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miércoles, 7 de abril de 2021

Carlos Castilla del Pino: un psiquiatra en la RAE

 


Antes de que las universidades se convirtieran en un lugar de lectura de manuales y libros propios, es decir, de síntesis de ideas ajenas y de redundancia de las propias, se trataba de hacer llegar a los alumnos lo último que el conocimiento activo lanzaba a la discusión. Para mí, Carlos Castilla del Pino está vinculado con La incomunicación, una obra que tuvo repercusión en un momento en que se analizaban los mecanismos comunicativos sin que se hubiera acuñado la expresión “Sociedad de la información”. La leía como alumno de primer curso cuando apenas lleva algún tiempo en la calle y se debatía en las clases. ¡Felices tiempos aquellos en que leíamos tinta fresca!
La preocupación por la comunicación y la incomunicación era —mirando hacia atrás— una constante de la época, algo que podía percibir directamente en la época. Lo encontrabas, por ejemplo, en el cine de un Antonioni o de un Bergman, cuando diseccionaban las relaciones humanas, las relaciones en la pareja o en el conjunto familiar. Las palabras “comunicación”, “diálogo” o “incomunicación” salían a la superficie de cualquier tema propuesto. Con McLuhan o sin él. Y era lógico. Los conflictos generacionales que se acaban de producir en los sesenta en Estados Unidos y Europa, con una Francia con el Mayo del 68 todavía caliente; con la revolución sexual, que transformó las relaciones de pareja y la progresiva implantación del divorcio, obligaban a todos a poner los problemas enquistados, silenciados, encima de la mesas. Todo era problema de comunicación: los padres debían hablar con los hijos, las parejas entre sí, y los patronos con los obreros. La mitad de los sesenta y los setenta eran un movimiento permanente de comunicación: había que comunicarse con la palabra, el tacto, el gesto… ¡Hablen, tóquense, acaríciense, dialoguen…! Si todo era un problema de comunicación, de mecanismos represores y distorsionadores, de silencios y miedos…, el enemigo era la “incomunicación” y todo lo que tuviera que ver con ella. La mentira pasaba a ser el gran enemigo; el silencio, la gran barrera. La libertad estaba en una sociedad dialogante donde la liberación de la palabra haría volar por los aires gran parte de los problemas existentes. De ahí se pasó a comprobar que de la "comunicación" a la "información", iba un mundo.

De esa base surgieron gran parte de los estudios aplicados a la comunicación. Tuvimos ocasión de traer aquí el libro de Eva Illouz, Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo [ver entrada], en el que se daba cuenta precisamente de cómo el discurso de la psiquiatría americana se había aliado con el industrial al trasladar la idea terapéutica del diálogo a estructuras laborales como garantía del éxito de las organizaciones. Familias y empresas se debían construir sobre el diálogo, nos decía Illouz, para garantizar la fluidez de las relaciones internas, su buen estado de salud. El éxito de aquella obra de Castilla del Pino, con 13 ediciones ya, llegó en el momento justo; se preocupó de lo que preocupaba.
Carlos Castilla del Pino, fallecido en 2009, fue neurólogo y psiquiatra, profesor y profesional en duro ejercicio; también fue, desde 2003, miembro de Real Academia de la Lengua.
Los reencuentros con su obra han sido en los últimos años más frecuentes. No hace mucho, pude traerme de la Córdoba argentina una primera edición, en perfecto estado, de la Introducción a la hermenéutica del lenguaje (1972), encontrada en un ilustrado “almacén de libros” que los prometía para todos los bolsillos. También, recientemente, la primera de las obras póstumas aparecidas, Conductas y actitudes (2009), que el autor no pudo acabar de revisar por su fallecimiento. En esta obra señala lo que fue una de las orientaciones de su indagar:

Se puede decir que el sujeto, el ser humano en tanto que sujeto social, oscila entre la mutabilidad a que le obligan los procesos adaptativos al medio social que le rodea, y el equilibrio en la interioridad de sí mismo. La adaptación exige al sujeto versatilidad; para sí mismo el sujeto requiere estabilidad: adaptacionismo frente a fixismo, tener que ser-como frente a querer ser-quien.
La preeminencia de las actitudes entraña la sustitución de la mirada psicológica (y psicopatológica) por la antropológica en el sentido kantiano de este vocablo, representado hace años por Cassirer, y antes por Simmel, Max Weber; Richter, Dilthey e incluso Jaspers. La consideración antropológica supone partir del hombre como actor (para no usar el vocablo persona sino el de personaje que hay que componer en toda interacción social) (9)*


