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Paz y Ciencia
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miércoles, 4 de noviembre de 2015

No repetiremos ningún verano ni invierno



... Desconfiemos de la visión autopunitiva acerca del “repetirnos”. Y, si trabajamos con pacientes, tratemos de trazar su historial de salud para poder apreciar sus progresos: el fruto de su esfuerzo, que posiblemente le esté pasando desapercibido. Honremos todos ese fruto, trabajosamente cultivado, que a veces tarda tiempo en madurar. Pero un día la vida lo toca apenas, y, delicioso, se desprende de la rama...

Escuchemos a la poeta polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel de Literatura en 1996)  desde su propia comprensión:
"Nada ocurre dos veces y no ocurrirá.
Por esta razón nacimos sin práctica y moriremos sin rutina.
Aunque fuéramos los más torpes alumnos en la escuela del mundo
no repetiríamos ningún invierno ni verano.
Ningún día se repetirá,
no hay dos noches parecidas
dos besos iguales
ni dos miradas idénticas en los ojos"

jueves, 5 de abril de 2012

Un Cuento importante

Un día, un hombre de traje oscuro se plantó delante de una casa y tocó el timbre.
Hola.  En qué puedo ayudarle? Dijo el morador de la casa al abrir la puerta.
Es usted el señor Adam Smith? Inquirió el hombre del traje.
Sí.
Enhorabuena! Tengo que darle una maravillosa noticia: nuestra empresa ha realizado un sorteo entre los habitantes de este barrio y ha sido agraciado con este magnífico coche que tiene aquí delante. Dijo el hombre con voz altisonante, apartándose para que se pudiese ver un flamante coche deportivo.
Muchas gracias. Qué alegría!
Y no solo eso. También le entregamos las llaves de la felicidad.
Fenomenal, dijo el hombre.
Y pars terminar, le hago entrega de este maletín con un millón de euros. Firme aquí y será suyo.
Smith firmò el recibo, dio las gracias una vez más  y cerró la puerta tras de sí contento por lo recibido. Al día siguiente, sonó otra vez su timbre. Era, de nuevo, el hombre de traje oscuro:
Señor Smith. No sé cómo decirle esto. Hemos cometido un gravísimo error. Todos estos premios son de otro vecino.
Y Adam, que debía ser un avanzado practicante budista, dijo:
Ningún problema, y con la misma sonrisa serena y alegre del día anterior devolvió todo a su interlocutor.

miércoles, 4 de abril de 2012

El Origen de las Emociones




Las personas solemos tener la impresión de que los hechos externos impacta sobre nuestras vidas produciendo emociones: rabia o satisfacción, alegría o tristeza... Existiría, según esta idea, una asociación directa entre suceso y emoción. Por ejemplo, si mi esposa me abandona, me sentiré triste. Si alguien me insulta, me sentiré ofendido. Tenemos la percepción de que hay una relación lineal (de causa-efecto) entre hechos y emociones que podría seguir el siguiente esquema:
Hechos Externos:un abandono, la amenaza de despido de mi jefe, el insulto de mi vecino. Produce: Efectos Emocionales como Depresión, ansiedad o ira.
Pues bien, la psicología cognitiva, nuestro método de transformación personal, nos dice que esto no es así. Entre los hechos externos y los efectos emocionales existe una instancia intermedia: los pensamientos. Si yo me deprimo ante el abandono de mi
no es por el hecho en sí: es porque yo me estoy diciendo a mí mismo algo así como: "Dios mío, estoy solo, es horrible, voy a ser un desgraciado!", y estas ideas producen en mí la emoción correspondiente, en este caso, miedo, desesperación y depresión.
Son las ideas, la interpretación del abandono, mi diálogo interno, lo que me deprimen, no el hecho de que mi mujer se haya marchado. De hecho, habrá personas que, frente al abandono de su esposa, ¡celebren una fiesta!
Por consiguiente, el esquema de nuestro funcionamiento mental sería:
Hechos externos: un abandono, la amenaza de despido de mi jefe, el insulto de mi vecino. Esto produce Pensamientos Negativos y a su vez desencadena en Efectos Emcionales como depresión, ansieda o ira.
Esto es exactamente lo que decía Epicteto en su aforismo: "No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que decimos acerca de lo que nos sucede".
Todos tenemos la impresión de que los hechos producen -de forma automática- las emociones, y este error es el principal enemigo del crecimiento personal. Por ejemplo, muchas veces decimos frases del estilo: "Pepe me pone de los nervios", y aquí ya estamos cometiendo el error del que hablamos. Pepe no me pone de los nervios, ¡soy yo quien se pone de los nervios!
Si analizamos detenidamente nuestro proceso mental, veremos que Pepe lleva a cabo determinadas acciones (se supone que inconvenientes) y yo me estoy diciendo a mí mismo ideas del estilo: "¡Esto es intolerable! ¡No lo puedo soportar!".
Son estas ideas las que tienen el poder de irritarme, no las acciones de Pepe, que, por lo que respecta a las emociones, son neutras. De hecho, no todo el mundo reacciona de la misma forma ante Pepe: a algunos les irrita más que a otros. Hay a quien incluso no le produce ningún malestar. Y todo depende del diálogo interno de cada cual. Es el diálogo interior el verdadero productor -a veces oculto- de las emociones.

Rafael Santandreu: "El Arte de no Amargarse la Vida". Oniro. El árbol de la vida. 2012. Barcelona. pp. 21-25.

