[...] ¿Podemos imaginar tan solo lo que es capaz de dar de sí una sociedad en la que la competencia fuera eliminada, en la que, sencilla y llanamente, cada cual pudiera dar paso a la forma definida de realización, a la cual se sienta abocado? Dejemos esta pregunta sin respuesta. Centrémonos en lo que significa en verdad esa forma alienante del humanismo competitivo.
Significa, en primer lugar, la retracción del hombre a un yoismo antinatural. El hombre es radicalmente un ser comunitario. Es el mismo un producto de la unidad biológicamente más natural que es la pareja. Tanto más es por naturaleza -o por esencia, si se prefiere la palabra- sociable cuanto más precisa en los primeros estadios de la vigencian y cuidado de los otros. Para sobrevivir es preciso inicialmente vivir literalmente en comunidad. Hoy sabemos que esta supervivencia no tiene solo un aspecto biológico. Es, en efecto, imprescindible ese cuidado primigenio para simplemente vivir. Pero lo que el hombre sea en el futuro, su propio destino está ligado intrínsecamente, directamente, a los modos que adopte su primigenio vivir comunitario. Lo radical del hombre no es la soledad, como han afirmado Heidegger y Ortega. La soledad es un resultado.
Carlos Castilla del Pino: <