Del fragmento se desprende con claridad la idea de Castilla del Pino del ser humano, un “actor” sobre el escenario de la vida, con un papel escrito a medias por lo externo, que le dicta lo que puede decir, y su propia capacidad creativa que le apunta lo que quiere decir. El desequilibrio entre imposición y deseo es lo que provoca los conflictos, en un sentido, pero también da lugar a las distorsiones que el sujeto puede tener al construir su personaje, como ocurre con la impostura o el delirio, movimientos opuestos, tal como señala Castilla, en los que el sujeto se construye un personaje falso (impostura) o se cree su propio personaje falso (delirio).
Los lenguajes pasan a ser esenciales porque son la base del actor, su variedad y riqueza. Solo a través de la conversión en significante de todo somos capaces de mentir o de creernos nuestras mentiras. Tanto hacia los otros como hacia nosotros mismos, necesitamos lenguajes, gramáticas sobre las que articular nuestros propios signos en un discurso al que acabamos llamando “identidad”. De ahí ese enfoque antropológico que Castilla del Pino reclamaba para la mirada psicológica, que pasa a ser la de un espectador de las conductas en el escenario de la vida. La influencia de la fenomenología y la hermenéutica alemanas, sus influencias formativas, pasan a primer término y el universo humano pasa a ser simbólico y, por tanto, comunicativo y descifrable en sus signos, signos que intuitivamente comprendemos, pero que hemos de explicitar en sus códigos y gramáticas.
Nos llega ahora una obra de otra índole, Aflorismos**, una colección de pensamientos creada por el autor en los últimos años de su vida. No es una recopilación, sino un proyecto sistemático de construir una obra de esta forma breve, concisa:

Afloramiento. M. Efecto de aflorar.
Aflorar. 3. Dicho de algo oculto, olvidado o en gestación: Surgir, aparecer. (DRAE 2001)
Aflorismo. Algo que se me ocurrió, surgió o me apareció de manera más o menos inesperada.
Aflorismos. Pl. Colección de aflorismos.
Y como afloraron —en cualquier lugar, en cualquier momento—, los llamé, al comienzo del siglo en que estamos, aflorismo. No es disculpa; es mera información.
El aforismo concluye. El aflorismo comienza; no acaba donde concluye.** (15)

La sutileza de distinguir entre lo que “acaba” y lo que “comienza” no afecta al género literario, sino más bien al ánimo del que en él se expresa. La obra la constituyen 844 pensamientos, los “aflorismos”, oscilantes entre la frase de pocas palabras y el párrafo de cinco líneas.
Lejos de ser una manifestación del científico, Castilla del Pino trató de expresar las reflexiones suscitadas al hilo de la vida, aunque desconozcamos el motivo concreto que provocó el “afloramiento” de la idea, porque toda manifestación es respuesta ante lo que la vida nos propone. Lo que es experiencia aflora como formulación verbal, convertida en lenguaje, proceso en el que el sujeto se dice.
Los 844 pensamientos, en su variedad, se concentran en unos temas recurrentes que son fácilmente perceptibles como preocupaciones: “otro/s”, “escritura”, “mal”, “realidad”, “soledad”, “muerte”, “éxito”, “vida” y “Dios”.
No debe resultar chocante que aquí se concentren muchos de los temas que surgieron a lo largo de su vida profesional y de escritor. Por la visión que hemos expuesto anteriormente de sus planteamientos, la recurrencia del tema del otro y de la soledad son dos ejes importantes. El “otro” es, simultáneamente, oportunidad y trampa, fuente de satisfacción, pero también posibilidad de manipulación o anulación. Señala:

[239] La relación interpersonal: una amenaza. La menor de ellas, la posibilidad de ser engañado, de que quien está con nosotros se haga pasar por quien, con su conducta nos dice que es. (68)**

En esta idea se resume mucho de su teoría sobre el ser humano, sobre el drama comunicativo en que vivimos permanentemente. La incertidumbre es el estado natural del conocimiento y solo el necio vive en la certeza. De ahí que señale Castilla del Pino que será el delirante el único creyente convencido de sí mismo ya que se cree su propio personaje. Pero también señalará que esa amenaza constante, ese riesgo, es también necesario para el propio desarrollo. La teoría actoral supone que si no existen esos otros, convertidos en público, no existe motivación para el desarrollo de la personalidad. ¿Qué sentido tiene actuar, aún escribir la obra, si no hay un público presente capaz de dirigirnos con sus miradas? Así, escribirá:

[389] No soy; me hacen. Somos imaginados por los demás. (95)**

M. Atonioni: La notte (1961)
No es que seamos seres imaginarios, sino que acabamos actuando como los demás esperan de nosotros, es decir, tal como nos han imaginado. La profundidad de esa idea llega hasta los cimientos de la configuración social y de los sistemas de simbolización. Es la misma idea que recogimos de su obra anterior, esa necesidad adaptativa a los mecanismos sociales que son instrumentos de configuración del sujeto. Se ve también en estos planteamientos las líneas que llegan Castilla del Pino desde la filosofía fenomenológica e incluso, la cuestión sartriana de la mirada de los otros.
La soledad, otro de los temas recurrentes, se plantea como modo en el que se pueda vivir en un equilibrio en el que no se produzca la merma del sujeto ni su represión. Hay una soledad del que sabe vivir solo, de forma enriquecedora, y una soledad destructiva, anuladora, aburrida. La comunicación sigue siendo el camino natural de los sujetos, su necesidad social. Comprender al otro sigue siendo el gran reto:

