos modos de agrupamiento pueden oficiar de amparo y disminuir / combatir la sensación de inseguridad, y permitir que el sujeto salga de su parálisis o resignación. Haciendo la salvedad de que el agrupamiento no es sinónimo de lo bueno. Porque no debemos dejar de lado que los agrupamientos también puede estar al servicio defender los intereses de clases dominantes (como pasó en Argentina en las asambleas que se realizaban a la vera de las rutas, con participación de empresarios rurales y peones, que tuvieron lugar durante 2008 en el mentado conflicto del campo/gobierno), o estar al servicio de perseguir “terroristas”, judíos, negros, musulmanes…
Pero otros modos de agruparse– y esto es lo que aquí nos interesa y que es resaltado en los textos citados - puede permitir la apertura del cerco de las significaciones instituidas, su cuestionamiento y favorecer (a partir de una organización que las contenga en su estructura) la institución de significaciones que se oponen a las que el Otro promueve, que están centradas en el individualismo, el consumo, la felicidad, lo ilimitado: nos referimos a modos de agrupamiento que promuevan significaciones ligadas al proyecto de autonomía: las de libertad, igualdad, pasión por el saber y la justicia y la verdad. Las asambleas ambientales, las barriales, los grupos de obreros que llevan adelante la experiencia de fábricas recuperadas, las asambleas estudiantiles ocurridas hace un par de años, también la creación artística, el pensamiento crítico en diversas disciplinas (como la filosofía y psicoanálisis) pueden ser lugares de destitución de ese Otro. Deben establecer un estado de vigilancia y denuncia de lo instituido, a la par que deben promover la institución de otras formas de lazo entre los sujetos.

Yago Franco
http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num12/clinica-franco-hilflosigkeit-inseguridad.php