Este autor ejerce como psicólogo en su consulta de Barcelona. Tras una etapa como profesor en la Universidad Ramon Llull, en la década de 2000 tuvo la oportunidad de estudiar y trabajar con Giorgio Nardone en su Centro di Terapia Strategica de Arezzo, Italia. En la actualidad, dedica buena parte de su tiempo a la formación de médicos y psicólogos, y a la divulgación a través de medios de comunicación como la revista Mente Sana, de la que ha sido redactor jefe.
Giorgio Nardone, a su vez, se formó con Paul Watzlawick, el autor de "El arte de amargarse la vida". En ese libro, con una sutil e inteligente ironía expone los mecanismos de proyección y procesos cognitivos que se producen en la persona para llegar a sentirse mal. Se trata de una escuela interesante. Por mi parte, decir que atribuir todo a la cognición me parece una falacia, algo incompleto. Somos seres tremendamente irracionales, llevados por impulsos irrefrenables, la afectividad es un componente vital en el psiquismo y en el tratamiento. No obstante, creo que hay que conocer todos los puntos de vista Y leer de vez en cuando este tipo de libros, porque de todo se aprende. Y cuanto mayor y más amplio sea el bagaje del profesional mejor para sus pacientes. Afecto y Cognición, como Fantasías, vínculos y biografía, son pilares para entender el psiquismo. Extraer una pieza es perder la totalidad de la comprensión de los fenómenos de la psique.
Rodrigo Córdoba Sanz.

Sobre Epicteto

"No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede" Epicteto.

Epìcteto, el proteganonista de la historia que vais a leer a continuación, vivió entre los 55 y 135 de nuestra era. Fue esclavo durante toda su niñez y obtuvo su libertad gracias a sus prodigiosas dotes para la filosofía. De hecho, se convertiría en uno de los intelectuales más prestigiosos de su momento, con una fama muy superior a Platón, tanto entre romanos como griegos.
Posteriormente, la historia también le ha hecho justicia y, hoy en día, es considerado uno de los grandes filósofos de todos ls tiempos. Sus ideas han dejado huella en muchas de las corrientes de pensamiento que conocemos en la actualidad, incluido el cristianismo. Epicteto nos dejó escritos, pero sus discípulos recogieron sus palabras, que hoy podemos encontrar en dos libros, el Enchyridon y los Discursos.

Aquí va la LEYENDA:

El joven Epícteto acarreaba varios bultos esquivando a los transeúntes que se cruzaban sin cesar por la Vía Magna de Roma, la principal calle comercial de la ciudad. Delante de él, su amo Epafrodito aceleraba el paso, indiferente a las dificultades que su tenía para seguirle cargado como iba.
Epafrodito estimaba a Epícteto, su joven sirviente, sobre todo por su increíble inteligencia. En cuanto se tropezó con él siendo sólo un niño en su ciudad natal, Hierápolis, en Turquía, se dio cuenta de que era un superdotado y quiso tenerlo entre sus esclavos. Ese mocoso de apenas 4 años de edad leía y escribía en griego y latín y ¡nadie le había enseñado! Había aprendido solo a base de leer rótulos en las tiendas y en los templos.
Años después, ambos se trasladarían al centro del mundo, a Roma, la capital del Imperio, donde Epafrodito empezaría a medrar como comer. Leciante de artículos de lujo.
Aquella mañana, amo y sirviente se dirigían a la villa de Amalia Rulfa, una viuda millonaria que habitaba cerca del Foro. Le llevaban unas muestras de ricos perfumes de Persia y telas de Oriente. Con tanto paquete, Epícteto apenas alcanzaba a ver dónde andaba y, en ese momento, se cruzaron dos chiquillos a la carrera. Uno de ellos se abalanzó sobre él, le hizo perder el equilibrio y cayó al suelo. Como en cámara lenta, Epícteto vio cómo el frasco del perfume más caro saltaba por los aires y describía una corta parábola para aterrizar encima de los adoquines: "crash", cristales rotos y salpicaduras de perfume sobre sus ropas.
El tiempo se detuvo unos instantes. De repente, un ruido seco y un escozor tremendo en su muslo izquierdo le devolvieron a la realidad. ¡Su amo Epafrodito le estaba golpeando con su duro bastón de roble!
- ¡Toma, bandido, así aprenderás a ser cuidadoso! -le gritaba lleno de cólera mientras le pegaba una y otra vez en la misma pierna. Epafrodito estimaba sincieramente a su sirviente- de hecho, le pagaba una cara educación en una academia de filosofía-, pero tenía un legendario carácter irascible e impulsivo. De hecho, el joven Epícteto, como mano derecha, le servía de freno en la mayor parte de sus discusiones con proveedores y clientes, pero cuando su ira se descargaba sobre él, ya no tenía quien le protegiera. De todas formas, en la antigua Roma, no era noticia que un amo golpease sádicamente a su esclavo. Simplemente, era de su propiedad.
Sin embargo, aquella mañana sí se formó un corro en torno a los dos hombres, pero por una razón completamente inusual. Para asombro de todos los que contemplaban la escena, el joven sirviente no abría la boca para quejarse ni expresar ningún dolor. Simplemente, miraba a su amo con aire de indiferencia, cosa que aún enfurecía más a su señor.
- ¿No te duele, insolente? ¡Pues ahí tienes doble ración! -gritó el comerciante pegándole tan fuerte que ya estaba sudando a mares.
Epícteto seguía sin inmutarse hasta que finalmente abrió la boca para decir:
- Cuidado, señor, que si seguís así, vais a romper vuestro bastón.