[397] Comprender a alguien no es ponerse en su lugar (no es posible ni siquiera en sentido figurado). Es descubrir las reglas que le hicieron comportarse de ese modo. (96)**

Pero lejos de un sujeto nítido frente a los otros opacos, como ha sido habitual en la reflexión racionalista, que parte de la sinceridad, el ser humano es fabricante de muros y barreras, de distorsiones en las que el deseo se enmascara bajo las racionalizaciones
.
[329] El hombre es un enigma. ¿Y cómo no va a serlo, si, además de ocultar sus intenciones ante los otros, a veces hasta se las oculta a sí mismo? (84)**

I. Bergman: Cara a cara al desnudo ()
En la obra se ven las reflexiones que acompañan a la certidumbre de una vida que se agota. La trivialidad del éxito, la importancia de afrontar la muerte con serenidad, la mirada retrospectiva que busca los legados y las propuestas sintéticas sobre qué sentido y qué significa un vivir justificado en sus propias metas o ideales. Castilla del Pino escribe:

[536] El ideal en la vida sería éste: que todo lo que uno haga se pueda decir que es limpio. ¿Cómo sería el mundo si todos actuáramos limpiamente? (122)**

Sin embargo, casi todo se opone a esa limpieza. Por eso el deseo de mantenerla como ideal es importante. Casi nunca las cosas son del todo o nada.
El papel de la escritura —de todo arte—como supervivencia es otro de los temas recurrentes. La novela aparece muchas veces como una forma de aprendizaje paralelo respecto a la propia vida, con un valor añadido: la obra puede tener un sentido, la vida es devenir. El sentido se lo damos con nuestra mirada interpretante:

[96] En la autobiografía, la escritura es instrumento, no fin. En la poesía, la escritura es fin. Entre ambas se sitúa la novela, (40)**

Su formación científica y analítica —también fue autor de una novela— le lleva a valorar, como Zola, el fondo sobre la forma. Lo importante es lo que se dice y que se diga claramente. Lo otro es el estilo, pero no la sustancia. Le interesa dejar ideas antes que estilos. La escritura está al servicio del decir y el decir del comunicar.
Concluyamos con su forma de deseo de que sea la escritura la que mantenga vivo al que desaparece, una de sus ideas constantes, la de que se vive a través de la memoria de los otros, de su recuerdo. Desaparecemos verdaderamente, nos dice en varias ocasiones, cuando se mueren los que nos conocieron, cuando ya en nadie queda nuestro recuerdo vivo.

[768] Un libro: no hay mejor lápida que una portada con nuestro propio nombre. (166)**

Para los que quieran mantener vivo ese recuerdo y reflexionar sobre lo que él mismo reflexionó, Aflorismos es una buena oportunidad de conocer a Carlos Castilla del Pino, más allá de su escritura profesional o memorialística. Una obra para una lectura detallada y reflexiva, de degustación de los pensamientos y sus derivas. Como el mismo señaló, son solo un inicio.

*Carlos Castilla del Pino (2009). Conductas y actitudes. Tusquets, Barcelona.

** Carlos Castilla del Pino (2011). Aflorismos. Pensamientos póstumos. Tusquets, Barcelona. 189 pp. ISBN: 978-84-8383-351-3.



jueves, 16 de mayo de 2019

Pinceladas sobre la relación objetal

En la relación objetal el objeto es subjetivizado. Esto es debido al hecho de que la relación con él ha supuesto un tipo de proyección sobre el objeto, el cual es aprehendido como parte integrante del yo. Por eso el objeto es "mío", que es tanto como colocarlo ilusoriamente por el yo de cada cual. El objeto -obvio es decirlo- puede ser persona, animal o cosa. También, por supuesto, el objeto, cualquiera que sea, puede ser querido u odiado. No sólo es mío lo que amo, sino lo que odio; es decir, lo que acepto o lo que rechazo. Las relaciones objetales muestran la transferencia afectiva del sujeto hacia el objeto, la cual puede tener una forma de valencia. Para los partidarios de la tesis de la libido, esta relación objetal se explica de la manera siguiente: parte de la libido del sujeto se fija en los objetos y los hace suyos. Por eso se les quiere (o se les odia, se les rechaza, por cuanto éstos han sido antes objetos amados que ahora quisiera uno expulsar fuera de sí de la forma más eficaz, que es destruyéndolos).

jueves, 29 de noviembre de 2018

Cosificación

En la medida en que la alienación hace al hombre distinto a como quisiera ser, y en la medida en que el hacer del hombre es impuesto, y, por tanto, impuesto por otro, este hombre alienado se constituye en objeto, mera cosa para ese otro que le impone la alienación, esto es, para su explotador. La cosificación implica la referencia a una situación fáctica, a una situación resultante de una alienación de la cual no se es consciente; una alienación que no se sabe a sí misma como tal y que, por tanto, se autolimita y se contrae a sí misma, incapaz ya de plantearse la posibilidad de su propia liberación.
:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
:: Tfno. Citaciones: 653 379 269
:: Zaragoza. C/ Lacarra de Miguel 27. 2C (Antes General Sueiro)

lunes, 31 de octubre de 2016

Castilla del Pino. Teoría del Personaje



Vivimos en una época en la que lo característico es el de desflecamiento de nuestra identidad, y quien logra un perfil nítido y aparece dotado del carisma del personaje debe estar preparado ante el hecho de la imposibilidad de mantenerlo durante toda su vida. 

Se ha dicho que nuestra época se caracteriza por esta forma específica de retraimiento que ha sido denominada con el anglicismo privacidad. Esto es cierto desde que Tocqueville, se correlaciona la privacidad con el estado democrático. Entre nosotros, que casi por primera vez estrenamos en la "democracia", se ha tenido ocasión de detectar este fenómeno, muy distinto de la inhibición que acaecía en muchos ciudadanos durante el antiguo régimen. Una cosa es la privacidad y otra la inhibición, esa forma activa del no decir, no actuar, incluso no saber, lo cual, como es fácil descubrir, entraña un no querer hablar, no querer actuar, no querer saber. 

Hoy están prohibidos muchos, de los que entonces estaban inhibida, y a la inversa: muchos de los inhibidos, de entonces se hubieran apresurado a ocupar un espacio público.
Son, en mayor o menor medida, hombres públicos, algunos de el, no todos ni mucho menos, personajes.

Se trata ahora de sujetos que, en razón de su hacer, del contexto en que actúan, de la tolerancia de los demás, por un suerte de enigma, adoptan para con ellos, perfilan su identidad hasta el extremo de elevarse del más o menos ambiguo nivel en que se sitúa la identidad de los demás, y adquieren categoría de personaje. 

No son como los demás: son personajes. Y además lo son por su cargo. Por su función institucionalizada, como es el caso de lo llamado hombre público, sino, por así decirlo, por propio "mérito".

Se incluyen aquí, en primer lugar, sujetos bien diferenciados por actuaciones sorprendentes, incluso extravagantes, para los cuales parece regir una aceptación peculiar -son "las cosas de... ", se dice de las actuaciones de ellos, y se las tolera-,  y también, y en segundo lugar,  aquellos otros que, mediante una suerte de hipertrofia de un rasgo de su identidad, suficientemente proyectado, acaban constituidos en paradigma y símbolo ante un grupo social más o menos amplio, mediante la sustantivación de este rasgo adjetivo.

Es característico del personaje el que, una vez consumado el proceso que lo categoriza así, su rol, su función social se oscurece. La personajeidad, si me es posible expresarme así, desaloja a cualquiera de las otras funciones o roles, por importantes que en principio pudieran ser.
Todo personaje requiere su público y su "espacio", un espacio virtual, en el que constituye "su público", su contexto. Se puede hablar del hábitat del personaje, de cada personaje, por ejemplo Salvador Dalí. 

El personaje puede hacerse: el hombre público, o el que ha de serlo, o puede llegar a serlo, como un político. Necesita dotarse de asesores, es lo que Max Weber llamaba carisma.
Se trata, en pocas palabras, de la invención por excelencia, de la invención de virtudes, de manera que noten pregnancia a personas para la elevación a rango de personaje. Es lo que ellos llaman carismatización massmediática

Lo que he denominado persojeneidad, esa hiperidentidad que categoriza al personaje, parece poder situarle en un halo indecible -el carisma- y, que, sin embargo, le define.
Hay también la posibilidad de una consideración antropológicacultural del personaje, puesto que éste es una institución  o,  mejor dicho, un elemento de una institución, a la que contribuye a fijar y perfilar. 

El personaje literario no tendría que ser, naturalmente, y por necesidad, un personaje en la acepción sociológica  o psicosociológica que ahora utilizamos, pero el autor precisa dotarlo de una identidad  que lo destaque, de manera que hasta los personajes más intencionadamente anodinos, en tanto que "vulgares", esto es, no relevantes en el ámbito social que se describe en el texto de ficción, adquieren categoría de personajes. 

Alonso Quijano, un pobre hidalgo manchego que sólo adquiere su categoría de personaje por obra y gracia de Miguel de Cervantes.
El dramaturgo, en tanto que dioses omniscientes y todopoderosos, sabedores e inventores de criaturas, sus personajes son, además, personajes porque, al saber de su identidad, la describen en su singularidad dramática
. Por eso, por lo que tiene de descubrimiento de lo que cada persona, en su vulgaridad empírica, tiene de personaje, el novelista nos lo ofrece como tal y, en consecuencia, puede quedar como personaje, el novelista nos lo ofrece como tal y, en consecuencia  puede quedar como personaje, al lado de los personajes históricos. 

A diferencia del personaje real, que vive en una constante confirmación de su identidad por fuera de sí mismo, quien se cree personaje ha de inventárselo y, en consecuencia, su confirmación sólo le puede venir desde dentro de sí mismo. 

Tras advertir que todo personaje precisa precisa de su escenario, de su público, que lo re-crea al tiempo que el propio personaje personaje precisa de un escenario.
No hay, no puede haber un yo al margen de lo que los demás consideran mi yo, porque ese yo, como pensado, sólo imaginado se vacía, como un ensueño, como un yo soñado.
Esto es lo que le ha de ocurrir al delirante, que vive su identidad fantaseada, al margen de los demás, sin esperar que los demás confirmen o no confirmen. Como Alonso Quijano se cree Don Quijote, y cuando se la inventa es ya psicótico. 

La identidad postmoderna, postilustrada, pienso, no está exenta de perplejidad y, por eso, cabe preguntarse quién se es, en tanto en cuanto nuestras actuaciones, nuestros haceres, se proyectan en tantos ámbitos tan dispares que, en una consideración metadiscursiva, hacemos A y lo opuesto a A. Y si es difícil sabernos, difícil es que los demás sepan quienes somos.



Carlos Castilla del Pino: "Teoría del Personaje"

jueves, 15 de septiembre de 2016

Maduración Emocional



La regulación anómica no está en función del otro, porque la perspectiva egocentrada impide ver el punto de vista del otro, lo que supone una incapacidad para la empatía, pero, al mismo tiempo, permite el acceso directo al mundo interior genuino: qué me gusta, qué siento, qué deseo...
Castilla del Pino nos habla en estos términos:
"Se entra en una etapa coactiva en la que todo hacer del niño tiende a ser controlado. La etapa coactiva está caracterizada por la conversión de la dependencia oral en otro tipo de dependencia, que ya ha de obtenerse por la sumisión. Lo que se controla no es solo lo que se hace, sino el modo cómo se hace. En una palabra, se le induce la normatividad".

martes, 6 de septiembre de 2016

Vieja y Nueva Psiquiatría

El sino desde la psiquiatría parte de la taxonomía de Kraepelin. Parecía un fenómeno solidificado. No recibía sin más la psiquiatría por "antonomasia".
La verdad es que han ido proliferando distintas psiquiatrías. Estas orientaciones de carácter escolástico ha sido revelador del grave estacionamiento de la psiquiatría.
Las distintas psiquiatrías proceden de diversas psicologías e incluso de distintas tradiciones filosóficas, a menudo acompañado en las Instituciones públicas del uso biologicista como rama del "saber" científico. En consecuencia, cada una de las diversas tendencias de la investigación han dado una explicación autosuficiente de la totalidad de los hechos patológicos.
Rodrigo Córdoba. Presento el texto "Vieja y Nueva psiquiatría".

domingo, 21 de agosto de 2016

"Dudosas formas de expresión"

En una primera aproximación, puede asegurarse que en el encuentro entre dos personas la comunicación se verifica a modo de esferas tangentes, que contacta cada una respecto de la otra periferia del Yo de cada cual. Lo que se da y se recibe. Lo que se da y recibe son dudosas forma a de expresión del Yo de cada uno.
Esta calificación, "dudosas formas de expresión", responde al hecho de que en cualquier caso -a nivel sociológico- la comunicación interpersonal tiende a ser de meros Yo artificios, de personas "sociales", esto es, sujetos que representan su papel en las relaciones "sociales. El Yo se obliga a modificar merced a las exigencias impuestas por la estructura del medio (...) El Yo social, que se denomina así mismo "La sociedad" (como en "ecos"de "sociedad" y expresiones afines)

Carlos Castilla del Pino: "La Incomunicación" Córdoba, 1969. Pág: 13

Fracaso de la Pareja

Si la relación surgida en la pareja deviene en fracaso, es obvio que la limitación de libertad se vive netamente como represiva, y precisamente respecto de la posibilidad de una nueva nueva opción de búsqueda de otra situación afectiva. Pero esta  inhibición es sobremanera frustrante: en la pareja no se encuentra ya satisfacción a las necesidades afectivoeróticas. Más al subsistir la pareja, se impide que está satisfacción se busque por fuera de ella misma.
En la pareja no se obtiene y la pareja impide: éste es el resultado.
Ahora bien, cabría preguntarse si es factible hoy una relación hombre-mujer que no se base sobre el sentido de apropiación recíproco de ambos.
(...) La superación de un prejuicio ha de ser verbal, intelectual (racional) y emocional, para que sea efectivamente una superación (real) y no una seudosuperación.

La Incomunicación

Si la comunicación entraña hoy un grave problema para el hombre inmerso en la sociedad, lo que ante nosotros aparece con carácter fáctico es la incomunicación. ¿Cómo es posible que, existiendo en cada cual la posibilidad de una comunicación real, ésta, no obstante, se aborte en cualquier caso y se inhiba hasta dejar  al hombre relativamente aislado y sólo superficialmente comunicable?
Si existe el fracaso de la comunicación con carácter y categoría de hecho social es obvio que el análisis de la incomunicación sólo puede efectuarse a partir de la consideración sociológica.
Carlos Castilla del Pino: "La incomunicación"
Carlos Castilla del Pino escribía en Córdoba en 1969. Desde entonces, su tesis se ha ido reforzando más y más. La nomofobia, el miedo a no estar, o no poder conectarse al teléfono móvil, los chats, las aplicaciones para todo, destaco aquellas en las que se establece un radio con GPS para tener un contacto, generalmente sexual.
El Whatsapp, que no sólo ha dejado a las cartas en otro plano, hace mucho tiempo, sino al email y a una llamada de voz.
Las redes sociales favorecen el extrañamiento de sí, esto es, una vida "disociada", una doble vida.
Por otro lado, también es interesante pensar en lo egoico de este problema. La egolatría es el narcisismo llegado a su máxima extensión. Es la necesidad de ser el que "más amigos tiene", al que le hacen más retweets. Es decir, una escalada hacia el éxito social.
No es extraño, saber que un@ adolescente esté en todas las redes sociales, y son incontables. Si se aburren, pueden cazar un Pokemon.
Si Castilla del Pino viviera, es seguro que dedicaría un texto, tal vez, escandalizado, como yo, a esta situación en la que, en lugar de personas hay personajes y donde no hay intimidad.
Rodrigo Cordoba Sanz
Psicólogo A-1324

Matrimonio. Expresión del error

(...). También se vive el noviazgo en el matrimonio. También el noviazgo es institución. Por tanto, la pareja internaliza las normas de la Institución, las normas de la cultura.
Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo.

El noviazgo es, pues, una formalización social también falseada, más represiva, por cuanto se supedita al objetivo final.
Se dirimen celos, prejuicios de toda índole; se aparece cortés y generoso, inmensamente dotado para la donación; con enorme capacidad para la privación de cualquier otra instancia de comunicación con los demás -por ejemplo, renuncia a la amistad-.
Carlos Castilla del Pino: Psiquiatra

Posesión recíproca de la pareja

La propiedad absoluta sobre el otro, noviazgo, como matrimonio, ha hecho posible que cada cual plantee la vida de la pareja como una propiedad absoluta sobre el otro.
La existencia de un instinto de propiedad me parece insostenible, en primer lugar porque se trata de algo excesivamente  estructurado como para conferirle el carácter de un radical instintivo. En segundo lugar, porque el concepto mismo mismo de instinto está sujeto a numerosas revisiones y críticas. Mientras tanto, parece plausible adscribirse al sentido de propiedad sobre el otro, que compone el partenaire, el carácter de algo aprendido.
"Mi hombre", "Mi mujer", dejan claro un sentimiento de propiedad.
El nosotros es, simplemente, un "mío plural", de manera que apenas si se proyecta por fuera del propio grupo, de esos que son "los míos". Este "nosotros", de escasa relevancia colectiva, es muy característico de las culturas de clases, castas, grupos sociales, etc. En casos tales, los otros que me importan no son los demás, sino "mis otros". (...)
Ahora bien, de que el niño emerja con su narcisismo primario, en forma de instinto de conservación, no se tiene por qué concluir que el sentido de propiedad que luego manifiesta sea una derivación obligada de aquél.
Cuando este sentido de la propiedad se proyecta sobre personas cosifican a éstas, hacen de la relación interpersonal, una relación reificada, bajo la cual puede más el sentido posesivo sobre el otro que el de la donación o el de la mera constitución como persona.

sábado, 20 de agosto de 2016

Entrevista a la Pareja

El fracaso del matrimonio se vive como un fracaso íntimo. Se hace de este problema personal e íntimo.
Se habla de él con reserva. Nadie sabe mejor que el psicoterapeuta, desde su posición neutral, cómo transcurre el proceso.
Aún hoy, se hace preciso desmontar la serie de racionalizaciones que a este propósito se crea, hacer ver la contradicción entre lo enunciado y las constataciones ulteriores de hechos concretos, para conseguir, a duras penas, el reconocimiento del mismo. Sin duda, el pudor ante esta afirmación juega en la resistencia a reconocer la equivocación sufrida. Pero cuenta mucho más, según pienso, la necesidad (social) de mantener las formas, para, sin darse claramente conciencia de ello, persistir en la conformidad como un mal irremediable -y dejar tácitamente que los que vengan cometan el mismo error.

Crisis interna de la pareja

Schopenhauer decía que el amor del adolescente tenía el significado de la búsqueda subconsciente del genio de la especie. El ansia de amar del adolescente es, efectivamente, el primer ensayo de búsqueda de objeto por fuera de un contexto limitado, y con caracteres ya de precoz madurez.

Se sabe, en efecto, que las bases de la pareja se fundamentan en bases falsas, cuando ha sido capaz de separar el fracaso -un fracaso oculto muchas veces, exteriorizable otras- en una mayoría de los casos. Observaciones superficiales apoyan esta afirmación. Cualquier observador medianamente objetivo puede constatar este hecho: el contraste de la pareja antes y después del matrimonio, así como después del nacimiento de hijo(s).
Hasta el momento, el matrimonio se mantenía hasta ahora, por la conformidad al orden establecido que la perpetuación de la relación de pareja lleva consigo, no importa a qué precio.
La convivencia forzada conlleva un tremendo dispendio energético, que fuerza a casa cual a la adopción de formas aberrantes, psicológicamente, psicológicamente improductivas. Sólo en nuestros días se ha llamado la atención sobre, lo que llama Castilla del Pino: destrucción: el fracaso íntimo de la relación interpersonal que se suscita en ese microgrupo que es la pareja, si se considera insubsanable por respeto o temor a la norma social, priva a cada uno de la gratificación más íntimo en el aspecto eroticoafectivo.
Existe -a través de la coacción social que externa e internamente se le impone- por fuera de la institución.
La consecuencia de ello es el hastío, el aburrimiento más profundo, la resignación en cualquiera de sus formas (...)
Esta situación alienante de manera de diferente forma, siempre y cuando lo jurídico facilite lo que voy a decir a continuación: el hombre se (des)centra en su trabajo y otras tareas, la mujer cuida de sus hijos y de las funciones impuestas.
El carácter social elemental de esta relación mujer-hombre le aproxima mucho más a un tipo de comunicación psicológica (individual) que a lo social propiamente dicha.
La amistad puede estar basada en meras condiciones sociales.
La relación es amorosa, significa que cada cual busca en el otro un peculiar tipo de gratificación, surgido como necesidad íntima, individual, creada a expensas, creado a expensas de los complicados dinamismos que a lo largo de la sociobiografía de la persona hab tenido lugar.
Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo Zaragoza

jueves, 18 de agosto de 2016

Qué es Saber. Castilla del Pino

El criterio de saber es transformador, apriórico, con riesgo de ser selectivo. Así pues -concretado en un supuesto saber- un juicio de valor. Cuando un juicio de valor se emite sin conciencia de tal, cuando se le confiere, pues, al juicio de valor -que es siempre subjetivo- el rango de un juicio de hecho, es decir, de la realidad, lo que en verdad expresamos es un prejuicio. La pugna contra el prejuicio en nosotros mismos y en los demás, es quizá la característica más decisiva en orden a la categorización de una actitud como intelectualmente correcta, o sea, racional.

"El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es un problema teórico, sino práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad en su pensamiento. La discusión sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica es un problema puramente escolástico".

Marx, Thesen ïber Feuerbach en Marx-Engels

domingo, 14 de agosto de 2016

Hamlet

En una carta a Fliess, el médico con quien Freud llevó a cabo su análisis epistoral (y espiritual), y que hace unos años publicado, hablando del tema de Hamlet advierte:
"me inclino a pensar que Shakespeare le dio forma como situación real, no por intenciones conscientes, sino porque su propio subconsciente comprendía el de su héroe en virtud de un problema común".
El propio Freud alcanza la plena comprensión del tema hamletiano cuando, a través de su psicoanálisis, se plantea el conflicto con el padre, de forma que aparece único entonces, en la culpa, al propio dramaturgo inglés.
Castilla del Pino: "Dialéctica de la Persona, Dialéctica de la Situación".
Capítulo 17

miércoles, 10 de agosto de 2016

Actitud Dialógica

El hombre es, la Persona se hace. Carlos Castilla del Pino.

La actitud dialógica es, pues, objetiva.
En primer, lugar porque con ella se proyecta la Persona únicamente sobre el objeto. En segundo lugar, porque en todo momento de procede puliéndola conscientemente de toda excrecencia subjetiva. No es posible alcanzar la verdad, no puedo ser un eficaz transmisor de la misma, si se me venir con intenciones agresivas, de mera exhibición o, por una y otra razón, "interesadas". Y no es ello posible porque quien no se despoja de actitudes personales está forzosamente errado también en el plano cognoscitivo, a través de la distorsión más o menos consciente de que lo real verifica en provecho del Yo. Carlos Castilla del Pino, 1970.

Castilla del Pino nos alecciona sobre psico(pato)logía, psicoterapia, sociología, antropología. Se interesa y profundiza sobre la antropología dialéctica, persona y situación. El tema de la alienación es, una y otra vez, teatro como resultado de la dialexis de la Persona.
Libertad y Pseudolibertad, libertad abstracta y libertad real; para una previsión exacta de estos conceptos tenemos que realizar una confrontación con cualesquiera otras formas de planteamiento de carácter dialéctico, mitificador. Rodrigo Córdoba Sanz
Zaragoza. Psicólogo y Psicoterapeuta. 653 379 269

Sociología y Psicología

La escisión -sociológicamente hablando- sería la ruptura entre lo que cuantos vivimos, es decir, actuamos, precisamente en desacuerdo de como pensamos y sentimos.
Lo que nos obliga a soslayar este la realidad es necesario de la aprehensión de la totalidad de la realidad.
Castilla del Pino insiste en que no sólo sirve en tomar consciencia de la alienación si no el compromiso, el tomar partido, el opinar cuando menos sobre el porqué de esa realidad que así nos muestra.

No es lo mismo adscribirse a una tesis personalista, por ejemplo, que a una tesis sociologista en la interrogación, por ejemplo, que a una tesis sociologista. En el primer caso, fruto de la escisión, ocurre lo que sucedió en el psicoanálisis inicial, es evidente que lo que se postula es la solución para el hombre desde el hombre mismo.
En el segundo, la perspectiva sociológica, se contiene, implícitamente o explícitamente, la consideración de que el hombre es, de que el hombre será, lo que las condiciones sociales determinen que sea.
Castilla del Pino. Córdoba.
Comentarios de Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza

Humanismo Posible


1. Estimo a la sociedad como organismo y, como tal organismo, sujeto a evolución
2. Dada la existencia de la reflexión en los miembros que componen la sociedad, es posible inmiscuirnos en su evolución y dirigir ésta hacia formas objetivas ética y prácticamente más perfectas.
3. El predominio de las tendencias elitistas -Una forma de Narcisismo- lleva a la regresión o al inmovilismo y son, por antisociales, tendencias primigenias.
4. Conceder prioridad a las tendencias sociales -a la conciencia social- conduce de inmediato a la dinámica de grupos, clases o estratos, y representan un plano ético superior y, por tanto, dirigido a una "praxis" también superior.
5. El desarrollo social pleno se inicia allí donde ha tenido lugar la superación real de las tensiones conflictivas  entre los estratos constituyentes.

Carlos Castilla del Pino: Dialéctica de la Persona, Dialéctica de la Situación.
Capítulo 4: Para una concepción antropológica del "desarrollo" social.

Psicoterapeuta y Liberación

Carlos Castilla del Pino, resalta los factores sociales, antropológicos y filosóficos, siempre y cuando, esto nutra la "praxis" y el esclarecimiento del vasto e insondable saber de los vericuetos de lo psicológicosocial, por emplear un ejemplo suyo.
Castilla escribe con una profunda precisión y agudeza más que notable. Por tal razón, es ineludible su estudio para psicoterapeutas, antropólogos, sociólogos y antropólogos. Disciplinas, que, así mismo son integradas en su "praxis" y belleza literaria. Rodrigo Córdoba Sanz

[...] Como psicoterapeuta yo me encuentro, por ejemplo, cada día con que la alienación no en el sentido técnico del vocablo, es decir, a la locura, sino al sentido hegelianomarxista del mismo, perfectamente aplicable y trasladarle a nuestro que hacer antropológico. La alienación que a casa cual lleva a vivir neutóticamente, a angustiada, a torturarse por sentimientos de culpa ante hacer es indebidos, a deprimidas por errores existenciales de difícil reparación, a aliviarse por el alcohol o, más suavemente, por la inofensiva droga atarácica o por el hipnótico, etc..., no importaría tratarla en su contexto psicológicosocial.
Se trata de un tipo de alienación que tiene su significación sociológica, pero que no puede -salvo que renunciamos a un análisis suficientemente fino- englobadas son más en el vasto concepto de la alienación general.

martes, 9 de agosto de 2016

Libertad y Seudolibertad

En este escrito se habla de "Una contribución al estudio de la alienación.

El diálogo se da un encuentro entre dos -sujetos singulares o sujetos plurales- se verifica frente a un mismo objeto, un objeto que "interesa", es decir, un objeto que está entre ambos, como etimológicamente expresa el vocablo "interesar". El diálogo es el paradigma de la dialéctica de las relaciones humanas, y sólo es diálogo en sentido estricto cuando estas relaciones dialécticas son positivas, verdaderas, esto es, abren posibilidades antes no vistas a los problemas anteriormente propuestos. Claro es que para que el diálogo sea fecundo hace falta, además, que el objeto sea, como he dicho antes, "interesante", o lo que es lo mismo, que en él queden involucrados, en la medida en que les afecta, los sujetos que intervienen. Hace falta, pues, para que el diálogo sea auténticamente tal, por una parte el "interés personal" de los que hablan en el objeto del que se habla. Y, al mismo tiempo, la suficiente distanciación de él como para poder hablar de él "objetivamente", es decir, para mantenerlo en su calidad de objeto, a pesar de ese interés personal que por él simultáneamente se posee.
Castilla del Pino. Capítulo 6 en su libro: "Dialéctica de la Persona, Dialéctica de la Situación"